El anisomorfismo interpretativo

Valentín García Yebra

Valentin_Garcia_YebraLa comprensión total de un texto es realmente inalcanzable. Para comprender totalmente un texto sería preciso un lector ideal, que se identificase con el autor. […]

Si la comprensión de un texto pudiera ser total, sería también posible que varios lectores, al leer ese texto, comprendieran exactamente lo mismo en un texto de alguna amplitud y de cierta riqueza. Una prueba de esto la tenemos en el hecho de que nunca hay dos traducciones del mismo libro coincidentes en todo.

(García Yebra 1982:31-2)

Al carácter esencialmente colectivo de la asimetría lingüística hemos de añadir el importantísimo factor individual del traductor como lector. No es sólo cierto que dos idiomas no expresan nunca exactamente lo mismo al referir “la misma realidad”, sino también que dos individuos que compartan un mismo idioma materno nunca entienden exactamente lo mismo ante un enunciado cualquiera en el mismo idioma.

Las lenguas naturales son organismos vivos y flexibles que cuentan con tradiciones que han organizado y coloreado sus términos y expresiones a lo largo del tiempo. Del mismo modo, cada individuo cuenta con su propia e intransferible experiencia lingüística, el denominado idiolecto, que define el hecho de que conozca (o desconozca) cada término, recurso y expresión de su propio idioma en unas circunstancias concretas que nunca serán absolutamente idénticas a las de cualquier otro individuo. Así, se puede llegar a afirmar que la idea de la unidad de la lengua no deja de ser una quimera, ya que cada sistema lingüístico actúa como marco común en el que cada uno habla su propio lenguaje y entiende el de los demás a su manera.

El carácter necesariamente abierto de cualquier lengua natural y, por ende, de cualquier texto conlleva el hecho de que cada lector o destinatario aplique un sistema particular de competencias y prioridades a la hora de comprender y realizar mentalmente el significado de cualquier enunciado que se le proponga, así como que aplique esa misma vivencia lingüística individual cuando pretenda reescribir un mensaje cualquiera, incluso en su propio idioma materno.

Asimismo, no debemos olvidar las circunstancias concretas de recepción, que incluyen una gama de factores entre los que cabe destacar la actitud emocional del traductor hacia el texto que tenga entre manos, su familiaridad con el tipo textual y los campos semánticos que desarrolle, su grado de conocimiento de ambos idiomas o la presión temporal con el consiguiente margen para el análisis y la revisión, condicionamientos todos que introducirán nuevos matices en la comprensión y reproducción del texto original.

Recapitulando, el anisomorfismo interpretativo pone en cuestión la unidad del texto original como artefacto de significado único y autocontenido. La idea central aquí consiste en que los textos no significan por sí mismos, sino sólo a partir de la interpretación que les da un lector.

Luis Acosta Gómez

El texto cobra vida sólo en el momento en que es leído […] la historia de la recepción de un mismo texto, realizada por distintos lectores, y sus posibles interpretaciones pueden ofrecer resultados diferentes, a pesar de que en todos los casos la fuente de recepción e interpretación es la misma. […] el sentido es resultado de la acción común que han realizado el lector y el texto y no una cualidad inherente al segundo, que ha de ser descubierta por el primero.

(Acosta 1989:163)

En palabras de la teoría del escopo (Reiss & Vermeer 1984), un texto es una oferta abierta de información de la que cada uno escoge lo que prefiere y/o aquello que está capacitado para entender. Por eso, sería razonable decir que en realidad no traducimos un TO, sino sólo la imagen que del TO se hace un traductor a través de su interpretación personal, porque el TO sería intrínsecamente incognoscible. Esto no significa que un texto se pueda entender razonablemente de cualquier manera y decidir, por ejemplo, que El Quijote es una lista de la compra muy larga. Como planteó Eco (1990) con nitidez, existen límites a la interpretación que parten de la comunidad de un idioma y también existe la posibilidad de lectura claramente errónea, normalmente por desconocimiento. Con todo, el texto de partida sólo determina parte del significado final mediante una serie de estímulos lingüísticos y culturales, y es el lector (más aún el lector ideal constituido por el traductor) el que debe completar el significado, construyendo la obra final. Si esto es así, la crítica que sería necesario realizar a la idea de la traducción como identidad sería que es imposible la igualdad entre original y traducción por la sencilla razón de que no existe un original único de sentido cerrado con respecto al que ser idéntico.

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