Introducción a las técnicas de traducción de los nombres propios

Por técnica (con frecuencia también denominada estrategia o procedimiento) de traducción se suele entender el procedimiento al que se somete un elemento textual en una transferencia interlingüística. Así, hablamos de la técnica de “repetición” cuando la grafía –que no la fonética- de dicho elemento permanece inalterada tras su traducción (por ejemplo, WashingtonWashington), un procedimiento bastante habitual en la traducción de NP, aunque de ningún modo único.

El concepto de técnica/estrategia/procedimiento de traducción tiene su origen más claro en la obra de Vinay y Darbelnet (1958), que –con una óptica derivada de la lingüística contrastiva– trataron de hacer explícitos todos los procedimientos que utilizaba el traductor en su trabajo. No hay espacio aquí para realizar un análisis detallado de la perspectiva prescriptivista, ahistórica y esencialmente descontextualizada de estos autores, pero sí conviene insistir en que el gran peligro de este concepto radica en abonar la idea de que en traducción es posible plantear recetas fijas de equivalencia descontextualizada. Es decir, que determinados elementos se traducen siempre del mismo modo debido a sus propiedades intrínsecas, sin tener en cuenta factores esenciales como el concepto de traducción que tenga el traductor, las expectativas y conocimientos del lector tipo, el propósito de la traducción y las condiciones textuales concretas (contextualización) en que aparece el elemento que hay que traducir. Por lo demás, la noción de técnica puede ser enormemente útil para el traductor por dos razones principales: lo dota de un metalenguaje que le permite explicarse y defender su actuación más allá del tan manido “sonaba bien” y le permite contemplar un abanico de actuaciones posibles que abran su horizonte de actuación y, por tanto, le confieran mayor libertad.

Otra cuestión previa importante al abordar las técnicas de traducción radica en el caos terminológico que las rodea (como, por otra parte, sucede con casi todos los conceptos que se manejan en nuestra interdisciplina). Durante casi 60 años, la propuesta inicial de Vinay y Darbelnet (1958) se ha visto sometida a todo tipo de críticas y reelaboraciones, por lo que distintos autores han acuñado distintas denominaciones para la “misma” técnica y hay autores que usan el mismo término para técnicas distintas. Por poner un ejemplo, la ya mencionada técnica de la “repetición”  también la denominan no traducción (cf. Zauberga 2006), traducción cero(Crisafulli 2001) o transposición (Newmark 1987), mientras que para otros autores transposición se confunde con transcripción. Aquí intentaremos utilizar las denominaciones más habituales y ofrecer sus sinónimos (muchas veces parciales), pero conviene recordar esta variabilidad denominativa al leer bibliografía complementaria.

Una última cuestión importante relacionada con las técnicas de traducción radica en ser consciente de que no constituyen etiquetas metodológicamente neutras ni reflejos objetivos de la realidad. Como toda clasificación de actividades humanas, la de técnicas de traducción está condenada a reflejar distintas perspectivas, como la formal o la funcional, y las categorías resultantes siempre presentarán zonas fronterizas de indefinición. Cuantas menos haya, más útil será la taxonomía, pero en principio no es posible aspirar a que todo encaje al milímetro, como a veces sucede en las ciencias naturales. Por ejemplo no son raras las combinaciones de distintas técnicas aplicadas a distintas partes de un mismo NP pluriverbal.

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