LA TRADUCCIÓN ANTE LOS NUEVOS RETOS DE LA SOCIEDAD GLOBAL – Irene Rodríguez Arcos, Universidad de Salamanca

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ABSTRACT
Globalization and new technologies entail the approximation and hybridization of cultures and identities. Medias have infrastructures which allow information to travel fast across the world and, despite all the advantages coming with this fact, this also implies the movement of certain ideologies belonging to the ones in the power. It is of crucial importance to understand how medias manipulate texts while the translation process takes places, creating in this way a distorted view of reality. By doing so, the translator will be able to identify power relations in communication exchanges and position himself to translate ethically as far as possible.
RESUMEN
La globalización y las nuevas tecnologías traen consigo la hibridación de culturas e identidades. Los medios de comunicación poseen infraestructuras que permiten que la información viaje rápidamente a muchas partes del globo y, a pesar de las ventajas que esto supone, también se transmiten las ideologías que interesan a los que ostentan el poder. Es de vital importancia entender cómo la manipulación de los medios contribuye a crear una visión distorsionada de la realidad para que, cuando el traductor desempeñe su labor profesionalmente, pueda identificar las relaciones de poder y posicionarse para llegar a una traducción ética en la medida de lo posible.

Dada la facilidad con la que se mezclan las culturas en la era de la globalización y de las nuevas tecnologías y el poder que ejercen los medios de comunicación mediante el lenguaje, nos podemos hacer una idea de cuán relevante es el papel del traductor y de su potencial. En todo caso, para que exista la traducción (o exista de forma ética), “there must have been not only a perfect assimilation of the linguistic content, but also of the experience of the other culture, without the pressures of one ‘superior’ culture over another” (Álvarez y Vidal 1996: 3). Esta actitud de aceptación del Otro se sitúa en la línea del cosmopolitismo de Appiah, a la que se puede añadir la opinión de Cronin (2006: 3, citado en Vidal 2010): “nuestro objetivo como traductores no puede ser otro que encontrar la relación más adecuada entre lo local y lo global, entre lo Mismo y el Otro, a partir de unas experiencias culturales específicas pero también relacionadas con todo aquello que sea externo a nosotros, que nos resulte extraño y diferente”. Esta afirmación no es más que otra muestra de la glocalización de Beck que va de la mano de la globalización, del equilibrio entre lo impuesto por los que se encuentran en una posición de poder y lo propio de cada cultura.Se trataría de ir entonces por la vía del medio, sin favorecer ni el exotismo ni la familiarización19 (Vidal 2010).
Para saber lo que se está haciendo, entonces, es fundamental entender cómo entra el poder en el proceso traductor (en el que la unidad de traducción ya no son las palabras sino toda una cultura) y cuáles son los diferentes factores que afectan al traductor a la hora de manipular y hasta dónde es permisible20. Pero además debe tenerse en cuenta que más importante que lo que se dice, lo es aún más lo que no se dice o cómo se dice (Álvarez y Vidal 1996).
Tymoczko también nos recuerda que más allá del proceso traductor, nos encontramos con limitaciones ideológicas y económicas a la hora de ejercer; es decir, que los originales con los que trabajamos ya han sido elegidos previamente. Como mencionábamos antes, la información es poder; se selecciona cuidadosamente qué se publica y, antes de esto, qué se traduce: “the inequities of what is translated establish cultural hierarchies and relegate certain peoples to silence in international domains” (2009: 187). El disponer o no de cierta información hace que nuestras representaciones de la realidad varíen considerablemente. Del traductor depende dónde situarse, sabiendo siempre que su intervención tendrá consecuencias y que dejará su impronta de alguna manera (debido al sesgo de su cultura y a su habitus21). Lo importante entonces es valorar qué tipo de consecuencias tendrá esa manipulación; la traducción puede ser un instrumento para el (ab)uso de poder (Álvarez y Vidal 1996):
El giro cultural nos enseñó que la traducción no es reproducción fiel ni neutral, sino un acto deliberado de posicionamiento ideológico (Tymozcko 2003, citada en Vidal 2010), y que por lo tanto tenemos que mirar el lenguaje con espíritu crítico, porque es uno de los instrumentos de poder más peligrosos que tiene en su mano el hombre, dado que a través de los signos circula nuestra manera de ser, el Poder y el afán de dominación. La traducción puede llegar a usarse, desde esta nueva perspectiva, para resistirse a determinadas construcciones sociales, para introducir nuevas ideas y cuestionar el status quo. (Gentzler 2008: 3, citado en Vidal2010: 26).
El traductor ha de tener en cuenta que el poder se ejerce a través de actos lingüísticos que construyen el mundo en el que vive. Recae en él la responsabilidad de detectar dónde están las grietas que permiten que las élites introduzcan ciertas ideologías, así como la labor de negociación entre identidades situadas a diferentes niveles muchas veces. La traducción puede dar voz a los que de otra manera no podrían hablar o, por el contrario, contribuir a la opresión y al conflicto entre culturas. Por esta razón es importante seguir investigando sobre la traducción, la globalización y medios: nos ayudan a entender mejor la realidad en la que vivimos y a desarrollar espíritu crítico cuando desempeñemos nuestra labor profesionalmente.

https://revistas.uma.es/index.php/revtracom/article/view/11330/11766
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