LA TRADUCCIÓN HUMANÍSTICA: REFLEXIONES TEÓRICAS – Reseña: Ana Lara Almarza, Universidad Complutense de Madrid

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Autor: Alessandro Ghignoli (2015)
Editorial Comares (Granada). Colección interlingua n. º 147
Reseña: Ana Lara Almarza (Universidad Complutense de Madrid) Número de páginas: 103 páginas
ISBN: 978-84-9045-370-4
En los tiempos actuales hay quien pone en duda el futuro de los traductores debido a que su trabajo parece estar perdiendo valor e incluso llegando a ser sustituido por herramientas de traducción automática, cada vez más completas y precisas. Alessandro Ghignoli, con La traducción humanística, aporta diferentes argumentos en contra de este pensamiento, subrayando la importancia de la figura del traductor cuando se trata de traducir literatura, actividad entendida como un complejo proceso de comunicación tanto lingüística como cultural.
Doctor en Filología por la Universidad Complutense de Madrid y docente del Departamento de Traducción e Interpretación de la Universidad de Málaga, Alessandro Ghignoli es también escritor e investigador en el ámbito de la traducción literaria, la teoría de la traducción y la literatura comparada. Entre sus ensayos destacan Un diálogo transpoético. Confluencias entre poesía española e italiana 1939-1989 (2009), junto a Llanos Gómez Futurismo. La explosión de la vanguardia (2011), y La palabra ilusa: transcodificaciones de vanguardia en Italia (2014). De sus colecciones poéticas merece la pena señalar La prossima impronta (1999), Silenzio rosso (2003), Fabulosi parlari (2006), Amarore (2009) por el que fue galardonado con el prestigioso Premio Lorenzo Montano, y La trasmutanza (2014).
La traducción humanística nos sumerge en un universo de reflexiones teóricas sobre aquella traducción que va más allá de trasladar palabra por palabra, aquella que abarca más que el propio mensaje: implica el ámbito social, cultural y personal que engloba a la obra y a su autor en la lengua original. A lo largo de las líneas, Ghignoli explica diferentes situaciones históricas en las que la traducción adquiere una función especial en la sociedad y en el tiempo, actuando como nexo de unión entre culturas diferentes, como medio para crear un lenguaje específico o como un factor esencial en el proceso adquisición de un léxico determinado.
En el primer capítulo, «Traducir literatura», Ghignoli explica su postura ante la traducción literaria y sostiene que el traductor es también escritor y, por lo tanto, transautor, pues transmite y transporta una obra a través de su reescritura. Rechaza el concepto de transductor por considerarlo incompleto, ya que éste solamente incluye la transmisión y la transformación del texto, sin tener en cuenta el proceso de reescritura en el que están presentes los elementos socioculturales y sociosemióticos, fundamentales en una obra literaria. Este traductor-escritor tendrá la responsabilidad de trasvasar el contenido de una lengua a otra, por lo que su papel en la recepción de la obra será determinante, actuando como intermediario entre dos lenguas y culturas diferentes. Al mismo tiempo, es responsable de hacer confluir dos culturas diversas y dar a conocer textos y autores que, de otra manera, los lectores de la otra cultura no habrían tenido la oportunidad de conocer.
Ghignoli refleja sus conocimientos del mundo alemán y español en el segundo y en el tercer capítulo del libro, titulados «Traducción y filosofía en España: la construcción de una lengua» y «Literatura y traducción en la Edad Media en Alemania y en España», respectivamente.
En el segundo, explica las razones que llevaron a considerar la lengua alemana la lengua de la filosofía por antonomasia y, por el contrario, de los inconvenientes que presentaba y presenta la lengua española en el ámbito filosófico. Ghignoli explica que, mediante la traducción de diversas obrasde autores alemanes, el filósofo español José Ortega y Gasset intentó crear una lengua de la filosofía española que acabase con el grave problema que suponía no encontrar una palabra que expresase lo que se quería decir, debido, principalmente, a que la lengua española sigue sin presentar un vocabulario filosófico que abarque una temática metafísica basada en especulaciones filosóficas, quedándose en el ámbito terrenal. La divulgación del pensamiento alemán se debió, entre otros, a traductores como José Gaos, que se encargaron de escribir discursos paratextuales que acompañaban a la traducción del texto original, así como prefacios de la misma traducción.
El tercer capítulo constituye un interesante documento histórico sobre el origen y la evolución de la lengua alemana y la española y sus respectivos dialectos, así como de las primeras traducciones que se hicieron a estas lenguas y la influencia que estas traducciones ejercieron sobre ellas. Igualmente, explica la presencia del alemán en Italia, debida principalmente a los godos. En la Edad Media, en el territorio alemán se hablaba y se escribía en diferentes dialectos germánicos. Durante el siglo IX se observa un elemento común en estos dialectos, el latín, que influye principalmente en el léxico y en las estructuras sintácticas debido a las traducciones que se realizaban con el objetivo de acercarse a la cultura medieval cristiana. De España resalta la importancia que siempre ha tenido la traducción en las lenguas de la península debido a la necesidad de entenderse que tenían las tres culturas que convivían al mismo tiempo: musulmana, judía y cristiana. Las traducciones proliferaron con la aparición de la imprenta y el humanismo, promoviéndose más intercambios culturales y literarios.
Los dos últimos capítulos, «Lenguajes de vanguardia y experimentales en España: una transducción verbovisual», y «La transducción poética: el futurismo deperiano», desarrollan una temática en la que Ghignoli es experto: la poesía y el arte de vanguardia en Italia y España, otorgando mayor importancia al movimiento estrella de aquellos años, el futurismo. En ambos nos habla del fenómeno de la transducción, es decir, el acto de transformar un elemento que se convierte en otro, sin dejar su naturaleza anterior, como ocurre con la poesía visual: las palabras se convierten en imágenes y viceversa, de tal manera que, al mismo tiempo, nos encontramos ante dos elementos de naturaleza diversa.
En el cuarto, Ghignoli hace un recorrido por las diferentes corrientes de poesía española de vanguardia, caracterizada por un aire futurista marinettiano. Destaca el movimiento de poesía concreta del grupo N.O., el postismo descendiente del dadaísmo y del surrealismo, y autores de poesía experimental como Fernando Millán y Eduardo Cirlot.
El quinto y último se centra en Fortunato Depero, publicista y escultor futurista, en cuya singular poesía, más parecida a un anuncio publicitario que a un clásico soneto de Petrarca, se unen los aspectos visual, verbal y sonoro, constituyendo una nueva tipología del lenguaje, un nuevo código en ocasiones difícil de descifrar. Depero crea una onomalingua basada en ruidos, imágenes y onomatopeyas, una lengua que, según él mismo, no necesitaba traductor alguno, pues era universal.
En conclusión, el libro de Ghignoli es un valioso documento sobre traducción, historia, cultura y semiótica que explica lo que hay más allá de las palabras y su significado, profundizando en su valor estético y social, lo que supone la oposición a ceñirse solamente al ámbito lingüístico a la hora de trasladar un texto, tal como haría una herramienta de traducción automática.

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