| ENG Cognitive translation & interpreting studies (CTIS) CAT Estudis cognitius de la tradicció i la interpretació EUS Itzulpenaren eta interpretazioaren azterketa kognitiboak GLG Estudos cognitivos de tradución e interpretación POR Estudos cognitivos de traduçāo e interpretaçāo |
contenidos
Introducción | La traducción automática entra en la Universidad | La (primera) revolución cognitiva | Los pioneros del estudio de la traducción y la interpretación como disciplina | La escuela de Leipzig | La escuela de París o teoría del sentido | El estadio psicolingüístico en el estudio de la traducción | Un nuevo rumbo cognitivo del estudio de la interpretación simultánea | La (segunda) revolución cognitiva | Los nuevos rumbos cognitivos en el estudio de la traducción | Potencial para la investigación
Los enfoques psicolingüísticos y cognitivos fueron la vanguardia del moderno estudio científico disciplinar de la traducción y la interpretación en occidente. Los precedentes remotos de los estudios cognitivos de la traducción y la interpretación parecen ser unos experimentos de James McKeen Cattell —nombrar imágenes en otras lenguas y traducir palabras comunes e infrecuentes— en la Universidad de Leipzig en el curso 1884-1885 (véanse Cattell 1885, 1886) y más tarde —y quizás de forma más evidente— de Gabriele von Wartensleben (1910). No obstante, la primera investigación empírica digna de figurar como hito de partida disciplinar fue, probablemente, un estudio de Jesús Sanz Poch (1930), basado en una encuesta a intérpretes de conferencias. En una época en la que la profesión de intérprete de conferencias comenzaba a gozar de reconocimiento y admiración, Sanz se centró en aspectos previsibles, como su formación y los métodos y condiciones de trabajo, pero también en sus habilidades cognitivas, como la intuición y la memoria. El ambiente de preguerra, cada vez más tenso, que culminó con la guerra civil española (1936-1939) y la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), paralizó la mayoría de los proyectos de investigación ajenos a la guerra. En cambio, la posguerra trajo consigo dos pasos importantes que propiciarían el nacimiento de los estudios de traducción, en general, como disciplina académica: el interés estratégico de los gobiernos por la traducción automática y la “revolución cognitiva”.
La traducción automática entra en la Universidad
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[…] one naturally wonders if the problem of translation could conceivably be treated as a problem in cryptography. When I look at an article in Russian, I say «This is really written in English, but it has been coded in some strange symbols. I will now proceed to decode. Have you ever thought about this? As a linguist and expert on computers, do you think it is worth thinking about? |
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| Letter from Warren Weaver to Prof. Norbert Wiener in 1947, quoted in Weaver's (1949) Memorandum |
En el siglo XVII, Descartes y Leibniz propusieron construir diccionarios mecánicos basados en códigos numéricos universales, que algunos de sus seguidores, como Cave Beck, intentarían desarrollar. Sin embargo, la historia moderna de la traducción automática (TA) se suele ligar al desarrollo de computadoras y ordenadores, a partir de mediados del siglo XX.
| La máquina pensante. MIT 1961. Fuente |
En la Segunda Guerra Mundial se aprovechó la teoría de la información para descifrar los mensajes del enemigo. Gracias a investigadores como Alan Turing, la criptografía experimentó grandes avances. Tras la victoria, Estados Unidos y la Unión Soviética volvieron a competir y la ciencia vivió también una Guerra Fría. En Estados Unidos, los científicos, pero también los militares y la inteligencia, estaban muy interesados en leer todo lo que se publicaba en ruso; simétricamente, los soviéticos concentraban sus esfuerzos en traducir textos del inglés. Dada la enorme cantidad de documentos por traducir, estos objetivos eran casi imposibles de alcanzar. Así, ambos países se inclinaban a financiar la investigación para hacer posible la TA. En 1949, Warren Weaver publicó un Memorandum en el que esbozaba los supuestos básicos para los primeros pasos de la TA: que las lenguas tenían características universales y una lógica común subyacente, y que se podía aplicar técnicas criptográfícas y estadísticas para traducir. Pronto empezaron a trabajar equipos de investigación en la UCLA, la Universidad de Washington y el MIT, que en 1951 contrató a Yehoshua Bar-Hillel como primer investigador de TA a tiempo completo, quien formó un equipo que incluía a un jovencísimo Noam Chomsky. En 1954 se presentó al público el primer sistema de TA ruso-inglés, un esfuerzo conjunto de IBM y la Universidad de Georgetown.
Pronto resultó evidente que traducir no era una tarea tan sencilla como se había supuesto, y la investigación en TA se dividió en dos líneas principales: a) los ingenieros usaban enfoques estadísticos para aprehender las regularidades léxicas y sintácticas mediante prueba y error; y b) los lingüistas se centraron en enfoques teóricos, que concebían como investigación “básica”. Esta segunda vertiente fomentaría la distinción entre lingüística teórica y aplicada. Entonces la Sección de Ciencias del Comportamiento de la Academia Nacional de Ciencias de los EEUU encargó una evaluación de la TA a un equipo de investigadores que emitieron el "informe ALPAC" (Pierce 1966). El demoledor informe afirmaba que la TA no había estado a la altura de las circunstancias, pues era más lenta [probablemente por la necesaria posedición], menos precisa, y el doble de cara que la traducción humana. El informe concluía que no había perspectivas inmediatas ni futuras de que la TA fuera útil, y que se necesitaba más investigación básica.
El informe ALPAC añadía que “para aprehender las dificultades y la naturaleza subyacente de la traducción y los recursos y problemas actuales de la traducción, hay que aprender sobre la traducción humana y los traductores humanos” (traducción propia). El Comité ALPAC recomendó concentrar la financiación en la lingüística computacional, en el proceso general de traducción y en mejorar la traducción humana, para encontrar formas de acelerarla y de mejorar la evaluación de su calidad. En el ámbito académico, esta recomendación fue como transferir a los lingüistas la iniciativa de investigar la traducción humana. La TA fue recibiendo cada vez menos fondos, hasta llegar a cero en 1975. Retrocedamos ahora un poco para ver la otra fuente de inspiración para el nacimiento de los enfoques cognitivos y psicolingüísticos de la traducción y la interpretación: la revolución cognitiva.
La (primera) revolución cognitiva
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I date the moment of conception of cognitive science as 11 September, 1956, the second day of a symposium organized by the ‘Special Interest Group in Information Theory’ at the Massachusetts Institute of Technology. At the time, of course, no one realized that something special had happened so no one thought that it needed a name; that came much later. […] I left the symposium with a conviction, more intuitive than rational, that experimental psychology, theoretical linguistics, and the computer simulation of cognitive processes were all pieces from a larger whole and that the future would see a progressive elaboration and coordination of their shared concerns. […] By 1960 it was clear that something interdisciplinary was happening. At Harvard we called it cognitive studies, at Carnegie-Mellon they called it information-processing psychology, and at La Jolla they called it cognitive science. |
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| George A. Miller (2003: 142–143) |
Tras la Segunda Guerra Mundial surgieron nuevos ámbitos de investigación (por ejemplo, la informática) que buscaban su encaje en la universidad, mientras varias disciplinas establecidas, como la antropología y la lingüística, se estaban redefiniendo. Este fue también el caso de la psicología: durante décadas, el estudio del pensamiento se había limitado a determinar los vínculos entre lo observable (estímulos y respuestas conductuales), un movimiento conocido como conductismo que prevaleció hasta la década de 1950. Después, la psicología volvió a poner el mentalismo en el punto de mira, bajo la etiqueta de cognición.
| La revolución cognitiva. Fuente: |
En 1956, el psicólogo George A. Miller argumentó que las limitaciones de la memoria humana no son absolutas, esto es, que se pueden superar recompilando la información en unidades mayores, y que ello implicaba algún tipo de representación interna (es decir, mental). Jerome Bruner ya había demostrado que la percepción y la sensación eran procesos activos influidos por algún factor mental (interior). También en 1956, Bruner, Goodnow y Austin publicaron A Study of Thinking (El proceso mental en el aprendizaje), que contemplaba a los humanos como constructores de conceptos y estudiaba cómo descubrían las reglas para hacerlo.
Ese mismo año, Allen Newell, John C. Shaw y Herbert A. Simon presentaron su Logic Theorist ('teorizador de lógica'), el primer programa de Inteligencia Artificial de la historia (Newell & Simon 1956). Desde su punto de vista, había que contemplar la mente y la computadora u ordenador como sistemas de conocimiento que generan comportamientos al manipular estructuras simbólicas (representadas internamente). En consecuencia, los sistemas de Inteligencia Artificial podían utilizarse como simuladores para explicar el comportamiento humano en función de operaciones de memoria, procesos de control y reglas que operaban sobre símbolos.
También en 1956, Noam Chomsky expuso su teoría del lenguaje en una conferencia del MIT. Rechazó el conductismo y argumentó que la estructura mental del lenguaje descansaba sobre principios universales e innatos transmitidos por los genes. Chomsky también afirmaba que la mente necesitaba mecanismos especiales para procesar las propiedades especiales del lenguaje natural, como la generación aparentemente infinita de oraciones. Dado que la gente compartía las reglas correctas pero a menudo las incumplía en la comunicación real, Chomsky no tenía en cuenta la actuación y, en cambio, abogaba por estudiar la competencia de un hablante-oyente ideal impasible ante “condiciones gramaticalmente irrelevantes” como errores, limitaciones de memoria y cambios de atención.
Muchos de los problemas abordados por estas disciplinas en ciernes o en proceso de cambio exigían soluciones que implicaban a otras disciplinas (por ejemplo, antropología, informática, lingüística, filosofía, psicología). Pronto su cooperación cristalizó en una revolución cognitiva, cuyos supuestos básicos eran que la mente humana funciona como una computadora u ordenador (en el sentido de que manipula neutralmente símbolos abstractos para generar un comportamiento) y que se podía estudiar la mente como un sistema lógico autónomo, es decir, sin referencia a su base física (el cerebro y la computadora) y también con independencia de factores sociales, culturales y situacionales. Esto se conoce como el paradigma del procesamiento de la información de la cognición, la piedra angular de la revolución cognitiva.
El libro de George A. Miller Lenguaje y comunicación (2004 [1951]) se considera el primer hito de la psicolingüística o psicología del lenguaje. La psicolingüística había empezado su desarrollo algo antes, como rama de la psicología. Se dedicaba, y aún se dedica, a estudiar las facultades mentales, los mecanismos y los procesos que intervienen al adquirir, comprender y producir el lenguaje. Son temas frecuentes de investigación el bilingüismo, la lectura y el lexicon mental, entre otros. En principio, la psicolingüística no presupone ningún marco teórico concreto. Se trata simplemente de estudiar la relación entre lengua y mente en aspectos como la percepción, el almacenamiento léxico y otros similares. Sin embargo, la psicolingüística floreció en el seno de la primera revolución cognitiva y suele asociarse a enfoques generativistas del lenguaje (esto es, modulares, innatistas, ideales y descontextualizados). En cualquier caso, estudiar el lenguaje como una facultad mental, separada o autónoma, ya conlleva ciertos supuestos y perspectivas que, en la década de 1990, cuestionaría la segunda revolución cognitiva (véase más adelante).
Los pioneros del estudio de la traducción y la interpretación como disciplina
| I have only attempted to describe some of the information handling properties of a mechanism that can cope with a number of tasks at once, and I've suggested that, though some aspects of the task may be carried out sequentially, the task as a whole must involve some degree of attention sharing. I've also tried to hint at one or two of the properties of the linguistic analysis involved. There has not been time to mention, more than in passing, motivational and situational aspects of simultaneous interpretation. It is I hope a beginning, and certainly I would not agree with those interpreters who say you have to be one to know one, for just as I think the interpreter's skills can tell psychologists much about such topics of psychological endeavour as memory, attention, bilingualism, and the interaction of personality with task performance, so I hope that psychologists can eventually contribute to the interpreter’s understanding of his own skills. | |
| David Gerver (1975: 127–128) |
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| Brian Harris, uno de nuestros brillantes pioneros. Fuente |
La traducción humana ya había empezado a atraer la atención de algunos estudiosos, a menudo como una forma de aprehender las dificultades de la TA. En 1958, Jean Paul Vinay y Jean Darbelnet publicaron Stylistique comparée du français et de l'anglais. En 1963, Georges Mounin publicó Les problèmes théoriques de la traduction. En 1964, Eugene Nida publicó Toward a Science of Translating ('hacia una ciencia de la traducción') y, en 1965, John C. Catford publicó su libro también fundamental, A linguistic theory of translation ('una teoría lingüística de la traducción'). Alexander Ludskanov, otro pionero, publicó en 1967 Prevezhdat chovekt i machinata ('traducción humana y automática'). Todos estos autores adoptan conceptos y puntos de vista de la TA y del paradigma cognitivo del procesamiento de la información, como el concepto de “estrategias” de Vinay y Darbelnet, la descripción del proceso de traducción de Nida, la noción de la traducción como sustitución lingüística de Catford, la discusión de Mounin sobre los universales del lenguaje y la noción de información invariable de Ludskanov.
Muchas de las primeras publicaciones empíricas de los enfoques psicolingüísticos y cognitivos estudiaron la interpretación simultánea, como la tesis de maestría de Eva Paneth (1957, Universidad de Londres), el estudio de Pierre Oléron y Hubert Nanpon (1964) sobre el desfase oído-voz de los intérpretes (EVS, por sus siglas en inglés, o décalage); y las tesis doctorales de Henri C. Barik (1969, Universidad de Carolina del Norte, Chaple Hill), Ingrid Pinter [Kurz] (1969, Universidad de Viena) y David Gerver (1971, Universidad de Oxford). La mayoría de estos pioneros eran psicólogos o psicolingüistas, como Richard W. Brislin, Ghelly V. Chernov, Frieda Goldman-Eisler, Everdina A. Lawson y Anne M. Treisman. En general, la interpretación simultánea no era para ellos más que una tarea extrema para desencadenar efectos diferenciales, e incluso el lenguaje se consideraba un tema secundario en comparación con el procesamiento de mensajes, la atención y la memoria. Centraban sus esfuerzos en manipular para los intérpretes una variable de la entrada (por ejemplo, la velocidad de enunciación del discurso de partida) y luego observar sus efectos en la salida (por ejemplo, la segmentación del discurso de llegada, el EVS, las pausas).
El trabajo de estos pioneros atraería después las críticas de un grupo de intérpretes profesionales convertidos en universitarios –los “practisearchers” un término que combina 'practicante' e 'investigador'– que desestimaron el trabajo de los “intrusos” de la psicología. Es cierto que estos “intrusos” no se interesaban por la interpretación simultánea en sí misma, pero sus aportaciones no fueron en absoluto despreciables. Por ejemplo, Gerver (1975) formuló el primer modelo de interpretación simultánea, basado en el paradigma del procesamiento de la información. En conjunto, estos pioneros marcaron el ritmo de la siguiente generación de investigadores empíricos de la interpretación de conferencias.
Mientras tanto, en 1964, Otto Kade, profesor de ruso e intérprete de conferencias autodidacta, defendió la primera tesis doctoral sobre la traducción en la República Democrática Alemana, Subjektive und objektive Faktoren im Übersetzungsprozess. Ein Beitrag zur Ermittlung objektiver Kriterien des Übersetzens als Voraussetzung für eine wissenschaftliche Lösung des Übersetzungsproblems ('Factores objetivos y subjetivos del proceso de traducción. Una contribución para formular criterios objetivos para traducir como condición previa para una solución científica del problema de la traducción). En su libro de 1968, Zufall und Gesetzmäßigkeit in der Übersetzung ("Azar y regularidad en la traducción"), Kade describió la interpretación como un tipo especial de traducción en el que el resultado de la lengua de destino se produce bajo presión temporal porque no se puede volver a acceder al original. Así vinculó la traducción y la interpretación en una única disciplina, para la que acuñó el hiperónimo alemán Translation [tʁanslat͡sjo:n], que engloba Übersetzen ('traducción') y Dolmetschen ('interpretación').
Kade también desplazó el marco referencial de la psicología a la lingüística. Dado que la lingüística chomskyana trataba del sistema lingüístico y sólo consideraba a los hablantes-oyentes perfectos en situaciones comunicativas perfectas, el empirismo era innecesario. Siguiendo la estela de la TA, Kade describió la equivalencia (o su falta) en cuanto correspondencia entre unidades léxicas de dos lenguas. Estos pasos prepararon el camino para los dos primeros marcos cognitivos importantes de la disciplina: la Escuela de Leipzig y la Escuela de París.
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[…] the 12th and last issue of Übersetzungswissenschaftliche Beiträge, with the theme “Interference in Translation,” edited by Heide Schmidt, was published in 1989, and contained contributions, not only by Švejcer (Moscow), Neubert (Leipzig) and Klaudy (Budapest), but also by Wilss (Saarbrücken), Kussmaul (Mainz-Germersheim), Holz-Mänttäri (Turku) and Snell-Hornby (Zurich). Many ideas from the Leipzig School had already been taken up elsewhere in the Western stream of translation theory, as in the work of Peter Newmark (cf. Newmark 1981). What is not so well known is Kade’s contribution to the then still embryonic field of interpreting studies. As a practising conference interpreter Kade made a substantial contribution to interpreter training (por ej., Kade 1965) and also to interpreting theory (por ej., Kade 1970) and took up contact with Danica Seleskovitch in Paris […] |
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| Mary Snell-Hornby (2006: 29) |
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| Gerd Wotjak, un autor representativo de la escuela de Leipzig. Fuente |
Las ideas de Chomsky sobre el lenguaje triunfaron entre 1950 y 1970. Había que estudiar el lenguaje como fenómeno psicológico, más que sociológico (entonces más próximo a la lingüística estructuralista). Sin embargo, el interés se centraba en las reglas del lenguaje, a las que se accedía por introspección, y no en la producción o recepción reales.
En septiembre de 1956 abrió sus puertas el Instituto de Interpretación de la Universidad Karl Marx de Leipzig (República Democrática Alemana). Desde 1964, varios investigadores, como Gert Jäger, Otto Kade (subdirector desde 1956), Albrecht Neubert, Heide Schmidt y Gerd Wotjak hicieron allí un esfuerzo conjunto por desarrollar una ciencia de la traducción que llegaría a conocerse como la Escuela de Leipzig. Su punto de partida era que toda lengua puede expresarlo todo, pero que lo hacen de diferentes maneras. La traducción es, por tanto, un caso especial de comunicación, un asunto de cambio de código. La ciencia de la traducción debía ser, pues, una rama de la lingüística destinada a indagar los mecanismos mentales que hacían posible la sustitución lingüística y en la transferencia de significado, es decir, a desarrollar “gramáticas de traducción”.
En 1965, el renombrado Instituto de Lingüística Aplicada y Traductología (IALT, por sus siglas en alemán) de Leipzig acogió la que probablemente fue la primera conferencia internacional de la historia sobre traducción, con el lema Grundfragen der Übersetzungswissenschaft ('cuestiones básicas para la ciencia de la traducción', Neubert 1968). En ella, Kade reconocía tres componentes que intervienen en un texto: uno intelectual (K1), uno emocional (K2) y uno formal (K3). Así, reconocía los aspectos históricos y sociales de la traducción, pero los consideraba particulares de cada evento comunicativo y, por tanto, imposibles de generalizar. En consecuencia, los aspectos personales, sociales y culturales se descolgaron adrede de la investigación y la traducción literaria se convirtió en una paria, por ser la más marcada por estos aspectos.
A pesar de su enfoque restrictivo, las aportaciones de la Escuela de Leipzig fueron ricas y variadas. Pronto reconocieron una “doble naturaleza” de la traducción (lingüística y comunicativa) y desarrollaron la noción de equivalencia comunicativa, que puso fin al formalismo extremo heredado de la TA. Kade comprendió que estudiar la traducción y la interpretación debía trascender la lingüística; Neubert fue muy pragmático e incluyó primero los aspectos socioculturales y más tarde la lingüística del texto; Wotjak fue derivando poco a poco hacia enfoques lingüísticos cognitivos. De poco sirvió, porque algunas premisas heredadas de la TA y del paradigma del procesamiento de la información seguían incólumes en sus planteamientos y, mediados los años 1980, el modelo de una ciencia de la traducción basada en la lingüística generativa hacía agua por todas partes.
La escuela de París o teoría del sentido
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The main objection to the [interpretive] theory was and is that the authors failed, in the opinion of their critics, conclusively to prove [deverbalisation]. Seleskovitch and Lederer had in fact supported their hypotheses with a number of recorded interpretations, but their critics apparently did not feel that the recordings constituted sufficient proof. And this is where the matter still stands today, as neither the authors nor those who subsequently adopted their theory have been able to devise other methods of proving to the satisfaction of the sceptics that deverbalisation does in fact occur. The only thing that has changed is the terminology: Seleskovitch (1975, 1978: 333-341) and Lederer (1981a) referred in their early work to deverbalisation but in later publications (1981b) they have tended to use the term "conceptualisation" instead. They have never explained why they changed the terminology, so there is no telling whether the change was stylistic and/or semantic or whether the use of a more conventional term was simply an attempt to defuse criticism (which it didn't). […] One suspects (though this is really neither here nor there) that the failure to disprove it is due to the same causes as the failure to prove it. |
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| Karla Dejean Le Féal (1998: 42) |
Danica Seleskovitch fue la figura más destacada de la escuela de París. Llevaba años siendo una de las mejores intérpretes de conferencias de su época cuando se incorporó a la Universidad de la Sorbona en 1957, donde remodeló el Instituto de Altos Estudios de Interpretación como sección de la Escuela Superior de Intérpretes y Traductores (ESIT, hoy parte de la Sorbona Nueva o París 3). Entre 1959 y 1963 fue también secretaria ejecutiva de la AIIC. Defendió su tesis doctoral sobre la toma de notas en la interpretación consecutiva en 1973 y después fundó un programa de doctorado que se convertiría en el pilar de la théorie du sense, más tarde conocida como teoría interpretativa de la traducción.
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| Danica Seleskovitch. Fuente |
La Escuela de París creció como reacción ante las angostas miras impuestas por la lingüística, representada entonces por la Escuela de Leipzig, y también pretendía satisfacer las demandas pedagógicas de los formadores de intérpretes (y traductores). En lugar de cuestionar los puntos de vista de la lingüística (generativa) sobre el lenguaje y el significado, Seleskovitch recurrió a la semiótica, a través de Mounin, y a la psicología para complementarlos. El significado bien podía ser estable y estar sujeto a la equivalencia y la “transcodificación”, pero en la traducción humana, alegaba, esa transcodificación se reducía a la terminología especializada, a los nombres propios y a las unidades de medida para las que, según Seleskovitch, sí existen correspondencias 1:1 entre las lenguas. La interpretación, en cambio, era para ella una cuestión de sentido, una representación consciente y no verbal en la memoria que surgía de la interacción del significado lingüístico y los “complementos cognitivos” del intérprete (dominio de la lengua, conocimiento del mundo, valoración de la situación). Los intérpretes, básicamente, despojaban al lenguaje de los mensajes para captar su sentido desverbalizado y revestirlo después con las palabras de otra lengua.
La Escuela de París desconfiaba de la investigación experimental de los psicólogos y, en su lugar, favorecía la observación y, sobre todo, la introspección, muy al estilo chomskyano. Por ello, ser intérprete era importante para este tipo de investigación, y Seleskovitch lideró así una generación de practisearchers. El modelo de Seleskovitch era deductivo y muy abstracto, por lo que era muy difícil de falsificar salvo con argumentos lógicos. Además, su correlación con los modelos de la mente era a veces dudosa y esos modelos entonces evolucionaban a gran velocidad. Marianne Lederer, Karla Dejean Le Féal, Jean Delisle (que añadió ideas del análisis del discurso) y Mariano García Landa, entre otros, se esforzaron por racionalizar el modelo de Seleskovitch y darle cuerpo. Aun así, muchos conceptos básicos, como el de comprensión, seguían estando muy idealizados. La teoría interpretativa se limitó primero a la interpretación (de conferencias) y luego se amplió para aplicarla a la traducción escrita (no literaria).
A mediados de la década de 1980, muchos estudiosos de la traducción habían concluido que la lingüística no era el marco adecuado para estudiar la traducción y la interpretación, y que la disciplina nunca se convertiría en una ciencia exacta. Esto, por supuesto, no se debía únicamente a la Escuela de París. En cualquier caso, en este punto se abrieron varios caminos que parecen haberse inspirado en algún rasgo de los campeones de la teoría interpretativa. Muchos adoptaron la sugerencia de James S. Holmes de ampliar la disciplina con aportaciones de los estudios culturales y literarios (por ejemplo, los trabajos de André Lefevere), haciéndose eco de la apuesta de la Escuela de París por la multidisciplinariedad. Este movimiento dio lugar al nacimiento de los Estudios de Traducción, cuyos precedentes como disciplina que combina las vertientes lingüística y literaria pueden encontrarse en 1958, en el Cuarto Congreso de Eslavistas celebrado en Moscú.
Otros estudiosos, como Hans Vermeer, Katharina Reiß, Justa Holz-Mänttäri y Christiane Nord, rechazaron la lingüística y adoptaron la postura deductiva y racionalista de las escuelas de Leipzig y París para desarrollar enfoques funcionalistas que trascendían la mente de quienes traducen. Otros, por su parte, se aferraron a enfoques empíricos pero cambiar de nuevo su marco referencial a la psicolingüística, siguiendo a Seleskovitch al centrarse en los traductores y no en las traducciones. Esta tendencia pasaría a conocerse como estudios del proceso.
El estadio psicolingüístico en el estudio de la traducción
| The days are gone when we believed that there are certain behavioural patterns that are necessary to achieve success in translation. We know by now that time factors, access to translation aids, leisured production, or professional routines do not account for success. […] One of the main findings from the research based on think aloud data, and from process research at large, is that it is dangerous to make sweeping generalizations about translation processes. There is wide individual variation in the processes of novices as well as those of skilled professionals. It has turned out, for example, that professional status does not necessarily guarantee high-quality performance, and conversely, that novices’ performance may manifest features of expertise. | |
| Sonja Tirkkonen-Condit (2005: 405–406) |
Los trabajos de K. Anders Ericsson y Herbert A. Simon (1980, 1984) sobre una técnica de recogida de datos conocida como método del pensamiento en voz alta hicieron posibles los primeros intentos de atisbar en la caja negra del traductor. Trabajando desde el paradigma del procesamiento de la información, afirmaron que los informes orales introspectivos mientras se realiza una tarea proporcionan datos válidos para acceder al flujo de pensamientos de esa persona. Básicamente, la técnica consiste en pedir a los sujetos que ejecuten una tarea mientras piensan en voz alta. Las grabaciones de las sesiones se transcriben en protocolos (TAP, por sus siglas en inglés), que son objeto de análisis posterior.
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| Wolfgang Lörscher. Fuente |
En 1982, Ursula Sandrock completó su Staatsarbeit (similar a una tesina de maestría) en la Universidad de Kassel, sobre el uso de la técnica de pensamiento en voz alta para analizar el proceso de traducción. En 1984, Sandrock y su director de tesina, Hans Wilhelm Dechert (cuya especialidad era la psicolingüística contrastiva), presentaron una ponencia abundando en ello en el Tercer taller de adquisición de segundas lenguas de Colchester (Dechert & Sandrock 1986). Pamela Gerloff, Hans P. Krings y Wolfgang Lörscher publicaron trabajos con TAP también en 1986. Otros investigadores, como Hans Hönig, Riitta Jääskeläinen, Paul Kußmaul y Sonja Tirkkonen-Condit, se sumaron pronto a la corriente. Estos primeros estudios (siempre inspirados en el paradigma del procesamiento de la información) contemplaban traducir como una serie de tareas puntuales de resolución de problemas o como un solo proceso global de resolución de problemas.
La investigación fue ampliando para abarcar temas como el comportamiento estratégico frente al rutinario y la macroplanificación frente a la microplanificación, a menudo mezclados con comportamientos inmediatamente observables, como las correcciones del texto y el uso de diccionarios. Los primeros experimentos tuvieron como sujetos a estudiantes de lenguas extranjeras, sin formación en traducción y en condiciones de laboratorio poco estrictas. Pronto los investigadores se concentraron en aprender sobre el proceso de traducción y también en aprehender comportamientos exitosos que pudieran aplicarse a la formación de traductores. Los profesionales y los estudiantes principiantes y avanzados de traducción, entendidos y descritos de formas diversas, se convirtieron en los informantes habituales, y el comportamiento de estos grupos se contrastaba a menudo.
Estos esfuerzos de investigación no se apoyaban en un marco teórico ni explícito ni homogéneo. La interpretación de los datos se amplió para incluir nociones psicolingüísticas (por ejemplo, competencia), modelos psicológicos cognitivos (por ejemplo, procesamiento de arriba abajo frente a procesamiento de abajo arriba), nuevos constructos lingüísticos (por ejemplo, marcos, guiones, esquemas, semántica de marcos) y conceptos de lingüística aplicada (por ejemplo, interlengua), junto con ideas de las escuelas de Leipzig y París (por ejemplo, transcodificación, orientación al sentido o a la forma).
Los resultados mostraban que los traductores profesionales procesaban segmentos mayores del texto original que los estudiantes novatos (a menudo más jóvenes). También inferían más, recurrían más a su conocimiento del mundo y mostraban más comportamientos estratégicos, pero los resultados fueron resultando cada vez más desconcertantes e incluso contradictorios. Aumentaron las críticas sobre los métodos de investigación, pero la introspección era entonces el mejor enfoque disponible, por lo que sólo se diversificó en protocolos monológicos, dialógicos y grupales. También se recurrió a las entrevistas retrospectivas, que tendieron un puente entre la investigación sobre la traducción y sobre la interpretación. La desconfianza en la noción misma de acceder al flujo real de pensamientos arreciaba pero, esta vez, la investigación empírica de los procesos mentales en la traducción y la interpretación había alcanzado una masa crítica y se había asentado como un ámbito de investigación singular dentro de los Estudios de Traducción, como atestiguan el número especial de Meta 41/1, editado por Frank G. Königs, y las reuniones monográficas en Jyväskylä (1996) y Savonlinna (1998) organizadas por Tirkkonen-Condit y Jääskeläinen (véase también Kußmaul & Tirkkonen-Condit 1995) . Así, en lugar de llevar a toda la empresa a un nuevo callejón sin salida, las dificultades se interpretaron simplemente como el final de una etapa, el paso de la antorcha a una nueva generación de investigadores (véase la bibliografía comentada en Jääskeläinen 2002).
Un nuevo rumbo cognitivo del estudio de la interpretación simultánea
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While a Kuhnian paradigm shift can be said to have occurred in the discipline between the 1980s and the 1990s, the evolution over the past decade or so has been substantial but shows no such discontinuity; changes seem to flow more smoothly as a result of what has become regular interaction between scholars. |
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| Daniel Gile (2009: 140) |
| María Teresa Bajo Molina ha estudiado la memoria de trabajo en bilingües, incluyendo traductores e intérpretes. Fuente |
La jubilación de Danica Seleskovitch en 1990 fue paralela al declive de la Escuela de París y coincidió en el tiempo con un retorno al empirismo y un giro hacia la multidisciplinariedad que, en realidad, había comenzado algo antes, quizá ya en 1977 (Gerver & Sinaiko 1978). En 1986 –el mismo año en que se habían dado los primeros pasos de los enfoques psicolingüísticos en la investigación empírica de la traducción– la SSLMIT de la Universidad de Trieste organizó una conferencia sobre interpretación (Gran & Dodds 1989) que cuestionó algunos clichés heredados. El principal marco referencial seguía siendo el psicolingüístico dentro del paradigma del procesamiento de la información (por ejemplo, los trabajos de Sylvie Lambert, Barbara Moser-Mercer), pero el campo volvió a acoger a investigadores de otras áreas, como la neurociencia (por ejemplo, Franco Fabbro) y la psicología cognitiva (por ejemplo, Anette M. B. de Groot, María Teresa Bajo Molina). Algunos investigadores, como Masaomi Kondo, Robin Setton y Miriam Shlesinger, combinaban enfoques psicológicos y lingüísticos. La tendencia general era ampliar el marco de la psicología cognitiva a toda la ciencia cognitiva.
La formación y la calidad siguieron siendo los principales temas de estudio, pero había nuevos puntos de atención, como la direccionalidad, cuestiones específicas del lenguaje y la carga o esfuerzo mental (por ejemplo, Daniel Gile 1995a, 1995b). Los métodos de investigación, tanto descriptivos como experimentales, cobraron importancia. Destacaba la procupación por la validez ecológica, la representatividad de las muestras y la vaguedad de las variables. Otro avance destacable fue que la comunidad de investigadores de la interpretación de conferencias se extendió allende las fronteras de Francia y Alemania y se organizó mejor. Los investigadores de Trieste empezaron a publicar The Interpreter's Newsletter en 1988, Gile creó el Boletín CIRIN en 1990, la asociación japonesa de investigación de la interpretación (hoy Japan Association of Interpretation Studies) se fundó en 1991. Una conferencia celebrada en Turku en 1994 (Gambier, Gile & Taylor 1997) marcó otro punto álgido en los enfoques psicolingüísticos y cognitivos de la interpretación de conferencias e Interpreting publicó su primer número en 1996.
En junio de 1995 se celebró en Canadá la primera gran reunión centrada exclusivamente en la interpretación comunitaria (The Critical Link). La atención de la comunidad de estudiosos de la interpretación se desvió parcialmente tanto de la interpretación de conferencias como de los enfoques cognitivos. Mientras tanto, en el ámbito de la traducción, los enfoques cognitivos ganaban más reconocimiento al tiempo que se diversificaban. Abordemos primero las causas.
La (segunda) revolución cognitiva
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By the mid 80s of the last century it became clear that further developments of cognitive psychology were required to provide a solid foundation for a scientific psychology. Language, as the main tool of cognition, began to be the focus of all kinds of research, including developmental studies. Along with that came the realization that the first cognitive revolution had remained trapped by the presumption of individualism. Jerome Bruner (1986) was one of those who realized that social cognitive processes were prior to individual acts of thinking. This was the beginnings of the second cognitive revolution. |
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| Horace Romano "Rom" Harré (2009: 181) |
| David Kirsh. Pensar con el cuerpo y con otras cosas. Fuente |
La expresión segunda revolución cognitiva puede ser un poco exagerada, porque resta importancia a los precedentes y subraya la magnitud de los cambios. Sea como fuere, a finales de la década de 1980 el paradigma clásico de procesamiento de la información había propiciado algunos logros importantes en la TA de pares de lenguas (escritas), pero también era evidente que no había logrado captar los rudimentos del significado y del modo humano de crearlo y comprender. Los investigadores comenzaron a ver el lenguaje no como un conjunto limitado de símbolos huecos, sino como una ventana a los fenómenos superiores de la cognición. La lingüística se comenzó a interesar más por los constuctos mentales (guiones, marcos, esquemas) que por las reglas. Brunner (1990) argumentó que esos constructos se utilizan para atribuir significado pero también para organizar la experiencia y así allanó el camino para ampliar la cognición a áreas antes excluidas intencionalmente.
Por un lado, las emociones se consideran ahora parte de la cognición (Ortony, Clore y Collins 1988). El pensamiento se entiende ahora corporeizado, acabando así con la oposición dualista cartesiana entre mente y cuerpo (por ejemplo, Damasio 1994). Además, la cognición está situada en un entorno y no es el resultado maquinal de un procesamiento aislado y autónomo (Clancey 1997). De hecho, los humanos extendemos parte de nuestros procesos cognitivos al entorno (Clark 2008), cerrando así la brecha entre la experiencia interna y la externa. Además, los pensamientos racionales no siempre son conscientes (De Gelder, de Haan y Heywood 2001). Por otra parte, los esquemas son parcialmente convencionales y, por tanto, compartidos por los grupos sociales. La cognición y la cultura están estrechamente vinculadas (Hutchins 1995), por lo que el constructo de los esquemas mentales es el punto de encuentro de la neurobiología y la psicología social y del desarrollo. El yo, la consciencia y sus fundamentos neurocognitivos son nuevos temas de investigación. En general, las líneas que subyacen a estos cambios y avances ofrecen respuestas algo parciales pero emparentadas a las deficiencias del paradigma del procesamiento de la información.
Los nuevos rumbos cognitivos en el estudio de la traducción
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The field is slowly but steadily moving towards updated understandings of cognition that have challenged the focus on isolated, conscious rational thought, and have opened the door to the study of emotions, intuition and uncertainty, and their influence on the ways people translate and interpret. The translators and interpreters’ experience and beliefs have been shown to have a bearing on the way they carry out their tasks, but not necessarily on their products. This has paved the way to study individual psychological traits and preferences, which compound into personal working styles. Much research is and will be carried out in labs, but now the full environment and conditions are also being observed, and research has also reached the working place. New settings and research topics call for an adjustment in research methods, and some multi-method strategies are being implemented that may soon shed light on the most appropriate ways of tackling different research goals. We may still not have the answers to many questions, but we are learning how to ask the right questions. |
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| Ricardo Muñoz Martín (2014:72) |
Los avances en las tecnologías de la información abarataron las herramientas digitales y la industria y los trabajadores de la traducción las adoptaron masivamente a finales de los años ochenta. El nuevo entorno informático ha permitido registrar las pulsaciones al teclado y el uso del ratón (keylogging) y grabar la pantalla mientras se traduce. El tiempo es un parámetro cuantitativo que concentra los esfuerzos de muchos investigadores, como Arnt L. Jakobsen, que desarrolló Translog (hoy, Translog II, de Michael Carl) una aplicación de registro de teclado específica para estudiar la traducción. Los propulsores de los procedimientos multimétodo, como Fabio Alves (2003), pronto dieron la bienvenida al seguimiento de movimientos oculares (eyetracking) como método adicional y no invasivo de recogida de datos (por ejemplo, Göpferich, Jakobsen & Mees 2008). A menudo, las grabaciones de registro de teclado y seguimiento ocular se utilizan para estimular el pensamiento retrospectivo en voz alta, como estrategia para triangular los datos. En la actualidad se combinan a menudo los enfoques de proceso y producto (por ejemplo, Englund Dimitrova 2005). La lingüística de corpus, las fórmulas de legibilidad y aproximaciones como el análisis de redes de elección (Choice Network Analysis, Campbell 2000) son o han sido explorados para incorporar el análisis textual a la investigación de los procesos cognitivos. Los estudios empíricos son hoy más fiables y atraen a muchos más investigadores, por lo que Snell-Hornby (2006: 115) describe este auge como un “giro empírico”.
| Maureen Ehrensberger-Dow. Esfuerzo mental y ergonomía. Fuente |
La innovación metodológica (por ej., Chen 2020) y el aumento del rigor (por ej., Mellinger & Hanson 2021) van en paralelo a la renovación teórica (por ej., Halverson & Marín 2021). Los conceptos de aproximaciones anteriores (lingüísticos/comunicativos y de TA) como la competencia (por ejemplo, PACTE 2003), la unidad de traducción y la equivalencia siguen teniendo adeptos, y los desarrollos en esas líneas, como la teoría de la relevancia (por ejemplo, Gutt 2000) gozan de un eco significativo. Sin embargo, se abre paso el cambio hacia usar la Ciencia Cognitiva como marco referencial (y no solo una de sus ramas, cono la lingüística cognitiva o la psicología cognitiva), un cambio que pudo comenzar en el Foro de Psicología de la Universidad de Kent (Ohio) celebrado en mayo de 1995 (Danks, Shreve, Fountain et al 1997). Las contribuciones no sólo de la lingüística y la psicología, sino también de la neurociencia (por ej., Hervais-Adelman & Babcock 2020)
Ahora se puede abordar una nueva gama de temas, gracias a los nuevos enfoques y métodos. Por ejemplo, el papel del lenguaje figurado en los procesos, en los productos (Tirkkonen-Condit 2001) y en la teoría (Martín de León 2017); la importancia de la experiencia (Sirén & Hakkarainen 2002), los sentimientos (Laukkanen 1996; Rojo & Cifuentes 2021), la intuición (Hubscher-Davidson 2013), la direccionalidad (Whyatt, Witczak & Tomczak 2021) y la metacognición (Shreve 2009) en el procesamiento cognitivo; y la interacción en redes (Risku & Dickinson 2009) y con las herramientas (O’Brien 2012) están cada vez más en el punto de mira. La investigación no está abandonando los laboratorios pero ahora, sin duda, también está entrando en los lugares de trabajo (por ejemplo, Lavault-Olléon 2011).
Los resultados de la investigación científica son provisionales por naturaleza y los de las aproximaciones cognitivas, hoy demasiado variados como para esbozar un resumen aquí, pero los avances son ya notables, como ilustran las referencias de los párrafos anteriores. Todo esto no sería posible sin un mayor número de investigadores mejor organizados y que utilizan plenamente los mejores medios de comunicación. A medida que el número de investigadores en este ámbito crece rápidamente en países como Brasil, China y Polonia, los investigadores de diferentes universidades (por ejemplo, Aachen, Poznan, Estocolmo), a menudo asociados en centros, laboratorios y grupos (por ejemplo, CRITT, CSTIC, EMOTRA, LETRA, MC2 Lab, Socotrans, TRA&CO) se reúnen en encuentros y redes propios, como los organizados por TREC (serie ICTIC) y el CSTIC (serie ICCRTI) y también pueden publicar en revistas propias, como Translation, cognition & behavior. Los enfoques cognitivos parecen haber hallado por fin el buen camino y las próximas dos décadas serán cruciales para determinar si pueden ofrecer una descripción empírica y una explicación sólida de al menos algunos aspectos cognitivos de traducir, interpretar y otras tareas aledañas.
Potencial para la investigación
Casi cualquier aspecto del proceso humano de traducción puede ser objeto de estudios científicos empíricos desde enfoques psicolingüísticos y cognitivos. Los temas tradicionales incluyen la resolución de problemas, la toma de decisiones, las demandas y el esfuerzo cognitivos y aspectos como el uso de la memoria de trabajo. Las líneas de investigación más recientes han ampliado el alcance para incluir también muchos otros temas, principalmente relacionados con la interacción de los traductores o intérpretes con otras personas, con las herramientas y con su entorno, desde perspectivas como la interacción persona-ordenador, la ergonomía; aspectos del proceso como leer, escribir, revisar y poseditar y su relación con comportamientos monolingües similares; el papel de las emociones, la consciencia y los estilos de pensamiento; y la naturaleza de la pericia en traducción y/o interpretación y su desarrollo. Están en auge las comparaciones entre tareas o variaciones de tareas con diseños intrasujeto y esfuerzos internacionales combinados o coordinados.



