Saltar la navegación

Entrada

home page help (reference guide) search download (pdf) print broken link

 

 

citation ENG Emotions CAT Emocions EUS Emozioak GLG emocións POR Emoções

 

contenido
Introducción | La naturaleza desordenada de las emociones | La naturaleza difusa de las categorías de emoción | La búsqueda del “estándar de oro” en la medición de las emociones | Potencial para la investigación

 

Introduction  Introducción 

Las emociones tienen una larga historia profundamente arraigada en la evolución humana. Reconocidas por fin como algo más que un apéndice del pensamiento racional, han pasado a ocupar un lugar privilegiado en la comprensión de la cognición humana. El reconocimiento mundial de su impacto en el comportamiento humano, en las interacciones sociales y laborales, e incluso en la salud, ha logrado que se les preste atención como potenciales impulsores de la eficiencia en distintos ámbitos.

Types of basic emotions
Tipos de emociones básicas: 1 alegría, 2 tristeza, 3 miedo, 4 asco, 5 ira,enojo, 6 sorpresa. Fuente JR Bee - Verywell Mind

Los estudios de traducción e interpretación (ETI, en adelante) también han sucumbido a las emociones y a la tentación de dar a conocer sus efectos en el trabajo del traductor y del intérprete, aunque el interés por las emociones sea aún bastante reciente (Hubscher-Davidson 2018; Koskinen 2020; Rojo 2018). Si bien es posible encontrar estudios precedentes, la investigación empírica sobre las emociones se ha visto impulsada por el cambio liderado por los Estudios de Traducción e Interpretación Cognitivos (ETIC) desde los modelos de la cognición centrados en el procesamiento de la información hacia una visión más integradora de la cognición humana en la que las emociones se consideran inseparables de los procesos cognitivos (Muñoz 2017).

Los estudios de interpretación fueron pioneros en la adopción de un tipo de investigación empírica motivada principalmente por el interés de los investigadores en definir los efectos del estrés en la tarea de interpretación. Sin embargo, recientemente la traducción ha ganado terreno con investigaciones centradas en los efectos de rasgos de personalidad vinculados a las emociones, las emociones provocadas por el texto e incluso las inducidas externamente en el traductor y en la audiencia de la traducción (cf. Rojo 2017).

En la actualidad, tanto la interpretación como la traducción han encontrado una causa común en su interés por explorar el papel de la valencia emocional más allá del estrés y han empezado a dirigir sus esfuerzos hacia objetivos compartidos, como definir estándares de investigación para la recogida y el análisis de datos (Rojo & Korpal 2020). La investigación sobre las emociones en los ETI ha recorrido un largo camino, pero aún queda mucho por hacer. Esta entrada aborda algunas de las necesidades más urgentes centrándose en cuatro cuestiones cruciales para la investigación de las emociones: ¿Cuál es la naturaleza de las emociones? ¿Cómo se pueden definir? ¿Cuál es la mejor manera de medirlas? y ¿qué investigaciones futuras son necesarias?

 cabecera

[heading title] La naturaleza desordenada de las emociones

La primera cuestión crítica sobre el concepto de emoción en los ETI gira en torno a ofrecer una definición sencilla. Definir la naturaleza de la emoción ha sido, de hecho, una de las cuestiones centrales en su investigación: ¿Existe algo como familias o categorías discretas de emociones básicas? ¿Las emociones son innatas o culturales?

Adolphs & Anderson (2018) reconocen el paradójico contraste entre reconocer el lugar destacado que ocupan las emociones en nuestras vidas y los problemas para ofrecer una explicación científica (traducción propia): “Las emociones son uno de los aspectos más evidentes e importantes en nuestras vidas y, sin embargo, continúan siendo uno de los más enigmáticos a la hora de proporcionar una explicación científica” (Adolphs & Anderson 2018: xi).

Barrett (2006) se refiere a esta contradicción que ha desconcertado a los investigadores desde hace décadas como la “paradoja de las emociones”, que explica de la siguiente manera: las personas dicen experimentar vívidamente emociones cotidianas como la ira, la tristeza o el miedo; incluso tenemos la capacidad de verlas reflejadas en los demás. Y sin embargo, todavía no se han aportado pruebas psicofisiológicas y neurocientíficas concluyentes de la existencia de dichas categorías discretas de experiencia. ¿Cómo es posible que una capacidad tan extendida sea tan difícil de explicar?

La razón se encuentra en el centro del debate entre las emociones básicas o modelos clásicos y los enfoques constructivistas de la emoción, es decir, entre la suposición de que las emociones son categorías discretas de experiencia con patrones neuronales biológicos específicos y la hipótesis de que las emociones discretas surgen de redes cerebrales más generales no específicas de la emoción (Linquist, Wager, Kober et al. 2012). Incluso si los modelos neurocientíficos recientes asumen en general la falta de evidencia de mapeos unívocos entre diferentes emociones y regiones cerebrales específicas, como la amígdala, algunos enfoques siguen asumiendo la existencia de emociones básicas (es decir, ira, asco, miedo, felicidad, tristeza y sorpresa) que pueden asociarse con sentimientos, expresiones faciales y patrones de actividad autónoma distintos (Nummenmaa & Saarimäki 2018). Por el contrario, los enfoques constructivistas plantean que las pruebas de tal especificidad son escasas y no concluyentes y en su lugar señalan la prueba de variación intra e interemocional, es decir, de diferencias de comportamiento y actividad autónoma entre distintas instancias de emociones, así como de superposición entre emociones (Barrett 2009; Barrett & Satpute 2018).

Los enfoques constructivistas sostienen que las emociones se construyen a partir de mecanismos generales que no son específicos de la emoción, y que son altamente sensibles a las fluctuaciones del entorno externo y del medio interno. Desde esta perspectiva, las redes neuronales no tienen las condiciones suficientes para experimentar emociones particulares. Linquist, Wager, Kober et al. (2012: 124–126). establecen que la construcción psicológica de la emoción se apoya en cuatro operaciones básicas: (1) afecto central, (2) conceptualización, (3) adquisición del léxico de emoción y (4) atención ejecutiva:

  1. El afecto central se refiere a la información sensorial de nuestro cuerpo que le ayuda a lidiar con los estímulos relevantes del entorno. Los cambios en el afecto central pueden informarnos de la simple necesidad de comer o de la existencia de una amenaza potencial en nuestro entorno.
  2. La conceptualización es el proceso por el que estas señales sensoriales internas y los sentimientos afectivos asociados cobran sentido. Al vincular los cambios en el afecto central con nuestras representaciones almacenadas de experiencias anteriores, nuestro cerebro hace predicciones a partir del contexto particular. Así, una aceleración repentina del ritmo cardíaco podría interpretarse como un síntoma físico de consumo excesivo de cafeína tras haber tomado demasiado café, o como un caso de estrés en una situación de examen.
  3. El léxico emocional desempeña un papel importante en el proceso de conceptualización a la hora de dar sentido a los estados afectivos centrales. Partiendo de la base de que las categorías de emociones se construyen socialmente y no forman categorías naturales, cuando no se encuentran regularidades en una categoría, utilizamos palabras para mantenerla unida. Por tanto, al aprender nuevas palabras, podemos conceptualizar instancias de emociones antes desconocidas para nosotros.
  4. Por último, la atención ejecutiva sirve para integrar todas las demás operaciones psicológicas. Por ejemplo, ayuda a determinar qué representaciones del pasado pueden activarse, qué información del exterior puede favorecerse o si el afecto central puede representarse conscientemente en la conciencia.

Pero, ¿cuáles son las implicaciones de todas estas pruebas para los ETI? La primera implicación obvia apunta a la utilidad de la traducción, no solo para ampliar nuestra experiencia y percepción de las emociones, sino también para aumentar nuestras habilidades de regulación emocional. Barrett (2017) ejemplifica el efecto de aprender un nuevo término de emoción como Schadenfreude, una palabra utilizada para referirse a la experiencia de placer o autosatisfacción que proviene de presenciar los problemas o fracasos de otros. Sólo con su explicación, sin conocer la palabra real, la mayoría de la gente podría llegar a construir el concepto y “experimentar” la emoción, aunque probablemente sería bastante difícil. Sin embargo, cuando la palabra se escucha y se utiliza con frecuencia, todo el proceso se automatiza y la experiencia se desencadena con mayor facilidad. Además, aprender nuevas palabras de emoción puede ayudarnos a regular nuestras emociones de forma más eficiente al aprender a experimentar emociones más sutiles. Barrett señala aquí los posibles beneficios de aprender, por ejemplo, a distinguir entre angustia y malestar para las personas con dolor crónico. Si el aprendizaje de nuevos conceptos de emoción y de diferencias sutiles de significado entre palabras cercanas o sinónimos puede ayudarnos a reforzar nuestros mecanismos de control, la traducción y la interpretación se convierten en poderosas herramientas al servicio de la regulación emocional. Existe incluso la posibilidad de que la práctica profesional sea beneficiosa, un supuesto que concuerda con resultados de estudios previos que sugieren que los profesionales son mejores que los novatos en la regulación de sus emociones (Rojo & Ramos 2017).

cabecera

[heading title] La naturaleza difusa de las categorías de emoción

Otra clara implicación de adoptar un relato constructivista de las emociones es diferenciar entre “afecto central” –también denominado excitación o activación– y emoción. ¿Podemos afirmar realmente que al medir afecto estamos investigando emociones, si aceptamos que el concepto de emoción implica una conceptualización consciente? ¿Cómo sabemos que al registrar frecuencia cardíaca o medir la conductancia de la piel estamos evaluando realmente estrés en lugar de cualquier otra necesidad biológica o síntoma físico? La respuesta es bastante sencilla: no podemos, a menos que utilicemos parámetros de autoinforme.

Y el panorama deviene más confuso cuando se añaden otros términos a la categoría. La propia palabra emoción se utiliza habitualmente como un término general o paraguas que engloba diferentes emociones, sentimientos, estados de ánimo u otros fenómenos relacionados con el afecto. Las definiciones borrosas de estos fenómenos son el pan de cada día de los psicólogos y de muchos otros investigadores de las emociones, que todavía están lejos de decidir dónde trazar las líneas entre los muchos conceptos disponibles. Las diferencias entre los conceptos están sujetas en última instancia al marco teórico respectivo, pero generalmente se basan en tres parámetros principales, a saber: la conciencia, la duración y la especificidad del estado.

A riesgo de simplificar, el “estado de ánimo” apunta a estados que duran más y son menos específicos o se definen de forma más amplia que los de las emociones, mientras que estos últimos implican procesos cognitivos y se refieren a un objeto específico. Las emociones son intrínsecamente complejas e implican conjuntos de subacontecimientos interrelacionados; de ahí la etiqueta episodios emocionales prototípico” acuñada por Russell y Barrett (1999). El afecto –o lo que Russel y Barrett (1999) denominan afecto central y otros han etiquetado como activación, sentimiento o estado de ánimo– se refiere a un 'estado neurofisiológico conscientemente accesible como un simple sentimiento primitivo no reflexivo' (p. 806, traducción propia). Al igual que el estado de ánimo, el afecto puede no estar dirigido a ningún objeto; de hecho, para Russell (1996), el estado de ánimo es un afecto central prolongado sin objeto. Sin embargo, el afecto central también puede dirigirse a un objeto, como cuando forma parte de un episodio emocional prototípico. Russell y Barrett (1999: 808) proponen que el afecto puede describirse mediante dos dimensiones independientes: el grado de agrado –también conocido como valencia– y el grado de activación –también conocido como excitación. Los ejemplos de afecto incluyen, por ejemplo, una sensación de placer o desagrado, tensión o relajación. Los seres humanos siempre se encuentran en algún estado de afecto central, pero nuestra conciencia de él dependerá de su intensidad. En general, podemos no ser conscientes de ello –permaneciendo como parte de nuestro entorno interoceptivo–, pero también puede ponerse a disposición de la conciencia como sentimientos de afecto de una dimensión menor, siendo conscientes de sus propiedades de valencia y activación, pero sin llegar a convertirse en instancias únicas de emociones.

Según este punto de vista, las emociones sólo se construyen cuando las sensaciones interoceptivas son intensas o cuando el cambio en afecto es tan grande que pasa a un primer plano en la conciencia. Por lo tanto, las emociones no son respuestas a una situación, sino que son el resultado de nuestro intento de dar sentido al afecto destacado o relevante basándonos en nuestra capacidad de predicción. Nuestro cerebro nos permite dar sentido al afecto y construir emociones porque tiene la capacidad de reconstruir experiencias pasadas como patrones neuronales parciales que sirven de señales de predicción para anticipar continuamente los acontecimientos del entorno y planificar la acción más adecuada. La información del mundo no esperada o anticipada funciona como retroalimentación que puede ser aprendida para modificar nuestras predicciones (Barrett & Satpute 2019: 15).

La necesidad de claridad conceptual es una constante en una investigación donde a menudo es necesario distinguir fenómenos estrechamente relacionados. Un ejemplo es el posible solapamiento entre las emociones, el estrés y la ansiedad. Aunque los tres conceptos se utilizan a menudo de forma bastante indistinta en los ETI, cuando son nuestro objeto de investigación tenemos que intentar diferenciarlos conceptual y metodológicamente. Desde el punto de vista conceptual, una vez que se considera que las emociones son resultado del intento de dar sentido al afecto relevante, la relación y el solapamiento entre los términos queda más clara. Los tres compartirían la presencia de afecto central, con la principal diferencia de la presencia o ausencia de un desencadenante –el estrés suele estar causado por un desencadenante externo que puede ser a corto plazo, mientras que la ansiedad suele ser a largo plazo y persiste en ausencia de un desencadenante– y de la forma en que se interpreta el afecto saliente o la excitación sobre la base de experiencias anteriores. El pulso acelerado, la boca seca y las manos sudorosas antes de un examen de traducción pueden conceptualizarse como síntomas de estrés positivo para quienes suelen tener un buen rendimiento en los exámenes; de ansiedad para quienes sufren de bloqueo mental y aprensión a los exámenes; o incluso como una instancia particular de una experiencia emocional provocada por el texto o la situación personal del estudiante.

Desde un punto de vista conceptual, las emociones y el estrés son fenómenos estrechamente relacionados que comparten los mismos mecanismos fisiológicos y cerebrales. Pero desde un punto de vista metodológico, puede ser necesaria una diferenciación para responder a una pregunta de investigación concreta. Cuando es necesario asociar el afecto central a una instancia particular de una emoción, las pruebas o parámetros de autoinforme pueden ser nuestra mejor apuesta. Para relacionar el pulso acelerado con el miedo, en contraposición a la ira, es necesario combinar los valores de frecuencia cardíaca y las escalas de autoinforme sobre estas emociones concretas. Incluso entonces, no se garantiza una solución mágica, ya que la mayoría de los parámetros de autoinforme abordan dimensiones de afecto amplias y rasgos, disposiciones o tendencias emocionales, en lugar de emociones puntuales.

Weidman, Steckler & Tracy (2017) señalan la confusión conceptual, la medición imprecisa y el uso casual de las escalas como la causa del "ruido" o inconsistencia existente en la evaluación de las emociones. Utilizan la etiqueta falacia del ruido para referirse tanto a aquellos casos en los que una misma emoción se mide con diferentes términos (por ejemplo, el uso de enfadado y agitado para medir la ira), como a los casos en los que se miden distintas emociones con las mismas palabras (por ejemplo, el uso de ansioso para medir tanto la ansiedad como el miedo). También advierten sobre el uso de escalas no suficientemente sistemáticas e incluyen sólo un ítem o ítems que también se utilizan para medir al menos otra emoción en una escala separada. Las limitaciones de la evaluación y medición de las emociones en investigación son una de las cuestiones clave que se abordarán en la siguiente sección.

cabecera

[heading title] La búsqueda del “estándar de oro” al medir emociones

La medición es un punto candente en la investigación sobre las emociones, donde la búsqueda de un “estándar de oro” ha resultado infructuosa hasta el momento fruitless (Mauss & Robinson 2009). La medición de las emociones debe discutirse en estrecha alianza con las teorías sobre su naturaleza y origen. Una de las cuestiones cruciales en los ETI es si los marcadores fisiológicos de afecto (por ejemplo, una disminución del ritmo cardíaco) pueden ser un indicador suficiente de una instancia particular de emoción (por ejemplo, la tristeza), es decir, si el afecto puede equipararse a la emoción. Una vez más, la respuesta dependerá del punto de vista teórico que adoptemos.

Uno de los argumentos más sólidos contra la visión clásica de la emoción lo proporciona la evidencia de variabilidad en la valoración de las emociones de los demás (Barrett 2009). Por muy intuitiva que sea la opinión sobre la existencia de huellas emocionales “universales” –por ejemplo, las lágrimas y la desaceleración del ritmo cardíaco para la tristeza, el ceño fruncido y la aceleración del ritmo cardíaco para la ira, etc. –, todos hemos fracasado alguna vez al evaluar el estado emocional de los demás, incluso de quienes mejor conocemos. De hecho, nuestra capacidad de predicción puede aumentar con el conocimiento: cuantos más datos, mejor. Los mecanismos de control en los estudios experimentales también pueden servir para definir la experiencia emocional con mayor precisión. En el diseño experimental, los parámetros del texto (por ejemplo, el nivel de dificultad, el tema, etc.), las condiciones del entorno (por ejemplo, la familiaridad, las condiciones ambientales, etc.) e incluso los hábitos personales (por ejemplo, descansar, fumar, ingerir determinadas sustancias, etc.) pueden controlarse para permitir a los investigadores minimizar la presencia de variables intervinientes. Pero controlar todas las variables de confusión parece –y probablemente es– imposible. Y, cuanto más complejos sean los estímulos, más difícil será controlar una emoción concreta, como en el caso de las películas. Por mucho que nos esforcemos en controlar todas los elementos que provocan emociones (por ejemplo, los diálogos, la música, la imagen, etc.), nunca conseguiremos ampliar nuestro control a las experiencias presentes y pasadas de cada espectador o a su nivel de bienestar general.

La variación es la norma cuando se trata de respuestas emocionales; una persona puede derramar lágrimas de alegría al ganar una competición mientras que otra puede limitarse a esbozar una tímida sonrisa. Evidentemente, esto supone un gran reto para medir las emociones y aconseja extremar la precaución al utilizar sólo valores fisiológicos para estudiar las emociones. Además del conocimiento de las diferencias individuales y de los datos del contexto –tanto del pasado como del presente–, el camino más sensato para una medición óptima sería que los investigadores adoptaran enfoques multimétodo. Dado que la evaluación de las diferentes respuestas emocionales no está necesariamente correlacionada, todas –o al menos algunas– tendrían que medirse de forma coordinada para lograr una experiencia más precisa de la emoción. En las siguientes secciones se examinan las ventajas y desventajas de algunas de estas estrategias (véanse Mauss y Robinson 2009 y Harley 2015 para una revisión más detallada).

 

Respuestas conductuales

Las emociones conducen a determinados comportamientos o generan ciertas tendencias o rasgos disposicionales, que pueden analizarse como valores de estados emocionales. Utilizamos aquí respuestas conductuales en un sentido amplio, para abarcar cualquier expresión facial, postura corporal, rasgo acústico y rítmico del habla o interacción con el entorno que pueda producirse en respuesta a un episodio emocional.

La expresión facial ha sido una de los parámetros de comportamiento emocional más utilizadas, hasta el punto de que algunas teorías sostienen la existencia de expresiones prototípicas de al menos seis emociones básicas –por ejemplo, la ira, el miedo, el asco, la felicidad, la tristeza y la sorpresa– que es posible reconocer en diferentes culturas (por ejemplo, Ekman & Friesen 1971).

El comportamiento facial puede analizarse de forma manual con codificadores entrenados que detectan los movimientos o acciones de los músculos faciales a partir de protocolos de puntuación validados (por ejemplo, el Sistema de Codificación de Acciones Faciales; Ekman y Friesen, 1978), o utilizando métodos de electromiografía facial (EMG), que miden el potencial eléctrico de los músculos faciales a través de electrodos colocados en la cara. Como alternativa, en la actualidad existen programas informáticos (por ejemplo, FaceReader) provistos de motores de codificación facial automatizada que permiten el análisis automático de las emociones en la expresión facial. Además, algunos de ellos también permiten la integración de datos de seguimiento ocular y fisiológicos.

El análisis de la expresión facial ha sido de utilidad para evaluar la valencia del estado emocional de una persona, pero es más limitado a la hora de evaluar reacciones emocionales, ya que no es posible establecer una asociación clara entre los estados emocionales y el comportamiento facial. Las personas pueden sonreír cuando están contentas o frustradas, tras un éxito o un fracaso (por ejemplo, Schneider y Josephs 1991). La mayoría de los programas funcionan bien con una gama limitada de emociones –principalmente las seis emociones básicas ya mencionadas– pero no reconocen expresiones emocionales más sutiles. Otra limitación de este tipo de análisis es su sensibilidad a los factores culturales o a la presencia inferida de un público.. 

Facial expressions
Expresiones faciales. Fuente The Therapist Parent.

A pesar de las deficiencias, el análisis de la expresión facial tiene un enorme potencial para el estudio de las emociones básicas en los ETI, donde las expresiones faciales pueden grabarse en la pantalla mientras los participantes trabajan en un ordenador. Las limitaciones para discriminar entre emociones con la misma valencia pueden superarse combinando este tipo de análisis con parámetros de autoinforme.

Al igual que con las expresiones faciales, se supone que ciertos estados emocionales tienen huellas de comportamiento corporal distintas. Aunque los datos sobre la postura corporal son todavía escasos, los resultados sugieren que algunas emociones se asocian principalmente con comportamientos faciales –porque cumplen funciones adaptativas a nivel individual–, mientras que otras están vinculadas a comportamientos de todo el cuerpo –ya que señalan la posición de una persona dentro de una jerarquía de estatus social–. Emociones como el orgullo y la vergüenza se han asociado a posturas corporales expansivas o abiertas y contraídas o cerradas, respectivamente.

El análisis de la postura corporal tiene un enorme potencial para la investigación en interpretación, especialmente para las modalidades –por ejemplo, la interpretación de enlace, la interpretación susurrada– y los ámbitos –por ejemplo, los servicios públicos–en los que los intérpretes interactúan con sus interlocutores. Aunque los datos sobre postura corporal son todavía escasos, su vínculo con las emociones relacionadas con el estatus social apunta a su utilidad para discriminar entre emociones específicas.

El análisis de los rasgos acústicos y rítmicos del habla ha resultado especialmente fructífero al correlacionar los niveles más altos de tono –también conocido como frecuencia fundamental o F0– y amplitud –es decir, volumen– con los niveles más altos de activación, pero los resultados sobre su relación con la valencia o las emociones discretas son todavía limitados. No obstante, los trabajos en este campo son prometedores, sobre todo teniendo en cuenta los últimos avances en el análisis digital del habla. Este tipo de análisis también tiene un gran potencial para los campos en los que el habla desempeña un papel central, como en la interpretación. Junto con las pruebas de autoinforme, el análisis del habla puede utilizarse como indicador del estrés y la ansiedad en los estudios de interpretación.

Las emociones también pueden reflejarse en la forma en que las personas interactúan con las herramientas en su entorno de trabajo. Una forma de analizar la interacción de las personas con los ordenadores ha sido el uso de datos de archivos de registro como medida de la emoción. El análisis de los datos de los archivos de registro se ha llevado a cabo con el objetivo principal de demostrar la utilidad del comportamiento de los participantes en entornos informáticos como predictor de sus estados afectivos. El comportamiento se ha analizado de dos maneras diferentes. Un enfoque ha explorado las correlaciones entre los estados afectivos de los alumnos, como el aburrimiento, la frustración, la confusión o la concentración comprometida, y su comportamiento en la interacción con el ordenador, centrándose principalmente en la ejecución correcta e incorrecta, la petición de ayuda, las pausas repetidas o el tiempo de respuesta.

El segundo enfoque ha tenido como objetivo demostrar la eficacia del análisis del lenguaje y del discurso para la inferencia de emociones, centrándose principalmente en el análisis de rasgos de “sentimiento”. Los análisis se basan principalmente en el recuento del número de palabras relacionadas con una categoría indicativa de un proceso psicológico, o en las relaciones de cohesión (por ejemplo, correferencia, cohesión semántica, etc.).

La mayor ventaja de los datos de los archivos de registro es que proporcionan a los investigadores una opción de coste relativamente bajo y escalable que puede implementarse fácilmente en la investigación en el aula y permite realizar mediciones de la emoción en línea y en tiempo real. Dado que los archivos de registro proporcionan una información contextual muy rica y variada, también pueden ser útiles para diferenciar entre estados emocionales con rastros fisiológicos similares. Las principales deficiencias del uso de datos de archivos de registro para medir las emociones de los alumnos están relacionadas principalmente con el enorme volumen de datos proporcionados para el análisis y la necesidad de desarrollar herramientas y técnicas adaptadas a las necesidades específicas de cada área de investigación. Los datos de los archivos de registro son parámetro de esfuerzo cognitivo común en los ETI (Carl, Bangalore & Schaeffer 2016), donde se utilizan programas de grabación del teclado como Inputlog para analizar el proceso de traducción, y donde existen herramientas (por ejemplo, Translog) desarrolladas específicamente para analizar los procesos de traducción. Aun así, el uso de datos de archivos de registro para medir las emociones en la straducción requiere establecer los parámetros de análisis que reflejan el comportamiento emocional.

 

Respuestas oculares y actos reflejos

Los ojos pueden reflejar los deseos, necesidades, procesos cognitivos y emociones de las personas. La comprensión de la relación entre el movimiento de los ojos y la expresión de las emociones es todavía escasa, pero ahora hay resultados que sugieren que el movimiento de los ojos también puede desempeñar un papel importante a la hora de comunicar y captar los estados emocionales de las personas. La mayoría de los estudios han analizado el comportamiento de los ojos cuando miran a estímulos con carga emocional. Se parte de la base de que la emoción se relaciona estrechamente con otros procesos cognitivos, como la atención o la memoria. El seguimiento ocular es el procedimiento más habitual para medir los movimientos oculares dirigiendo una luz infrarroja cercana al centro de los ojos –es decir, la pupila– y provocando reflejos detectables tanto en la pupila como en la córnea –el elemento óptico más externo del ojo–. La expresión de la emoción se ha ligado a parámetros como la duración de los movimientos sacádicos y las fijaciones oculares, la posición del párpado y la tasa de parpadeo (Fabio, Gullà & Errante 2015; Lim, Mountstephens & Teo 2020).

La amplitud de los parpadeos oculares también puede medirse como síntoma del acto reflejo o repuesta de sobresalto, un reflejo universal que implica múltiples acciones motoras, incluida la tensión de los músculos del cuello y la espalda y el parpadeo de los ojos. El acto reflejo tiene una función protectora, ya que protege contra posibles lesiones corporales. La electromiografía es uno de los procedimientos más utilizados para medir la amplitud del parpadeo mediante la evaluación de la actividad muscular de los electrodos colocados sobre el músculo orbicular del ojo, justo debajo del párpado inferior. El estímulo más utilizado para provocar el acto reflejo es la llamada “sonda de sobresalto”, una ráfaga breve (50 ms) de ruido blanco dentro del rango de 95-110 decibelios.

El movimiento ocular puede asociarse con estados emocionales a través de procesos atencionales. Del mismo modo, la respuesta de sobresalto puede vincularse a la dimensión de valencia de los estados emocionales. En el caso de la respuesta de sobresalto, la amplitud registrada con estímulos de activación alta ha sido mayor con estímulos negativos y menor con estímulos positivos. Sin embargo, la medida no parece evaluar estados emocionales discretos. Hasta donde sabemos, la medición de la respuesta de sobresalto no se ha utilizado en los ETI, a pesar de su potencial como método poco invasivo. Por el contrario, el seguimiento ocular se ha utilizado con frecuencia en los ETIC para medir procesos cognitivos, pero aún no se ha empleado para investigar la experiencia emocional, aunque su potencial para la investigación de la emoción está cada vez más afianzado (por ejemplo, Kornacki 2019).

 

Respuestas autónomas, hormonales y cerebrales

Nuestra supervivencia, bienestar y respuesta emocional requieren respuestas fisiológicas adecuadas a los retos ambientales y homeostáticos. El restablecimiento y el mantenimiento de la homeostasis –es decir, la condición de un funcionamiento óptimo para el organismo– implica la activación y el control coordinados de los sistemas autónomo, endocrino y cerebral.

Se ha asumido que los diferentes estados emocionales implican patrones específicos de activación del sistema nervioso autónomo o SNA (James 1884). El SNA es el sistema fisiológico encargado de modular las funciones periféricas. Al ser un sistema de propósito general, su activación no puede vincularse exclusivamente a la respuesta emocional, ya que también está relacionado con los procesos de digestión, atención, etc. Consta de ramas simpáticas y parasimpáticas responsables de la activación y la relajación, respectivamente.

Autonomic nervous system
Sistema nervioso autónomo. Fuente S. Parasuraman.

Los índices de activación del SNA más comúnmente evaluados en la literatura se basan en las respuestas electrodérmicas y cardiovasculares. La respuesta electrodérmica suele medirse en términos de nivel de conductancia cutánea (Skin Conductance Level o SCL en inglés) o respuestas de conductancia cutánea de corta duración (Skin Conductance Response o SCR). La respuesta cardiovascular incluye, entre otras, medidas de la frecuencia cardíaca (FC), la presión arterial (PA) y la variabilidad de la frecuencia cardíaca (VFC). Estas medidas difieren en cuanto a si reflejan principalmente la actividad simpática, la parasimpática o ambas (por ejemplo, la SCL refleja principalmente la actividad simpática, mientras que la VFC está vinculada mayoritariamente a la actividad parasimpática; la FC y la PA reflejan una combinación de ambas).

Hasta ahora, los resultados existentes no han logrado demostrar la hipótesis de que diferentes emociones tienen huellas o impresiones distintas del SNA. Los resultados muestran que las respuestas del SNA están asociadas a dimensiones más amplias de valencia y activación, pero no sirven para discriminar entre emociones específicas. No obstante, existe la posibilidad de que los patrones basados en una combinación de distintas medidas del SNA faciliten la identificación de estados emocionales discretos (por ejemplo, Kreibig, Wilhelm, Roth et al. (2007) emplearon once medidas del SNA conjuntamente para diferenciar las respuestas a las películas que inducen miedo de las que inducen tristeza (emparejadas en valencia y activación) con un 85% de precisión).

El SNA interactúa con el sistema endocrino para provocar sustancias químicas que también influyen en nuestros sentimientos y comportamientos. Las glándulas del sistema endocrino segregan hormonas, que son sustancias químicas que se mueven por todo el cuerpo para ayudar a regular las emociones y los comportamientos. La reactividad fisiológica asociada a ciertos estados emocionales, como la ira, la agresividad, el miedo o la ansiedad, implica la activación de una serie de hormonas diferentes, entre ellas el cortisol. La relación entre las hormonas y la emoción puede ser bidireccional, ya que la secreción hormonal puede ser la respuesta a los estados emocionales, pero también su causa.

El cortisol es la principal hormona glucocorticoide en los seres humanos. Se libera desde la corteza suprarrenal en respuesta a la hormona adrenocorticotrópica (ACTH) y está regulada por el eje hipotálamo-hipófisis-adrenocortical (HPA). El cortisol regula muchos sistemas fisiológicos y es una de las hormonas con un papel más relevante en la generación de estrés. Puede medirse en muestras plasmáticas o salivales, siendo estas últimas menos invasivas y traumáticas. El análisis de los niveles de cortisol en plasma se ha utilizado como indicador de estrés en los estudios de interpretación, en los que es necesario mantener la cavidad oral libre para articular el discurso (por ejemplo, AIIC 2002).

Los correlatos fisiológicos de las emociones también pueden encontrarse en el cerebro. Se han utilizado dos métodos diferentes para medir los estados cerebrales asociados a la emoción: la electroencefalografía (EEG) y los métodos de neuroimagen como la resonancia magnética funcional (fMRI) o la tomografía por emisión de positrones (PET).

Debido a su limitada resolución espacial, los datos de EEG contrastan regiones cerebrales relativamente amplias: frontal frente a posterior y hemisferio izquierdo frente a derecho. El parámetro de EEG más utilizado en los estudios sobre la emoción es la asimetría frontal, que contrasta la potencia alfa –es decir, una medida de EEG (banda de 8-13 Hz) inversamente relacionada con la activación cortical localizada– en dos regiones. En los métodos de neuroimagen, la fMRI mide la captación de oxígeno en sangre, mientras que la PET evalúa la actividad metabólica en el cerebro midiendo las concentraciones de un isótopo radiactivo inyectado. Ambas aproximaciones asumen que una señal mayor refleja la “activación” de una región cerebral concreta a través de un mayor flujo sanguíneo.

Los resultados de los estudios sobre emociones basados en la EEG y la neuroimagen indican que la activación de las regiones cerebrales y de los circuitos cerebrales localizables está relacionada con estados más generales de aproximación y evitación –el hemisferio izquierdo está relacionado con la aproximación y el derecho con la evitación– más que con emociones específicas. Estos resultados sugieren que los estados emocionales son reacciones complejas que probablemente implican conjuntos de circuitos más que regiones cerebrales aisladas.

A pesar de las limitaciones, la alta resolución espacial de los métodos de neuroimagen y su potencial para examinar la interacción entre múltiples regiones cerebrales es prometedora para entender si existe algún tipo de especificidad emocional y cómo. Sin embargo, su validez ecológica para el estudio de la traducción e interpretación es bastante baja. El parecido con el trabajo real de un traductor o intérprete es especialmente remoto en la fMRI y la PET, que requieren que la persona se tumbe acostado dentro de la máquina. Los equipos de EEG no impiden a los traductores trabajar ante un ordenador, pero la técnica tiene grandes limitaciones para procesar textos completos y funciona mejor con palabras aisladas.

Las medidas de autoinforme

Probablemente, el método más utilizado para medir las emociones de los participantes es la experiencia autoinformada –también denominada percibida o subjetiva. Aunque el uso correcto de estos cuestionarios implica su administración y corrección por un especialista, son relativamente fáciles de usar y requieren poca experiencia en términos de codificación, puntuación y análisis, al menos en comparación con otros métodos más tecnológicos. Además, permiten mucha flexibilidad al administrarlos; por ejemplo, pueden utilizarse antes, durante o después de la intervención. Estas ventajas, junto con la creciente popularidad de las teorías constructivistas de la emoción, los han señalado como la medida de las emociones más cercana al “estándar de oro” y un método valioso para validar los hallazgos de otros métodos (Porayska-Pomsta, Mavrikis, Mello et al. 2013).

La discusión sobre la validez de la aplicación de las medidas de autoinforme a las emociones no puede abordarse desde una postura de todo o nada, ya que suele depender del tipo de autoinforme. Por ejemplo, es probable que los autoinformes de experiencias emocionales recientes sean más válidos que los de emociones más lejanas en el tiempo. La mayoría de las desventajas del método están relacionadas con su administración temporal y la necesidad de que los participantes autocalifiquen sus propias emociones.

Harley (2015: 17) ofrece una relación detallada de las ventajas y desventajas de este método. En primer lugar, proporcionan medidas “periféricas” o complementarias que interrumpen la atención de los participantes y la desvían de los estímulos desencadenantes de la emoción. En segundo lugar, la precisión del estado emocional autoinformado puede verse cuestionada por las siguientes circunstancias 1) no haber experimentado esa emoción antes; 2) no ser capaz de recordar con exactitud una instancia de una emoción; 3) comprender la etiqueta emocional de manera diferente a la pretendida por el investigador; 4) abstenerse de exponer las propias emociones debido a la necesidad de aprobación social (i.e., sesgo de deseabilidad social); 5) experimentar otra emoción suscitada por la propia medida de autoinforme (por ejemplo, aburrimiento, cansancio), que puede ser diferente del objeto del estudio; 6) el efecto del lapso de tiempo entre la experiencia de la emoción y la petición de informar sobre ella. No obstante, estas deficiencias pueden minimizarse mediante la aplicación de buenas prácticas que permitan una operacionalización más transparente de las emociones; reduzcan el lapso de tiempo entre la experiencia de la emoción y la administración de la escala; faciliten la exactitud del recuerdo al provocar una retrospección de la emoción; o disminuyan el cansancio por la cantidad de ítems y la posibilidad de emociones negativas concurrentes mediante el control de la longitud y la complejidad de los cuestionarios. En resumen, las medidas de autoinforme proporcionan un método conveniente y eficaz de recogida de datos en la investigación de las emociones, siempre que se apliquen con rigor y se reconozcan debidamente sus limitaciones. Aún se necesitan escalas más precisas y adaptadas a las especificidades de la traducción y la interpretación. También son necesarias traducciones validadas de los cuestionarios a diferentes idiomas para evitar autoadaptaciones no validadas de las escalas.

cabecera

Research potential Potencial para la investigación

Se han dado pasos de gigante en la investigación de las emociones, pero aún queda mucho que avanzar. El conocimiento de muchas cuestiones sobre la naturaleza, las causas y las consecuencias de las emociones es todavía escaso en casi todos los ámbitos. En esta entrada se han indicado algunas de estas cuestiones y se ha discutido su relevancia para los ETI, pero aún es necesario reflexionar sobre el futuro de la investigación sobre las emociones. El debate ha señalado tres ámbitos o líneas de investigación sobre la emoción relevantes para el futuro de los ETI.

La primera línea se refiere al progreso teórico. Es necesaria una mayor unificación teórica que permita una definición y comprensión consensuada de las emociones. Además, los hallazgos sobre el papel de las emociones en los ETI deben integrarse en las teorías cognitivas existentes sobre la traducción. Dicha integración requiere la realización de meta-análisis que reúnan los resultados de diferentes estudios, permitiendo a los investigadores ofrecer explicaciones coherentes sobre el papel de las emociones en los procesos de traducción e interpretación y postular otras hipótesis que también puedan ser testadas empíricamente.

La segunda línea se refiere a la medición. Una medición adecuada es una condición necesaria para garantizar el progreso de cualquier ciencia empírica. Se ha avanzado mucho en la medición de las emociones, especialmente en lo que se refiere a las nuevas técnicas para medir las señales “objetivas” de las emociones, como la actividad fisiológica, muscular o cerebral, pero no se debe considerar que una modalidad sustituya a otra. Los datos apuntan a una correspondencia relativamente baja entre las diferentes modalidades o componentes implicados en la emoción, lo que aconseja la adopción de enfoques multimétodo que permitan a los investigadores triangular diferentes medidas y proporcionar una descripción más holística y precisa de las emociones. La combinación de diferentes métodos y medidas no sólo puede mejorar la precisión de la detección de las emociones, sino que también ayuda a identificar el “estándar de oro” para medir una emoción determinada. Incluso si aceptamos que la experiencia subjetiva sea probablemente el mejor identificador de la emoción, todavía hay mucho margen de mejora en el uso de esta medida, especialmente en los ETI. Es necesario desarrollar mejores escalas que eviten el sesgo de deseabilidad social, las influencias no deseadas de una memoria pobre o distorsionada, o los efectos de orden y presentación. Asimismo, se necesitan más traducciones validadas de las escalas existentes, así como otras nuevas adaptadas a las especificidades de la traducción e interpretación.

Por último, la tercera línea apunta a la necesidad de aumentar la validez ecológica, estudiando fenómenos del mundo real que reflejen el trabajo diario de los profesionales. Lamentablemente, la búsqueda de un mayor control en los diseños experimentales ha provocado una disminución de la validez ecológica de los estudios. Trabajar con electrodos en el cuero cabelludo, la cara o las manos no sólo es incómodo y desagradable, sino que además está muy alejado de la realidad del trabajo diario de traductores e intérpretes. Esta afirmación requiere que los investigadores estén dispuestos a flexibilizar el control experimental. Tal vez haya llegado el momento de aceptar que la traducción –como cualquier otra tarea centrada en el lenguaje– puede beneficiarse de diseños experimentales más laxos que puedan dar cabida a escenarios más realistas.

cabecera