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Introducción - “Translation as (re)creation, manipulation, and (woman)handling”: Orígenes, prácticas y afinidades  | “A new European tradition?”: Nuevos horizontes, nuevas teorizaciones | “Recovering ‘Lost’ women translators”: Reescribiendo la historia de la traducción | Potencial para la investigación

 

Introducción  Introducción - "Translation as (re)creation, manipulation, and (woman)handling”: Orígenes, prácticas y afinidades

cita Whether affirmed or denounced, the femininity of translation is a persistent historical trope. “Woman” and “translation” have been relegated to the same position of discursive inferiority. The hierarchical authority of the original over the reproduction is linked with imagery of masculine and feminine; the original is considered the strong generative male, the translation the weaker and derivative female.
Sherry Simon (1996: 1)

En los años ochenta del siglo XX, en Quebec (Canadá), confluyeron diferentes coordenadas sociales, políticas e identitarias (feminismo anglosajón, feminismo francés, el cultural turnen los estudios de traducción, postestructuralismo, deconstruccionismo, etc.), que empujaron a algunas escritoras feministas (entre otras, Louise Bersianik, Denise Boucher y Nicole Brossard) a subvertir con su escritura el discurso androcentrista y sexista, desde siempre dominante en la literatura universal. Un grupo de traductoras feministas (entre otras, Luise von Flotow, Barbara Godard, Susanne de Lotbinière-Harwood, Howard Scott, Fiona Strachan y Marlene Wildeman), seguidoras de la vanguardia liderada por estas autoras canadienses, las tradujeron visibilizando su voz en los trabajos que (re)escribían. Las estrategias de estas prácticas eran muy variadas, aunque, en su artículo “Feminist Translation: Contexts, Practices and Theories” (1991), Luise von Flotow las clasificó en cuatro: supplementing, prefacing, footnoting y hijacking.

“La mujer no nace, se hace”. Simone de Beauvoir
“La mujer no nace, se hace”. Simone de Beauvoir (1908-1986).

La suplementación lingüística (supplementing) responde a una compensación de las diferencias entre lenguas, pero también a una acción voluntaria de manipulación textual de las traductoras, que usan tácticas como la desexuación y la feminización para hacer visible su intervención política en el texto. La desexuación consiste en neutralizar las prácticas que utilizan el masculino como presunto genérico de la lengua. La feminización comporta estrategias de intervención más subversivas como, por ejemplo, la supresión deliberada de palabras, metáforas e imágenes que describen peyorativamente a las mujeres, etc.

Usar paratextos, como prefacios e introducciones (prefacing) y notas a pie de página (footnoting), no sólo justifica las decisiones de las traductoras, sino que también participa en la materialización del texto. Finalmente, la textualidad de las traductoras feministas canadienses aparece, a menudo, marcada tipográfica, léxica o semánticamente en una especie de hijacking. Estas prácticas traductoras feministas canadienses, como asevera José Santaemilia (2013: 9), “coined a new tradition (‘feminist translation’) […] that vindicated translation as (re)creation, manipulation, and (woman)handling”.

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En los años noventa, este pósito literario y traductológico fomentó también en Canadá el estudio y la reflexión teórica de la intersección género y traducción. Entre otros trabajos, destacan los de Barbara Godard (“Theorizing feminist discourse / translation”, 1990), Susanne de Lotbinière-Harwood (Re-belle et infidèle: La traduction comme pratique de ré-écriture au féminin / The Body Bilingual: Translation as a Re-writing in the Feminine, 1991), Sherry Simon (Gender in Translation. Cultural Identity and the Politics of Transmission, 1996) y Luise von Flotow (Translation and Gender: Translating in the ‘Era of Feminism’, 1997). Simon (1996: 166) subrayaba la parcialidad de la escuela de traducción feminista canadiense:

Feminist interventions into translation have served to highlight the fact that cultural transmission is undertaken from partial (and not universal) perspectives, from constantly evolving cultural positions.

El feminismo traductológico canadiense fue una táctica provisional muy oportuna que abrió camino a un nuevo ámbito de investigación en los estudios de traducción, pero en el siglo XXI ha perdido protagonismo. En palabras de José Santaemilia (2013: 10), “this presence seems to have vanished or lost its momentum”. No obstante, por ser pionero y subversivo, ha motivado y sigue motivando diálogos y prevenciones

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Paralelamente, en los años noventa aparecían en Estados Unidos otros textos simbólicos, sin pertenecer a un contexto social, político e identitario compartido como el canadiense, que reflexionaban sobre la teoría y la práctica de la traducción literaria feminista, como los de Maureen Ahern, Lori Chamberlain, Myriam Díaz Diocaretz, Suzanne Jill Levine, Carol Maier, Françoise Massardier-Kenney, Cherríe Moraga y Gloria Anzaldúa, y Gayatri Chakravorty Spivak. Muchas de estas obras analizaban, desde la experiencia propia, qué implica traducir desde una perspectiva feminista. Aseguraban que el género es un factor prioritario al (des)codificar y (re)codificar un texto en la lengua de llegada de una traducción. Entrevistada en 1995 y en 1996, Carol Maier justificaba su preferencia por el término woman-identified translator por encima de feminist translator en sus prácticas de traducción:

feminist’ seems to suggest a distinctly politicized orientation and the presence of defined feminist strategies and goals, whereas ‘woman-identified’ suggests a primary concern and not necessarily a feminist concern

(Maier en Godayol 1998: 161).

 Para Maier (1998: 161), lo más importante:

is not so much how one identifies oneself with respect to gender, and maybe not even how the writer is identified with respect to gender, as the translator’s method or approach, in other words, the extent to which the translator makes decisions in the context of gender, and which decisions are made in that context.

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Maier remarcaba la importancia de visibilizar a la traductora: “Sometimes footnotes are appropiate, sometimes visibility best occurs in a preface, sometimes it’s linguistic manipulation: all of them are justifiable, legitimate, if they are appropiate to the translator’s purpose” (1998: 161). De Maier, cabe destacar el artículo pionero “Women in translation: current intersections, theory, and practice”, publicado en 1994, donde la autora planteaba las siguientes preguntas (Maier 1994: 29):

First, what is ‘happening’ in the field of translation studies now that ‘woman’ and ‘translation’ are associated explicitly? Second, does their interaction result in areas of overlap or collision? Does ‘woman’ affect ‘translation’? Does ‘translation’ affect ‘woman’? Third, and the question arose as I worked with each of the two, how might intersections of feminist issues and translation issues occasion work that might be considered subversive?

Entre otros temas tratados para contestar sus interrogantes, como la problematización de la identidad de la traductora, la decisión de la traductora de escoger los textos a traducir, las posibles estrategias feministas o la traducción como producto final, Maier, ante la incrementada visibilidad y autonomía de la traductora, daba especial importancia a “the relationship between translator and author(ity)” (1994: 29). Esta alianza con la autoría puede desencadenar “an active collaboration”, si se trata de autoras contemporáneas, o “a less immediate but equally intense sense of mutuality” (1994: 30), si se trata de autoras muertas.

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Muchos de los textos de estas autoras (Ahern, Behar, Castillo, Díaz Diocaretz, Levine, Maier, Moraga...) tratan sobre el tipo de relaciones y diálogos que mantuvieron con las autoras que tradujeron y sus textos (desde afinidad y solidaridad, hasta antagonismo y subversión, si se trata de autores no afines). Por ejemplo, Maier calificaba su experiencia de traducir al inglés poesía de la escritora chicana Ana Castillo como intensa y fructífera: “We agreed that one voice would speak for us both” (1989: 628). Asimismo, Cherríe Moraga y Ana Castillo, en su versión castellana de This bridge called my back (1983), editada por Cherríe Moraga y Gloria Anzaldúa, Esta puente, mi espalda (1988), justificaban la traducción por ser un intento “de abrir camino e iniciar lazos entre nosotras, las mujeres de color estadounidenses y las mujeres de Hispanoamérica” (1988: 19i). Por otra parte, Maier, ante la tarea de traducir algunos poemas de Octavio Armand, reflexionaba que, de entrada: “…my antagonism was stronger than my respect” (1985: 7).

Algunas de las obras traducidas por las traductoras feministas estadounidenses de los noventa son de escritoras minoritarias o de escritoras del mal llamado Tercer Mundo. Para poder construir un puente multicultural entre el Tercer Mundo y el Primero, la teórica y traductora de Jacques Derrida y Mahasweta Devi, Gayatri Chakravorty Spivak presenta el concepto de “ethical singularity” (1995: xxv). Es decir, propone que la responsabilidad ética en traducción sea un acto de intercambio solidario, un “secret encounter” (1995: xxv), un punto de encuentro negociador entre el colectivo investigador o traductor y el colectivo investigado o traducido en el cual el uno aprenda del otro y el otro aprenda del uno. No obstante, también sostiene que “ethics is the experience of the impossible” (1995: xxv). Seguramente pensar que el compromiso ético total es imposible, porque los centros y los márgenes no son nunca del todo intercambiables, resulte decisivo para potenciar el diálogo cotidiano entre sujetos y objetos culturales del Primer y el Tercer Mundo.

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[título del epígrafe] “A new European tradition?”: Nuevos horizontes, nuevas teorizaciones

cita Although Feminist Translation Studies were born in Quebec in the 1980s, as a direct consequence of women writers’ experimental writing wishing to reinscribe femininity in language and to deconstruct the dominant patriarchal discourse through conscious manipulation of language, Canada and Spain seem to be two of the most important countries where the problems inherent to translation and the category of gender have been most fruitfully discussed by eminent scholars. […] In Italy, however, the situation is different and a gap seems to exist between theory and practice.
Eleonora Federici & Vanessa Leonardi (2013: 1)

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A finales del siglo XX, el interés por estos temas se afincaba en otros países europeos, como Austria, España e Italia. En “Gender and translation: A new European tradition?”, José Santaemilia (2013) afirma que, después de las canadienses, las investigadoras españolas habían sido las primeras en reflexionar sobre la intersección género y traducción y problematizarla. En 1998, la pionera África Vidal , le dedicaba un capítulo, “Teorías feministas de la traducción”, en su profético libro El futuro de la traducción y Pilar Godayol leía la primera tesis en España sobre género y traducción en la Universitat Autònoma de Barcelona: Espais de frontera. Gènere i traducció, publicada en catalán en 2000 y traducida al italiano en 2002. Santaemilia aseveraba (2013: 10): “I would like to underline the appearance of Espais de frontera. Gènere i traducció (2000), by Pilar Godayol, who adopted a post-structuralist approach to translation and generated new methaphors that consider woman and femininity as positive and regenerative forces”.

Como apuntan Eleonora Federici, Vanessa Leonardi y José Santaemilia, durante las dos primeras décadas del tercer milenio, no sólo destaca la reflexión teórica del binomio género y traducción en Europa, especialmente en España (véanse, entre otros, los trabajos de Mercedes Bengoechea, Carmen Camus, Olga Castro, Eva Espasa, Eleonora Federici, Pilar Godayol, Cristina Gómez, Camino Gutiérrez, Teresa Julio, Ana Luna, Marcella De Marco, Rosario Martín,Vanessa Leonardi, 

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Manuela Palacios, María Pérez L. de Heredia, Caterina Riba, Dora Sales, Lola Sánchez, José Santaemilia, Annarita Taronna, África Vidal y Gora Zaragoza), sino también las prácticas de traducción feminista elaboradas, mayoritariamente, por académicas feministas (Pilar Godayol, Manuela Palacios, Simon Palmer, María Reimóndez, Milagros Rivera, Dora Sales, África Vidal...) para editoriales o colecciones feministas que quieren recuperar textos y autoras invisibilizadas por los discursos dominantes androcentristas (entre otras, “La cosecha de nuestras madres” de horas y HORAS, “Feminismos” de Cátedra, “Capsa de Pandora” de Eumo Editorial y “As letras das mulleres” de Sotelo Blanco Edicións).

A partir de 2000, se multiplican los congresos internacionales sobre género y traducción (Alemania, Canadá, Italia, España, Francia, Gran Bretaña, Turquía...) y sus publicaciones derivadas. La vivacidad y la periodicidad de los foros académicos demuestra el interés de diferentes grupos de investigación universitarios por la intersección género/mujer/traducción. Asimismo, desde el punto de vista editorial académico, cabe subrayar la buena disposición de algunas revistas especializadas internacionales a publicar monográficos o dossiers sobre el tema (entre otros, Quaderns. Revista de traducció, 2006; deSignis, 2009; MonTI, 2011; Women’s studies international forum, 2014; Mutatis mutandis, 2020; Transfer. Revista de traducción e interculturalidad, 2020).

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Finalmente, en la última década han proliferado los compendios transnacionales de diferentes especialistas sobre género, feminismo y traducción. Destacan, entre otros, Gender, sex and translation (2005), editado por José Santaemilia; Translating Women (2011), editado por Luise von Flotow; Bridging the gap between theory and practice in translation and gender studies (2013), editado por Eleonora Federici y Vanessa Leonardi; Feminist translation studies. Local and transnational perspectives (2017), editado por Olga Castro y Emek Ergun; Translating Women. Different Voices and New Horizons (2017), editado por Luise von Flotow y Farzaneh Farahzad; Traducir para la igualdad sexual (2017), editado por José Santaemilia; Translation, ideology and gender (2017), editado por Carmen Camus, Cristina Gómez y Julia Williams Camus, Feminismo(s) y/en traducción / Feminism(s) and/in Translation (2020), editado por José Santaemilia y The Routledge handbook of translation, feminism and gender (2020), editado por Luise von Flotow y Hala Kamal.

Más de tres décadas después de los primeros trabajos canadienses que visibilizaban pioneramente la tríada género, mujer y traducción, estos conceptos no sólo se han vinculado, cuestionado, repensado e interrelacionado, sino que lo siguen haciendo intensamente en los estudios de traducción actuales, habiéndose ampliado a más contextos y continentes (véanse, entre otros, los estudios panorámicos Castro 2009; Brufau 2011; Santaemilia 2011, 2013; Godayol 2011, 2013, 2019a, 2019b; Castro y Ergun 2018).

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[título del epígrafe] “Recovering ‘Lost’ women translators”: Reescribiendo la historia de la traducción

cita Resurgent interest in women’s writing has led to discoveries of and further research on women translators; and since in many historical periods women were restricted to translation a considerable number of ‘lost’ women translators have been uncovered.
Luise von FLotow (1997: 66)

Una de las principales líneas de investigación cultivadas en estas últimas décadas ha sido la historiografía feminista de la traducción. En este sentido se ha intentado sumar y visibilizar dos historias subalternas, desatendidas por los discursos dominantes de la Historia en mayúsculas: la historia de la traducción y la historia de las mujeres y de género.

La genealogía de la cultura siempre ha sido masculina, con algunas mujeres coartada, legitimadas por el poder. Todos los feminismos, desde la primera hasta la cuarta ola, han instado a combatir la orfandad materna crónica de la cultura, recuperando y revalorizando protagonistas femeninas y feministas, así como reconociendo su liderazgo y su influencia. Recordemos que la división más generalizada de la historia del feminismo se presenta en cuatro etapas, que resumimos brevemente a continuación (Riley 2018: 4-10): 1. La primera ola se centra en el movimiento sufragista mundial que hizo campañas a favor del derecho a votar de las mujeres, que desde 1880 hasta 1940 -aunque en algunos países europeos se alcanzó más tarde-. 2. Vinculada a los movimientos de los derechos civiles, la segunda surge a partir del movimiento de liberación de la mujer de los años sesenta en Estados Unidos y se extiende hasta los setenta y ochenta, según variaciones nacionales y culturales. 3. La tercera ola se vincula a la eclosión de la teoría queer de los años noventa y principios del nuevo siglo (Judith Butler es una de las madres simbólicas), así como a la fuerte “academización” del movimiento. 4. La cuarta, aún vigente, se caracteriza por el uso de las redes sociales para reactivar el activismo y reconectar la política feminista con el día a día.

De acuerdo con esta línea historiográfica de recuperación femenina y feminista, mayoritariamente incentivada en la segunda ola del feminismo y consolidada en la tercera y cuarta, han trabajado durante las tres últimas décadas muchas investigadoras y grupos de investigación sobre traducción, mayoritariamente europeos y norteamericanos. Con el objetivo de reivindicar la traducción (en tanto que disciplina subalterna en el canon literario, que acumula miles de libros firmados por hombres) y las traductoras (en tanto que recreadoras subalternas en el canon traductor, que también suma nombres masculinos), los estudios que comentaremos a continuación reivindican, como ejemplo, la memoria femenina en la historia de la traducción ibérica: primero, recuperando traductoras, traducciones y sus paratextos (prefacios, introducciones, notas, correspondencia femenina, etc.); y, segundo, recuperando traducciones invisibilizadas por el contexto dominante, mayoritariamente de textos y autoras feministas.

A continuación, se relacionan, cronológicamente, algunos de los trabajos de recuperación histórica de traductoras y traducciones más representativos publicados en el siglo XXI en España. Siendo pioneros, es un mero ejemplo de lo que se está llevando a cabo actualmente a nivel internacional. No pretende ser un esbozo exhaustivo ni justo con todas las aportaciones, meramente por una cuestión de espacio.

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En el marco de los grupos de investigación GETCC (Grupo de Estudios de la Traducción Contemporánea Catalana), de la Universitat Autònoma de Barcelona, y GETLIHC (Grupo de Estudios de Género: Traducción, Literatura, Historia y Comunicación), de la Universitat de Vic – Universitat Central de Catalunya, se han llevado a cabo congresos, exposiciones, y se han publicado monografías y artículos en revistas especializadas para recuperar y visibilizar a las traductoras catalanas, sus traducciones y sus paratextos (entre otros, Bacardí y Godayol 2011, 2014). El marco de esta recuperación de voces traductoras femeninas (y masculinas) invisibilizadas fue la elaboración del Diccionari de la traducció catalana, dirigido por Montserrat Bacardí y Pilar Godayol (Visat). Desde el principio, uno de los objetivos importantes de las directoras fue rescatar figuras femeninas (Maria Antònia Salvà, Carme Montoriol, Carme Serrallonga, Maria Aurèlia Capmany, Montserrat Abelló, Maria Àngels Anglada, Helena Valentí, Marta Pessarrodona, Maria Antònia Oliver...). No obstante, de las 1.000 entradas del diccionario, que abarca ocho siglos, solamente 85 son mujeres y del siglo XX, con mínimas excepciones del XIX de traducciones de poemas dispersos. La primera traducción al catalán de un libro firmada por un hombre es del siglo XIII, con el nacimiento de la lengua. La primera traducción conocida de mano de una mujer es del siglo XX.

En esta misma línea de recuperación historiográfica feminista, en 2011, Olga Castro, en el artículo “Traductoras gallegas del siglo XX: Reescribiendo la historia de la traducción desde el género y la nación”, elaboró un primer estudio panorámico y puso de relieve la contribución de las traductoras en la historia de la traducción gallega del siglo XX. Su objetivo era doble: dar nombre a las traductoras gallegas y ofrecer algunas pinceladas de su obra, y analizar las relaciones de poder presentes en su labor traductora a la luz del discurso del género y de la nación. Además, en 2016, Dolores Romero López editó Retratos de traductoras en la Edad de Plata, evocando al mítico Portraits des traductrices (entre otras, Anne Dacier, Émilie du Châtelet, Albertine Necker de Saussure, Marianna Florenzi, Julia E. Smith y Eleanor Marx), editado por Jean Deslile en 2002. Escritas por diferentes especialistas, Romero López compila nueve biografías de traductoras, como Carmen de Burgos, Zenobia Camprubí, María Luz Morales, Isabel Oyarzábal y Emilia Pardo Bazán, que actuaron como mediadoras culturales durante la Edad de Plata de la Literatura Española (1868–1936).

Eleanor Marx (1855-1898), Carmen de Burgos (1867-1932) y Maria Aurèlia Capmany (1918-1991)
Eleanor Marx (1855-1898), Carmen de Burgos (1867-1932) y Maria Aurèlia Capmany (1918-1991). Fuentes EM, CB, MAC

En un futuro deberíamos encomendarnos la empresa de trazar un mapa de las traductoras de todos los tiempos. Dotarnos de una red genealógica de traductoras nos ayudaría a ampliar el paisaje literario del siglo XX y XXI, así como establecer conexiones e influencias entre sus literaturas y sus actores culturales (mecenas, editores y editoras, escritores y escritoras, traductores y traductoras, etc.). De esta manera, visibilizaríamos el modo en que los modelos literarios femeninos de cada época eran socialmente activos, a pesar de sus muchos muros y contratiempos.

Desde 2015, enmarcada en la historiografía femenina, ha surgido otra línea de investigación que relaciona género, traducción y censura. Se ha centrado especialmente en el franquismo (actualmente se han iniciado algunos estudios sobre el fascismo italiano). Como otras actividades intelectuales del país, la historia de la traducción española del siglo XX está marcada por la dictadura de Francisco Franco, que, por supuesto, condicionó a autoras y traductoras. Por una parte, porque truncó la tarea iniciada por las traductoras de principios de siglo y, por otra porque, a partir de los sesenta, con la liberalización de la Ley Fraga, surgieron más tareas de traducción, que muchas escritoras aprovecharon para complementar sus ingresos.

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Asimismo, en esta época se empezaron a traducir autoras censuradas durante las primeras décadas del franquismo, obras que constaban en el Índice de libros prohibidos por la Iglesia, que finalmente se abolió en 1966, después del Concilio Vaticano II. Una muestra del trabajo realizado son las siguientes obras: Tres escritoras censuradas. Simone de Beauvoir, Betty Friedan & Mary McCarthy (2017) [publicado en catalán en 2016], de Pilar Godayol; Traducción, género y censura en la literatura y en los medios de comunicación, editado por Gora Zaragoza, Juan José Martínez Sierra, Beatriz Cerezo et al. (2018) y Feminismos y traducción (1965-1990) (2021) [publicado en catalán en 2020], de Pilar Godayol. Entre los estudios comparativos se cuenta el editado por Pilar Godayol y Annarita Taronna, Foreign women authors under fascism and francoism. Gender, translation and censorship (2018).

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 potencial para la investigación Potencial para la investigación

Desde la década de 1990, el estudio de la intersección género y traducción ha incentivado, como señala Godayol (2019a: 112):

  1. The retrieval of women translators, texts and para-texts, made invisible by the dominant discourses;
  2. Questioning, criticism and self-criticism of the theories and practices of feminist translation at home and abroad;
  3. Reflection on the ethics and the responsibility of feminist translators and the publishers who publish their texts;
  4. The study of linguistic representation of gender in translation
  5. The linguistic analysis of feminist and sexist translations;
  6. The promotion of metaphors and myths in the feminine to supplant the androcentrist discourse that has prevailed for so long in translation theory; etc.

No obstante, la díada género y traducción tiene desafíos importantes que arrostrar en los próximos años. En primer lugar, la investigación historiográfica ha recuperado un buen número de traductoras, textos y paratextos, pero a partir de ahora debería, por un lado, sistematizar la recogida de datos de más nombres y obras y, por otro, pasar a una segunda fase e intentar construir una historia de traductoras universal, promoviendo proyectos entre grupos de investigación de diferentes países. En segundo lugar, es necesario seguir reflexionando sobre las teorías feministas de la traducción para aplicar sus propuestas a la práctica (o no). Hay que acortar distancias entre la teoría y la práctica, entre la academia y la traducción profesional. En tercer lugar, conviene ampliar los horizontes de nuestra investigación para ser aun más interdisciplinares. Sin perder la atención en los medios escritos, en el ámbito de conocimiento de la traducción y el género hay que incluir, en una segunda etapa, a los medios de comunicación audiovisuales (cine, televisión, videojuegos…). A pesar de contar con algunas publicaciones (Marcella de Marco, Eva Espasa, Cristina Gómez, María Pérez L. de Heredia…), los estudios sobre traducción audiovisual tienen mucho campo por recorrer si incluyen el género en sus objetivos prioritarios. En último lugar, debemos implicar al mundo profesional de la traducción en la reflexión feminista de los textos. La traducción en clave feminista no puede ser una exclusiva de la traducción literaria, sino que debe sumar la experiencia de la traducción especializada.

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