| ENG Metaphors of translation CAT Metàfores de la traducció EUS Itzulpen metaforak GLG Metáforas de tradución POR Metáforas de tradução |
contenido
Introducción | Aproximaciones cognitivas a la metáfora | Teoría conceptual de la metáfora | La investigación sobre metáforas en los estudios de traducción e interpretación | Metáforas de TRASLADO y MOVIMIENTO | Metáforas de IMITACION | Metáforas de PERCEPCIÓN | Metáforas de ARTE y ARTESANÍA | Potencial para la investigación
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| Representación gráfica de la metáfora CONOCER ES VER. [Fuente] |
Nuestra habla cotidiana está impregnada de metáforas de las que normalmente no somos conscientes. Cuando les prestamos atención, se muestran con tal profusión que todo el lenguaje nos parece metafórico. Usamos metáforas para hablar de las emociones, del tiempo cronológico, de la economía, del lenguaje, de la mente y, en general, de los ámbitos difíciles de conceptualizar o poco accesibles a nuestra experiencia física. En la década de 1980, la lingüística cognitiva (Lakoff & Johnson 1980, 1999; Reddy 1979) llamó la atención sobre la omnipresencia de la metáfora y sobre sus funciones cognitivas. Partiendo de expresiones de la lengua cotidiana, Lakoff & Johnson (1980) describieron las metáforas conceptuales como proyecciones sistemáticas de estructuras cognitivas procedentes de experiencias físicas básicas sobre ámbitos más abstractos y menos accesibles a los sentidos. Por ejemplo, la metáfora conceptual CONOCER ES VER (KNOWING IS SEEING, Lakoff & Johnson 1999) nos permite entender el dominio del conocimiento en términos de percepción visual. Esta metáfora se refleja en expresiones cotidianas como “ahora veo lo que dices” o “tuve una idea brillante”, y puede expresarse también en imágenes.
Cuando concebimos un dominio de experiencia de forma metafórica, no nos limitamos a denominarlo de manera diferente, también lo entendemos de un modo particular, acorde con la perspectiva impuesta por la metáfora elegida. Las metáforas conceptuales son proyecciones de sistemas inferenciales entre dos dominios de experiencia que ofrecen una visión específica del dominio meta, resaltando algunos de sus aspectos y dejando otros en la sombra (Lakoff & Johnson 1980: 10). Por ejemplo, cuando entendemos la cognición partiendo del dominio de la visión, resaltamos aspectos como la posibilidad de centrar la atención (el foco), las dificultades para entender (la oscuridad) o las ideas repentinas (la luz que se enciende), y dejamos otros en la sombra que podrían hacerse manifiestos con otras metáforas, como CONOCER ES ESCUCHAR. Esta doble cara de la metáfora, que resalta unos aspectos de la experiencia y oculta otros, hace que su estudio sea especialmente relevante para entender el modo en que se concibe un determinado dominio de experiencia.
A partir de la década de 1980, en los estudios de traducción e interpretación ha ido aumentando el interés por estudiar las metáforas que se han utilizado y se utilizan para referirse a estas actividades. El estudio de estas metáforas puede ayudarnos a tomar conciencia de las distintas formas en que puede construirse el concepto de traducción y de las valoraciones implícitas en cada una de ellas. Además, abre la posibilidad de cuestionar los valores y conceptos subyacentes en el metalenguaje que utilizamos para referirnos a la traducción y de utilizar nuevas metáforas, lo que puede llevarnos a repensar y redefinir nuestro objeto de estudio (Hermans 2004). Partiendo de los enfoques cognitivos desarrollados a partir de la década de 1980, en los estudios de traducción e interpretación la metáfora ha empezado a abordarse en las últimas décadas como una herramienta cognitiva indispensable para el desarrollo teórico (Guldin 2016; St. André 2010).
Aproximaciones cognitivas a la metáfora
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| Busto de Aristóteles, ca. 330 ANE, Palacio Altemps (Roma). [Fuente] |
Las teorías clásicas sobre la metáfora tienen su origen documentado en los comentarios recogidos en la Retórica y la Poética de Aristóteles, que se consideran el inicio de la retórica y la poética clásicas. La retórica clásica describía la metáfora como un fenómeno limitado al plano lingüístico, una desviación del sentido propio de un término basada en el parecido, cuyo fin es el puro ornamento del discurso y que puede sustituirse por un término literal sin perder nada de su significado. No obstante, también la retórica clásica reconoció algunos aspectos cognitivos de la metáfora. El propio Aristóteles (Retórica s. IV ANE: 1410b) concedió a la metáfora la capacidad de proporcionar conocimiento: “Porque, en efecto: cuando se llama a la vejez «paja», se produce una enseñanza y un conocimiento por mediación del género, ya que ambas cosas han perdido la flor” (Aristóteles s. IV ANE: 532).
Más relevante aún desde una perspectiva cognitiva es su afirmación de que las metáforas contenidas en los nombres tienen la virtud de hacer sensible el contenido del mensaje, de hacer “que ‘el objeto’ salte a la vista, ya que conviene que se vea lo que se está haciendo más bien que lo que se tiene intención de hacer” (Aristóteles s. IV ANE: 533). Esta virtud de hacer que lo dicho “salte a la vista” puede relacionarse, desde una perspectiva cognitiva actual, con el enraizamiento de la metáfora en la experiencia física y sensorial, y su capacidad de hacernos percibir lo abstracto o indefinido.
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| Friedrich Nietzsche. [Fuente]. |
No fue hasta el siglo XVIII, con los Principios de una ciencia nueva de Giambatista Vicco (1725) y el siglo XIX, con la obra Sobre verdad y mentira en sentido extramoral de Friedrich Nietzsche (1873), cuando se introdujo una nueva perspectiva de la metáfora que no la contemplaba como desviación de un uso literal del lenguaje, sino como un elemento omnipresente en el pensamiento humano y esencial para la génesis de conceptos abstractos. Para Nietzsche (1873: 25), no hay lenguaje literal y las verdades “son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son; metáforas que se han vuelto gastadas y sin fuerza sensible, monedas que han perdido su troquelado y no son ahora ya consideradas como monedas, sino como metal”. Nuestra percepción y conocimiento están ya, según el filósofo, previamente estructurados por esa “hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos” (Nietszche 1873: 25) que constituyen las lenguas naturales.
En el siglo XX fueron varios los autores que reconocieron una función cognitiva a la metáfora. Frente a la retórica clásica, que la explicaba en términos de comparación y sustitución de un término literal por otro figurado, Richards (1936), Black (1954), Weinrich (1958) y Blumenberg (1960), entre otros, dieron constancia de su potencial creador y su valor cognitivo.
Richards (1936) no consideraba la metáfora un uso extraordinario o desviado de la lengua, sino su principio omnipresente y su forma habitual de funcionar. Su visión contextual de la retórica no se centraba en la palabra, sino en el discurso, lo que le llevó a rechazar la distinción entre sentido propio y figurado, ya que las palabras en sí mismas no tendrían significado, sino que este depende de su interacción con el contexto. La teoría de la interpenetración de las partes del discurso sirvió a Richards (1936) de base para desarrollar su visión interactiva de la metáfora, según la cual el significado metafórico es el resultado de la interacción de sus componentes: el tenor (el tema principal o idea subyacente) y el vehículo (la idea a través de la que se percibe el tenor). Por ejemplo, en la expresión metafórica “tuvo una ocurrencia brillante”, “brillante” sería el vehículo a través del cual se percibe el tenor, “ocurrencia”. El efecto metafórico es el resultado de la interacción entre dos ideas o contextos, no entre palabras aisladas.
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| Representación gráfica de la expresión metafórica “tuvo una ocurrencia brillante” con distinción de foco y marco (Black 1954). Imagen elaborada a partir de [Fuente]. |
Black (1954), desde el campo de la filosofía analítica, avanzó en el camino abierto por Richards (1936) y llevó más allá el reconocimiento del valor cognitivo de la metáfora al afirmar que, en muchos casos, esta no se basa en un parecido existente entre dos ideas, sino que ella misma crea este parecido (Black 1966: 47). En su análisis del funcionamiento de las metáforas, Black (1954) distinguió el foco (la palabra que se usa metafóricamente) y el marco (las demás palabras de la oración, que no se usan metafóricamente y que permiten identificar el uso metafórico del foco). Aunque con esta división volvió a dar protagonismo a la palabra (el foco), como en la teoría de Richards (1936), el sentido metafórico surge en su modelo de la interacción de dos ideas: el significado del marco y el del elemento focalizado, que en sí mismo no es metafórico (Black 1966: 39). Retomando el ejemplo “tuvo una ocurrencia brillante”, según el modelo de Richards, “brillante” es el foco de la metáfora, cuyo uso metafórico solo se percibe en relación con el marco, “tuvo una ocurrencia”. La extensión del significado del foco en su uso metafórico se produce a través de un sistema de lugares comunes e implicaciones que se aplican al tema principal de la metáfora (en nuestro ejemplo, “ocurrencia”), resaltando algunos de sus aspectos y suprimiendo otros, es decir, organizando el modo en que lo percibimos.
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| Campo de imágenes de la PALABRA COMO MONEDA: relación unidireccional entre el campo donante y el campo receptor (Weinrich 1958). Imagen elaborada a partir de [Fuente y Fuente]. |
Weinrich (1958) abordó la metáfora desde la lingüística, pero no la describió como un fenómeno aislado, sino como parte de lo que denominó “campo de imágenes” (Blickfeld), una noción que recuerda en muchos aspectos a la metáfora conceptual de Lakoff & Johnson (1980). Como la metáfora conceptual, estos campos de imágenes tenían para Weinrich (1963) el valor de modelos capaces de orientar el pensamiento. Un campo de imágenes es una red estructurada de metáforas que guardan entre sí relaciones coherentes y sistemáticas. Weinrich (1958: 278-282) puso como ejemplo la palabra como moneda, un campo del que formarían parte metáforas como “acuñar palabras” o “riqueza léxica”. Como Black (1954), Weinrich (1958) consideraba que la metáfora, más que basarse en una similitud existente, creaba esta similitud al relacionar dos ámbitos. Además, como haría posteriormente la lingüística cognitiva, Weinrich (1958) sostenía que las metáforas son unidireccionales, es decir, que las relaciones entre los dos ámbitos van en una sola dirección (del “campo donante” al “campo receptor de la imagen”).
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| La verdad, óleo sobre lienzo de Jules Joseph Lefebvre, 1870, Museo de Orsay (París). Una plasmación de la metáfora de “la verdad desnuda”. [Fuente] |
Blumenberg (1960: 47) concibió su aproximación a la metáfora como una empresa al servicio de la historia de los conceptos, cuyo objetivo era mostrar que la metáfora no es un simple residuo de un proceso de racionalización del lenguaje cuyo fin sería alcanzar su terminologización completa, es decir, su correspondencia unívoca con conceptos precisos y bien definidos. Para mostrar que la dinámica de la metáfora no se agota en este proceso, Blumenberg (1960) abordó el estudio de lo que él denominó “metáforas absolutas”, aquellas que solo pueden sustituirse por otras, pero no pueden traducirse por conceptos literales porque es justamente su carácter metafórico el que les permite aludir a la experiencia humana como un todo y, con ello, ofrecer orientación al pensamiento y la acción. Un ejemplo de metáfora absoluta es la de la “verdad desnuda”, que ha adoptado formas diversas y se ha abordado de distintas maneras a lo largo de la historia de la filosofía. Blumenberg (1960) asignó a estas metáforas un valor esencial en la orientación de la experiencia, similar al que reconoció Weinrich (1958) a las metáforas organizadas en campos de imágenes y al que otorgarían Lakoff & Johnson (1980) dos décadas después a las metáforas conceptuales.
Teoría conceptual de la metáfora
Nuestros conceptos estructuran lo que percibimos, cómo nos movemos en el mundo, la manera en que nos relacionamos con otras personas. Así que nuestro sistema conceptual desempeña un papel central en la definición de nuestras realidades cotidianas. Si estamos en lo cierto al sugerir que nuestro sistema conceptual es en gran medida metafórico, la manera en que pensamos, lo que experimentamos y lo que hacemos cada día también es en gran medida cosa de metáforas. (Lakoff & Johnson 2004: 39)
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| George Lakoff & Mark Johnson. [Fuente y Fuente] | |
En las décadas de 1970 y 1980, la semántica, la lingüística, la psicología y la antropología cognitivas empezaron a adoptar una visión integradora de la cognición basada en la experiencia física y sensorial, que otorgaba a la metáfora un papel esencial en la estructuración de nuestro pensamiento a partir de esta experiencia. Este cambio de perspectiva empezó a hacerse patente con la publicación de dos obras: una colección de ensayos sobre metáfora editada por Ortony (1979) y Metaphors we live by, en la que Lakoff & Johnson (1980) presentaron su teoría conceptual de la metáfora y mostraron que gran parte de nuestro sistema conceptual tiene una estructura metafórica que se refleja en expresiones de uso cotidiano. La metáfora conceptual se ha definido como un conjunto de proyecciones o correspondencias sistemáticas entre un dominio fuente y un dominio meta (Lakoff 1993). Estas proyecciones nos permiten entender el dominio meta, generalmente más abstracto y menos accesible a los sentidos, en términos del dominio fuente, que suele estar más enraizado en la experiencia física. Lo que se proyecta entre ambos dominios son patrones inferenciales con los que podemos razonar sobre el dominio meta usando la estructura lógica del dominio fuente (Lakoff & Johnson 1999: 82).
Un ejemplo es la metáfora conceptual CONOCER ES VER (KNOWING IS SEEING, Lakoff & Johnson 1999) o ENTENDER ES VER (UNDERSTANDING IS SEEING, Lakoff & Johnson 1980; Lakoff 2014), que se refleja en expresiones como “ahora veo lo que dices”, “cambiar de punto de vista”, “arrojó luz sobre el asunto”, “tener las cosas claras” o “se me ocurre una idea brillante”. Esta metáfora nos permite entender y conceptualizar el dominio de experiencia del conocimiento aplicando la lógica de la percepción visual mediante una serie de proyecciones que van del dominio de la visión al dominio de la mente. Así, de acuerdo con los patrones inferenciales proyectados con la noción “punto de vista”, para entender cómo piensan otras personas debemos intentar adoptar su forma de pensar, igual que es necesario cambiar de perspectiva para ver las cosas como las ven otros.
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| Ejemplos de proyecciones de la metáfora conceptual CONOCER ES VER. | CONOCER ES VER. [Fuente] | Base experiencial de la metáfora CONOCER ES VER. [Fuente] y [Fuente] | |
De acuerdo con la teoría de la fusión (conflation) de Johnson (1999), las metáforas conceptuales parten de la experiencia física no solo en su historia cultural, sino también en el desarrollo cognitivo individual. En una primera etapa de la formación de una metáfora, accedemos de forma simultánea a sus dominios de partida y meta, y establecemos conexiones entre ellos. Johnson (1999) identificó esta fase de fusión en la adquisición de la metáfora CONOCER ES VER en un corpus de grabaciones de las interacciones de un niño desde los dos a los tres años. En esta fase, previa al uso de la metáfora, el verbo ver (see) se utilizaba en situaciones en las que los dominios de la visión y del conocimiento se superponían. Como argumentan Lakoff & Johnson (1999: 48), la coincidencia de estos dominios es fácilmente predecible, ya que gran parte de nuestro conocimiento procede de la percepción visual, por lo que en muchos casos el verbo “ver” se utiliza al mismo tiempo de forma literal y metafórica, como en “voy a ver qué hay ahí”.
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| CONOCER ES OÍR / ESCUCHAR. [Fuente] |
Grady (1997) distinguió dos tipos de metáforas conceptuales: las metáforas primarias (primary metaphors) tienen una base directa en la experiencia; las metáforas compuestas o complejas proceden de la combinación de las primarias. La base experiencial de las metáforas primarias hace pensar que son universales, ya que todos los humanos compartimos experiencias básicas como, por ejemplo, las respuestas fisiológicas, conductuales y expresivas asociadas a las emociones (Kövecses 2010: 749). Estas respuestas sirven de base a metáforas extendidas en muchas lenguas, aunque también existen diferencias en el modo en que cada lengua conceptualiza las emociones: por ejemplo, existen diferencias en la focalización de uno u otro aspecto de la respuesta fisiológica a la ira. Mientras que en inglés y otras lenguas se tiende a focalizar el aumento de temperatura corporal asociado a la emoción mediante la metáfora LA IRA ES CALOR (ANGER IS HEAT), en chino, la mayor parte de las metáforas de la ira se centran en el aumento de presión (Kövecses 2010). Algo similar ocurre con la metáfora CONOCER ES VER, que parte de una focalización de la percepción visual y deja en la sombra otras formas de percepción. Aunque esta metáfora parece haber guiado la formación de términos relativos al conocimiento en las lenguas indoeuropeas (Sweetser 1991), al menos cinco lenguas australianas conceptualizan el conocimiento partiendo del sentido del oído (Evans & Wilkins 2000).
La teoría conceptual describe las metáforas como proyecciones unidireccionales. Esto significa que conceptualizamos un dominio meta en términos de uno fuente y que esta relación no es reversible. Las proyecciones metafóricas en general van del concepto más concreto y conocido al más difícil de conceptualizar (Lakoff & Johnson 1980, 1999). De acuerdo con esta idea, por ejemplo, la metáfora CONOCER ES VER nos permite comprender algunos procesos mentales en términos de percepción visual; en cambio, no recurrimos al ámbito del conocimiento para estructurar conceptualmente el ámbito de la visión. Sin embargo, varios estudios experimentales han revelado efectos bidireccionales en las proyecciones entre dominios de experiencia que subyacen a algunas metáforas conceptuales (Shen & Porat 2017: 64).
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| EL CALOR ES AFECTO. [Fuente]. |
Por ejemplo, de acuerdo con la teoría conceptual, la metáfora EL AFECTO ES CALOR (AFFECTION IS WARMTH) permite describir las relaciones afectivas en términos de calor físico, pero no al revés. Pues bien, aunque hay datos experimentales que reflejan la proyección del calor físico a los afectos, también los hay para la proyección inversa. Así, en un experimento, los participantes que tenían en la mano un recipiente con un líquido caliente juzgaban como más amistosa a otra persona que los que sostenían una bebida fría (Williams & Bargh 2008); de forma inversa, en otro experimento, los participantes que recordaron una situación de inclusión social consideraban que la temperatura de la habitación era más alta que aquellos que recordaron una situación de exclusión (Zhong & Leonardelli 2008). En este último caso, la proyección iría del ámbito afectivo al físico (*EL CALOR ES AFECTO), lo que contradice la hipótesis de la teoría conceptual y no coincide con las expresiones metafóricas convencionales.
Desde su surgimiento en la década de 1980, la teoría conceptual de la metáfora ha crecido y se ha diversificado enormemente. Muchas hipótesis iniciales se han visto confirmadas por estudios empíricos, las ideas básicas han evolucionado, en algunos casos se han transformado, y se han aplicado en diferentes ámbitos. En estas cuatro décadas, la teoría conceptual de la metáfora también ha recibido muchas críticas (Kövecses 2017). Por una parte, se le ha achacado una forma de razonamiento circular, porque inicialmente las expresiones metafóricas eran el único indicio de la existencia de las metáforas conceptuales y, al mismo tiempo, su presencia se explicaba recurriendo a estas estructuras conceptuales. Sin embargo, datos procedentes de estudios de comportamiento que no se basan en el lenguaje han demostrado la existencia de proyecciones metafóricas entre dominios de experiencia, con lo que se ha roto la circularidad inicial. Por otra parte, se ha criticado la metodología utilizada por los lingüistas cognitivos (en particular, el uso de datos intuitivos) y la poca relevancia que otorgan al lenguaje en la formación de las metáforas.
Al poner de relieve el carácter cognitivo y experiencial de las proyecciones metafóricas, la teoría conceptual de la metáfora supuso un cambio radical frente a los enfoques tradicionales que consideraban la metáfora un fenómeno puramente lingüístico. Al mismo tiempo, su énfasis en las estructuras cognitivas dejó en un segundo plano los aspectos lingüísticos de las metáforas. Algunos enfoques posteriores han adoptado una perspectiva basada en el estudio de las metáforas en discursos y contextos reales, y han otorgado un papel más relevante al lenguaje en la formación de las metáforas. Por ejemplo, los enfoques emergentistas abordan la metáfora partiendo de la teoría de sistemas dinámicos; sus métodos son el análisis del discurso y los estudios de corpus, que les permiten estudiar la emergencia de metáforas en el discurso real a partir de la interacción de factores lingüísticos, semánticos, afectivos y pragmáticos (Cameron & Deignam 2006).
La investigación sobre metáforas en los estudios de traducción e interpretación
En los estudios de traducción e interpretación, las metáforas no empezaron a recibir una atención metalingüística hasta fechas relativamente recientes, y en general se ha prestado más atención a las metáforas de la traducción que a las de la interpretación. En la bibliografía de ensayos sobre metáforas de la traducción y la interpretación compilada por St. André (2010: 295-302), la obra más temprana es de 1977; de la década de 1980 se registran tres obras, y de las décadas de 1990 y 2000, respectivamente, doce obras. De todas ellas, solo tres se dedican explícitamente a las metáforas de la interpretación. Si a estas obras añadimos los trabajos que en las décadas de 2000 y 2010 han empezado a abordar el estudio de metáforas de la traducción en otros ámbitos culturales como Europa oriental, India, Japón y China (por ejemplo, Baltadzhiyan Vitanova 2020, 2021; Cheung 2005: Gopinathan 2006; Kothari & Wakabayashi 2009; Šeškauskienė 2020), obtenemos un panorama de expansión tanto en lo que respecta al número de obras como al ámbito de estudio.
Kohler (1972) fue uno de los primeros autores que abordó las metáforas utilizadas en las teorías de la traducción. Su trabajo, anterior a la publicación de la obra fundacional de Lakoff & Johnson (1980), adoptó una perspectiva tradicional que no reconocía la función cognitiva de la metáfora, sino que la veía como una herramienta precientífica que puede preparar el camino para la reflexión sistemática, pero no genera conocimiento por sí misma y en una fase posterior debe sustituirse por un lenguaje exacto y explícito. Por el contrario, para Hermans (1985, 2004), las metáforas son una parte esencial de la teoría de la traducción. En su estudio sobre las metáforas de los discursos renacentistas sobre traducción, Hermans (1985) analizó la estructura conceptual y las implicaciones cognitivas de algunas metáforas; por ejemplo, las oposiciones interior-exterior y perceptible-imperceptible expresadas en las imágenes de cuerpo y alma, vestidura y cuerpo, cofre y joya, o vasija y líquido implican que significante y significado pueden separarse (Hermans 1985: 120; 2004: 121).
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| Oposición exterior-interior y perceptible-imperceptible en metáforas renacentistas de la traducción. [Fuente], [Fuente] y [Fuente] | ||
D’hulst (1992) propuso estudiar los discursos sobre traducción a partir del análisis de sus metáforas, y adoptó una perspectiva cognitiva que otorgaba a la metáfora un papel esencial en el desarrollo de las teorías traductológicas. No veía estas metáforas como restos de un pensamiento precientífico, sino como estructuras conceptuales que guían la construcción de modelos mediante el despliegue de analogías. D’hulst (1992) centró su estudio en conceptos metafóricos como los de EQUIVALENCIA, SISTEMA, FUNCIÓN y TRANSFERENCIA. Para él, estas metáforas proporcionan coherencia a los discursos traductológicos y no necesitan ser reemplazadas por enunciados literales. También Round (2005) atribuyó a las metáforas un papel esencial en los estudios de traducción, aunque consideraba que ofrecen una visión limitada de este concepto, y propuso analizarlas para conocer su alcance y fuerza cognitivos. En su clasificación de los términos metafóricos que aluden en inglés a la traducción, esbozó dos grupos principales de metáforas: un grupo “trans” y un grupo “re”, según los prefijos utilizados en cada caso. El grupo “trans” refleja “the appropiation and ‘bringing across’ of other’s material”, es decir, la metáfora del TRASLADO, y el grupo “re”, la metáfora de la IMITACIÓN (Round 2005: 58).
Las metáforas utilizadas para conceptualizar la traducción han seguido despertando la atención de los investigadores en la última década, y se han descrito numerosas metáforas partiendo de las teorías contemporáneas (por ejemplo St. André 2010, Guldin 2016).
Con todo, hay que tener en cuenta que los enfoques traductológicos no suelen apoyarse en una única metáfora, sino en constelaciones de metáforas interrelacionadas, lo que dificulta tanto la delimitación de los modelos metafóricos como los intentos de introducir metáforas innovadoras que ofrezcan una visión diferente de la traducción y la interpretación (Guldin 2016: 35). Una de las constelaciones metafóricas más criticadas en los estudios de traducción es la que se refiere a los dominios del género y el poder. Los enfoques feministas (Chamberlain 2000) han cuestionado las metáforas que asocian a los autores con la masculinidad, como principio activo y creativo, y a los traductores, con una feminidad pasiva y reproductiva. Es el caso, por ejemplo, de la metáfora francesa de las belles infidèles, que en los siglos XVII y XVIII representaba la traducción mediante la dicotomía fea y dócil/bella y traicionera (Hermans 1985).
En las últimas dos décadas, los estudios sobre metáforas de otras tradiciones culturales distintas a la occidental han contribuido a relativizar la visión de la traducción reflejada en las metáforas que impregnan nuestra tradición (Guldin 2016: 42; Tymoczko 2010). Kothari & Wakabayashi (2009) señalan tres diferencias importantes entre las culturas occidentales y las no occidentales que subyacen a las estructuras metafóricas elegidas en cada caso: la preponderancia de los textos escritos frente a la de los textos orales; la centralidad o marginalidad de los textos religiosos, y la relevancia de las naciones estado frente a la de unidades subnacionales. En la tradición occidental, estos factores favorecieron la creación de modelos metafóricos que expresan la primacía del original y la necesidad de preservarlo en la traducción, así como la idea de las lenguas como estructuras cerradas con límites definidos (por ejemplo, las metáforas del TRASLADO, la VESTIMENTA y la IMITACIÓN). Estos modelos no emergieron en otras tradiciones culturales como la india, en la que el paso de una lengua a otra ni siquiera se percibía como paso o movimiento porque no existían unos límites tan definidos entre lenguas (Kothari & Wakabayashi 2009: 13).
Metáforas de TRASLADO y MOVIMIENTO
Uno de los rasgos que caracterizan la noción de traducción en nuestra cultura es la idea de “traslado” o “transferencia” de significados. En la etimología de los términos utilizados en las lenguas europeas occidentales para denominar la traducción podemos encontrar indicios de una metáfora que alude a la acción de trasladar o transportar. Por ejemplo, el término español traducir y el francés traduire proceden del latín traducere (transportar, pasar de un lado a otro), y el latín translatio (transferencia o traslado) es el origen del inglés translation. Este nombre se usaba en latín para aludir al “traslado” tanto entre lenguas (traducción) como entre un significado literal y otro figurado (metáfora), al igual que el griego metaphorá, que también significa “traslado”. De este modo, en la raíz clásica de estos dos conceptos opera una metáfora espacial similar que alude a un desplazamiento (Guldin 2016, 2020; Hermans 2004), si bien el latín translatio tenía también otros significados no espaciales, como cambiar de forma o de sustancia (Halverson 1999).
Además de estos indicios etimológicos, podemos encontrar expresiones de la metáfora del TRASLADO en el lenguaje cotidiano y en la terminología académica sobre traducción e interpretación. Por ejemplo, hablamos de lenguas, textos y discursos origen y meta o término, y de traducción e interpretación directa e inversa, en consonancia con la idea de que traducir e interpretar consiste en trasladar elementos de un lugar a otro, en una dirección determinada. Estos lugares se conciben como espacios delimitados y corresponden a los textos, las lenguas y las culturas entre los que se traduce o interpreta (Martín de León 2010).
La metáfora del TRASLADO puede verse como extensión de la metáfora del CONDUCTO o CANAL (CONDUIT METAPHOR) descrita por Reddy (1979). De acuerdo con esta metáfora, identificable en muchas de las expresiones que utilizamos para hablar de la comunicación en las lenguas europeas occidentales, la lengua es un conducto a través del cual se transmiten ideas, y las palabras son contenedores en los que introducimos nuestros pensamientos para comunicarlos a otras personas, que, al otro lado del conducto, no tienen más que extraer el mensaje de su contenedor. La metáfora del CONDUCTO ofrece una visión del lenguaje en la que forma y significado aparecen como objetos independientes y separables, al igual que la metáfora de la VESTIMENTA, que describe la lengua como el ropaje que envuelve los pensamientos (Guldin 2016: 15). Estas metáforas pueden relacionarse con otras dicotomías centrales en nuestra tradición cultural, como las de cuerpo y alma o forma y esencia.
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| Metáforas del CONDUCTO y de la VESTIMENTA [Fuente] e imagen elaborada a partir de [Fuente] y [Fuente] | |
Como recuerda Guldin (2016: 19, 31), la de la VESTIMENTA es una de las principales metáforas usadas en la tradición occidental para aludir a la metáfora y al lenguaje en general. Está ligada a la metáfora de la “verdad desnuda” y a la idea platónica de que el lenguaje y las artes son meras imitaciones de una realidad que a su vez es solo una sombra de las ideas eternas. La traducción está según esta lógica triplemente alejada de la verdad. Traducir consiste en despojar al pensamiento de su ropaje original y vestirlo con las nuevas prendas de la lengua meta, que suelen considerarse menos auténticas y, por tanto, menos favorecedoras o más pobres. El cuerpo semántico no cambia, solo su vestimenta. De forma similar, la metáfora del TRASLADO aplica el esquema del CONDUCTO a la traducción y la describe como un doble proceso de transmisión de contenidos a través de dos lenguas; según este esquema, la labor del traductor consiste en extraer los contenidos de la lengua de partida y trasladarlos a la lengua meta, y el intérprete es un mero canal, un transmisor de contenidos.
Las metáforas del CONDUCTO y del TRASLADO forman un sistema coherente de proyecciones sistemáticas que articulan nuestras ideas cotidianas sobre la comunicación, la traducción y la interpretación de forma tan generalizada que resulta difícil reconocerlas como metáforas. Sin embargo, como toda proyección metafórica, también ellas resaltan algunos aspectos de la comunicación y la traducción y dejan otros en la sombra. Por ejemplo, mediante estas metáforas, el significado se concibe como un objeto predeterminado y transportable, contenido en las palabras e independiente del contexto y la situación, y traducción e interpretación se entienden como transferencias de significado que no entrañan más dificultad que la de extraer correctamente el contenido del texto de partida e introducirlo en las palabras adecuadas del texto meta (Guldin 2016: 51-53; Martín de León 2003: 41-70, 2010).
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| Metáfora del TRASLADO. Imagen elaborada a partir de [Fuente] y [Fuente] |
En el Romanticismo, la metáfora del TRASLADO encontró expresión en la dicotomía de Schleiermacher (1813) de mover el original hacia el lector o el lector hacia el original. La imagen del trasplante de un árbol a una tierra nueva en la que pierde sus flores y hojas subraya la dificultad, incluso la imposibilidad de este traslado (Koller 1972); sin embargo, desde la perspectiva de la cultura meta, el trasplante supone una ganancia (Guldin 2016: 39). En los estudios de traducción e interpretación, la metáfora del TRASLADO ha recibido críticas y se han hecho propuestas para sustituirla por otras, como TRADUCIR ES CONSTRUIR PUENTES, que subraya la necesidad de conocimientos especializados por parte del traductor (Hönig 1997), o la metáfora de los memes, que parte del dominio de la evolución biológica y resalta la propagación y transformación de las ideas a través de la traducción (Chesterman 1997). Tymoczko (2010) describió la relación de la metáfora del TRASLADO con la historia de la cristiandad y propuso explorar metáforas de otras tradiciones culturales para abordar la traducción desde nuevas perspectivas. También Cheetham (2016) propuso reemplazar las metáforas de MOVIMIENTO y SUSTITUCIÓN prevalentes en nuestra cultura por otras que expresen ACTUACIÓN o REPRESENTACIÓN (PERFORMANCE), con el fin de suprimir las implicaciones negativas de las primeras y de subrayar otros aspectos positivos de la traducción.
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| Metáforas de GIRO, VIAJE y META. [Fuente], [Fuente] y [Fuente]. | ||
Con todo, existen otras metáforas de MOVIMIENTO que no implican el traslado de un objeto. Por ejemplo, los términos utilizados en inglés antiguo (wendan, girar; anwendan, convertir) implicaban un cambio de posición o un cambio de estado (Halverson 1999). También los nombres que designan la traducción en chino (fanyi) y en húngaro (forditás) aluden a un movimiento de giro, a dar la vuelta al original, y el lituano vertimas se relaciona etimológicamente con un movimiento giratorio alrededor de un eje (Šeškauskienė 2020). Guldin (2016: 44, 66-67) critica la focalización de la dimensión espacial frente a la temporal y propone sustituir la metáfora del TRASLADO por una metáfora que describa el proceso de traducción como un viaje con distintas etapas a través de un estrecho. La metáfora del VIAJE conceptualiza al traductor como un viajero que debe afrontar dificultades y peligros y que sigue las HUELLAS del autor (Baltadzhiyan Vitanova 2020, 2021). La metáfora de la META propuesta por las teorías funcionalistas de la traducción ofrece también una alternativa a la del TRASLADO. La traducción se conceptualiza como acción orientada hacia una meta, con lo que se relativiza el peso del texto de partida en el proceso de traducción; cada nueva traducción puede llevarnos a una meta diferente (Martín de León 2010: 93-97).
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| Metáfora de las HUELLAS. [Fuente] |
El concepto de traducción de la tradición cultural occidental se caracteriza, además de por la noción de “traslado”, por la de “semejanza”. Ambas nociones se entrelazan en las distintas metáforas que estructuran este concepto, aunque la idea de semejanza implica que no ha habido traslado, sino la producción de un nuevo texto parecido al original. Esta idea se recoge en las metáforas que describen la traducción como IMITACIÓN, que pueden dar lugar a lecturas diferentes e implicar valoraciones diferentes. La noción de mimesis griega encierra una ambivalencia que tiene sus raíces en las valoraciones contrapuestas de Platón, para quien la imitación de la realidad (que no es sino una sombra de las ideas) se aleja doblemente de la verdad, y de Aristóteles, quien considera la mímesis una capacidad necesaria para el aprendizaje.
El concepto clásico de imitatio alude a una forma particular de mimesis, la imitación de una obra de arte (Hermans 2004: 119). El artista que imita un modelo debe buscar el parecido con él, pero también debe intentar superarlo. Esta ambivalencia llegó al mundo de la traducción durante el Renacimiento con la introducción paulatina de distintas metáforas relacionadas con la idea de imitación procedentes del ámbito de la creación literaria (Hermans 1985). Así, por una parte, la metáfora de las HUELLAS corresponde a la visión de la traducción como copia: el traductor debe seguir las huellas del autor del texto de partida, lo que puede implicar que debe ajustarse lo más posible al modelo del original o que debe seguirlo a cierta distancia, pero, en cualquier caso, que existe una relación jerárquica entre el original y su traducción que da precedencia al primero (Hermans 1985: 104-105).
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Metáforas de ASIMILACIÓN y REENCARNACIÓN. [Fuente] y [Fuente] |
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Por otra parte, la IMITACIÓN en sentido clásico era también una forma de apropiación, incluso de superación, un nuevo acto de creación que buscaba emular un modelo. Esta noción se introdujo en la traducción de los siglos XVI y XVII a través de las metáforas de la ASIMILACIÓN y la REENCARNACIÓN, que resaltan la identificación con el autor de partida, si bien no incluyen la idea de competición (Hermans 1985: 113, 124). La metáfora de la ASIMILACIÓN parte de la experiencia básica de la alimentación, que también se aplica metafóricamente al ámbito del aprendizaje. Comprender una idea, igual que comprender un texto o a un autor, se metaforiza como ingestión, digestión y asimilación; cuando comprendemos algo, lo hacemos nuestro, lo integramos en nuestro ser. Esta metáfora pone de relieve, por un lado, la identificación con el autor o el texto de partida, y, por otro, la apropiación del texto y su transformación para incorporarlo al propio cuerpo, a la lengua y cultura propias (Martín de León 2010: 97-98). Una de las versiones más recientes de la metáfora de la ASIMILACIÓN es la recogida en el Manifiesto Antropófago publicado en 1928 por Oswald de Andrade. Esta metáfora se ha convertido en símbolo de la lucha contra la dependencia neocolonial en la cultura brasileña. La traducción antropófaga devora el original para transformarlo y hacerlo suyo (Guldin 2016: 40).
La metáfora de la REENCARNACIÓN también subraya la identificación con el autor y la transformación del texto de partida. El alma del autor se reencarna en el traductor y escribe a través de él como habría escrito si lo hubiera hecho en su lengua (Hermans 1985: 126-127). La idea de “supervivencia” (Fortleben) de Walter Benjamin (1923), según la cual las obras de arte continúan viviendo en sus traducciones, resalta la transformación y renovación que debe sufrir el original para vivir esta nueva vida reencarnada (Guldin 2016: 39; Martín de León 2010: 100). También la metáfora de los memes pone de relieve la evolución de las ideas en su propagación a través de la traducción (Chesterman 1997).
Tanto en el ámbito de la traducción como en el de la interpretación se han utilizado metáforas que aluden a la percepción sensorial. La tarea de traductores e intérpretes consiste, según una versión extendida de estas metáforas, en proporcionar acceso visual al texto o discurso de partida, por lo que ellos y su actividad deben permanecer invisibles. Esta metáfora es coherente con la del CONTENEDOR: el lenguaje de la traducción debe ser transparente para permitir el acceso al contenido del original. De acuerdo con esta idea, la traducción se ha conceptualizado como VENTANA que permite asomarse al texto fuente, como ESPEJO que lo refleja, o como LUZ que permite ver lo que estaba en la oscuridad (Hermans 2004: 121).
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| Metáfora LA TRADUCCIÓN ES UNA SOMBRA. [Fuente] |
Las metáforas centradas en la percepción visual se relacionan con la metáfora CONOCER ES VER, con la imagen de la “verdad desnuda” y con la idea platónica de la percepción como sombra del mundo de las ideas. La metáfora LA TRADUCCIÓN ES UNA SOMBRA forma parte de esta constelación y subraya el carácter secundario de la traducción frente al original, del que ofrece una imagen plana y gris. Sin embargo, en la tradición india, esta misma metáfora activa otras proyecciones del dominio de partida que tienen implicaciones diferentes para la traducción: la sombra no solo sigue al objeto que la proyecta, sino que también cambia de forma según el ángulo de la luz; del mismo modo, la traducción no solo debe seguir al original, también puede variar según las circunstancias y la interpretación del traductor (Gopinathan 2006: 236).
La traducción también se ha descrito metafóricamente apelando a otros sentidos además de la vista. Por ejemplo, en chino antiguo, las traducciones de los sutra se describían como vino o leche aguados, arroz masticado y regurgitado, o como un plato cuyos sabores no se han mezclado bien, aludiendo al sentido del gusto para resaltar el carácter imperfecto de las traducciones (Guldin 2016: 44-45). En su estudio de las metáforas utilizadas por traductores e intérpretes búlgaros, Baltadzhiyan Vitanova (2020, 2021) encontró imágenes relacionadas con diferentes sentidos que aludían a las capacidades de los traductores e intérpretes y a las cualidades de las traducciones o interpretaciones (por ejemplo, estas pueden tener un colorido o un aroma especiales, ser insípidas o tener asperezas). Estas metáforas son un ejemplo claro de cómo utilizamos nuestra experiencia física y sensorial para conceptualizar dominios de experiencia complejos o abstractos.
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| Metáfora del TAPIZ: LA TRADUCCIÓN ES EL REVERSO. [Fuente] y [Fuente] | |
Las metáforas que parten de los dominios del ARTE o la ARTESANÍA aluden a la relación entre el texto fuente y la traducción, y al papel del traductor (Guldin 2016: 37). En la tradición cultural occidental, la traducción se ha conceptualizado como distintas formas de ARTE, generalmente de tipo reproductivo: los traductores son músicos que interpretan partituras o actores que representan obras literarias, las traducciones son copias de pinturas originales (Koller 1972). La traducción adquiere en estas imágenes un rango secundario con respecto al original, del que es una mera reproducción. Esta asimetría alcanza un grado extremo en la imagen del tapiz que Cervantes (1615) pone en boca de don Quijote (segunda parte, capítulo LXII), cuando compara las traducciones con “los tapices flamencos por el revés, que, aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se veen con la lisura y tez de la haz”.
Sin embargo, esta misma metáfora adquiere en la tradición cultural china un valor diferente: el término fan, que se antepuso a yi para formar la denominación actual de la traducción, fanyi, aludía originalmente al acto de dar la vuelta a una pieza de brocado para mostrar un reverso, un dibujo con el mismo patrón en dirección opuesta, y era una forma de reivindicar el valor de las traducciones de los sutras budistas al chino (Cheung 2005: 35). Este ejemplo pone de manifiesto cómo una misma metáfora puede adquirir valores diversos, incluso opuestos, en distintas tradiciones culturales. La metáfora del ARTE y la ARTESANÍA también se utilizó para reivindicar el carácter creativo de la traducción en Bulgaria durante las décadas de 1960 a 1980, cuando el gobierno trataba de lograr el apoyo de artistas e intelectuales a cambio de beneficios económicos y otros privilegios (Baltadzhiyan Vitanova 2020, 2021).
Potencial para la investigación
Como constató Hermans (2004), el estudio de las metáforas utilizadas en los discursos sobre traducción contribuye a entender el modo en que se ha estructurado este concepto en el pasado y cómo se entiende en la actualidad. Las metáforas funcionan como modelos que guían la investigación (Black 1962), por ello es importante conocerlas y ser conscientes de sus posibilidades y sus límites. La investigación empírica sobre las metáforas que estructuran los discursos sobre traducción e interpretación en distintos enfoques teóricos o en distintas tradiciones culturales es un ámbito de estudio prometedor, en el que aún queda mucho por investigar. La teoría conceptual de la metáfora y sus desarrollos más recientes ofrecen un marco teórico y metodológico adecuado para esta investigación.




























