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cita ENG Basque - history of translation CAT Basc - història de la traducció EUS Euskara - itzulpenaren historia GLG Éuscaro - historia da tradución POR Basco - história da tradução

 

contenido
Introducción | La traducción literaria al euskera (1571-1968) | La Reforma y los inicios de la traducción literaria | La Contrarreforma y la traducción de textos religiosos | La Ilustración y la literatura didáctica | El movimiento romántico y la literatura militante conservadora | Euskal Pizkundea o el Renacimiento en el País Vasco  | La traducción, bajo la dictadura | La restauración democrática y la edad de oro de la traducción vasca | La traducción no literaria | Literatura vasca traducida a otras lenguas | Potencial para la investigación

 

Introducción  Introducción 

Área lingüística del euskera a lo largo de 2000 años
Área lingüística del euskera a lo largo de 2000 años. Wikimedia commons.

 La presente historia de la traducción a la lengua vasca es un resumen descriptivo de los textos considerados literarios en el sistema meta y vertidos al euskera desde el siglo XVI hasta la actualidad.

La lengua vasca, o euskera, es la lengua vernácula del País Vasco o Euskal Herria. Es una lengua preindoeuropea de origen desconocido que, atendiendo a la onomástica de diversas inscripciones funerarias aquitanas de la época romana, así como a gran cantidad de topónimos del tercio norte de la Península ibérica, tuvo una extensión mucho mayor de la actual. El País Vasco, llamado en euskera Euskal Herria (pueblo de habla vasca), es un concepto cultural que comprende los territorios de la Comunidad Autónoma Vasca y la Comunidad Foral de Navarra, en el Estado español, y el Pays basque francés (territorios históricos de Labourd, Basse-Navarre y Soule). Autores como Juaristi (2013) prefieren el cultismo de uso residual Vasconia para nombrar al territorio que históricamente ha sido habitado por los vascos de ambos lados de los Pirineos. En la actualidad, dicho territorio cuenta con algo más de tres millones de habitantes, alrededor de un 45 % de los cuales usa, conoce o entiende la lengua vasca, cerca de un millón y medio de vascos. De ellos, se calcula que lo usan de modo habitual unas 750.000 personas en la Comunidad Autónoma Vasca, unas 85.000 en Navarra, y unas 54.000 en el lado francés (VI Encuesta Sociolingüística2016).

El porcentaje de obras traducidas al euskera ronda el 20 % de la producción literaria total (desde 1545 hasta la actualidad), si bien en la literatura antigua llegó casi al 50 %. Se han traducido al euskera alrededor de mil títulos, el 40 % de los cuales se tradujo en la década de 1990, la de mayor actividad traductora. En el caso de la literatura infantil y juvenil (LIJ), esta tasa se triplica hasta llegar a dos tercios de la producción (López Gaseni 2002, 2009).

 

[título del epígrafe] La traducción literaria al euskera (1571-1968)

Primer libro editado en lengua vasca, el Linguae vasconum primitiae, obra de Bernart Etxepare en 1545
Primer libro editado en lengua vasca, el Linguae vasconum primitiaeobra de Bernat Etxepare, 1545. [Wikipedia]

 Desde el punto de vista de la teoría de los polisistemas (Even-Zohar 1990), el sistema literario vasco debe recibir la consideración de sistema tanto joven, en razón de su inicio relativamente tardío, como débil, en el sentido de que a lo largo de su historia ha carecido de muchos repertorios, algunos de los cuales han sido introducidos por medio de la traducción. De hecho, según el estudio cuantitativo ya clásico de Sarasola (1982), la literatura vasca antigua, entre 1545 (fecha de la primera publicación en euskera) y 1879 (fecha de la abolición de los fueros vascos), tenía en su haber un total de 194 obras, de las cuales 101 eran traducciones y tan solo 12 recibían la consideración de obras originales no religiosas. Estos números, a pesar de que han sido revisados y ajustados con posterioridad, muestran a las claras que algo más de la mitad de la producción literaria vasca del período era traducida y gran parte de ella, de tema religioso.

 

 

 

 

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 [título del epígrafe] La Reforma y los inicios de la traducción literaria

Portada de la primera traducción del Nuevo Testamento que incluye una imagen de la reina de Navarra
Portada de la primera traducción del Nuevo Testamento, que incluye una imagen de la reina de Navarra.

 Las primeras traducciones a la lengua vasca (y a la vez los primeros textos en prosa de su literatura) son obra de Joanes Leizarraga, natural de Briscous (Labourd), en el contexto de la Reforma iniciada por Lutero en Alemania y continuada por Calvino en Francia y Suiza. En el Sínodo de Pau (1563), la reina de Navarra Juana III de Albret ordenó traducir algunos textos reformistas a las lenguas de sus territorios, euskera y bearnés. El encargo de las traducciones al euskera recayó en Leizarraga y dio como resultado la publicación en 1571 de tres obras: Iesus Christ Gure Iaunaren Testamentu Berria [Nuevo Testamento de Nuestro Señor Jesucristo], acompañada de varios apéndices; ABC edo Christinoaen Instructionea othoitz eguiteco formarequin [ABC o Instrucción del cristiano en la forma de orar], versión del catecismo calvinista de 1542; y Kalendrera [Calendario], almanaque lunar perpetuo para situar la Pascua y demás fiestas del culto. La más importante de las tres, la traducción del Nuevo Testamento, a partir de la versión en griego y latín de Erasmo y la francesa de Olivetan, estuvo sometida a tres condicionantes de relevancia: por una parte, la total ausencia de modelos narrativos previos en lengua vasca; en segundo lugar, la estricta fidelidad a los textos sagrados y, por último, la accesibilidad del texto a unos destinatarios poco o nada cultivados y con distintas variedades diatópicas de la lengua. Leizarraga lo resolvió con un texto con base en el dialecto labortano, en el que integró elementos léxicos y morfológicos de los otros dos dialectos vasco-franceses, junto con el uso de estructuras cultas tomadas del latín (Michelena 1988). El modelo resultante, muy estudiado y elogiado en nuestros días, fue condenado al ostracismo con la llegada de la Contrarreforma.

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[título del epígrafe] La Contrarreforma y la traducción de textos religiosos

La famosa conversión al catolicismo que llevó al hijo de Juana de Albret, Enrique III de Navarra, al trono francés como Enrique IV de Francia, y la extensión de la rigidez preceptiva emanada del Concilio de Trento trajeron consigo, a lo largo de los dos siglos siguientes, un buen número de traducciones y reediciones de algunos de los textos religiosos más populares de la época.

La primera de ellas es excepcional, ya que es obra de un traductor alavés, Juan Pérez de Betolaza, y un importante documento del dialecto occidental. Se trata de la traducción del catecismo del jesuita Jerónimo Ripalda, publicada en edición bilingüe con el título de Doctrina Christiana en Romance y Basquence (1569).

La obra más traducida fue el devocionario De imitatione Christi (1427), atribuida al sacerdote alemán Thomas de Kempis, de la que se conocen al menos cinco versiones en euskera. Las dos primeras son obra de sendos miembros del grupo de escritores conocido como “Escuela de Sara”: Iesusen Imitacionea, de Silvain Pouvreau, escrita en la década de 1660, aunque permaneció inédita hasta el siglo XX; y Jesu Christoren imitationea (1684), traducción de los libros III y IV, de Jean d'Arambillaga. En el siglo XVIII, se documentan las traducciones de Michel Chourio (Jesus-Christoren Imitacionea, 1720) y Martin Maister (Iesu-Kristen Imitacionia, 1757). En el XIX, el traductor y colaborador del príncipe Bonaparte, Jean Pierre Duvoisin, dejó incompleta la versión Jesu Kristoren imitazionea, completada y publicada en 1896 por Haristoy.

A lo largo del siglo XVII se tradujeron otras obras religiosas. El ya mencionado Silvain Pouvreau vertió al euskera el catecismo Instruction du Chrétien (1621), de Richelieu, con el título de Guiristionoaren Dotrina (1656); Introduction à la vie dévote (1608), de san Francisco de Sales, como Philotea (1664); y Combattimento spirituale (1589), de Lorenzo Scupoli, titulado en euskera Gudu Espirituala (1665). Cristobal Harizmendi, otro miembro de la “Escuela de Sara”, adaptó los Oficios de la Virgen en versión euskera-latín, con el título de Ama Virginaren hirur officioac latinean bezala escaraz (1660).

En el siglo siguiente, la traducción de textos religiosos tuvo continuación con Joanes Haraneder, quien, por una parte, es autor de nuevas versiones de dos de las obras traducidas por Pouvreau: Philotea (1749) y Gudu Espirituala (1750); por otra parte, tradujo por primera vez el Nuevo Testamento católico a partir de la VulgataJesu-Christo gure Iaunaren Testament Berria, un manuscrito con fecha de 1740, que no fue publicado parcialmente hasta 1855. El pastor protestante Pierre dUrte fue, por su parte, traductor del Génesis y de un fragmento del ÉxodoBernard Larreguy, párroco de Ustaritz, tradujo LHistoire du Vieux et du Nouveau Testament, obra firmada por el señor de Royamount, prior de Sombreval (pseudónimo atribuido a Louis-Isaac Le Maistre de Sacy, traductor de la Biblia de Port-Royal, distinta de la presente), con el título de Testament çaharreco eta berrico historioa (1775–1777), que contiene, además de los dos testamentos, diversos exempla, vidas de santos y sermones. En el País Vasco peninsular, el jesuita Sebastián Mendiburu adaptó la obra devota de Jean CroissetLa devotion au sacré coeur de Nôtre Seigner Jesus-Christi (1732), con el título de Jesusen Bihotzaren devocioa (1747), y es autor de una traducción del catecismo de Astete; otro jesuita, Agustín Cardaveraz, adaptó la Vida christiana (1710), de Jerónimo Dutari, con el título de Cristauaren bicitza, edo bicitza berria eguiteco bidea, bere amabi pausoaquin (1744). El franciscano Juan Antonio Ubillos, por su parte, tradujo el Catéchisme historique (1679), de Claude Fleury, con el título de Christau Doctriñ Berri-ecarlea (1785).

Las traducciones no religiosas se reducen a dos obras técnicas: un librito sobre el cuidado del ganado, titulado Laborarien abissua (1692), obra del labortano Mongongo Dassança, versión reducida del Praedium rusticum (1554), del médico Charles Estienne; y un libro de navegación, Liburu hau da ixasoco nabigacionecoa (1677), traducción de Piarres dEtcheverry «Dorre» a partir de la obra de Martin de Hoyarzabal Les voyages aventureux du capitaine Martin de Hoyarsabal (1633).

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[título del epígrafe] La Ilustración y la literatura didáctica

A partir del siglo XIX se produce un cambio de tendencia en las publicaciones en lengua vasca en el que, sin abandonar las obras de tema religioso, destaca la literatura didáctico-moral como reflejo del espíritu de la Ilustración. Esta tendencia se recoge en el corpus de obras importadas por medio ahora de la traducción de repertorios fabulísticos clásicos y neoclásicos.

Vicenta (o Bizenta) Moguel (1782-1854), traductora y primera voz femenina en la literatura en euskera
Vicenta (o Bizenta) Moguel (1782-1854), traductora y primera voz femenina en la literatura en euskera. Fuente: Wikipedia.

 Juan Antonio Moguel (1745-1804), conocido sobre todo por su diálogo Peru Abarka (1881), e informante de Humboldt en sus visitas al País Vasco, escribió también un centenar de fábulas y tradujo los pensamientos de Pascal (Pascalen Gogamenak, 1899) y el catecismo de Astete (Cristinauaren jaquinvidea, 1805). Su sobrina, Vicenta Moguel, primer nombre femenino de la historia de la literatura vasca, fue la autora de la primera traducción de fábulas,Ipui onac [Los cuentos buenos] (1804), que recoge medio centenar de fábulas de Esopo. Otro traductor de fábulas fue el franciscano Juan Mateo Zabala, quien en su obra Fábulas en dialecto vizcaíno, reunió, además de veintiuna composiciones propias, otras fábulas de Esopo, La Fontaine, Samaniego y Juan Antonio Moguel. El escritor y pedagogo guipuzcoano Agustín Pascual Iturriaga hizo su aportación a la fabulística en lengua vasca en su obra más conocida: Fábulas y otras composiciones en verso bascongado (1842), que contiene traducciones de 55 fábulas de Samaniego, además de las églogas primera y tercera de Virgilio. En el País Vasco francés, la traducción de fábulas se centró principalmente en la obra de La Fontaine: Jean Baptiste Archu publicó una selección titulada La Fontainaren aleghia berheziak (1848) en euskera suletino versificado; y el sacerdote labortano Leonce Goyhetche, la traducción en verso de 150 piezas del fabulista francés, con el título de Fableac edo aleguiac Lafontainenetaric berechiz hartuac (1852).

Junto con la literatura didáctico-moral, como se ha dicho, continuó la actividad traductora de textos religiosos: dos nuevas versiones del catecismo de Astete: la ya mencionada versión de Juan Antonio Moguel, y otra en dialecto altonavarro obra del franciscano Pedro Antonio Añibarro (Cristau dotriña, 1802-1803). El navarro Joaquín Lizarraga tradujo el Evangelio de san Juan al dialecto altonavarro meridional, hoy desaparecido. Por su parte, el médico guipuzcoano Juan José Oteiza recibió el encargo de una traducción del Evangelio protestante de san Lucas: San Lucasen ebanjelioa (1838). Otras traducciones religiosas son las biografías de santos, entre las que cabe mencionar la obra del navarro Frantzizko Laphitz Bi saindu heskualdunen bizia: San Inazio Loiolacoarena eta San Frantzizco Zabierecoarena [Vida de dos santos vascos: san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier] (1867), traducida de varias fuentes (Ribadeneira, Bouhours, Rohrbacher, Daurignac); Gregorio Arrue también es autor de una vida de san Ignacio (Aita San Ignacio gloriosoaren bicitza, 1866), pero su traducción más conocida fue la de la vida de santa Genoveva: Santa Genovevaren vicitza (1868), obra del sacerdote alemán Christoph von Schmid (Genovefa, 1810), destinada al público infantil. Arrue es autor de otras muchas traducciones, como la Oración mental del jesuita Villacastín, una nueva versión del Kempis: Kristoren imitazioa (1887), Mariaren Gloriak (1881) de san Alfonso María Ligorio, etc.

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[título del epígrafe] El movimiento romántico y la literatura militante conservadora

No todas las traducciones religiosas tenían un propósito evangelizador. El espíritu romántico condujo a diversos polígrafos europeos a interesarse por el País Vasco, su lengua y sus costumbres. Además del ya mencionado W. von Humboldt, visitaron el país y escribieron sobre él Victor HugoJan Van EysJulien VinsonHugo SchuchardtAntoine dAbbadie y, muy especialmente, Louis-Lucien Bonaparte (1775-1840), sobrino de Napoleón.

El príncipe Bonaparte fue impulsor indirecto de la actividad traductora mediante el encargo de traducciones de un mismo texto a una serie de colaboradores, con objeto de estudiar los dialectos vascos y establecer sus límites. Los textos que aparecen más repetidos son el Evangelio según san Mateo, el Cantar de los Cantares, el Apocalipsis, la Biblia completa y el catecismo de Astete. Los traductores a su servicio fueron Intxauspe para el dialecto suletino, Uriarte para el vizcaíno y el guipuzcoano, Etxenike para el baztanés, Salaberri para el bajonavarro, Otaegui para el guipuzcoano y el altonavarro, Mendigatxa para el roncalés y Jean-Pierre Duvoisin para el labortano. Este último resultó ser el más destacado de ellos, gracias a su magnífica traducción de la Biblia, Bible Saindua edo Testament Zahar eta Berria, publicada entre 1859 y 1865, en Londres, donde Bonaparte imprimía habitualmente las obras de su patrocinio.

Por otra parte, el fin de siglo fue testigo de una serie de traducciones relacionadas con la literatura militante conservadora de la época, concretamente con la de los franceses contrarios a las ideas liberales, expresada en libritos y folletos. Laurent Diharassarry es autor de la traducción Aphezen dretchoac eta eguinbideac eletzioetan [Derechos y deberes de los sacerdotes en las elecciones] (1890). Michel Elissamburu, de Zer izan diren eta zer diren orain Framazonak munduan [Qué han sido y qué siguen siendo los francmasones en el mundo] (1890) y Framazonak, bigarren edizionea, eta Frantziako hirur Errepubliken istorioa laburzqui [Los francmasones, segunda edición, y breve historia de las tres Repúblicas de Francia] (1891). En la parte peninsular, el jesuita José Ignacio Arana adaptó El liberalismo es pecado (1884), del integrista Félix Sardá y Salvany en dos volúmenes, como Liberalen dotrina pecatu da [La doctrina de los liberales es pecado] (1887) y Bai, pecatu da liberalquerija [Sí, el liberalismo es pecado] (1896).

Para cerrar el relato de este período, hay que mencionar la traducción de la obra de José Colá y Goiti La emigración vasco-navarra (1882), crónica del éxodo de miles de jóvenes vascos al continente americano, llevada a cabo por el dramaturgo donostiarra Marcelino Soroa: Euskal Naparren joaera edo emigrazioa (1885).

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[título del epígrafe] Euskal Pizkundea o el Renacimiento en el País Vasco  

Cubierta de la traducción de Legoaldi (1929)
Cubierta de la traducción de Legoaldi (1929).

Las crisis político-sociales son a menudo acicate de la actividad cultural. En el caso vasco, la abolición definitiva de los fueros vascos en 1876 marcó el inicio de un importante renacimiento literario. Además de promotores culturales y estudiosos de la lengua, nació la generación de escritores más brillante conocida hasta entonces, en la que destacan los poetas Lauaxeta y Lizardi. En este panorama, un incansable promotor cultural, Nicolás Ormaetxea Orixe, fue también un activo traductor: en 1928 ganó un certamen de traducción de Pamplona, que consistía en la traducción del capítulo noveno de El Quijote; el año siguiente se publicó su traducción de El lazarillo de Tormes (Tormesko itsu-mutilla). En 1930, publicó la traducción del Mirèio, de Frédéric Mistral. Incluso tras la Guerra Civil continuó su labor traductora, ahora con versiones de textos religiosos como el misal y vesperal bilingüe latín-vasco Urte Guziko Meza-Bezperak (1949); una versión de las Confesiones de san AgustínAgustin Gurenaren aitorkizunak (1956); o el Nuevo TestamentoItun Berria (1967).

Además de la de Orixe, en el período de preguerra hubo otras aportaciones interesantes en el campo de la traducción literaria. En 1927, Joseba Arregui Txingudi publicó una traducción de poemas de HeineHeineren Olerkiak y Joseba Altuna reunió varios cuentos de Oscar Wilde bajo el título de Ipuñak [cuentos]. Dos años más tarde, en 1929, el propio Altuna publicó una traducción de catorce cuentos de los hermanos Grimm, de nuevo con el título de Ipuñak y J. A. Larrakoetxea Legoaldi, de cincuenta cuentos de los recopiladores alemanes, Grimm Anaien Berrogeitamar Ume-Ipuin. Hay que mencionar, además, la adaptación de la narración de Charles Dickens A Christmas Carol, publicada en el diario donostiarra El Día por Ander Arzelus Luzear, como Eguarri Abestia (1931). El teatro en lengua vasca recibió un gran impulso entre 1934 y 1936, incluida la traducción y representación de obras clásicas y contemporáneas: Toribio Alzaga escenificó Macbeth, con el título de Irritza (1926), Jokin ZaiteguiAntigone (1933), de SófoclesBonifacio de Ataun tradujo Amal (1934), de R. TagoreIñaki Goenaga publicó por entregas, en los años 1934-1935, una traducción de Wilhelm Tell, de F. Schiller; y Joseba Altuna realizó versiones de dos obras del mecenas vizcaíno Manuel Sota, con los títulos de Buruzagijak (1935) y Urretxindorra (1934). Además, la revista Antzerti publicó obras de teatro traducidas del castellano, francés y alemán.

Por último, cabe mencionar al jesuita Raimundo Olabide, traductor del Nuevo Testamento, Itun Berria (1931), y la Biblia completa, Itun Zar eta Berria (1958), además de los Ejercicios espirituales de san Ignacio, Loyola-tar Eneko Deunaren Gogo-Iñarkunak (1914), y el Kempis, Josu-Kristoren Antzbidea (1920).

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[título del epígrafe] La traducción, bajo la dictadura

La Guerra Civil española y la posterior dictadura supusieron el final del movimiento literario precedente, y muchos autores se vieron obligados a trabajar desde el exilio americano. La traducción literaria se nutrió principalmente de obras de autores clásicos. Además de la ya citada labor de Orixe, hay que destacar la colección “Kulixka”, que se inauguró con una traducción del jesuita Plazido MujikaNoni eta Mani. Islandiar mutiko biren gertaldiak (1952) a partir del texto en alemán Nonni und Manni (1914), del islandés Jon Svensson. Otras traducciones publicadas en esta colección fueron Itxasoa laño dago (1959) [Las inquietudes de Shanti Andia, Pio Baroja], de Jon Etxaide, o Agurea ta itxasoa (1963) [The Old Man and the Sea, E. Hemingway], de Anjel Goenaga.

El traductor más prolífico de este período fue el sacerdote y profesor vizcaíno Juan Anjel Etxebarria (1934-1996). Tradujo a los poetas clásicos CatuloHoracio y Marcial; a varios poetas catalanes, cuentos de Perrault, fábulas de Fedro y Esopo, y diversas obras religiosas. El carmelita Santiago Onaindia tradujo las obras completas de Virgilio, en colaboración con Ibinagabeitia, las Odas de Horacio, tres poemas de R. Tagore, la Divina Comedia, de Dante y, ya en 1985, la Odisea, de Homero. El jesuita Gaizka Barandiaran es autor de una traducción de la Iliada de Homero: Iliarena (1956). Otro religioso, Luis Jauregi Jautarkol, tradujo Pascual Duarteren sendia, de Camilo José Cela.

En cuanto a la actividad literaria en el exilio, hay que mencionar al poeta, ensayista y traductor jesuita Jokin Zaitegui (1906-1979), ya referido a propósito de su traducción de Antígona antes de la guerra. Tras la contienda, se exilió en varios países. En 1945 publicó Ebanjeline [Evangeline, H. W. Longfellow], que plantea una situación de guerra y exilio, en la línea de otras traducciones de preguerra, como Mirèio o Wilhelm Tell. También tradujo las tragedias de Sófocles, publicadas en 1946 y 1958; Medeia (1963), de Eurípides y, ya de vuelta en el País Vasco, las obras de Platón entre 1975 y 1979. Otro traductor del exilio americano fue el vizcaíno Andima Ibinagabeitia. Colaborador de la revista Euzko-Gogoa (creada por Zaitegui en 1950, en Guatemala), publicó allí la traducción de las Bucólicas, de Virgilio (Bergiliren Unai-Kantak, 1954) que, más tarde, junto con la traducción de las Geórgicas (Alor-Kantak), se añadirían a la traducción de S. Onaindia de la Eneida para ser publicadas en 1966 como Birgiliren idazlanak osorik [Obras completas de Virgilio]. Es autor de otras traducciones, como Maitebidea (1952), traducción del Ars amandi, de Ovidio, y la pieza teatral Abere-indarra (1953) [La fuerza bruta, Jacinto Benavente]. El sacerdote Bedita Larrakoetxea, hermano menor del traductor de Grimm apodado Legoaldi, conoció el exilio en Inglaterra y Sudamérica y es autor de traducciones de obras dramáticas de Shakespeare. Ya de vuelta en el País Vasco, publicó, entre 1974 y 1976, la traducción de la obra dramática completa de Shakespeare. El político vizcaíno Bingen Amezaga, exiliado en Inglaterra, Argentina y Venezuela, también fue traductor de una obra de Shakespeare, Hamlet. Danemarkeko Erregegaya (1952), además de traducir a Juan Ramón Jiménez, Plinio, Esquilo, Cicerón, Wilde, Goethe y otros. 

Una amplia variedad de traducciones literarias de formato breve nutrió de materiales complementarios las escasas publicaciones periódicas en lengua vasca de esta época, especialmente dos de ellas. La ya mencionada Euzko-Gogoa (1950-1959), editada primero en Guatemala y más tarde en Bayona, publicó traducciones de 48 autores, de la mano de escritores vascos como Jon Mirande, Andima Ibinagabeitia o Gabriel Aresti, entre otros. La revista Egan (1948-1987), publicada en el País Vasco como órgano de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, publicó obra traducida de 108 autores, vertida al euskera por 46 traductores. Esta actividad traductora tendría continuación en revistas literarias posteriores, como Ustela, Pott, Oh!euzkadi, Susa y otras muchas surgidas en los años de 1980 y 1990.

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[título del epígrafe] La restauración democrática y la edad de oro de la traducción vasca

La unificación del euskera, aprobada por Euskaltzaindia en 1968, fue decisiva para el posterior desarrollo sociocultural en lengua vasca. A lo largo de las décadas de 1960 y 1970 resurgió el movimiento popular de las ikastolas, que supuso un aumento de la demanda de materiales de lecturas infantiles y juveniles en euskera, a la que resultaba imposible responder solo con textos originales, por lo que la literatura traducida cobró gran importancia en un sistema literario todavía muy débil. La editorial bilbaína Gero-Mensajero publicó para los jóvenes obras de Verne y Melville, y reediciones de las traducciones de Plazido Mujika Noni eta Mani Mendiko Argia; la editorial Hordago también publicó un gran número de clásicos de la literatura juvenil: TwainCarrollLondonStevensonScottSalgariStoweBaum, Longfellow... Elkar hizo lo propio, añadiendo a la lista anterior autores como KiplingRodariOrwellGoscinnyHärtlingKästner, etc. La gran mayoría de estas obras fue traducida por medio versiones previamente adaptadas y publicadas en castellano, en las que fueron simplificados muchos aspectos estructurales y complejidades sintácticas y retóricas (López Gaseni 2002).

Al tiempo, durante estos años destaca la labor de la editorial Lur, fundada por Gabriel Aresti, donde se publicaron traducciones de obras muy diversas, como Itxura aldaketa [The Metamorphosis, Kafka] (1970), a cargo de Xabier Kintana y Arantxa Urretabizkaia; Bai mundu berria [A Brave New World, Aldous Huxley] (1971), en versión de Xabier Amuriza; Kandido (1972)de Voltaire, traducido por Ibon Sarasola; o Lau gartzelak [From the Four Prisions] (1971), del poeta turco Nazim Hikmet, a cargo del propio Aresti. Junto con obras contemporáneas, se seguían traduciendo obras clásicas como Don Kixote Mantxako (1976), de Cervantes, a cargo de Pedro Maria Berrondo; Boccaccioren Dekamerone tipi bat (1979), en traducción de Aresti; o las ya citadas obras dramáticas completas de Shakespeare, a cargo de Bedita Larrakoetxea.

El Gobierno Vasco, que inició su nueva andadura en 1980, el año siguiente puso en marcha la segunda época del Servicio de Teatro del Gobierno Vasco, Antzerti, que trajo consigo la publicación de un buen número de obras teatrales tanto originales como traducidas, de autores como GoldoniCastelaoSastreFoSartreStrindberg o Shakespeare. En la década de 1990, el Gobierno Vasco dio inicio a la convocatoria anual del premio Euskadi de Traducción literaria. En cuanto a los estudios de traducción, en 1980 se fundó en Donostia la Escuela de Traductores de Martutene, plataforma para las primeras promociones de traductores profesionales. Más tarde se pondrían en marcha los másteres de traducción de la Universidad de Deusto (1990) y de la Universidad del País Vasco (1991). La licenciatura (y actual grado) de Traducción e Interpretación, de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU), se inició en el año 2000. Durante las dos últimas décadas del siglo, Euskaltzaindia intensificó su labor normativa y su actividad lexicográfica, aportaciones de gran importancia para el desarrollo de la actividad traductora.

La labor de traducción sistemática de obras clásicas de la literatura universal se pudo llevar a cabo en los últimos años del siglo XX, sobre todo gracias a dos ambiciosos proyectos de traducción: “Literatura Unibertsala” [Literatura universal] y “Pentsamenduaren Klasikoak” [Clásicos del pensamiento]. El primero de ellos, promovido por EIZIE, hizo posible la traducción de cien obras literarias entre 1990 y 2002. Su segunda etapa supuso la publicación de 52 títulos más entre 2002 y 2010; y una tercera etapa se propuso traducir otras 50 obras a partir de 2011. El segundo de los proyectos se inició en 1991 con el propósito de traducción de cien títulos, en este caso pertenecientes al campo del pensamiento, incluyendo autores desde la antigua Grecia hasta la actualidad. Los temas de las obras traducidas van desde la filosofía hasta la economía, pasando por la psicología, la lingüística, la antropología, la historia, la pedagogía o la teología.

Junto con estas iniciativas públicas, diversas colecciones han recogido obra traducida: la editorial Elkar incorporó, a partir de 1983, traducciones de Mercè RodoredaPaveseMaupassantYourcenarBöllLaxaltGideBataillePoeSteinbeckApollinaireGoldingSalingerDinesen, etc. La editorial Igela se especializó en obras del género negro a partir de 1989, y publicó a autores como Doyle, J. London, James M. CainMcCoyScott FitzgeraldTruman CapoteThompsonHimesBallingerChandlerHighsmithHammett y otros. En el nuevo siglo la editorial ha ampliado su oferta y publicado obras de autores como S. MáraiN. GinzburgA. BariccoJoseph Roth, etc. En 1991, la editorial Erein puso en marcha la colección “Bartleby”, que ofrecía textos breves y atractivos que pretendían fomentar el hábito de lectura de traducciones. Se inició con Bartleby izkribatzailea, de Melville, y publicó una decena de títulos de autores como RimbaudLe Fanu, J. London, Baudelaire, O. Wilde, E. T. A. HoffmannN. GógolF. DürrenmattJ. W. Polidori o M. Twain. La editorial Alberdania se rodeó de un interesante grupo de traductores para incluir en su catálogo a autores como C. LeviA. KristofS. ZweigD. ThomasG. Grass, etc. Entre otros traductores pioneros de esta edad de oro hay que mencionar a Xabier Mendiguren Bereziartu, Josu Zabaleta, Koro Navarro, Juan Garzia Garmendia o Xabier Olarra.

Cubierta de la traducción de poemas de Eliot, que incluye Cuatro cuartetos y La tierra baldía (1983)
Cubierta de la traducción de poemas de Eliot, que incluye Cuatro cuartetos y La tierra baldía (1983).

Por otra parte, en el proceso de búsqueda y creación de repertorios para el enriquecimiento del lenguaje literario, y como forma de reescritura de sus obras de culto, un buen número de autores vascos se ha implicado en la traducción literaria. Por ejemplo, Gabriel ArestiJon Juaristi y Joseba Sarrionandia reunieron en un volumen sus versiones de la obra poética de T. S. Eliot (Eliot euskaraz, 1983); Sarrionandia tradujo The Rime of the Ancient Mariner, de Coleridge (Marinel zaharraren balada, 1995), así como poemas del brasileño Manuel Bandeira (Antologia, 1999), tras haber publicado una selección de poemas de sus autores favoritos bajo el título de Izkiriaturik aurkitu ditudan ene poemak [Poemas míos que he encontrado ya escritos] (1985), además de la pieza dramática de Pessoa Marinela (1985). Mikel Lasa tradujo a Rimbaud (Denboraldi bat infernuan, 1991; Poemak, 1993), a J.-P. Sartre (Paretaren kontra, 1980), a Marcel Schwob (Mimoak, 1985) y a Alfonso Sastre (Bazterrean utzitako panpinaren ixtorioa, 1984). Otro poeta, Koldo Izagirre, hizo lo propio con varias obras de Castelao (Zirtzilak. Kristalezko begia, 1986), Uxío Novoneyra (Bazterrak/Os Eidos, 1988), Maiakovski (Poemak, 1993), Salvat-Papasseit (Antologia, 1995) y Victor Hugo (Idi orgaren karranka, 2002). En el terreno de la narrativa, Joxe Austin Arrieta tradujo a M. Yourcenar (Hadrianoren oroitzapenak, 1985), a Jaume Fuster (Beirazko giltzak, 1997), a William Golding (Eulien ugazaba, 1990) y a Max Frisch (Homo Faber, 2001). Juan Kruz Iguerabide tradujo a Baudelaire (La Fanfarlo, 1991), además de ser autor de adaptaciones de las Metamorfosis de Ovidio y de la Odisea, de Homero.

En el nuevo siglo, desde 2002 se convoca anualmente una beca que lleva el nombre del traductor Jokin Zaitegui, para la traducción de una obra del correspondiente autor galardonado con el premio Nobel, gracias a la cual se han traducido obras como Sin destino, de Kertesz; Nieve, de Pamuk; Canta la hierba, de Lessing; Desierto, de Le Clézio; La guerra no tiene nombre de mujer, de Aleksiévich; o Los restos del día, de Ishiguro, entre otras. En el campo de la poesía, en 2014 inició su andadura la colección “Munduko Poesia Kaierak” [Cuadernos de poesía del mundo], que ofrece antologías de autores como Georg Trakl, Maria Mercè Marçal, Aimé Césaire, Emily Dickinson, Carlos Drummond de Andrade, Miguel Hernández, Anne Sexton, Paul Celan, Miroslav Holub, etc. Por último, es reseñable el dinamismo mostrado en lo referente a las traducciones en géneros periféricos, como la literatura infantil y juvenil (LIJ). En dicho sector, la literatura traducida supera los dos tercios de su producción total. Asimismo, existe un certamen de traducción de LIJ al euskera, convocado anualmente por el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz.

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[título del epígrafe] La traducción no literaria

Con la llegada de la democracia y la nueva estructuración del Estado español en comunidades autónomas, en 1979 se aprobó el Estatuto de Autonomía del País Vasco y, en 1982, el Amejoramiento de Navarra. Estas comunidades se fueron dotando de leyes para la recuperación y normalización de la lengua vasca: decretos de bilingüismo, introducción del euskera en el sistema educativo, radio y televisión pública en lengua vasca (EITB), organismos de euskaldunización y alfabetización de adultos, etc. Las instituciones locales y autonómicas se dotaron de traductores e intérpretes, encargados, entre otras cosas, de la traducción de boletines, actas y demás documentaciones generadas en cada entidad, así como de la interpretación de las intervenciones orales en ayuntamientos, juntas generales y parlamentos.

En torno a EITB, en los primeros años de 1980 se creó una Escuela de Radio y Televisión y un centro de doblaje cinematográfico (FIBIZE), ambos de vida efímera, que pronto dieron paso a diversas empresas de traducción, doblaje y subtitulación audiovisual. Estas empresas dependían prácticamente al cien por cien del consorcio televisivo y estuvieron al albur de los criterios políticos y lingüísticos de cada dirección. En la actualidad el sector se reconvirtió y vio obligado a diversificar su oferta (Barambones 2009). Por otra parte, desde 1987 el Gobierno Vasco destina una partida presupuestaria al doblaje de producciones audiovisuales.

En la década de 1980 nació asimismo la asociación de traductores vascos, EIZIE, que agrupa a traductores, correctores e intérpretes en lengua vasca de todos los ámbitos (literatura, administración, empresa, producción audiovisual, etc.), y lleva a cabo labores de formación, difusión, visibilización y defensa del colectivo, por medio de foros de discusión, cursos, publicaciones… Es miembro de FITCEATL y Red Vértice.

La normalización lingüística ha ido extendiéndose a todos los ámbitos. En el mundo de la ciencia, se han publicado léxicos de las diversas áreas, así como un buen número de manuales orientados principalmente a la enseñanza universitaria. Hay que mencionar la colección de divulgación científica ZIO (Ciencia para todos), promovida por la Universidad del País Vasco, que desde 2003 lleva publicada una veintena de interesantes títulos en cuidadas traducciones. 

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[título del epígrafe] Literatura vasca traducida a otras lenguas

Cubierta de la traducción alemana de Behi euskaldun baten memoriak, de B. Atxaga
Cubierta de la traducción alemana de Behi euskaldun baten memoriak, de Bernardo Atxaga.

La traducción de literatura vasca a otras lenguas, salvo unas pocas excepciones, comienza a aparecer con alguna fuerza en el último cuarto del siglo XX. Anteriormente, habían aparecido un par de ediciones bilingües en el XVII, una veintena de traducciones en el XIX (colecciones de refranes, canciones, leyendas, libros de tema religioso) y poco más de treinta hasta 1979. Las dos últimas décadas del XX arrojan 301 traducciones y la primera del XXI, 562. Se trata, con todo, de números modestos, reflejo del relativo poco interés que despierta la literatura vasca.

El punto de inflexión hay que buscarlo en la concesión del Premio Nacional de Narrativa a Obabakoak (1988), de Bernardo Atxaga, en 1989. La traducción de esta obra, primero al castellano y más tarde a muchas otras lenguas, comenzó a despertar el interés por la literatura vasca en el exterior. Y se ha seguido centrando principalmente en este autor, que es el que destaca en el número de traducciones a otras lenguas, seguido de Mariasun Landa, Juan Kruz Iguerabide y Patxi Zubizarreta. Hay que tener en cuenta que las traducciones de estos tres últimos autores pertenecen a la LIJ, el género más exportado. En el quinto lugar, a considerable distancia, se encuentra Anjel Lertxundi. Entre las diez obras vascas más traducidas a otras lenguas, nueve son de Atxaga. La obra de Unai Elorriaga SPrako tranbia [Un tranvía en SP] ocupa el sexto lugar. En los puestos 11 a 20, nueve los ocupan obras de LIJ; la décima, en el puesto número 12 es también de Atxaga (Zazpi etxe Frantzian [Siete casas en Francia]).

Otro factor que hay que mencionar es el predominio de las traducciones al castellano (46,6 %, que llega al 66,4 % si se le suman las traducciones al resto de lenguas del Estado español), y la dependencia que esto conlleva, ya que un elevado porcentaje de las traducciones a lenguas distintas del castellano se hace con la intermediación de dicha lengua. El porcentaje de obras en inglés realmente exportadas es de un 2,46 % (el resto, hasta un 8,45 %, son obras bilingües de LIJ publicadas en el País Vasco y destinadas al público lector local), a las que siguen las obras traducidas al francés, alemán e italiano. Otro factor destacable, además de la traducción indirecta, es el elevado porcentaje de obras autotraducidas, que llega al 39,67 %. Ambos fenómenos reflejan la falta de profesionalización en la traducción a partir del euskera (Manterola 2014). 

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 potencial para la investigación Potencial para la investigación

La investigación en torno a traducción en lengua vasca se ha venido desarrollando en el nuevo siglo, con tesis doctorales sobre diversos aspectos, como la traducción de la obra de determinados autores, la traducción de LIJ, la traducción audiovisual, el tratamiento de la traducción en las historiografías literarias o la traducción de la literatura vasca a otras lenguas.

Existen otros aspectos que tienen por delante un amplio campo de exploración, entre los que destacan la autotraducción, un estudio exhaustivo de las normas de traducción, las relaciones entre la literatura original y la traducida, la traducción de géneros menos estudiados como la poesía o la literatura dramática.

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