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Definiciones y acotación | Profesión | Caracterización | Potencial para la investigación
El término traducción comercial muestra variación terminológica de tipo conceptual y denominativo, y convive con otras etiquetas, como traducción económica, traducción financiera o traducción de negocios. Dada su laxitud semántica, conviene acotar este término, especialmente en el diseño de planes de estudios, y usarlo junto con otras denominaciones susceptibles de encabezar nombres de asignaturas o elementos temáticos. De este modo, es posible evitar solapamientos con etiquetas próximas (económica, financiera) y no tan próximas (jurídica, publicitaria, turística).
Acepción amplia
La traducción comercial puede entenderse de manera laxa como parte de lo que tradicionalmente se ha llamado traducción especializada. En esta concepción, además de solaparse con otros tipos de traducción para distintos ámbitos (jurídico, turístico, periodístico, entre otros) comprende la traducción de todos aquellos textos académicos o profesionales relacionables con la economía. Este es el sentido que, por ejemplo, desde sus inicios, lleva aplicando la Bibliografía de Interpretación y Traducción (BITRA; Franco 2001-2020) a la etiqueta comercial.
Según esta acepción, la traducción comercial se asimilaría a otras denominaciones igualmente concebidas con laxitud, como traducción económica, cuando se centra “on some aspect of either business, the financial sector or macro-economics” (Svendsen 2001: 40), o se entiende con un marcado carácter holístico e hiperonímico (Román & Herrero 2018; Gallego 2020). Otra denominación equiparable es traducción de negocios, entendida, según Alcaraz (2001), como una traducción que engloba tres áreas: economía (teórica), comercio y finanzas.
Acepción sectorial
La traducción comercial puede concebirse como la ejercida en el ámbito de las organizaciones empresariales y, en consecuencia, como un campo de la economía aplicada. En la Encyclopedia of Translation, Lie (1995: 95) define commercial translation como “any translation work undertaken and required directly or indirectly for any commercial purpose”. Por su parte, Guidère (2008: 14) la concibe como aquella “commanditée par une entreprise”, y la enmarca en la comunicación comercial multilingüe, relacionada especialmente con los sitios web comerciales y la promoción de productos y servicios en mercados internacionales. Olohan (2010: 43–44) considera que se trata de una actividad “embedded in the international dimensions of business functions and product workflow”. Medina (2015: 29), quien prefiere la denominación traducción para el comercio exterior o internacional, la entiende como
“un conjunto de actividades traductoras que tienen como finalidad contribuir al proceso de intercambio internacional de bienes y servicios (promoción, importación, exportación, inversión, deslocalización y globalización) en cualquiera de sus fases, incluyendo cualquier tipo de texto, modalidad o técnica utilizada”.
Como el foco de esta acepción se encuentra en el contexto comunicativo y no en el tema del texto, se dan casos en los que el profesional hace las veces de intérprete, redactor de correos, negociador, entre otras figuras que requieren aptitudes distintas a la traducción propiamente dicha.
Asimismo, igual que ocurre con la acepción más amplia, la traducción comercial sigue englobando una amplia variedad de textos heterogéneos profesionales producidos o recibidos por sociedades: Guével (1990: 154), por ejemplo, subraya que es difícil circunscribir las actividades a las que se refiere el término affaires: “ce domaine regroupe les multiples activités économiques de l’entreprise, en particulier celles qui ont trait au commerce, aux finances et à la gestion”. También Lie (1995: 95) asegura que “the commercial field covers a diffuse range of activities (e.g., administrative, industrial, legal, scientific and technical)”.
Desde esta perspectiva, podría llegar a distinguirse entre traducción económica, comercial y financiera. Biel & Sosoni (2017) dan a entender que existen diferencias cuando afirman que “economic translation –including business and financial translation– has been little researched and discussed over the years”.
En el plano lingüístico, Mateo (2007) distingue dos lenguajes: económico (lenguaje académico o teórico) y de los negocios (profesional), que incluye, a su vez, dos subtipos: comercial y financiero. Desde esta perspectiva, la diferenciación entre traducción económica y comercial puede incluso complementarse si se considera la concepción de la entrada traducciones de economía (Llombart 2009) del Diccionario histórico de la traducción en España, que alude a las traducciones con un marcado carácter teórico (pensamiento económico, política económica, etc.) hechas en siglos pasados de las que se han elaborado varios repertorios, como el de Martín (2018).
Ahora bien, distinguir entre traducción comercial y financiera seguiría planteando solapamientos si, por ejemplo, consideramos la taxonomía textual de Álvarez (2017) aplicada a la traducción para el comercio exterior y que incluye textos jurídicos, contables, financieros o comerciales, o si tomamos definiciones como la de Rochard (2005: 7), quien se refiere a la traducción financiera como “une appellation fourre-tout qui va de l’économie politique au financement du développement en passant par la Bourse, les assurances, la comptabilité!” y de la que advierte que se trata de “un domaine qui recouvre de multiples segments et dans lequel les intervenants doivent sans cesse s’adapter a des tendances et des logiques très différentes”.
Acepción restringida
La traducción comercial también puede concebirse de manera restringida, en alusión a la traducción de documentos generados durante una operación comercial. En este sentido, de acuerdo con Mayoral (2007), la traducción comercial o mercantil se concebiría según un grupo restringido de documentos con funciones similares y una uniformidad muy alta: documentos de pago (letras de cambio, pagarés, crédito documentario), avales, documentos de transporte (pólizas de fletamento, notas de peso, etc.), facturas, documentos de aduanas (certificados de origen, certificados sanitarios, etc.), documentos de seguro (pólizas y certificados de seguro) y contratos.
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La traducción comercial desempeña en la actualidad un papel principal materializado, en el mercado mundial de la traducción, en un volumen de trabajo que supera otros tipos de traducción, como la literaria, menos accesible a la mayor parte de los traductores. Algunos informes internaciones lo confirman. Por ejemplo, Ray & Whittaker (2012: 2), quienes se centran en el mercado estadounidense de traducción financiera, afirman que
financial services firms make up one of the largest categories for the world’s gross domestic product (GDP). Regardless of geography, many of these firms are under pressure to offer services in more languages much faster than ever before, leading to increased opportunities for LSPs.
Según otro informe, The Language Services Market: 2015, de De Palma, Pielmeier, Henderson et al. (2015), la demanda de servicios lingüísticos, entre ellos la traducción, procede no solo de las necesidades de los usuarios de Internet, quienes exigen acceso instantáneo a la información en su idioma, sino también de las empresas que, en su afán competitivo, ofrecen sus productos y servicios en varios idiomas, además de los sectores públicos y las organizaciones sin ánimo de lucro, que han de ser capaces de comunicarse de manera efectiva más allá de sus límites territoriales. Del último estudio de mercado en España del que se tiene constancia (Rico & García 2016), se desprende, entre otras cosas, que la traducción jurídica y comercial son otros de los tipos de traducción de mayor demanda.
El perfil profesional del traductor para el ámbito comercial puede variar. En España, según los resultados de algunas encuestas a traductores (Alcalde 2014: 252; Tolosa 2014: 30), se desprende que estos combinan la traducción comercial con la jurídica, trabajan con el inglés y, en menor medida, con el francés, y suelen ser autónomos –condición laboral que conlleva tareas de captación y atención de clientes o gestión contable, entre otras–, si bien también hay profesionales contratados por sociedades cuya actividad principal no es la traducción. Ahora bien, a estos resultados se suman los de encuestas destinadas a sociedades exportadoras (Álvarez 2015; Gallego, Masseau & Tolosa 2018), donde queda en evidencia que buena parte de las traducciones también son realizadas por empleados sin ninguna formación en traducción, pero con dominio de idiomas. Esta realidad parece ser extrapolable al ámbito de las instituciones, en las que, en múltiples ocasiones y en ausencia de servicios específicos de traducción, o bien es el personal en plantilla con conocimientos de idiomas quien traduce, o bien se subcontratan los servicios de traductores profesionales (Román 2017).
En el ámbito de las instituciones internacionales –Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), Organización Mundial de Comercio (OMC), Banco Mundial (BM), Fondo Monetario Internacional (FMI), Banco Central Europeo de la Unión Europea (BCE), entre otras–, donde la traducción, a diferencia del caso español, está más reglada, suelen ser los traductores en plantilla, equipados de medios técnicos adecuados (software de traducción asistida por ordenador, guías de estilo, cursos internos de especialización) y acompañados de otros especialistas (documentalistas, terminólogos), quienes traducen, si bien también los autónomos pueden colaborar, en especial cuando los organismos son incapaces de absorber la totalidad del trabajo al que se enfrentan. Para acceder a las plantillas de tales instituciones suele exigirse una alta cualificación en las pruebas de acceso, por lo que se requiere una formación académica no siempre específica de traducción y complementada con el derecho (Román 2017).
Las diferencias entre los distintos perfiles de los profesionales que hacen traducciones comerciales son, pues, notables en distintos sentidos: formación, recursos, competencias, encargos o incluso remuneración (mientras que las tarifas del autónomo dependen de la ley de la oferta y la demanda, las del traductor en plantilla son estables).
Se ejerza en un país u otro, en el ámbito privado o en el público, todo apunta a que la traducción comercial es un sector imprescindible para el funcionamiento de la economía global, en continua exposición a los acontecimientos mundiales que imprevisiblemente pueden sucederse, y, en consecuencia, en permanente evolución. Resulta, pues, comprensible que la traducción comercial forme parte de los planes de estudio en traducción –lo que implica caracterizar los conocimientos y competencias que conviene desarrollar– y, a su vez, sea objeto de estudio en el ámbito de la investigación.
Identificar la totalidad de aptitudes necesarias en traducción comercial no es sencillo debido a la concepción compleja del propio término. No obstante, sí que pueden resaltarse algunas destrezas o conocimientos (dominio de lenguajes económicos, conocimientos textuales, actualización constante, métodos traductores) que no solo ayudan a caracterizar su heterogeneidad, sino también a resaltar la figura del traductor comercial como un profesional polivalente o camaleónico.
Dominio del lenguaje especializado
Desde la investigación de las lenguas académicas y profesionales se han diferenciado tradicionalmente tres tipos de lenguajes según sendas áreas básicas de conocimiento: economía, comercio y finanzas. De acuerdo con los estudios de Alcaraz (2001) o Mateo (2007), el lenguaje económico puede asociarse al lenguaje formal académico, de la economía teórica, utilizado un grupo de interlocutores expertos dedicados a la investigación y la profundización del saber, que comparten un discurso poco transparente a causa del universo conceptual que utilizan y la especialización terminológica. Por su parte, los lenguajes del comercio, propio del intercambio de bienes y servicios, y las finanzas, concebido como aquel que se utiliza en relación con el empleo de dinero en todas sus formas, serían lenguajes profesionales semitécnicos e incluso divulgativos cuyos usuarios pueden ser teóricos, pero también especialistas del mundo del comercio y las finanzas, periodistas e incluso personas sin ninguna especialización. Mientras que el lenguaje comercial en las lenguas occidentales puede caracterizarse por un vocabulario también formal, pero con un equilibrio léxico de origen latino, anglosajón e incluso normando, el de las finanzas tiene cierta tendencia al lenguaje coloquial, contiene léxico anglosajón, juegos de palabras, siglas y formas mutiladas o uso de nombres de colores, entre otros aspectos.
Pese a esta distinción básica, existen multitud de situaciones y usuarios en torno a tales lenguajes que impiden que pueda hablarse de un lenguaje homogéneo con un determinado nivel de abstracción. A ello se suma la imposibilidad de asignar con claridad materias específicas (textos incluidos) a una u otra área de conocimiento (Gallego, Koby & Román 2016), lo que hace que cualquier intento por caracterizar con exactitud los documentos típicos de cada área o lenguaje sea una tarea prácticamente imposible. De hecho, la investigación futura desde la perspectiva lingüística podría centrarse no tanto en la caracterización de los lenguajes sino, más bien, de los documentos o textos que se traducen.
Sea como sea, independientemente de cómo se conciba uno u otro lenguaje, el traductor comercial debe enfrentarse a determinados aspectos terminológicos y textuales, así como ser capaz de actualizar continuamente su conocimiento temático sobre una materia tan amplia como la del mundo del comercio.
Aspectos terminológicos
Uno de los aspectos terminológicos con los que sin duda lidia la traducción comercial es el de la variación terminológica, especialmente cuando se ven involucradas las unidades de la lengua común que adquieren acepciones especializadas (Gerzymish-Arbogast 1989; Dancette 1992: 202; Houbert 2001; Stolze 2003). Los conocimientos temáticos y la lectura atenta de los contextos en los que se inserta la terminología son herramientas imprescindibles para resolver este tipo de problemas.
Otro aspecto reseñable es el de los anglicismos. Tanto por su condición de lingua franca en muchas transacciones comerciales como por el hecho de que las operaciones y productos financieros nacen y se desarrollan en inglés –cabe recordar la influencia de dos de los mercados financieros más importantes del mundo: Nueva York y Londres–, parece innegable que este idioma está presente en la traducción comercial, especialmente en los campos de las finanzas, la bolsa o el marketing. Ante este panorama, el resto de idiomas no siempre incorpora en sus sistemas los nuevos vocablos ingleses con los mismos procedimientos denominativos, pues, o bien los acogen manteniendo su forma original inglesa (anglicismos), o bien los traducen de manera literal (calcos), o bien utilizan sus propios recursos lingüísticos. El traductor que no trabaja hacia el inglés puede verse obligado a lidiar con terminología y neología anglófona formada a partir de diferentes procesos creativos, como la metáfora o las siglas. A la hora de trasladarla a la lengua meta, pronunciarse sobre el uso de formas más domesticadas o más exotizantes, acompañadas o no de equivalentes, adaptaciones o explicaciones, depende de varios factores: simetría lingüística, finalidad de la traducción, situación comunicativa, lector tipo, etc.
Las combinaciones léxicas creadas a partir de los términos y las unidades con las que se asocian son indispensables para vertebrar el discurso. Su traslación a la lengua meta requiere de cadenas recurrentes y características propias de cada ámbito. En determinados casos, la fraseología puede dejar de ser elemento para vehicular estados o acciones y convertirse en un verdadero recurso lingüístico auxiliar para la comercialización y exportación en uno o varios idiomas: “la phraséologie commerciale se situe avant tout dans le cadre de l’argumentation de vente puisqu’elle est constamment présente dans les campagnes promotionnelles” (Dubroca 2008). Como consecuencia de este uso fraseológico puede incluso ser necesario utilizar métodos traductores transcreativos con el fin de instar al lector de la mejor manera posible a consumir el producto comercializado en cuestión.
Conocimientos textuales
La heterogeneidad de encargos a los que puede enfrentarse el traductor no solo propicia trabajar con una amplia diversidad textual específica del ámbito económico, comercial y financiero, sino también con textos tradicionalmente enmarcados en otros tipos de traducción (jurídica, técnica, etc.) con sus respectivos condicionantes funcionales, lingüísticos o estilísticos, etc., lo que exige ciertos conocimientos textuales. Pese a sus límites difusos y solapamientos, muchas de las taxonomías propuestas son suficientes para dar cuenta de tales conocimientos (terminología, fraseología, situaciones comunicativas, estructura, niveles de abstracción, etc.). La de Herrero & Román (2015), por ejemplo, distingue cinco grandes categorías de textos:
- Economía: textos referidos al ámbito macroeconómico (informes de balanza de pagos, boletines económicos, notas de prensa, etc.).
- Finanzas: textos sobre operaciones financieras (documentos vinculados a movimientos corporativos, a opciones de financiación); textos sobre instrumentos financieros (documentos vinculados a productos en los que un inversor puede depositar su dinero); textos generados en torno a operaciones con deuda pública), e informes de análisis de mercado.
- Banca: textos de la banca comercial (contratos bancarios, project finance, además de otros, como letras de cambio, recibos bancarios, etc.); textos de la banca de inversión (OPA, emisiones de bonos, paquetes de acciones, etc.).
- Contabilidad: informes de auditoría contable (externa), cuentas anuales o estados financieros; informe de gestión; informe de los consejeros; informes del comité de auditoría.
- Empresa: textos con información relativa al funcionamiento y gestión empresarial (estatutos, convocatorias, acuerdos, etc.); documentos con información financiera (informes anuales, calificaciones crediticias, etc.); contratos (compraventa, seguros, franquicia, etc.); textos referidos al tráfico empresarial (presupuestos, facturas, órdenes de pago, etc.); textos sobre desarrollo de negocio (planes de negocio); textos que emanan de la prestación de servicios de auditoría o consultoría.
Conocimientos temáticos y documentación
De esta resumida clasificación de textos se desprende otro de los conocimientos que el traductor ha de adquirir tanto durante su formación inicial como durante su vida laboral (formación continua): los temáticos, acompañados con frecuencia de procesos de documentación. Una de las herramientas a las que recurre el traductor comercial con más frecuencia es el diccionario (Mateo 2014), si bien muchos de ellos, por uno u otro motivo, tan solo satisfacen parcialmente las necesidades del traductor y solo unos pocos han centrado sus esfuerzos en analizar y dar respuesta a las necesidades informativas específicas que plantean determinados ámbitos económicos (Fuertes-Olivera & Nielsen 2012). Quizá por ello, algunos profesionales maticen que, mientras que en una fase inicial, el traductor novel puede encontrar en el diccionario un recurso muy útil para consolidar conceptos claves –y, en consecuencia, ser consciente de la variación terminológica–, el traductor experimentado, cuando busca actualización y se enfrenta a la neología del ámbito, debe estar al tanto de las últimas modificaciones y novedades normativas o legislativas. En este caso, los clientes, los cursos y eventos, así como las normativas y, en definitiva, los textos paralelos de actualidad, son el tipo de recursos que puede ayudar a mantenerse al día y documentarse (Alcalde 2016).
Métodos, modalidades, modos traductores
La diversidad de encargos y textos también requiere que el traductor sepa cuándo conviene optar por una traducción más conservadora, más comunicativa o funcional o incluso más creativa. Efectivamente, algunos temas o ámbitos, como el derecho societario, presentan un marcado anisomorfismo cultural entre lenguas, lo que, en consecuencia, suele requerir de traducciones más conservadoras que se alejen de las equivalencias (Hennessy 1998). En cambio, otros textos pueden requerir que el traductor se enfrente a unas marcas discursivas propias de la lengua común o literaria que combinan valores denotativos y connotativos e incorpora recursos culturales y retóricos que dan pie a dobles significados, presuposiciones o expresiones idiomáticas (Mateo 1993). Otras situaciones, en especial las enmarcadas dentro de los procesos mercadotécnicos, pueden requerir de técnicas transcreativas encaminadas no tanto a ser fiel al texto original, sino a la función comercial, publicitaria o promocional que se pretende trasladar (Morón & Lobato 2019).
La diversidad de situaciones supone igualmente que los retos a los que tiene que hacer frente el profesional vayan más allá de la traducción escrita. En este sentido, el profesional puede ser llamado a actuar en negociaciones comerciales, reuniones de socios, y otros escenarios que implican la interacción entre personas. Así pues, no solo debe ser capaz de hacer interpretación bilateral en transacciones comerciales (in situ o incluso por teléfono), sino también tener desarrolladas competencias interpersonales (Morón & Medina 2016), de modo que no haya lugar a malentendidos o fracasos en las negociaciones, así como estar dispuesto a realizar funciones de, entre otras, asesoramiento, secretaría o acompañamiento, complementarias a la traducción propiamente dicha (Aguayo & Morón 2014). Por otro lado, el profesional puede tener que trabajar con géneros digitales e interactivos, como sitios web de sociedades exportadoras, y, en consecuencia, llegar a formar parte de proyectos de localización.
Potencial para la investigación
El comienzo del interés en el seno de los Estudios de Traducción por la traducción comercial se remonta a principios de la segunda mitad del siglo XX, cuando empiezan los estudios sobre historia (se trata de caracterizar, por medio de, entre otras cosas, la traducción, el desarrollo de la economía y el comercio a través del influjo extranjero ejercido en uno u otro territorio), así como sobre la incidencia del inglés en la terminología económica de otros idiomas, como el francés (políticas lingüísticas, lexicología descriptiva, uso de la traducción). El estudio de la traducción comercial en su relación con la enseñanza comienza a consolidarse a mediados de los años ochenta (manuales de traducción, métodos y reflexiones sobre la enseñanza), de manera prácticamente paralela a la investigación de sus aspectos microtextuales o problemas derivados de la práctica de la traducción comercial (metáfora, terminología). El estudio de la profesión, si bien asoma a finales de los años noventa (necesidades empresariales, estrechamiento entre mundo académico y mundo profesional), no parece asentarse hasta bien entrado el siglo XXI.
Pese a los avances investigadores, la traducción comercial sigue siendo una mina traductológica todavía por explotar, en especial si se compara con otros tipos de traducción, como la jurídica (pese a que esta incluye también el derecho comercial y, por tanto, el comercio) o la literaria, con mucha más tradición académica a sus espaldas.
Futuras investigaciones tienen, por tanto, un amplio abanico de objetos de estudio que escoger (Gallego 2020). Se citan a continuación algunas vías que toman en consideración los cambios que la profesión vive como consecuencia del ritmo al que avanza la tecnología. En este sentido, la relación de la traducción automática y la posedición con la traducción comercial es un aspecto que no solo se ha abordado muy poco, sino que presenta un alto grado de obsolescencia ante el vertiginoso ritmo de novedades en las tecnologías de la traducción: de las 23 referencias indexadas en BITRA con comercial y automática, el 35% son publicaciones del siglo pasado y solo el 30% están publicadas en el segundo decenio del siglo XXI.
Los aspectos profesionales es otro de los temas que no han despertado tanto interés, si bien el 56% de las 66 referencias indexadas con comercial y profesión en esta misma base de datos están publicadas en el segundo decenio, lo que, en cierta medida, refleja el interés que este tema va adquiriendo. Conocer los cambios que va experimentando la profesión debería ayudar a estrechar los vínculos entre mundo laboral y mundo académico y, por consiguiente, que la formación venga acompañada de aires renovados.
Desde el punto de vista lingüístico-textual se pueden analizar aquellos géneros que todavía no han sido objeto de análisis en el marco de una u otra combinación lingüística con el objetivo de tener descripciones micro (terminologías específicas, fraseologismos, marcas discursivas), macro (partes, estructura, bloques informativos) y extratextuales (procesos comunicativos, situaciones de traducción) que complementen las descripciones genéricas de lo que suponen los lenguajes económico, comercial y financiero, y sirvan de apoyo tanto en la formación como en la práctica de la traducción.
De manera paralela, estos y otros temas de investigación pueden venir acompañados de actuaciones o campañas de concienciación social y académica. En este sentido, se puede seguir la línea iniciada por el proyecto Comercio Internacional y Traducción (COMINTRAD; Medina 2015) y continuar haciendo ver al sector empresarial la importancia del papel que desempeña el traductor tanto en materia de exportación como en el ámbito doméstico, una tarea que todavía está por desarrollar no solo en beneficio de las propias sociedades, sino también del futuro traductor. Por otro lado, los conocimientos temáticos que requiere la traducción comercial tanto en el ejercicio de la profesión como en las pruebas de acceso a las plantillas de traductores de organismos internacionales pueden igualmente servir de argumento y, al mismo tiempo, de acicate para impulsar, si no dobles grados en traducción y empresa –algo que, por ejemplo, en España sería verdaderamente innovador, al menos según la cartografía de dobles grados trazada por Aguayo (2019)–, la creación de itinerarios específicos de traducción en formaciones del ámbito del comercio. Asimismo, es posible aprovechar las redes sociales, la prensa electrónica, los blogs, etc., que permiten la interconexión entre la totalidad de agentes (traductores incluidos) que intervienen en el comercio, con el propósito de actuar, a modo de observatorio terminológico, ante la neología que va acuñándose en uno u otro idioma, proponer soluciones terminológicas razonables y evitar la dispersión de variantes que entorpezcan la comprensión o no reflejen las realidades o matices que transmite la neología original (Mateo 2014).
Las investigaciones descriptivas basadas en metodologías empíricas pueden servir de base para investigaciones futuras y evitar caer en afirmaciones o constataciones anecdóticas típicas de la investigación del pasado. El cuestionario o las entrevistas son algunos de los instrumentos de recogida de datos que pueden utilizarse para identificar hábitos, opiniones o tendencias de traductores, clientes o sociedades, con el objetivo de adecuar la formación, analizar condiciones laborales, detectar necesidades empresariales, etc. Por su parte, los textos y las traducciones son otro tipo de datos que, de manera complementaria a los cuestionarios, es posible explotar mediante las herramientas que ofrece la lingüística de corpus. En este sentido, se pueden realizar desde estudios terminológicos hasta análisis textuales, pasando por la observación de estrategias o técnicas empleadas ante un determinado problema. También las grabaciones de lo que sucede en la estación de trabajo del traductor pueden ayudar a observar cómo se ejecuta el proceso de traducción, documentación incluida. El análisis de uno u otro tipo de datos puede venir acompañado de confirmaciones estadísticas. Por supuesto, aspectos como, entre otros, la financiación, el tiempo o el equipo del que se disponga marcarán en cierta medida el carácter de la investigación.
Por último, y no por ello menos importante, el investigador puede preguntarse en qué medida su labor puede beneficiar no tanto a formadores, traductores o incluso clientes, quienes, hasta la actualidad, han podido manejarse en sus quehaceres diarios, como al desarrollo de aquellas economías más desfavorecidas, a la promoción de la dimensión social y ecológica de la economía, y, en definitiva, a hacer frente a los retos actuales y venideros de la sociedad global.
