| ENG Community interpreting CAT Interpretació comunitària EUS Komunitate-interpretazioa GLG Interpretación comunitaria POR Interpretação comunitária |
contenido
Introduction | Liberté, fraternité, égalité... | La ética de la interpretación comunitaria | Cuestiones controvertidas | La investigación | La formación | Potencial para la investigación
El desarrollo de la comunicación (analógica, luego digital) y de las relaciones financieras y políticas transnacionales, junto con el abaratamiento del transporte que se popularizó a partir de mediados del siglo XX, crearon la necesidad de responder a una demanda cada vez mayor de comunicación multilingüe, lo que condujo a la profesionalización de la traducción y la interpretación. Muchas universidades de todo el mundo empezaron a ofrecer titulaciones de Traducción e Interpretación en los años noventa, cuando nuevos países se sumaron a la lista de "receptores clásicos" (EE.UU., Canadá, Australia) de población emigrante y se convirtieron en el destino temporal o final de muchos emigrantes africanos, europeos, latinoamericanos y asiáticos, con independencia de si la emigración de estos ciudadanos se debiera a motivos económicos o laborales, huyendo de la pobreza y el desempleo, buscando refugio de conflictos o guerras, o en algunos casos, construyendo un futuro mejor para sus hijos desde una posición privilegiada o acomodada. En el caso de países como España o Portugal, un importante segmento de población está representado por ciudadanos jubilados de países desarrollados (en busca de sol, mayor poder adquisitivo y servicios sanitarios más rápidos), que se convierten en "residentes", término que, a diferencia de su sinónimo menos afortunado "inmigrantes", permite un estatus digno. Así, la interpretación comunitaria nace en todo el mundo como resultado de la diversidad lingüística, cultural y étnica de los segmentos de población y su necesidad de interacción (ya sea a través de las lenguas habladas o signadas) con las administraciones de los países en los cuales (según la legislación internacional) se debe proteger el derecho de las minorías lingüísticas a comunicarse y acceder a los servicios. La interpretación comunitaria es necesaria en: entornos legales (como comisarías, prisiones, trámites de asilo, mientras que los procedimientos judiciales en juzgados o tribunales se encuadrarían generalmente dentro de la interpretación judicial), servicios sociales, instituciones públicas, atención sanitaria, sistemas educativos, empresas e industria, así como en contextos más novedosos como organizaciones religiosas, emergencias y catástrofes, instancias militares, salas de prensa, teatros, entre otros. Desde esta perspectiva, los intérpretes comunitarios son los garantes de la comunicación, la aplicación y la protección de los derechos establecidos por los tratados e instituciones internacionales.
Dos de las particularidades que se han identificado como específicas de la interpretación comunitaria son: su bidireccionalidad, que la hace más exigente desde un punto de vista cognitivo, y su estatus social, que dista de ser proporcional (salvo inversamente) a la dificultad de la tarea. Hale (2015) distingue una tercera, que explica en los siguientes términos: "la necesidad de intérpretes en estos entornos suele ser más real que en las conferencias internacionales, donde los participantes suelen hablar una lengua franca [...]". Este grado de "necesidad real" que Hale menciona como característico del ámbito no ha sido investigado a fondo hasta ahora y merece, quizás, un mayor debate.
Liberté, fraternité, égalité...
La presencia de inmigrantes puede ser beneficiosa para la demografía y la economía, pero también puede dar lugar a tensiones si el país "de acogida" carece de medios para integrarlos o de políticas adecuadas para articular una convivencia madura y previsora. Como comunicadores interculturales, los intérpretes soportan la pesada carga de ayudar a prevenir y resolver conflictos, paliar el racismo y la xenofobia y facilitar una armoniosa convivencia de diferentes culturas. Pero, ¿reconocen los Estados este papel? ¿Cómo han afrontado los países de todo el mundo el fenómeno migratorio durante las últimas tres décadas? Sus actitudes parecen haber cambiado entre los esperanzadores años noventa, marcados por el colapso del bloque comunista, y los sombríos años dos mil, marcados por el colapso de los mercados bursátiles capitalistas.
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| Las crisis generan la necesidad de intérpretes y traductores comunitarios. |
La globalización, por un lado, y la revolución tecnológica, por otro, nos han demostrado que la movilidad humana ha llegado para quedarse y forma parte ya de una realidad irreversible. Las personas emigran como siempre lo han hecho en la historia, pero su número ha aumentado, de hecho, al igual que la población mundial. En 2020, 281 millones, que representan el 3,6% de la población mundial, se desplazaron, según la Organización Internacional para las Migraciones. Gran parte de esta migración es consecuencia del colonialismo, la explotación, la pobreza y las guerras. Aunque todavía queda mucho trabajo por hacer, algunos gobiernos han tomado conciencia de que los migrantes no son viajeros y los Estados no pueden limitarse a llamarlos cuando necesitan cubrir puestos de trabajo no deseados por los autóctonos y luego enviarlos de vuelta a su país cuando la crisis económica y la caída de los mercados financieros desencadenan medidas populistas basadas en preceptos discriminatorios y racistas. Por otra parte, algunos "exportadores" de migrantes, como los antiguos países comunistas, reclaman la necesidad de invertir la fuga de cerebros y piden el regreso de sus trabajadores cualificados para que estos reconstruyan sus economías que se encuentran, en mayor o menor medida, en un estado de ruina, mientras se niegan a acoger a los refugiados de las zonas de guerra.
El estallido de la pandemia COVID-19 dio lugar a una nueva crisis económica mundial. La pobreza agravada está provocando más migración, más tráfico de personas, más neoesclavitud. Las ONGs advierten de las condiciones infrahumanas en las que trabajan los inmigrantes en distintas partes del mundo y de su alta exposición al contagio. Esta crisis multinivel ya está repercutiendo en los estudios de interpretación y, especialmente, en la interpretación comunitaria, con algunas ramas muy demandadas, como por ejemplo la Interpretación en Situación de Catástrofes (Disaster Relief Interpreting-DRI), conocida por depender de los voluntarios, aunque en estos contextos, como reconoce Pöchhacker (2015: 110), la interpretación forma parte del plan de gestión de emergencias.
A efectos de esta contribución, nos centraremos en las dos primeras décadas del siglo XXI como el período de auge mundial de la interpretación comunitaria en cuanto rama separada de los estudios de interpretación. El crecimiento permanente de los flujos migratorios durante estas dos décadas ha determinado un aumento de la diversidad lingüística, que en muchas ocasiones ha cortocircuitado la comunicación debido a las barreras lingüísticas en los países de destino, generalmente entre los proveedores de servicios y los aspirantes a los mismos, que no dominan el idioma societal. La interpretación comunitaria (a menudo realizada de forma voluntaria, sin reconocimiento socioprofesional y, por tanto, "inferior") se ha hecho visible para las autoridades locales, regionales y nacionales de un número cada vez mayor de "países receptores", que deben hacer frente a una enorme cantidad de grupos desplazados y dedicar una parte de sus presupuestos a las políticas de integración, ateniéndose no sólo a las directrices de su gobierno, sino también a las exigencias de los organismos internacionales en respuesta a los fenómenos migratorios. Si a finales de los noventa y principios de los dos mil las estructuras supranacionales como la UE o la ONU dedicaban gran parte de sus esfuerzos a la migración, la agenda del milenio trajo nuevas y acuciantes prioridades.
La ética de la interpretación comunitaria
En su intento de dibujar un mapa internacional de códigos deontológicos y sistemas de acreditación, Bancroft (2005) destacó que en África la interpretación estaba casi ausente, salvo en Sudáfrica, con una asociación profesional guiada por su propio código ético. Asia no ofrecía un panorama muy diferenciado, aunque se registraba un crecimiento exponencial de la consciencia interpretativa por parte de la comunidad académica china. Por el contrario, Australia, Nueva Zelanda y Canadá mostraban un avanzado nivel de profesionalización, con códigos deontológicos y éticos y sistemas de acreditación. En América Latina, la interpretación de conferencias seguía siendo la mejor posicionada entre las ramas profesionales con numerosas asociaciones emergentes, mientras que el "viejo continente", regido por la AIIC en la interpretación de conferencias, destacaba en la interpretación comunitaria durante la primera década del siglo XXI con un Centro Nacional de Lenguas del Reino Unido (National Centre for Languages in the United Kingdom, desde 2011 integrado en los servicios de formación de CfBT Education Services), y el Registro Nacional Británico de Intérpretes de Servicios Públicos (National Register of Public Service Interpreters).
Pero, ¿responden las normas de la AIIC a las necesidades de la interpretación comunitaria? Evidentemente, tener los códigos éticos de la interpretación de conferencias y las normas de calidad es mejor que no tener nada, pero el ámbito social posee sus propias peculiaridades y complejidades, y la distinción por subcampos (con sus necesidades específicas) es primordial para que el debate no sea estéril (como una comparación entre una interpretación simultánea que trate sobre el tratamiento de la madera y una llamada de urgencias hospitalarias sobre la reacción alérgica de un niño).
En lugar de una panorámica por continentes, Martínez-Gómez (2011) optó por grupos de países clasificados en: los que niegan la necesidad de un ámbito profesionalizado y no aplican códigos genéricos a la interpretación comunitaria (Japón, Brasil); los que ofrecen soluciones ad hoc en contextos en los que los códigos genéricos no se aplican a la interpretación comunitaria (Italia, España, Bélgica, Francia, Alemania, Austria, Sudáfrica, Dinamarca); los países que ofrecen servicios genéricos y conceden certificaciones para varios ámbitos (Rusia, Canadá, Estados Unidos, Países Bajos, Noruega, Finlandia) y, por último, los que ofrecen servicios integrales guiados por códigos deontológicos y certificaciones nacionales para la interpretación comunitaria (Australia, Suecia). Para una descripción de estos últimos, véase Hale (2011), que aporta impresiones positivas compartidas por los profesionales en Australia (que se sienten "debidamente respetados como profesionales tanto por los proveedores de servicios como por los receptores de los mismos") para contrarrestar los habituales sentimientos de denigración, y Norström, Fioretos y Gustafsson (2012), que describen y analizan las condiciones de trabajo en Suecia y encuentran una tensión entre profesionalidad y desprofesionalización que afecta al estado de derecho y a la integración. Estos dos mapeos (Bancroft 2005 y Martínez-Gómez 2011) no difieren del panorama descrito por Setton & Dawrant (2016: 377) con una gran mayoría de países en los que la interpretación de conferencias sigue sin estar regulada.
Ante este panorama, la observación que podemos hacer es que los gobiernos de todo el mundo han "pasado la pelota" en general a los agentes locales, ONGs y universidades, que han aportado soluciones parciales para mejorar la comunicación y la integración de las comunidades migrantes. En esta comunicación es fundamental la interpretación comunitaria, un nuevo y a la vez antiguo ámbito de los estudios de interpretación cuyos profesionales, formadores e investigadores tienen que adaptarse a las situaciones cambiantes y reinventarse permanentemente para seguir el ritmo de las transformaciones geopolíticas, socioeconómicas y lingüísticas de la sociedad actual.
El carácter dinámico de esta actividad se refleja en la variedad de sus denominaciones (interpretación bilateral, de diálogo, social y en servicios públicos) que surgen de diferentes posicionamientos profesionales e ideológicos. Pero su nebulosa denominación no es sólo una cuestión terminológica, sino que responde a incertidumbres ontológicas y epistemológicas, solapamientos estratégicos y vacilaciones operativas (a veces deliberadas) sobre todo en cuanto a los distintos modos y situaciones relacionadas con su desempeño.
Aparte de las controversias sobre su nombre, la interpretación comunitaria ha dado lugar a algunas falsas ecuaciones, que no son exclusivas de esta rama, (ya que pueden encontrarse, en menor medida, también en la interpretación de conferencias). Sin embargo, la interpretación comunitaria presenta una mayor heterogeneidad en cuanto a las expectativas de los "usuarios comitentes" (autoridades locales, trabajadores sociales, es decir, proveedores de servicios) y de los "usuarios receptores" (solicitantes de servicios sociales) que la interpretación de conferencia, en la cual las situaciones comunicativas son más previsibles y los participantes están generalmente familiarizados con las funciones de los intérpretes. Mencionaré tres de estas falsas ecuaciones que son frecuentes en la interpretación comunitaria 1) preciso es igual a literal; 2) bilingüe es igual a intérprete; 3) connacional/coétnico es igual a aliado defensor. La primera ecuación concibe la precisión como una transposición literal. Muchos proveedores de servicios esperan que los intérpretes produzcan una interpretación palabra por palabra, ignorando que un enfoque intencional, pragmático y cultural sería una definición más exacta de "precisión" en la interpretación comunitaria. La segunda ecuación da por sentado que cualquier bilingüe puede actuar como intérprete, lo que determina que los proveedores de servicios contraten a "ayudantes" o "intérpretes naturales" que, (según una amplia bibliografía en la materia), suelen resumir, introducir comentarios propios, realizar o responder preguntas en lugar del interlocutor alófono, restándole poder. Una tercera ecuación se refiere al papel del intérprete. Dado que a menudo pertenece a la comunidad lingüística en la que opera/trabaja, los proveedores de servicios y los solicitantes tienden a considerar al intérprete como un aliado, un defensor, un participante implicado, especialmente en encuentros en los que hay mucho en juego para una de las partes.
A continuación, dos obras, la Enciclopedia de Estudios de Interpretación Routledge (The Routledge Encyclopedia of Interpreting Studies, a continuación, REIS) y la ISO 13611/2014, nos ayudarán a comprender mejor cuál es el lugar de la interpretación comunitaria dentro del ámbito de la interpretación, tanto desde el punto de vista académico como profesional.
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| La Enciclopedia de Estudios de Interpretación Routledge (The Routledge Encyclopedia of Interpreting Studies) (Pöchhacker, ed. 2015). |
La REIS abarca el campo con sus diversos dominios y tradiciones de investigación (no yuxtapuestos, sino agrupados) siguiendo tanto una macroestructura (historia, profesión, entornos, metodología) como una microestructura basada en vínculos conceptuales, de tal manera que cada término es tratado de forma transversal a través de dominios, modos y entornos, no utilizando un mapeo inductivo, sino más bien en un enfoque deductivo partiendo de los datos. Varios criterios de clasificación organizan el campo tanto profesional como académicamente. Así, la REIS ofrece una serie de clasificaciones binarias en función de: la modalidad (hablada o signada); la relación temporal (simultánea o consecutiva); los modos (in situ o a distancia); el formato (diálogo o conferencia); el estatus (profesional o ad hoc); la implicación tecnológica (humana o automática) y una más compleja basada en la naturaleza de la interacción. Así, se distingue entre (a) las interacciones intersociales, que abarcan los encuentros internacionales (diplomáticos, políticos, científicos, empresariales) y (b) las interacciones intrasociales, que abarcan los contextos institucionales y comunitarios (jurídicos, sanitarios, educativos). Este criterio revela seis ámbitos diferentes tratados por separado (asilo, salud mental, parlamentario, pediátrico, policial y penitenciario, de los cuales sólo uno no entra dentro de la interpretación comunitaria, lo que significa que este es el ámbito de la interacción intrasocial por excelencia) y treinta tipos de interpretación (por ejemplo, interpretación automática, video-remota, teatral, de catástrofes, de negocios, militar, etc.) etiquetados con la palabra "interpretación" precedida de un calificativo que, a su vez, puede agruparse según las características del proceso.
Sin embargo, según el país y la tradición académica, no todas las investigaciones en el ámbito de la interpretación comunitaria recurren a estos esquemas exhaustivos, sino que manejan un cuadro simplificado para referirse sobre todo a las modalidades, los entornos y los tipos de interpretación, a veces de forma solapada y contradictoria.
Según la norma ISO 13611/2014, la interpretación comunitaria es necesaria en seis entornos principales: instituciones públicas (escuelas, centros comunitarios); servicios humanos y sociales (juntas de refugiados, residencias de ancianos); instituciones sanitarias; empresas e industria; organizaciones religiosas y situaciones de emergencia. También enumera dieciséis competencias profesionales según las cuales los intérpretes deben: aplicar habilidades de escucha activa, memoria y entrega, estrategias de resolución de problemas, respetar el código deontológico, mejorar la autoformación, apoyar la autonomía del cliente, utilizar el registro adecuado, entre otras. Resulta interesante señalar que esta sección comienza exhortando a los intérpretes comunitarios a dominar la consecutiva, la simultánea, la traducción a la vista y la toma de notas. Estos requisitos descartan claramente a los intérpretes naturales y las soluciones ad hoc adoptadas por algunos proveedores de servicios. Se añade una lista de siete habilidades interpersonales, entre ellas el tacto, el autocontrol o las habilidades interculturales. También se mencionan en la ISO 13611/2014 las doce funciones que realizan los intérpretes comunitarios, entre las que se encuentran: transmitir el significado de todos los mensajes sin adiciones, supresiones o cambios innecesarios; gestionar el flujo de la comunicación; solicitar aclaraciones; señalar la existencia de una barrera cultural; abstenerse de ofrecer consejos u opiniones. La complejidad de esta "imagen fotográfica" de un profesional que tiene que satisfacer todos estos aspectos que implican habilidades, roles y cuestiones deontológicas, puede explicar en parte la lentitud en la profesionalización de la interpretación comunitaria. Por último, se espera que los intérpretes asuman seis responsabilidades, tal y como recogen las normas ISO 13611/2014: deben prepararse adecuadamente para el evento; presentarse; cumplir con el horario; mantener la apariencia y el comportamiento; seguir los protocolos, y (respondiendo a un tema académico reciente, pero a un viejo problema del gremio), plantear cuestiones de trauma empático.
Hay dos cuestiones subyacentes a la interpretación comunitaria que han generado prolijos debates. Uno se refiere a la interpretación remota y, especialmente, a la interpretación telefónica, una modalidad que provoca controversia, en primer lugar, entre los intérpretes: los que insisten en la visibilidad del hecho comunicativo como premisa para garantizar parámetros de calidad frente a quienes piensan que, ante las amenazas para la profesión, como los ordenadores que sustituyen a los seres humanos o el uso generalizado de la lengua inglesa (ELF), adaptarse significa sobrevivir. En segundo lugar, entre los usuarios hay diferencias. En una entrevista médica, por ejemplo, los proveedores del servicio están interesados en la rentabilidad, mientras que los usuarios de la interpretación -pacientes y médicos- anteponen quizás la presencia física del intérprete durante las consultas. Según Andres y Falk (2009), los estudios fisiológicos no parecen corroborar la percepción de que la calidad en la interpretación es mayor en condiciones presenciales, en las que Wadensjö (1999) sí observó una mayor fluidez. Los experimentos realizados con la interpretación a distancia en conferencias de la ONU, la UNESCO y la UE, como muestran Postigo, Varela y Parrilla (2013), registraron altos niveles de satisfacción en los usuarios, a diferencia de los intérpretes, que se quejaron de mayores grados de tensión, cansancio y pérdida de concentración. A pesar de que su uso está muy extendido en entornos comunitarios, la interpretación a distancia apenas recibe formación.
La otra cuestión es la dualidad interpretación-mediación. Se ha perpetuado una confusión entre "mediadores" e "intérpretes comunitarios" en algunos países de acogida como España o Italia (donde il mediatore linguistico e culturale o mediador intercultural es un término paraguas que abarca varios servicios lingüísticos), que legitimó la creación de puestos de trabajo (a nivel local, en el esquema de personal de los ayuntamientos) cuyos procesos de selección se basaban a menudo en reglamentos a medida, que respondían más bien a una voluntad política, que a un plan general diseñado para cubrir una necesidad social. Así, en algunas regiones españolas, los miembros de las comunidades de inmigrantes (que eran hasta cierto punto bilingües y biculturales pero no tenían formación específica como intérpretes) fueron contratados como mediadores e intérpretes por las autoridades locales. En Italia, Davitti (2013) reconoce que los intérpretes "desempeñan funciones cruciales de coordinación y mediación" con resultados más asimiladores que potenciadores, mientras que Garzone (2010) atribuye la confusión a la falta de una "figura institucionalizada". Pöchhaker (2008) ya advirtió del riesgo de la falta de claridad de los términos que vinculan la interpretación y la mediación, como la mediación presencial, la mediación a distancia, la mediación lingüística y la mediación intercultural, pero Arumí (2018) sigue reclamando una elucidación académica. Esta duplicidad se ha llevado también al aula, como muestran Setton y Dawrant (2016: 372). Insisten en que los intérpretes no deberían actuar como "defensores (promoviendo activamente los intereses de una de las partes) o árbitros (ayudando a las partes a llegar a un acuerdo)", ni aceptar el papel de mediadores excepto bajo petición y si está éticamente justificado.
La investigación académica en interpretación se inició en el siglo XX con el objetivo de crear herramientas didácticas a través de las cuales los intérpretes experimentados (autodidactas) pudieran transmitir sus conocimientos a las generaciones más jóvenes. Pronto pasó a reflexionar sobre la interpretación como disciplina, dando lugar a trabajos de referencia sobre el análisis de las necesidades comunicativas, los requisitos de los intérpretes, las variables situacionales y las descripciones del proceso y el producto de la interpretación. En este apartado se abordarán algunos de los hitos y puntos de vista clave en la investigación sobre la interpretación comunitaria.
Una visión diacrónica
No fue hasta principios del siglo XXI cuando la interpretación comunitaria atrajo la atención de los académicos a gran escala. Tras el manual de Shackman (1984) que contemplaba no solo a los intérpretes comunitarios sino también a los demás participantes (usuarios, empleadores), una de las primeras obras monográficas fue Intérpretes en los servicios públicos. Políticas y formación (Interpreters in Public Services. Policy and Training) de Baker, Hussain y Saunders (eds.) (1991) que esbozaba un diagnóstico y reivindicaba los servicios de interpretación (especialmente en comisarías y tribunales de justicia) en el Reino Unido, dado que el país se enfrentaba, tras una fuerte inmigración desde las antiguas colonias, a una nueva migración, más numerosa, variada y diversa lingüística y culturalmente. El libro dedica un extenso capítulo a la legislación en materia de raza, menores de edad, discapacidades mentales y físicas, y un debate pionero sobre los códigos deontológicos tanto para los trabajadores sociales como para los intérpretes. Una de las novedades de este libro es su preocupación por los intérpretes naturales como "personal bilingüe que ayuda con la interpretación". Una vocación didáctica explicativa inspiró La traducción de las culturas. Una introducción para traductores, intérpretes y mediadores (Translating Cultures. An Introduction for Translators, Interpreters and Mediators) de David Katan (1999) mientras que La interpretación de enlace en las comunidades (Liaison Interpreting in the Community), editado por Mabel Erasmus (1999) establecía paralelismos entre Bélgica y Sudáfrica al describir la formación y acreditación de los intérpretes, su actividad profesional y la presencia o ausencia de códigos deontológicos. El volumen colectivo de Mason (1999) supuso un hito para los investigadores de este joven ámbito. Se basó en las primeras investigaciones empíricas de los años setenta para identificar la preferencia de la comunidad científica por las situaciones delicadas en las que intervienen el poder, la distancia y las amenazas a la imagen personal. Otras cuestiones detectadas por Mason como dignas de atención científica hace dos décadas (conflictos de rol, lealtad al grupo, marcos de participación, poder, distancia, imagen) siguen siendo de interés hoy en día, especialmente en relación con temas actuales como la visibilidad, la ética, las emociones y el trauma. Un área abordada por Bot (2005), que explora de qué manera la relación terapeuta-paciente puede verse afectada por la variedad de roles adoptados por los intérpretes en las entrevistas de salud mental, está experimentando una revitalización. Si la de Mason es la primera recopilación de ideas que traza las líneas que caracterizarían la investigación en los años siguientes, la monografía de Sandra Hale (2007) fue el primer esfuerzo académico por dar un tratamiento integral al campo de la interpretación comunitaria.
Aunque la interpretación de lengua de signos suele asociarse a la interpretación de conferencias debido al marco institucional en el que su intervención es obligatoria, existen muchos contextos no relacionados con el ámbito de las conferencias en los cuales las lenguas de signos se acercan a la interpretación de lenguas minoritarias. La investigación ha proliferado en ambos campos en los últimos años, como demostró bibliométricamente Gile (2017: 1430), y las influencias mutuas entre los investigadores de la interpretación en lenguas habladas y signadas han enriquecido definitivamente los estudios de interpretación.
Signar o no signar
Si bien la interpretación signada constituye, desde una perspectiva modal, una rama en sí misma, por su entorno se encuadra dentro de la interpretación comunitaria o de conferencias. Si las lenguas habladas de las minorías migrantes suelen estar desatendidas por los gobiernos, las lenguas signadas, marginadas durante años, consiguieron situar sus prioridades en las agendas gubernamentales en la segunda mitad del siglo XX, primero en Estados Unidos con la creación del RID [Registro de Intérpretes para Sordos-Registry of Interpreters for the Deaf] en 1964. En 1972, el RID tenía su propio sistema de evaluación y certificación. Otros países que introdujeron oficialmente la ILS en una fase temprana fueron Australia (donde en 1977 se creó la Autoridad Nacional de Acreditación de Traductores e Intérpretes (National Accreditation Authority for Translators and Interpreters-NAATI), Suecia (con programas de formación de intérpretes en centros de educación de adultos); y Canadá, donde el creciente interés por la interpretación comunitaria - tanto en lengua hablada como en lengua de signos- condujo a la celebración en 1995 de la "Primera Conferencia Internacional sobre Interpretación en Entornos Jurídicos, Sanitarios y de Servicios Sociales", que, a partir de entonces, se conocería como "Critical Link", el evento internacional por excelencia de la interpretación comunitaria.
En la UE, el artículo 7 de la directiva 2010/13/UE (Parlamento y Consejo Europeos, 10 de marzo de 2016) según el cual,
Los Estados miembros alentarán a los servicios de comunicación audiovisual bajo su jurisdicción a garantizar que sus servicios sean gradualmente accesibles a las personas con una discapacidad visual o auditiva [...]
fue modificado por la directiva 2018/1808:
Los Estados miembros garantizarán, sin demoras indebidas [...]
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| Una sesión del Servicio de Retransmisión por Vídeo que ayuda a una persona sorda a comunicarse con una persona oyente a través de un intérprete de vídeo (intérprete de lengua de signos) y un videoteléfono. Fuente: SignVideo, London, U.K., CC BY-SA 4.0 via Wikimedia Commons]. |
y aunque la interpretación en lengua de signos (ILS) hizo su aparición en la televisión alrededor del año 1950 (junto con el subtitulado y la audiodescripción), no fue hasta principios del siglo XXI que a los intérpretes de lenguas de signos se les contratara y formara de manera regular en todo el mundo. Sin embargo, el tiempo de emisión y la variedad de géneros televisivos ofrecidos en lengua de signos son limitados, al igual que la orientación de las mejores prácticas basadas en los resultados de las pruebas en este campo.
Además, a medida que la tecnología ha ido avanzando y que Internet se ha convertido en nuestra fuente diaria de información, la accesibilidad va ganando terreno. Desde la década del 2000, los servicios públicos accesibles, los sitios web y las bibliotecas de voz se han convertido en algo habitual. Dado que las sociedades han envejecido debido a la mayor tasa de esperanza de vida y a la menor tasa de natalidad en los países desarrollados, la accesibilidad a los medios de comunicación es esencial para que las personas mayores no corran el riesgo de ser excluidas socialmente. La accesibilidad a los medios, entendida como un conjunto de teorías, prácticas, servicios, tecnologías e instrumentos que facilitan el acceso a los contenidos de los medios audiovisuales a aquellas personas que no pueden acceder (adecuadamente) a ellos, está estrechamente vinculada a la interpretación comunitaria. Anssari-Naim (2020) afirma que la interpretación comunitaria debe entenderse como parte del campo genérico de la accesibilidad, con la presencia de intérpretes como agentes de la accesibilidad que eliminan las barreras comunicativas.
Campos, teorías y conceptos de referencia
A finales del siglo XX, el fenómeno migratorio, junto con la globalización, provocó un "giro social" en los estudios de interpretación, alimentado por la influencia ejercida por la sociología y la antropología en todo el campo de los estudios de traducción. Esto llevó a la aplicación de teorías como la del marco participativo de Goffman. Los marcos sociológicos de la comunicación, junto con el concepto de narrativa, inspiraron a varios académicos, empezando por Mona Baker y su Traducción y conflicto (Translation and Conflict, 2006), que abre un debate sobre la visibilidad del intérprete en zonas de guerra, un entorno atravesado por narrativas, constricciones políticas, poder e ideología. Baker profundiza en el poder del intérprete como dueño del significado, una idea ya explorada por Wadensjö (1998) al describir al intérprete como coordinador del intercambio triádico. Esto dio paso a exploraciones sobre los rasgos paralingüísticos de la interacción (mirada, postura, gestos) que pueden ser incluyentes o excluyentes en combinación con las relaciones de poder.
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| Intérprete en zona de guerra. Fuente: Ejército de EE.UU, The U.S. Army CC BY. |
Siguiendo en el marco sociológico, los conceptos de Bourdieu de habitus, campo, capital, ilusión, fueron aplicados por Inghilleri (2005) al contexto sociocultural en la interpretación y Angelelli (2000) aplicó la etnografía de la comunicación de Hymes, mientras que Bahadir (2004) abordó los roles sociales y las identidades culturales de los intérpretes. Pérez-González y Susam-Saraeva (2012) abordaron la interpretación comunitaria no profesional desde la perspectiva antropológica de Appadurai, mientras que Iliescu (2012) profundizó en la teoría sociológica de Le Breton para extraer la construcción simbólica del cuerpo en los encuentros médicos mediados por intérpretes ad hoc. El uso de intérpretes naturales, y especialmente de niños, en la comunicación médico-paciente, es un tema recurrente abordado desde la vertiente afectiva y basado en las primeras investigaciones empíricas sobre las emociones.
Desde el campo vecino de la lingüística, la teoría de la cortesía de Brown y Levinson fue una vía prolífica explorada por un numeroso grupo de académicos. Todavía vigente, su aplicabilidad a la interpretación se ve enriquecida por el contraconcepto de "descortesía" introducido por Culpeper (1996).
Más allá de la lingüística, la ciencia cognitiva, "aliada en la sombra" de los investigadores de la interpretación (dialógica) que han tratado de desgranar los diversos procesos que tienen lugar durante este tipo de interacción rápida y bidireccional, proporciona un sólido andamiaje para la comprensión académica de la interpretación comunitaria. A principios del siglo XX, la observación del comportamiento mediante métodos experimentales comenzó a utilizarse junto con la introspección, que había sido un instrumento de recogida de datos desde el siglo XIX. Tras los primeros trabajos teóricos (años 70), en los años 80 resurgió la metodología introspectiva, preocupada por detectar los comportamientos rutinarios y estratégicos de los traductores e intérpretes. En los años noventa se realizaron los primeros estudios informatizados con una metodología multimodal (grabaciones de vídeo, seguimiento de teclas y seguimiento ocular), cada vez más popular, que permitía la triangulación de datos. Sin embargo, no fue hasta el siglo XXI cuando los enfoques cognitivos volvieron, esta vez para quedarse. En un campo en el que los sujetos de estudio varían y conseguir un tamaño de muestra representativo es prácticamente imposible, la metodología psicolingüística era difícil de aplicar. Sin embargo, cobró impulso cuando los investigadores retomaron los protocolos de diálogo colectivo de Kussmaul y combinaron la metodología introspectiva y retrospectiva.
En cuanto a los conceptos, la calidad parece ser uno de los más prolíficos y transversales. Hale, Ozolins y Stern (2009) sostienen que las técnicas y la ética del intérprete no bastan para alcanzar una calidad óptima, siendo igualmente importante la interacción entre todos los participantes. La calidad también se sitúa en el centro de la monografía en dos volúmenes de García Becerra, Pradas Macías y Barranco-Droege (eds.) (2013), que se centra en el macrocontexto, las mejores prácticas, las cuestiones éticas y las deficiencias en varios países. Junto a la calidad, explorada por los trabajos pioneros de Wadensjo o Pöchhacker, han sido muy productivas otras cuestiones con impacto específico en la interpretación comunitaria como: la ética, la historia, la tecnología, la terminología, las competencias, las condiciones de trabajo, la formación y la profesionalización, como muestran Vargas Urpi (2012) o Iliescu y Ortega (2015).
La tendencia general es que las universidades que ofrecen titulaciones de T&I basen su formación en la interpretación de conferencias. Con el auge de la interpretación comunitaria en la década de los 2000, manteniendo aún la interpretación de conferencias como asignatura de grado en los planes de estudio, algunas universidades decidieron formar a sus alumnos en interpretación comunitaria a nivel postgrado, a través de cursos intensivos de corta duración o de máster, pero se trata de iniciativas temporales y aisladas más que de una acción estructurada a largo plazo. ¿Por qué es así? Una de las razones podría ser que las universidades y los responsables de la toma de decisiones dan por sentado que, como se supone que la IC representa el escalón más alto de la profesión, al dominar (algunas de) sus habilidades, los graduados serán automáticamente capaces de realizar interpretación comunitaria. Esto aún no se ha demostrado empíricamente, pese a que las normas ISO exigen a los intérpretes comunitarios el dominio de las destrezas de interpretación simultánea, consecutiva, de traducción a vista y de toma de notas, como ya hemos visto. Otro motivo tiene que ver con la empleabilidad. Mientras los mercados de todo el mundo sigan contratando "ayudantes" o intérpretes informales en lugar de profesionales y, por otro lado, mientras los gobiernos sean tan lentos a la hora de conceder a las minorías lingüísticas un estatus en su país de residencia que les garantice plenos derechos o les permita tener voz propia, no habrá un nicho laboral claro y, en consecuencia, una formación estructurada y una certificación unificada en estas lenguas habladas y signadas. Shlesinger (2007: 148) criticó tanto la postergación como el conformismo de algunos usuarios frente a las soluciones inadecuadas o incluso ausentes de la realidad de los profesionales formados, que siguen siendo excepciones a la regla, siendo la mayor parte del trabajo realizado por bilingües no formados y ad hoc. Una década después, Setton y Dawrant (2016: 147) resumen la situación de la formación en interpretación comunitaria como alentadora. A pesar de la inexistencia de una verdadera formación en algunos países, de su carácter acelerado y de su marco no académico en otros, o de su insólito objetivo como dispositivo de "mejora lingüística" en pocos casos, concluyen que "la presión por una formación adecuada ha ido creciendo desde hace tiempo, y empiezan a surgir algunos cursos estructurados aislados". Gile (2017: 1431) remarca la ampliación del alcance, ya que la formación va más allá de las fórmulas tradicionales para incluir "también la adquisición inicial de conocimientos y habilidades básicas por parte de los bilingües y multilingües menos formados en cursos cortos".
Para alcanzar sus objetivos, los cursos de formación en interpretación comunitaria deben ubicarse en zonas con una importante población inmigrante o multilingüe. Los centros deben cumplir dos condiciones: la disponibilidad de formadores que también sean profesionales y puedan enseñar utilizando su propia experiencia local y reciente (basada en los problemas lingüísticos, terminológicos, culturales y sociales que la comunicación puede plantear en esa región concreta) y la disponibilidad de programas de prácticas que permitan a los alumnos practicar en situaciones reales que sean similares al escenario al que se enfrentarán cuando sean contratados. Obviamente, la tercera condición es que existan oportunidades de empleo para los graduados de esos cursos. Hasta ahora, las universidades se han mostrado reticentes a cambiar sus planes de estudio y asumir el riesgo de formar a los estudiantes para una profesión que otorga unos honorarios inferiores y un prestigio menor que el de la interpretación de conferencias. Setton y Dawrant (2016) describen los cursos existentes como más cortos y centrados en un conjunto de habilidades más reducido, al tiempo que dedican tiempo y esfuerzo a "preparar a los alumnos para situaciones más variadas, impredecibles y psicológica y emocionalmente conmovedoras que las que se suelen dar en la interpretación de conferencias, centrándose más en el papel del intérprete y en cuestiones de mediación".
Los retos que plantea un sistema global de formación y certificación formal que permita a un intérprete comunitario ejercer esta profesión y esperar una remuneración y un reconocimiento adecuados están relacionados con al menos dos factores identificados por Hale (2015: 1) los cambios relativamente frecuentes en el catálogo de idiomas requeridos (en función de las oleadas migratorias de la época), lo que repercute no solo en la formación sino también en el ejercicio de la interpretación comunitaria; 2) la falta de una parrilla universal de requisitos obligatorios que dificulta un sistema de certificación unificado.
Las posibles soluciones contemplan una formación no ligada al idioma, así como la combinación de aprendizaje electrónico y enseñanza presencial, con el fin de resolver el problema de la variedad lingüística. En la era post COVID-19, en la que las universidades han mejorado tecnológicamente sus capacidades, la interpretación comunitaria es uno de los campos en los que suena menos utópica una comunidad virtual de práctica que comparta recursos y conocimientos.
Potencial para la investigación
Una de las vías de investigación más importantes en la interpretación comunitaria es la que combina los avances tecnológicos con los descubrimientos de las ciencias cognitivas. El acceso a técnicas de pupilometría menos invasivas ha abierto la puerta a un nuevo horizonte experimental, principalmente en la interpretación de conferencias (esfuerzos de procesamiento, carga cognitiva) y, tímidamente, en la interpretación comunitaria por parte de académicos que desarrollaron las nociones de seguimiento y autoconsideración profesional en los intérpretes comunitarios. Combinando la metodología de los estudios basados en el seguimiento ocular de la pantalla en la traducción (Muñoz 2016) con los requisitos de la interpretación de lenguas de signos, Bosch-Baliarda, Soler-Vilageliu y Orero (2020) exploran la recepción por parte de los usuarios sordos de contenidos interpretados en lengua de signos en la televisión. Algunas líneas de investigación prometedoras podrían desarrollarse en la exploración de los procesos cognitivos en diferentes entornos en los que la carga emocional en la comunicación y las tareas altamente estresantes realizadas por el intérprete. Es probable que se revelen datos importantes sobre la interacción humana verbal y no verbal.
Otra línea de investigación destacada es la aproximación cienciométrica a las aportaciones académicas en el ámbito de la interpretación comunitaria, similares a las del ámbito de la interpretación de conferencias, que debemos a aportaciones históricas como las de Gile o Pöchhacker. La existencia de corpus y bases de datos, así como de programas informáticos especializados en la minería de datos, nos permite determinar las tendencias diacrónicas y diatópicas, las cuestiones acuciantes, los grupos de reflexión a mayor escala.
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| Interpretación sanitaria. Fuente: Ayuntamiento de Alicante & UA (2019). |
Un tercer ámbito de interés podría ser el de las lenguas de signos. Si la interpretación en lengua de signos es parte de la interpretación comunitaria, también lo serían las combinaciones lingüísticas con las lenguas de signos cooficiales en países multilingües como España. Si las personas sordas y con problemas de audición se consideran una "minoría lingüística", la interpretación comunitaria debería incluir también la diversidad de lenguas de signos vernáculas (por ejemplo, la lengua de signos catalana), así como la interpretación para las minorías sordas migrantes cuya lengua de signos no es la societal y tienen que comunicarse con la sociedad no sorda a través de la lengua de signos de su territorio de residencia o de la lengua de signos internacional. Cuanto más conscientes sean los estados de la diversidad de sus propias poblaciones, más problemas de comunicación de este tipo tendrán que resolver las autoridades de los países "de destino" y se espera que los investigadores sigan el ritmo.
Por último, en relación con la dimensión psicológica (emociones, traumas vicarios o empáticos) que caracteriza a la interpretación comunitaria a diferencia de otros ámbitos, una nueva línea de investigación está realizando descripciones incipientes de la comunicación en situaciones de duelo, entrega de malas noticias y situaciones de final de vida. Desde principios del siglo XXI, las ciencias médicas han dedicado amplios estudios a estos aspectos y quizá haya llegado el momento de que la interpretación comunitaria contribuya a una línea interdisciplinar, transversal y sistemática de conocimiento académico sobre estas cuestiones.




