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cita ENG Hermeneia, poiesis & translation CAT Hermeneia, poiesis i traducció EUS Hermeneia, poiesis eta itzulpena GLG Hermeneia, poiesis e tradución POR Hermeneia, poiesis e tradução

 

contenido
Introducción | Betti y la traducción como interpretación reproductiva y representativa | Las teorías clásicas de la lectura y la escritura en relación con la traducción | La hermenéutica y su conexión con la traducción | La interpretación transitiva del texto de la lengua de partida | Actualización de la tríada de Jakobson | Un modelo hermenéutico-poiético para la traducción | Potencial para la investigación

 

Introducción  Introducción 

Traducir es un complejo proceso de comunicación en el que se incrementan los procesos normales de producción e interpretación, ya que la traducción requiere una primera interpretación, que es la que el traductor hace del texto en la lengua de partida —texto origen— para, a partir de esta interpretación, producir un texto en la lengua de llegada —texto de llegada o texto meta, es decir, texto traducción—, el cual será a su vez interpretado por un nuevo receptor. Además, hay que tener en cuenta, por un lado, que el proceso productivo o creativo del traductor ha de ser coherente con el proceso productivo o creativo del autor del texto de la lengua de partida y, por otro lado, que el proceso receptivo o interpretativo del receptor del texto traducción también ha de mantener coherencia con el proceso receptivo o interpretativo del traductor y de cualquier otro receptor del texto origen (Albaladejo 1998a). Desde esta concepción de la traducción como proceso complejo de comunicación procederemos en las siguientes secciones a profundizar en los conceptos de ‘hermeneía’ —o interpretación— y ‘poíesis’ —o creación—, así como en las relaciones que se establecen entre uno y otro proceso en el fenómeno general de la traducción, con el propósito último de construir y proponer un modelo hermenéutico-poiético de la traducción. 

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[título del epígrafe] Betti y la traducción como interpretación reproductiva y representativa

Según Betti, uno de los grandes teóricos de la interpretación, la traducción —como la crítica literaria, la interpretación teatral o la interpretación musical— es una forma de interpretación con función reproductiva y representativa, en la medida en que el texto traducción es resultado de una reproducción del texto origen en la lengua de llegada y representa al texto origen, desempeñando la función de este en otra lengua y en otra cultura distintas de las de partida (Betti 1971: 40-55). La interpretación en esta función va más allá de la interpretación en función cognoscitiva, que es la que se da en los textos de lengua estándar, en los textos literarios, en los textos históricos y en otras muchas clases de textos, pues consiste solo en alcanzar interpretativamente la comprensión del texto, en aprehender su significado. El conocido brocardo In claris non fit interpretatio [“En las cosas claras no se hace interpretación”] debe ser, pues, replanteado, puesto que toda expresión, independientemente de su grado de transparencia, siempre precisa de una interpretación. Sin duda, lo mismo sucede en la traducción, para la que la interpretación de todo el texto objeto de traducción es necesaria con el fin de alcanzar su sentido desde una perspectiva global u holística, superando los significados de sus partes y subordinándolos a la comprensión de la totalidad del texto, la cual es necesaria para que el texto traducción se corresponda con el texto origen, a partir del cual ha sido producido y al cual representa. 

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[título del epígrafe] Las teorías clásicas de la lectura y la escritura en relación con la traducción

La importancia de la interpretación global u holística del texto para la traducción ya fue destacada por las teorías clásicas de la lectura y la escritura, entre las que destacan la de Cicerón (46 AEC) y la de Quintiliano (95 EC). Pegenaute (2018: 177-279; Lafarga & Pegenaute 2009) es consciente de la importancia de la historia de la traducción para la teoría de la traducción y ha destacado el papel puntero de las miradas históricas sobre la traducción en el campo de los estudios de traducción.

Cicerón, cuando declara haber traducido dos discursos retóricos del griego al latín, pertenecientes uno a Esquines y otro a Demóstenes (Cicerón 46 AEC: V, 77), distingue dos tipos de traducción en función del papel que el traductor adopte en el proceso y de la metodología —gramatical o retórica— de la que haga uso: el primer tipo de traducción es el que lleva a cabo el traductor que actúa como “intérprete” y el segundo es el que realiza el traductor que opera como “orador”. Traducir como “intérprete” supone traducir “palabra por palabra” —o significante por significante— en el estricto dominio gramatical del comentario de textos o crítica textual —poetarum enarratio o enarratio auctorum (Lausberg 1960: §§ 23-30)—, mientras que traducir como “orador” exige considerar cualitativamente la globalidad de los significados de las palabras en el interior del plan textual diseñado por el autor del texto origen y adaptarlos al contexto lingüístico y cultural del texto traducción en el amplio espacio retórico de la construcción y la comunicación del discurso.

Cicerón (106-43 a.C.) y Quintiliano (35-96 d.C.), dos precursores de la teoría de la traducción desde la retórica
Cicerón (106-43 AEC) y Quintiliano (35-96 EC), dos precursores de la teoría de la traducción desde la retórica.

Cicerón destaca y defiende este segundo tipo de traducción, que implica, por un lado, tanto un proceso hermenéutico de lectura orientado a la interpretación de todo el texto objeto de traducción como un proceso técnico de análisis macroestructural y microestructural que permita al traductor estar en condiciones de ofrecer a los receptores, a través del texto traducción, la comprensión de la totalidad del texto origen. Por otro lado, supone desarrollar, a partir de los procesos de interpretación y de análisis del texto origen, un proceso productivo o creativo más propio de la práctica retórica que de la práctica gramatical por el hecho de estar guiado pragmáticamente por las operaciones poiéticas o constructivas de inventio, dispositio y elocutio para dar lugar a un texto traducción “con la misma presentación de las ideas” y “de las figuras” pero “adaptando las palabras a nuestras costumbres” (Cicerón 46 AEC: V, 77). La función de la traducción para Cicerón va más allá de la función reproductiva y representativa de la que se hablaba en la sección anterior a propósito de la teoría general de la interpretación de Betti, pues, debido a la necesidad cultural de desarrollar un modelo lingüístico-discursivo propiamente latino a partir del modelo ático, Cicerón concibe y practica la traducción con la función de desplazar y sustituir el texto origen por el texto traducción. Como señala Copeland (1995: 34), traducir como “orador” en el marco de la concepción ciceroniana en particular y latina en general constituye una actividad puesta al servicio no del texto origen, sino del texto traducción, con la finalidad de generar modelos lingüístico-discursivos romanos a partir de modelos griegos, por lo que, de acuerdo con ella, “translation is figured as an aggressive hermeneutics: it reinvents Greek eloquentia, it generates new models, it displaces its Greek sources, and in general is described in the active terms of a rhetorical project” (Copeland 1995: 34). Esta función de desplazamiento y sustitución de la traducción será la que posteriormente Jerónimo de Estridón o San Jerónimo, entre otros, transmitirá a la Edad Media con los planteamientos que expone en la Carta a Panmaquio (405), y prevalecerá en las traducciones del latín a las lenguas vulgares jugando un papel determinante en el surgimiento y desarrollo de las culturas literarias vernáculas (Reynolds 1996: 7-41; Chico 2002: 31-37): 

San Jerónimo en su estudio (1480), de Guirlandaio
San Jerónimo en su estudio (1480), de Guirlandaio.

[...] yo [escribe Jerónimo de Estridón en su Carta] no solamente confieso, sino que proclamo en alta voz que, aparte las sagradas Escrituras, en que aun el orden de las palabras encierra misterio, en la traducción de los griegos no expreso palabra por palabra, sino sentido de sentido. Y tengo en esta parte por maestro a Tulio, que trasladó el Protágoras de Platón y el Económico de Jenofonte y las oraciones, bellísimas, de Esquines y Demóstenes, que dijeron uno contra otro. No es de este momento decir por menudo cuántas cosas pasara por alto, cuántas cambiara, a fin de explicar las propiedades de una lengua por las propiedades de la otra.

(Jerónimo de Estridón 405: 5, 84)

Para Cicerón, como para la tradición teórico-retórica general, la práctica de la traducción se encuentra inserta en el ámbito de la exercitatio del futuro orador, esto es, de la práctica de la ars retórica (Lausberg 1960: § 1092), y su objetivo es alcanzar lo que Quintiliano llama la firma facilitas del orador, la constante y segura facilidad de la que debe disponer en todo momento para construir y comunicar discursos natural y virtuosamente (Quintiliano 95 EC: 10, 1, 1). Concretamente, la traducción se inscribe en el marco de la práctica de la escritura, íntimamente ligada a la práctica de la imitación a través de la lectura y de la audición y a la práctica de la peroración, y para Quintiliano constituye el mejor ejercicio de escritura —de composición o redacción de textos— a partir de la imitación de modelos literarios (Quintiliano 95 EC: 10, 1-3), porque, según él, y en consonancia con Cicerón, con la traducción del griego al latín se enriquece el vocabulario y se facilita la palabra (Quintiliano 95 EC: 10, 5, 1).

Un entendimiento como este enfatiza claramente la relevancia de la lectura y de la escritura en los procesos de traducción y, por tanto, la importancia de sus mecanismos hermenéuticos o receptivos/interpretativos y de sus procedimientos poiéticos o productivos/creativos. El programa educativo que en relación con el ejercicio de la traducción establece Quintiliano en su Institutio oratoria para la formación del orador da cuenta de ello (Quintiliano 95 EC: 1, 8-9). En una primera fase, la formación del orador debe iniciarse a una edad temprana en la escuela del grammaticus, practicando una traducción “gramatical” basada en la interpretación pasiva o reproductiva de textos griegos o latinos sencillos y adecuados a las capacidades de los niños y orientada al comentario de textos o crítica textual propios de la enarratio; en una segunda fase, la formación del orador debe seguir desarrollándose ya en la escuela del rhetor, practicando una traducción “retórica” —de ahí la alusión de Cicerón al modo de traducir como “orador”— fundamentada en la interpretación activa o productiva de textos griegos más complejos y enriquecedores para los futuros oradores. Frente a la traducción gramatical, la traducción retórica tiene como finalidad, a partir de esa interpretación activa o productiva, aprender a operar heurística o inventivamente sobre el texto origen para dar lugar a un texto traducción marcado por la “diferencia” respecto del primero, que resultaría, por un lado, de dicho tipo de interpretación y, por otro, de una actividad poiética o creativa que es la que permitiría y explicaría el desplazamiento y la sustitución del texto origen por el texto traducción (Chico 2002: 31-37; 2009: 60-72). La primera fase educativa de la formación del orador incide principalmente en la importancia del proceso hermenéutico de interpretación del texto origen para su conversión en un texto traducción atento reproductiva y reconstructivamente a lo que quiso decir su autor; la segunda atiende sobre todo a la relevancia del proceso poiético de creación del texto traducción en el contexto comunicativo del que forma parte el traductor para dar lugar no tanto a un resultado acorde reconstructivamente con la voluntad del autor cuanto a un resultado acorde integradoramente con las voluntades comunicativas del traductor —como autor del texto traducción— y de sus receptores. De este modo se alcanza la equivalencia dinámica de Nida (Nida & Taber 1969: 22-28). La traducción contribuye a enriquecer y a reforzar la cultura que recibe los textos traducción (Arduini & Stecconi 2007: 89 y ss.). Es importante que la actividad de traducción se haga intentando superar la desigualdad existente entre lenguas y culturas, que puede generar asimetría en un mundo globalizado (Vidal 2010; 2018).

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[título del epígrafe] La hermenéutica y su conexión con la traducción

La diferencia que se ha establecido entre una interpretación pasiva o reproductiva y una interpretación activa o productiva en relación con los tipos de traducción que en el marco de la enseñanza retórica se practicaban para la exercitatio del futuro orador nos lleva directamente a la teoría hermenéutica y a su relación con la traducción, pues toda actividad de traducción implica la realización de un proceso hermenéutico: el exigido por la fase de interpretación del texto origen y de resolución de sus problemas.

La hermenéutica es la disciplina encargada de dar respuesta a los problemas que plantea cualquier objeto comunicativo desde el punto de vista de su interpretación. Su origen se encuentra en la Antigüedad clásica, pues es una disciplina que se gesta en el seno de la reflexión filosófica sobre la palabra y su comunicación, constituyendo la obra de Platón uno de sus principales pilares. No obstante, el primer gran cuerpo doctrinal de la hermenéutica lo constituye la hermenéutica bíblica, que comienza a desarrollarse en el contexto de las primeras comunidades cristianas con el objeto de preservar los textos sagrados de falsas interpretaciones. La hermenéutica moderna, que tiene como antecedente ineludible la hermenéutica bíblica, amplía su dominio exegético a cualquier tipo de discurso que presente problemas de comprensión y encuentra su más nítida expresión en la hermenéutica general concebida por Schleiermacher (1805-1819) y desarrollada, entre otros muchos pensadores, por Dilthey, Heidegger o Gadamer.

Schleiermacher (1768-1834), padre de la hermenéutica moderna
Schleiermacher (1768-1834), padre de la hermenéutica moderna.

Un mismo texto es susceptible de ser sometido a diferentes tipos de interpretación, que, aunque complementarios entre sí, podrían llegar a ser incluso contrapuestos. Se podrían sumarizar los diferentes tipos de interpretación en dos clases fundamentales: la interpretación literal y la alegórica. La primera es la que atiende al sentido recto y lógico-racional, por decirlo así, de las estructuras lingüísticas que lo constituyen. La segunda es la que, a partir de dicho sentido, orienta su atención a los posibles significados trasladados por analogía o contigüidad, esto es, metafórica o metonímicamente.

La hermenéutica interviene allí donde existen problemas de interpretación, con la finalidad de llevar a la comprensión lo que puede ser incomprensible, razón por la cual resulta obvia su necesidad para el traductor, que inevitablemente ha de enfrentarse a dichos problemas y darles solución. El recurso a la hermenéutica, sin embargo, no garantiza una única interpretación posible de un texto —la que podría considerarse como correcta y verdadera—, puesto que los criterios con los que opera esta disciplina dependen de planteamientos y postulados ideológicos y teórico-metodológicos en relación con el signo y su significado que pueden diferir de un contexto de interpretación a otro, dando lugar a soluciones interpretativas diferentes. Con un propósito fundamentalmente didáctico es posible clasificar los diferentes tipos de teorías hermenéuticas en dos grandes clases: la hermenéutica de reconstrucción y la hermenéutica de integración (Hermosilla 1996: 162-167).

Como su denominación indica, la hermenéutica de reconstrucción es aquella que intenta reconstruir el significado original —o autorial— del texto; para ello hace uso de procedimientos metodológicos orientados a garantizar la objetividad necesaria y, desde aquí, la validez universal de la interpretación. Un procedimiento metodológico de este tipo es el conocido como “círculo hermenéutico”, establecido por Schleiermacher en el marco de su teoría hermenéutica y reformulado con posterioridad tanto en el ámbito de la filosofía —con Dilthey, Heidegger o Gadamer— como en el de la teoría y la crítica literarias —con Spitzer.

Representación del círculo hermenéutico según Gadamer (1960: 331 ss.)
Representación del círculo hermenéutico según Gadamer (1960: 331 y ss.).

 La hermenéutica de integración, por su parte, es aquella que concibe la interpretación del texto como el resultado del acto de comprensión que, en un momento y en un lugar determinados, lleva a cabo cada uno de sus posibles receptores. La perspectiva desde la que opera esta teoría hermenéutica es claramente fenomenológica, pues construye el significado del texto desde la integración —de ahí su denominación— del sujeto receptor y del objeto textual. La línea de pensamiento que conduce en el ámbito de la modernidad desde Hegel hasta Gadamer pasando por Husserl y Heidegger en el ámbito de la filosofía y hasta Ingarden, Jauss y Iser o Barthes y Eco en el de la teoría y la crítica literarias justifica su relevancia en el marco de las teorías de la interpretación.

La conexión de la hermenéutica, pues, con la traducción es directa e inevitable en lo que afecta al proceso de recepción o interpretación del texto origen, y en la base de las diferentes concepciones teórico-metodológicas de aquella disciplina pueden encontrarse las razones últimas de los distintos textos traducción a los que puede dar lugar un mismo texto origen.

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[título del epígrafe] La interpretación transitiva del texto de la lengua de partida

La traducción es una forma de transducción, concepto planteado por Doležel (1986: 28 y ss.; 1990: 167-175) para explicar la transformación de un texto en un texto distinto y su transferencia en la comunicación a nuevos receptores. En efecto, la traducción es una transformación que da como resultado un nuevo texto que es transferido comunicativamente. Por ello, la interpretación que tiene lugar en el proceso traductivo es una interpretación transitiva, una interpretación que el intérprete no mantiene para sí mismo, sino que la proyecta comunicativamente, transfiriéndola a otros receptores, que ya son intérpretes del texto traducción (Albaladejo 1998a). La traducción, como se ha expuesto, tiene relación con la crítica literaria. Como ha explicado Guillén (1985: 353), el traductor es, “en ciertos casos, un crítico minucioso, que aclara y nos ayuda a entender mejor las palabras distantes”. Como el crítico literario, el traductor interpreta y contribuye a la interpretación de los receptores de su traducción, es decir, del texto traducción. La función del traductor es similar a la del crítico literario, que lleva a cabo el segundo conocimiento de la obra literaria, según los tres conocimientos de esta planteados por Dámaso Alonso (1951: 203). También es similar a la del crítico literario basado en la estilística, en el conocimiento científico del texto literario, que lleva a cabo el tercer conocimiento de la obra literaria (Alonso 1951: 397). La traducción, como interpretación transitiva, está igualmente relacionada con la ecdótica —o crítica textual—, cuya función es ofrecer a los lectores una edición textual óptima, lo más próxima posible al texto original, a partir de diferentes versiones en manuscritos e incluso en correcciones de pruebas de imprenta de las obras literarias. Interpretar el texto de la lengua de partida y transferir la interpretación plasmada en un texto nuevamente creado en otra lengua que represente al texto original, es decir, transformar y transferir, son el fundamento aisthético-poiético de la traducción (Albaladejo 1998a). La traducción, por estas razones —como también la crítica literaria y la ecdótica—, constituye una acción de transformación en el marco teórico-metodológico de la ciencia empírica de la literatura, al implicar la existencia de un primer texto que funciona como input y de un segundo texto que funciona como output de dicha acción, textos entre los cuales existe una relación específica (Schmidt 1980: 371 y ss.). 

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[título del epígrafe] Actualización de la tríada de Jakobson

Las tres clases de traducción expuestas por Jakobson (1959) permiten que esta actividad comunicativa, aisthético-poiética, interpretativa-productiva, no solo traspase los límites del lenguaje verbal, sino que también pueda hacerse dentro de una misma lengua. Aunque se suele identificar la traducción en general con la que Jakobson denomina traducción interlingüística, que es la que se hace entre dos lenguas distintas, la potencialidad de la traducción se manifiesta también en la llamada por este lingüista traducción intralingüística, es decir, la que se lleva a cabo dentro de una misma lengua entre algunas de sus distintas variedades diacrónicas, diatópicas o diastráticas (Jakobson 1959: 69). Así, por ejemplo, hay traducción intralingüística en “El brujo postergado”, una versión en español del siglo XX que hizo Borges de un ensiemplo o cuento de El Conde Lucanor o Libro de Patronio de Don Juan Manuel. Esta misma concepción de la traducción intralingüística existía ya en el contexto de la teoría retórica latina a la que nos hemos referido con anterioridad, pues Quintiliano, en su tratamiento de la traducción como ejercicio de escritura a partir de la imitación de modelos literarios, defendió incluso el ejercicio de dar nuevas versiones literarias a textos latinos ya escritos (Quintiliano 95 EC: 10, 5, 4-5) para la transformación de sus posibilidades expresivas (Chico 2002: 28-29).

Imagen (Cristo crucificado, de Velázquez) y poema (El Cristo de Velázquez, de Unamuno), ejemplo de traducción intersemiótica
Imagen (Cristo crucificado, de Velázquez) y poema (El Cristo de Velázquez, de Unamuno), ejemplo de traducción intersemiótica.

La traducción también permite ir más allá del lenguaje verbal, razón por la cual Jakobson planteó la traducción intersemiótica, aquella que se hace entre un discurso de un sistema de signos a un discurso de otro sistema de signos (Jakobson 1959: 69). Es traducción intersemiótica, por ejemplo, la que del conocido cuadro de Cristo crucificado, o Cristo de San Plácido, de Velázquez (ca. 1632) hace Unamuno (1920) con su poema El Cristo de Velázquez, o la que del canto IV de Childe Harold’s Pilgrimage de Lord Byron (1812-1818) hace Berlioz (1834) con su sinfonía Harold en Italie.

Tanto en la traducción interlingüística como en la intralingüística y en la intersemiótica se produce una interpretación del texto origen y la creación de un nuevo texto en la misma lengua o en una lengua diferente o de un nuevo discurso en un sistema de signos distinto, con los consiguientes procesos de transformación y transferencia, dado el carácter transitivo de la interpretación que se da en todo tipo de traducción, tanto en las que se hacen en el ámbito del lenguaje verbal como en las que se sitúan más allá de dicho lenguaje y afectan a otros sistemas de signos (Albaladejo 1998a). Vidal ha destacado la función y el valor intersemióticos de la traducción y ha planteado una innovadora interpretación intersemiótica que incluye la música y la traducción (Vidal 2017).

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[título del epígrafe] Un modelo hermenéutico-poiético para la traducción

El proceso de recepción o interpretación y el proceso de producción o creación han de cumplir en la traducción las condiciones de correspondencia y coherencia entre el texto origen y el texto traducción: este tiene que corresponder al texto origen, como resultado de una interpretación en función reproductiva y representativa. Además de la correspondencia, debe haber coherencia entre el acto de interpretación por el que es impulsada la traducción, la transformación de esta interpretación que supone el acto de creación del texto traducción y el acto de interpretación que es generado por la transferencia a los receptores de la traducción. De hacerse así, la traducción no resultará fallida y producirá efectos perlocucionarios equivalentes a los del texto origen.

Sobre la base de las mencionadas condiciones de correspondencia y coherencia entre el texto origen y el texto traducción se establece la necesidad de construir un modelo teórico de naturaleza hermenéutica y poiética para el estudio de la traducción, puesto que las actividades receptiva o interpretativa y productiva o creativa del traductor como receptor-intérprete y como productor-creador es el eje en torno al que giran los diferentes elementos y procesos que intervienen en el fenómeno general de la traducción. Efectivamente, la interpretación que el traductor hace del texto origen es término del proceso comunicativo iniciado por su autor y, al mismo tiempo, inicio del proceso comunicativo que el traductor lleva a cabo para producir y comunicar el texto traducción, cuya interpretación por parte de sus receptores finales ha de mantener relaciones de equivalencia funcional con la interpretación del texto origen por parte de sus receptores, si bien el traductor puede, a partir de su interpretación del texto origen, producir y comunicar el texto traducción mediante una actividad poiética o creativa que conduzca intencionadamente a desempeñar en sus receptores una función distinta de la del texto origen (Vargas-Gómez 2009).

Un modelo de la traducción ha de ser necesariamente receptivo o interpretativo en cuanto al texto origen (TO) y productivo o creativo en cuanto al texto traducción (TT), con dos conexiones clave: la dimensión receptiva o interpretativa en relación con el texto origen se vincula dinámicamente con la producción de dicho texto origen, mientras que la dimensión productiva o creativa del texto traducción está necesariamente conectada con la interpretación de dicho texto traducción en virtud de la transformación y la transferencia comunicativas en las que se concreta la transitividad de la traducción. Se trata, por consiguiente, de un modelo hermenéutico-poiético, con un eje definido por la interpretación del texto origen y por la creación del texto traducción, pero que se proyecta tanto a la creación del texto origen, clave para su interpretación por el traductor, como a la interpretación del texto traducción, igualmente clave en la medida que completa la creación de dicho texto con su interpretación.

El núcleo del modelo de la traducción está formado por el eje interpretación-producción, pero este eje se inserta en un eje más amplio, por delante y por detrás, que es el eje producción-interpretación-producción-interpretación, en el que está indicada en cursiva la parte central, el núcleo, de dicho eje. Esta configuración del modelo es necesaria para distinguir las funciones del Productor1 —el autor o productor del texto origen—, del Receptor1 —el traductor—, del Productor2 —el traductor— y del Receptor2 —el receptor o intérprete del texto traducción—, como agentes comunicativos en la traducción. La combinación de las funciones de receptor —de intérprete— y de productor —de creador— en el traductor fundamenta el carácter hermenéutico-poiético del modelo, en tanto en cuanto la realidad objeto de estudio y de modelización teórica contiene las dos funciones en la instancia traductora, en el doble papel del traductor. La construcción de este modelo, pues, debe comenzar con la construcción de un modelo hermenéutico de la traducción, que, contrastado con la realidad comunicativa propia de la traducción, pueda ser ampliado poiéticamente. Ciertamente, el modelo final no puede dejar fuera ni la producción del Productor1 ni la interpretación del Receptor2, aunque se centre en la interpretación y en la producción del traductor, es decir, del Receptor1-Productor2 (Albaladejo 1992). Este modelo está basado en la idea de una interpretación creativa y una creación que surgen de la combinación de la actividad hermenéutica y de la actividad poiética. El traductor realiza una interpretación activa orientada a la creación, así como la creación de un nuevo texto. Venuti (1986) ha estudiado la invisibilidad del traductor como una falta de reconocimiento de la traducción como una práctica comunicativa necesaria y ha defendido su visibilidad. La consideración de la traducción como la interpretación creativa del texto origen y la creación del texto traducción apoya la visibilidad social y cultural de los traductores.

Un modelo hermenéutico-poiético para la traducción
Un modelo hermenéutico-poiético para la traducción.

El modelo hermenéutico-poiético de la traducción consta de componentes y de constructos teóricos, con el fin de dar cuenta descriptiva, analítica y explicativamente de los procesos de traducción —representados por los componentes—, de sus agentes comunicativos y de las categorías operativas o mecanismos implicados en dichos procesos —representados por los constructos teóricos—.

Sintéticamente descrito el modelo hermenéutico-poiético de la traducción, su primer componente es el pragmático, del que forman parte, como categorías: a) el traductor como Receptor1-Productor2, esto es, como intérprete del texto origen y como creador del texto traducción; b) el acto de traducción, compuesto por el acto de recepción o interpretación del texto origen y por el acto de producción o creación del texto traducción; c) el contexto de recepción del texto origen; d) el contexto de producción del texto traducción; e) el canal de comunicación que conecta al Productor1 con el Receptor1-Productor2 y a este con el Receptor2; y f) el complejo código lingüístico y comunicativo necesario para el proceso de traducción. Este código no solo consta de la lengua del texto origen, es decir, la lengua origen, y de la lengua del texto traducción, esto es, la lengua meta, sino también de conocimiento cultural con función retórica. El traductor debe tener la competencia en ambas lenguas, así como el conocimiento de los sistemas culturales relacionados con las lenguas implicadas en la traducción. Por tanto, este código es también un código retórico-cultural comunicativo (Albaladejo 1992: 180 y ss.; 2019).

Del componente pragmático forman parte: a) el componente de recepción o interpretación del texto origen; y b) el componente de producción o creación del texto traducción para dar cuenta del doble proceso hermenéutico-poiético que realiza el traductor como Receptor1-Productor2.

El componente de recepción o interpretación del texto origen rige el proceso hermenéutico que el traductor lleva a cabo y consta de: a) un componente sintáctico —microestructural, macroestructural y semántico-intensional—; y b) un componente semántico —semántico-extensional—. El componente sintáctico permite al traductor como Receptor1 la adscripción de una macroestructura con significado a la microestructura formal del texto origen, asignando un complejo de significados léxicos, frásticos y textuales a los significantes del texto origen. El componente semántico permite al traductor como Receptor1 obtener la extensionalización de la macroestructura con significado del texto origen, estableciendo la correspondencia entre su significado y su referente, así como la determinación de los modelos de mundo con los que el referente está conectado.

El componente de producción o creación del texto traducción da cuenta del proceso poiético que el traductor realiza. Este componente consta de los mismos componentes que el componente de recepción o interpretación, pero organizados en orden inverso. Así, el componente semántico permite al traductor como Productor2 obtener el referente del texto traducción y determinar el modelo o modelos de mundo que rigen ese referente. El componente sintáctico permite al traductor llevar a cabo la intensionalización del referente previamente hallado por medio del texto origen y regido por un modelo de mundo. De este modo el traductor como Productor2 obtiene la macroestructura con significado del texto traducción y, finalmente, la microestructura a partir de la macroestructura previamente elaborada.

La activación de los componentes sintáctico y semántico en el acto de recepción o interpretación del texto origen y de los componentes semántico y sintáctico en el acto de producción o creación del texto traducción garantiza el cumplimiento de las condiciones de correspondencia y coherencia entre el texto origen y el texto traducción.

En este modelo desempeñan un papel importante, en tanto en cuanto intervienen en la traducción categorías operativas como la intellectio o ‘nóesis’, el código retórico-cultural comunicativo y la poliacroasis. La intellectio es la operación que, de acuerdo con la teoría retórica, consiste en analizar todos los elementos que intervienen en el proceso de la comunicación antes de iniciarlo para, en función de sus características concretas, establecer la estrategia constructiva global que garantice el éxito del acto de comunicación (Chico 1987: 93 y ss.; 1989; 1998; Albaladejo 1989: 65-71; Albaladejo & Chico 1998).

Los elementos que el productor analiza intelectivamente forman parte del hecho comunicativo en el que se encuentra, siendo de fundamental importancia el conocimiento que tiene del objeto —causa o tema— que se propone abordar discursivamente, su capacidad para hacerlo y su posición personal y social en el marco del hecho comunicativo, las características personales y sociales del receptor al que se dirige, el referente del discurso y las exigencias generales del tipo de texto que se propone utilizar. Todo ello hace de la intellectio un proceso indesligable de cualquier acto de producción y del que resulta el establecimiento de la estrategia constructiva global a la que se ha aludido, que determinará la configuración inventiva, dispositiva y elocutiva del texto (proporcionada por las operaciones retóricas de inventio, dispositio y elocutio). En el marco del modelo hermenéutico-poiético de la traducción que se ha diseñado, el traductor, como Productor2 del texto traducción, debe llevar a cabo su propio proceso de intelección. A lo largo de este, además de realizar el análisis intelectivo de los elementos que forman parte del hecho comunicativo en el que se encuentra, debe identificar, sobre la base de su actividad hermenéutica como Receptor1 del texto origen, la estrategia poiética establecida por su autor, con el fin de reproducirla en su proceso de producción o creación del texto traducción, convirtiéndola en estrategia poiética de traducción, y guiar desde ella las operaciones de inventio, dispositio y elocutio que como traductor ha de realizar (Albaladejo & Chico 2018: 118-119). La intellectio del traductor, pues, permite a este identificar la estrategia constructiva global del texto origen y los mecanismos poiéticos utilizados por su autor y establecer una estrategia poiética de traducción que tendrá presente el contexto comunicativo general en el que como Productor2 se encuentra. Es así como el traductor estará en condiciones de producir o crear un texto traducción que posibilite la reproducción en sus receptores de los mismos efectos aisthéticos del texto origen. La actividad comunicativa en el ámbito de la intellectio está conectada con el campo retórico propuesto por Stefano Arduini (1991) como el conjunto de conocimiento y experiencia que constituye el patrimonio comunicativo-cultural de los individuos, las sociedades y las culturas. El campo retórico está presente en toda interpretación y, por supuesto, en la interpretación creativa de la traducción. El traductor vuelve a crear el campo retórico del texto origen en un nuevo campo retórico que permite no solo su interpretación de dicho texto, sino también su creación del texto traducción.

Como ya hemos adelantado, el traductor tiene que estar en posesión de dos códigos lingüísticos, la lengua del texto origen y la lengua del texto traducción, pero este complejo código no es suficiente para la traducción y ha de acompañarse del código retórico-cultural comunicativo (Albaladejo 1992: 180 y ss.; 2019). Este código conecta de modo semántico-extensional y textualmente al Receptor1 con el Productor1 y, una vez realizada la traducción del texto origen, al Receptor2 con el Productor2. Es un código de una fundamentación semántico-extensional, referencial, y es plasmado en el texto, siendo a través de este compartido por el Receptor1 y el Productor1, de tal modo que el traductor lo aprehende y lo proyecta en el texto traducción, por medio del cual será compartido por el Receptor2.

El código retórico-cultural comunicativo está formado por elementos referenciales de carácter cultural, literario, artístico, ideológico, religioso, etc. que, en caso de no ser asumido en los procesos de producción y de interpretación de que consta la traducción, especialmente en la interpretación del texto origen y en la producción del texto traducción, haría inviable una adecuada interpretación del texto traducción. El traductor ha de encontrar equivalencias en la lengua de llegada a los elementos de este código, de tal modo que se llegue a producir una sólida conexión hermenéutica y poiética que, a lo largo del eje sobre el que se asienta dinámicamente la traducción, haga posible la conexión entre el texto origen y el receptor del texto traducción gracias a la acción mediadora del traductor. Por ejemplo, una referencia al dilema de Antígona en la conocida tragedia de Sófocles al tener que elegir entre decisiones irreconciliables —por un lado, el respeto a la ley decretada por Creonte tal y como la impone el orden social/humano y, por otro, la propia conciencia y la ley natural tal y como la dispone el orden individual/divino— se convierte en parte del código retórico-cultural comunicativo del texto origen y debe ser transferida al texto traducción. En este caso, el traductor se compromete con el autor del texto origen y con el receptor del texto traducción y actúa como Receptor1 y como Productor2 actualizando una conexión comunicativa guiada por dicho código.

Una de las dificultades más frecuentes en la traducción es la de reproducir en el texto traducción la ambigüedad presente en el texto origen. Para ello, el traductor, como Receptor1, ha de llevar a cabo una poliacroasis (Albaladejo 1998b) imaginaria que le permita desdoblarse o multiplicarse en diversos hipotéticos receptores, de acuerdo con la pluralidad de interpretaciones que la poliacroasis constituye. De este modo podrá estar en disposición de construir una ambigüedad equivalente en el texto traducción, proyectándola a los receptores de dicho texto, en los cuales también se da la poliacroasis. 

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 potencial para la investigación Potencial para la investigación

Las cuestiones teóricas y prácticas tratadas a lo largo de esta entrada a propósito de las relaciones que la traducción mantiene con los procesos de la recepción o interpretación del texto de la lengua de partida y de la producción o creación del texto traducción obligan a situar el problema de la traducción en un ámbito ampliamente interdisciplinar.

Nuestra consideración de la traducción como un proceso complejo de comunicación que implica tanto una actividad hermenéutica —de recepción o interpretación— como una actividad poiética —de producción o creación— justifica la necesidad de estudiar la traducción, en primer lugar, en los marcos teórico-metodológicos de la hermenéutica general y de la hermenéutica literaria, teniendo en cuenta las características sintácticas, semánticas y pragmáticas que desde un punto de vista semiótico diferencian los textos no literarios de los textos artísticos. En segundo lugar, justifica la necesidad de estudiar la traducción en los espacios teórico-metodológicos de la poética y de la retórica, entendidas como ciencias tradicionales del discurso literario y del discurso persuasivo, respectivamente, habida cuenta de la dimensión textual de la traducción, sea general o literaria. Los ricos arsenales de conceptos, términos y estrategias comunicativas proporcionadas a lo largo de la historia por estas dos seculares ciencias del discurso ya están permitiendo no solo el enriquecimiento de la comprensión del fenómeno general de la comunicación en sus dimensiones de producción y de recepción, sino también la descripción y explicación de los procesos particulares que conducen desde la aprehensión del referente del texto por parte del productor a su intensionalización en forma de estructuras lingüístico-materiales —macroestructurales y microestructurales— y desde estas a la (re-)construcción del referente del texto por parte del receptor a través de sus particulares procesos de interpretación. Desde este punto de vista, la retórica general, la retórica cultural y la retórica constructivista, propuestas, respectivamente, por García Berrio (1984), Albaladejo y Chico (Albaladejo 2013; Chico 2015) y Pujante (2018), definen espacios teórico-metodológicos de especial interés para el tratamiento del problema de la traducción desde perspectivas lingüístico-textuales y pragmáticas, socio-culturales y constructivistas.

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