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contenido
Introducción | Lenguas y combinaciones lingüísticas en las organizaciones internacionales | Nuevas realidades, nuevos desafíos | Potencial para la investigación

 

Introduction  Introducción 

El término institución internacional se emplea a menudo para referirse a las organizaciones internacionales (Haas, Keohane & Levy 1993). No obstante, hay otros estudios que conceptualizan este término como un conjunto de reglas más o menos formales (Simmons & Martin 2012) o que incluso lo equiparan con las normas, entendidas como “expectativas y conocimientos compartidos, o normas de conducta adecuadas para aquellos actores que poseen una cierta identidad” (Duffield 2007: 6).

Esta entrada se centra en las organizaciones intergubernamentales internacionales, a saber, instituciones creadas para trabajar de buena fe sobre asuntos de interés común y cuyos miembros han firmado un acuerdo formal (ya sea un tratado o cualquier otro instrumento). Algunos ejemplos son las Naciones Unidas (ONU) y la Unión Europea (UE). La descripción del contexto es importante porque la interpretación es una práctica socialmente situada: se trata de una actividad que se desempeña en una comunidad de práctica específica—la institución—caracterizada por los discursos que se interpretan, el papel del intérprete en la institución y las normas que la rigen, en general, así como el trabajo del intérprete, en particular, al igual que la cultura y la ideología inherentes a la organización (Moore 2018). Por lo tanto, no solo cabe esperar de los intérpretes un dominio eminente de las destrezas interpretativas, sino también un alto grado de integridad profesional y un conocimiento profundo de la organización para la que trabajan.

La mayoría de los estudios realizados en el ámbito de los Estudios de Traducción y de las organizaciones internacionales (OOII) se centran en la labor de los traductores (véase Kang 2014; Koskinen 2000; Pym 2000; Wagner, Bech & Martínez 2002). Son menos los estudios que abordan el trabajo de los intérpretes en este contexto. Cabe destacar los dos volúmenes titulados Interpreting in International Organizations. Research, Training and Practice (vol. I, vol. II) editados por Russo y Alonso (2017, 2018), así como los trabajos de Baigorri (2004), quien ofrece una perspectiva histórica de la interpretación en la ONU, y de Duflou (2016), que examina a los intérpretes de la UE como miembros de una comunidad de práctica. Otros estudios importantes son los realizados por Bissière-Whiting (2010) y Jacobs (2017), Ruiz y Diur (2017a, 2017b), y Okoniewska (2016), quienes se centran en la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la ONU y el Parlamento Europeo, respectivamente. Bissière-Whiting (2010), en su trabajo sobre la interpretación en el marco de la Conferencia Internacional del Trabajo, analiza el aislamiento de los intérpretes de otros trabajadores de la Secretaría, incluyendo otros lingüistas. La autora argumenta que los intérpretes se beneficiarían si contaran con un canal de comunicación más abierto y directo con la Secretaría, dada su necesidad de obtener información sobre las reuniones en las que trabajan y de tener acceso a los discursos. Jacobs (2017) examina la percepción de los intérpretes en cuanto al sistema de transmisión electrónica de discursos que se estableció en 2012 en la OIT. Por su parte, Ruiz y Diur (2017a, 2017b) ofrecen una descripción detallada de la oposición para intérpretes en plantilla de la ONU (LCE), cuyo objetivo es elaborar un listado de candidatos que hayan aprobado el examen al objeto de cubrir vacantes presentes y futuras. También analizan los motivos de que el porcentaje de aprobados sea tan bajo a través de una encuesta con intérpretes permanentes. Concluyen diciendo que la razón principal de este porcentaje es que los retos y el tipo de trabajo que se realiza en la ONU no se reflejan lo suficiente en la formación previa de los candidatos. Por ultimo, Okoniewska (2016) se centra en la pertinencia de la concienciación contextual cognitiva y en la identificación de modelos contextuales en la transmisión del mensaje en el marco del Parlamento Europeo.

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[heading title] Lenguas y combinaciones lingüísticas en las organizaciones internacionales

En la segunda mitad del siglo XX, el número de OOII aumentó considerablemente. La mayoría de ellas optaron por lo que Joscelyne (2000:82) denomina un “multilingüismo fundacional” que dejara patente la configuración de las potencias tras la Segunda Guerra Mundial. Este multilingüismo se refleja, en mayor o menor medida, en las distintas organizaciones. Algunas decidieron instituir un sistema de dos lenguas oficiales. Por ejemplo, el Consejo de Europa, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) solo tienen el inglés y el francés como lenguas oficiales. Son pocas las organizaciones que tan solo cuentan con una lengua oficial, como ocurre en la Unión Postal Universal (UPU), cuya lengua oficial es el francés. Otras organizaciones han puesto en marcha un sistema lingüístico complejo, entre las que se destaca la UE con 24 lenguas oficiales. Una postura intermedia es la de la ONU o la de algunas de sus agencias especializadas, como la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la UNESCO o la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), que cuentan con seis lenguas oficiales—árabe, chino, español, francés, inglés y ruso. Muchas organizaciones tienen tres lenguas oficiales (español, francés e inglés), como la Organización Mundial del Trabajo (OIT) y la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Además de las lenguas oficiales, hay otras lenguas que se pueden solicitar, las llamadas lenguas de trabajo. Por ejemplo, en la OIT las lenguas de trabajo son el alemán, el árabe, el chino y el ruso, junto con el japonés activo y el portugués pasivo en las sesiones de la Conferencia Internacional del Trabajo. En la OCDE las lenguas de trabajo son el alemán, el ruso y el español. 

Interpreting at the European Union
La interpretación en la Unión Europea

La UE constituye un caso particular de multilingüismo ya que celebra sus reuniones en 24 lenguas (con 552 combinaciones lingüísticas posibles). A estas se añaden otras lenguas regionales externas, como el árabe, el chino, el japonés y el ruso. Para ilustrar la envergadura de los servicios de interpretación en esta organización, Seeber (2017) afirma que la interpretación en la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Tribunal de Justicia Europeo representa 325000 días de trabajo al año, la mitad de los cuales corren a cargo de un total de 1000 intérpretes permanentes y la otra mitad de intérpretes freelance. No resulta, por lo tanto, sorprendente que esta organización sea el mayor empleador de intérpretes de conferencias del mundo, ya que cuenta con el mayor número de lenguas y de cabinas. Habida cuenta de la complejidad que ello entraña, no siempre se recurre al “régimen completo” (es decir, desde y hacia las 24 lenguas). En vez de ello, el “régimen reducido” permite a los delegados hacer uso de la palabra en sus respectivas lenguas, pero la interpretación solo se ofrece hacia un conjunto reducido de lenguas, normalmente las de mayor difusión.

Lo habitual en la mayoría de las OOII es interpretar hacia la lengua A, con algunas excepciones. En la ONU y sus agencias especializadas, los intérpretes de las cabinas árabe y china interpretan hacia su lengua B, normalmente el francés o el inglés en la cabina árabe o el inglés en la cabina china. Las demás cabinas recurren al relay (relé o interpretación indirecta). En las instituciones europeas, los intérpretes que trabajan en las cabinas de las lenguas de mayor difusión interpretan hacia su lengua A y cuentan con un amplio abanico de lenguas pasivas, contrariamente a lo que se espera de los intérpretes que trabajan en otras OOII, quienes suelen tener menos lenguas de trabajo. De hecho, en la UE se considera más importante tener muchas lenguas pasivas que tener dos lenguas activas porque ello reduce la necesidad de recurrir al relay. Sin embargo, tras las oleadas de expansión de la UE, que comenzaron con la adhesión de Finlandia, las instituciones europeas comenzaron a examinar y a contratar a intérpretes que trabajaban hacia su lengua B, normalmente el inglés, el francés o el alemán, para lenguas A como el maltés, el estonio, el croata, el eslovaco o el checo (Diriker 2015). 

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[heading title] Nuevas realidades, nuevos desafíos

A primera vista, pareciera que la interpretación de conferencias en estos entornos no ha cambiado mucho. Baigorri y Travieso (2017) consideran que el ejercicio de escuchar en una lengua y hablar en otra no ha cambiado, ni tampoco el número de lenguas oficiales ni los organismos principales en los que se interpreta. Por su parte, Donovan (2017) afirma que en la OCDE muchas características siguen siendo las mismas, como el número de intérpretes permanentes, las lenguas oficiales, las salas de conferencias y la definición del papel del intérprete. Esto podría extrapolarse a otras organizaciones.

Sin embargo, al mirar más de cerca, vemos que sí se han producido algunos cambios. Donovan subraya algunos de estos cambios, como la presencia de pantallas que exponen las presentaciones, el orden del día de las reuniones o la participación de los ponentes de forma remota, el uso de dispositivos electrónicos por parte de los delegados, la velocidad de elocución de los oradores, que lleva a una mayor densidad de contenido, y el aumento del número de países representados, lo cual favorece una mayor demanda de intérpretes que hablan otras lenguas. Baigorri y Travieso (2017) concuerdan con Donovan y afirman que el entorno de trabajo en la ONU ha experimentado alteraciones importantes en cuanto al formato y contenido de las reuniones, su importancia política, el aumento de los participantes y el recurso a las tecnologías de la información y de la comunicación. Estos cambios han tenido un impacto en la calidad de la interpretación. Baigorri y Travieso (2017) consideran que, en lo que se refiere a la calidad, se evalúa a los intérpretes en virtud de una serie de criterios tales como la fidelidad, la coherencia y la cohesión, la fluidez y la corrección gramatical. Sin embargo, esta evaluación se realiza independientemente de que estos elementos estén presentes o no en el discurso original. Por otra parte, hay algunos factores que escapan del control del intérprete y que acarrean posibles errores de interpretación. En los siguientes apartados, nos centraremos en cuatro áreas que han experimentado cambios a lo largo de la última década y que han sobrecargado la capacidad del intérprete: el uso más extendido de nuevas modalidades de interpretación, el aumento de la velocidad de elocución, el uso generalizado del inglés y la profusión de acentos, y el recurso a las plataformas de videoconferencia y a la interpretación remota o a distancia.

Modalidades de interpretación

La modalidad más utilizada en las organizaciones internacionales es la interpretación de conferencias, definida por Diriker (2015: 78) como “la transmisión en una lengua de discursos pronunciados en otra lengua en conferencias de naturaleza formal e informal y en contextos parecidos a una conferencia” [traducción de la autora]. La interpretación de conferencias comprende la interpretación consecutiva y simultánea y, en menor medida, la interpretación susurrada o chuchotage, que se practica también con el bidule, un dispositivo portátil compuesto de un micrófono inalámbrico y de auriculares para los usuarios, lo que permite que se pueda hacer interpretación simultánea, pero sin cabina.

La introducción de la interpretación simultánea (IS) en la segunda mitad del siglo XX marcó el declive de la interpretación consecutiva (IC), a la que apenas se recurre hoy día en las OOII. Donovan (2017) explica que en la OCDE la IS representa el 90% de la carga de trabajo y que la mayoría de los intérpretes nunca tendrán ocasión de trabajar en consecutiva dado que esta modalidad se solicita muy ocasionalmente, para grupos de trabajo informales y reducidos y como último recurso cuando no hay cabinas disponibles. De hecho, si la Dirección o el usuario quieren que haya consecutiva, tienen que especificarlo porque la modalidad por defecto es la IS. En la ONU, la modalidad más común ha sido la IS desde finales de los años 40. En las instituciones europeas, la IS representa el 90% de los servicios de interpretación (Seeber 2017).

Sin embargo, aunque el predominio de la IS es innegable en las OOII, cada una de ellas adopta un enfoque diferente a la hora de evaluar las competencias de los candidatos. Hay algunas que ni siquiera convocan exámenes de admisión para intérpretes permanentes, ya que directamente no cuentan con permanentes en plantilla. Este es el caso de algunas agencias de la ONU que solo contratan a intérpretes freelance. Dicho esto, estas agencias organizan exámenes para evaluar a los candidatos, aunque algunos de estos exámenes no se anuncian oficialmente y constituyen más bien un procedimiento interno. Del mismo modo, hay algunas OOII en las que se contrata a un intérprete para una jornada y los intérpretes de más experiencia y/o permanentes escuchan su prestación y deciden si su trabajo es aceptable. En otras organizaciones, el sistema consiste en hacer cabina muda durante varios meses para que el candidato se familiarice con el trabajo realizado en la organización, los tipos de reunión y la terminología, entre otros factores. Una vez que el candidato decide que está preparado, los intérpretes permanentes lo escuchan y deliberan sobre si la prestación cumple con los criterios de calidad establecidos. En aquellos casos en los que los exámenes de admisión son de naturaleza más informal, solo se evalúa la IS. De entre las OOII que convocan exámenes oficiales de admisión, para freelance y para permanentes, cabe destacar a las instituciones europeas y a la ONU. En las instituciones europeas, se evalúa tanto la IC como la IS, mientras que en la ONU solo se evalúa la IS, tanto en los exámenes para freelance como en la oposición para intérpretes en plantilla (LCE). Dicho esto, en las instituciones europeas se invita al candidato, que debe haber sido considerado como apto por parte de un comité de selección interinstitucional y que debe cumplir con los requisitos en materia de perfil lingüístico, a que haga un examen de preselección en línea que consiste en la IS de un discurso de 10 a 12 minutos. Esto indica la importancia que las instituciones europeas conceden a la IS.

La evaluación de la IC en la UE se fundamenta probablemente en el supuesto pedagógico de que las competencias se transfieren de la IC a la IS, es decir, de la modalidad menos compleja a la más compleja. Sin embargo, a día de hoy no hay suficientes indicios empíricos que sustancien la pertinencia de enseñar la IC antes que la IS, o que indiquen la transferencia de competencias de una modalidad a la otra. Incluso si la IC ha quedado relegada por la IS en los distintos mercados, las instituciones europeas han adoptado la escuela de pensamiento de Seleskovitch (1968) en sus propios programas de formación (Sawyer 2004) y es el modelo pedagógico que subyace en el plan de estudios del EMCI (European Masters in Conference Interpreting). Se trata de un consorcio de universidades que colaboran con el DG SCIC (Comisión Europea) y el DG LINC (Parlamento Europeo) y que insisten en la necesidad de dominar la IC aunque esta modalidad no se utilice casi nunca.

Una modalidad que se usa con cada vez más frecuencia en las OOII es la IS con texto, y la variante de la IS de textos que se utilizan en la reunión, por ejemplo, cuando en un comité de redacción los delegados leen en voz alta apartados completos de un documento, incluyendo enmiendas que no siempre se reflejan en el documento de trabajo o en la pantalla de la sala. La IS de textos escritos exige de una combinación de competencias en IS y traducción a la vista y se caracteriza por una velocidad de elocución mayor, lo cual constituye un desafío para el intérprete. La literatura da por hecho que un discurso escrito para ser leído hace que el trabajo del intérprete sea incluso más complejo, y ello tiene un impacto en el desempeño del intérprete. Ello se debe a que un texto incluye fragmentos densos y estructuras retóricas y complejas, así como rasgos que caracterizan al texto escrito, tales como la densidad léxica, un vocabulario poco común, estructuras sintácticas complejas y un grado significativo de coherencia y cohesión textuales. Además, los discursos que se leen exigen de una menor reflexión por parte del orador, quien a menudo habla más rápido de forma inconsciente. Es menester destacar que los intérpretes creen que la velocidad de elocución de un discurso leído es mayor de lo que en realidad es, incluso cuando la velocidad de elocución es normal. Comprender un discurso leído a un ritmo elevado puede llegar a ser difícil incluso para los que escuchan el discurso original.

Esto pone de manifiesto que la IS con texto requiere de un enfoque diferente que combine los elementos visuales y los verbales. Sin embargo, tal y como esgrimen Seeber y Delgado (2020), no se suele incluir un enfoque sistemático en la formación de esta modalidad en los planes de estudio en interpretación, hasta el punto de que hay intérpretes profesionales que nunca se enfrentaron a esta modalidad antes de empezar a trabajar.

 

Velocidad

La velocidad es una de las fuentes de estrés principales para los intérpretes de conferencias que trabajan en OOII. Las conferencias son cada vez más densas y el ritmo de elocución es cada vez más rápido. Además, los discursos escritos para ser leídos son cada vez más frecuentes. Diur (2015) y Baigorri y Travieso (2017) consideran que en la ONU cada vez participan más ponentes y que las sesiones cuentan con calendarios más estrictos y una duración más regulada, de manera que el turno de palabra de los delegados se ha ido reduciendo progresivamente. Como quieren decir lo máximo posible, recurren a discursos escritos en vez de improvisados, y no siempre distribuyen los textos a los intérpretes. Ello viene acompañado de un aumento en el ritmo de elocución. En la UE, el tiempo asignado a los debates plenarios del Parlamento Europeo es de tan solo seis minutos y durante las presentaciones cortas el tiempo se ha visto reducido a cuatro minutos (véase Seeber 2017 para más información al respecto).

Barik (1973), Pio (2003), y Ruiz y Galván (2019) han llegado a la conclusión de que, a mayor velocidad, más información se omite. Ruiz y Galván (2019) afirman que los ritmos de elocución elevados tienen un impacto negativo en la precisión del discurso meta en los intérpretes principiantes y profesionales. Por su parte, Ruiz, Varela y Barghout (2020) concluyen que, incluso los intérpretes permanentes de la ONU con más experiencia, acostumbrados a lidiar con discursos rápidos, tienden a omitir información cuando se enfrentan a ritmos de elocución muy elevados. El estudio de Korpal (2016) realizado con estudiantes de interpretación muestra que interpretar un discurso rápido está relacionado con mayores niveles de estrés en comparación con interpretar discursos pronunciados a una velocidad moderada, teniendo en cuenta las mediciones del ritmo cardíaco (aunque no debería sorprendernos que la velocidad afecte al estrés). Por lo tanto, un aumento de la velocidad menoscaba el rendimiento del intérprete.

Barghout, Ruiz y Varela (2015) calcularon el número de palabras por minuto (ppm) de una serie de discursos pronunciados en la 16 Sesión del Consejo de Derechos Humanos. Las autoras analizaron de forma aleatoria dos discursos en inglés al día. Hallaron que la velocidad media es de 149,12 ppm, con una velocidad máxima de 201 ppm y mínima de 122,17 ppm. Ruiz, Varela y Barghout (2016) analizaron y compararon la velocidad en inglés y francés a partir de 42 discursos elegidos aleatoriamente de la 24 Sesión del Grupo de Trabajo del Examen Periódico Universal (EPU), de entre los cuales 21 procedían del examen de Bélgica y los otros 21 del examen de Namibia. En el examen de Bélgica, la velocidad máxima de los discursos en inglés fue de 190 ppm y la mínima de 133 ppm, con una media de 160,7 ppm. La velocidad máxima en los discursos en francés fue de 193 ppm y la mínima de 128 ppm, con una media de 158,9 ppm. La media total para Bélgica fue de 160,71 ppm. En el examen de Namibia, la velocidad máxima de los discursos en inglés fue de 185 ppm y la mínima de 121 ppm, con una media de 163 ppm. La velocidad máxima de los discursos en francés fue de 191 ppm y la mínima de 126 ppm, con una media de 160,4 ppm. La media total para Namibia fue de 161,76 ppm.

La situación es similar en otras organizaciones. Seeber (2017) afirma que la velocidad de los discursos leídos en el Parlamento Europeo es de aproximadamente 160 ppm, un resultado que se asemeja a los de De Manuel (2014). En su estudio sobre el uso de discursos reales en la formación de intérpretes, De Manuel analizó la velocidad real en el Parlamento Europeo y halló que la velocidad media es de 150-151 ppm en los discursos en español y en francés.

Todas estas cifras muestran que la velocidad es uno de los mayores retos a los que se enfrentan los intérpretes en las OOII. Según los valores de referencia de Setton y Dawrant (2016), los valores totales hallados por Barghout et al. (2015) y Ruiz et al. (2020) indican que la velocidad se podría calificar de “exigente” (“challenging”) (>160 ppm) y “difícil” (140-160 ppm) para los discursos pronunciados en el Consejo de Derechos Humanos y en el EPU, respectivamente. Los valores hallados por De Manuel (2014) nos llevan a calificar los discursos pronunciados en el Parlamento Europeo de “exigentes”.

Habida cuenta de que la velocidad se ha convertido en un reto acuciante, los exámenes de admisión organizados por las OOII incluyen discursos pronunciados a gran velocidad. La ONU exige que los candidatos demuestren su capacidad a la hora de seguir el ritmo de discursos muy rápidos. Por ende, la velocidad se ha convertido en el criterio de admisión más pertinente del que muy pocos aspirantes salen airosos. Diur (2015) y Ruiz y Diur (2017a) ponen de manifiesto cuán difíciles son los desafíos a los que deben hacer frente los candidatos al LCE, y ello se refleja en el bajo índice de aprobados en las seis cabinas, que rara vez supera el 20%. Su estudio revela que la velocidad es tanto el factor más arduo como el principal impedimento para superar el examen.

 

El uso generalizado del inglés y la profusión de los acentos

Otro reto importante en las OOII es el uso generalizado del inglés como lingua franca. El número de lenguas que se interpretan es menor del de las lenguas nativas que hablan los delegados (Donovan 2017). Esta nueva realidad la abordan Baigorri y Travieso (2017) en su estudio sobre cómo los intérpretes de la ONU perciben los cambios en las condiciones de trabajo en los últimos 20 años y sobre cómo estos cambios han afectado su rendimiento profesional. En contraste con la UE, donde hay 24 lenguas oficiales y donde cada delegado puede hablar en su lengua A o L1 en su capacidad oficial, en la ONU solo hay seis lenguas oficiales (ingles, francés, ruso, chino, árabe y español). Hay 193 estados miembros, lo que significa que muchos de los delegados no pueden emplear su lengua materna en este contexto institucional y deben recurrir a una lengua extranjera, normalmente el inglés.

La profusión de acentos regionales y no nativos supone otra fuente de estrés para los candidatos que se presentan al LCE de la ONU, en parte porque en las escuelas de interpretación los discursos con los que se practica suelen ser pronunciados por oradores nativos y los estudiantes rara vez se enfrentan a otros acentos. Cabe destacar que en el estudio encomendado por AIIC en 2001 realizado con intérpretes permanentes y freelance, los acentos constituyen una fuente de estrés importante, junto con la velocidad. Aunque los resultados de este estudio datan de hace 20 años, es llamativo que los acentos fueran mencionados como una fuente de estrés y de desgaste. Estos resultados se asemejan a los que encontramos en la literatura, donde se afirma que los acentos extranjeros no nativos tienen un efecto negativo en el rendimiento del intérprete (véase el estudio de Albl-Mikasa de 2010) y en el proceso interpretativo de resultas de las especificidades de estos acentos a nivel prosódico, segmental y suprasegmental (Baese-Berk y Morill 2015).

  

Nuevas tecnologías e interpretación remota

Un cambio radical para los intérpretes ha venido de la mano del acceso a los recursos en línea para preparar las reuniones y para consultar los documentos durante la reunión. Los documentos en papel se siguen distribuyendo durante las sesiones de redacción o cuando el discurso va a ser leído, pero los intérpretes cada vez trabajan más con documentos electrónicos, de manera que han tenido que adaptarse a nuevas formas de trabajo. Sin embargo, los intérpretes siguen prefiriendo trabajar con documentos en papel. Los participantes del estudio de Jacobs (2017), a saber, intérpretes que trabajaron en la Conferencia Internacional del Trabajo en la sesión de octubre-noviembre de 2015, revelaron que preferían el método tradicional de recepción de los documentos en papel ya que facilita la preparación de los discursos. Aunque consideran que el sistema de transmisión de documentos electrónicos que ha puesto en marcha la OIT funciona bien, destacaron las desventajas del sistema y sugirieron que las versiones en formato electrónico deberían ser un complemento a las copias en papel y un último recurso cuando éstas no están disponibles''

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El entorno de las reuniones también ha cambiado notablemente y es probable que siga cambiando ante la flexibilidad espacio-temporal de las reuniones, la configuración del espacio de la reunión gracias a las tecnologías de la información y de la comunicación, los contenidos más reducidos, la existencia de nuevos formatos de reunión y el uso de la interpretación remota y de la participación a distancia. Este último cambio se ha visto motivado por el deseo de reducir gastos de viaje y tener un mayor acceso a una cantera más amplia de intérpretes.

La interpretación remota se ha convertido en un tema recurrente en la literatura. El término se refiere normalmente a la interpretación remota por vídeo, en la que los intérpretes trabajan desde una ubicación remota sin ver la sala pero sí los oradores, que suelen aparecer en pantalla. Esta modalidad se utiliza ampliamente en otros contextos, como en la interpretación ante los tribunales y la interpretación sanitaria. La interpretación remota ha de distinguirse de la participación remota, la cual describe una situación en la que uno o más participantes siguen la reunión a distancia. Este tipo de participación es cada vez más frecuente en las OOII. La participación remota hace que el contenido de la reunión se desconecte de los límites espacio-temporales. Otra modalidad es la interpretación próxima (proximity interpreting), en la que los intérpretes se encuentran en una sala adyacente, pero en el edificio de la sede de la organización.

La interpretación remota no es nueva: en 1976, en la 19 Sesión de la Conferencia General de la UNESCO se evaluaron distintas tecnologías de interpretación a distancia (Mouzourakis 1996). Dos años más tarde, la ONU hizo lo propio y evaluó esta modalidad (Mouzourakis 1996). Los intérpretes hallaron que las condiciones de trabajo eran peores en comparación con la interpretación simultánea en la sala. Consideraron que la videoconferencia es adecuada para aquellas interacciones de naturaleza relativamente “neutral”, incluyendo el intercambio de información y, en menor medida, la resolución de problemas, pero no para las negociaciones, en las que el contacto directo, personal y, a menudo, informal, es fundamental.

La Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) realizó un estudio en 1999 sobre la percepción de los intérpretes y sus actitudes hacia la interpretación remota. El resultado principal fue que los intérpretes recalcaron la pérdida de control de la situación y un aumento del cansancio. Dicho esto, cabe destacar que las medidas relativas al estrés fisiológico no reflejaron los testimonios de los intérpretes.

El estudio más extenso realizado hasta la fecha es el del Parlamento Europeo en 2004 (Roziner & Shlesinger 2010). Por lo general, este estudio estableció que los intérpretes estaban satisfechos con la calidad de la interpretación, y los datos médicos relativos al estrés fueron comparables a los valores obtenidos en condiciones de interpretación no remota. Sin embargo, los participantes afirmaron que se cansaban más y se sentían aislados. Al igual que en el estudio de la UIT, se produjo una disociación entre las medidas fisiológicas objetivas, como los indicadores oculares, hematológicos y endocrinos del cansancio y el estrés, y las opiniones de los intérpretes que apuntaban a un aumento de los dolores de cabeza, el enrojecimiento de los ojos, la dificultad para concentrarse, el desgaste, la irritabilidad y el cansancio. La disociación también se halló entre la calidad objetiva de la prestación y el desempeño tal y como lo percibieron los intérpretes.

Nueve años más tarde, Seeber, Keller, Amos et al. (2019), en un estudio de métodos mixtos, analizaron las actitudes de los intérpretes que trabajaron en interpretación remota por vídeo en la FIFA World Cup™ del 2014 para ver cómo las expectativas y el factor humano influyen en las actitudes de los intérpretes de conferencias hacia la interpretación remota por vídeo. Hallaron que las actitudes de los intérpretes hacia esta modalidad, tal y como la experimentaron durante este acontecimiento, fueron positivas por lo general (más que en estudios previos), y ello se debió probablemente a los avances tecnológicos de los últimos años. Cabe destacar que, para los participantes, la sensación de “estar allí” es de suma importancia porque consideran que influye considerablemente en su trabajo y en su papel. Los autores concluyeron que se deberían realizar otros estudios para identificar los parámetros humanos y técnicos responsables de este fenómeno de “estar allí” y que podrían mitigar lo que Mouzourakis (2006) denomina las causas de la alienación del intérprete bajo condiciones de interpretación remota. 

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 Research potential Potencial para la investigación

La investigación en interpretación en OOII debería ampliarse en un futuro cercano, así como nuestro entendimiento de las experiencias y necesidades de los intérpretes en contextos y organizaciones específicos. Tal investigación podría encaminarse a analizar los retos a los que se enfrentan los intérpretes como consecuencia de los cambios continuos en las organizaciones en las que trabajan y que se han explicado en esta entrada. Algunos aspectos tendrán que examinarse con más profundidad, sobre todo la repercusión de la interpretación a distancia en el rendimiento y bienestar de los intérpretes y el papel de las emociones en el trabajo del intérprete. También sería necesario ver si los programas de formación actuales siguen siendo adecuados, habida cuenta de la evolución experimentada por la profesión en el transcurso de la última década. Otro tema interesante es el de la empleabilidad en las OOII. Lo ideal sería que las escuelas de interpretación estuvieran al tanto de los cambios a medida que acontecen para que sean estos los que inspiren el desarrollo de programas de formación adaptados a las necesidades del mercado. Otro ámbito de investigación sería la aplicación de programas de aprendizaje a distancia. Los últimos acontecimientos, a saber, el estallido de la pandemia de coronavirus, han mostrado que siempre hay circunstancias insospechadas e imprevistas que pueden cambiar completamente el concepto que tenemos de la profesión y de la formación. Este cambio significa que tendríamos que reflexionar sobre las soluciones de formación a distancia y los nuevos enfoques pedagógicos.

La investigación conjunta entre académicos, profesores de interpretación y organizaciones que dan empleo a intérpretes sería especialmente interesante, así como una colaboración más intensa entre estos actores y los usuarios de los servicios de interpretación en las organizaciones internacionales.

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