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contenido
La traducción en el Tawantinsuyu | La traducción en la Nueva Castilla o Perú | La traducción en la Emancipación y la República | Legislación contemporánea sobre el uso de las lenguas | Enseñanza e investigación en el Perú | Potencial para la investigación

 

Introduction  La traducción en el Tawantinsuyu

El Tawantinsuyu fue un espacio multilingüe y multiétnico en el que las personas eran, en su mayoría, bilingües: hablaban sus idiomas locales y los jefes el de la administración. Esto informaron los primeros españoles que arribaron a la zona andina y refirieron que en el Tawantinsuyu existían “miles” de lenguas. Fueron los intérpretes indígenas los que les permitieron corroborar la diversidad de lenguas. Se dieron con la sorpresa de que no todos hablaban las mismas lenguas y que algunos intérpretes no sabían las lenguas que los españoles necesitaban. Esta diversidad existió en un territorio que, en su momento, decuplicaba el hispano.
Peru diacronía
Límites del Imperio incaico: por el norte llegaba hasta las cercanías de Pasto (Colombia), en el río Ancasmayo y por el sur hasta Talca (Chile), en el río Maule [Fuente]

El mosaico lingüístico (Mannheim 1991, 1998) fue el resultado de la política de incorporación de grupos étnicos a la confederación del Tawantinsuyu, que estimulaba la conservación de las lenguas de cada grupo. Según autores como Francisco Falcón, Polo Ondegardo y Hernando de Santillán durante el siglo XVI, a nivel local el habla era la del grupo étnico; a medida que se ascendía en la jerarquía socioeconómica, y se tenía que tratar con jefes centrales era imprescindible conocer la lengua de la administración general. Hasta donde se sabe, la lengua que hablaban los inka o el estrato superior de la sociedad, era el puquina. Pero, el aimara y el quechua alcanzaron, sucesivamente, gran difusión. La primacía del puquina fue superada tanto por el quechua como por el aimara, aunque no en todos los ámbitos culturales, tras hechos de ocupación, difusión e imposición que están aún investigándose. El puquina era el más antiguo, originario de la región del Titicaca y del grupo étnico de los poques o puqi que se desplazaron hacia el norte. El puquina sirvió de sustrato para el aimara, hablado por los wari y tiwanaku, y en menor escala para el quechua, hablado por grupos humanos que habitaban la zona andina de altura intermedia denominada kechwa, como los chillke. Estas tres lenguas ocuparon espacios en regiones que hoy pertenecen a Bolivia, Chile, Argentina y el Perú. Tanto el aimara como el quechua conservaron el sustrato del puquina en terminología relacionada con cargos administrativos, las jerarquías sociales, el culto, la toponimia, los nombres propios de jefes, entre otros. Se piensa que estas lenguas no provienen de un origen común, sino que han convivido en situación de contigüidad durante largos periodos históricos y, por lo tanto, muestran signos de interinfluencia. Inclusive hacia fines del siglo XVI, en las Relaciones geográficas, documentos que recopilaban información sobre los diferentes enclaves indígenas, se confirma la existencia de varias lenguas en un mismo territorio. La conformación multiétnica y multilingüe del Tawantinsuyu perduró hasta bien avanzado el periodo de la colonización española.

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[heading title] La traducción en la Nueva Castilla o Perú

Atahualpa en Cajamarca
Dibujo de Guamán Poma de Ayala: Atahualpa en Cajamarca. Delante de él están Francisco Pizarro y el padre Vicente de Valverde y a un lado Felipillo. [Fuente]
La Nueva Castilla o Perú, como fue llamado el Tawantinsuyu por los invasores españoles, les presentó un desafío lingüístico. Ante la imposibilidad de comunicarse con los habitantes nativos, se recurrió al uso de intérpretes o “lenguas” tan pronto como fue posible. Para 1524, la captura de nativos para el aprendizaje del castellano ya está establecida y regulada por la Corona. Una de las primeras noticias que se tienen del apresamiento de indígenas en la zona sur del continente es el “encuentro” de una nave española, que había zarpado para explorar la zona, con una balsa indígena, frente a las costas de lo que hoy es Ecuador. Se trata de la famosa “balsa de tumbesinos”, llamada así porque se entendió que venían de la región de Tumbes. La sorpresa de los españoles, al ver una vela que no era de las suyas, fue mayúscula. Al acercarse la balsa, la abordaron, en el primer acto de piratería registrado para el océano Pacífico occidental. Apresaron a los once tripulantes de la balsa, hombres, mujeres y muchachos, y los llevaron donde Francisco Pizarro, en el río de San Juan, para que este “tomara lengua”. Se presume hoy que los tumbesinos hablaran la lengua sec o la lengua tallán. Estos dos eran idiomas locales; si algún funcionario o funcionaria estatal estaba en la balsa, hablaría una de las lenguas generales o administrativas, que podría ser el quechua. En otra expedición de reconocimiento, entre 1526 y 1528, una avanzada de la hueste de Pizarro se desplazaba por la zona de Cancebí, hoy Ecuador, y volvieron donde su capitán con lo que habían “hallado” en un asentamiento: oro, plata, ropa y seis personas para que aprendieran la lengua española. Estos cautivos les eran muy útiles: además de favorecer la intercomprensión lingüística, los guiaban por territorios desconocidos y, muchas veces, les servían de escudos humanos. Fue en las cercanías de estas zonas, cerca de la línea ecuatorial, que Pizarro les solicitó a algunos principales, en 1526, si podían entregarle cada uno un muchacho para llevarlos a España y, al regresar, ya supieran la lengua. Los principales le entregaron a dos muchachos, uno fue Martinillo y el otro Felipillo. Uno de los dos intervino en el intercambio de palabras entre Fray Vicente de Valverde y Atahualpa, aunque por su procedencia y su juventud, no se cree que supiera hablar ninguna de las lenguas generales o administrativas. Fray Vicente de Valverde, el sacerdote dominico que estaba en Cajamarca, donde se emplazó y atacó a Atahualpa, fue uno de los primeros que intentó llevar a España, en 1534, nueve indígenas, tanto adultos como jóvenes. Lamentablemente, nos cuenta en 1539, ninguno llegó porque se le murieron en el camino o se escaparon en Panamá. Durante esta década y la de 1540 y aun después, los españoles afincados en otros lugares de las Indias Occidentales se trasladaron al Perú con sus pertenencias y comitiva, por lo que llevaron a cientos de indígenas de otras partes, lo que multiplicó la presencia de grupos étnicos y hablas en el territorio andino.
Al pasar los meses y establecerse no solo la administración colonial, sino las diversas órdenes eclesiásticas, se fueron necesitando más intérpretes. Los tribunales requerían de traductores jurídicos; las órdenes religiosas de traductores de textos para facilitar la evangelización. Los traductores indígenas tuvieron mucha importancia en los estrados judiciales, traduciendo lo que los jueces querían saber de la información conservada en los khipu y los khipukamayuq debían entender las preguntas que se les hacían sobre los detalles, generalmente de montos de tributos, que constituían asuntos por los que frecuentemente se llegaba a los tribunales. De acuerdo con los textos de la época, quienes leían los bandos en las plazas, los pregoneros, eran los esclavos negros. Se leían en castellano y un “lengua” indígena o un mestizo los traducía a alguna de las lenguas generales. Sabemos que hasta 1542 no hubo ningún español lengua o intérprete en el Perú. 

Los “lenguas” que trabajaron para los sacerdotes, con los dominicos primero y con los jesuitas después, tuvieron mucha demanda por la premura en elaborar los primeros Vocabularios y Lexicones que circularon entre 1540 y 1550. En 1560, aparece el primer Vocabulario bilingüe quechua-castellano, utilísimo para los sacerdotes recién llegados o con conocimientos incipientes de la lengua quechua o aimara. Asimismo, la preparación de sermones en lenguas indígenas era de importancia capital, pues estos eran la principal herramienta de indoctrinación. Los sermones en lenguas indígenas eran traducidos del castellano por los mismos frailes o sus colaboradores indígenas. No se sabe exactamente cuántos de estos exordios llegaban a ser comprendidos, pues las lenguas indígenas expresaban mal los contenidos de la religión católica.

La legislación española con respecto al uso de las lenguas para evangelizar tuvo muchas normas y contranormas, lo que no colaboró con la rápida evangelización. Los sacerdotes debían saber lenguas indígenas, pero recién en 1579 se inauguró la cátedra de quechua de la Universidad de Lima, hoy Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Esta cátedra obedece a la ordenanza real que obligaba a los sacerdotes a saber la lengua indígena de la parroquia a la que habían sido asignados.

Quipu
Khipu en el Museo de Machu Picchu [Fuente]
Con la llegada de los jesuitas al Perú se incrementó la dedicación al aprendizaje y enseñanza de las lenguas indígenas. En 1576, establecieron una misión en el pueblo de Juli, Puno, ubicado en territorio habitado por hablantes del aimara y del quechua, situación que generó el interés lingüístico de la Orden. Uno de los primeros en establecerse allí fue Alonso de Barzana (1530-1597), conocedor de varias lenguas indígenas. La primera Doctrina Cristiana trilingüe se imprimió en 1584. Posteriormente llegaría el italiano Ludovico Bertonio, experto en aimara y autor del Lexicón correspondiente. Después se unió al grupo de lingüistas el jesuita Diego González Holguín, autor de una gramática y un vocabulario del quechua, libros que se publicaron en la primera década de 1600. Para 1608 ya se contaba con dos Vocabularios impresos en lengua quechua y uno en lengua aimara. La función de estos textos fue la evangelización de indígenas, lo que los hizo de uso casi exclusivo de sacerdotes. Generaron lo que hoy se identifica como “quechua misionero” o “quechua sacerdotal”. Esta nueva versión de los idiomas andinos representa un aspecto poco analizado de la colonización: la colonización lingüística.

Tanto dominicos como jesuitas instituyeron Colegios de Indios Nobles en los principales pueblos del virreinato. Estas instituciones reunían a los hijos y descendientes de los principales indígenas. Allí les enseñaban castellano, latín, los fundamentos de la religión católica y aprendían de ellos los términos y significados de sus propias lenguas para plasmarlos en sus vocabularios y lexicones. Además, fungieron de lenguas, intérpretes e instructores de otros niños.

Simultáneamente, durante los primeros decenios de la invasión española, algunos de los “conquistadores” letrados se dedicaron a describir lo que habían visto del Estado Inka. Sus textos publicados, pocos comparados con los que se escribieron, despertaron un gran interés en Europa y fueron sujetos de traducción a varias lenguas: Agustín de Zárate, escribió Historia del descubrimiento y conquista de las provinçias del Peru (1555), que fue traducido a cuatro lenguas europeas durante el siglo XVI. Otros autores fueron traducidos posteriormente porque sus textos solo circularon en medios muy reducidos, manuscritos, debido a la fuerte censura de las autoridades españolas. Esta censura llega a la publicación y circulación de novelas y comedias, tanto en España como en sus dominios, por considerárselas ajenas a una formación católica. No circulan traducciones ni producciones literarias entre ambos continentes, excepto obras pías y tratados de leyes en latín, lengua que ha estado presente en el Perú desde la instalación de las órdenes religiosas en el país. Muchos de los altos funcionarios que llegaron de España al Perú desde la segunda mitad del siglo XVI eran bilingües castellano-latín debido a su formación académica. Uno de estos letrados, emigrado a España de muy joven, fue el mestizo Garcilaso Inca de la Vega, quien tradujo del italiano los Dialoghi d’amore de León Hebreo en 1535.
Garcilaso de la Vega
Traducción de Garcilaso Inca de la Vega de los Dialoghi d’amore de León Hebreo [Fuente]

Durante el virreinato, el bilingüismo lenguas indígenas-castellano se fue difundiendo en todo el antiguo territorio del Tawantinsuyu. Los españoles que trataban directamente con la población indígena fueron aprendiendo sus lenguas y, simultáneamente, los indígenas, especialmente los “principales” también lo hicieron con el castellano. Factor importante fueron las escuelas de hijos de principales que organizaron los religiosos, cuyo interés era evangelizar, pero para lo que debían primero alfabetizar en castellano. Se formó una élite de dirigentes indígenas y funcionarios y mercaderes españoles bilingües quechua-castellano y aimara-castellano.

Una vez adquirida la independencia de España en 1821, el Perú continuó con el statu quo lingüístico de amplio bilingüismo, con una marcada señal de prestigio hacia el castellano. Se desarrollaron dialectos del castellano en diferentes regiones del país, siempre con una marcada preferencia hacia las hablas castellanas de la costa. Desaparecieron los intérpretes del aparato judicial, ya que se consideraba que toda la población conocía el castellano y los representantes de la religión católica, una de las más importantes formas de introducción del castellano, asumieron que esta lengua era comprendida por todos los feligreses.

La colonia española tardía en el Perú vivía en aislamiento con respecto a influencias que vinieran de Europa, de América del Norte o de Asia. España había cortado todos los medios de comunicación desde el Perú con países que no fueran la misma España. La Guerra Civil estadounidense de 1776 o la Revolución francesa de 1789 y las ideas que las provocaron y las sostuvieron tuvieron una tímida y generalmente secreta presencia en la América hispana. Algunos de los criollos aristócratas viajaron a Europa y estudiaron allá, conociendo la realidad francesa postrevolución y trasmitiéndola a sus conciudadanos. En este siglo, la lengua francesa se erige como la lengua de la cultura y el refinamiento y extiende su influencia no solo por Europa, sino también por América del Sur. Es el caso que muchos traductores peruanos utilizan el francés como la vía de la traducción del alemán: “En el S. XVIII predominaron las letras francesas que tienen en Pedro Peralta Barnuevo a su principal traductor con La Rodoguna […] La literatura portuguesa empieza a tener presencia con Juan de la Pezuela y su versión de Los Lusiadas” Barrós (2016: s.p.) La siguió la traducción de la literatura brasileña: los modernistas Víctor G. Mantilla, José Santos Chocano y Enrique Bustamante y Ballivián fueron los primeros interesados en traducir a poetas brasileños (Barrós 2016).

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[heading title] La traducción en la Emancipación y República

El Mercurio peruano
El Mercurio Peruano fue un periódico publicado en Lima de gran influencia [Fuente]

La difícil emancipación de España trajo una cierta apertura hacia otros países europeos en los que existía mucho interés, no solo comercial y económico, sino también científico y cultural. Diversos humanistas europeos querían ver de cerca lo que apenas vislumbraban a través de los escritos traducidos a sus lenguas que habían logrado obtener. Realizan viajes de exploración científica hacia América del Sur y esto genera un gran intercambio de información. Los visitantes recogen sus impresiones en diversas publicaciones en sus propios idiomas que luego son traducidos al castellano, y, también, recogen escritos americanos, peruanos, que son traducidos al alemán, francés, italiano y otras lenguas.

El profundo interés por nuestra cultura prehispánica lo demuestran los lingüistas Johann von Tschudi y Ernst Middendorf; arqueólogos como Alexander von Humboldt, Max Uhle y, en general, humanistas como Hermann Trimborn, entre muchos otros. Estos científicos dieron diversas cátedras que impactaron en los grupos profesionales locales. Goethe, que nunca estuvo en el Perú, lo llegó a conocer mejor gracias a la lectura del Mercurio peruano, publicación recibida de manos de Alexander von Humboldt y que en 1808 apareció en dos volúmenes en Weimar, traducida al alemán por E. A. Schmidt (Sandoval 2020).

Juan de Arona (1839-1895) se dedica a la escritura, primero en verso y después en prosa. Conoce los clásicos y los traduce: destaca su traducción del primer libro de Las Geórgicas de Virgilio. Se le reconoce un amplio conocimiento del latín, que aprendiera en el Colegio de San Carlos, en Lima. Dicha erudición se forjó tempranamente en la biblioteca cañetana de su abuelo, Hipólito Unanue, quien la recibiera en donación con la hacienda Arona de su benefactor, Agustín de Landaburu y Ribera. Arona viajó por Europa y Oriente entre junio de 1859 y 1863. En Francia reside desde de 1859 hasta 1861, periodo en el que estudia Humanidades en la Sorbona, Filosofía y Derecho en el Colegio de Francia e Historia Natural en el Jardín de las Plantas (Toledo 2006). Desde fines de 1869 colabora en revistas literarias y sigue escribiendo poesía. Es profesor de literatura en el colegio Guadalupe y en la Facultad de Letras de San Marcos, enseñando también latín y griego. Ingresa en el cuerpo diplomático del Perú. En Buenos Aires empieza a editar, en 1882, su Diccionario de peruanismos, que completa en Lima al año siguiente. En 1883 publica Poesía latina, Traducciones. Las notas sobre su viaje las transformó en unas memorias que no alcanzó a publicar. Estuardo Núñez las reunió y editó; la Biblioteca Nacional del Perú las publicó en 1971 bajo el título de Memorias de un viajero peruano: apuntes y recuerdos de Europa y Oriente (1859-1863) (Toledo 2006). La década de 1870 vio aparecer a muchos traductores, generalmente tras seudónimos: Arona, González Prada y Flores Galindo.

Diccionario peruanismos
Diccionario de peruanismos publicado por Juan de Arona en 1882 [Fuente]

Durante el siglo XIX, historiadores extranjeros, especialmente británicos y norteamericanos, escribieron sendas historias del Perú. Estos textos, escritos en inglés, fueron traducidos al castellano, generalmente por españoles, y llegaron al Perú tardíamente, muchas a principios y mediados del siglo XX. Uno de los más destacados fue el norteamericano William H. Prescott, abogado graduado de Harvard en 1814, quien se interesó primero por la literatura hispánica y luego por la historia de España. Pascual de Gayangos, a quien conoce por intermedio del profesor de literatura hispánica, George Ticknor, contribuyó con la identificación y compilación de la documentación requerida para la redacción de sus tres libros de historia, el último de ellos The History of the Conquest of Peru (1847). Para 1848, ya se había publicado la primera traducción al castellano, realizada por el español Nemesio Fernández Cuesta. El mexicano Joaquín García Icazbalceta realizó también una traducción al castellano de la Historia de la Conquista del Perú, entre los años 1846 y 1848 (Mould de Pease 1985: 17-21). Prescott se basó en textos castellanos traducidos al inglés, escribió en inglés, y su texto fue posteriormente traducido al castellano. Mould de Pease señala que la compulsa del original en inglés con las versiones en castellano: “… [no] se ha revisado esta, confrontándola con el original en inglés” (1985: 21). Prescott creó una imagen romántica de la conquista del Perú que pasó, a través de los traductores, a las diversas versiones en castellano (Mould de Pease 1985: 27). La primera edición peruana es de 1972. Estos textos, de marcada perspectiva hispanista, no fueron cuestionados ni criticados por sus receptores peruanos. Más aún, se tomaron como la historia del Perú. Para 1981, Alberto Flores Galindo se preguntaba si la de Prescott era "¿Historia peruana o historia sobre el Perú?"

Durante el siglo XIX, historiadores extranjeros, especialmente británicos y norteamericanos, escribieron sendas historias del Perú. Estos textos, escritos en inglés, fueron traducidos al castellano, generalmente por españoles, y llegaron al Perú tardíamente, muchas a principios y mediados del siglo XX. Uno de los más destacados fue el norteamericano William H. Prescott, abogado graduado de Harvard en 1814, quien se interesó primero por la literatura hispánica y luego por la historia de España. Pascual de Gayangos, a quien conoce por intermedio del profesor de literatura hispánica, George Ticknor, contribuyó con la identificación y compilación de la documentación requerida para la redacción de sus tres libros de historia, el último de ellos The History of the Conquest of Peru (1847). Para 1848, ya se había publicado la primera traducción al castellano, realizada por el español Nemesio Fernández Cuesta. El mexicano Joaquín García Icazbalceta realizó también una traducción al castellano de la Historia de la Conquista del Perú, entre los años 1846 y 1848 (Mould de Pease 1985: 17-21). Prescott se basó en textos castellanos traducidos al inglés, escribió en inglés, y su texto fue posteriormente traducido al castellano. Mould de Pease señala que la compulsa del original en inglés con las versiones en castellano: “… [no] se ha revisado esta, confrontándola con el original en inglés” (1985: 21). Prescott creó una imagen romántica de la conquista del Perú que pasó, a través de los traductores, a las diversas versiones en castellano (Mould de Pease 1985: 27). La primera edición peruana es de 1972. Estos textos, de marcada perspectiva hispanista, no fueron cuestionados ni criticados por sus receptores peruanos. Más aún, se tomaron como la historia del Perú. Para 1981, Alberto Flores Galindo se preguntaba si la de Prescott era "¿Historia peruana o historia sobre el Perú?"

Javier Sologuren
Javier Sologuren, poeta, ensayista, traductor y editor peruano [Fuente]

Dentro del espectro literario, en 1847 se publica la primera traducción en prosa, atribuida a Arona, del alemán al castellano del poema “La Muerte” de Goethe, el primero de los alemanes en ser traducido directamente al castellano. Después lo fueron Heine, Hartmann, Lenau, entre otros (Sandoval 2020). Es interesante notar que nadie acreditara su traducción, aunque fueron publicados en Lima, en El Instructor Peruano; no se quería resaltar la presencia de intermediarios entre la obra del artista y la versión traducida. Posteriormente, cuando se identificaron, fueron otros poetas los traductores que se distinguieron: Manuel González Prada, Nemesio Vargas, Modesto Molina, Ricardo Palma, José Mendiguren, Samuel Velarde, Adriana Buendía, Arturo Morales, Carlos Augusto Pásara, Enrique Solari Swayne, Emilio Adolfo Westphalen, Víctor Li Carrillo y Javier Sologuren. Resalta Manuel González Prada, quien tradujo con maestría a Goethe, Schiller, Heine, Lessing, Uhland, Mörike, Rückert y varios más

Destacan las traducciones de Nemesio Vargas, cuyo interés por las letras alemanas fue despertado por Leopold Contzen y August Herz, quienes llegaron a la Universidad Nacional de San Marcos e iniciaron el proceso de difusión de la literatura germánica (Sandoval 2020). Ricardo Palma publicó Enrique Heine. Traducciones en 1886. Este era uno de los poetas alemanes más admirados del momento.

Don Estuardo Núñez (1908-2013) escribió varias antologías de cada una de estas fuentes, con sus respectivas traducciones. El primer tomo es Autores germanos en el Perú (1953), el segundo, Autores ingleses y estadounidenses en el Perú (1956), el tercero, Las letras de Italia en el Perú (1968). Núñez habla de “autores dedicados a las tareas de traducción”, mas no de “traductores” (1956: 189). Como se observa, continúa la costumbre de que fueran poetas y escritores o periodistas peruanos quienes tradujeran a sus pares extranjeros. Pero, junto a los conocidos y consagrados, encuentra a otros: “que se dedicaron en otras épocas al modesto, sacrificado, humilde, y ejemplar oficio de traductores, en donde su obra benedictina y humanista encontró tal vez otrora escasa o ninguna acogida.” (Núñez 1956: 190).

“Después de los estudios de Estuardo Núñez, el panorama trazado por Ricardo Silva-Santisteban es el primer intento de historiar la presencia de los traductores en el Perú” (Barrós 2016). Silva Santisteban, poeta, traductor y profesor universitario, “ha rescatado, prologado y preparado muchas de las ediciones de poesía y prosa peruana más relevantes de este siglo. Además de sus propias traducciones, ha publicado la Antología general de la traducción en el Perú, que consta de cinco volúmenes…” (Barrós 2016). Su último libro Breve historia de la traducción en el Perú (2013) describe no solo la traducción en el país, sino su propio desempeño en esos avatares. “De las diversas lenguas vertidas al castellano, las más comunes son el francés, inglés, alemán y portugués, sobre todo por la traducción de autores brasileños. Pero también se mencionan traducciones del chino, japonés, sánscrito, latín, griego, sueco, italiano, finés, danés y polaco” (Sabogal 2013). El principal traductor de poesía china ha sido Guillermo Dañino. Juan José del Solar ha sido el principal traductor de varios clásicos de la literatura en lengua alemana. El traductor principal de la generación del cincuenta, Javier Sologuren, introdujo al país la lírica sueca. En años más recientes, traductores destacados son Isabel Sabogal del polaco Czeslaw Milosz, Renato Sandoval del alemán Rilke y Reynaldo Jiménez del brasileño Haroldo de Campos (Barrós 2016).

Huarochiri
Edición bilingüe del Manuscrito de Huarochirí traducido por José María Arguedas [Fuente]

La traducción al castellano de obras escritas en quechua se inició entre 1920 y 1930. Adolfo Vienrich tradujo canciones folklóricas y lo siguió José María Arguedas, antropólogo y escritor, quien tradujo del quechua al castellano Canto kechua (1939), Dos cuentos quechuas (1947) y Tupac Amaru Kamaq Taytanchisman (1962). Arguedas es el primer traductor de la gran obra indígena quechua conocida como Dioses y hombres de Huarochiri o El Manuscrito de Huarochiri, realizada en 1966. La versión en castellano de Arguedas generó mucha polémica. Llerena (2012: 74) resume la necesidad de “revalorizar esa traducción como una práctica que intenta superar el proceso meramente interlingüístico para convertirse en una intervención estético-política en dos frentes: poniendo en evidencia el proceso de reducción al que fue sometida la lengua quechua en el periodo colonial y planteando la expansión semántica y sobre todo social de aquella lengua en el Perú del siglo veinte”.

Desde 1968 el poeta, escritor y académico William Hurtado de Mendoza escribe poesía en quechua y en castellano. Los poetas y narradores que escribían en quechua, lo hacían primero en esta lengua y luego lo traducían al castellano, o a la inversa, según sus habilidades (Osorio 2020: 89). Pero Hurtado de Mendoza explica que en su caso no es así: “Bilingüe, insisto, y no quechua con su traducción al castellano… Ninguna es traducción de la otra” (Osorio 2020: 90). Significaría que concibe una poesía en quechua y, con esa misma temática, desarrolla una similar en castellano. Entre sus creaciones bilingües destacan: Sunquypa harawin / Harawi del corazón (1991), Ñanpaq harawin / Harawi para el camino (2005) y Maskhaypa Harawin / Harawi de la búsqueda (2015). Además, está el poeta Killku Waraka, seudónimo de Andrés Alencastre, ambos cuzqueños (Osorio 2020: 90). Este bilingüismo autoral requiere de un bilingüismo lector, hecho que todavía no es común en el Perú. Aun cuando los literatos peruanos se nutren de las traducciones de extranjeros, estas traducciones no han suscitado un interés profesional hacia la traducción literaria, como sí ha sucedido en México y en Argentina, de donde viene la mayor parte de las traducciones literarias al castellano.

Desde principios del siglo XX, muchos de los colegios particulares del Perú, regentados en su mayoría por órdenes religiosas europeas, iniciaron la enseñanza de idiomas. Se dan lecciones de inglés, francés, alemán, italiano, chino o japonés, lo que redundó en una mayor cantidad de hablantes con conocimientos de otras lenguas. Algo más avanzado el siglo, aparecieron instituciones como la Alianza Francesa, el Istituto Italiano de Cultura, el Goethe Institut, la Asociación Cultural Peruano Británica (BRITÁNICO), el Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA), el Instituto Peruano-Japonés, el Instituto Confucio, además de academias especializadas. Muchos de ellos tienen sucursales en diversas localidades del país. Esto facilitó la lectura de textos en lengua original, pero también propendió a ampliar y consolidar las actividades de traducción.

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[heading title] Legislación contemporánea sobre uso de lenguas

Programa lenguas indígenas
Registro Nacional de Intérpretes y Traductores de Lenguas Indígenas [Fuente]

Recién en 1948 y 1972 se legisla a favor de los hablantes de lenguas indígenas, y se establecen programas como la enseñanza bilingüe-bicultural para los hablantes de lenguas nativas, así como la escolarización inicial en lenguas vernáculas. Se vuelven a establecer cátedras de lenguas indígenas en las universidades principales del país, especialmente como cursos obligatorios de facultades como las de medicina, pedagogía y jurisprudencia. Estos cambios se dan en el marco de la reforma educativa promovida por el gobierno de Juan Velasco Alvarado, cuando se promulga la Ley General de Educación en 1972 que establece la Política Nacional de Educación Bilingüe. En 1975 se declara al quechua como lengua oficial, en igualdad con el castellano. Ese mismo año se institucionaliza un alfabeto para el quechua y otro para el aimara. La configuración del alfabeto quechua genera encendidas discusiones entre los lingüistas y los ciudadanos conocedores de un quechua popular. Estas discusiones hicieron que recién en 1985 el Ministerio de Educación diera una resolución que oficializaba el alfabeto quechua y el aimara. Aun así, el Instituto Nacional de Cultura no cumplió con difundir tanto la Resolución como los alfabetos y su sustentación académica. Lamentablemente, este apoyo al desarrollo e inclusión de las lenguas indígenas decae con el cambio de gobierno, también en 1975. La Constitución de 1979 hizo poco por ampliar los avances que se habían tenido, entre los que perduran regulaciones que promueven la castellanización. En cuanto a las lenguas habladas en la región amazónica, las primeras aproximaciones a la castellanización y a la alfabetización en lenguas indígenas corre a cargo del estadounidense Instituto Lingüístico de Verano (ILV), quienes, al estilo de la colonia, alfabetizan mientras evangelizan. En general, el Estado no participa directamente en la alfabetización y el desarrollo del bilingüismo, sino que son entidades individuales como la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el ILV, la USAID, el GTZ, el Banco Mundial: “Esto hace que se dé una dependencia financiera y que los proyectos no sean asumidos como una modalidad en el sistema educativo peruano.” (Godenzzi 1987: 45).

El Ministerio de Cultura del Perú, garante de los derechos lingüísticos de los peruanos, ejecuta una estrategia de formación y capacitación de traductores e intérpretes de lenguas indígenas, a fin de que los servicios públicos se puedan brindar en las propias lenguas de los ciudadanos. El sector Cultura ha desarrollado 14 cursos de traductores e intérpretes de lenguas indígenas desde 2012, en los que logró capacitar a 525 traductores e intérpretes en 37 lenguas indígenas, entre amazónicas y andinas, que participan en diferentes procesos y espacios que requieren de sus servicios. El Registro Nacional de Intérpretes y Traductores de Lenguas Indígenas (ReNITLI) ya alcanza la cifra de 509 inscritos. El curso de 2020 contó con la participación de 52 personas de cinco lenguas indígenas u originarias: quechua, aimara, asháninca, awajún y shipibo-konibo, provenientes de ocho regiones del país.

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[heading title] Enseñanza e investigación en el Perú

En paralelo, se han desarrollado ámbitos de traducción de lenguas extranjeras. Primeramente, son personas individuales con conocimientos de dos o más lenguas que ejercen la profesión de manera práctica, en congresos, foros, y otros cónclaves que lo requieran. Asimismo, se aprecia un aumento de la traducción literaria extranjera al castellano. A raíz de la necesidad de formar profesionalmente a los traductores, van surgiendo academias y facultades de traducción en diferentes universidades. La primera en fundarse es la Facultad de Traducción, Interpretación y Ciencias de la Comunicación de la Universidad Femenina del Sagrado Corazón (UNIFE) en 1968. La sigue la Universidad Ricardo Palma (URP), cuyo Programa Académico de Intérpretes y Traductores (hoy Facultad de Humanidades Lenguas Modernas) inicia sus actividades en 1974, ofreciendo cursos de quechua y de lenguas extranjeras. Posteriormente, la Universidad César Vallejo (Trujillo) ofrece una carrera de Traducción e Interpretación. La Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC) cuenta con la facultad de Traducción e Interpretación Profesional desde 2011. La particularidad de esta universidad, hoy en día, es que ofrece traducción hacia y desde el quechua. Estas universidades otorgan títulos de bachiller y licenciatura. La URP fue la primera que ofreció una Maestría en Traducción en el Perú; la siguió la UPC que ofrece la Maestría en Traducción, con especialización en traducción audiovisual. Paralelamente surgen otros centros de formación de traductores e intérpretes como LITS, Cibertec y Margarita Cabrera, EUROTRAD, entre otros. Recientemente ha aparecido un centro para la formación de traductores literarios, auspiciado por una editorial internacional.

El Colegio de Traductores del Perú se funda en 1996. Es miembro del Consejo Nacional de Decanos de los Colegios Profesionales del Perú (CDCP), del Centro Regional América Latina de la Fédération Internationale des Traducteurs (FIT) y la FITLATAM. También integra la American Translators Association (ATA). EL CTP cuenta a la fecha con 806 miembros ordinarios.

El trabajo académico de investigación y docencia de la traducción realizado en el Perú incluye publicaciones como Algunos conceptos básicos de la ciencia de la traducción de Ernest Zierer (1979) y Temas de Traducción de Rosa Luna (2002). En ambos casos, recogen modelos teóricos desarrollados principalmente en Europa, a la vez que presentan propuestas teóricas propias. Asimismo podemos mencionar la publicación de Lydia Fossa Narrativas problemáticas: Los inkas bajo la pluma española (2006) cuya tercera parte aborda las traducciones lingüísticas y culturales. Una publicación reciente es Binomio traducción especializada y terminología puntual. Caso de un informe técnico jurídico (ES-EN) de Carmen Franco (2020). Este es un libro esencial para iniciarse en la traducción jurídica.

Se deben incluir también las publicaciones periódicas de la URP Tikray. Revista especializada en traducción (1987), que tuvo como directora a Mihaela Radulescu; Lenguas Modernas (1993), dirigida por Raúl Estuardo Cornejo, y Revista de la Facultad de Humanidades y Lenguas Modernas (1998-2016), bajo la dirección de Pedro Díaz Ortiz. La UNIFE, por su parte, publicó Puentes (1986-2003). En el campo específico de la traducción de literatura, se encuentran los títulos La traducción literaria de Rosario Valdivia (2004) y De los ideales de la traducción a la traducción ideal (2016) de Ricardo Silva-Santisteban. Destaca su trabajo arqueológico editado en los nueve volúmenes de Antología general de la traducción en el Perú (2007-2016). En 2012 apareció el volumen monográfico editado por Miguel Ángel Vega sobre Traductores hispanos de la orden franciscana en Hispanoamérica (Zuazo y Villanueva 2019). Además, “… se ha publicado el Diccionario para profesionales de la traducción de Rosa Luna y Mary Ann Monteagudo (2017), contribución sobre terminología especializada de la traducción” (Zuazo y Villanueva 2019).

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 [heading title] Potencial para la investigación

A partir de la revisión histórica de la traducción en Perú podemos afirmar que los campos de investigación por desarrollar son vastos. En primer lugar, existe campo fértil sobre la colonización lingüística durante la conquista y cómo se interpretaron los discursos a partir de la mirada del otro. Debido a que la traducción estaba guiada por la necesidad de evangelizar, los textos religiosos publicados en quechua para dar los sermones y lograr el adoctrinamiento son un corpus amplio, ya que muchos conceptos andinos se reinterpretaron para hacerlos calzar con la religión católica. Por otra parte, el desarrollo e influencia del puquina, lengua de alto influjo social y político en el mundo precolonial, tiene un amplio espectro de posibilidades de estudio. Aún no queda claro por qué no se desarrolló al mismo nivel que el quechua y el aimara y si su relegación tuvo orígenes deliberados.

Otro frente puede hallarse en el estudio de las prolíficas publicaciones periódicas del siglo XIX, que incluían revistas, boletines, entre otros, cuyas páginas contenían textos traducidos. No obstante, la figura del traductor como autor permanecía oculta bajo seudónimos. Ciertamente existen ahí nombres y textos aún por revelar. Por otra parte, los textos traducidos que fueron llevados a España y que probablemente permanecen en bibliotecas públicas y privadas pueden permitir una búsqueda arqueológica de descubrimiento. Asimismo, es posible hacer un análisis de la recepción que tuvieron fuera del Perú.

Se debe destacar que el estudio de la traducción contemporánea se ha centrado principalmente en el español y en las lenguas extranjeras. Por ello, un análisis de los textos traducidos en lenguas indígenas y amazónicas, además de las publicaciones bilingües es un trabajo pendiente. En otra línea, la historia de la traducción no literaria sigue siendo un terreno fértil aún no desarrollado. Un estudio no es solo posible en el frente histórico, sobre textos académicos y científicos de nuestro patrimonio cultural, sino también es posible indagar en textos actuales relacionados con el desarrollo económico y la firma de tratados que trajo consigo intercambios con otros países como Brasil, Estados Unidos y China. Finalmente, huelgan estudios que analicen el desarrollo profesional y los campos laborales y de especialización del traductor e intérprete.

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