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contenido
Introducción | Periodo precolonial | Periodo colonial (siglos XVI-XVIII) | El imperio (siglo XIX) | La república (1889 hasta la actualidad) | El mundo académico de la traducción en Brasil | Potencial para la investigación

 

Introduction  Introducción 

Conscientes de que elaborar una historia de la traducción significa sacar a la luz el complejo entramado de los intercambios culturales a través de los tiempos (Deslile & Woodsworth 2003: 11), podemos afirmar que, dada la secuencia de acontecimientos, ideas y discursos que la caracteriza, la historia de la traducción y la interpretación en el territorio brasileño es rica en peculiaridades y desempeñó un papel crucial en diferentes momentos. El panorama que presentaremos abarca varios siglos e incluye momentos importantes de la historia de la traducción en Brasil, destacando a personas concretas, hombres y mujeres no siempre muy conocidos, que contribuyeron al desarrollo de los más diversos sectores de la sociedad brasileña.
La historia de la traducción y la interpretación en territorio brasileño es antigua, poco documentada, poco conocida y rica en peculiaridades. Sin embargo, Brasil es uno de los países donde la traducción ha desempeñado y desempeña un papel crucial. Los estudios de traducción ocupan una posición destacada en el escenario académico nacional, lo que da lugar a la multiplicación de investigaciones en diferentes instituciones, incluyendo un despliegue investigador en diversas subáreas, entre las que destaca la historia de la traducción. A continuación se presenta una visión concisa de una historia de varios siglos en un área extensa y con multitud de actores.

Map of South America, with Brazil at the center
Mapa de Suramérica, con Brasil en el centro [Fuente]

La historia de la traducción en Brasil puede dividirse en cuatro periodos, añadiendo una époica anterior a la propuesta de Holanda & Fausto (2007): (1) Precolonial, antes de la ocupación portuguesa, (2) Colonial (siglos XVI al XVIII), (3) Imperio (siglo XIX) y (4) República (siglos XX y XXI). Por supuesto, no se trata de una división rígida, ya que la historia se compone de corsi e ricorsi (cursos y recursos), y las diferentes épocas interactúan, alimentándose mutuamente. La periodización propuesta contiene elementos que ayudaron a componer la historia de la traducción a través de ensayos brasileños como Barbosa & Wyler (1998), Wyler (2003), Milton & Silva-Reis (2019). Brasil, como afirma Afrânio Coutinho, es el producto del gran movimiento migratorio de hombres, ideas e instituciones, que tuvo lugar a partir del siglo XVI entre Europa y América del Sur, y formó la civilización brasileña (2003: 40)

Si la presencia extranjera ha condicionado la vida brasileña en todas sus fases, incluido lo que aquí hemos llamado periodo precolonial, no es de extrañar que distintos tipos de traducción de todo tipo hayan actuado como catalizadores de diversos sectores de la cultura nacional.

En el caso específico de la construcción de esta historia de la traducción, podemos afirmar que nos centramos en el material histórico disponible (Lambert 1993) con el propósito de analizar una secuencia de acontecimientos, ideas y discursos (D'Hulst 2001), así como de darle visibilidad a la figura de quien traduce (Pym 1998; Robinson 2002). Por ello, presentaremos fragmentos de microhistorias (Ginzburg 1993; Adamo 2006) en un intento de componer una "macrohistoria" de la traducción en Brasil, o una "arqueología de la traducción" que ofrecerá un discurso en el que la historia, la crítica y la teoría se entrelazan, siendo conscientes de las muchas lagunas que permanecerán porque el área es inmensa y, como sugiere Lambert (2020: 137):

[...] the more our historiographical and conceptual research will be in progress, the more it will keep innovating as well as contradicting previous insights, generalizations, specifications or cultural experiences. And this is why it is heavily needed. For the sake of scholarly knowledge.

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[heading title] Periodo precolonial

En História dos índios no Brasil, Manuela Carneiro da Cunha (1992) llama la atención sobre el hecho de que la historia canónica de Brasil comienza siempre con su "descubrimiento", porque los descubridores son los que introducen a las poblaciones indígenas en "el gran curso de la Historia", generalmente por una puerta trasera (1992: 9). Sin embargo, existen registros y estudios que indican la circulación previa de grupos que migraron hacia el territorio que hoy conocemos como Brasil. A pesar de no ser posible datar con precisión dichas migraciones, las evidencias arqueológicas apuntan a la presencia humana desde hace 12 mil años. Algunos lingüistas apuntan a un asentamiento de hace 30-35 mil años en América (Nichols 1990, 1992). Greenberg (1987), que se aferra a la estimación de 12 mil años, establece la existencia de tres grandes lenguas colonizadoras que habrían entrado en el continente en oleadas sucesivas (Cunha 1992: 10-11). Guidon (1992) sugiere la posible llegada de diferentes grupos humanos a América a través de distintas rutas de acceso, tanto marítimas como terrestres; también cree que los primeros grupos pueden haber llegado al continente hace al menos 70.000 años.

En el caso de Brasil, Guidon afirma que el territorio ha sido colonizado desde tiempos muy remotos, que todo el país estaba ya ocupado hace 12 mil años. Hace unos ocho mil años ya se encontraba densamente poblado, al menos en el Nordeste. Guidon (1992: 52) afirma también que, a lo largo del Holoceno, grandes familias lingüísticas dominaron vastas zonas, pero las guerras interétnicas que precedieron a la llegada de los colonizadores europeos dificultan el establecimiento de correlaciones entre las culturas prehistóricas y las etnias indígenas del periodo de contacto.
Esta información plantea un reto lingüístico, ya que se trata de pueblos diferentes, con lenguajes verbales y no verbales distintos (danza, pintura, escenificación), que circulaban por un vasto territorio. Lo que sí se puede afirmar es que hubo un "conglomerado lingüístico" de diferentes culturas en contacto.
Existe muy poca información sobre los diferentes grupos indígenas antes de la llegada de los portugueses: no se sabe con certeza ni el origen ni las cifras de población, y mucho menos lo que realmente ocurrió (Cunha 1992: 11). Sin embargo, se estima que en Brasil había millones de personas que fueron diezmadas gradualmente a lo largo de la historia (Cunha 1992: 14). Como antes de la invasión europea no había registros escritos, fue más fácil borrar y silenciar las culturas antiguas, que se transmitían por tradición oral y representaciones no alfabéticas -pictóricas y rituales-, como danzas y espectáculos.
Felipe y D'Angelis (2019) señalan que, en la época del "descubrimiento", en Brasil había una población estimada de entre seis y nueve millones de indígenas, que hablaban aproximadamente 1.200 lenguas pertenecientes a diferentes familias y ramas lingüísticas, lo que nos permite coincidir con los autores en que, mucho antes de la colonización, Brasil ya era un país multilingüe, un lugar en el que convivían personas que hablaban lenguas muy diferentes y era escenario de un intenso intercambio lingüístico. De hecho, el territorio brasileño nunca ha dejado de ser multilingüe a lo largo de su historia.
Esta riqueza lingüística a lo largo de los siglos ha ido disminuyendo, debido, entre otras cosas, al borrado de la cultura indígena en el país. Oliveira (2008: 3), en un artículo titulado "Plurilinguismo no Brasil", informa de que, en el siglo XXI, las naciones indígenas del país hablan alrededor de 170 lenguas. Los datos del IBGE de 2010 indican la existencia de 274 lenguas indígenas. Estudios más recientes, como el de Stenzel & Franchetto (2017), señalan la existencia en la actualidad de aproximadamente 300 lenguas en la cuenca amazónica, que fue bautizada como "Río Babel", precisamente por la diversidad multilingüe de la región (Freire 2003: 44).
Resulta razonable suponer que existía, en diversos grados, algún tipo de traducción entre estos pueblos, especialmente entre las poblaciones de la rama lingüística tupí-guaraní que ocupaban buena parte del litoral brasileño y otros pueblos que habitaban la región y que utilizaban otras ramas lingüísticas, como la macro-ye. En este complejo y múltiple contexto lingüístico, era posible hacerse entender a través de las lenguas, los rituales, las representaciones, la interpretación pictórica. La propia traducción era la lengua franca implicada en el proceso.
Al analizar, por ejemplo, las narraciones en lengua kalapalo, Guerreiro, A. Kalapalo, J. Kalapalo & U. Kalapalo (2017: 137) afirman que:

When interacting with different forms of alterity, the problem of communication comes to the fore, and Kamagisa's narrative shows how translations can be produced by several media: what one sings, even though it's not completely understood, may be translated into actions, that, in turn, can be translated into social relations. […] [T]his suggests that, if there is anything like lingua franca in the Upper Xingu, it is their rituals and the communication system they compose from myths, musical and choreographic performances, and bodily decoration.

Esta lengua franca constituye el núcleo de lo que posteriormente se llamaría traducción cultural, que es un procedimiento para describir lo que sucede en los encuentros culturales cuando ambos lados intentan comprender las acciones del otro (Burke 2007), al mismo tiempo que perciben las diferencias entre ambas culturas en sus lagunas e interrelaciones mutuas, elementos que forman parte del marco interpretativo de la traducción precolonial. 

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[heading title] Periodo colonial (siglos XVI-XVIII)

El "descubrimiento" oficial portugués de Brasil en 1500 -descrito en una carta de Pero Vaz de Caminha, que fue uno de los primeros intérpretes de Brasil-, da lugar a un famoso relato de viaje, que puede considerarse el primer texto "literario" escrito en portugués en Brasil. La carta de Caminha ofrece una "traducción", desde el punto de vista del colonizador portugués, de lo que se encontró allí, con una descripción del paisaje y de los indígenas, y de cómo se lograba la comunicación (inicialmente, por gestos), al tiempo que describe la "fantástica geografía" de Brasil. Esta imagen será transmitida y reforzada por los relatos que los conquistadores escucharon o quisieron escuchar de los indígenas. También fue contaminada desde muy temprano por las interpretaciones y proyecciones con las que los colonizadores "tradujeron" el habla de los nativos (Holanda 2000: 83).
Brasil era visto entonces como el "pariente pobre" dentro del imperio portugués (Holanda 2002: 59), ya que sus riquezas aún no habían sido descubiertas. Sin embargo, la comunicación fue necesaria desde el principio. En este sentido, además del contacto inicial por gestos, los intérpretes desempeñaban un papel importante, ya que la traducción oral (interpretación) precede a la escrita. Los línguas eran los actores fundamentales: estos hombres solían ser subalternos portugueses a los que se les hacía "convivir" con los indígenas para aprender su(s) lengua(s) y luego actuar como mediadores, ayudando a las autoridades coloniales portuguesas en los intercambios comerciales. Según Faraco (2016:63), los línguas actuaban no solo a modo de intérpretes lingüísticos, sino también (y principalmente) como mediadores que gestionaban los procesos en los que se desvelaba ante el europeo la geografía, la sociedad y la cultura de los territorios visitados u ocupados, y también en los procesos de imposición de la lógica económica, política y sociocultural colonial a las poblaciones locales. En este sentido, sus conocimientos lingüísticos dieron a los línguas una cuota de poder que los convirtió en agentes cruciales en las sociedades creadas o recreadas por el colonialismo europeo. Eran eficaces empleados de la administración en las factorías (puestos comerciales de avanzadilla) y estaban muy bien pagados.

Los línguas se encargaban de hacer efectiva la comunicación y, en consecuencia, de fomentar el trueque (o "resgate"), que era la base de las relaciones y que, según Priore (2016), constituía una práctica de intercambio directo que no implicaba moneda. Aunque este contacto inicial fuera más "amistoso" de lo que cabría esperar, la comunicación entre el colonizador portugués y los diferentes pueblos indígenas comprende relaciones de poder dominantes, ya que la "formación colonial" en Brasil, según Bosi (1992: 25), estaba vinculada económicamente a los intereses de los mercaderes de esclavos, azúcar y oro, y políticamente al absolutismo portugués y al caciquismo rural, lo que engendró un tipo de convivencia patriarcal y clasista entre los poderosos, pero esclavizante o dependiente entre los subordinados. La lengua está en la base de este proceso histórico y es el núcleo de lo que Bosi denominó "dialéctica de la colonización".

Bosi (1992) explains the dynamics of colonization
Bosi (1992) explica la dinámica de la colonización

Además de intermediar en el plano económico, los intérpretes también desempeñaron un papel fundamental en la "cristianización" de los nativos, que era uno de los objetivos del proyecto colonizador de Brasil. Con la llegada de los jesuitas y los esfuerzos por convertir a parte de la población local, las relaciones comenzaron a evolucionar del plano oral al de la tradición escrita. Holanda (2002: 91-93) afirma que la corona portuguesa encargó la educación espiritual de la colonia a las órdenes religiosas, especialmente a la Compañía de Jesús. Los jesuitas no solo se empleaban sobre todo en la catequización de los nativos, sino que también se encargaron de adoptar y adaptar las expresiones artísticas capaces de dirigirse al alma tanto de los antiguos como de los nuevos habitantes del país. Holanda comenta en este sentido que en sus poemas y representaciones sacras, estos misioneros escribieron la primera página de la historia de la literatura brasileña. Según él, no es en absoluto una exageración afirmar que, aunque fieles a la corona portuguesa que tanto los había favorecido, contribuyeron a su manera a la formación de una conciencia local, creando así las condiciones para que los pueblos indígenas aceptaran valores que no solo eran ibéricos o portugueses, sino universales, "católicos" en el sentido amplio de la palabra.

Los jesuitas, especialmente Manuel da Nóbrega (1517-1570) y José de Anchieta (1534-1597), en su calidad de intérpretes "religiosos" de Brasil contribuyeron no solo a la conversión, sino también a construir la literatura del siglo XVI con textos religiosos, informes, relatos de viajes y demás. Con frecuencia se autotraducían, adaptando sus obras a los destinatarios. Se trató de un periodo en el que se intensificaron las manifestaciones literarias escritas. Por su parte, los pueblos indígenas ya dominaban las narrativas orales, para las que utilizaban, entre otros recursos, la "transadaptación" y la "canibalización" para procesar cualquier tipo de texto en general y los de catequización en particular.

José de Anchieta fue autor de diversas obras de distintos géneros. Algunas de ellas, como sus obras de teatro, las tradujo, adaptó y puso en escena en tupí, portugués, español y latín. Para ello, utilizó el procedimiento de traducción/reducción (Agnolin 2001; Alves Filho 2010), que era una forma de traducir los conceptos católicos al tupí para que los indígenas pudieran entenderlos. Este procedimiento también fue utilizado por otros jesuitas según Agnolin, ya que en un territorio donde las tradiciones narrativas eran esencialmente orales, el primer paso para los misioneros era "reducir" las lenguas de los nativos -incluso antes que el ethos social de sus culturas- a la escritura y, en consecuencia, al alfabeto y la gramática latinos. Como medio de traducción de la doctrina cristiana, esta reducción lingüística acuñó una "lengua general de la costa". Así, logró simultáneamente una conversión y una traducción, a través de una imposición conceptual: un proceso que condujo a una especie de "encuentro" (o "choque") que, de alguna manera, pudo dejarnos las huellas de un importante malentendido o imposibilidad de traducción -visible en los problemas presentes en la escritura jesuítica de este "dialecto colonial"- (Agnolin 2001: 56).

Por eso, como sugiere Holanda (2002), los jesuitas fueron los responsables de la educación espiritual e intelectual, de la creación, traducción y adaptación de textos de la cultura colonizadora a la cultura local, y del control de la imprenta colonial, además de los responsables de las primeras escuelas y los primeros libros importados en Brasil en 1594, fecha del establecimiento del Gobierno General en Salvador. Según Moraes (2006: 4), esta fecha marca, de hecho, el inicio de la vida administrativa, económica, política, militar, espiritual y social de Brasil. Los brasileños empezamos a arrastrarnos por el camino de la cultura dominante/católica desde el momento en que se fundaron los conventos de los jesuitas, franciscanos, carmelitas y benedictinos, especialmente de los sacerdotes de la Compañía de Jesús que, poco después de su llegada, abrieron escuelas en Bahía y otras capitales. La educación y los libros estaban en los conventos; era la Edad Media brasileña.

No es de extrañar, por tanto, que la primera traducción escrita que nos ha llegado sea la de A suma da doutrina cristã na língua tupi, publicada en 1557 por el jesuita João de Azpilcueta Navarro, considerado el primer traductor brasileño, ni tampoco que José de Anchieta escribiera la primera gramática indígena brasileña: Arte de gramática da língua mais usada na costa do Brasil (1595) y el Catecismo na língua brasílica, del jesuita Araújo (1592), el primer texto de esta naturaleza en una lengua indígena brasileña, se imprimió en 1618 (Agnolin 2001: 39).

Catechism in the Brazilian language by Jesuit Fr. Araújo (1592)
Catecismo en la lengua brasileña del jesuita Fr. Araújo (1592)

Cabe por tanto afirmar que los jesuitas operaron en Brasil una especie de "sincretismoavant la lettre, ya fuera a través de la traducción misma o mediante la combinación de los más diversos elementos culturales que les permitieran alcanzar sus objetivos de cristianización. Durante ese periodo y con estos procedimientos, ya se produjo una especie de antropofagia en lo que respecta a la interpretación y traducción de diversos textos. En ese sentido, conviene comentar que no solo en este momento, sino también más adelante en la historia, hubo conceptos y temas culturales que no se "tradujeron bien" o que se vieron "canibalizados por conceptos occidentales/no indígenas", tal como sugieren Stenzel & Franchetto (2017: 2).

Resulta también esencial llamar la atención hacia el hecho de que durante mucho tiempo se habló una lengua general que recibió el nombre de ñe'engatú o tupí moderno, que utilizaron los bandeirantes y que el marqués de Pombal (1699-1782) impuso el portugués como lengua oficial. El ñe'engatú según Navarro (2012: 245-246) es una lengua supraétnica procedente del tupí clásico y utilizado en la mayor parte de la costa brasileña en la época de la llegada de los portugueses, alrededor de 1500. Esta lengua se extendió más que el portugués mismo, incluso entre los no indígenas, hasta 1877, cuando estalló la fiebre del caucho. Navarro también señala que fue precisamente por medio de las lenguas generales como la América indígena se encontró con la América portuguesa.

En términos lingüisticos, conviene comentar que el portugués solo comenzó a reemplazar a esta lengua general del Brasil con la llegada de la gran oleada de inmigración portuguesa causada por la fiebre del oro de principios del siglo XVIII (Hallewell 2012). No es de extrañar entonces que Barbosa & Wyler (2001: 326) afirmen que la historia de Brasil se halla íntimamente unida a la de la traducción y el cambio lingüístico.

La diversidad lingüística se ve enriquecida aún más en el siglo XVII, cuando otros extranjeros comienzan a llegar a Brasil, tales como los africanos esclavizados y los exploradores españoles, ingleses, franceses y holandeses, seguidos en los siglos XVIII y XIX por inmigrantes italianos, alemanes, japoneses, polacos, ucranios, chinos y de cientos de nacionalidades más. Estas enormes oleadas migratorias alimentaron, no sin conflictos, los diferentes intercambios culturales que dieron forma a Brasil y que dependieron de la interpretación oral en los sectores más diversos durante muchos siglos. Solo más tarde entró en escena la traducción, cuando se constituye la tradición escrita con la fundación de la Imprensa Régia tras la llegada de la familia real a Brasil en 1808.

Antes de 1808, los libros se imprimían generalmente en Portugal o en otros países, como Francia. Sin embargo, Morel (2012: 28) comenta que también había imprentas clandestinas en las que se publicaron más de trescientas obras de autores nacidos en el territorio brasileño, incluyendo no sólo libros, sino publicaciones anónimas que informaban de celebraciones y eventos, antologías e índices, además de algunos manuscritos inéditos de autores clásicos.

Según Hallewell (2012), la primera imprenta conocida se instaló en Recife, a finales del siglo XVIII. Nada más tener noticia, Portugal ordenó su cierre, ya que todo lo que se producía en el Brasil colonial debía publicarse en Europa o permanecer en forma manuscrita, y necesitaba la aprobación de la Corona (la censura continuó vigente hasta 1821). Cabe destacar que, a pesar de la censura, los libros entraban de contrabando en Brasil, y hay registros de grandes bibliotecas privadas.
Paes (1990: 11) afirma que el absolutismo portugués no tenía ningún interés en desarrollar la vida intelectual de la colonia, sino en mantener a su población en un "estado de inferioridad mental". Según el mismo autor, Portugal no sólo prohibió la fundación de una universidad y de cualquier imprenta en Brasil, sino que, a través de una férrea censura y de las retrógradas e inmóviles enseñanzas jesuitas, se ocupó de impedir la circulación de ideas extranjeras (Paes 1990: 12). En consecuencia, las traducciones de la época eran principalmente textos religiosos de carácter catequístico.
En el siglo XVII, el contexto plurilingüe ya estaba en efervescencia con la ocupación neerlandesa del actual estado de Pernambuco y zonas limítrofes, con los franceses en la región del actual estado de Maranhão y con la intensificación de la llegada de gentes esclavizadas desde África. Así, como señala Wyler (2003: 34), los piratas, corsarios y colonizadores españoles, franceses, ingleses y holandeses contribuyeron a fortalecer las tradiciones plurilingües y a multiplicar el número de intérpretes durante el período colonial y más allá.
Esta diversidad poblacional, cultural, identitaria y lingüística -que se dio inicialmente entre los distintos pueblos del período precolonial, luego entre los colonizadores y los nativos de las distintas etnias indígenas, y más tarde vio la llegada de otros europeos y de africanos esclavizados, que también provenían de diversos sistemas culturales y lingüísticos- nos ayuda a comprender mejor la "complejidad del crisol colonial" (Novais 2018: 13) y el modo en que nos identificamos como "brasileños", como sugiere Novais, de ahí también la importancia y relevancia de la interpretación y la traducción en la construcción sociocultural de Brasil.
En este contexto multilingüe, Antonio Vieira (1608-1697) es una figura destacada, que actúa como mediador entre los intereses de Portugal y de los pueblos indígenas, oponiéndose, entre otras cosas, a la esclavización de los indígenas. Sus famosos sermones "tradujeron" el espíritu de la época, mostrando la relación entre los dominadores y los dominados, especialmente los indígenas, a los que llamaba empáticamente brasis.
En el plano literario, destacamos la figura de Gregório de Matos (1636-1695), que, según Haroldo de Campos (1989), es el gran representante brasileño del Barroco, con una obra que nació madura y plenamente formada en cuanto a valores estéticos, hablando el código más elaborado de la época. De Campos señala también el "mestizaje" de la poesía de Gregório de Matos, quien, en sus sonetos, mezcló el portugués con términos de lenguas tupí-guaraní y africanas.
Este mestizaje se debe a diferentes factores: las traducciones interlingüísticas de De Matos de escritores italianos y españoles, sus traducciones intralingüísticas de Camões y Antonio Vieira, su diálogo con una determinada tradición, en la que la intertextualidad, la imitación y la paráfrasis eran procedimientos que conformaban su modelo de "traducción-apropiación". La traducción se imbricó en la poesía de De Matos hasta el punto de que algunos críticos hablaron de relaciones intertextuales y otros de plagio (La Regina 2000).
También en el ámbito literario, Cláudio Manuel da Costa (1729-1789), uno de los autores vinculados al llamado Arcadismo, tradujo, entre otros, a Metastasio, uno de los autores italianos más populares en el Brasil de la época, según Holanda (2002).

Manoel Botelho de Oliveira, Cláudio Manuel da CostaBasílio da Gama no escribieron únicamente en portugués, sino también en español e italiano. Estos poetas arcadistas se vieron intensamente "influidos" por la Academia de la Arcadia. Holanda (2002: 105) informa de que en la segunda mitad del siglo XVIII estos autores de educación italianizante comenzaron a manifestar una actitud que pronto pasaría de la literatura a la política.

Con el aumento de la traducción de diferentes textos científicos, cabe destacar la labor de Manuel Jacinto Nogueira da Gama (1765-1847). En su Discurso do Traductor, publicado en 1798 como paratexto de Reflexões sobre a Metafísica do Cálculo Infinitesimal, su traducción de Réflexions sur la métaphysique du calcul infinitésimal, de Lazare Carnot, elogia el papel de la traducción y, según Vieira (2018: 55), es pionero en lo que respecta a la teorización de la traducción técnica.
Manuel Jacinto Nogueira da Gama (1765-1847), a pioneer of Brazilian technical translation
Manuel Jacinto Nogueira da Gama (1765-1847), pionero de la traducción técnica brasileña

Además de los textos científicos, la obra de historiadores, filósofos y políticos circula en la época bajo la forma de traducciones. Parte de los textos se introdujeron de contrabando en Brasil y sirvieron para promover los movimientos independentistas, tales como la Conspiración minera (Inconfidência Mineira), que según Holanda (2002: 105) fue el primer movimiento de emancipación relevante y estuvo liderado por los poetas arcadios.

En "A tradução e a inconfidência mineira", Hirsch (2008: 1) aborda la cuestión mediante el análisis de Recueil des loix constitutives des Colonies Angloises Confédérées sous la dénomination d'Etats-Unis de l'Amérique Septentrionale [Una colección de constituciones de las colonias inglesas confederadas bajo el nombre de Estados Unidos], una traducción de la Declaración de Independencia norteamericana y de las leyes que precedieron a la Constitución estadounidense, compilado todo por Claude Ambrose Régnier para el público francés e introducido de contrabando en Brasil durante el periodo de la Conspiración minera. En su estudio, Hirsh analiza cómo la filosofía política estadounidense llegó al Brasil colonial, avanzando la hipótesis de que las traducciones desempeñaron un papel clave en la propagación de las ideas revolucionarias.

Históricamente, nos encontramos en el período de las Entradas e Bandeiras -expediciones al interior del país, financiadas por la corona portuguesa y por empresas privadas-. En este contexto, los línguas continúan siendo muy relevantes. Esta función ya no la desempeñan únicamente indígenas y portugueses, sino también los hijos de indígenas, junto con los portugueses y los judíos holandeses (Silva-Reis & Bagno 2016).
A finales del siglo XIX, cabe destacar la tipografía O Arco do Cego y el importante trabajo de fray José Mariano da Conceição Veloso. Fray Veloso trabajó como traductor y editor, y coordinó el trabajo de otros traductores de textos pragmáticos en Lisboa; está asociado a la historia de la ciencia y a la historia del libro en Portugal y Brasil. Según Harden (2009: 135), entre 1797 y 1805, firmó o le fueron atribuidas al menos 20 traducciones y supervisó la traducción de unas 30 obras científicas o técnicas más escritas en varios idiomas (francés, italiano, inglés y español).

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[heading title] El imperio (siglo XIX)

La llegada de la familia real portuguesa y de gran parte de la corte, huyendo de la ocupación napoleónica, fue un punto de inflexión para Brasil. De 1808 a 1821, el imperio portugués fue administrado desde Brasil por el príncipe regente, posteriormente coronado como Juan VI de Portugal (Dom João VI en portugués). Los cambios fueron amplios y profundos: la fundación de escuelas, academias, bibliotecas, museos, bancos, teatros. Algunas medidas tuvieron un enorme impacto cultural, fomentando la producción y circulación de traducciones en el país. Entre ellas, cabe destacar la creación de la Impressão Régia.

Con la creación de esta imprenta, Brasil pasa a editar y publicar no sólo documentos jurídicos y administrativos, sino también publicaciones periódicas y libros en general sobre temas variados. Según Castelo (2002: 43), la Impressão Régia -creada por el príncipe regente en 1808, convertida después en la Imprensa Nacional- y otras imprentas privadas creadas al final de ese período, de 1808 a 1822, publicaron 1.251 títulos, incluyendo publicaciones periódicas. Sólo la Impressão Régia publicó 1.154. Su catálogo refleja toda la situación general y el pensamiento de la época: medicina, ingeniería, matemáticas, economía política, derecho, geografía, agricultura, gramática, filosofía, literatura, política, moral, declaraciones políticas.

Entre estos libros hay numerosas traducciones, como el Essay on Criticism  (Ensaio sobre a Crítica) y los Moral Essays (Ensaios Moraes) de Alexander Pope, traducidos por el conde de Aguiar, o la Histoire du Brésil de Alphonse de Beauchamp (traducida por Pedro José de Figueiredo y publicada en 1817 en la Officina de JFM de Campos, con varias reimpresiones a cargo de  la Typografia de Desiderio Marques Leão. Entre las traducciones de obras literarias destacan Le diable boiteux, de Alain René Lesage (primera novela impresa en Brasil, en 1810), Paul et Virginie, de Bernardin de Saint-Pierre (original de 1787 y traducción de 1811), o la alemana As aventuras do Barão de Munchausen, de Rudolph Eric Raspe. In 1813, el rey Juan VI creó el Real Teatro de São João, donde se escenificaron numerosas obras lusófonas y traducidas, como la Iphigénie o la Phèdre de Racine, traducidas por António José de Lima Leitão y Manuel Joaquim da Silva Porto.

Si el romanticismo literario brasileño fue en un principio (y continuó siéndolo en parte hasta el final) principalmente nacionalista, como señala Candido (2004: 35), la traducción fue, sin embargo, importando modelos para alimentar la producción literaria nacional, especialmente en lo que se refiere a la narrativa. Uno de esos modelos es la novela, que, según Candido, se puso de moda durante la década de 1830 a través de las traducciones. Estas novelas eran en su mayoría folletines melodramáticos, lo que repercutió en los primeros intentos realizados aquí, en forma de lo que Candido considera "cuentos y novelas insignificantes" (Candido 2004: 36).

En esa época, como señala Coutinho (2002: 14), la amplia influencia francesa hizo que penetraran en Brasil las ideas "modernas" del siglo XIX. Por ello, circularon muchas traducciones del francés, que se publicaron primero como folletines y luego en formato de libro; también se tradujeron textos "científicos", como la Instrução para viajantes e empregados nas colônias sôbre a maneira de colher, conservar, e remeter os objectos da historia natural arrancada pela administração do R. Museu de Historia Natural de Paris [Instrucciones para viajeros y empleados de las colonias sobre la forma de recolectar, conservar y enviar objetos de historia natural, establecidas por la administración del Real Museo de Historia Natural de París] junto con obras de medicina, filosofía, educación y manuales procedentes de ultramar.

En este periodo aparecen traducciones y reflexiones sobre la traducción en diferentes publicaciones periódicas, como en O Patriota (Río de Janeiro), que fue publicado por la Impressão Régia de 1813 a 1814, y fue la primera revista brasileña con ilustraciones. A pesar de que duró apenas dos años, fue una de las más importantes de la época, abarcando diversos temas, desde las ciencias hasta las artes. En sus páginas también se hablaba de la traducción. Así, en 1813 publicó el "Discurso sobre a traducção" de Silvestre Pinheiro Ferreira (1813: 69-78). César Agenor Fernandes da Silva llama la atención sobre el hecho de que las traducciones o el uso adecuado de las palabras en los artículos y traducciones era una preocupación desde principios de siglo. La sección filosófica y gramatical de O Patriota publicó textos que abordaban la función de las nuevas palabras y la propia gramática portuguesa, así como la traducción. Los principales autores de esta sección fueron Silvestre Pinheiro Ferreira (ministro de Juan VI) y Joaquim José Luiz, identificado como profesor de Macao.
O Patriota, an important periodical in the early 19th century
O Patriota, importante revista de principios del siglo  XIX

El panorama cultural brasileño era efervescente: la literatura nacional se estaba consolidando y la traducción desempeñaba un papel fundamental, demostrando que la relación entre la traducción y la escritura creativa es mucho más profunda y constante de lo que se ha reconocido en la historia literaria. Así, en el origen del movimiento romántico brasileño encontramos escritores-traductores que incluso editan sus traducciones junto a su propia obra. Un ejemplo notable es el de Sousa Caldas (1762-1814), que tradujo los Salmos de David, poniendo en primer plano la poesía religiosa, seguido de fray Francisco de São Carlos y del poeta arcadio Elói Ottoni, que tradujo los Proverbios y el Libro de Job (Candido 2004: 15)

Otro ejemplo es José Bonifácio de Andrada e Silva (1763-1838). Paes (2008: 160) señala que Bonifácio fue un pionero de la traducción creativa, proponiendo audaces recreaciones para sus traducciones del griego, como auricomada (de pelo dorado), tranciloira (de rubias trenzas) y docerrisonha (de dulce sonrisa). 

Otro pionero de la traducción creativa fue Domingos Caldas Barbosa (c. 1738 Río de Janeiro-1800 Lisboa). Hijo de padre portugués y madre angoleña esclavizada, es considerado uno de los fundadores de la MPB (Música Popular Brasileña) y uno de los creadores de la modinha: "Considerado por todos como responsable de la fijación del género modinha en Lisboa en la segunda mitad del siglo XVIII. [...] En 1790, fundó, con otros poetas (entre ellos Curvo Semedo y Bocage), la "Nova Arcádia" de Lisboa. Adoptó el seudónimo de Lereno Selinuntino. Ese es el nombre que utilizó para su colección de poemas, que ambientó con modinhas y lundus: Viola de Lereno (Lisboa, vol. 1, 1798; vol. 2, 1826)"

Un ejemplo de su habilidad y creatividad es "Partida traducção, e Glosa da partenza de Metastazio", donde recrea, con una dicción erudito-popular, la célebre canción del poeta y libretista italiano (Barbosa 1798). Domingos Caldas Barbosa tradujo Henríada, de Voltaire, publicada anónimamente en Lisboa en 1807 con el título de Henrique IV. La misma obra, titulada Henríada, y traducida por Thomaz Aquino Bello e Freitas, se publicaría en Río de Janeiro en 1812.
Este tipo de solución traductora sería retomada más sistemáticamente por Odorico Mendes (1799-1864), que, además de poeta y traductor, fue un importante político. Odorico Mendes tradujo a autores clásicos, como Homero y Virgilio Sus traducciones fueron muy discutidas, cosechando defensores (José Veríssimo, Haroldo de Campos) y detractores (Silvio Romero, Antonio Candido). En el prólogo a su traducción de la Ilíada, Odorico Mendes (1863) afirma que para traducir bien es necesario no sólo conocer la lengua del original, sino la propia "dos o tres veces". Si las palabras portuguesas le parecen escasas, recurre a la acuñación de nuevas palabras, "enriqueciendo" la lengua y obligándola a incorporarlas. Por ello, afirma en la Advertencia a su traducción de la Eneida: "Adopté algunas palabras del latín, y compuse algunas que me parecieron necesarias en su momento. Menciono algunas de ellas en las notas; de otras no me he ocupado, pues su significado, tal como las uso, parece evidente" (Mendes 1863).
Si este procedimiento fue criticado por su hermetismo, ilegibilidad o "monstruosidad", sus virtudes también llevan a Haroldo de Campos (2006: 38) a afirmar que Odorico Mendes es el primero en proponer y practicar con diligencia lo que podría considerarse una verdadera teoría de la traducción, hasta el punto de otorgarle el título de "patriarca de la transcreación", abriendo el camino a una poética de la traducción que se consolidaría en el siglo XX, con poetas concretos como el propio Haroldo.
Machado de Assis (1839-1908) es otro caso emblemático de este periodo; la traducción sirvió como actividad "complementaria" pero importante en el contexto de su obra. Como destaca Massa, en Machado de Assis tradutor (2008), comenzó a traducir en 1857 y continuó hasta 1894, lo que significa que la traducción estuvo presente durante gran parte de su carrera. Realizó más de 40 traducciones de autores de diferentes idiomas, especialmente de obras de teatro francesas. Además, la traducción le sirvió para alimentar su propia producción literaria. Machado de Assis utilizó la estrategia "antropofágica ante litteram" al incorporar autores y obras de la literatura universal a su propia escritura; Salomão (2016: 9) afirma que Machado se enfrentó sin duda a varios modelos del canon occidental, emprendiendo una síntesis original basada en procesos mixtos de rechazo, deconstrucción, adaptación, traducción o fusión.
Podemos decir que en el Brasil decimonónico hay un proyecto en curso (aunque inorgánico) que se llevó a cabo de forma menos sistemática en otros siglos, parecido al que Schleiermacher llevó a cabo en Alemania: el fortalecimiento y el enriquecimiento de la lengua y la cultura locales mediante la traducción. En este sentido, Coutinho (2002: 4-5) afirma que durante la segunda mitad del siglo XIX florecieron tres grandes movimientos literarios que penetraron en el siglo XX: el Realismo, el Naturalismo y el Parnasianismo. El Realismo y el Naturalismo son específicos del siglo XIX, se cruzan y se entrecruzan, avanzan y retroceden, actúan y reaccionan entre sí, prolongando a veces y oponiéndose a veces a diferentes corrientes estéticas y literarias. Coutinho sugiere que este fenómeno general se hizo más común en Brasil, dadas las circunstancias naturales de su vida en la época, y debido al retraso con el que los movimientos espirituales siempre reverberaron en Brasil, y también al hecho de que las transformaciones en Brasil no provienen del interior, de la evolución de la conciencia nacional, sino que reflejan ideas y fuerzas extranjeras.
Por esta razón, Wyler (2003: 9) destaca el papel central de la traducción, ya que intermediaba la transmisión de información entre las diversas culturas nacionales y extranjeras. Esta mediación privilegiaba a veces la forma oral, a veces la escrita, de acuerdo con las limitaciones sociales, políticas y económicas de cada período histórico; por eso la impresión de traducciones brasileñas en formato de libro sólo ocurrió después de 1930.
Si las traducciones brasileñas se convirtieron en libros sólo después de 1930, antes de eso algunos libros y periódicos brasileños se imprimieron en el extranjero. No es casualidad que el primer periódico brasileño, O Correio Braziliense, lanzado en 1808, se publicara en Londres. Y el importante Jornal do Commercio, creado en Río de Janeiro en 1827, estaba fuertemente influido por el modelo francés.
El período de permanencia de la corte portuguesa (1808-1821) y los años que siguieron a la independencia de Brasil (1822) fueron testigos de un gran crecimiento cultural en el país, caracterizado, entre otras cosas, por la aparición de un gran número de periódicos y revistas culturales. La traducción ocupó un espacio muy importante en los periódicos, como ya se ha dicho
A este respecto, cabe señalar que entre las primeras novelas traducidas y publicadas por la Imprensa Régia se encontraron Paul et Virginie, de Bernardin de Saint-Pierre, un folletín de gran éxito, así como O conde de Monte Cristo, de Alexandre Dumas, publicado por el Jornal do Commercio. Con la intensificación del flujo migratorio en el siglo XIX, muchos periódicos, como el Correio Paulistano, se publicaron o tuvieron secciones en otros idiomas, como el alemán y el italiano. Según Coutinho (2002: 18), el periodismo político o literario, ya fueran noticias o traducciones, mantenía el incipiente y enrarecido ambiente cultural brasileño en contacto espiritual con los grandes centros extranjeros. La traducción fue una participante activa, ya que estaba en boga en la época, con narrativa e ideas traducidas, escritas por autores ilustres, publicadas en libros o periódicos. Las puertas se abrieron libremente a las ideas tras el levantamiento de la prohibición portuguesa de importación de productos intelectuales. La traducción tuvo una poderosa influencia en la renovación intelectual, ya que difundió la cultura extranjera. Así, los ideales ilustrados, enciclopedistas, revolucionarios y románticos tuvieron vía libre en el país, dando rápidamente sus frutos.
Las traductoras de la época también merecen atención. Un caso importante es el de Nísia Floresta Brasileira Augusta (1810-1885), seudónimo de Dionísia Gonçalves Pinto, considerada la primera educadora feminista de Brasil. Además, a Nísia Floresta se le atribuye la traducción de un tratado de panfletos feministas del siglo XVIII, A Vindications of the Rights of Woman: with Strictures on Political and Moral Subjects, de Mary Wollstonecraft, traducido "libremente" e indirectamente del francés en 1832, bajo el título Direitos das Mulheres e Injustiça dos homens. Algunos estudiosos sostienen que Nísia Floresta tradujo, en realidad, otro texto, Woman not inferior to man, de Sophia.
Nísia Floresta Brasileira Augusta (1810-1885), a feminist translator avant la lettre
Nísia Floresta Brasileira Augusta (1810-1885), una traductora feminista avant la lettre

Según Dépêche (2000), Nisia Floresta debe considerarse una traductora feminista avant la lettre que utilizó las prácticas de la tradición francesa, las "belles infidèles", para traducir este panfleto feminista con "infidelidad creativa". Cabe señalar, sin embargo, que el estatus de la traducción de esta obra sigue siendo controvertido, entre acusaciones de plagio y defensas como traducción "antropofágica" (Duarte 2001), a lo que se suma el estudio de Pallares-Burke (1996), en el que se afirma que el texto traducido por Nísia Floresta no es el panfleto de Wollstonecraft. Nísia Floresta escribió Conselhos à minha filha (1842), que también tradujo al italiano, y fue publicado en 1858, en Florencia, por la Stamperia Sulle Loggegel Grano. El texto fue bien recibido en Italia y se adoptó como lectura obligatoria en varias escuelas del país.

Además de Nísia Floresta, hay otras traductoras del siglo XIX poco conocidas y olvidadas por la historia, que se encargaron de difundir diferentes textos literarios en periódicos y revistas, como A mensageira (revista literaria fundada por Presciliana Duarte de Almeida, que circuló en São Paulo entre 1897 y 1900), Lyrio y Jornal da Família. Según la encuesta realizada por Alencar en Tradutoras brasileiras dos séculos XIX e XX (2016), surgen varios nombres en el siglo XIX: Carolina von Koseritz, Violante de Bivar e Velasco, Eugênia Câmara, Vicentina de Carvalho, Beatriz Francisca de Assis Brandão, Corina Coaracy, Amélia Rodrigues, Sílvia Mendes Cajado, Anna Euquéria Lopes de Cadaval y Josefina Álvares de Azevedo. Estas mujeres tradujeron obras de diferentes idiomas, principalmente francés, inglés, italiano y español.

De los nombres anteriores, el de Violante de Bivar e Velasco merece especial atención. Además de traducir obras de teatro francesas, italianas e inglesas, publicadas en forma de libro, trabajó como periodista y escritora. Fue considerada la primera periodista brasileña, ya que dirigió en 1852 el Jornal das Senhoras, la primera revista (1852-1855) hecha por y para mujeres, que cubría la moda, la música, las bellas artes, el teatro y la crítica y publicaba también novelas (generalmente francesas) en traducción.
Antônio Gonçalves Dias (1823-1864) representa una de las cumbres de la poesía romántica brasileña y es también uno de los traductores más llamativos de su época. Nacido en Maranhão, era hijo de padre portugués y madre de origen indígena y negro. Estudió derecho en Coímbra y más tarde trabajó como profesor de latín en Niterói. Escribió en la prensa y realizó varias misiones oficiales en diferentes estados brasileños y en el extranjero. Según Cassiano Ricardo (Coutinho 2002: 72), Gonçalves Dias desarrolló un indigenismo "originalmente brasileño", cultivado en los géneros dramático, lírico y épico. Era citado regularmente por Jorge Luis Borges, que se sabía de memoria su emblemática "Canção do Exílio". Gonçalves Dias desarrolló una labor de traducción vital y tradujo del alemán (Herder, Heine, Schiller), del francés (Victor Hugo, Vigny), del italiano (Dante) y del español (Lope de Vega).
Un personaje ilustre de la historia de Brasil que actuó como traductor fue el emperador Pedro II (1825-1891); además de ser un mecenas de las artes, la literatura y la ciencia, dominaba diferentes idiomas, como el árabe (tradujo fragmentos de Las mil y una noches parcial y directamente del árabe), el sánscrito, el hebreo, el sirio, el griego, el latín y el francés, además de lenguas indígenas como el tupí y el guaraní, lo que indica una tendencia a valorar la heterogeneidad y la diversidad dentro y fuera de su propio país. De hecho, Pedro II fomentó el uso de la lengua tupí en las escuelas. En cuanto a las traducciones, abordó poemas y textos religiosos de la tradición judía y católica, así como a diferentes autores, más y menos conocidos: Esquilo, Dante, Victor Hugo, Longfellow, Manzoni, entre otros. Pedro II se movía entre lenguas, no sólo traduciendo textos de una lengua extranjera al portugués y viceversa, sino también entre lenguas extranjeras, como del hebreo al latín (Martins & Oliveira 2010). Al traducir, buscaba contribuir a enriquecer la literatura nacional; sus cartas y diarios también evidencian que colaboró activamente para crear y exportar una determinada imagen de Brasil, con el fin de promocionarla internacionalmente, sobre todo a través de París, que era la capital cultural y literaria de la época.
En el ámbito musical, se tradujeron y difundieron las óperas. Hay que señalar que este género estuvo presente, de forma "rudimentaria", desde el siglo XVI, con manifestaciones teatrales y musicales, y con una circulación más intensa en los siglos XVII y XVIII, debido al consumo que Portugal hizo de la tradición italiana. La importación portuguesa de compositores italianos también llegó a Brasil. Según Brito (1998: 1074), la ópera italiana tuvo una influencia decisiva en el teatro portugués del siglo XVIII; hubo muchas traducciones y adaptaciones de libretos, especialmente de Metastasio, a veces montadas como dramas hablados. También se documentan representaciones de este tipo en las provincias portuguesas, en la isla de Madeira y en la colonia de Brasil.
El consumo de óperas alcanzó su punto máximo en el siglo XIX, con la fundación de teatros y con la efervescencia de la vida social y las actividades culturales. Las obras musicales dramáticas se traducían principalmente del italiano, el alemán, el español y el francés, lo que fomentó el trabajo de los compositores de ópera brasileños e influyó en otros géneros, como la música sacra, las modinhas y la música instrumental (Brandão 2012).
Uno de los principales compositores de la escena brasileña es Carlos Gomes (1836-1896), que compuso principalmente bajo la influencia de los modelos italianos. Candido (2004: 44) afirma que el nacionalismo literario de la época se completó con la música, que absorbió las normas europeas, para dar visibilidad general a la expresión de nuestros aspectos más originales. Al componer música romántica para temas autóctonos a la manera italiana, Carlos Gomes aprovechó el derecho a utilizar en cualquier país de la cultura occidental los lenguajes que permiten la comunicación entre los que participan en ella.
Durante este período, hay un aumento de los intelectuales vinculados a la edición. Con el fin de la censura y del monopolio de la Typographia Nacional, muchas imprentas privadas comenzaron a operar en Brasil, como la Nova Officina Typographica, y la Tipografía de Moreira y Garcez. La nueva política también atrajo a editores extranjeros, especialmente franceses, como Pierre René François Plancher de la Noé -que trajo a Brasil las nuevas técnicas de impresión francesas, cambiando la estética del libro- y Junio de Villeneuve, que fue uno de los responsables de la modernización de la industria gráfica brasileña. Otros editores importantes fueron José Carlos Rodrigues, Louis Mongie y Francisco de Paula Brito. Este último fue uno de los nombres más importantes en la historia del mercado editorial brasileño; además de tipógrafo, editor y librero, fue también traductor. Otra tipografía importante fue la de Baptiste Louis Garnier, que funcionó entre 1844 y 1943. Publicó a muchos autores brasileños, entre ellos Machado de Assis, y también tuvo un programa esencial de traducciones literarias (Hallewell 2012).
El siglo XIX también estuvo marcado por una fuerte ola de nuevas migraciones, que estimuló la traducción. Parámetros nuevos como la apertura oficial del país, las concesiones de tierras a los extranjeros o los problemas económicos en otros países trajeron nuevos flujos de europeos a Brasil. Ya no eran sólo portugueses, ingleses, franceses y holandeses -grupos que vinieron en mayor número en el período colonial-, ni africanos -que fueron traídos esclavizados y siguieron llegando hasta el siglo XIX (sólo en 1850 se prohibió el comercio de esclavos, y Brasil fue el último país occidental en abolir la esclavitud)-; se trataba de inmigrantes suizos, alemanes, irlandeses, italianos y japoneses, llegados para trabajar en la agricultura, especialmente en las plantaciones de café. Estos nuevos grupos humanos trajeron sus tradiciones culturales, y la traducción fue un instrumento para ayudarles a adaptarse a las costumbres locales, que también cambiaron con la llegada de nuevas culturas. Quizá por eso Schwarcz y Starling (2015) afirman que Brasil hizo del mestizaje una especie de representación nacional. Por un lado, afirman los autores, el mestizaje se consolidó de forma violenta, con la entrada forzada de pueblos, culturas y experiencias en el país; por otro lado, creen que esa misma mezcla sin parangón generó de forma innegable una sociedad definida por la fusión de ritmos, deportes, olores, cocina y literatura. Tal vez por eso, en su opinión, "el alma de Brasil está salpicada de colores". Schwarcz y Starling (2015) continúan afirmando que nuestros diversos rostros y rasgos diferenciados, nuestras múltiples formas de pensar y sentir el país ofrecen una prueba de la profunda mezcla que dio lugar a nuevas culturas, ya que son híbridos de tantas experiencias. La diversidad cultural, expresada en el sentido único del término, es quizás una de las grandes realidades del país, marcada y condicionada por la separación, pero también por la mezcla que resulta de este largo proceso de mestizaje. Construida en la frontera, el alma mestiza de Brasil -resultado de una mezcla original de amerindios, africanos y europeos- es el resultado de prácticas discriminatorias centenarias, pero que, al mismo tiempo, llevan a la creación de nuevas salidas (Schwarcz & Starling 2015: 19-20)

Como señala Coutinho (2002: 5-6), el siglo XIX fue la época de mayor relevancia cultural en Brasil. Por circunstancias históricas, nacionales e internacionales, coincidiendo con el advenimiento de la civilización burguesa, democrática, industrial y mecánica, y con la nueva penetración de la ciencia en el mundo de las ideas y de las acciones a través de la biología, los valores representativos de esta sociedad tuvieron tal impacto en el espíritu occidental que lo dominaron casi por completo. El sistema de ideas y normas que caracterizó esa época ejerció tal influencia en el Brasil de finales del siglo XIX y principios del XX, que su impronta hoy en día aún está presente en muchas mentes.

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[heading title] La república (1889 hasta la actualidad)

A principios del siglo XX, aparecieron dos de las figuras más importantes de la vida cultural y política brasileña (Viana Filho 2002: 183): Joaquim Nabuco (1849-1910) y Ruy Barbosa (1849-1923). El primero recibió una fuerte influencia de la cultura y los escritores franceses, participando activamente en la fundación y organización de la  Academia Brasileira de Letras, y vivió en varios países, como Estados Unidos, Inglaterra e Italia, trabajando como periodista, político y embajador. Ruy Barbosa, que produjo una vasta y variada obra, fue presidente de la Academia Brasileña de Letras, tradujo textos de diversos ámbitos, desde la literatura hasta la educación, importando así autores y obras incorporadas al sistema cultural brasileño. Por ejemplo, tradujo el Elementary Teaching Manual for use by parents and teachers (un manual inglés para la enseñanza elemental, de N. A. Calkins; traducción publicada en 1886, por la Imprensa Nacional, en Río de Janeiro). La propia ficha catalográfica muestra su cuidado con el texto traducido, ya que registra la edición del texto fuente utilizado y la advertencia de que la traducción fue "adaptada a las condiciones de nuestra lengua y de los países que la hablan por el consejero Ruy Barbosa" (Barbosa 1886: 4). 

Ruy Barbosa (1849-1923) and Joaquim Nabuco (1849-1910), two of the most important figures in Brazilian cultural life at the turn of the 20th century
Ruy Barbosa (1849-1923) y Joaquim Nabuco (1849-1910), dos de las figuras más importantes de la cultura brasileña a principios del siglo XX

En su prólogo, Barbosa explica el contenido de la obra y su importancia para mejorar la didáctica brasileña, para luego pasar a comentar la traducción. Barbosa (1886: xiv) escribe:

El libro portugués es en parte una traducción, no siempre sencilla, y en parte una adaptación laboriosa y compleja. En la traducción descarté el servilismo literalista cuando era necesario para transmitir el pensamiento del texto con fidelidad. Con frecuencia, cuando la reflexión me proporcionaba un equivalente preferible, no dudé en adoptarlo, siempre con toda precaución, para evitar una disonancia frente al espíritu o la letra del original. 

A continuación habla sobre la intraducibilidad y la adaptación de parte del contenido del libro, que atribuye a las diferencias y especificidades de cada idioma, por ejemplo en el terreno de las medidas y los sonidos. El prólogo concluye con las palabras siguientes (1886: xv):

Han de ser los profesionales quienes juzguen hasta qué punto me he desviado en vano de mi intento de respetar la armonía del conjunto y de mantener una severa fidelidad hacia el genio del método que creo que este libro inaugura en nuestro seno.

Parte de mis propios añadidos aparecen entre corchetes; otros se han aclarado en notas; cuando la cuestión era muy secundaria, me pareció que tales llamadas resultaban irrelevantes.

Al traducir este tipo de textos, Barbosa destaca la necesidad de aportar al sistema cultural brasileño obras que puedan contribuir a ampliar, fortalecer y renovar la educación en el país.
Euclides da Cunha (1866-1909) y Lima Barreto (1881-1922) son también intelectuales destacados de inicios del siglo XX. Puede decirse que fueron "traductores intralingüísticos" de Brasil, ya que en sus obras -en particular, Os Sertões, del primero, y Triste Fim de Policarpo Quaresma y Os Bruzundangas, del segundo- supieron replantear ciertos aspectos de lo que es "Brasil". Sin embargo, hay otros autores de la época, como Augusto dos Anjos (1884-1914), cuya obra evidencia préstamos de temas extranjeros; Peixoto (2008: 243) afirma que "la huella de la estética de la decadencia de Baudelaire" en Dos Anjos es claramente evidente. Dos Anjos también impregnó la poesía nacional con innumerables términos científicos (generalmente traducidos).
Como hemos visto hasta ahora, la historia de Brasil, en sus diferentes sectores (desde los textos literarios hasta los diversos manuales, desde la agricultura hasta los libros de texto), está estrechamente ligada a la traducción, lo que convierte a Brasil en uno de los mayores importadores mundiales de conocimiento. Wyler (2003: 9-10) afirma que el 80% de la narrativa, poesía y ensayo brasileños, así como los manuales y catálogos, se traducen. Para Wyler, esto también demuestra que, en Brasil, a diferencia de lo que ocurre en Estados Unidos e Inglaterra, los traductores se cuentan por miles; estos traductores traducen al portugués no sólo libros, sino todo tipo de información procedente de países más desarrollados, información que alimentará los diversos sectores de la vida nacional, especialmente los de producción, reproducción y comunicación del conocimiento.
Los diferentes grados de contacto con autores extranjeros, que serán leídos, adaptados y traducidos, alimentaron la producción nacional en los más diversos sectores. No debe extrañar que, a principios del siglo XX, los intelectuales rescataran ciertas tradiciones, "traducciones", interpretaciones y reinterpretaciones que culminaron en el movimiento modernista de 1922, que dialogó con las vanguardias europeas, especialmente francesa e italiana, ya que el Modernismo, según Bosi (1997: 391), fue un terreno fértil para las aventuras experimentales poéticas y de ficción, y formó parte de la compleja historia de las invenciones formales en la literatura europea.
El emblemático Manifiesto futurista de Marinetti, publicado el 5 de febrero de 1909 en Italia y el 20 de febrero de 1909 en París, fue traducido parcialmente al portugués el 5 de junio de 1909, en el periódico A República de Natal, probablemente por su director, Manuel Dantas. Una segunda traducción, ahora íntegra, apareció en el Jornal de Notícias (Salvador), el 30 de diciembre de 1909, a cargo de Almachio Diniz.
Cabe afirmar que estas traducciones se encuentran a caballo entre el Futurismo y el Modernismo brasileño, en el que destaca la figura de Oswald de Andrade (1890-1954), que mantuvo un intenso contacto con las vanguardias europeas y escribió dos influyentes manifiestos: El Manifesto Pau-Brasil, de 1924, que exalta la poesía nacional y la necesidad de exportarla, y el Manifesto antropófago, de 1928, que defiende la "deglución" de las influencias extranjeras, eliminando lo que no pueda incorporarse útilmente a las actividades artísticas, literarias y culturales, creando así algo nuevo. La antropofagia es un concepto que puede leerse a la luz de la antropología, la literatura y la filosofía; está presente en nuestros orígenes precoloniales, y ha echado raíces a lo largo de la historia de Brasil. Por esta razón, De Andrade afirma con audacia en su manifiesto "Sólo la ANTROPOFAGIA nos une. Socialmente. Económicamente. Filosóficamente. La única ley del mundo. [...] Sólo me interesa lo que no es mío. Ley del hombre. Ley del antropófago" (Andrade 1990: 23).
Este "devorar" lo ajeno, lo extranjero, lo otro, para digerirlo, asimilarlo y remodelarlo está en la base de la traducción en general, y de la historia de la traducción en Brasil en particular. El Modernismo sacudió diferentes sectores de la cultura nacional; uno de ellos es la impresión de traducciones brasileñas en formato de libro a partir de 1930. El período comprendido entre 1930 y 1940 se considera la "Edad de Oro" de la industria del libro y de la traducción en Brasil
Las editoriales de la época eran la Companhia Editora Nacional (São Paulo y Río de Janeiro), la Editora Globo (Porto Alegre), la Editora José Olympio (Río de Janeiro), la Editora Francisco Alves (Río de Janeiro), la Editora Melhoramentos (São Paulo) y la Livraria Martins (São Paulo), así como la pionera Companhia Gráfica Editora Monteiro Lobato. Las editoriales que tenían colecciones de obras traducidas en sus catálogos eran la Companhia Editora Nacional, Editora Globo, Editora José Olympio y Livraria Martins (Wyler, 2003).
Todavía en la época del boom editorial brasileño, que algunos trasladan a la década de 1950, se publican numerosas colecciones, muchas de ellas dedicadas a temas brasileños, como la Biblioteca Pedagógica Brasileira, Brasiliana, Grandes Livros do Brasil, Biblioteca Médica Brasileira (Companhia Editora Nacional) y Os Grandes Livros Brasileiros (José Olympio). Algunas de estas colecciones contaban con textos traducidos, como Paratodos, Terramarear y Biblioteca das Moças, todas de la Companhia Editora Nacional. José Olympio publicó las colecciones Documentos Brasileiros y Os Grandes Livros Brasileiros, además de otras como Rubáiyát, Joias da Poesia Universal y Fogos Cruzados, ambas con textos principalmente traducidos. Martins lanzó la Biblioteca Histórica Brasileira y la Biblioteca de Literatura Brasileira, junto con Excelsior, compuestas en su mayoría por libros traducidos. Saraiva, editorial especializada en libros jurídicos desde 1948, invirtió también en clásicos nacionales y extranjeros. Una de las editoriales más importantes en materia de traducción fue la Editora Globo, de Porto Alegre; de 1931 a 1956, publicó una cantidad considerable de narrativa traducida, especialmente del inglés. La Coleção Amarela y la Coleção Nobel, publicadas entre 1933 y 1958, incluían autores de diferentes nacionalidades (Milton 2003). Uno de los mayores éxitos comerciales fue À la recherche du temps perdu, de Marcel Proust, publicado por Editora Globo. La edición más prestigiosa fue La Comédie Humaine de Balzac, editada por el traductor húngaro-naturalizado-brasileño Paulo Rónai (1907-1992), publicada entre 1945-1959 en diecisiete volúmenes, y traducida por un equipo de más de veintisiete traductores, entre los que se encontraban destacados escritores como Mário Quintana, Manuel Bandeira y Carlos Drummond de Andrade.
Rónai también coordinó y tradujo, junto con Aurélio Buarque de Holanda Ferreira, la colección Mar de Histórias, una antología de cuentos del mundo. De 1945 a 1963, el editor José Olympio publicó cuatro volúmenes de cuentos de diversas nacionalidades que fueron parcialmente reeditados por otras editoriales.
En cuanto a las colecciones, una de las más importantes del panorama nacional en la primera mitad del siglo XX, según Carneiro (2008), fue la Coleção Brasiliana, creada en 1931, publicada por la Companhia Editora Nacional. Con el fin de publicar textos de temática "brasileña", los libros traducidos presentaban temas relacionados de alguna manera con Brasil. Cristina Rodrigues Carneiro destaca el hecho de que esta colección muestra signos de agradecimiento al traductor, como la presencia de su nombre en la portada o en la página del título, y espacio para notas y prólogos. La colección publica textos traducidos del inglés, el francés y el alemán. El viajero y botánico francés Auguste de Saint-Hilaire (1779-1853) fue el autor más traducido, según la investigación de Carneiro; escribió el importante libro Voyages dans l'intérieur du Brésil, y muchos volúmenes, publicados entre 1830 y 1851 en Francia, que describen la fauna, la flora y las costumbres brasileñas. Esta colección presenta temas variados, en los ámbitos de la historia, la antropología, las memorias y los viajes, estos últimos en mayor número. Los reportajes de viajes, según Wyler (2003), fueron publicados por otras editoriales, como Livraria Martins, que creó, en la década de 1940, una serie dedicada al tema y que, hasta 1952, editó 19 títulos traducidos por escritores-traductores, como Sérgio Milliet y Sérgio Buarque de Holanda.

Monteiro Lobato (1882-1948) fue una figura destacada de la cultura nacional, vinculada a la edición, la literatura y la traducción. Este autor/editor/traductor puede haber sido fundamental para el crecimiento de la industria brasileña del libro. La política de su editorial era desarrollar un mercado de masas para aumentar el consumo de libros, ya que creía que esto ayudaría al desarrollo del país. Antes de Lobato, la mayoría de las publicaciones estaban en manos de empresas portuguesas o francesas, y su mercado objetivo era la élite. En 1920, más de la mitad de las obras literarias publicadas en Brasil eran producidas por Monteiro Lobato e Cia. En 1941, una cuarta parte de todos los libros publicados en Brasil eran producidos por la Companhia Editora Nacional de Lobato, fundada tras la quiebra de Monteiro Lobato e Cia. Lobato abrió puntos de venta e innovó en la presentación visual de los libros, con portadas más atractivas. También se abrió a la literatura de los más diversos países. De hecho, Monteiro Lobato fue uno de los responsables de un movimiento de importación anglófona que contribuyó a que el inglés fuera la principal lengua extranjera estudiada y hablada en Brasil después de la Segunda Guerra Mundial. Además, Lobato destacó por valorar la cultura y el folclore locales, y por expandir la literatura infantil y juvenil en el país, habiendo adaptado y "domesticado" él mismo múltiples libros infantiles y juveniles extranjeros, utilizando un lenguaje más sencillo y coloquial para facilitar la comprensión del público lector. A Lobato se le atribuyeron numerosas traducciones, como obras de Truslow James Adams, Hans Christian Andersen, Scholen Asch, Carlo Collodi, Alexandre Dumas, Conan Doyle, Daniel Defoe, H. G. Wells, Lewis Carroll, Will Durant, Mark Twain, Rudyard Kipling, los hermanos Grimm, Ernest Hemingway, Jack London, Charles Perrault y Jonathan Swift. La vasta producción de Lobato muestra muchas referencias a autores extranjeros; se puede creer que actuó de forma "caníbal", incorporando y adaptando elementos extranjeros a sus propias narraciones. El nombre de Lobato también se asocia directamente con el género infantil y juvenil, que en Brasil comienza a aparecer en libros de texto, traducciones (Almeida 2003: 207) y muchas adaptaciones de la literatura mundial para niños. Lobato colaboró intensamente en la importación de este "género" literario, transformándolo e incorporándolo a sus narraciones

Monteiro Lobato (1882-1948) and one of his translations,issued by his publishing house
Monteiro Lobato (1882-1948) y una de sus traducciones, publicada por su editorial

Más tarde, hubo otros escritores que también se volcaron en los géneros infantiles, adaptando obras extranjeras como los cuentos del folclore mundial, tal como hizo Alberto Figueiredo Pimentel (1867-1914) con Contos da Carochinha. Un libro italiano con gran éxito entre su público fue el Cuore de Amicis, traducido por João Ribeiro. El Pinocchio de Collodi también conoció muchas adaptaciones y traducciones. En conjunto, se creó un auténtico "mercado" del libro infantil. En 1915, Arnoldo de Oliveira Barreto (1869-1925) creó la Biblioteca Infantil, editada en São Paulo por Weisflog Irmãos, con multitud de libros adaptados de la literatura mundial.

Los "subgéneros" de la literatura infantil y juvenil, como los reportajes de viajes, el teatro y la literatura religiosa, se nutren constantemente de las numerosas traducciones y adaptaciones realizadas especialmente para este sector. Se lanzaron muchas colecciones de libros infantiles, como O tesouro da juventude (Ed. Jackson), en 18 volúmenes, O mundo da criança (Ed. Delta) y O mundo pitoresco (Ed. Jackson), con 15 volúmenes cada una (Almeida en Coutinho 2003: 216). Otro sector importante, relacionado, que creció gracias a la traducción es el de la divulgación científica, o el de los libros de texto. El mundo de las adaptaciones también gana con los comics, e incluso con las adaptaciones cinematográficas de clásicos infantiles de Walt Disney. La literatura infantil y juvenil se publicaba en revistas y periódicos, casi siempre en forma de cómic y generalmente en traducción (Almeida 2003: 219). Varios autores brasileños contribuyeron a la difusión del género, traduciendo y adaptando historias, como Guilherme de Almeida, Cecília Meirelles, Erico Verissimo y otros

Otro poeta modernista que también se dedicó a la traducción fue Manuel Bandeira (1886-1968). Aunque declaraba traducir "como un deber del oficio", la traducción era para él un laboratorio creativo; Bosi (1997: 409) afirma que Bandeira era capaz de componer en todos los ritmos y de traducir con igual maestría a Shakespeare y a Hölderlin, a Rilke y a García Lorca, habiendo convivido con lo mejor de lo que la literatura de todos los tiempos y países podía darle. Paes (1990: 85) señala que el taller de traducción poética de Bandeira no difiere sustancialmente de su taller de poeta, y que ambos se basaban en la "intuición creativa" y en la "máquina secreta del subconsciente". Al estar más vinculado a la poesía, Bandeira lanzó una antología de sus traducciones de poesía, publicada por primera vez por la Editora Globo en 1948. Bandeira eligió autores de diferentes nacionalidades y tradiciones, desde San Francisco de Asís, hasta Goethe, Bashô, Lorca, Heine, Paul Éluard, Dickinson, Sor Juana Inés de La Cruz, Rainer Maria Rilke, Elisabeth Bishop y Borges. Bandeira elige sus afinidades literarias porque, como él mismo afirma, "sólo traduzco bien los poemas que me gustaría haber escrito, es decir, los que expresan cosas que ya estaban en mí, aunque no formuladas"; estas traducciones se hicieron "por necesidad de autoexpresión" (Bandeira 1966: 125). Así, parece indicar el uso de la traducción antropofágica de un texto ajeno para la creación autoral. Bandeira también defendió la traducción como recreación: "La traducción de un poema es, al fin y al cabo, una recreación. Sólo es total y perfecta cuando es fiel tanto a los poetas traducidos como a los traductores" (1978: 229); también afirma que "el poeta-traductor puede encontrar la misma virtud musical en otra lengua, en otra combinación de palabras" (Bandeira 1978: 293). Las traducciones de Bandeira se funden a veces con el trabajo de autor, como sugiere Paes (1990: 59) en Tradução: a ponte necessária. Bandeira no desarrolló exactamente una teoría de la traducción. Aun así, sus escasas reflexiones sobre el tema, especialmente sobre la traducción de poesía, en las que discute la intraducibilidad y la búsqueda de equivalencia, preceden a parte de las formulaciones sobre (trans)creación defendidas por Augusto y Haroldo de Campos

Guilherme de Almeida (1890-1969) se encuentra entre los autores nacionales que destacan como traductores. Modernista y uno de los promotores de la Semana de Arte Moderno de 1922, De Almeida fue periodista y escritor, y actuó activamente como traductor de autores como Sófocles, Baudelaire, Paul Verlaine, Villon, Oscar Wilde, Wilhelm Busch y Andersen. Guilherme de Almeida publica sus traducciones de poesía en ediciones bilingües, promoviendo, según Guimarães (2010), un "cambio en la noción de traducción", tanto en la relación del lector con la traducción, como en el "lugar que ocupa la traducción, al dejar de fundirse con la propia obra del poeta". Guilherme de Almeida utiliza la metáfora de la traducción como transfusión, que remite a la "recreación". La transfusión, para él, era "el renacimiento de un organismo mediante la infiltración de la sangre de otro, pero del mismo 'tipo'" (1944: 98). Así, considera la traducción como una "(re)producción". En el prefacio del libro Poetas de França, de 1936, afirma que "'traducir, en este caso, sería más bien 'reproducir'". "Reproducir" recuperaría aquí su auténtico sentido: "re-producir significa 'producir de nuevo', es decir, sentir, pensar y decir como el autor y con el autor" (1965: 20). En cierto modo, De Almeida anticipa las concepciones sobre la traducción que desarrollarán los hermanos De Campos.

Erico Verissimo (1905-1975) merece mención especial entre los novelistas que también se dedicaron a la traducción. Además de su copiosa producción propia, tradujo a varios autores, entre ellos Aldous Huxley y Katherine Mansfield, para la Editora Globo, donde también ejerció de asesor literario y corrector. Veríssimo estuvo muy influido por Katherine Mansfield, hasta el punto de declarar (1973) que Mansfield y Francis Jammes le inspiraron para componer su primera novela, Clarissa (1933). También adopta procedimientos tomados de otros autores que tradujo, como la técnica del contrapunto creada por Aldous Huxley. Paula Godoi Arbex señala que, para Veríssimo, el trabajo del traductor requiere el conocimiento simbólico y cultural del universo del autor; el conocimiento biográfico, histórico; la lectura amplia de la obra del autor traducido; la lectura de obras que dialoguen con el autor traducido; el descubrimiento del diálogo entre la obra literaria y otras formas de arte (Arbex 2013: 52).

Guimarães Rosa (1908-1967) fue un escritor brasileño, políglota, miembro de la Academia Brasileña de Letras, autor de la colección de cuentos Sagarana (1946) y de la novela Grande Sertão: Veredas (1952). Se le debe mencionarse aquí por la intensa correspondencia que intercambió con sus traductores, como Edoardo Bizzarri, Harriet de Onís, Curt Meyer-Clason, Jean-Jacques Villard y Angel Crespo, ya que acompañó las etapas del proceso de traducción, mostrando interés y preocupación por el resultado final, porque sabía que esto contribuiría a la forma en que su imagen sería evaluada en el extranjero. El diálogo con los traductores fue tan intenso que se puede decir que Rosa actuó como una especie de cotraductor. En una carta fechada el 28 de octubre de 1963, dirigida a Bizzarri, afirma: "No eres sólo un traductor. Somos 'socios', sí, y la invención y la creación deben ser constantes" (1967a: 51). En otras ocasiones, elogia las traducciones y sugiere que la traducción puede mejorar el "original" y facilitar la comprensión de su obra. En otra carta a Edoardo Bizzarri, fechada el 11 de octubre de 1963, Rosa dice: "Ya me veo traducido ventajosamente. Lo digo en serio: quien quiera realmente leer y entender a G. Rosa en el futuro tendrá que leer las ediciones italianas" (1963: 37). El abundante intercambio epistolar muestra una valiosa discusión sobre aspectos de la escritura creativa/autoral de Rosa, como las innovaciones lingüísticas, el estilo oral en la escritura, la sintaxis y también los retos de la traducción. En este diálogo, Guimarães Rosa actúa como crítico, teórico e historiador de la traducción. Además, es posible plantear cuestiones relacionadas con su proceso creativo, los matices de su escritura particular y también su(s) concepción(es) sobre la traducción. Así, consciente de la inventiva de sus narraciones, llenas de neologismos, regionalismos, sintaxis innovadora, y de los retos que supone "transponer" su literatura a otras lenguas, Guimarães Rosa propone en sus cartas a sus traductores al alemán y al italiano -Curt Meyer-Clason y Edoardo Bizzarri respectivamente-, que sean autónomos, que no se aferren al "original", sino que se sientan libres de adaptar, reescribir, o incluso buscar una solución mixta entre los textos/culturas de origen y destino, que pueda recrear el lenguaje artísticamente elaborado, muchas veces incomprensible incluso para un lector brasileño. En algunas cartas, Rosa dice que a veces es necesario recurrir a una solución mixta, en otras, a la "trans-adaptación" (1963a: 39); a su traductor italiano, le dice: "Cuanto más a gusto te sientas para inventar, más feliz me harás" (1963a: 43); también: "Puedes tener más libertad. Para subrayar lo que creas conveniente. Omitir lo que resultaría inútil en la traducción. Dejar de lado lo intraducible, o resumir, limpiar, concentrar" (1963a: 95). En cuanto a su traductor al alemán, Rosa aconseja la repetición literal o la traducción ipsis verbis siempre que sea necesario: "Parece absurdo, pero es una solución poética" (1963b: 257). Estos son algunos de los ejemplos que ilustran cómo Guimarães Rosa dialogaba con los traductores y que ilustran sus concepciones sobre la traducción.

Una de las escritoras-traductoras pioneras en Brasil fue Cecília Meirelles (1901-1964). Meirelles hablaba múltiples idiomas, como el inglés, francés, italiano, español, alemán, ruso, hebreo, hindú y sánscrito, y se hizo cargo de la traducción de diversos autores, desde Federico García Lorca hasta Virginia Woolf, pasando por una antología de la poesía hebrea o china. Cecília Meirelles recibió dos premios por sus traducciones, el Prêmio de Tradução de Obras Teatrais (1962) y el Prêmio Jabuti de Tradução de Obra Literária por el libro Poesia de Israel (1963).

Rachel de Queiroz (1910-2003), cuya primera novela, O Quinze, la proyectó a nivel nacional, fue la primera mujer admitida en la Academia Brasileña de Letras. Parte de su vida literaria estuvo dedicada a la traducción. Realizó más de 60 traducciones entre 1940 y 1972, desde autores franceses como Alexandre Dumas y Balzac a rusos como Dostoievski y Tolstoi, pero también ingleses, como Stevenson, Austen y Emily Brontë. Oliveira & Oliveira (2008), destacan su contribución a la consolidación del inglés como principal lengua original en el contexto brasileño, y por utilizar alternativamente procedimientos extranjerizantes y domesticadores en sus traducciones.
Clarice Lispector (1920-1977), autora de origen ucranio que llegó muy joven a Brasil, fue aclamada nacional e internacionalmente por sus obras escritas en portugués. Además de su extensa producción, Lispector también actuó como traductora de más de 46 obras de diferentes idiomas y diversos géneros. Entre los autores que tradujo se encuentran Agatha Christie, Edgar Allan Poe, Oscar Wilde, Jack London y Henry Fielding. Algunos estudios, como los de Nolasco (2008), sugieren que sus traducciones inspiraron su propia obra. Clarice Lispector también reflexionó sobre el proceso de traducción. En una de sus crónicas, "Traduzir procurando não trair" (Revista Joia, mayo de 1968), al hablar de la traducción de una obra de teatro, destaca "lo intrincado que puede ser traducir una obra". Incluso afirma que, como traductora, "corres el riesgo de no parar nunca: cuanto más revisas, más quieres cambiar en los diálogos. Por no hablar de la necesaria fidelidad al texto del autor, al tiempo que se maneja la lengua portuguesa, que no traduce fácilmente ciertas expresiones típicamente estadounidenses que requieren una adaptación más libre" (2018: 105). Los retos y dificultades de la traducción también estaban relacionados con la entonación, el ritmo y el efecto en la lectura en voz alta, ya que a Clarice Lispector le preocupaba sobre todo cómo sonaría el texto traducido.
La Poesía Concreta fue un importante movimiento literario que se impuso, según Bosi (1997: 351), a partir de 1956, como la expresión más viva y activa de nuestra vanguardia estética. Sus integrantes fueron los hermanos De Campos y Décio Pignatari, fuertemente vinculados a las vanguardias europeas, como el Futurismo italiano y ruso, el Dadaísmo, el Expresionismo y el Imagismo. Algunos de los autores extranjeros diseccionados, asimilados y "traducidos" por el grupo fueron Mallarmé, Mayakovsky, Apollinaire, Ungaretti, Pound, Joyce y Gertrude Stein.
Los ejemplos anteriores de escritores-traductores y el constante diálogo con los movimientos culturales internacionales refuerzan el hecho de que la traducción estaba directamente vinculada a la literatura, y muestran hasta qué punto la traducción alimentaba la creación literaria nacional. Sin embargo, este intenso contacto no se produjo únicamente en el ámbito literario. Hay otros sectores que tuvieron que convivir con la traducción, como el técnico, el científico y el educativo. Después del golpe militar de 1964, y con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos en una acción de cooperación entre los dos países, Brasil comenzó a importar obras de muchos autores estadounidenses y muchos de estos libros se utilizaron en el sistema escolar brasileño, lo que desencadenó una especie de sumisión y dependencia de todo lo producido por los Estados Unidos. Si los siglos anteriores estuvieron marcados por la gran influencia europea, el siglo XX estará marcado por la influencia de los Estados Unidos

En el siglo XX, las reflexiones sobre la traducción se intensificaron, tal como puede comprobarse en distintos paratextos recogidos por Martins & Guerini (2018). Este proceso culminó en el trabajo teórico de Haroldo de CamposAugusto de Campos. Wyler (2003) observa que Rónai, en su Escola de tradutores (1952), así como Silveira, en A arte de traduzir (1954) se cuentan entre los primeros brasileños en reflexionar sobre el arte de la traducción.

Haroldo de Campos(1929-2003) and Augusto de Campos (1931) Leading members of Concrete Poetry and innovative translators
Haroldo de Campos(1929-2003) y Augusto de Campos (1931), líderes de la Poesía Concreta y traductores vanguardistas

Entre los nombres que se acaban de mencionar, cabe destacar las reflexiones de los hermanos De Campos, que adquirieron fama internacional por la poética de la transcreación, que remite al concepto de "traducción creativa". La vasta producción de Haroldo de Campos puede situarlo como nuestro "mayor pensador en traducción poética" (Tápia & Nóbrega 2013). Haroldo de Campos centra su pensamiento sobre la traducción en la noción de que la traducción es una actividad creativa y crítica, y esta formulación se encuentra en el ensayo fundacional "Da tradução como criação e como crítica" 1962), y en "A tradução como instituição cultural" (1997), en los que Haroldo sintetiza los principales aspectos de su poética de la traducción. En este último, se remite al prefacio de su libro A operação do texto, en el que afirma: "He llegado a considerar la traducción como 'transcreación' y como 'transculturación', ya que 'no sólo el texto, sino la serie cultural (el extratexto de Lotman) se transtextualizan en el entrelazamiento de diversos tiempos y espacios literarios'" (1976: 208-9)

En el siglo XXI, otros traductores, autores y críticos como Boris Schnaiderman, Paulo Henriques Britto y Álvaro Faleiros se han centrado en el estudio de la traducción de narrativa y, sobre todo, de poesía.

Boris Schnaiderman (1917-2016) destaca en el panorama cultural brasileño no sólo por sus traducciones, sino también por su pensamiento crítico sobre la traducción. Nacido en la comunidad judía rusófona de Odesa y llegado a Brasil en 1925, firmó sus primeras traducciones (publicadas por Vecchi, de Río de Janeiro) bajo seudónimo a mediados de la década de 1940. Publicó más de 300 artículos en periódicos, con énfasis en las reflexiones sobre la traducción de la literatura rusa, tanto de autores famosos como de los menos conocidos. Schnaiderman tradujo varios libros, algunos en colaboración con los hermanos De Campos y Nelson Ascher, y publicó el libro Tradução: ato desmedido (2011). Sus ideas sobre la literatura rusa y la traducción lo convirtieron en "uno de los innovadores del pensamiento sobre la traducción y uno de los grandes eslavistas del siglo XX" (Gomide 2012).

Paulo Henriques Britto (1951-) es una de las figuras contemporáneas más prominentes, con una vasta y aclamada producción traductora además de la producción propia como escritor y profesor en la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro. Britto ha publicado seis libros de poesía y ha traducido más de cien obras del inglés al portugués: Charles Dickens, Elizabeth Bishop, D. H. Lawrence, Henry James, William Faulkner, Byron y otros. Escribió varios artículos sobre traducción y publicó, en 2012, el premiado libro A tradução literária. En este libro, Britto reflexiona sobre la tarea del traductor, combinando teoría y práctica, ya que su perspectiva es la de una práctica reflexiva. Britto afirma que, aunque traducir es un trabajo creativo, la traducción y la creación literaria no son lo mismo (Britto 2012: 27-28) y que el traductor no es necesariamente un traidor, ya que no es cierto que las traducciones deban ser bellas o fieles; belleza y fidelidad son perfectamente compatibles (Britto 2012: 18-19). En contra de algunas corrientes teóricas, para Britto el concepto de fidelidad al original tiene una importancia central en la traducción; para él, los poemas pueden ser traducidos y analizados objetivamente como cualquier otro texto literario

Álvaro Faleiros (1972-), además de ser un catedrático de traducción y literatura francesa en la Universidad de São Paulo, se dedicó a la música, a la traducción y a escribir ensayo. En el campo de la traducción literaria, Faleiros ya se ha enfrentado a Apollinaire, Mallarmé y Paul Valéry, además de reflexionar sobre el proceso de traducción en diversos artículos y libros, tales como Traduzir o poema (2012), en el que se establece un diálogo entre diversas tendencias de los estudios de traducción, analizando cuestiones teóricas y prácticas en poemas traducidos. Su último libro es Traduções canibais: uma poética xamânica do traduzir (2019), en el que confluyen aspectos de traducción, reescritura poética y pensamiento chamánico amerindio.

Además de estas tres figuras, en la actualidad hay en Brasil multitud de personas dedicadas a la investigación que publican frecuentemente sobre nuestra área. 

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[heading title] El mundo académico de la traducción en Brasil

En la universidad, con la creación de la disciplina de los estudios de traducción a partir de la propuesta fundamental de Holmes (1972) y siguiendo la estela de la creación de cursos de traducción en otros países, asistimos al florecimiento de cursos de grado en las universidades brasileñas. Actualmente contamos con 30 licenciaturas en traducción, tanto en instituciones de enseñanza superior públicas como privadas. Las licenciaturas en traducción están vinculadas al área de letras (que comprende principalmente lingüística y literatura). La primera licenciatura -Licenciatura en letras: corrector-traductor-intérprete- se creó en 1969 en una institución privada, la Pontifícia Universidade Católica do Rio de Janeiro (PUC-Rio); en las instituciones públicas, el primer programa se creó en 1973, en la Universidade Federal do Rio Grande do Sul.

Two Brazilian journals on translation studies: Tradução e comunicação (the first) and Cadernos de tradução (the leading journal in the country)
Dos revistas de traducción brasileñas: Tradução e comunicação (izqda) y Cadernos de tradução (la de mayor prestigio del país)

Durante este periodo, se han fundado también revistas académicas dedicadas exclusivamente a la traducción, la primera de las cuales fue Tradução & Comunicação (Faculdade Ibero-Americana/Associação Brasileira de Tradutores, 1981-2013). Le han seguido otras revistas, entre las que aquí mencionamos solo las que continúan activas: TradTerm (Universidade de São Paulo, 1994); Cadernos de Tradução (Universidade Federal de Santa Catarina, 1996); Cadernos de Literatura em Tradução (Universidade de São Paulo, 1997); Cadernos de Tradução (Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 1998); Tradução em Revista (PUC-Rio, 2004); Ronái (Universidade Federal de Juiz de Fora, 2006); Belas Infiéis (Universidade de Brasília, 2012); Translatio (Universidade Federal do Rio Grande do Sul, 2011); Transversal (Universidade Federal do Ceará, 2015). A esto cabe añadir los diversos números y dosieres especiales sobre la traducción que se han publicado en revistas dedicadas a áreas afines, tales como Trabalhos em Linguística Aplicada, Ilha do Desterro, Revista da ANPOLL, Revista de Letras UFC.

El siglo XX se ha caracterizado pues por el aumento de las obras traducidas, la creación de programas de grado, la fundación de revistas académicas especializadas, la creación en 1986 del Grupo de Trabajo de Estudios de Traducción de la ANPOLL y, en 1992, de la Associação Brasileira de Pesquisadores em Tradução (Asociación Brasileña de Investigadores en Traducción, ABRAPT); mientras que el siglo XXI se está caracterizando por la creación de programas de posgrado en Estudios de Traducción. El programa de Posgrado en Estudios de Traducción de la Universidade Federal de Santa Catarina (PGET/UFSC), fue el primero en crearse, en 2003, y es el único que actualmente ofrece un título de doctorado en estudios de traducción. Hasta diciembre de 2020, ha concedido 329 títulos de máster y 173 de doctorado. En 2011, se creó el Máster en estudios de traducción de la Universidad de Brasilia (POSTRAD/UnB), que ya ha otorgado 139 títulos de Máster. En el mismo año, se aprobó el Programa de Posgrado en Estudios de Traducción de la Universidade de São Paulo, que finalizó sus actividades en 2016, habiendo concedido 56 diplomas de maestría y 17 de doctorado. En 2014, se creó el programa de Posgrado de Estudios de Traducción de la Universidade Federal de Ceará (POET/UFC), que ha otorgado hasta la fecha 68 títulos de Máster.

La institucionalización de los estudios de traducción en Brasil ha contribuido a la multiplicación de la investigación en el área, que se ha desarrollado en diversas subáreas, entre las que destaca la historia de la traducción. Tres de los programas de posgrado existentes - PGET, POSTRAD y POET - tienen las siguientes líneas de investigación "Estudios Literarios y/o Multidisciplinarios de Traducción e Interpretación" y "Estudios Lingüísticos y/o Multidisciplinarios de Traducción e Interpretación" (PGET); "Traducción, Praxis, Historiografía y Circulación de la Comunicación" y "Traducción: Lenguaje, Cognición y Recursos Tecnológicos" (POET); "Teoría, Crítica e Historia de la Traducción" y "Traducción y Prácticas Sociales y Discursivas" (POSTRAD).

La traducción estuvo inicialmente presente en las líneas de investigación de otros programas de posgrado, especialmente en literatura, lingüística, estudios clásicos y filosofía. Este es el caso de la UNICAMP en la década de los noventa, donde en el Departamento de Lingüística Aplicada del Instituto de Estudios del Lenguaje Rosemary Arrojo y Paulo Ottoni dirigieron tesis de maestría y de doctorado en estudios de traducción. Otras universidades también se interesan por la traducción. La Universidade de São Paulo siempre ha producido tesis de máster y doctorado en el Departamento de Literatura Comparada y Lenguas Clásicas, así como en los Departamentos de Lenguas Modernas y Lingüística. Se puede decir que la Universidade de São Paulo es responsable de la formación de numerosos traductores de diferentes literaturas. Un caso emblemático es el ruso, con Boris Schnaiderman (1917-2016), que tradujo directamente del ruso (generalmente se hacía a través del francés). Lo mismo ocurrió con la literatura árabe, que durante un tiempo tuvo principalmente traducciones indirectas. A lo largo de los siglos XX y XXI, se han traducido directamente al portugués obras de la cultura árabe, como la traducción de Las mil y una noches de Mamede Jarouche.

En resumidas cuentas, son muchas las universidades brasileñas han cultivado líneas de investigación en estudios de traducción, tales como la UFPR, UFRGS, UNESP, UFES, UFPB, UFCG, UFPA,UFMS, UFPel por mencionar unas pocas.

También ha florecido la traducción de las letras clásicas (griego y latín). Con la fundación de las primeras universidades del siglo XX se crearon también programas de estudios clásicos. A partir de los años 50, se hace posible una formación más especializada en esta materia gracias a los primeros programas de postgrado, y se produce un aumento considerable de la producción derivada, tanto en forma de estudios como de traducciones. A modo de ejemplo está el proyecto de publicación de obras clásicas griegas, como los diálogos de Platón, traducidos del griego por Carlos Alberto Nunes, bajo la supervisión de Benedito Nunes. Se publicaron catorce volúmenes entre 1973 y 1980; desde 2011, la Editora da Universidade Federal do Pará los reedita en formato bilingüe.

La Coordinación para el Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (CAPES) dispone de un útil catálogo de libre acceso que ayuda a rastrear los trabajos académicos de posgrado, que cataloga íntegramente las tesis de máster y doctorado presentadas desde 2012. Una búsqueda utilizando "tradução" como palabra clave arroja 5.876 tesis de maestría y 2.407 de doctorado; utilizando "Estudos da Tradução", la búsqueda arroja 707 tesis de maestría y 270 de doctorado; utilizando "Estudos de Tradução", los resultados son 200 y 46, respectivamente.

Por si esto fuera poco, los eventos académicos relacionados con la traducción no dejan de aumentar, con su culminación el 9º Congreso Internacional de la ABRAPT y el 5º Congreso Internacional de Traductores, que tuvo lugar en la Universidade Federal de Santa Catarina en 2013 y al que asistieron 1.352 investigadores, el mayor evento de estudios de traducción en Brasil hasta la fecha.

Otro hito fue el reconocimiento de la lengua de signos brasileña (Libras), por la Ley nº 10.436, del 24 de abril de 2002, y la aprobación del Decreto nº 5626, del 22 de diciembre de 2005, que regula la Libras, que pasó a ser disciplina curricular universitaria, con la consiguiente creación de los primeros programas de grado en Libras. Se puede acceder a numerosas investigaciones en esta área en un número especial de Cadernos de Tradução (v. 35, n.2, 2015), titulado Estudos da Tradução e da Interpretação de Línguas de Sinais y también en la colección Estudos da Língua Brasileira de Sinais, coordinada por Ronice Müller de Quadros y Carlos Henrique Rodrigues.

La investigación en audiodescripción es otro campo en expansión de los estudios de traducción en Brasil; las primeras investigaciones en esta área se deben principalmente a Eliane Franco y Vera Lúcia Santiago, de la Universidade Estatal de Ceará (UECE) y, más recientemente, a Marisa Ferreira Aderaldo y otros. Con el Decreto Nº 5.296, del 2 de diciembre de 2004, que reglamenta las Leyes Nº 10.048 (que prioriza los servicios públicos) y Nº 10.098 (que prevé la accesibilidad para las personas con discapacidad), se ha logrado el acceso obligatorio a los recursos para las comunidades de discapacitados visuales en diferentes sectores de la sociedad brasileña. Y la investigación en el área sigue relacionada con la traducción audiovisual de películas y teatros.
El amplio movimiento de historización de la traducción en Brasil comprende el estudio de los traductores, sus traducciones y las reflexiones sobre la traducción. Entre las iniciativas de sistematización en esta subárea, considerada por algunos como "estudios de traductores", cabe mencionar algunas iniciativas como DITRA, que traza un breve perfil bibliográfico de traductores (en su mayoría contemporáneos). Otra iniciativa similar es el sitio web Poesia Traduzida no Brasil, con la presentación de los perfiles de los traductores de poesía.

En las últimas décadas, ha habido una preocupación por entrevistar sistemáticamente a los traductores, principalmente en revistas, pero también en libros, como Conversa com tradutores (editado por Sobral & Benedetti 2003); Vozes Tradutórias (editado por Guerini, Torres & Costa 2016), que recopila entrevistas publicadas entre 1996 y 2016, en Cadernos de Tradução. También hubo iniciativas para recoger las reflexiones de los traductores brasileños, como el libro bilingüe portugués-inglés Palavra de tradutor: reflexões sobre tradução por tradutores brasileiros/The Translator's Word: Reflections on Translation by Brazilian Translators (Martins & Guerini (eds.) 2018).

Siguiendo la estela de esta iniciativa, en 2018 se creó la Coleção Palavra do Tradutor, diseñada y coordinada por Guerini, Amarante, Medeiros & Costa, que pretende dar voz y visibilidad a los traductores, y que ya ha publicado seis volúmenes.
Hay otras colecciones importantes centradas no sólo en la figura del traductor, sino también en cuestiones relacionadas con la traducción en general, y aquí destacamos la Coleção Estudos da Língua Brasileira de Sinais, en cinco volúmenes, editada por Quadros & Rodrigues.
La Coleção Engrenagens, de Pontes Editores, editada y coordinada por Pereira (UnB), sigue un enfoque más variado; los temas de esta colección de diez volúmenes publicados entre 2015 y 2021 van desde la historia de la traducción hasta la formación de traductores.

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 [heading title] Potencial para la investigación

La interpretación para los servicios públicos es un campo de investigación en alza, especialmente con la intensificación de la migración. Brasil ha recibido refugiados haitianos, venezolanos, sirios e iraquíes. Entre los inmigrantes más recientes en Brasil están los africanos. Es una inmigración todavía poco conocida y comprende varios países del continente, entre ellos Guinea Bissau, República Democrática del Congo, Senegal, Angola y Cabo Verde. Se concentran principalmente en São Paulo, pero están presentes en otras partes del país, como Fortaleza. El periódico Folha de S. Paulo ha realizado recientemente una serie de reportajes sobre esta inmigración, que es un fenómeno fascinante y merece la atención de los estudiosos de la traducción y la interpretación.

Otro campo de investigación aún poco explorado es el de los inmigrantes brasileños en el extranjero, que se cuentan por millones. Actualmente están repartidos por todos los continentes, con énfasis en países como Estados Unidos, Canadá, Europa Occidental, Japón y Australia. Entre estos inmigrantes hay brasileños con doble nacionalidad, futbolistas y personas de todas las profesiones. Los interesados pueden acceder a cientos de páginas web y blogs con testimonios de estos inmigrantes. Otras áreas de investigación de posgrado que están creciendo están relacionadas con la traducción y las tecnologías de la información y la comunicación (TICS): la traducción asistida por ordenador (TAO), la traducción automática, la localización, el doblaje, la subtitulación y la audiodescripción.

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