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citation ENG Research on history of translation in Spain 

 

contenido
Introducción | Historiadores | Traductores | Traducciones| Pensamiento | Historias de la traducción en EspañaPotencial para la investigación

 

Introduction  Introducción 

Se ha hecho célebre la afirmación del filósofo, crítico literario y teórico de la traducción, Antoine Berman (1984: 12), de que la primera tarea de una teoría moderna de la traducción implica la constitución de una historia de la traducción. En el caso específico de la historia de la traducción en España, a la consecución de este objetivo han dedicado sus esfuerzos numerosos investigadores, tanto españoles como extranjeros, los cuales han proporcionado un ingente acervo bibliográfico, con no menos de 8.000 referencias sobre esta materia. Véase así, la bibliografía compilada por Lafarga y accesible en línea. Para una revisión general, mucho más completa, sobre la investigación en materia de historia de la traducción en España, puede verse Pegenaute (2019). Es apreciable, como señala Santoyo (2012), uno de sus más reputados especialistas, que el grueso de la investigación se ha centrado en cuestiones como son la traducción bíblica y la traducción de lenguas clásicas, así como la de textos escritos en las principales lenguas de Europa, como el francés, el italiano, el inglés y el alemán, pero que son mucho más escasos los estudios dedicados a otros aspectos como, por ejemplo, la traducción de literatura infantil y juvenil, la traducción audiovisual o de teatro contemporáneo o el papel desarrollado por traductores e intérpretes en contextos coloniales y postcoloniales –si bien cabría señalar que ha habido en tiempos recientes intentos destacados de revertir todas estas insuficiencias– y que son prácticamente inexistentes los estudios consagrados, por ejemplo, a la traducción en época romana y visigoda, la traducción medieval de orientación pragmática –es decir, la que perseguía una utilidad práctica y se realizaba de forma muchas veces anónima en contextos como monasterios, puertos, cancillerías o terrenos de frontera–, la desarrollada por traductores judíos y musulmanes o la que tuvieron que practicar los misioneros en el Extremo Oriente, principalmente en Filipinas. A esas áreas señaladas por Santoyo como susceptibles de ser investigadas podríamos sumar otras como, por ejemplo, las traducciones realizadas por traductores españoles fuera de las fronteras del país (muchas veces por parte de exiliados), el fenómeno de la no traducción (en contextos de censura o como consecuencia del seguimiento de determinados procesos selectivos de traducción), el uso de la traducción como herramienta didáctica (en la enseñanza no sólo de lenguas muertas, sino también modernas, al menos hasta los años 70 del siglo pasado, que parece estar experimentando una pequeña vuelta en la actualidad), las herramientas del traductor a lo largo del tiempo (desde las glosas y glosarios medievales hasta los sofisticados recursos lexicográficos y documentales con que contamos hoy en día) o la traducción colaborativa (desarrollada entre equipos de traductores no siempre fácilmente distinguibles, tal y como ocurría, por ejemplo, en Toledo, cuando bajo el mecenazgo de Alfonso X se traducían textos árabes al latín y desde esta lengua al romance castellano, con la intervención de al menos un arabista y un romancista y. en ocasiones también, un enmendador, un capitulador o un glosador).

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[heading title] Historiadores

El primer intento sistemático de reconstruir la historia de la traducción en España fue probablemente el de Joaquín de Lorga, sacerdote y profesor de retórica, el cual incluyó en sus Memorias –hoy perdidas– muchas de las notas que había tomado para ofrecer una panorámica sobre los traductores españoles más destacados en la historia de España, pero dejó sin finalizar el proyecto a su muerte en 1769. Poco tiempo más tarde, en 1778, el bibliógrafo y cervantista Antonio Pellicer y Saforcada publicó su Ensayo de una bibliotheca de traductores españoles, en el que reconocía su deuda con Lorga. Si en su primera parte presentaba tres estudios no relacionados con el título de la obra (sobre, respectivamente, los hermanos Argensola y Cervantes); en la segunda incluía treinta y seis estudios sobre traductores ordenados alfabéticamente. En muchos casos, se trata de intérpretes de la Biblia, lo que le obliga a incluir muchos nombres de heterodoxos perseguidos por la Inquisición, por lo que no cita directamente de ellos. También hay algunos traductores medievales al castellano, tanto de obras clásicas como antiguas. De todos modos, el acento se pone en los traductores de los Siglos de Oro, lo que justifica diciendo que:

[…] en el Siglo XVI y XVII se aplicaron tanto los españoles a este ejercicio, que trasladaron a lengua castellana lo mejor de Italia y Grecia, por donde se verá que no sólo se adelantó España en este estudio a otras naciones, especialmente a los franceses que no le emprendieron seriamente hasta el reinado de Luis XIV sino que las iguala, si ya no las excede, en la multitud de versiones (Pellicer 1778: 7).

Saforcada Portada

Dos obras pioneras sobre la historia de la traducción en España,Pellicer y Saforcada (1778) y Menéndez Pelayo (1952-1953).

Pellicer traza una semblanza biográfica de los traductores, reseña con fidelidad los títulos de las traducciones y apunta las bibliotecas donde pueden localizarse. Con frecuencia también menciona traducciones francesas e italianas. Con auténtico prurito filológico refiere las autoridades que ha consultado para dar noticia de ediciones a las que no ha tenido acceso o para ampliar información.

Posteriormente, es obligado referirse a las contribuciones hechas por Marcelino Menéndez Pelayo, quien, aparte de firmar muchas otras obras fundamentales de crítica literaria, tradujo a autores griegos (Safo, Anacreonte o Teócrito), latinos (Lucrecio, Catulo, Tíbulo, Horacio, Virgilio), italianos (Foscolo, Monti, Leopardi), franceses (Chénier) e ingleses (Byron, Shakespeare) y preparó entre 1873 y 1878 los estudios que constituirían su monumental Biblioteca de traductores españoles (publicada en cuatro volúmenes en 1952 y 1953). En esa aportación, que todavía hoy sigue siendo de referencia obligada, presentó 293 estudios sobre traductores. Menéndez Pelayo incluye tanto traductores antiguos como modernos, peninsulares y americanos, laicos y religiosos. En cada entrada presenta una semblanza biográfica y exhaustivos datos bibliográficos, que incluyen localización de las fuentes; transcribe fragmentos de obras originales, que coteja con las traducciones, y ofrece su propia opinión crítica.

En los años 40, 50 y 60 contamos con algunas aportaciones relevantes de corte histórico, aunque, por lo general, esporádicas. Así, por ejemplo, José Fernández Montesinos publicó en 1955 un catálogo de traducciones, precedido de un estudio en el que se presta atención a la influencia extranjera en el desarrollo de la novela decimonónica española (Introducción a una historia de la novela en el siglo XIX. Seguida del esbozo de una bibliografía de traducciones de novelas). De todos, modos el grueso de los estudios históricos se centra por aquellos años en el análisis de la época medieval. Así, tenemos, por ejemplo, el que a la (mal) llamada Escuela de Traductores de Toledo dedicó el historiador Gonzalo Menéndez Pidal desde las páginas de la Nueva Revista de Filología Hispánica en un trabajo de 1951 que llevaba por título “Cómo trabajaron las escuelas alfonsíes”. Por su parte, Ramón Menéndez Pidal presentó en 1952 –como conferencia de clausura del “Curso para extranjeros en Segovia”– un texto titulado «España y la introducción de la ciencia árabe en Occidente» que después publicó en la Revista del Instituto Egipcio de Estudios Islámicos (1955) y en la obra España, eslabón entre la cristiandad y el Islam (1956) y en el primer volumen de España y su historia (1957). Son igualmente importantes los trabajos firmados por José María Millás Vallicrosa, historiador, arabista y hebraísta, además de traductor de numerosos autores medievales de expresión andalusí, hebrea o latina. A lo largo de una dilatada producción científica que comprende una treintena larga de libros, se ocupó de investigar la presencia de la poesía andalusí en la literatura medieval, la historia de la ciencia en al–Andalus (principalmente, en el espacio catalán) y la influencia de las matemáticas y la astronomía andalusíes en el panorama científico europeo. Son destacables para nosotros sus estudios sobre la traducción de textos árabes de temática científica en la Baja Edad Media, que presentó a lo largo de una dilatada carrera que abarca desde los años 40 a los 60 (pero que cuenta ya con una temprana contribución en 1933 sobre el «Literalismo de los traductores de la corte de Alfonso el Sabio») y que fue publicando en Al–Andalus Sefarad o en recopilaciones de trabajos, como Estudios sobre historia de la ciencia española (1949) y Nuevos estudios sobre la historia de la ciencia española (1960).

Cabe referirse también a José Llamas, erudito hebraísta, de quien destacan sus aportaciones sobre las traducciones bíblicas al castellano, publicadas a lo largo de los años 40 y primera mitad de los 50 en Estudios Bíblicos, Sefarad y La Ciudad de Dios y que culminaron en 1950–1955 con la edición de Biblia medieval romanceada judeo–cristiana. Versión del Antiguo Testamento en el siglo XIV, sobre los textos hebreo y latino a partir de un manuscrito preservado en la biblioteca de El Escorial. Por su parte, la hispanista italiana Margherita Morreale, que se especializó en el estudio del Humanismo, el erasmismo y las relaciones italoespañolas en el Renacimiento, publicó en 1949 una monografía sobre el humanista y traductor Pedro Simón Abril. En su obra Castiglione y Boscán: el ideal cortesano en el Renacimiento español (1959) también trató, evidentemente, la traducción que el segundo hizo del primero. En forma de artículo publicó numerosos trabajos a finales de los años 50 y comienzos de los 60 sobre las traducciones bíblicas medievales al castellano y al catalán, sobre Enrique de Villena, etc.

García Yebra - Portada 1 traduccion y enriquecimiento de la lengua del traductor experiencias de un traductor
Algunas obras de Valentín García Yebra.

El estudio de la traducción bíblica se mantuvo vigente en las décadas de los 60 y 70, gracias a las numerosas aportaciones de quien probablemente ha sido su mejor conocedor español, Luis Alonso Schökel, profesor en el Instituto Bíblico de Roma, que complementó su labor investigadora con la práctica traductora, preparando, en colaboración con Juan Mateos, Salmos y Cánticos del Breviario (1966), además de la Nueva Biblia Española (1975). Sus conocimientos sobre las exigencias de la traducción bíblica y sobre su historia quedan condensados en la obra La traducción bíblica. Lingüística y Estilística (1977), escrita en colaboración con Eduardo Zurro.

En tiempos más recientes, es necesario mencionar a Valentín García Yebra, probablemente uno de los mayores conocedores españoles de la historia de la traducción y verdadero pionero en su estudio, quien también destacó por sus aportaciones sobre Lingüística Contrastiva y por su propio ejercicio como traductor, tanto de autores clásicos (Aristóteles, César, Cicerón, Séneca) como modernos (así, por ejemplo, de obras de crítica literaria y pensamiento de Aguiar e Silva, Gilson, Kayser. von Le Fort o Moeller), así como del famoso ensayo de Schleiermacher, Sobre los diferentes métodos de traducir. Su discurso de ingreso en la Real Academia Española en 1985, Traducción y enriquecimiento de la lengua del traductor (publicado en forma ampliada en 2004) es un magnífico ensayo sobre historia de la traducción. Algunas de sus contribuciones más importantes en este campo –principalmente dedicadas a la época medieval, Siglos de Oro y siglo XX– fueron incluidas en volúmenes como En torno a la traducción. Teoría. Crítica. Historia (1983) y Traducción: historia y teoría (1994).

Julio Cesar Santoyo - Portada 1 Julio Cesar Santoyo - Portada 2 Julio Cesar Santoyo - Portada 3
Algunas obras de Julio César Santoyo Mediavilla.

Julio-César Santoyo ha sido uno de los más notables sucesores de García Yebra en este ámbito. En 1987 publicó su conocida antología sobre el pensamiento en torno a la traducción en lengua española, Teoría y crítica de la traducción, y a lo largo de su carrera ha presentado numerosos estudios que después ha recopilado en Historia de la traducción: quince apuntes (1999) e Historia de la traducción: viejos y nuevos apuntes (2008). También son muy destacadas La traducción medieval en la península ibérica: siglos III-XV (2009), la aportación más completa nunca escrita sobre esta cuestión, y su antología Sobre la traducción: textos clásicos y medievales (2011). Además de traductor de numerosos autores de expresión inglesa, Santoyo fue el director de la revista Livius, que recogió entre 1992 y 1999 las actas de los congresos internacionales que sobre historia de la traducción se celebraban en la Universidad de León.

Otros importantes historiadores de la traducción en España han sido Miguel Ángel Vega, fundador de la revista Hieronymus Complutensis, traductor de múltiples autores de expresión alemana, autor de numerosos trabajos sobre historia de la traducción y compilador de la obra Textos clásicos de teoría de la traducción (1994); Francisco Lafarga, traductor de los principales autores franceses de época ilustrada, especialista en la recepción de las letras francesas en España –principalmente en el siglo XVIII–, autor de numerosos trabajos especializados sobre historia de la traducción y (co)editor de una treintena de obras sobre esta temática, entre las que destacan  La traducción en España: 1750-1830 (1999), Neoclásicos y románticos ante la traducción (2002), El discurso sobre la traducción en la España del siglo XVIII (2004), Traducción y traductores, del Romanticismo al Realismo (2006) o Pensar la traducción en la España del siglo XIX (2016); el medievalista y romanista Carlos Alvar, que en 1982 obtuvo el Premio Nacional de Traducción Fray Luis de León por Poesía de trovadores y es autor de obras como Repertorio de traductores del siglo XV, en colaboración con José Manuel Lucía Megías (2009) o Traducciones y traductores. Materiales para una historia de la traducción en Castilla en la Edad Media (2010).

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[heading title] Traductores

Tras habernos referido a algunos de los historiadores de la traducción en España más destacados, presentaremos un somero estado de la cuestión sobre los principales aspectos referidos a su práctica y su teoría. En relación con la primera de ellas cabe estudiar quién ha traducido qué, bajo qué circunstancias y en qué contexto sociopolítico (Woodsworth 2001: 101), lo que se corresponde con la arqueología de la traducción a la que se refiere Pym (1998: 5), y que constituye una de las tres áreas en las que divide la historia de la traducción, junto a la crítica histórica y la justificación de las razones por las que se desarrollaron esas propias traducciones. Esta aproximación es claramente deudora del modo de conceptualización propio del discurso retórico en torno a la inventio.Aunque traductores y traductoras son, como es evidente, los agentes del desarrollo de las traducciones, sólo en tiempos recientes han sido objeto de estudio sistemático en la articulación de una historia de la traducción. En su monografía Method in Translation History, Pym (1998) les otorga un espacio privilegiado en esta articulación histórica, mientras que Chesterman (2009) subraya que en las tendencias más actuales –principalmente, de corte sociológico– el acento se pone más en los traductores que en las traducciones. El propio Pym (2009) hace dos propuestas fundamentales: estudiar los traductores antes que las traducciones y considerarlos como mediadores interculturales, difícilmente ubicables en un único contexto social o geográfico. Lo cierto es que puede resultar complicado rastrear la trayectoria vital y profesional de los traductores, pues con el ánimo de crear una obra que pueda ser leída como si fuera un original escrita en la lengua de llegada someten con gran frecuencia los textos originales a una domesticación (recordemos que este término procede del latín domus, es decir, “casa”), en la que se desvanece la huella de su propia intervención, lo que revierte en su propia invisibilidad y, en definitiva, en su posición periférica en términos de consideración social, a pesar de su importancia medular como intermediarios culturales (Venuti 1995). Esta invisibilidad se ve acrecentada, evidentemente, en el caso de las traductoras, por razones de discriminación de género. Así ocurre, por ejemplo, en las traducciones que María Lejárraga vertió al español en colaboración con su marido, el dramaturgo Gregorio Martínez Sierra, en las que muchas veces desaparece toda constancia de su participación.

María Lejárraga María de Maeztu Emilia Pardo Bazán
Algunas traductoras significativas en la Edad de Plata española: María Lejárraga, María de Maeztu y Emilio Pardo Bazán.

Por otra parte, no cabe duda de que resulta complicado rastrear la trayectoria vital y profesional de los traductores, pues su propia condición de agentes mediadores hace que su existencia se ubique metafórica y literalmente en la frontera entre varias culturas. Analizaré brevemente esta cuestión para poner de manifiesto la problemática que plantean para la constitución de historias de la traducción basadas en criterios nacionales. La frecuencia con que emigrados y exiliados practican la traducción ha de atribuirse, ciertamente, a que el desplazamiento geográfico obliga, muchas veces, al desarrollo de una doble competencia lingüística, por lo que acaba siendo una actividad lucrativa, pero también a la posibilidad de traducir textos connotados ideológicamente y que no habrían podido ser traducidos en su país natal.  Podemos así, por ejemplo, referirnos al caso de los muchos exiliados liberales en los años comprendidos entre 1814-1820 y 1823-1834, como consecuencia de la persecución absolutista de Fernando VII, y que practicaron la traducción en su lugar de destino, ya fuera Francia (José Miguel Alea, Francisco Altés y Gurena, Pedro Bazán de Mendoza, Juan Florán, Luis Lamarca, José Marchena, Francisco Martínez de la Rosa, Eugenio de Ochoa, Manuel Norberto Pérez de Camino o Vicente Salvá) o Inglaterra (José María Blanco White, José Joaquín de Mora, Pablo de Mendíbil, Telesforo de Trueba y Cossío o José de Urcullu). Tanto en Francia como en Inglaterra se desarrolló una próspera industria editorial en castellano, que intentaba llenar el vacío comercial dejado por España al interrumpir sus relaciones con las colonias hispanoamericanas, por lo que mucho de lo allí publicado iba dirigido no solamente a los emigrados, sino también a los lectores transatlánticos. En otras ocasiones, el exilio permite hacer uso de una lengua de traducción que en España no se podría usar. Es el caso de los republicanos exiliados tras la guerra civil. Así, por ejemplo, Andima Inbinagabeitia tradujo al euskera a Ovidio y Virgilio durante su exilio en Francia y Guatemala; Plácido Castro, junto a Lois Tobío y Florencio Manuel Delgado Gurriarán, publicaron en Buenos Aires en 1948 la Poesía inglesa e francesa vertida ao galego; Xabier Benguerel pudo traducir al catalán a Victor Hugo, Valéry, Ronsard, Baudelaire o Poe en las décadas de los 40 y 50, durante su estancia en Santiago de Chile. Valgan estos ejemplos como muestra del carácter transfronterizo de los traductores, lo que puede servir de argumento para corroborar la posible conveniencia de efectuar historias transnacionales de la traducción, en lugar de nacionales.

Contamos con diversos repertorios y estudios sobre traductores españoles. En algunos casos, se trata de repertorios especializados según el ámbito de traducción o siguiendo un corte cronológico, Por razón de espacio, me referiré exclusivamente a los dos más completos y sólo señalaré uno especializado. Se ha actualizado, ampliado y publicado en formato electrónico de libre acceso el Diccionario histórico de la traducción en España (Lafarga & Pegenaute 2009). En su versión digital, el DHTE cuenta con aproximadamente un millar de entradas preparadas por más de cuatrocientos especialistas, se estructura en dos grandes secciones: “Salida”, con una subsección que incluye a los autores/as extranjeros (convenientemente clasificados atendiendo a su lengua) y otra que contiene panoramas generales de diferentes tradiciones literarias; “Llegada”, en la que se pueden encontrar artículos sobre traductores/as, tanto en lengua castellana, como en catalán, euskera y gallego, además de información sobre diferentes aspectos teóricos y prácticos de la traducción en el contexto receptor. Los artículos vienen acompañados de su correspondiente bibliografía y aportan detalles exhaustivos de índole editorial. Por su parte, el Diccionari de la traducció catalana (Bacardí & Godayol 2011) presenta un millar de entradas sobre traductores/as al catalán nacidos antes de 1950. Sus ochenta redactores se han ocupado de presentar los datos biográficos y bibliográficos, además de la pertinente consideración crítica y fuentes secundarias. Se puede consultar electrónicamente en una sección de Visat, la revista digital de literatura y traducción del PEN catalán. Diferente planteamiento sigue, por ejemplo, la obra Retratos de traductoras en la Edad de Plata (Romero-López 2016), en la que se analiza con gran detenimiento la actividad traductora de Emilia Pardo Bazán, Carmen de Burgos, María Lejárraga, Isabel Oyarzábal, María de Maeztu, Matilde Ras, Zenobia Camprubí, María Luz Morales y Ernestina de Champourcin.

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[heading title] Traducciones

A la hora de desarrollar una historia de la traducción resulta fundamental contar con inventarios específicos de traducciones, aunque en ocasiones podemos enfrentarnos a auténticos problemas de definición. Así ocurre, por ejemplo, de forma muy marcada, en el ámbito teatral. A título ilustrativo, por ceñirnos a una época en concreto, vemos que en la España romántica no sólo dificulta nuestra labor el ingente acervo producido, con numerosísimas obras escritas, adaptadas, traducidas, refundidas y también representadas, sino que además el historiador de la traducción se enfrenta a un problema ontológico, pues no siempre es factible ponderar fehacientemente el grado de originalidad de las obras, separando las de confección enteramente personal de las que son resultado de una imitación, adaptación o traducción. Se ha de tener presente que las distintas prácticas de reescritura se ven sometidas al seguimiento de códigos éticos y estéticos sumamente variables a lo largo del tiempo. Por ejemplo, en el caso específico de la traducción, la legitimidad de trabajar a partir de versiones intermedias, la posibilidad de manipular ideológicamente el texto original, la conveniencia de aplicar filtros culturales conducentes a lograr que el destinatario reconozca la obra como inserta en un entorno familiar, etc.).

Con frecuencia se trata de un problema de autoría o, si se prefiere, de grado de originalidad: ¿hasta qué punto es el traductor digno merecedor del título de creador?, ¿de qué manera se ve modificada esta frontera desde un punto de vista diacrónico? El estudioso de las traducciones de obras dramáticas ve además acrecentada la dificultad de su investigación por el frecuente trasvase de géneros: de novela a teatro (y viceversa), de poesía a teatro, etc. Por si todo ello fuera poco, se da el problema de la interrelación entre el mundo de la escena y el editorial, pues muchas veces se traducían obras que no se representaban y se representaban obras traducidas que no llegaban a publicarse. A título de ejemplo, con el fin de ilustrar la en ocasiones frágil frontera existente entre creación y recreación podemos citar el caso de Larra, quien en alguna ocasión buscó en una obra extranjera inspiración para reformular un texto nuevo y pretendidamente autónomo (así, por ejemplo, No más mostrador, presentada como “comedia original” cuando en realidad era adaptación de Les adieux au comptoir de E. Scribe). Si tenemos traducciones que pretenden pasar por originales, no podemos dejar de mencionar aquí la ocasional presencia de su contrario, las pseudotraducciones. Se trata en este caso de textos que son presentados como traducciones cuando en realidad constituyen originales, invirtiendo de este modo la tradicional relación jerárquica que se establece entre texto original y traducción. Aunque, evidentemente, se trata de un recurso narrativo con escasos afanes de auténtico fraude, cierto es que en algún caso, durante algún intervalo de tiempo, pueden presentar problemas de catalogación. La pseudotraducción española más conocida es, evidentemente, el Quijote de Cervantes (1605), pero podríamos sumarle el Tirant lo Blanch de Joanot Martorell (ca. 1465), el Reloj de príncipes de Antonio de Guevara (1529), el Espejo de príncipes de Diego Ortúñez de Calahorra (1555), las Guerras civiles de Granada de Ginés Pérez de Hita (1595) o el Persiles y Segismunda, también de Cervantes (1616) y, ya en época mucho más reciente, Mrs. Cardwell habla con su hijo de Camilo José Cela (1953) o La tesis de Nancy de Ramón J. Sender (1969). 

Portada Quijote Portada Tirant Portada Espejo príncipes
Algunas pseudotraducciones significativas.

El historiador de la traducción ha de hacer uso, evidentemente, de diversos catálogos. Así, por ejemplo, del Index Translationum, la base de datos de la UNESCO sobre traducciones en forma de libro, que contiene índices de autores, editoriales y traductores en un centenar y medio de países. A pesar de sus limitaciones y lagunas, este proyecto, que comenzó a dar sus primeros pasos en 1931, contiene más de dos millones de entradas de las siguientes disciplinas: literatura, humanidades y ciencias sociales, ciencias naturales y exactas, arte e historia. Existe una versión electrónica para los libros publicados entre 1979 y 2009. Para los datos sobre los años anteriores a la primera de estas fechas se ha de recurrir a la versión impresa, lo que dificulta claramente la consulta de datos cruzados. Por otra parte, aunque no constituyen recursos específicos sobre traducción, puede resultar conveniente consultar el Diccionario general de bibliografía española de Dionisio Hidalgo (1862–1881), el Manual del librero hispanoamericano de Antonio Palau (1948–1977), el Catálogo general de la Librería española e hispanoamericana, 1901–1930 (1932–1951), el Catálogo general de la Librería española, 1931–1950 (1957–1965) o la Bibliografía de autores españoles del siglo XVIII de Aguilar Piñal (1981–1995), además de, como es lógico, el catálogo de la Biblioteca Nacional de España o de la Biblioteca de Catalunya. En formato electrónico contamos con las bases de datos Proyecto Boscán. Catálogo de las traducciones españolas de obras italianas (hasta 1939), Traduccions d’obres literàries al català (ss. XIX-XX) o Catálogo da tradución galega. Por otra parte, el portal electrónico Traducciones y traductores de literatura y ensayo permite el acceso a diversas traducciones, en algunos casos, editadas y anotadas específicamente para el portal, así como a estudios sobre estas traducciones. También el portal Biblioteca de traducciones españolas ha digitalizado un buen número de traducciones que hasta hoy no resultaban fácilmente accesibles, pero que tienen algún tipo de interés que hace deseable su recuperación, ya sea por su calidad intrínseca, por la influencia que ejercieron en su tiempo, por el éxito de público obtenido cuando fueron publicadas, por ser las primeras versiones españolas de un determinado autor extranjero, etc. Al igual que el portal anterior, también aquí las traducciones vienen acompañadas de estudios introductorios.

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[heading title] Pensamiento

En España, como en otros ámbitos geográficos, contamos con una dilatada tradición de reflexión sobre la traducción. Este corpus teórico, al menos hasta el siglo XX, está nutrido casi exclusivamente por las reflexiones de los propios traductores y aparece disperso en diferentes peritextos (generalmente, prólogos a traducciones), correspondencia epistolar, críticas de traducciones, tratados y ensayos independientes.

A grandes rasgos, se caracteriza por su carácter apologético (ya sea en defensa de un determinado comportamiento traductor o como recurso retórico, a modo de captatio benevolentiae, cuando se justifican los posibles defectos de la versión frente a la excelencia del original); por el hecho de presentar consideraciones intuitivas, introspectivas (basadas en la propia experiencia del traductor), ensayísticas y poco sistemáticas; por hacer uso de tópicos, símiles y continuas alusiones a autoridades anteriores; por su proyección normativa y evaluativa, es decir, encontramos al traductor metido a teórico, al expresar su opinión sobre la mejor manera de traducir, basándose en su propia experiencia, dicta sus propias normas de traducción, las cuales pueden convertirse en modos de evaluar la calidad de traducciones futuras,

Afortunadamente, contamos con un buen número de antologías que han venido reuniendo el pensamiento que sobre la traducción se ha generado en España. Quedan así convenientemente recogidas las reflexiones de Alonso de Cartagena, Alonso Fernández de Madrigal, Juan Boscán, Juan Luis Vives, fray Luis de León, José Francisco de Isla, Feijoo, Larra. Clarín, Ortega y Gasset, Ayala y tantos otros. En algunos casos, estos volúmenes tienen una larga proyección histórica, e incluyen textos desde época medieval hasta el siglo XX, como en Teoría y crítica de la traducción: antología (Santoyo 1987). También puede sumarse una aproximación panhispánica, como en El tabaco que fumaba Plinio: escenas de la traducción en España y América (Catelli & Gargatagli 1998). En otros casos, encontramos una compartimentación por periodos históricos, como, si seguimos un orden cronológico, La contribución de España a la teoría de la traducción: introducción al estudio y antología de textos de los siglos XIV y XV (Cartagena 2009), En la teoría y en la práctica de la traducción. La experiencia de los traductores castellanos a la luz de sus textos: siglos XIV-XVI (Hernández González 1998), Traducción y elementos paratextuales: los prólogos a las versiones castellanas de textos latinos en el siglo XV (González Rolán & López Fonseca 2014), El discurso sobre la traducción en la España del siglo XVIII (García Garrosa & Lafarga 2004), Pensar la traducción en la España del siglo XIX (Lafarga, Fillière, García Garrosa & Zaro 2016) y Teoría y práctica de la traducción en la prensa periódica española (1900–1965) (Toro Santos & Cancelo López 2008). En el ámbito catalán contamos con Cent anys de traducció al català (1891–1990): Antologia (Bacardí, Fontcuberta & Parcerisas 1998) y en el gallego con Babel entre nos: escolma de textos sobre a traducción en Galicia (Dasilva 2003). Para un estudio conjunto de todas estas antologías, puede consultarse a Sabio & Ordóñez (2012). Numerosas reflexiones incluidas en las antologías aquí señaladas se han incorporado a la sección que sobre pensamiento español en torno a la traducción se ha previsto en el Portal de Historia de la Traduccion en España.

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[heading title] Historias de la traducción en España

Ruiz-Casanova (2000) publicó lo que fue la primera visión completa sobre la cuestión, Aproximación a una historia de la traducción en España, en un volumen que distribuyó en cinco largos capítulos (la Edad Media, los Siglos de Oro, los siglos XVIII, XIX y XX), además de otro introductorio sobre la traducción en la Historia literaria española, con apreciaciones sobre la aparición de la actividad traductora; finalidad y marco de la traducción; diferencia entre periodos literarios y periodos de la traducción. Cada capítulo viene acompañado de un estudio sobre la lengua y literatura propias del periodo. Este libro ha sido revisado y actualizado con el título de Ensayo de una historia de la traducción en España (2018). Por su parte, en lo que ha sido la segunda aportación completa en forma de libro, Historia de la traducción en España, Lafarga y Pegenaute (2004) contaron con un reducido conjunto de especialistas para los diferentes periodos y campos culturales y lingüísticos (tanto en lengua castellana como catalana, gallega y vasca), proporcionando en largos capítulos panorámicas completas desde época medieval hasta nuestros días. Se encuentra ahora en proceso de constitución, pero ya muy avanzada, una nueva Historia de la traducción en España, editada también por Lafarga y Pegenaute, y que resulta accesible en formato electrónico. Se ha procurado que su articulación en unos cientoveinte estudios, preparados por un centenar de investigadores, pueda constituir una visión global de la práctica y la teoría de la traducción en España. Persigue distintos objetivos: caracterizar la relación de la lengua castellana con las lenguas clásicas y con las lenguas romances peninsulares a lo largo del tiempo; contribuir a un mejor conocimiento de los modos de traducir propios de cada época; reafirmar a la traducción junto a otros procedimientos de reescritura (adaptación, imitación, paráfrasis); caracterizar la relación entre creación y traducción en los autores traductores desde un punto de vista diacrónico; definir las vías de difusión de las traducciones; caracterizar el papel de la traducción en el desarrollo de la literatura española; estudiar la traducción de textos humanísticos (poética, retórica, filosofía, historia, política, etc.); estudiar la traducción de textos especializados (jurídicos, administrativos, económicos, científicos y técnicos); definir las herramientas de traducción (lexicográficas y documentales), además de los repertorios gramaticales en las diferentes épocas.

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 Research potential Potencial para la investigación

Este capítulo se propone como instrumento de ayuda en el desarrollo de estudios sobre historia de la traducción en España, aportando no sólo información sobre las principales obras de referencia en la materia –tanto en lo que respecta a la historia de la practica traductora como del pensamiento sobre la traducción– sino también algunas consideraciones metodológicas en torno a la historiografía de la traducción (es decir, la construcción del propio discurso) en este espacio. A la vez, supone, de alguna forma, una reflexión metateórica sobre la propia historia de la historia de la traducción en España (entendida como ámbito disciplinar). Se pone de manifiesto la importancia de la historia de la traducción dentro de una aproximación propia de los Estudios Descriptivos de Traducción, a la vez que la importancia de conocer la historia de la teoría de la traducción para poder construir una teoría moderna de la traducción. 

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