| ENG Meaning CAT Significat EUS Esanahia GLG Significado POL Znaczenie POR Significado |
contenido
Introducción | Modelos básicos del significado | Primitivos semánticos y efabilidad | Significado y traducción | Actos de habla y efecto perlocutivo | La brecha entre la semántica y la pragmática | Iconicidad | La traducibilidad como prueba para las teorías del significado | El giro cognitivista, la traducción y la comprensión | Multimodalidad y traducción | Clusters equivalentes y la dimensión cuantitativa | Conclusiones – El giro comunicativo | Potencial para la investigación
El estudio del significado ha estado desde siempre íntimamente ligado a cuestiones filosóficas y metafísicas, aunque desde hace algún tiempo las respuestas se vienen buscando en la lingüística. Jaszczolt (2016: 528) afirma al respecto:
La interfaz entre la lingüística y la filosofía ha beneficiado a ambas partes. Para la lingüística, abordar la cuestión de la naturaleza del significado dio lugar a teorías semánticas y pragmáticas cada vez más adecuadas. Para la filosofía, la búsqueda del significado dio lugar a nuevas formas de abordar las cuestiones metafísicas.
El significado en traducción ha sido objeto de escrutinio desde hace años, ya que se da por sentado que la esencia de la traducción es la transmisión del significado de una lengua a otra (cf. Lewandowska-Tomaszczyk 2004a, 2004b, 2015). El objetivo de esta entrada es presentar un breve estudio de los principales enfoques con que se ha abordado el significado en relación con la traducción, enfoques que se consideran esenciales para arrojar luz sobre cuestiones de relación translativa entre un texto en lengua origen (LO) y en lengua término (LT).
Modelos básicos del significado
A la hora de analizar el significado, los enfoques básicos giran en torno a la cuestión de su ubicación. El objetivismo es un modelo filosófico que asume la validez de los fenómenos objetivos por encima de la experiencia subjetiva. El realismo, por su parte, afirma que los significados residen objetivamente en los objetos del mundo real, más allá de las mentes humanas (Barwise & Perry 1983). Esto puede vincularse con la hipótesis de la verdad condicional de la estabilidad del significado lingüístico y su universalidad (teorías formales de la semántica del invariantismo), mientras que el enfoque opuesto -el subjetivismo- plantea que el significado reside en un sujeto que lo impone a un objeto.
Estos puntos de vista en principio mutuamente excluyentes admiten un tercer enfoque que considera que el origen del significado lingüístico se encuentra en una combinación entre el sujeto humano -enraizado en la mente humana y mediado por procesos cognitivos- y una base física o corporal común compartida por toda la humanidad. Sin embargo, aunque es possible que como consecuencia de la universalidad de los ofrecimientos del cuerpo humano las metáforas básicas como ARRIBA ES MÁS sean universales en todas las lenguas (Lakoff 1987), los significados en su sentido amplio también estarían condicionados por la interacción entre el sujeto humano y el objeto, que es percibido por un lado y conocido por otro en un contexto del entorno (lingüístico y extralingüístico), formado en términos de dimensiones sociales y culturales (por ejemplo, las preferencias por determinados dominios conceptuales como los dominios fuente en las metáforas).
Esta tercera tendencia, expuesta por Lakoff y Johnson (1980) y desarrollada por Lakoff (1987) en la lingüística cognitiva, se denomina experiencialismo o realismo experiencial y puede considerarse una respuesta a la tradición objetivista de la verdad (trascendental) (Kant 1781). El experiencialismo asume que no hay una visión universal del mundo externa al pensamiento humano, sino que la experiencia humana individual racionalizada a través de la socialización (principalmente, pero no sólo a través del lenguaje) nos proporciona cierto grado de seguridad sobre lo que hay ahí fuera mediante los resultados compartidos de la actividad humana y las experiencias acumuladas. Esta tendencia se sitúa como un punto medio entre los dos extremos. Sin embargo, como esos procesos y sus resultados están condicionados por la situación social específica de cada cultura, así como por las limitaciones tipológicas de cada lengua, los cognitivistas consideran que las estructuras semánticas no son universales, sino que son patrones ligados a la cultura y a la lengua.
Primitivos semánticos y efabilidad
Los enfoques semánticos basados en el supuesto universalista aceptan la existencia de un sistema universal de entidades independientes del lenguaje (primitivos semánticos, categorías conceptuales universales o preconceptuales universales, o bien estructuras prelingüísticas universales) o la existencia de capacidades cognitivas universales compartidas por todos los seres humanos, como se ha mencionado en el párrafo anterior. Estos elementos compartidos se perciben como un punto de referencia común que pertenece (se relaciona) con el mismo fragmento de la realidad exterior y que comparte un significado idéntico. También se utilizan como tertium comparationis para diferentes tipos de elementos lingüísticos específicos que los hablantes bilingües competentes consideran equivalentes traslativos. Esta postura universalista puede combinarse con los enfoques realistas de la semántica formal del significado o con los supuestos de la necesaria mediación de la mente entre el lenguaje y el mundo, lo que da lugar a una serie de enfoques mentalistas de la semántica lingüística.
Este enfoque de la traducción también se da en los estudios que postulan, muy en la línea de los lingüistas y filósofos de la gramática generativa transformacional (Katz & Fodor 1963), la existencia de categorías universales en la sintaxis y en la semántica opuestas a la "lógica (natural) de la experiencia" (Wilss 1982: 49, basándose en Grice 1967). En este enfoque universalista, la traducibilidad está garantizada por definición y se deriva de la efabilidad de las lenguas naturales, propuesta explícitamente por primera vez por Katz (1971, 1978):
Hipótesis de la efabilidad: "Toda proposición se puede expresar mediante una oración en cualquier lengua natural" (Katz 1978:209)
lo que conllevaría una implicación directa tal como la formula Keenan (1978: 157):
Hipótesis de la traducción exacta: "Todo lo que se puede decir en una lengua natural se puede traducir de manera exacta en cualquier otra lengua”
La falsedad de la hipótesis de la traducción exacta quedó demostrada por Keenan y se sustituyó por lo que el mismo autor (Keenan 1978: 160)denomina el “requisito de eficiencia”, que supone una concesión al mentalismo:
Requisito de eficiencia: Una lengua natural debe permitir comunicar ideas de un modo que resulte razonablemente eficiente en relación con la esperanza de vida y las capacidades cognitivas de los seres humanos.
El requisito de eficiencia constituye una tentativa por parte de los modelos semánticos formalistas para ajustarse al condicionamiento cognitivo e interactivo derivado de los encuentros sociales (cf. Putnam 1975, 1978b sobre el concepto de estereotipos) y puede considerarse una concesión a una especie de variante de la relatividad lingüística de Whorf (1940). Con él se justifica la indeterminación lingüística y, por tanto, que los hablantes no expresen sus ideas con exactitud, lo que hace que dependan de conocimientos de partida basales y de los fines últimos de cada interacción. El hablante, por citar a Sperber & Wilson (1986: 231, 233), busca una relevancia óptima, no una verdad literal.
El enfoque objetivista del significado supone que la relación entre el hombre y la realidad se basa en criterios objetivos y existe independientemente de la mente humana. Esto conlleva una reificación que conduce directamente a la hipótesis de que los significados son estables y universales. En estos modelos, se supone que la traducción es un traslado de un significado a partir de una forma de la lengua de origen para situar el mismo significado en una forma lingüística de la lengua término.
En el experiencialismo, en cambio, los significados se consideran dinámicos y vivos, por lo que las formas lingüísticas se abren a numerosas interpretaciones, también creativas, por lo que el concepto de traducción “óptima” pierde gran parte de su fuerza. El dinamismo de los significados residiría entonces en los contextos sociales y culturales globales que conciernen a todos los participantes en el proceso de traducción, así como en el tipo de texto que se traduce (por ejemplo, una novela de fantasía, un código legal o un manual de construcción). Una novela de fantasía giraría en torno a un mundo imaginario, un manual de construcción suele indicar fases de construcción referidas a piezas y herramientas del mundo real, mientras que el código legal interpreta y regula las normas convencionales de las relaciones sociales en el mundo exterior. Y aunque ninguno de ellos esté sujeto a una interpretación semántica única, la novela ofrece un espacio relativamente más creativo para los saltos y transformaciones de significado que el derecho codificado o el manual de construcción.
Actos de habla y efecto perlocutivo
Las traducciones pueden cambiar el contenido proposicional (Searle 1969) de los enunciados eliminando, reduciendo o añadiendo información. La información así procesada puede cambiar las condiciones de verdad de las proposiciones originales en la versión traducida. Las proposiciones, conocidas por primera vez a partir de los escritos de los estoicos, y utilizadas en la filosofía y la lógica contemporáneas, se consideran generalmente objeto de las actitudes y portadoras de la verdad (McGrath & Frank 2020). Para provocar efectos cognitivos similares en el lector del original y en el de la traducción, los cambios no deben afectar al mensaje básico del original, en particular a sus efectos, es decir, a la fuerza perlocutiva, tal como se define en la teoría de los actos de habla (Austin 1955; Searle 1980, 1983). Los contextos especialmente complejos para observar este principio son visibles en el lenguaje de la literatura, en el lenguaje figurado, los chistes, la ironía, etc. y en todos los casos en los que la forma de un enunciado o bien prevalece sobre su contenido o forma parte de él, o bien en los que la interpretación literal del lenguaje llevaría a resultados incomprensibles o inaceptables (Grice 1957). Lo que importa en estos casos no es principalmente la base lógica del valor de verdad de las oraciones, sino más bien la interacción entre lo convencional y lo creativo, que trasciende a su supuesta verdad o falsedad inequívocas. Tal interacción tiene la oportunidad de captar la verdadera naturaleza del original en el acto de la creación de significado semiótico (Peirce 1931-1958, CP 5.484; Gorlée 1994: 86).
Así, las teorías del significado orientadas a la pragmática son intentos de comprenderlo en términos de una combinación de intenciones y creencias del hablante, así como de regularidades o convenciones en el comportamiento lingüístico de los miembros de una misma población (Lewis 1969). Los conceptos de intencionalidad y finalidad de un enunciado lingüístico se encuentran en la teoría de la traducción del escopo (Reiss & Vermeer 1984), cuyo principio fundamental es que una traducción depende necesariamente de la función individual del texto traducido.
La brecha entre la semántica y la pragmática
La naturaleza y el alcance de la representación semántica difieren con respecto al lugar y la función que deben desempeñar la semántica y la pragmática. Los enfoques lingüísticos van desde los modelos semántico-pragmáticos separatistas, en los que la forma proposicional de un enunciado es el dominio de la semántica y todos los factores no condicionales de verdad caen en el ámbito de la pragmática, hasta los modelos de orientación no proposicional, que no hacen una distinción estricta entre semántica y pragmática. Los modelos de verdad condicional desempeñan un papel también en la teoría lingüística de la relevancia (Sperber & Wilson 1986) y en los intentos de su aplicación a la teoría de la traducción (Gutt 1991).
Otro ámbito de la semántica es el de los significados de las palabras, es decir, la semántica léxica. La distinción entre diferentes tipos de significado léxico -significado expresado a través de una composición de conjuntos de propiedades semánticas de las palabras (Katz & Fodor 1964)- y significado resultante de una combinación de estímulos léxicos y un entorno cognitivo, permite identificar áreas distintas que caracterizan a los significados de las palabras. Mientras que la semántica composicional (Frege 1892) contribuye a retratar las regularidades estructurales en los denominados campos semánticos (Trier 1931), en los enfoques del significado basados en la cognición se prescinde de la distinción entre la semántica convencional del lenguaje y la pragmática contextual para representar el significado holístico de los elementos lingüísticos en términos de modelos cognitivos idealizados (Fillmore 1977; Lakoff 1987), que ofrecen la representación de los sentidos lingüísticos en el contexto de los marcos de conocimiento cognitivo. Estos enfoques permiten incorporar en sus marcos no solo la capa semántica estricta y básica del significado, sino también el significado intencional del hablante/autor, que es vital para la interpretación del texto original y su traducción a la lengua término.
La noción de significado intencional tal y como se elabora especialmente en los enfoques básicamente no cognitivistas implica la preferencia del hablante por un estado de cosas al que se refiere una frase. Algunas de las teorías veritativo-condicionales más recientes también proponen más modelos contextualistas (Recanati 2012), que se basan en pistas contextuales para inferir significados o que pretenden conciliar los enfoques formales de las teorías veritativo-condicionales (Tarski 1944) con modelos más orientados a la cognición, como la semántica por defecto de Jaszczolt (2005).
El concepto de iconicidad, es decir, la supuesta existencia de una semejanza entre el significado y la forma que lo expresa, en contraposición a la arbitrariedad de la forma lingüística (Saussure 1916), sigue siendo un tema de debate en la lingüística cognitiva (Haiman 1980) y en la teoría lingüística en general. La lingüística cognitiva asume la presencia de dicha relación estrecha en la lengua y analiza sus numerosas manifestaciones. Ejemplo de esto es el funcionamiento del principio de proximidad propuesto por Givón (1984: 970):
Las entidades que están más cerca funcionalmente, conceptualmente o cognitivamente se colocarán más cerca en el nivel del código, es decir, temporal o espacialmente. Los operadores funcionales se colocarán más cerca, temporal o espacialmente en el nivel de código, de la unidad conceptual para la que son más relevantes
Este principio se observa en el caso de las expresiones artículo-sustantivo en varias lenguas, en las que los artículos se utilizan en las posiciones directamente anteriores o directamente posteriores a los sustantivos relevantes. Aunque existen dudas sobre la existencia de una iconicidad forma-significado libre de excepciones, como por ejemplo, con respecto a la iconicidad de la cantidad, la iconicidad de la complejidad o la iconicidad de la cohesión, contabilizadas más bien en términos de frecuencias de formas particulares como en Haspelmath (2008, 2020), esta relación resulta vital para la práctica de la traducción, tanto en el caso de un artículo científico como en el de los textos literarios, sobre todo los poéticos, donde tanto el sonido como la forma se consideran cognitiva y estéticamente significativos.
La traducibilidad como prueba para las teorías del significado
La tesis de la indeterminación de la traducción puede defenderse con argumentos filosóficos, sistémicos o conceptuales. Aceptar que la percepción está totalmente mediada por el lenguaje implica o bien que las lenguas del mundo tienen sistemas tan dispares que no encajan entre sí, o bien que las categorías conceptuales humanas son tan diversas que no pueden "calibrarse", o bien que un hablante extranjero nunca puede estar seguro de las correspondencias entre las interpretaciones de la realidad percibida por el interlocutor nativo y las suyas propias. La célebre tesis de Quine sobre la indeterminación de la traducción es un ejemplo de ese escepticismo. Para demostrarlo, Quine (1964: 460-461) pone un ejemplo de traducción radical, basada enteramente en observaciones perceptivas sin conocimiento previo de la lengua de llegada, en el contexto de la traducción de la lengua de un pueblo desconocido. Según Quine, en estos casos ninguna frase u oración, como la expresión gavagai en la lengua desconocida, pronunciada al ver un conejo corriendo, puede ser traducida fielmente con ningún grado de certeza. Davidson (1984) generaliza la noción de traducción radical de Quine a la de interpretación radical aplicable también dentro de la misma lengua y propone la solución que plantea el problema de la interpretación radical mediante una apelación a la definición de verdad de Tarski (1944) extendida al lenguaje natural.
La indeterminación conceptual, arraigada en la falta de límites discretos entre categorías, modela la realidad exterior de una forma no universalista. Eugene Nida defendía la hipótesis de la traducibilidad total: "Todo lo que se puede decir en una lengua, se puede decir en otra, a menos que la forma sea una parte esencial del mensaje" (Nida & Taber 1969: 4), por lo que simpatiza con los supuestos de la semántica universalista sobre la existencia de componentes semánticos universales (prelingüísticos) y posiblemente de una base (proposicional) común. Sin embargo, el propio Nida (1975) demuestra que en la práctica tales significados se actualizan de forma diferente en cada lengua. La equivalencia dinámica de Nida (1964) allana entonces el camino para buscar correspondencias (dinámicas) de significado específicas de cada lengua entre todos los sistemas lingüísticos.
El giro cognitivista, la traducción y la comprensión
La traducción, como es el caso del gavagai de Quine, ha sido siempre un espacio de primer orden para la puesta a prueba de cualquier versión de la hipótesis de la relatividad whorfiana (1940). Sin embargo, la imposibilidad de traducir y la (im)posibilidad de entender un texto o un enunciado son dos cosas diferentes. Lakoff (1987) sostiene que aunque la traducción sea imposible, de ello no se deduce que la comprensión sea imposible. La comprensión es la capacidad de conceptualizar sobre la base de pistas verbales y no verbales y de hacer coincidir estas conceptualizaciones con la propia experiencia de la persona. La traducción implica una dimensión adicional: requiere la correspondencia de estos productos mentales con las expresiones de la LT (lengua término). La comprensión de los textos en LO (lengua original) y en LT no presupone necesariamente la capacidad de traducir.
El texto en LO no tiene por qué formar y de hecho con frecuencia no forma una correspondencia uno a uno con el texto en LT. El contenido semántico de los conceptos de la LO puede solaparse parcialmente con el de la LT en las traducciones y, por regla general, las formas léxicas resultantes tienen un contenido más amplio o más restringido que las originales. En el caso de las lagunas conceptuales o léxicas de la LT, para conseguir un efecto similar los traductores buscan conceptos comparables de dominios diferentes a los del original o buscan ideas en clusters de significados de un dominio conceptual similar.
Los universales cognitivos
Los lingüistas realistas (Katz 1981) postulan universales proposicionales en forma de estructuras semánticas universales. La mayoría de los lingüistas de orientación cognitiva, sin embargo, asumen que las representaciones prelingüísticas no proposicionales, las categorías de nivel básico y las estructuras prototípicas (Rosch 1975; Lakoff 1987) funcionan como tertia comparationis en las comparaciones entre lenguas, formadas y desarrolladas por el sistema cognitivo humano a través de procesos mentales universales, como la metáfora y la metonimia. Los esquemas de imagen prelingüísticos o posiblemente preconceptuales son las primeras representaciones sensomotoras que se desarrollan en los recién nacidos. Sirven de base para el desarrollo de representaciones más complejas, universales en todas las lenguas y culturas, y funcionan como "punto de anclaje" o tertium comparationis cognitivo entre pares de lenguas. Los esquemas de imagen son estructuras que organizan toda nuestra experiencia en conceptos de tipo físico y natural, así como en conceptos abstractos o mixtos. Se considera que tanto nuestra cognición como nuestro razonamiento abstracto están arraigados en nuestra experiencia corporal física. Las conceptualizaciones de los objetos abstractos y las conceptualizaciones de los fenómenos no accesibles a la percepción directa (emociones, sensaciones), aunque estén fundamentadas física o fisiológicamente, se basarían en significados directamente accesibles y se interpretarían conceptualizando el objeto o el fenómeno menos conocido en términos de otros más conocidos a través de enlaces metafóricos.
Cada modelo mental es una estructura basada en esquemas de imagen y puede tener un carácter dual. Uno de los tipos de modelos cognitivos se basa en la estructura descomposicional o de "bloques de construcción", una parte conocida de las teorías clásicas del significado composicional, en las que "el significado de una expresión es una función de los significados de sus partes y de la forma en que se combinan sintácticamente" (Partee 1984: 153). El otro tipo son las estructuras gestálticas, en las que los elementos no existen como unidades independientes y cuyo significado no está en función de los significados de las partes. Lakoff (1987:284) ofrece un ejemplo a través del esquema del CONTENEDOR, cuyas partes, como el INTERIOR, el EXTERIOR y el LIMITE, no existen independientemente del esquema del CONTENEDOR.
Commensurabilidad y traducción
Los universales semánticos son aquellos aspectos del significado que aparecen representados en todas las lenguas humanas. En algunos modelos lingüísticos suelen denominarse primitivos semánticos y léxicos, ya que se consideran imposibles de descomponer en unidades de significado más pequeñas (por ejemplo, Wierzbicka 1972). En los modelos lingüísticos cognitivos no suelen ser de naturaleza estrictamente lingüística, sino que tienen un origen cognitivo más básico. Además, las lenguas varían y traducir un mensaje de LO a LT presupone no sólo un tertium comparationis, sino también, en muchos casos, tener en cuenta las raíces y los modos en que se produce la diversificación lingüística. Un ejemplo sería apreciar el sentido del amén bíblico y sus distintas traducciones a las lenguas nacionales; otro ejemplo viene dado por el inglés Verily o Truly, para cuya traducción puede ser útil el conocimiento de su significado básico derivado de la raíz semítica “firme, fija, verdadera”. Se puede observar un interesante cambio interlingüístico en la etimología del protoeslavo *věra (polaco: wiara 'fe. creencia', ruso Ве́ра 'Véra', "fe", del protoindoeuropeo *weh₁ros en el sentido de "verdadero", de donde deriva el inglés verity e, históricamente, very. Las diferencias entre los sistemas y estructuras conceptuales humanos resultan ser más variadas desde el punto de vista tipológico que las observadas por Whorf (1940). Los sistemas lingüísticos se corresponden entre sí en diferentes grados. Su conmensurabilidad es dinámica.
Lakoff (1987) propone cuatro tipos de criterios de conmensurabilidad: (1) criterios de verdad-condición (traducibilidad clásica), (2) criterios de uso, (3) criterios de encuadre, (4) criterios de organización conceptual. Según el criterio de verdad, el usuario de la lengua debe ser capaz de proporcionar reglas sistemáticas para calcular las condiciones de verdad de una oración asignando una referencia y un valor de verdad a los elementos de la oración en una lengua de partida y declarar si son idénticos a una construcción considerada equivalente en la lengua de llegada. El criterio de uso implica una gama distributiva de elementos lingüísticos, que se utiliza para contrastar los grados de equivalencia. El criterio de los marcos combina el conocimiento lingüístico con el conocimiento del mundo exterior e impone un esquema de objeto o de acontecimiento a una unidad lingüística concreta, que establece una perspectiva de arriba abajo sobre los significados individuales. Por último, el criterio de organización conceptual establece la perspectiva de un objeto dentro de una categoría determinada (polisemia, lagunas conceptuales y léxicas en la terminología específica de la cultura, división de las categorías superordinadas en patrones de subcategorización, etc.).
Dos sistemas lingüísticos que fueran idénticos con respecto a todos los criterios de conmensurabilidad de Lakoff -lo que resulta harto improbable en el mundo real- serían óptimamente conmensurables. Los sistemas que sólo están parcialmente "calibrados" -una situación típica entre lenguas- son conmensurables en diferentes grados y la tarea del traductor es aliviar o salvar la inconmensurabilidad entre los dos sistemas. Las lenguas en las que no se satisface ninguno de los criterios son inconmensurables en grado máximo, y vuelven a presentar un caso bastante extremo, esta vez del tipo gavagai.
Los criterios de conmensurabilidad afectan al contenido de una unidad lingüística, pero también a las propiedades constructivas que perfilan el significado. Pueden expresar, por ejemplo, la dinámica de fuerzas (Talmy 1988), que describe las formas en que las entidades interactúan en un evento, y varios procesos de creación de significado como la metaforización (Lakoff & Johnson 1980), una capacidad cognitiva universal humana que puede servir como uno de los marcos de referencia en la búsqueda de similitudes y contrastes lingüísticos.
Equivalencia de significado - Similitud de significado
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| Redes sinonímicas de tesauro para offensive e insulting (Sketch Engine) |
El traductor pretende conseguir la máxima semejanza de significado entre el estímulo verbal de la LO y la plasmación de la LT. Entre los casos en los que la prioridad no es el significado, sino la forma de expresar el mensaje, se encuentra la "traducción fonémica" de la poesía (Lefevere 1975). La fidelidad semántica puede ser ignorada en favor de otros factores como las restricciones resultantes de las rimas, los juegos de palabras u otras figuras retóricas (Gutt 1991:131). Entre los condicionantes puede producirse también una falta de aceptabilidad por razones ideológicas o de género, o por opacidad cultural o por un cambio sustancial de escopo o propósito, determinado por una serie de factores como el público al que va dirigido o las limitaciones culturales, entre otros.
En las teorías realistas plenamente objetivistas, se presupone la equivalencia de significado entre lenguas. En términos cognitivos contemporáneos, entendidos en sentido amplio e incluyendo también enfoques pragmáticos cognitivos como la teoría de la relevancia, la equivalencia se sustituye por la semejanza (Gutt 1991), que se plantea como gradual y, en algunos casos extremos, llega a perder casi por completo la propiedad de semejanza (Krzeszowski 2016).
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| Colocaciones nominales de sad frente a worried (Fuente). |
Por lo tanto, se puede considerar que la traducción implica la elección informada por parte de los traductores de espacios de significado relevantes, o de redes de conceptos (parcialmente) superpuestos semánticamente, por ejemplo, cuando el término inglés fear se traduce al polaco no solo mediante su equivalente lexicográfico directo strach o incluso mediante una selección de grupos conceptuales del mismo dominio conceptual como obawa 'aprensión', niepokój 'ansiedad', panika 'pánico', sino también, por ejemplo, como un concepto implicacional de miedo como tchórzostwo 'cobardía' (Lewandowska-Tomaszczyk 2013, 2016, 2020). En algún sentido interesante, pues, las interpretaciones contemporáneas de la equivalencia pueden compartir algunas propiedades comunes con la noción de semejanza familiar de Wittgenstein (1956) y el concepto de categoría radial de Lakoff (1987), pero al mismo tiempo, como en las figuras adjuntas, pueden extenderse hacia territorios semántico-pragmáticos cognitivos cada vez más distantes.
La teoría de la traducción como reconceptualización
Los lingüistas cognitivos defienden la universalidad de las capacidades y experiencias humanas básicas. Los universales proposicionales, característicos del enfoque semántico formal, se sustituyen en los modelos cognitivos por propiedades y procesos universales de la mente humana. Aunque durante milenios el significado en la lengua y en la traducción se ha estudiado mediante sumas de significados de elementos léxicos individuales, la lingüística cognitiva considera que los significados no están totalmente determinados en términos de unidades separadas. Más bien forman clusters. Son conceptualizaciones dinámicas, que están controladas por un sistema de categorías de imágenes (Langacker 1987, 1991) y procesos como la objetivación y la subjetivación. Los significados léxicos son estímulos (Seuren 1985), responsables de la activación de los conceptos con diferentes grados de profundidad y alcance. También fomentan el cambio conceptual, modifican o desbancan a los antiguos y crean nuevos conceptos en espacios mentales familiares o nuevos (Fauconnier & Turner 1998).
La traducción implica una serie de ciclos de reconceptualización de un mensaje original en LO, expresado finalmente en LT (Lewandowska-Tomaszczyk 2010). Lo que hacen los traductores es transducir o transformar el modelo mental de la LO que desarrollan al escuchar o leer el texto en LO hacia otro modelo en LT, que consideran más conmensurable con el original y adecuado para la audiencia del TT y, al mismo tiempo, más fiel al significado original y previsto del mensaje, siempre en la medida de los conocimientos y la experiencia profesional del traductor. El significado, en todos los ciclos, se construye con el flujo del discurso. La reconceptualización no sólo es posible, sino inevitable en traducción, ya que viene dictada en parte por los nuevos parámetros de interpretación de las formas de la LT, por un contexto diferente (autor/hablante -es decir, traductor, tiempo, lugar, destinatario- audiencia de la LT), pero también por las preferencias subjetivas del traductor a la hora de recoger o idear determinadas formas de la lengua de llegada, que no perfilan las mismas entidades.
Dado que los significados lingüísticos están estructurados en términos de redes interrelacionadas (Langacker 1987, 1991; Lewandowska-Tomaszczyk 2007), la reconceptualización del significado se produce mediante procesos de desplazamiento del significado (Lewandowska-Tomaszczyk 1996), incluso en los lenguajes y la terminología especializados, es decir, el conjunto de palabras utilizadas en un campo de investigación concreto, en una aplicación técnica en una profesión, etc., como por ejemplo, en los conceptos de derecho y de legislación en diferentes culturas. Este proceso simboliza el subsiguiente alejamiento del significado original con respecto a la LO, ya que cada uno de los giros y cada uno de los nuevos elementos lexicalizados en cualquiera de las lenguas introduce un significado desplazado con referencia al original, no solo con su propio contenido semántico central, sino también con una serie de atributos connotativos, interactivos, afectivos, etc. (nuevos y específicos de cada elemento). Sin embargo, estos cambios por desplazamiento no están condicionados exclusivamente por las estrategias previstas por el traductor, sino que son insinuados o impuestos por la categorización de la LT a partir de sus sistemas léxicos o, en otros casos, gramaticales.
El proceso de desplazamiento pone de manifiesto la ausencia de sinonimia plena en una lengua y la imposibilidad de una equivalencia total entre diferentes lenguas y subyace a todos los ciclos de reconceptualización lingüística. El desplazamiento de sentidos se ve claramente cuando un elemento en una LO tiene un grupo de elementos equivalentes en una LT, todos los cuales tienen sus equivalentes en la LO, semánticamente desplazados -en diversos grados- cuando se contrastan con la unidad léxica original, como se ejemplifica en los equivalentes polacos al miedo inglés enumerados anteriormente. El estudio del significado en la traducción implica entonces un análisis cognitivo de los procesos de desplazamiento de significado interlingüístico, aproximación semántica (y cultural) y operaciones de reconceptualización en la LT en contraste con la LO.
En los estudios de traducción e interpretación, la multimodalidad tiene como objetivo investigar mecanismos de creación de significado en contextos comunicativos que van más allá de los mensajes verbales. La contribución de estos códigos semióticos no verbales a la creación de significados y a su recreación en la traducción y la interpretación implica tanto señales visuales como auditivas en el lenguaje escrito y hablado, imágenes, música, voces o materiales audiovisuales. Además de esas señales, el sistema semiótico da cabida al movimiento, los gestos o la mirada, así como a una percepción holística del comportamiento, de los personajes presentados o descritos y -sobre todo- de los propios intérpretes. La reconceptualización de esos signos semióticos en elementos semánticos y pragmáticos de mensajes verbales implícitos como, por ejemplo, la metáfora, la implicación, el humor, etc., es un punto clave en los procesos de traducción multimodal
Clusters equivalentes y la dimensión cuantitativa
La introducción de los ordenadores y de las grandes colecciones de datos lingüísticos en formato digital -es decir, los corpus lingüísticos informatizados monolingües y paralelos- permitió descubrir con mayor facilidad y en gran número las similitudes y los contrastes interlingüísticos (Sager 1986; Oakes & Meng 2012). Ahora es más evidente que la comunicación entre un emisor y un receptor de mensajes, ya sea en una misma lengua o en una traducción, no implica el uso de significados únicos idénticos, sino que se basa más bien en clusters semánticos (Lewandowska-Tomaszczyk 1999), o áreas mentales, estructurados en torno a contenidos similares. La similitud viene determinada por un espacio categorial radial de múltiples picos con una serie de tertia comparationis, o puntos de referencia, que sirven como parámetros condicionantes de la similitud y que pueden considerarse, siguiendo a Gärdenfors (2000), en términos de espacios topológicos como una cartografía de la distancia física en un gradiente entre los espacios conceptuales del hablante y del destinatario, compuestos por objetos, relaciones y acontecimientos.
Las similitudes y las diferencias de significado pueden someterse ahora a un escrutinio en términos de un gran grupo de parámetros, en su mayoría basados en corpus, criterios lingüísticos cuantitativos, que implican las siguientes características (Lewandowska-Tomaszczyk 2012):
- frecuencias de uso de determinados elementos en la lengua general y en determinadas variedades y contextos lingüísticos;
- hechos distributivos cuantitativos (colocaciones);
- longitud oracional;
- relación tipo/token;
- densidad léxica (baja frecuencia-alta frecuencia);
- naturalidad (frecuencia y preferencias contextuales).
Las frecuencias son datos cuantitativos y, en el uso general de la lengua, suelen obtenerse observando los rangos de frecuencia en grandes corpus lingüísticos. Los datos cuantitativos de distribución relacionados con los factores contextuales pueden aportar nuevas ideas a los estudios lingüísticos contrastivos y abrir nuevas perspectivas en la teoría y la práctica de la traducción. Los rasgos de frecuencia también arrojan luz sobre propiedades cualitativas de los datos examinados, especialmente el grado de naturalidad asociado a construcciones concretas. La estructura del gerundivo inglés (menos frecuente), yuxtapuesta a una estructura oracional semánticamente cercana, nos dice poco sobre el parámetro de uso de una u otra forma. Por ejemplo, al contrastar la construcción gerundiva inglesa my having painted the house a very special shade of yellow was hard work con la construcción oracional I painted the house a very special shade of yellow and it was hard work, es la construcción copulativa con “y” la que se consideraría más natural en contextos orales menos formales, independientemente del hecho de que se pueda argumentar que las dos construcciones no son totalmente sinónimas. Así, el concepto de naturalidad se entiende como un sistema de preferencias del hablante/escritor sobre el uso de una unidad lingüística, que se expresa a través de la frecuencia de su aparición no en la lengua general sino en un tipo de contexto específico y bien definido (Lewandowska-Tomaszczyk 2001: 178). Una unidad/estructura más natural será entonces la que se utilice con más frecuencia en un contexto determinado. La tarea de investigación que implica una comparación interlingüística se construye, por tanto, en torno a la identificación de la similitud como una noción dinámica, representada a través de una línea que muestra un aumento gradual de la diversificación. El grado de equivalencia entre las estructuras de la LO y de la LT puede por consiguiente medirse en términos de las categorías de referencia mencionadas anteriormente, como la tipología de la categoría de naturalidad, así como los niveles de categorización, la prototipicidad, los esquemas de imagen y sus extensiones, los perfiles y las relaciones de interpretación de varios tipos.
La lingüística de corpus tiene como objetivo construir grandes colecciones de textos accesibles en forma legible por ordenador y desarrollar herramientas para su análisis. Los grandes volúmenes de datos lingüísticos no disponibles antes y listos para analizar en la actualidad aportan una nueva perspectiva a los significados. Ayudan a descubrir su inestabilidad y dinámica, y pueden considerarse "un marco importante para el estudio de la naturaleza inestable y disputada del significado" (Koteyko 2006: 11). El mayor uso del giro cuantitativo en el significado y la traducción está relacionado con la traducción automática, tanto la neuronal como la estadística, y con diversos tipos de reconceptualización, como se observa en la práctica de la localización y en el aprendizaje profundo (Monroe 2017), posibilitados ahora por las mejoras en el hardware, la disponibilidad de cantidades masivas de datos, las ontologías de dominio, las redes neuronales y las actualizaciones algorítmicas.
Conclusiones – El giro comunicativo
Los usuarios de la lengua estructuran la realidad y su experiencia de varias maneras. Las diferencias dependen en parte de la cultura en la que viven (Sharifian 2017) y del código lingüístico que utilizan. De ahí que puedan considerarse compartidas, transmitidas de generación en generación y que se mantengan estables, es decir, convencionales. Por otro lado, la estructuración de la realidad está limitada por el discurso y el contexto y, en última instancia, es subjetiva, dependiendo de las propias elecciones y preferencias del hablante. Esta representación de un contenido que el hablante transmite a través del lenguaje y comunica a los demás es su propia cosmovisión (Langacker 1987: 487-488), en parte compartida y en parte subjetiva. Langacker propone que el supuesto fundamental de este enfoque es que el significado de cualquier unidad lingüística no consiste en una estructura objetiva derivada de una situación concebida –es decir, su contenido conceptual por sí solo-, sino que reside también en la forma en que el contenido es interpretado y plasmado.
Dos o más lenguas y sus respectivos usuarios perciben y estructuran el mundo de acuerdo con la cultura y las formas específicas de cada lengua, por lo que no es de extrañar que la imagen que se obtiene de las descripciones de escenas o acontecimientos posiblemente idénticos sea normalmente diferente en las distintas lenguas.
Los criterios de conmensurabilidad permiten contrastar las lenguas y sus significados según determinados marcos de referencia. Los sistemas lingüísticos son parcialmente conmensurables, lo que constituye una típica situación interlingüística, y representan distintos tipos de aproximación que tienen su expresión en el contenido de una unidad lingüística, pero que también son captados por propiedades constructivas relevantes que perfilan el significado.
La búsqueda de las propiedades que podrían consolidar una comparación interlingüística se ve frenada por el hecho de que no hay mucho que encontrar en las lenguas del mundo que pueda considerarse sustancialmente idéntico en toda una serie de lenguas. Más bien, lo que se observa es un esqueleto contrastivo, o marco, en el que ciertas propiedades pueden considerarse constantes. Lo que puede identificarse predominantemente son tertia comparationis cognitivas, por un lado, y universales estructurales de diferentes tipos, por otro. Las tertia comparationis cognitivas en la comparación de lenguas implican una serie de capacidades cognitivas humanas y la analogía, la abstracción, la metaforización, así como posiblemente sus combinaciones. Sin embargo, no todos los fenómenos que se han presentado como universales han resultado serlo. Por ejemplo, las famosas propiedades de recursividad del lenguaje de Chomsky, reivindicadas como universales (Hauser, Chomsky & Fitch 2002), que Dan Everett ha demostrado inexistentes en la lengua pirahã del Amazonas. Everett aporta algunas pruebas en contra del carácter universal de la recursividad lingüística y en su lugar defiende la localización mental de la recursividad en el ser humano (Everett 2005)
El parámetro cognitivo básico subsumido bajo la capacidad humana de analogía y abstracción pertenece a la capacidad para categorizar objetos y fenómenos y sus principales atributos, como la representación en términos de esquemas de imagen básicos, estructuras de categorías esquemáticas, que comprenden miembros de categorías prototípicas y periféricas, combinadas en modelos cognitivos idealizados, cultural y contextualmente vinculados (Lakoff 1987; Sharifian 2017) y por último, pero no menos importante, en términos del inventario de efectos pragmáticos e interaccionales. En otras palabras, la traducción no es, o no es únicamente, una cuestión solo de palabras. Implica más bien todo un acontecimiento comunicativo que, citando a Pym (2016: 418) implica "tanto el lenguaje escrito como el hablado, la mediación transcultural (en los encuentros médicos, por ejemplo), la localización (sobre todo de software y sitios web) y la traducción automática (especialmente los sistemas basados en la estadística).”
La semántica, en sentido amplio, no se limita a los significados lingüísticos estrechamente concebidos. Implica tanto la dimensión semasiológica como la onomasiológica, lo que refleja las estructuras de significado en el lenguaje y sus vínculos con el mundo exterior (Grondelaers & Geeraerts 2003). Además, tampoco se limita a los significados formales. Las teorías culturales cognitivas contemporáneas se basan tanto en los modelos conceptuales de los individuos, los objetos y los acontecimientos, en sus contextos lingüísticos inmediatos, como en su incrustación cultural y social, pero también en las formas en que se construyen los significados. Los significados son, pues, entidades dinámicas, que poseen su núcleo cognitivo específico de la cultura y regularidades sobre estructuras prototípicas y radiales compartidas, pero cuyo contenido es flexible y está sujeto a modificaciones del discurso. Por lo tanto, una tarea de traducción es una serie de procesos constantes de reconceptualización cognitiva y cultural, en busca de un estímulo cognitivo eficaz transmitido en términos de unidades simbólicas del lenguaje.
Potencial para la investigación
Esta entrada ofrece una panorámica de los efoques con que se ha abordado el significado y las cuestiones relacionadas más relevantes desde posturas filosóficas esenciales. Así mismo, analiza la semántica formal y cognitiva, la pragmática, la teoría de los actos de habla y la lingüística de corpus, siempre en su relación con los estudios de traducción. Tanto el cognitivismo apoyado en datos culturales como la metodología cuantitativa de corpus en contextos semióticos plenos se consideran líneas de investigación prometedoras en los estudios de traducción.

