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citation ENG Pseudotranslation CAT Pseudotraducció DEU Pseudoübersetzung EUS Pseudoitzulpena GAL Pseudotradución POR Pseudotradução

 

 

contenidos
Introducción | La pseudotraducción en la historia | Funciones, rasgos y efectos de la pseudotraducción | La investitación sobre la pseudotraducción | Potencial de investigación

 

 

Introduction  Introducción 

El término pseudotraducción proviene de la palabra griega ψευδής (pseudés = falso), lo que evoca de inmediato la idea de simulación e incluso de falsificación o fraude. La definición más citada o parafraseada es probablemente la de Gideon Toury, que describe las pseudotraducciones como “texts which have been presented as translations with no corresponding source texts in other languages ever having existed” (Toury 1995: 40). Entre los términos relacionados, y a veces utilizados como sinónimos, destacan: fictitious translation (Popovic 1976: 133; Bassnett 1998: 28; Gürçağlar 2014: 516), assumed translation (Toury 1995: 31; Pym 2014: 73), supposed translation u original translation, una forma abreviada de referirse a un original que se presenta o produce como traducción (Rath 2017: 231; Toremans & Vanacker 2017: 631). Todos estos términos aluden a productos que presentan ciertos elementos típicamente esperados en las traducciones, mientras cuestionan al mismo tiempo la propia categoría, relativizando así la etiqueta genérica de “traducción”.

La definición de Toury se refiere a textos que se presentan como transferidos desde otro idioma y que, de hecho, son tomados como auténticas traducciones hasta que se descubre el engaño. Sin embargo, el término pseudotraducción también se ha utilizado para describir y analizar estrategias narrativas dentro de textos literarios en los que ciertas partes se presentan explícita o implícitamente como transmitidas desde otro idioma. Aunque no se pone en duda la autoría de estos pasajes, su función en la trama se basa en que proceden—o en que se sugiere que proceden— de una lengua distinta (lo cual es frecuente en la literatura de viajes, de aventuras o policiaca). En este contexto, la pseudotraducción puede, por ejemplo, servir para representar realidades multilingües en textos monolingües o servir de marco metanarrativo a un texto que ponga en tela de juicio los conceptos tradicionales de original y traducción, realidad y ficción.

Aunque en la disciplina el debate sobre la pseudotraducción se centra predominantemente en textos literarios y en menor medida en tratados filosóficos o históricos, el término también se utiliza en el ámbito del software o en aplicaciones relacionadas con las tecnologías de la información, como sucede en el caso de la localización. En este contexto, generar una traducción falsa mediante un algoritmo informático tiene como objetivo identificar posibles problemas en el diseño o la visualización de un documento traducido, un sitio web o una aplicación antes de que comience la traducción a la lengua término (O’Sullivan 2011: 124; Schäler 2011: 159).

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[heading title] La pseudotraducción en la historia

El término pseudotraducción se utilizó por primera vez en la London Literary Gazette and Journal of Belles Lettres, Arts, Sciences (1823: 818), en una nota al pie presente en una reseña de una novela escrita por Walter Scott, donde el crítico anónimo menciona como “a curiosity of literature” que “a pseudo-German translation of this Novel reached London before the original. It is entitled ‘Walladmor’ and published by Herbig Berlin”. Aunque Walladmor fue anunciada como “freely translated from Walter Scott” (Alexis 1823), a pesar de haber sido escrita por el alemán Willibald Alexis, en realidad nunca estuvo asociada a ninguna obra concreta de Scott. Alexis, que había afirmado que escribir una novela al estilo de Scott era bastante sencillo si se sabía escoger los ingredientes adecuados, juega con sus lectores desde el inicio, prometiendo en el prólogo del primero de los tres volúmenes de Walladmor una explicación —en una entrega posterior— de por qué la traducción había aparecido antes que el original. Al final del tercer volumen, Alexis introduce a Walter Scott y a sí mismo como personajes ficticios (Alexis 1824: 294-307).

La afirmación en este contexto de que el narrador es un escritor en busca de nuevo material revela que la simulación de traducción es un engaño, lo que sirvió para poner en ridículo no solo la fiebre por Scott que arrasaba en Alemania en ese momento, sino también la deferencia hacia los autores (extranjeros) dominantes, que confería tanto prestigio a la actividad traductora. Finalmente, desenmascara la estrategia según la cual en la producción literaria el apego a ciertos rasgos predefinidos garantiza una supuesta “autenticidad”, algo que también sugiere la exageración deliberada que hace Alexis de algunos de los rasgos asociados con las novelas de Scott. Toury (1995: 46) menciona este tipo de representación exagerada de las “pseudofuentes” como una característica que las pseudotraducciones comparten frecuentemente con las parodias.

Walladmor

Walladmor (1823), el primer libro en ser calificado
de "pseudotraducción"

Walladmor confirma el modo en que las pseudotraducciones despliegan su significado en relación con las expectativas del público receptor. La novela de Alexis no habría tenido el éxito que tuvo de no ser por la enorme popularidad de Walter Scott en Alemania en aquella época. Sin embargo, el caso también demuestra que los factores en juego en toda pseudotraducción son complejos: Alexis se aprovechó del entusiasmo alemán por Scott, aunque en sus memorias afirmó que el éxito comercial no fue lo que lo motivó (Alexis 1905: 266); utilizó dispositivos paratextuales típicos para hacer creíble su obra como traducción, tal como un prefacio, una nota del traductor y notas a pie de página que buscaban confirmar la presencia de un traductor, pero también, en esos mismos paratextos, reveló deliberadamente su juego. En el prefacio del tercer volumen parodió el mercado de la traducción en Alemania (Alexis 1824), afirmando que los traductores están tan apurados que a menudo deben comenzar su trabajo antes de que el texto original esté terminado -lo que confirma la crítica al mercado editorial local como una de las funciones de la pseudotraducción-.

Además, su novela muestra cómo la pseudotraducción contribuye a la reflexión sobre cuestiones como la autenticidad, la originalidad y la identidad autoral -preocupaciones clave durante el periodo romántico, que coincidió con la obra de Alexis (Toremans 2018)- y evidencia la relatividad de estos ideales con tanta carga ideológica.

El estudio de Toury sobre Papa Hamlet de Holz/Schlaf (1889), repetidamente mencionado como un caso paradigmático de pseudotraducción (Toury 1995, 2005), también refleja la complejidad de un fenómeno que a menudo se considera únicamente como un intento de eludir la censura o de promover la innovación en el mercado literario nacional.

Papa Hamlet

     La pseudotraducción Papa Hamlet,
de Arno Holz y Johannes Schlaf

Un año después de que su obra de teatro fuera publicada bajo la guisa de una traducción realizada por un tal doctor Bruno Franzius a partir de un original noruego de Bjarne P. Holmsen, de quien nadie había oído hablar, los verdaderos autores —los alemanes Arno Holz y Johannes Schlaf— confesaron su engaño literario en el prefacio de su obra La familia Selicke (1890). En primer lugar, sus comentarios confirman nuevamente que las pseudotraducciones deben leerse en función del contexto literario e histórico en el que se producen y reciben, y, en particular, en relación con los conceptos y expectativas asociados con la literatura traducida de una cultura original específica en un momento determinado. Holz y Schlaf hacen referencia a la enorme popularidad de la literatura escandinava en los países de habla alemana cuando afirman que, para que se le permitiera a un autor asumir riesgos literarios, debía ser francés, ruso o  noruego. Parecen lamentar el hecho de que, en las últimas décadas del siglo XIX, la innovación radical fuese aceptada —e incluso bienvenida— en la literatura traducida, en detrimento de las iniciativas innovadoras dentro del ámbito literario nacional. Sin embargo, es importante destacar que hacen referencia a una “opinión frecuentemente expresada” y no necesariamente a una postura propia. Más que utilizar la pseudotraducción como una estrategia de mercado o como disfraz para introducir innovación, su objetivo era demostrar una idea: que su propia obra sería rechazada a pesar de presentarse como traducción, evidenciando así tanto el carácter progresista de ellos como su crítica al mercado editorial alemán por no estar preparado para aceptar una innovación radical, sin importar su procedencia.

Adicionalmente, informan de que su experimento confirmó su hipótesis, ya que las reseñas iniciales de Papa Hamlet no fueron particularmente favorables. El hecho de que esta valoración del mercado literario nacional se expresara en el prefacio de una obra posterior pone de manifiesto la relevancia de una amplia gama de paratextos a la hora de analizar las funciones e impacto de la pseudotraducción.

Para cuando tanto Alexis como Holz & Schlaf etiquetaron sus textos originales como traducciones y el término pseudotraducción fue utilizado por primera vez, la práctica de presentar erróneamente una obra —o partes de ella— como texto traducido de otro idioma ya contaba con una larga tradición. Rath (2024: 115) rastrea “fictitious accounts of translation” hasta la antigüedad, mientras que en otros estudios se afirma que las primeras pseudotraducciones conocidas son el Prophetiae Merlini (1135) y la Historia Regnum Britanniae (1136), ambas de Geoffrey de Monmouth y supuestamente traducidas al latín a partir de un antiguo libro escrito en lengua britónica, posiblemente con la intención de conferir al texto la autoridad de la antigüedad (Gürçağlar 2014: 518; Rambelli 2011: 211).

Monmouth
Geoffrey de Monmouth [Fuente]

Uno de los ejemplos más famosos es probablemente Don Quijote de la Mancha (1605/1615) de Miguel de Cervantes, una gran parte del cual se presenta como una traducción al español de una supuesta fuente árabe escrita por el inexistente autor Cide Hamete Benengeli, con la consiguiente creación de una compleja ficción traductora. El narrador en primera persona interrumpe su relato prácticamente a mitad de una escena, alegando que ha llegado al final del manuscrito fragmentario del que se sirve, y luego cuenta cómo encuentra, por casualidad, su continuación en forma de un manuscrito árabe y a un morisco capaz de traducírselo. Cervantes hace uso de un recurso particularmente común en los libros de caballerías, utilizando la pseudotraducción para parodiar el género (Rath 2024: 120). Al mismo tiempo, juega con el estatus ambivalente de la cultura musulmana en España tras la Reconquista.

Un siglo después, Charles de Secondat, Barón de Montesquieu, publicó de forma anónima sus Cartas persas (1721), la supuesta traducción de un intercambio epistolar entre dos nobles persas que narran sus impresiones de la Francia de su tiempo. El prefacio no solo explica la relación entre el traductor y los corresponsales —quienes, según afirma el pseudotraductor, se alojaron como huéspedes en su casa—, sino que también incluye comentarios sobre la práctica traductora. Esto sirve tanto para reforzar la apariencia de autenticidad del texto en cuanto traducción como para ofrecer una visión de los conceptos de traducción vigentes en la época de Montesquieu. Ocultarse tras la apariencia de una traducción permitió a Montesquieu —cuya autoría era un secreto a voces— eludir la censura, dado que la obra constituía una crítica mordaz a la nobleza francesa y a la desigualdad reinante en la sociedad francesa del siglo XVIII (Toury 1995: 42; Rambelli 2011: 210).

Cervantes Ossian
Miguel de Cervantes [Fuente] Charles de Secondat, barón de Montesquieu [Fuente] Imagen del Ossian de Macpherson [Fuente]

En lo que se ha definido como “the textbook case of pseudotranslation” (Robinson 1998: 183), la ficción creada por James Macpherson en 1760 de una traducción al inglés de antiguos cantos gaélicos del igualmente ficticio autor Ossian tuvo tanto éxito que no solo impulsó una carrera ilustre y lucrativa para el propio Macpherson, sino que también desató una auténtica fiebre ossiánica en toda Europa y dio origen a los estudios celtas. El engaño y el entusiasmo consiguiente obligaron al supuesto traductor a fabricar un "original", que más tarde se reveló como una combinación de poemas gaélicos preexistentes pero libremente modificados y pasajes inventados por el propio Macpherson (Lefevere 2000: 1122–1123). El éxito de Ossian se debió en parte a un elaborado aparato paratextual que incluía textos tanto del propio Macpherson como de otros miembros de su círculo intelectual. Esta operación solo pudo salir bien porque su pseudotraducción conectó con el interés por el folclore escocés y la necesidad de una epopeya nacional para Escocia (Schmitz 2018: 169).

Si bien la presentación exitosa de textos completos como traducciones —a pesar de la ausencia de un texto original— es más frecuente en algunos períodos que en otros (como en los libros de caballerías o en la Francia del siglo XVIII, según Rath 2024), las prácticas pseudotraductoras pueden observarse a lo largo de los siglos y en varias culturas nacionales, apareciendo con fuerza en ciertos géneros como la novela policiaca, la ciencia ficción o la literatura fantástica.

Como en los ejemplos anteriores, las pseudotraducciones siempre surgen de circunstancias literarias, culturales, sociológicas y, en ocasiones, políticas particulares, independientemente de si su objetivo es consolidar o criticar dichas circunstancias. Es importante destacar que también reflejan la concepción de la traducción y los conceptos asociados de originalidad y autenticidad en la cultura “receptora” en un momento dado (Gürçağlar 2014: 516). Sea cual sea la razón para disfrazar una obra original como una traducción, los pseudotraductores dependen de un conocimiento profundo de lo que se espera o se tolera en una traducción, así como de los elementos que pueden reforzar la impresión de autenticidad traductora (Toury 2005: 7). Es este conocimiento el que les permite suscitar la complicidad del lector desde el polo contrario a lo que Alvsted (2014) ha denominado el “translation pact”, es decir, el acuerdo implícito de que un texto traducido debe leerse como si fuera un original. Las pseudotraducciones, al contrario, están destinadas a ser leídas como traducciones, algo que solo funciona si están marcadas de manera verosímil como tales

Aunque el uso de la pseudotraducción como estrategia narrativa, recurso o tropo dentro de un texto tiene una historia tan larga como la pseudotraducción de obras completas, en tiempos recientes se ha vuelto cada vez más prevalente. Las técnicas que permiten la representación monolingüe de mundos ficticios multilingües —por ejemplo, en la literatura de viajes— están estrechamente relacionadas con prácticas pseudotraductoras (Bassnett 1998; Bergantini 2024; Boucher 2024), ya que sugieren que parte de lo que el público recibe se originó en otra lengua y, por tanto, tuvo que pasar por un proceso de traducción antes de llegar a él. Independientemente de si se menciona o no a un facilitador de dicha comprensión interlingüística e, incluso, intercultural —como por ejemplo una guía de viajes— dentro del mundo ficticio, o si es el propio autor o narrador quien tiende el puente entre las lenguas, lo cierto es que no existe ningún texto original real para lo que se presenta como un enunciado traducido. En la novela Everything is Illuminated (2002) de Jonathan Safran Foer, este hecho se explota con fines cómicos. La novela entrelaza distintas modalidades literarias y estilos, al tiempo que alterna entre diferentes tiempos y voces narrativas. Una parte de la obra consiste en el relato que hace en primera persona el narrador, Alex Perchov, traductor e intérprete ucranio, de su viaje con un judío estadounidense en busca de la historia de su familia. Otro hilo narrativo de la novela está compuesto por cartas que el intérprete escribe al estadounidense tras los acontecimientos vividos en Ucrania. El lenguaje usado en estas partes sugiere que el narrador no es hablante nativo de inglés y que, al contar la historia de su viaje o escribir cartas a su compañero, traduce simultáneamente al escribir lo que formula mentalmente en su propia lengua. Las palabras y frases hechas, frecuentemente inadecuadas y, en muchos casos, inventadas, conforman un “traduccionés” gramatical y léxicamente torpe, a veces directamente incorrecto, que sugiere que las dos partes de la novela narradas desde la perspectiva de Alex son traducciones de textos ucranios no escritos. Aquí, la pseudotraducción se utiliza como una estrategia narrativa coherente con el objetivo de la transficción: representar problemáticas translingüísticas y transculturales, pero también para difuminar las fronteras entre la verdad y la ficción.

En otros textos literarios, la falsificación de traducciones es intrínseca a la trama. En la novela Si una noche de invierno un viajero (1978) de Italo Calvino, un traductor ficticio inunda el mercado literario con textos presentados como traducciones. En el relato con título originalmente en español “Mi novelista” (1998) de Barbara Wilson, una traductora finalmente cumple su ambición de escribir una novela, pero por miedo al rechazo de la crítica la presenta como traducción de una obra de un autor inventado. Cuando la novela tiene éxito, otra traductora adopta la identidad falsa del autor ficticio y publica su propia versión en español de la pseudotraducción inglesa de la protagonista como si se tratara del ‘verdadero’ texto original. La historia de Wilson se nutre de la falsificación literaria y las fronteras difusas entre original y traducción, verdad y ficción, siendo la pseudotraducción el tropo central que refuerza el concepto de la disolución de las fronteras y de las nociones de autoría y obra derivada.

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[heading title] Funciones, rasgos y efectos de la pseudotraducción

Toury (1995) sugiere para la pseudotraducción una serie de funciones que en las últimas décadas se han ido confirmando y analizando en una creciente bibliografía sobre este fenómeno: evitar la censura, introducir innovaciones en un sistema literario (especialmente nuevos géneros o conceptos de autoría), cambiar de rumbo literario sin riesgo de rechazo ni crítica, explotar el prestigio de la presunta cultura, lengua o literatura original -sobre todo por razones comerciales- e incluso para hacer planificación cultural, que Toury (2005: 9) define como un intento de “incur changes in the cultural repertoire and the ensuing behaviour” de grandes grupos. Las pseudotraducciones pueden tener un impacto significativo en el sistema cultural en el que se introducen y donde se reciben en calidad de traducciones auténticas. Los poemas del Ossian de Macpherson no solo inauguraron una moda, sino que también allanaron el camino del Romanticismo en Europa (Lefevere 2000: 1122) y ofrecieron un modelo para otras culturas que estaban intentando fijar un texto fundacional basado en la poesía tradicional (Rambelli 2011: 211). En 1830, Joseph Smith publicó el Libro de Mormón, una supuesta traducción de una lengua antigua denominada “egipcio reformado”, que contribuyó de forma muy efectiva a la fundación de una nueva iglesia (Toury 2005: 11-14). Por su parte, en la Turquía de principios del siglo XX una oleada de pseudotraducciones de novela policiaca contribuyó a un incremento del público lector (Gürçağlar 2014: 520). Resulta también importante destacar que existe un amplio consenso en torno a la idea de que la pseudotraducción se extiende más allá de la innovación literaria o cultural, estrategias comerciales y escudo protector de autores. En su condición de recurso y marco narrativo, permite también a los autores adoptar una voz alternativa, jugar con el lector, practicar el discurso metanarrativo e investigar cuestiones epistemológicas y éticas. Así pues, uno de los efectos de la pseudotraducción consiste en cuestionar el concepto mismo de autoría, tanto si esa es la intención del autor como si simplemente se trata de una consecuencia de que se sepa que el texto no es la traducción que finge ser (Apter 2006: 213).

Se puede identificar una serie de rasgos como típicos de las pseudotraducciones. Tal como sugieren los ejemplos anteriores, los paratextos desempeñan un papel estelar, ya que es en esas “primary presentational tools in pseudotranslation” (Gürçağlar 2014: 517) donde se ejecuta la falsificación literaria. Estamos hablando de portadas con el nombre del presunto autor y traductor o con formulismos del tipo de “traducido de”, todo ello dirigido a convencer al lector de que está leyendo un texto que se originó en otro idioma; también son habituales los prólogos con información biográfica del autor, información bibliográfica sobre el presunto texto original o una explicación de las razones por las que no se puede acceder al original o por qué se ha perdido o apenas quedan fragmentos. Las notas a pie de página y notas de traducción en las que a veces se explican estrategias de traducción o en las que el supuesto traductor adopta el papel de mediador entre ambas culturas constituyen explicaciones que refuerzan la impresión de autenticidad de la traducción. En Walladmor, por ejemplo, el presunto traductor añade notas a pie con información biográfica sobre figuras históricas mencionadas en el texto o para explicar ocasionalmente términos sin traducir o juegos de palabras. Johannes Schlaf y Arno Holz escribieron para su Papa Hamlet un prefacio en el que ofrecían una biografía inventada del presunto autor y comentarios sobre su obra, siempre con el objeto de inscribir sólidamente su texto en el contexto de la literatura escandinava, que tan popular era en la Alemania de finales del siglo XIX.

Las Cartas persas de Montesquieu incorporan un extenso prólogo que ilustra rasgos diseñados para confirmar la autenticidad del texto. Mientras que la figura del traductor permanece anónima, la autoría del prólogo se identifica explícitamente como de un “mero intérprete” (Montesquieu 1762: ii) que explica cómo llegó a sus manos el material y cómo lo tradujo. Cuando afirma que hospedó a dos viajeros persas durante su visita a Francia y que estos le confiaron las cartas, pretende confirmar no solo la autenticidad de la obra, sino también la honradez del supuesto enfoque que el lector se va a encontrar: “como me tenían por hombre del otro mundo, no se recataban de mí” (Montesquieu 1762: ii, en traducción del Abate Marchena de 1818). Al mismo tiempo, esto revela una de los posibles motivos para presentar un original a guisa de traducción, que no es sino ofrecer al autor la posibilidad de adoptar una voz diferente, una perspectiva externa, una situación ventajosa desde la que mostrarse crítico con la cultura o la sociedad “término” de un modo que puede no estar permitido para los nativos. Al explicar su estrategia de transferencia, el anónimo traductor de Montesquieu refuerza la ilusión traductora. Montesquieu también explica que: “En cuanto me ha sido dable he procurado evitar el estilo asiático, desnudándole de infinitas expresiones sublimes que hubieran aburrido al lector, encumbrándole á las nubes” y que decidió suprimir “cumplidos, que no menos que nosotros estilan con prodigalidad los Orientales, dejando sin eso otras infinitas menudencias, que no son para salir á la luz pública” (Montesquieu 1762: ii). Con ello, se sitúa firmemente en la tradición domesticadora de las bellas infieles francesas, que se permiten grandes licencias para facilitar su comprensión e incrementar su atractivo a ojos de los nuevos lectores.

Al igual que el marco paratextual puede presentar un documento explícitamente como una traducción, el propio texto también suele estar construido con ese objeto mediante la incorporación de rasgos “which have come to be habitually associated with translations into the hosting culture in general or […] with translations from a particular source language and culture” (Toury 2005: 7). Para ello, no es raro, por ejemplo, el uso de características lingüísticas que evocan cierta extranjería -estructuras sintácticas torpes o la inclusión de palabras extranjeras, cuya no traducción se puede comentar también en una nota al pie-.

Todos estos rasgos hacen referencia a un texto original imaginario y disimulan el hecho de que dicho texto en realidad no existe. Sin embargo, la pseudotraducción no siempre pretende engañar realmente, incluso cuando presenta este tipo de marco paratextual. Por ejemplo El nombre de la rosa (1980), la famosa novela de Umberto Eco, comienza con un prólogo de un traductor ficticio que relata el proceso de mediación múltiple por el que supuestamente ha pasado la obra y que aborda la cuestión de la autenticidad al referirse a su propio valor al presentar su texto al público como si fuera auténtico. Sin embargo, nadie ha puesto nunca en duda el hecho de que Il nome della rosa es una obra original de Umberto Eco. Lo que sí consigue el paratexto del pseudotraductor es presentar de manera anticipada la censura y la autocensura medieval, además de desvelar los escrúpulos morales como un elemento central del libro.

Del mismo modo, el escritor hispano-cubano José Carlos Somoza nunca negó la autoría de su novela La caverna de las ideas (2000) y sin embargo inscribe su obra en la tradición de la pseudotraducción desde el inicio: una nota del traductor adjuntada al título del primer capítulo de la novela comenta las fuentes utilizadas. El traductor anónimo hace referencia tanto a un original ausente como a Montalo, el supuesto (y ficticio) editor de la versión que sirve como única fuente para la traducción al español presentada al lector contemporáneo. Esto siembra dudas sobre la autenticidad de la narrativa principal desde el principio. La elección del género policiaco, centrado en la investigación de una serie de muertes misteriosas en la Atenas clásica, y luego el título en español La caverna de las ideas, que cita la alegoría de la caverna de Platón, refuerzan la impresión de que la búsqueda de la verdad y el propio concepto de verdad están en el centro de las preocupaciones de la novela (Strümper-Krobb 2018). Las fronteras entre las tres versiones del texto —esto es, el original (ausente), la edición moderna (también ausente) y la traducción (supuestamente) reproducida en el libro— se vuelven cada vez más difusas, a medida que una trama cada vez más elaborada se desarrolla en las notas al pie y termina por invadir el texto principal. Los personajes de la historia ambientada en la Atenas antigua y el traductor moderno resultan ser, en última instancia, meras ficciones, escritas —según afirma el epílogo— por un contemporáneo de Platón que inventó tanto al protagonista principal como al traductor anónimo de las notas al pie y que vive en un futuro imaginario. Al final de la narrativa principal, el traductor desaparece, habiendo cumplido su función de subvertir cualquier sentido de orientación (en el tiempo, el espacio y las categorías epistémicas de original y derivado) y negando de forma radical la posibilidad de extraer ningún tipo de significado.

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[heading title] La investigación sobre pseudotraducción

La proliferación de entradas de manuales y enciclopedias (Robinson 1998; Lefevere 2000; O’Sullivan 2011; Rambelli 2011; Gürçağlar 2014;), volúmenes colectivos (Toremans & Vanacker 2017), capítulos de libro y artículos de revista en cuyo título aparece el término “pseudotraducción” refleja la atención creciente que el fenómeno ha recibido desde que Toury lo promocionó como línea de investigación productiva (Toury 1982 & 1995). Considerado uno de los conceptos más debatidos en el campo de los estudios de traducción modernos (Rath 2017: 231), la pseudotraducción ha sido objeto de estudios de caso, como el famoso Ossian de Macpherson (Schmitz 2018) o el Walladmor del alemán Willibald Alexis (Toremans 2018), ha protagonizado panorámicas de su uso en géneros determinados, como la ciencia ficción (Sohar 1998) o en la novela policiaca (O’Sullivan 2005; Gürçağlar 2008; Maher 2013), o en periodos literarios o culturas, como los clásicos (Rath 2024), la Francia dieciochesca (Kupsch-Losereit 2014), el Romanticismo inglés (Toremans 2018), la Turquía de principios del siglo XX (Gürçağlar 2010 & 2014) o China (Liu 2018). Se trata de una línea de investigación dominada por los ejemplos históricos debido a que el etiquetado deliberadamente erróneo de los textos como traducciones fue más frecuente en el pasado que hoy en día. Cada estudio explora distintos aspectos de las pseudotraducciones, su contexto, manifestaciones e impacto. Normalmente, lo que aflora es un retrato complejo de los factores e intenciones superpuestos que conforman la pseudotraducción. El análisis del marco conformado por la pseudotraducción ha sido objeto de una atención especial porque ayuda a comprender la intención y función de las señales paratextuales, además de la naturaleza y el empleo de la pseudotraducción en contextos literarios ( O’Sullivan 2005; Pym 2014).

Si bien muchos estudios de caso se centran en la producción, presentación y recepción de textos completos como traducciones —para los cuales se reclama o asume un original falso y que en algún momento se revelan como un engaño—, una perspectiva más amplia permite investigar cómo se reflejan las sensibilidades multiculturales y transculturales modernas y posmodernas en el uso de la pseudotraducción como recurso interno del texto. Esta perspectiva no representa tanto una contradicción con el enfoque textual de Toury como un énfasis diferente: Toury se interesa principalmente por las traducciones que realmente han sido recibidas como tales; las percibe como parte integral del sistema de llegada, sobre el que pueden, a su vez, influir. La idea de Toury de que las pseudotraducciones pueden revelar cómo se perciben la traducción y las ideas asociadas de autoría, originalidad o traducibilidad en una cultura determinada y en un momento específico ha sido confirmada por diversos estudios de caso llevados a cabo por otros investigadores (Gürçağlar 2010). Sin embargo, este enfoque centrado en el contexto externo de los textos en los que se produce, presenta y aprecia una pseudotraducción presta poca atención a la forma en que el propio texto evoca otra lengua o entra en una relación intertextual con un texto previo imaginario. Rath (2017), en particular, ha promovido el uso del concepto de pseudotraducción para captar este fenómeno tan común. Su manera de entender la pseudotraducción como un modo de lectura, más que como una práctica de producción textual deliberadamente engañosa, aporta nuevas perspectivas sobre técnicas pseudotraductoras que subyacen en algunos textos sin que la traducción sea mencionada explícitamente, lo que a su vez da continuidad a una línea de investigación que considera las traducciones ficticias en el contexto de la literatura de viajes (Bassnett 1998: 34). Cada vez más, la investigación se ha centrado en las superposiciones y los intersticios entre la pseudotraducción y fenómenos como la transficción (Strümper-Krobb 2018; Cleary 2021), la metaficción (Toremans & Vanacker 2016; Liu 2018), o la traducción cultural parcial (Bergantino 2024; Boucher 2024), y en cómo la pseudotraducción puede arrojar luz sobre una serie de cuestiones relevantes para los estudios de traducción y más allá, a saber: “translatability, representation, voice, authorship, authenticity, and multilingualism” (Rath 2017).

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Research potential Potencial de investigación

Los estudios de caso, ya sean de ejemplos individuales o de conjuntos de textos, presumiblemente seguirán constituyendo la base principal de la investigación sobre la pseudotraducción. Este enfoque podría beneficiarse del potencial tecnológico del análisis de corpus, tanto para identificar pseudotraducciones como para describir sus características. Sin lugar a dudas, aún quedan muchas pseudotraducciones por descubrir y más conclusiones por extraer sobre sus contextos culturales y políticos, así como sobre lo que reflejan respecto a las actitudes hacia las culturas extranjeras y hacia el propio acto de traducir en una cultura determinada en un momento específico.

En el análisis de la práctica de la pseudotraducción, la dimensión política debe ser siempre un factor que tener en cuenta, sabiendo además que se intensifica particularmente en épocas de transformación política y social (Rambelli 2011: 211). Evitar la censura, lanzar determinadas imágenes de una cultura extranjera mediante el disfraz de una voz auténtica supuestamente traducida, presentar textos religiosos como traducciones de fuentes antiguas..., todo ello puede considerarse como actos políticos, incluso cuando se trata de textos literarios. Sin embargo, aunque la mayor parte de la investigación sobre pseudotraducción se centra en textos literarios, los ejemplos en los que tratados históricos o ensayos políticos fueron presentados como traducciones ponen especialmente en evidencia la relación con la política (Krüger 2016). En un mundo en el que hechos y opiniones prefabricados circulan en el escenario global, parece más que oportuno profundizar en investigaciones sobre casos en los que la pseudotraducción ha sido utilizada con fines diplomáticos o políticos, tanto en el pasado como, posiblemente, en el presente.

Los ejemplos históricos han dominado durante mucho tiempo la investigación en el campo de los estudios sobre pseudotraducción. Esto se debe en parte a la influencia del enfoque textual de Toury, ya que la presentación de textos completos como traducciones era una práctica mucho más común en siglos pasados que en la actualidad. Aunque existen algunos estudios diacrónicos sobre el uso de la pseudotraducción en una cultura específica (Gürçağlar 2010), estos siguen estando limitados a períodos históricos concretos. Todavía no se ha realizado una historia exhaustiva de la pseudotraducción para ninguna cultura ni lengua en particular que pueda ofrecer una panorámica de los cambios en las prácticas pseudotraductoras ni de las actitudes hacia dichas prácticas a lo largo del tiempo.

Además, los avances tecnológicos, especialmente el desarrollo de la inteligencia artificial (IA), podrían abrir nuevas preguntas y dimensiones para la investigación sobre la pseudotraducción. La manera en que las herramientas de IA pueden facilitar la creación de traducciones ficticias convincentes socava aún más cualquier noción fiable de autoría. Dado que las conferencias y publicaciones muestran un interés creciente por las implicaciones de la IA en la traducción y los estudios de traducción (Sun, Liu & Riccardo 2025), es de esperar que el campo de la pseudotraducción también siga esta tendencia.

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