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contenidos
Introducción | Definir traductor: primeros pasos | Categorías de traductores | Perfiles: la traductora típica | La identidad y el nombre del traductor | Tras las huellas del traductor  | Investigación sobre traductores | Conclusión y perspectivas | Potencial para la investigación

Introduction  Introducción 

El traductor debería ser de interés obvio para los estudios de traducción como figura clave que subyace tras los textos traducidos, los procesos de traducción, las teorías y los modelos que conforman nuestro amplio campo de estudio. Sin embargo, ha hecho falta que nazca el nuevo milenio para que esta figura comenzase a atraer la atención académica de un modo sistemático y se convirtiera en un objeto de investigación de pleno derecho.

De hecho, el tema es tan nuevo -o quizá en apariencia tan evidente- que aún no ha recibido cobertura enciclopédica. En las últimas décadas han proliferado los manuales y enciclopedias de estudios de traducción, pero ninguno de ellos incluye una entrada específica sobre el traductor. Del mismo modo, los intentos de definición han sido escasos.

Por esta razón, esta entrada dedica una atención considerable a la cuestión de cómo definir traductor. La búsqueda de criterios de definición nos lleva tanto al terreno de las categorías como al de los casos concretos. Tras un primer intento de definición en la próxima sección, los apartados siguientes describen algunas categorías comunes y perfiles típicos de traductores. También se abordan cuestiones de identidad y denominación de los traductores, así como la cuestión metodológicamente crucial de cómo rastrear a los que no necesariamente se autoidentifican o se refieren a sí mismos como traductores.

En resumen, los primeros apartados de la entrada preguntan -y tratan de responder- cómo es un traductor típico, qué más pueden ser y cómo identificarlos. A lo largo de la entrada, el traductor típico se contrapone a la imagen del traductor ideal, hegemónica entre los estudiosos y profesores de traducción, pero que no se ajusta necesariamente a la realidad. Más fundamentalmente, la entrada también aborda lo que significa ser traductor: ¿es un trabajo?, ¿una identidad?, ¿o un papel del que se puede entrar y salir sin problemas? Como veremos, ser traductor puede ciertamente ser todas esas cosas, pero las respuestas dependerán de a quién se le pregunte.

Otra buena parte de la entrada está dedicada a la investigación sobre el traductor. Se identifican algunos de los principales tipos de investigación sobre el traductor y se ilustran con ejemplos para dar una idea de lo que algunos han llegado a considerar un subcampo autónomo de los estudios de traducción, pero que también podría considerarse un giro o, más modestamente, un prisma particular que puede aplicarse, y de hecho se está aplicando, a los estudios de traducción contemporáneos.

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[heading title] Definir traductor: primeros pasos

Definir el concepto clave de esta entrada, traductor, no es tarea sencilla. Tomando el camino fácil, podríamos adoptar la definición estándar de diccionario y decir que un traductor es "alguien que traduce" o, por usar las palabras de Paloposki (2016: 18) "someone who does translations". La ecuación traductor/traducir/traducción(es) resulta problemática, como veremos más adelante, y para algunos propósitos no sería suficientemente distintiva. Nos incita a buscar criterios adicionales, planteándonos preguntas como las siguientes: si un traductor es alguien que traduce, ¿significa esto que cualquiera que traduzca puede ser considerado traductor? ¿La persona que traduce tiene que haber recibido formación en traducción para serlo? ¿Deben recibir una remuneración y hacerlo especialmente bien?

Chesterman (2001: 146) establece una distinción entre alguien que "is a translator" y alguien que "does translations (sometimes)", es decir, entre el practicante y la práctica. La implicación deóntica de ser traductor, argumenta Chesterman, es saber lo que significa ser un "buen" traductor, lo que de nuevo caracterizaría al traductor profesional frente a una persona que sólo "hace traducciones (a veces)" y que bien podría ser un aficionado sin ninguna voluntad de excelencia.

Las distinciones normativas de este tipo son frecuentes en la bibliografía. A veces se indican explícitamente, pero a menudo no. Koskinen y Dam (2016) analizaron las contribuciones a un número especial sobre la profesión de traductor (Dam & Koskinen (eds.) 2016) con el fin de desvelar las suposiciones implícitas de los autores sobre la traducción y los traductores, sobre los de dentro y los de fuera, así como sobre las jerarquías internas. El traductor ideal que emergió de este ejercicio, el representante del núcleo central, poseería las siguientes características: tener formación como traductor (a nivel universitario), tener experiencia profesional en el trabajo de traductor (preferiblemente varios años) y estar empleado como traductor con un contrato a tiempo completo - por lo tanto, ser un traductor profesional y remunerado-. Ella (el traductor por defecto es una mujer, aunque el traductor ideal bien podría ser un hombre) estaría satisfecha con su trabajo y no se plantearía abandonar la profesión. El traductor ideal también se identificaría como tal traductor, fomentaría la profesionalización y sería humano. Otros agentes del sector -traductores voluntarios, traductores aficionados, máquinas y otros actores que no reúnen las características mencionadas o que tienen agendas diferentes- podrían considerarse miembros marginales o no miembros y, como tales, posibles amenazas para los miembros centrales. Sin embargo, el estatus de los traductores voluntarios y aficionados no obtuvo consenso: algunos autores los incluyeron en su investigación al mismo nivel que los profesionales asalariados y formados, mientras que otros los consideraron ajenos. Aun así, hubo un amplio consenso sobre la necesidad de reconocer el papel que desempeñan inevitablemente en la configuración y el desarrollo del campo de la traducción los miembros marginales y los no miembros que intentan introducirse en él.

Las distinciones normativas pueden ser útiles en algunos contextos. La distinción de Chesterman entre el practicante y la práctica, el profesional y el aficionado, el bueno y el malo, tenía un propósito en el contexto en el que apareció: un artículo cuyo objetivo era formular una ética para los traductores profesionales; en este caso, tiene sentido excluir al aficionado. El objetivo de esta entrada, sin embargo, es captar toda la amplitud de lo que puede significar ser traductor. Como veremos más adelante, la investigación empírica ha demostrado sistemáticamente que la figura del traductor se presenta en todo tipo de formatos, por lo que la definición debe ser lo suficientemente abierta para abarcarlos a todos. Partir de una definición de trabajo de traductor como alguien (de hecho, cualquiera) que traduce o hace traducciones -ya sea a veces, a tiempo completo o sólo ocasionalmente- es reflejo de este planteamiento abierto y sirve como punto de partida.

Traductor/Traducir/Traducción

Incluso sin criterios adicionales, la descripción básica de traductor como alguien que traduce o hace traducciones plantea al menos dos preguntas: ¿un traductor es siempre una persona, un ser humano? Y más fundamentalmente, ¿qué significa traducir o traducción(es)? La respuesta a la primera pregunta es un simple "no", como veremos más adelante; sin embargo, en aras de la argumentación, vamos a suponer que el traductor es una persona. La respuesta a la segunda pregunta es más compleja; de hecho, abre el debate secular sobre cómo definir la traducción, un concepto que se resiste notoriamente a las definiciones categóricas. Pero intentemos acotarlo.

Como se refleja en los numerosos manuales y enciclopedias sobre estudios de la traducción publicados en los últimos años, el término traducción abarca una amplia variedad de prácticas de mediación, cada una de las cuales constituye tanto un subtipo de traducción como un subcampo de los estudios de traducción. Ejemplos típicos serían la interpretación, la subtitulación, la localización, la adaptación y la transcreación. La investigación entre traductores muestra que, en la práctica laboral, esta amplia conceptualización coexiste junto a una representación mucho más restrictiva de la traducción como transferencia de un mensaje escrito en un idioma a un mensaje escrito en otro, es decir, como un subtipo específico dentro de la amplia categoría de la traducción (Dam & Zethsen 2019).

Si la traducción en su sentido más amplio comprende las prácticas de mediación antes mencionadas y algunas más, por analogía, traductor -como alguien que hace traducción(es)- puede entenderse como un término que engloba a traductores (escritos), intérpretes, subtituladores, localizadores, transcreadores, así como a todo el resto de agentes traductores que encontramos tanto en el campo como en la bibliografía: transeditores, audiodescriptores, rehablantes, escanlators, revisores, poseditores y muchos más. De hecho, la lista no tiene límites y se está ampliando como resultado de la rápida evolución del panorama de la traducción y de la creciente apertura académica hacia nuevos fenómenos y conceptos anteriormente destronados.

En los últimos años, los estudios de traducción han comenzado por ejemplo a abarcar los tipos de traducción que propuso Jakobson y que van más allá de la traducción interlingüística, es decir, la traducción intralingüística y la intersemiótica, como muestra un manual central de los estudios de traducción (Gambier & van Doorslaer 2010-2021), que solo en su volumen más reciente, de 2021, ha incluido entradas sobre estos dos conceptos, propuestos ya en 1959. Puede que los practicantes se muestren más reticentes a considerar los modos de mediación intralingüísticos e intersemióticos como actividades traductoras (Dam & Zethsen 2019), pero gran parte de la innovación a la que asistimos actualmente, tanto en lo que respecta a las tareas como a las etiquetas, se origina de hecho en el propio campo de la práctica; la localización y la transcreación no son más que ejemplos. Para complicar aún más las cosas, algunos de estos fenómenos, y en particular sus etiquetas, solo han sido aceptados a regañadientes por la comunidad académica.

El desacuerdo entre académicos y profesionales sobre lo que se considera traducción tiene potencial productivo, pero es muy poco práctico si el objetivo (académico) es identificar quién es el profesional. Volveremos sobre esta cuestión central más adelante. Dejando de lado por ahora las dudas y los desacuerdos, la conclusión de esta sección podría ser que, en este vasto y ambivalente panorama de la(s) traducción(es), "traductor" -en su sentido más amplio- es potencialmente una categoría inmensamente amplia y heterogénea.

Para comprender mejor esta gran categoría, a continuación vamos a examinar algunas categorías comunes y perfiles típicos de traductores.

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[heading title] Categorías de traductores

Una forma habitual de agrupar a los traductores refleja la clasificación de la traducción por modalidades descrita en el apartado anterior. Según la modalidad de traducción en la que estén especializados o con la que trabajen en un momento dado, la amplia categoría de traductores puede subdividirse, por ejemplo, en intérpretes, subtituladores, transcreadores, etc.

La distinción por modalidad más utilizada es la que existe entre traductores e intérpretes. Entre sus muchas manifestaciones, aflora en el nombre ampliado de la disciplina académica, bastante común hoy en día: "estudios de traducción e interpretación". Podemos observar que el nombre ampliado de la disciplina -al igual que la yuxtaposición común de "traductores e intérpretes"- activa el significado restringido de "traducción" y "traductor", reduciéndolos al ámbito de los textos escritos, y atestigua la posición central de la interpretación y los intérpretes en el campo más amplio de (los estudios de) la traducción. Si optamos por hablar de "traductores [en el sentido estricto de escritos] e intérpretes", excluimos también a otras figuras de traductores: subtituladores, localizadores, etc., que ya no quedan cubiertos por el hiperónimo "traductor".

Otra categorización muy extendida se basa en el campo de especialidad o área temática elegida por el traductor. Ejemplos típicos son: traductores jurídicos, traductores médicos, traductores económicos, traductores de publicidad y, por supuesto, sus homólogos en el campo de la interpretación: intérpretes jurídicos, intérpretes médicos, etc. Una categoría dominante es la del traductor literario. Tanto es así que algunos autores (todavía) utilizan una distinción binaria entre traductores literarios y no literarios, lo que refleja el prestigio tradicionalmente superior de la figura de traductor literario y la inclinación histórica hacia ella de los estudiosos de la traducción.

Últimamente, el foco se ha desplazado y se han propuesto nombres nuevos y más matizados para la amplia categoría de traductores no literarios. Dam y Zethsen (2011), por ejemplo, proponen la etiqueta business translators [traductores de negocio] para el amplio grupo de personas que traducen en el mundo de los negocios y la industria, descartando tanto la etiqueta reduccionista de no literarios como la denominación frecuentemente utilizada de commercial translators [traductores comerciales] por sus connotaciones potencialmente negativas. Otras denominaciones candidatas serían traductores especializados y traductores técnicos, pero en opinión de esta autora, la primera no es suficientemente distintiva (¿acaso no serían especializados los traductores literarios?) y la segunda es demasiado restrictiva.

La etiqueta de traductores de negocio apunta a otro criterio de categorización muy utilizado: el contexto laboral. La distinción entre, por ejemplo, intérpretes de conferencias e intérpretes comunitarios se basa en este criterio. Otros ejemplos son los traductores gubernamentales y su hipónimo traductores institucionales (incluidos, por ejemplo, los traductores de la UE). El contexto laboral también determina categorías como traductores de agencia (traductores empleados en una agencia de traducción) y traductores de empresa (traductores empleados en una empresa cuyo producto o servicio principal no es la traducción). Otro principio clasificatorio es el tipo de empleo, que nos permite distinguir entre las dos grandes categorías de traductores autónomos y traductores en plantilla.

La lista anterior es sólo una instantánea, y claramente parcial, de algunas categorías y etiquetas de traductor utilizadas actualmente. Hay solapamientos sustanciales entre conceptos, incluso entre conceptos aparentemente opuestos (¿quién dijo que la literatura no es negocio?), y la nomenclatura no es unánime (traductores de negocios frente a comerciales). Y, por supuesto, la lista no está grabada en piedra. A medida que cambian el panorama de la traducción y los intereses de la investigación, aparecen nuevas categorías.

En el siglo XXI, por ejemplo, han proliferado los conceptos de traductor vinculados a la profesión, un tema de investigación que ha ganado popularidad en los últimos años. La categoría del traductor profesional ha entrado en escena junto con su opuesto binario, el traductor no profesional, que también puede etiquetarse, por ejemplo, como traductor voluntario, traductor aficionado, traductor natural, traductor ad hoc o, más concretamente, fan-subber, según el punto de vista. Y, por supuesto, las nuevas tecnologías han dado lugar a nuevas funciones y categorías de traductor (el poseditor, por ejemplo) y han cambiado nuestra percepción misma de quién (o qué) puede traducir. Con la llegada de la traducción automática, se ha materializado el traductor automático. Todavía no hablamos de traductores no automáticos (en la línea de los traductores no literarios o no profesionales), pero sí se ha vuelto necesario añadir el atributo de humano cada vez con mayor frecuencia para subrayar que se trata de una persona.

Translator pentagon
El mundo multifacético de los traductores

Las categorías son herramientas prácticas de investigación, pero la realidad a menudo desafía la categorización. La investigación empírica ha demostrado sistemáticamente que el gran grupo de personas que llamamos traductores son pluriempleados que comptatibilizan múltiples tareas. Muchos de ellos tienen carreras adicionales fuera de la traducción (cf. por ejemplo, Katan 2009), pero también se dedican regularmente a una multitud de trabajos de traducción. La investigación de Sela-Sheffy (2016) sobre los traductores israelíes es un buen ejemplo. Con vistas a cubrir el amplio campo de la traducción en Israel, se propuso reclutar a representantes de cinco subgrupos de traductores presumiblemente bien definidos: (1) traductores comerciales/técnicos, (2) traductores literarios, (3) subtituladores, (4) intérpretes de conferencias y (5) intérpretes comunitarios. Resultó que la muestra que había recogido meticulosamente para reflejar estas categorías mostraba un alto grado de solapamiento entre los distintos tipos de trabajo, y que las especialidades de los traductores se combinaban de formas sorprendentes: la traducción literaria con la comercial, por ejemplo, y la interpretación de conferencias con la subtitulación y, de nuevo, con la traducción comercial. De hecho, la denominada traducción comercial se entrecruzaba con suma facilidad con las demás categorías profesionales.

Este tipo de cruce de fronteras profesionales se ha observado entre traductores que trabajan en contextos muy diferentes: en Suecia (Svahn 2020), Estados Unidos (Kelly, Stewart & Hedge 2010) y China (Setton & Guo 2009). De hecho, la multitarea también parece haber sido una característica de los traductores en el pasado, como pone de manifiesto la investigación sobre los traductores del siglo XIX en Finlandia realizada por Paloposki, quien caracteriza a estos traductores como “a heterogeneous group of people variously occupied with translating, writing, teaching, editing newspapers – at different stages of their lives or working parallelly on different projects and jobs” (Paloposki 2016: 28).

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[heading title] Perfiles: la traductora típica

Como hemos visto en el apartado anterior, a menudo se produce un choque entre las categorías ideales y sus manifestaciones en la vida real. Las categorías nítidas que suponemos para los traductores cuando distinguimos, a veces tajantemente, entre, por ejemplo, intérpretes y traductores o entre traductores literarios y comerciales no se ajustan a la realidad multitarea de muchas de estas personas. En este apartado, nos detendremos no en las categorías teóricas de los traductores, sino en sus perfiles de facto.

Con el creciente interés por los traductores y la profesión de traductor, en la última década se han publicado numerosas encuestas que nos permiten trazar un perfil tentativo del traductor contemporáneo. Muchas de estas encuestas son de ámbito nacional, tienen diferentes focos de investigación y criterios de muestreo, por lo que los resultados son difíciles de comparar. Sin embargo, en un metanálisis, Pym, Grin, Sfreddo & Chan (2012) revisaron los resultados de las encuestas existentes y encontraron algunos patrones consistentes que las encuestas más recientes tienden a confirmar.

Para empezar, la traducción suele ser un trabajo a tiempo parcial. La estimación aproximada de Pym, Grin, Sfreddo & Chan (2012) es que la traducción es una ocupación a tiempo parcial para aproximadamente el 60% de las personas que la practican como actividad remunerada. Puede haber variaciones nacionales y sectoriales, por supuesto, pero la investigación apunta sistemáticamente a la traducción como una ocupación a tiempo parcial y, a veces, secundaria, ocasional, incluso ad hoc o provisional (Dam & Koskinen 2016). Esta observación encaja bien con la imagen de los traductores como pluriempleados multitarea descrita en la sección anterior.

Women translators
La mayor parte de quienes traducen son mujeres

En segundo lugar, los autónomos dominan el mercado de la traducción. Las encuestas revisadas por Pym, Grin, Sfreddo & Chan (2012) sugieren que la proporción general de autónomos podría situarse en torno al 78%, con importantes variaciones nacionales y sectoriales. Una estimación más precisa podría situar el número de autónomos entre el 50% y el 89% (Pym, Grin, Sfreddo & Chan 2012: 89). Estas cifras concuerdan con encuestas recientes. En el estudio de Svahn (2020) sobre 373 traductores suecos, el 76% eran autónomos, mientras que alrededor del 58% de los 450 traductores finlandeses encuestados en el estudio de Ruokonen & Mäkisalo de 2018 eran autónomos. En otros estudios, la proporción de autónomos es mayor, pero las cifras dependen evidentemente de los métodos de muestreo. Además, el modelo autónomo de trabajo de traducción combina bien con la participación en una multiplicidad de tareas.

En tercer lugar, la mayoría son mujeres. Según la estimación de Pym, Grin, Sfreddo & Chan (2012), la proporción de mujeres traductoras es del 70% o más; algunas encuestas indican cifras superiores (por ejemplo, Ruokonen & Mäkisalo 2018 dan un 80,4%) y otras más bajas (por ejemplo, Svahn 2020 apunta un 63%), pero las mujeres traductoras son sistemáticamente mayoría, hasta el punto de que se ha llegado a hablar de la traducción como una "profesión de cuello rosa". Puede que esta observación no tenga consecuencias prácticas. La investigación ha sugerido que el predominio femenino puede influir en la autoimagen de los traductores y en la imagen que otros tienen de ellos (Dam & Zethsen 2009a, 2010; Gentile 2018), pero también que, contrariamente a lo que sugieren algunas teorías, ser una mujer traductora no implica necesariamente sumisión de ningún tipo (Wolf 2006; para más información sobre la sumisión y el habitus del traductor, véase el apartado de Investigación sobre traductores más adelante).

Formación profesional

Ya hemos aprendido que el traductor típico es una mujer autónoma que realiza múltiples tareas, entre las que la traducción es solo una de ellas. ¿Pero qué sucede con su formación: es lo habitual que tengan una formación específica para traducir?

Las encuestas rara vez abordan la cuestión de la formación académica más allá del nivel (por ejemplo, educación secundaria, grado o máster), por lo que resulta complicado evaluar el tipo de cualificación académica que suelen poseer los traductores. Pym, Grin, Sfreddo & Chan (2012) recogen estadísticas de Service Canada que indican que el 63% tiene un título en humanidades y otras disciplinas, entre las que se hallan las filologías y la traducción, mientras que datos del Bundesagentur für Arbeit (Alemania) que revelan que el 42% tiene un título universitario (Pym, Grin, Sfreddo & Chan 2012: 95).

Con unas estadísticas que no distinguen entre, por ejemplo, humanidades, filologías y traducción, o que solo se refieren al nivel de estudios sin especificar el área temática, la cuestión de la formación de los traductores constituye un ámbito prácticamente opaco. Con todo, la encuesta de Svahn (2020) arroja un poco de luz. Aparte de concluir que los traductores de su muestra tenían en general un alto nivel educativo, señala que solo el 30,5% de ellos había estudiado "some sort of translation-related subject, either an MA in Translation Studies, a BA in Translation Studies, courses in literary translation, or translation programmes from abroad" (Svahn 2020: 41). Ruokonen & Mäkisalo (2018) concluyen que alrededor del 50% de los traductores de su muestra tenían un título (a cualquier nivel) en traducción. Las cualificaciones académicas de los traductores dependerán, por supuesto, de lo desarrollada que esté el área de la traducción en el sistema educativo de su país de residencia. En Finlandia, un país con el finlandés y el sueco como lenguas cooficiales, el número de programas universitarios en traducción es elevado; más que en Suecia, pero también en este caso la formación de traductores está bien desarrollada. Por lo tanto, es lógico suponer que en muchos otros contextos nacionales la proporción de traductores con formación específica sea inferior al 30-50% indicado en estos dos estudios nórdicos.

En cuanto a la formación académica, Sela-Sheffy (2016: 62) describe así su muestra de traductores israelíes (no es una encuesta): "Most of them have some academic education, but less than one third of them have graduated in Translation Studies, while another third have followed different translation programs and courses, including extra-academic workshops". Con algunas excepciones importantes (en particular, el amplio cuadro de intérpretes para los servicios públicos y el pequeño grupo de intérpretes de conferencias), es probable que esta sea una descripción acertada de las cualificaciones educativas de cualquier grupo de traductores: muchos tienen “cierta formación académica” en términos de Sela-Sheffy, pero la mayoría de ellos no tienen un título en traducción; en otras palabras, traducen o hacen traducciones y son traductores en ese sentido, pero no son traductores por formación.

La traductora típica frente a la ideal

Lo que hemos visto nos indica que existe una brecha entre la imagen idealizada del traductor presentada al principio del artículo y la imagen de la traductora típica ofrecida en los apartados precedentes. Aunque en investigación se tienda a priorizar al traductor profesional, formado y a tiempo completo, excluir de nuestro ámbito al traductor autónomo a tiempo parcial, multitarea y sin formación especializada iría en contra de los modelos que prevalecen realmente en el mercado.

Para captar al traductor contemporáneo en toda su amplitud, incluida la figura un tanto desordenada de la traductora típica, tendríamos que ceñirnos a la definición amplia y abierta sugerida al principio: un traductor, al parecer, se define mejor como "alguien que traduce", sin más. Sin embargo, la investigación sobre el traductor se ha centrado de hecho en una figura mucho más restringida -el traductor idealizado-, como veremos más adelante. Antes de verlo con detalle, ahora nos centraremos en la cuestión de la identidad y la denominación del traductor y en el reto que supone seguir la pista de un practicante escurridizo.

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[heading title] La identidad y el nombre del traductor

Las instituciones educativas sirven para muchas cosas, entre las que destaca inculcar identidad a sus titulados, socializarlos en sus futuras profesiones -en nuestro caso, ser traductores en lugar de limitarse a hacer traducciones (a veces), por utilizar de nuevo las palabras de Chesterman-. La ausencia de formación especializada para traductores, tanto en el plano institucional como en el individual, allana el camino para identidades profesionales frágiles y porosas. Existen otros mecanismos que refuerzan la identidad, como los sistemas de certificación o acreditación y las asociaciones profesionales, pero en el campo de la traducción tienden a ser fragmentarios y débiles, con algunas excepciones importantes (sobre todo en el campo de la interpretación de conferencias, véase Dam & Gentile 2022).

El hecho de que gran parte del trabajo de traducción se desarrolle a tiempo parcial también puede constituir un obstáculo para la formación de una identidad fuerte como traductor entre los traductores. Cuando la traducción se convierte en un papel, uno entre muchos, del que la persona que traduce entra y sale, la formación de la identidad profesional se ve obstaculizada. A esto cabe añadir que la multitarea no se limita a los traductores a tiempo parcial, sino que puede ser incluso una condición para los traductores a tiempo completo, como demuestra el estudio de caso de Kuznik (2016) de una traductora de plantilla en una empresa de tamaño medio. El estudio muestra que el trabajo de esta traductora se caracterizaba por un alto grado de hibridez: además de hacer traducciones e interpretaciones, actuaba como redactora, revisora, organizadora, secretaria, gestora, coordinadora, asistente y administradora. Para Kuznik, la etiqueta de "traductora" era, por tanto, un término erróneo; títulos como "asistente personal multilingüe" o "experta en comunicación multilingüe", argumenta, reflejarían más adecuadamente el perfil laboral de esta empleada. De hecho, una vez concluida la investigación, la empresa cambió el nombre del puesto por el de "experta en comercio internacional y exportaciones". Esto nos lleva a la cuestión de la denominación.

No todos los traductores se llaman a sí mismos "traductores". Esto puede deberse a que no se identifican como tales por la razón que sea o a que consideran que la etiqueta no es representativa de lo que hacen, o a una combinación de ambas cosas. También puede deberse a que el nombre tenga mala reputación. Gambier describe, en términos nada sutiles, una determinada visión de los traductores, según la cual son “passive agents, with no voice, no empathy, no subjectivity, no reflexivity, no interpreting skill, no intercultural awareness, and no qualifications” (Gambier 2016: 889), mientras que la traducción no alberga ningún prestigio claro y “can be handed off at any moment to a bilingual relative or colleague” (Gambier 2016: 887).

Lo cierto es que muchas encuestas informan de casos de participantes que fueron reclutados suponiendo que eran traductores, pero que resultaron autoidentificarse de otra manera. Parte de los participantes en el estudio de Ruokonen & Mäkisalo (2018: 8), por ejemplo, se describían a sí mismos como "especialistas en idiomas/comunicación" (pero aun así participaron en una encuesta de traductores). En una línea similar, las agencias de traducción de muchos países ahora suelen referirse a sus traductores como "lingüistas", mientras que "gestores de proyectos" es el término elegido para los empleados con tareas administrativas y de cara al cliente, muchos de los cuales son, de hecho, traductores con formación como tales.

También se da la situación contraria. Koskinen (2009) siguió a tres traductores de la UE que se trasladaron de la unidad de traducción al finés de la Comisión Europea en Luxemburgo a la representación local en Helsinki. El traslado supuso un cambio importante en sus tareas y funciones: de labores puramente de traducción pasaron a desempeñar un papel activo de divulgación que casi no implicaba trabajo de traducción. También cambió su denominación oficial: de "traductor" a "técnico en lenguas". Curiosamente, los (antiguos) traductores siguieron llamándose a sí mismos traductores y sintiéndose muy identificados con la función profesional de traductor. ¿Qué es, reflexiona Koskinen (2009: 108), lo que empuja a las personas a sentirse "personally so attached to a profession that is so often felt to be invisible, misrecognized and misunderstood?". Interesante pregunta, sin duda. Como sugiere esta autora, la etiqueta de traductor -a pesar de su falta de reconocimiento- "seems to have strong emotional power" (Koskinen 2009: 108). Curiosamente, en el contexto actual, el ejemplo apunta a un vínculo más débil entre la práctica y el practicante de lo que se planteó al principio de esta entrada e ilustra que -más allá de un trabajo o un papel ocasional- traductor también puede ser una identidad con fuertes cimientos emocionales.

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  [heading title] Tras las huellas del traductor

Más allá de implicaciones ideológicas o emocionales, la heterogeneidad de las convenciones que rigen la nomenclatura en torno al traductor dificulta su rastreo y complica la tarea del investigador que quiere estudiarlos. Para resolver este reto metodológico, puede ser buena idea seguir el ejemplo de los historiadores de la traducción, para quienes rastrear a los traductores del pasado puede ser “rather like uncovering a forgotten tomb” (Pym 2009: 32).

Paloposki (2016), que estudió a los traductores en la historia a través de múltiples fuentes archivísticas, resolvió el reto aplicando a los traductores (asumidos) el concepto de Toury de traducción asumida. Se basó tanto en la denominación explícita (si una persona se denominaba a sí misma "traductor/a", la tarea era fácil: se daba por supuesto que lo era) como en el rastreo a través de las traducciones (partiendo de textos traducidos, se propuso rastrear a las personas que los habían producido). En el proceso, tuvo que enfrentarse a problemas de ausencia de nombre: traductores anónimos e invisibilidad del carácter traducido de los textos.

Shakespeare 1 Shakespeare 2
¿Nombrar o no nombrar a quien traduce?

Paloposki sugiere que la búsqueda del traductor debería ser menos difícil hoy en día porque ahora existe una identidad que no existía en el pasado: la del traductor profesional. Es muy probable que esto sea cierto, pero, como hemos visto, el nombre de "traductor" -y quizá también la identidad- se encuentra actualmente bajo presión. Además, las traducciones son hoy tan invisibles como lo fueron en el pasado. Los miles de millones de textos que se traducen cada año en el contexto de empresas, organizaciones e instituciones internacionales (sitios web corporativos, legislación de la UE, etc.) no suelen marcarse como tales traducciones y nunca se menciona a sus traductores. Rastrear a las personas que producen estos textos implica, sin duda, muchas asunciones.

La metodología que utiliza Paloposki para rastrear al escurridizo traductor del pasado es, en otras palabras, aplicable también a los estudios de los traductores del presente, igualmente escurridizos. En concreto, puede ayudar a quien investigue a los traductores contemporáneos a identificar a las personas que están detrás de prácticas sobre cuyo estatus (¿traslativo?) discrepan los estudiosos y los profesionales. Si los profesionales de la traducción no aceptan, por ejemplo, que la traducción intersemiótica es un tipo de traducción, como hemos visto anteriormente, entonces no podemos esperar que quienes la llevan a cabo se autodenominen traductores; por lo tanto, no podemos identificarlos por su nombre. En su lugar, podemos ir a través de los textos -o contenidos- que producen, rastreándolos a partir de ahí.

De camino, podríamos prestar atención al consejo de Pym (2009) de seguir también la producción de textos no traslativos por parte de los traductores para obtener una imagen completa de los profesionales que, la mayoría de las veces, son (y eran) pluriempleados multitarea; su correspondencia, sus publicaciones de autoría propia y -desde una perspectiva contemporánea- sus actividades en las redes sociales, por ejemplo. Otro principio propuesto por Pym consiste en buscar las interculturas en las que suelen encontrarse los traductores. En un contexto contemporáneo, estas interculturas pueden ser, por ejemplo, las agencias de traducción (que hoy en día suelen denominarse "proveedores de servicios lingüísticos"), los departamentos de traducción de organizaciones inter o supranacionales como la UE y la ONU, así como las redes virtuales de traducción.

Los traductores autoidentificados como tales pero no practicantes del estudio de Koskinen (2009), por otra parte, serían rastreables no a través de su trabajo, títulos oficiales o ubicación, sino a través de sus prácticas de autoidentificación. Por supuesto, podemos preguntarnos legítimamente si deberíamos excluir a este tipo de profesionales del ámbito de los estudios de traducción y, por tanto, de la definición de traductor. En mi opinión, esto depende de cada persona y del proyecto en cuestión, pero es probable que cualquier revista respetable de estudios de traducción acepte la publicación de investigaciones sobre personas que (ya) no practican la traducción pero que se autoidentifican como traductores.

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 [heading title] Investigación sobre traductores

En el siglo XXI, los estudios de traducción han puesto al traductor en primer plano. Por supuesto, la figura del traductor siempre ha estado dentro del ámbito de la disciplina, pero solo con el giro sociológico ha pasado a ocupar el centro del escenario y convertirse en objeto de investigación por derecho propio. Los estudiosos de la traducción ya no ven a los traductores exclusivamente como productores de textos traducidos o como meros intermediarios de procesos cognitivos, cajas negras despersonalizadas, sino también como un grupo social poblado de agentes humanos con sus propias aspiraciones, motivaciones y poderes.

El giro sociológico de los estudios de traducción ha sido uno de los principales motores de esta evolución, pero la investigación sobre el traductor no se basa exclusivamente en la sociología. Entre los objetos de investigación se encuentran la imagen y la identidad de los traductores, la percepción que tienen de su habitus y de su papel, sus condiciones de trabajo (con la ergonomía como tema principal), su agencia, sus redes y prácticas de colaboración, pero también su personalidad y, más recientemente, sus afectos o emociones. Sin embargo, en consonancia con el marco original elegido, la sociología, la profesión de traductor y los temas derivados -la profesionalización y, sobre todo, los traductores como grupo profesional- han ocupado un lugar central en la investigación sobre traductores inspirada en la sociología de las profesiones.

En una contribución a un número especial que se centraba en la reciente tendencia a poner al traductor en primer plano -Translation Studies: Focus on the Translator (Dam & Zethsen 2009b)- Chesterman (2009) captó el espíritu de los tiempos que estaban viviendo los estudios de traducción y sugirió agrupar la investigación sobre el traductor bajo un mismo paraguas y añadirla al mapa de Holmes como un subcampo separado de los estudios de traducción denominado estudios sobre el traductor (véase, sin embargo, Hu 2004 y Bai 2022: 4 para un uso anterior pero también ligeramente diferente de estudios sobre el traductor en un contexto chino). No está claro que la investigación en torno a los traductores forme un todo lo suficientemente coherente para constituir un subcampo propio de los estudios de traducción, razón por la cual puede ser preferible el término neutro investigación sobre traductores. De hecho, el foco en el traductor es más bien un enfoque, un nuevo paradigma o prisma que puede aplicarse a la investigación en prácticamente todas las ramas de los estudios de traducción. Por otra parte, no parece buena idea anunciar el advenimiento de otro giro más en los estudios de traducción, aunque la etiqueta de giro traductor puede captar mejor la esencia de los últimos avances.

 

Tipos de investigación sobre traductores

El grado de atención que recibe la figura de traductor varía según los estudios. Así, podemos distinguir dos líneas de investigación sobre el traductor: una que estudia al traductor en relación con el texto traducido, y otra que se desliga por completo del texto traducido y se interesa exclusivamente por el traductor, como individuo o como miembro de un grupo social o profesional.

El primer tipo de investigación, centrado en el traductor junto con sus traducciones, es común entre los historiadores de la traducción que estudian la vida de los traductores del pasado con el fin de comprender su trabajo, a menudo a través de estudios de caso en profundidad de traductores individuales. Siguen el consejo de Pym (2009) de estudiar primero a los traductores y solo después los textos que producen, una propuesta que busca "humanizar" la historia de la traducción. El vínculo entre traductores y traducciones aparece también en la investigación sobre traductores contemporáneos. Hubscher-Davidson (2009), por ejemplo, estudió la influencia de la personalidad de los traductores en la eficacia traductora y halló una correlación entre ciertos rasgos de personalidad y la calidad de la traducción. En este tipo de ensayos, el objeto de estudio y de interés puede ser el traductor, pero existe un objetivo ulterior que consiste en comprender cómo afecta el traductor al texto traducido, lo que a su vez puede afectar al mundo exterior a la traducción, empezando por el público destinatario.

El segundo tipo de investigación sobre traductores, la que aborda al traductor sin sus traducciones, suele situarse dentro de la sociología de la traducción. Los académicos que se dedican a este tipo de investigación pueden hacer suposiciones sobre cómo su objeto de estudio -los traductores- afecta a la traducción como producto, proceso o profesión, o cómo dejan su huella en la sociedad en general, pero la investigación como tal solo se ocupa del traductor, desvinculado de cualquier texto traducido. Las encuestas citadas anteriormente son ejemplos de este tipo de investigación sobre traductores. En las dos primeras décadas del siglo XXI han proliferado las encuestas sobre los perfiles profesionales de los traductores, sus lugares de trabajo, experiencias, actitudes, percepciones y aspiraciones. Antes de eso, la investigación mediante encuestas fue popular en el campo de la interpretación de conferencias (para un panorama global, véase Pöchhacker 2009), presumiblemente debido a un temprano interés por la figura del intérprete de conferencias, muy admirada y profesionalizada desde un primer momento.

Ejemplos de investigación sobre traductores

Uno de los primeros temas abordados en las encuestas del siglo XXI fue el estatus del traductor, estrechamente vinculado a las nociones de profesión y profesionalización. En pocas palabras, las profesiones confieren a sus miembros un estatus en la sociedad, mientras que la profesionalización, como proceso que convierte una mera ocupación en una profesión de pleno derecho, es una estrategia que los miembros de un grupo ocupacional pueden desplegar para ganar estatus (para una descripción más completa, véase Dam & Gentile 2022).

En una serie de estudios basados en cuestionarios de traductores de negocios daneses, por ejemplo, Dam & Zethsen estudiaron las percepciones de estatus del traductor idealizado: profesionales con un máster en traducción especializada y/o habilitación oficial (certificación) para los que la traducción era su principal ocupación y fuente de ingresos; la mayoría eran traductores en plantilla con contratos a tiempo completo (para una visión general de estos estudios, véase Dam & Zethsen 2014). A pesar de su sólido perfil profesional y su presunta ubicación en el extremo superior de la escala de prestigio, estos traductores evaluaron sistemáticamente su estatus profesional como de media a baja. También consideraron que su visibilidad e influencia eran bajas, pero lo más interesante se refería a la percepción que tenían los traductores de sus competencias y conocimientos: se consideraban expertos muy cualificados, pero pensaban que el mundo exterior no reconocía ni valoraba esas cualificaciones. Otras encuestas realizadas en otros contextos nacionales y entre otros grupos de traductores (aunque siempre traductores profesionales) han arrojado resultados similares (por ejemplo, Ruokonen & Mäkisalo 2018; Svahn 2020; véase también Katan 2009 para una encuesta de alcance internacional pero tanto con traductores como profesores y estudiantes de traducción como encuestados), lo que hasta cierto punto refuerza las palabras de Gambier (2016), aunque el mensaje podría formularse de manera menos contundente.

Aunque estos resultados parecen desalentadores, la investigación sobre traductores también ha arrojado resultados que invitan al optimismo. La investigación sobre la satisfacción laboral y las fuentes de motivación de los traductores es un ejemplo de ello. Esta línea de investigación parte de una aparente paradoja: por un lado, la bibliografía ha señalado sistemáticamente los bajos grados de profesionalización, estatus y reconocimiento, así como las condiciones de trabajo por debajo de la media para muchos traductores; por otro, las encuestas indican que los traductores están sorprendentemente satisfechos con su trabajo. En este contexto, los investigadores se han dirigido una vez más a los traductores para explorar sus motivaciones, lo que les hace felices y cuáles son para ellos los beneficios que les aporta la vida como traductores (Dam & Zethsen 2016: 178).

Dam & Ruokonen (2024) revisaron esta línea de investigación y llegaron a la conclusión de que muchos traductores parecen motivados no por factores extrínsecos al trabajo, como la estabilidad laboral y el salario, sino por circunstancias intrínsecas, como la relevancia y la creatividad. En concreto, los traductores tienden a atribuir un gran valor a sus conocimientos, habilidades y competencias como profesionales: su capital cultural. Las narrativas de un grupo de experimentados traductores de negocios analizadas en Dam & Zethsen (2016), por ejemplo, enumeran un gran número de cualificaciones formales necesarias para traducir, pero también competencias como la capacidad analítica, ser bueno en la toma de decisiones, tener atención al detalle, ser independiente, rápido, minucioso y sistemático. Los relatos no dejan lugar a dudas de que los traductores se consideraban poseedores de estas cualidades, que se consideraban especialistas altamente formados y cualificados, y que estaban muy satisfechos y orgullosos de ello. Al mismo tiempo, eran muy conscientes de la falta de reconocimiento que suele tener el trabajo de traducción en el mundo exterior. Por tanto, en lugar del proverbial habitus de sumisión, estos (bien situados) traductores de negocios mostraban un habitus de expertos orgullosos, pero no reconocidos.

La investigación sobre traductores sirve también para cuestionar otros mitos. La investigación sobre las redes y las prácticas colaborativas de los traductores, entre otras cosas, ha demostrado sistemáticamente un alto grado de conexión entre traductores (por ejemplo, Risku, Rogl & Pein-Weber 2016; McDonough Dolmaya 2019). Incluso los traductores autónomos, que suelen trabajar desde casa, resultan tener estrechos vínculos con otros traductores y con un amplio espectro de colaboradores no traductores, un hallazgo que echa por tierra el mito del traductor solitario.

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 Research potential Conclusión y perspectivas

Uno de los principales objetivos de esta entrada ha sido buscar una definición viable de su concepto clave: traductor. Como conclusión preliminar, he sugerido que la definición amplia y abierta de traductor como “alguien que traduce”, sin más requisitos, parece la mejor opción dadas las circunstancias. De hecho, podemos subrayar la ausencia de requisitos adicionales y afirmar que un traductor (o traductora si atendemos a la mayoría) es “alguien que traduce, sean cuales sean las circunstancias” o, de hecho, alguien que traduce o se identifica como tal traductor, sean cuales sean las circunstancias, si decidimos incluir también a los traductores descritos por Koskinen que se identifican a sí mismos como tales, pero que ya no ejercen. El único agente traductor no cubierto por esta definición es el traductor automático. Aún no ha llegado el momento, pero en un futuro no muy lejano y en consonancia con un enfoque puramente descriptivo, quizá tengamos que cambiar la definición por la de "alguien o algo que traduce, sean cuales sean las circunstancias".

Aquí es donde se muestra con mayor claridad la relevancia de la investigación sobre traductores. Esta línea de investigación se centra específica y explícitamente en el traductor humano. Como tal, es un prisma que podemos aplicar con vistas a "humanizar" los estudios de traducción, retomando la expresión de Pym, y que puede servir de antídoto contra las fuerzas deshumanizadoras de la tecnología.

La contribución de los estudios orientados al traductor es potencialmente amplia. El primer tipo, el que estudia al traductor junto con sus traducciones, sitúa en primer plano la influencia del traductor sobre el texto traducido y ayuda a los estudiosos de la traducción a pasar de las descripciones a las explicaciones. El segundo tipo, el que aborda al traductor más allá de las traducciones, nos recuerda la relevancia de los factores extratextuales y sus implicaciones más amplias. El estatus del traductor, por ejemplo, afecta a las circunstancias en las que se producen las traducciones y, por tanto, a su calidad; afecta a las condiciones de trabajo y al bienestar de los traductores en activo y, por tanto, a su motivación para seguir en la profesión; y afecta a las posibilidades de atraer talento joven hacia la carrera de traductor.

Como contribución adicional, la investigación sobre traductores puede decirnos qué hacen los propios traductores para superar condiciones adversas o mejorar su posición, lo que puede servir de inspiración a otros traductores e impulsar el reconocimiento social. Virtanen (2019), por ejemplo, describe cómo un grupo de traductores gubernamentales finlandeses creó una red para promover el desarrollo profesional y el bienestar laboral. Entre otras muchas iniciativas, la red emprendió esfuerzos concertados para hacer que los traductores y sus competencias fueran más visibles tanto ante los funcionarios para los que traducían como para los funcionarios que les asignaban las traducciones, por ejemplo, publicando guías para el usuario y una descripción general de las destrezas y conocimientos requeridos de un traductor gubernamental. Del mismo modo, Dam (2013) describe cómo un grupo diverso de traductores autónomos utilizó sus weblogs para crear comunidades, aumentar su visibilidad como traductores y promover la traducción como una actividad experta altamente cualificada. Medidas como estas tienen el potencial de cambiar las percepciones del mundo fuera de la traducción, preparando el terreno para un mayor reconocimiento social de los traductores y su trabajo. ¿Y quién sabe? Puede que en algún momento los traductores adquieran un habitus no de sumisión ni de expertos orgullosos pero no reconocidos, como decíamos, sino de expertos orgullosos, sin más.

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Research potential Potencial para la investigación

La investigación sobre traductores ha avanzado considerablemente en los últimos años, pero el potencial de investigación continúa siendo amplio. Como ya se ha explicado, se han realizado encuestas sobre el perfil, las condiciones y las actitudes de los traductores en diversos contextos nacionales, pero los métodos utilizados han sido diversos y, por tanto, los resultados son difíciles de comparar. La realización de encuestas internacionales a gran escala, precedidas del desarrollo de instrumentos homogéneos y validados para la recopilación de datos, así como de un consenso sobre los métodos y criterios de muestreo, sería un paso adelante muy bienvenido. Se trata de una tarea ingente, que sería mejor encomendar a un consorcio de estudiosos que trabajasen juntos en el marco de un proyecto de investigación internacional. Es probable que esta empresa concertada esté muy lejos. Mientras tanto, las pequeñas encuestas basadas en métodos desarrollados y probados en estudios anteriores pueden ser útiles para ampliar nuestra base de conocimientos. En cualquier caso, para garantizar una imagen equilibrada de la situación sobre el terreno, las futuras encuestas deberían dirigirse a todos los traductores, no solo a los que solemos destacar -profesionales formados que trabajan a tiempo completo-, sino también a los muchos pluriempleados que solemos ignorar.

Como se ha señalado a lo largo de esta entrada, existen lagunas en nuestros conocimientos sobre una serie de temas relacionados con los traductores. La cuestión de la formación es un ejemplo. Sabemos muy poco sobre la formación de los traductores en general, y sigue siendo discutible hasta qué punto quienes traducen poseen formación específica o no. También sabemos muy poco sobre las implicaciones de las características específicas de los traductores -de nuevo, la formación es un ejemplo- para los textos traducidos, los procesos de traducción, la dinámica del mercado, etcétera. Queda mucho por explorar, y buenas razones para hacerlo. Los académicos podemos creer, por ejemplo, que la formación del traductor es un requisito previo para la calidad de la traducción, pero las investigaciones indican que los empleadores tienden a valorar más la experiencia laboral que los títulos académicos a la hora de contratar traductores (Pym, Grin, Sfreddo & Chan 2012). ¿Quién tiene razón? Para responder a estas preguntas fundamentales, es necesario llevar a cabo investigaciones que midan el efecto de la formación de los traductores frente a la experiencia en el puesto de trabajo.

Pero no debemos olvidar que los traductores son seres humanos. La investigación cuantitativa, como las encuestas y los experimentos diseñados para medir variables predefinidas, puede aportar datos importantes, pero también es necesaria la investigación cualitativa. La información detallada y contextualizada procedente de traductores de carne y hueso que escriben, conversan, interactúan, ríen y se lamentan siguen siendo claves para comprender a las personas que pueblan nuestro campo de estudio. 

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