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contenidos
Introducción | Período originario | El encuentro y la colonización | Preindependencia y emancipación | República | Potencial para la investigación

 

Introducción  Introducción

La historia de Venezuela y de la mayoría de los otros países de Hispanoamérica podría dividirse en cinco etapas principales: 1) Periodo originario (hasta la llegada de los españoles); 2) el encuentro y la conquista (1492 - hasta la caída de Moctezuma y Atahualpa en 1521/1533), 3) la colonización (siglos XVI-XVIII), 4) la preindependencia y emancipación (finales del siglo XVIII y primera mitad del XIX) y 5) la República (desde mediados del siglo XIX hasta hoy).

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[título del epígrafe] Período originario

Muchos autores reivindican la necesidad de tener en cuenta y poner en valor el larguísimo periodo anterior a la llegada de los españoles. El problema reside en el hecho de que tenemos relativamente pocas informaciones acerca de este período y, menos aún, sobre la traducción que tuvo lugar durante este período. Llamarla “precolombina” sería otra falta de visión por darle a 1492 una importancia que no merece a los ojos de las poblaciones que conformaron originalmente América y que siguen siendo la base racial, cultural y lingüística de los hispanoamericanos de hoy, es decir, los pueblos originarios.

Parque arqueológico Piedra Pintada Pared de arte rupestre en el Estado Amazonas. Cerámica polícroma de los pueblos originarios
Parque arqueológico Piedra Pintada. [Wikipedia]. Pared de arte rupestre en el Estado Amazonas. [National Geographic]. Cerámica polícroma de los pueblos originarios. [Fuente].

Tres períodos explican la evolución de los asentamientos humanos en Venezuela: Paleoindio (desde 20 000 a.C. al 5000 a.C.), Mesoindio (5000/1000 a.C.) y Neoindio (1000 a.C./1500 d.C.). Esta periodización no es precisa ni rígida ya que, por una parte, el inicio de un nuevo período no significa necesariamente la finalización del anterior y, por la otra, los grupos étnicos de Venezuela experimentaron líneas diferentes de evolución y desarrollo. Estos grupos se caracterizaban primero por el nomadismo y luego por un semisedentarismo. Son varias las manifestaciones artísticas pintadas o talladas en huesos o piedras (petroglifos). Se observa un dominio de los ciclos de abundancia y escasez, el desarrollo de conocimientos topográficos más precisos y la cerámica. Existía intercambio cultural con el altiplano colombiano y los Andes centrales y se ha podido establecer que existió una especie de red comercial en la que la zona de los Llanos jugó un papel destacado como eje de conexión comercial entre la zona de Los Andes con la costa Caribe y la cuenca del río Orinoco. Estos intercambios culturales y comerciales entre grupos étnicos de lenguas distintas deben haber suscitado cierta actividad de traducción oral.

Se ha descubierto recientemente una pared de arte rupestre de 14 kilómetros de largo en el Estado Amazonas de Venezuela que dataría de hace 12 000 años.

La región más emblemática de las civilizaciones originarias y la que cuenta con más vestigios y pruebas de éstas es Quibor. La ciudad de Quibor está situada en el centro-oeste de Venezuela, en el estado Lara, a 34 kilómetros de su capital Barquisimeto. El valle o depresión de Quibor ocupa un área de 30 000 hectáreas a 705 metros sobre el nivel del mar. En los vestigios encontrados se registra el paso de tres tradiciones cerámicas que influyeron en el desarrollo cultural del oeste venezolano.

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[título del epígrafe] El encuentro y la colonización

A pesar de no haber sido virreinato y haber atraído la atención de las autoridades coloniales solamente por sus riquezas pesqueras (las perlas de Cubagua y Margarita) y agrícolas (el cacao), la provincia española de Venezuela presenta un patrimonio traductológico bastante rico. Por un lado, tuvo sus intérpretes indios que participaron en la exploración del territorio por parte de los conquistadores y, por el otra, fue una colonia “religiosamente traducida” como las demás de América.

Los intérpretes

Echemos una mirada general a las primeras manifestaciones de traducción, a saber, la de los intérpretes. El Primer Diccionario de la Lengua de Sebastián de Covarrubias ya definía en 1611 las características de la profesión.

Lengua: El interprete que declara una lengua con otra, interviniendo entre dos diferentes lenguages.

Interprete: El que vuelve las palabras y conceptos de una lengua en otra, en el qual se requiere fidelidad, prudencia y sagacidad y tiene igual noticia de ambas lenguas, y lo que en ellas se dize por alusiones y terminos metaforicos, mirar lo que en estotra lengua le puede corresponder (Covarrubias 1611: 739-740).

Elegía de Varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos
Elegía de Varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos. [Fuente].

Asimismo, en el título XXIX del Libro II de la Recopilación de Leyes de los Reynos de las Indias figuran quince disposiciones, fechadas entre 1529 y 1630, y firmadas por Carlos V, Felipe II y Felipe III, relativas a los intérpretes. La primera Ley, de 1529, califica a los intérpretes de asistentes de los gobernadores y de la justicia, y establece una normativa para esta ocupación: los intérpretes no pueden pedir ni recibir de los indios joyas, ropa ni alimentos. La de 1537 autoriza a los indios a que estén acompañados por un “cristiano amigo” para confirmar la veracidad y exactitud de lo que dicen los intérpretes. Las Leyes de 1563 le dan a la actividad de los intérpretes un estatus profesional: se determina un salario según el número de preguntas que interpretan, se establecen horarios y jornadas de trabajo, así como un número de intérpretes por audiencia y sus deberes se aclaran en el juramento que prestan: “…interpretar clara y abiertamente, sin encubrir ni añadir, sin ser parciales…”; en caso de incumplimiento de estas disposiciones, se les puede condenar a pagar una multa (Solano 1991: 62-64). Evidentemente, las órdenes religiosas no tenían que plegarse a estas disposiciones, que solo se aplicaban a la administración y las justicias coloniales.

La primera mención de un intérprete en el territorio venezolano es la de una mujer (Bastin 1996). En efecto, “… el conquistador Alonso de Ojeda en su incursión al lago de Maracaibo en 1499, apreso a una indígena guajira, luego de bautizarla con el nombre de Isabel la llevo a España, la trajo como intérprete en su segundo viaje y posteriormente se caso con ella …” (Álvarez de Lovera 1994: 83). La historiografía también revela dos nombres de intérpretes mejor documentados, a saber, los de Esteban Martín y Pedro de Limpias. Tanto Herren (1992: 55) como Oviedo y Baños (1992: 31-33) y Marco Dorta (1967) mencionan a Esteban Martín, intérprete de Ambrosio Alfinger, explorador financiado por los banqueros alemanes Welser, encargados por Carlos I de conquistar Venezuela. Hacia finales de 1531, Alfinger tomó a su servicio a Esteban (también llamado Francisco) Martin, “lengua e intérprete de los indios”, entre otras cosas para organizar un encuentro pacífico entre los sobrevivientes de su ejército y los indios del lugar. Martin se dirigía a estos “hablándoles en su lengua, que la sabia mejor que ellos”, y los convenció de dar a los españoles “asiento /por/ algunos días hasta que pareciendo tiempo al General para proseguir el viaje […] se pusieron en camino llevándose consigo a Martin…”. Esteban Martin aparece también en el poema más largo de la lengua española (más de 110 000 decasílabos en rimas), Elegía de Varones ilustres de Indias de Juan de Castellanos, escrito, no en España sino en Nueva Granada, Tunja (Colombia actual). Los interesados consultarán el estudio literario y sociocultural que William Ospina (1998) le dedica a este poema. Asimismo, encontrarán en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica (Lafarga & Pegenaute 2013), entradas acerca de los intérpretes Isabel, Esteban Martin y Pedro de Limpias.

Pedro de Limpias es otro intérprete de los principios de la colonia, ignorado como otros por los historiadores. En 1541, Felipe de Utre, teniente general “para los asuntos de guerra y los nuevos descubrimientos”, partió a la búsqueda de El Dorado. Durante su viaje, residió unos días en un pueblo de la provincia de Papamene, donde encontró un indio “que según la madurez de sus acciones, sosiego de sus palabras y gravedad de su persona, manifestaba ser de gente ilustre, procuro informarse de él muy por extenso sobre la conveniencia que buscaba en aquel viaje que seguía…” (Oviedo & Baños 1992: 82-83). El indio, “razonable intérprete”, se llamaba Pedro de Limpias (Oviedo & Baños 1992: 93-94).

Solicitud de aumento de sueldo para Don Vicente Salias, traductor de idiomas extraños, Caracas, septiembre de 1803
Solicitud de aumento de sueldo para Don Vicente Salias, traductor de idiomas extraños, Caracas, septiembre de 1803. [Fuente].

Angel Rosenblat afirma que “la mujer indígena fue colaboradora eficacísima” y menciona específicamente a doña Maria, quien habría acompañado a Bartolomé de las Casas en 1521 cerca de Cumana, y en 1537, a otra india con el mismo nombre quien habría ofrecido sus servicios de “mediadora de la paz” al gobernador de Venezuela, Jorge Espira. El explorador Nicolas de Federman igualmente habría utilizado los servicios de una india para la mediación lingüística. Otras menciones de indios intérpretes aparecen esporádicamente en distintas crónicas. En cambio, en el repertorio confeccionado por Silva (1983), se encuentran algunos nombres (sin apellido) que corresponden a indios lenguas, como Francisca (1639), Juliana (1584), Juanillo (1552), Diosdado, etc.

La mayoría de los primeros misioneros que se daban a la tarea de interesarse por las lenguas locales eran intérpretes eclesiásticos. Rey (1995 y 2002) suministra los nombres de varios jesuitas, que ejercieron las funciones de intérpretes como parte de su sacerdocio, entre ellos José Dadey (1576?-1660), Domingo Molina (Molinello) (1591?-1661) y Miguel Jerónimo Tolosa, fundadores del primer colegio de ciencias humanas de la ciudad de Mérida en 1629. Los misioneros también formaron intérpretes locales, como afirma Fernández (2000: 20): “Se tiene noticias del empleo de intérpretes o lenguaraces, o sea, indígenas que con un conocimiento elemental del idioma castellano aprendido de los hispanos servían de puente, y comunicaban a sus conterráneos el mensaje de los misioneros, con el riesgo de que este mensaje religioso se pudiese comunicar en forma distorsionada”. Estas dos categorías de intérpretes ejercieron sus actividades a lo largo de la colonización; sin embargo, su papel se fue reduciendo a medida que los indios aprendían (a menudo por la fuerza) la lengua de los conquistadores y los misioneros las de los indios, y que aumentaba la mediación escrita. Los interesados encontrarán en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica ( Lafarga & Pegenaute 2013), entradas acerca de los intérpretes Isabel, Esteban Martin y Pedro de Limpias.

La mediación lingüística escrita 

Se dispone de pocas informaciones acerca de la traducción escrita durante la administración colonial, aunque, paradójicamente, España ya desde 1527 había creado la Secretaría de Interpretación de Lenguas (SIL), organismo oficial destinado a brindar a la administración española servicios de traducción e interpretación (véase Cáceres 2004). Es probable que servicios semejantes hayan existido en América. Prueba de ello es un documento de 1803, descubierto en el Archivo general de Indias de Sevilla (AGI), en el que se reclama un aumento de sueldo para un traductor venezolano, Vicente Salias, funcionario de la administración colonial en Caracas.

En todo caso, en Venezuela, los textos religiosos son el principal objeto de traducciones. Las órdenes religiosas (agustinos, dominicanos, capuchinos, franciscanos y jesuitas principalmente) tienen entre sus tareas lingüísticas la interpretación, la traducción, pero también la elaboración de gramáticas, manuales de enseñanza de lenguas locales y de glosarios y léxicos monolingües, bilingües y hasta trilingües. En su biobibliografía de los jesuitas en Venezuela, Rey (1995) censa no menos de 30 miembros de la Compañía de Jesús que se dedicaron a actividades lingüísticas. Alentados (a veces forzados) a evangelizar en la lengua de las poblaciones locales, los misioneros, con más o menos éxito, se dedicaron a tales tareas. De hecho, como se puede observar en los títulos, numerosos catecismos se publicaban junto a una gramática o un léxico. Esta publicación conjunta demuestra la estrecha relación que existía entre estos textos al servicio de una misma causa: la conquista espiritual.

Catecismos publicados junto a una gramática o un léxico – Fernández Heres (2000) 1 Catecismos publicados junto a una gramática o un léxico – Fernández Heres (2000) 2
Catecismos publicados junto a una gramática o un léxico – Fernández Heres (2000).

El libro aparece en Caracas y varias otras ciudades de la Provincia a partir de 1600. En esa época, los libros penetraban por distintas vías:  préstamos, donaciones, copias manuscritas, importación y más tarde y a pesar de los controles de la Inquisición, el contrabando. El 80 % de los libros importados desde España en el siglo XVII eran obras religiosas (Leal 1979: 41-42). Los catecismos, las doctrinas, los libros de confesión y de oraciones eran los más frecuentes por ser los más importantes para los misioneros (Fernández-Heres 2000: 13). Bastin (2007) describe las características de las traducciones de 23 catecismos utilizados en distintas regiones de Venezuela.

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[título del epígrafe] Preindependencia y emancipación

Como se expone en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica (2013), fue a partir de la segunda mitad del siglo XVIII cuando Venezuela se erigió en una suerte de “modelo traductor”. Varios textos inspiradores de la emancipación y fundacionales de las repúblicas fueron traducidos por venezolanos o en Venezuela para luego difundirse en la América española entera. Pensemos solamente en la Carta de Viscardo y Guzmán, la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de América, la segunda Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la Revolución Francesa, los escritos de John Locke, Thomas Paine, John McCullogh, Adam Ferguson y El Federalista de Hamilton, Madison y Jay, sin contar las numerosas traducciones de la prensa europea y norteamericana recogidas en las páginas de la Gaceta de Caracas o del Correo del Orinoco. Traductores como Francisco de Miranda, Andrés Bello, Manuel García de Sena, José Domingo Díaz y Juan Germán Roscio figuran en el panteón de los traductores por sus textos políticos, literarios o científicos. El final del siglo XIX tuvo igualmente sus ilustres traductores de la envergadura de Pérez Bonalde o Lisandro Alvarado quienes fueron seguidos por notorios traductores literarios como Alfredo Silva Estrada y Rafael Cadenas.

Este período fue para Venezuela pródigo en nombres de relieve intelectual en toda la América hispana, personajes que expusieron de manera elocuente la búsqueda de unas raíces y de una identidad. Por lo general, formaban parte del grupo de políticos e intelectuales que tuvieron la oportunidad de viajar a Europa o a Estados Unidos, atraídos por la Ilustración y animados por ideales emancipadores. En el seno de las tertulias compartían las experiencias de sus viajes, discutían las ideas filosóficas de moda y reflexionaban sobre la lectura de libros recientemente importados. Así se fueron incubando los sueños de independencia. No es exagerado afirmar que, para este conjunto de humanistas, la traducción fue una necesidad, a juzgar por la frecuencia del quehacer y la dimensión de los hacedores. Se trata de una traducción bastante literal, aunque no faltan ejemplos de adaptaciones. Las temáticas y principales motivaciones se vinculaban a la política, a la docencia, al teatro y a la divulgación literaria, sin olvidar los textos religiosos y militares. La creación de periódicos, boletines literarios, editoriales y universidades constituye también una seria motivación para la actividad de traducción. El idioma más traducido es el inglés, principalmente para los textos políticos, pero el francés ocupa un lugar importante, gracias a la literatura. También se tradujo del italiano y del alemán, y cada vez menos del latín y del griego.

Andrés Bello (Caracas 1781-Santiago de Chile 1865)
Andrés Bello (Caracas 1781-Santiago de Chile 1865). [Fuente]

En Venezuela se comprueban varias de las características comunes a toda la América hispana: la elección de textos políticos y filosóficos destinados a introducir las ideas republicanas y emancipadoras, la vinculación de la traducción a la labor pedagógica en las universidades nacientes y la libertad creadora del traductor literario. El mayor exponente de todos estos rasgos es sin lugar a duda don Andrés Bello (1781-1865), escritor, pedagogo, jurista y diplomático, cuyas traducciones poéticas han recibido reconocimiento universal por su belleza y originalidad.

Venezuela, por su privilegiada situación geográfica, “fue la vía de penetración de las nuevas ideas renovadoras que a fines del siglo XVIII iban a cuajar en el pensamiento que condujo a la independencia” (Grases 1981: 135). En este sentido no podemos dejar de destacar la importancia del trabajo traductor de Manuel García de Sena. Sus traducciones al español de algunos escritos de Tomas Paine y John M’Culloch, y en especial de la Declaración de Independencia y varias Constituciones de los Estados Unidos de América sirvieron como los “documentos de trabajo” de los primeros constitucionalistas americanos. Asimismo, cabe mencionar la Declaración de los Derechos del Hombre (de 1793), traducida del francés por Juan Bautista Picornell con ocasión de la Conspiración de Gual y España. Por otra parte, Francisco de Miranda con la edición de la Carta de Viscardo y Guzmán original en francés, su posterior traducción al español y la difusión de la versión inglesa, diseminó el germen de la emancipación venezolana e hispanoamericana.

Carta original de Viscardo y Guzmán en francés [Wikipedia] Traducción de la carta de Viscardo y Guzmán en español
Carta original de Viscardo y Guzmán en francés. [Wikipedia] Traducción de la carta de Viscardo y Guzmán en español. [Wikipedia]

Caso curioso, la primera traducción impresa en Venezuela aparece antes de la llegada de la imprenta a Caracas. En efecto, del 13 de agosto de 1789 al 10 de noviembre de 1789, en la isla de Trinidad, se publican cinco números del Courier de la Trinité Eſpagnole. Trinidad, descubierta al mismo tiempo que Venezuela, formó parte de Venezuela desde 1498. Carlos III integra la isla definitivamente a la Provincia de Venezuela atribuyéndole el estatus de Isla-Provincia, luego en 1786 como provincia bajo jurisdicción de la Audiencia de Caracas, para pasar a manos inglesas en 1797. El redactor de aquel periódico, un colono irlandés, F. Jean Willox, opta por un formato bilingüe francés-español con el francés como idioma original (Bastin 2010), haciendo de este primer periódico venezolano la primera publicación bilingüe impresa en territorio venezolano y, por supuesto, la primera traducción impresa en Venezuela.

 Courier de la Trinité Eſpagnole
Courier de la Trinité Eſpagnole. [Fuente]

Los primeros textos políticos traducidos aparecieron entre los papeles incautados a Manuel Gual, es decir el “libro” Derechos del hombre y del ciudadano, con varias máximas republicanas; y un discurso preliminar, dirigido a los americanos, publicado con un falso pie de imprenta, Madrid, Imprenta de la Verdad, año de 1797. En realidad, se publicó en Guadalupe. La traducción de los 35 artículos de la segunda Declaración francesa por Juan Bautista Picornell forma parte de ese “libro”, al igual que la Carmañola americana traducida, igualmente del francés, por Manuel Cortes Campomanes. Ambas traducciones, en especial la última, se caracterizan por su distanciamiento del texto original a través de libertades tomadas por ambos traductores, rasgo éste que se irá repitiendo en muchas otras traducciones de la época. Llamamos esta estrategia “apropiación”, entendida como “una modalidad creativa de la traducción tendiente a consolidar la identidad de la colectividad a la que pertenece el traductor. Es también un proceder selectivo en el que el traductor escoge sólo lo que resulta útil para sus propósitos.” (Bastin, Echeverri & Campo 2004: 72)

La independencia de la Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha
La independencia de la Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha. [Fuente]

Otro ejemplo elocuente de la estrategia de apropiación se encuentra en las traducciones de Manuel García de Sena. No existe un original que corresponda al libro La independencia de la Costa Firme justificada por Thomas Paine treinta años ha que publica el traductor en 1811, sino varios originales, ya que García de Sena se dio a la tarea de seleccionar entre las varias obras de Paine aquellos fragmentos que servían sus propósitos de compatriota comprometido con la independencia y con los ideales republicanos. El traductor hace oír su voz a través de Advertencias al lector y de notas como la que agrega a la Declaración de Independencia de los Estados Unidos de 1776 [1811]: “A todo esto [las atrocidades del Rey de Inglaterra] se puede añadir en favor de los americanos del Sud, y con relación a los últimos gobiernos de España en Europa: Ellos nos quieren gobernar sin más derecho que el que tenemos nosotros para gobernarlos a ellos.” Por otra parte, el traductor agrega al texto original de Paine glosas paratextuales como esta: “para la mejor comprensión de los lectores hispanoamericanos” cuando decide explicar algún aspecto del texto original. Como epitexto interesante tenemos que García de Sena escribe a su hermano Ramón en diciembre de 1810 (Grases 1981: 406): “cerciorado por su lectura de no contener una sola palabra contraria a nuestra religión tenga un libre pasaje entre mis conciudadanos.” La importancia histórica de esta traducción se mide por su difusión desde México hasta Argentina en la América toda. De la obra de Paine se imprimió cinco mil ejemplares. Debe recordarse también que el 5 de julio de 1811 Antonio Nicolás Briceño leyó ante la joven Asamblea la traducción de García de Sena (Grases & Harkness 1953: 56).

La prensa constituye una fuente significativa de traducciones. Si bien las ideas de la Ilustración desempeñaron un papel clave en la toma de conciencia por parte de los americanos de su condición colonial y de la necesidad de poner fin a esta, el epicentro y verdadero propagador de las ideas independentistas fue la prensa de la época (1808-1822). En Venezuela se habla de seis periódicos de duración y contenidos desiguales, pero todos esenciales en el proceso emancipador que vive el país y la mayoría de ellos contentivos de numerosas traducciones: La Gaceta de Caracas (octubre de 1808 a enero de 1822) - El Semanario de Caracas (noviembre de 1810 a julio de 1811) - El Patriota de Venezuela (enero de 1811 a enero de 1812) - El Mercurio Venezolano (enero a mayo de 1811) - El Publicista de Venezuela (julio a noviembre de 1811) - El Correo del Orinoco (junio de 1818 a marzo de 1822). La prensa colonial en la época de la independencia de Venezuela (1808-1822) resultó del vínculo entre las autoridades y los ideólogos de la gesta independentista, hombres públicos y ciudadanos letrados. Editada, dirigida y redactada por políticos y letrados pertenecientes a la élite criolla, dicha prensa alcanzaba un público significativo en ciudades y poblaciones del territorio, así como en el extranjero. Entre los traductores-redactores se cuentan Juan Germán Roscio en la Gaceta de Caracas, Francisco Isnardi, prolífico traductor en el Mercurio Venezolano y el Publicista de Venezuela, dos periódicos que dirige, así como Vicente Salias codirector de El Patriota de Venezuela. Salias era, además, traductor para la Real Hacienda de Caracas y efectuó una misión diplomática en el Caribe inglés. Se destaca finalmente José Luis Ramos, otro prolífico traductor de extractos claves de Jeremy Bentham, de Guillaume Tomas Raynal y de Louis Sébastien Mercier, además de varios artículos en tres periódicos: la Gaceta de Caracas, el Iris de Venezuela y el Correo de Orinoco. Tomando en cuenta la presencia de un número importante de traducciones en dichos periódicos (cerca de 800 en la Gaceta de Caracas), estas resultan un terreno fértil para observar el diálogo emancipador entre Latinoamérica y países como Inglaterra, Estados Unidos y Francia.

Correo del Orinoco Gazeta de Caracas
Correo del Orinoco. [Wikipedia] Gazeta de Caracas. [Wikipedia]

Entre sus estrategias, los traductores-redactores evalúan, a través de comentarios, las noticias publicadas por los periódicos extranjeros para legitimar sus posiciones ideológicas mediante la crítica o la corrección de informaciones u opiniones difundidas dentro y fuera de Venezuela. Se trata de una labor muy particular que se sitúa entre la traducción y la redacción periodística, una especie de “transredacción” donde el traductor-redactor traduce, pero también recorta, agrega, comenta o critica textos originales en otras lenguas. Son frecuentes, por ejemplo, los casos en los que los redactores-traductores de la Gaceta de Caracas, quienes en el primer periodo patriótico se identifican con América y buscan a través de sus textos persuadir a los demás americanos a que sigan el ejemplo venezolano, no traducen el término inglés “Province” por “provincia” porque hace implícito el vínculo de Venezuela con España, sino que subrayan la pertenencia de Venezuela a la “América española” traduciendo por “parte de la America” (Navarro 2011, 2018). Lo interesante en el caso de la Gaceta de Caracas es la alternancia de poder, ya que fue cambiando de dirección según el gobierno de turno (cuatro periodos realistas y cuatro patrióticos). Navarro observa que el número de traducciones durante los períodos republicanos es mayor que cuando la Gaceta estaba bajo dominio español, lo que demuestra el gran interés de los patriotas por las noticias e ideas foráneas. El Correo del Orinoco llegó incluso a publicar varios textos en dos o tres idiomas como la Proclama de Simón Bolívar, tras su victoria en la Batalla de Carabobo publicada en un número extraordinario del Correo (25 de junio de 1821) en tres columnas, en español, inglés y francés. Esa labor de traducción de la prensa independentista logró infundir en los lectores venezolanos (y extranjeros) muchos de los valores republicanos y difundir los logros de la lucha de los venezolanos por su independencia.

La prensa revela también cómo uno de los máximos exponentes de la ideología emancipadora venezolana, Miguel José Sanz, no lo fue realmente, sino que muchas de sus ideas se expusieron en el Semanario de Caracas como traducciones y adaptaciones parciales del Ensayo sobre la Historia de la Sociedad Civil de Adam Ferguson (1767) y luego de la obra francesa Historia Filosófica de la Revolución de Francia de Antoine Fantin Desodoards, publicado originalmente en 1796 (Falcón 1998). El mismo Falcón (2008) muestra que algunos textos de William Burke en la Gaceta de Caracas presentan una asombrosa similitud con El Federalista. De hecho, mucho de lo escrito por Burke en el tomo II de su obra Derechos de la América del Sur y de México, reproducido bajo la forma de artículos en la Gaceta de Caracas, es traducción de la obra de Hamilton, Madison y Jay. Estos ejemplos demuestran con creces la relevancia del estudio de la traducción para el esclarecimiento de la historia.

Miranda en La Carraca
Miranda en La Carraca. [Wikipedia]

Las primeras misiones diplomáticas de la República trajeron consigo la necesidad de traducir. Afirma Berruezo (1989: 90): “Venezuela fue la cuna de la diplomacia latinoamericana y tuvo su mayor aliento y eficacia en las acciones de Miranda y Bolívar”. Especialmente la labor de Francisco de Miranda en Londres quién impulsó, a partir de sus propios escritos y papeles, la publicación, en realidad traducción al inglés, de Interesting Official Documents relating to the United Provinces of Venezuela en 1811 por Andrés Bello y Luis López Méndez y Outline of the Revolution in Spanish America or an account of the origin, progress and actual state of the war carried between Spain and Spanish America; containing the principal facts which have marked the struggle por Manuel Palacio Fajardo. La obra de Palacio Fajardo no tuvo el apoyo directo de Miranda, ya que éste había muerto para la publicación en 1817, pero si gozó de la cooperación de Andrés Bello y aprovechó las enseñanzas y contactos de Francisco de Miranda. Es de notar que, gracias a la red de contactos de Miranda, se realizó otra edición inglesa en Nueva York ese mismo año. Irisarri, enviado del gobierno chileno, dio a conocer las otras versiones de dicha obra, a saber, las tres versiones en francés (1817, 1819 y 1824). Hubo también una versión alemana en 1818. Es decir que, en aquellos años fue traducida en tres idiomas en cuatro países distintos. La traducción española por Pi Sunyer sólo salió a la luz en 1953 en Caracas bajo el título Bosquejo de la Revolución en la América Española. Prólogo de Enrique Bernardo, Caracas. Otro traductor desterrado es José Agustín Loynaz (véase Lafarga & Pegenaute 2013: 242), quien deja versiones españolas de obras importantes de Gian-Rinaldo Carli, de William Robertson y de Adam Ferguson.

Los realistas como José Domingo Díaz igualmente se sirvieron de la traducción. En 1818 aparece en París una obra en defensa de España frente a las calumnias de un tal Abate de Pradt. Esta obra la traduce en 1819 José Domingo Díaz en Venezuela bajo el título Cartas al Sr. Abate de Pradt por un indígena de la América del Sur (1819) en su afán por restablecer la dignidad de España en la colonia recién independizada. En la Advertencia al lector expone su motivación por traducir y difundir la obra:

Era de mi deber, después de una lucha de siete años con la rebelión, unir mis esfuerzos á los del Indígena, concretar sus terribles argumentos al territorio de las seis provincias de Venezuela, demostrar con hechos el derecho que la Corona de Castilla tiene á cada parte de su territorio, y dar así ante el mundo entero el último golpe á los turbulentos y á su inconsiderado patrono.

En ese período independista, no solo se tradujeron textos políticos y filosóficos, sino que algunos de estos mismos traductores políticamente comprometidos se dedicaron a traducir textos de corte científico. Valga como ejemplo José Domingo Díaz con un trabajo de Benjamín Rush sobre la epidemia de Filadelfia en 1793 que vierte al castellano bajo el título Sobre la calentura biliosa, intermitente, amarilla, que se manifestó en Filadelfia en el año de 1793. José María Vargas, fundador de la Sociedad Médica de Caracas, ex rector de la Universidad y expresidente de la República, tradujo además de Orbis pictus de Comenio varias obras médicas destinadas a cumplir con su misión pedagógica.

En el campo literario y educativo predomina la figura de Andrés Bello. Si bien ofició como traductor de correspondencia e intérprete “comercial” en tiempos de la Audiencia, y tradujo a Locke y Condillac, Bello es ante todo poeta y particularmente imitador de poesía extranjera. Vertió a muchos, desde los clásicos como Virgilio, Horacio y Tibulo hasta los románticos Hugo, Delille, Byron y Lamartine. Su talento como poeta hizo que sus imitaciones fueran consideradas por lo críticos superiores a los originales, como fue el de caso de La oración por todos de Hugo (Crema 1948). Bello podía “en forma original, hacer propios ajenos pensamientos y trasladar a escenarios americanos episodios que se realizaron en campos completamente exóticos” (Caldera 1981: LXVIII). Otro tipo de apropiación es la transformación del texto original para expresar experiencias personales. Es lo que hace Bello con la traducción del poema de Víctor Hugo A Olympio, que utiliza para expresar todo el sufrimiento experimentado en Inglaterra debido a sus actividades políticas. Según Crema (1948), Bello elimina del poema original imágenes que no le decían nada y las remplaza por imágenes que tienen que ver con su propia existencia. En Bello no solo resalta el talento, sino que llama la atención la profundidad de su “teorización” de la traducción, en particular de la imitación, plasmada en prólogos y críticas a traducciones hechas por terceros. En Londres su calidad de editor de las revistas Biblioteca Americana y El Repertorio Americano lo llevó a traducir textos de química, ciencias naturales y política entre otros. Humanista y educador, Bello puso la traducción al servicio del nuevo hombre americano. Por su parte, el preceptor del Libertador, Simón Rodríguez, por sus andanzas y estancias en el extranjero, así como su manejo de los idiomas, tuvo que recurrir a no pocos textos en lengua extranjera para componer sus planes pedagógicos, en particular aquellos de Rousseau. Su vocación docente lo llevó a traducir Atala de Chateaubriand. Otra figura menos conocida dejó su impronta en las letras venezolanas traducidas de esta época independentista: Domingo Navas Spínola, editor e impresor volcado a la causa patriótica. Su obra traducida comprende las Lecciones de Aritmética Razonada y Lecciones de Historia de Constantino F. de Chasseboeuf. Con su Ifigenia en Aulide, de Jean Racine en 1832 y su oda 12 del libro i de los Cantares de Horacio, Navas se coloca entre los grandes traductores de la época. La mayoría de los traductores aquí mencionados son objeto de una entrada en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica (2013).

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[título del epígrafe] República

Con el advenimiento de la República se reduce la actividad de traducción en el campo político para dar paso a lo científico, lo educativo y, evidentemente, lo literario.

Encontramos un primer caso un tanto paradójico del “Centauro de los llanos”, convertido en traductor de Napoleón. En efecto, José Antonio Páez, en su retiro estadunidense, publicó en 1865, traducidas y anotadas, las Máximas de Napoleón sobre el Arte de la Guerra; habría traducido también a Lamartine. Este curioso personaje, quien fue compañero de armas de Simón Bolívar y héroe de la independencia, agregó a su traducción de Napoleón, notas relativas a cada una de las máximas e inspiradas de su experiencia personal durante la guerra de independencia. De renombre universal y ampliamente estudiadas y alabadas son las traducciones poéticas de Juan Antonio Pérez Bonalde, en especial las de Heinrich Heine y de Edgar A. Poe. De Lisandro Alvarado la traducción más conocida es la de los siete primeros tomos de Viajes a las Regiones Equinocciales del Nuevo Continente de Alejandro von Humboldt, pero Alvarado igualmente tradujo del latín el tratado De rerum natura, de Tito Lucrecio Caro, y escribió varios ensayos y glosarios acerca del español de Venezuela.

Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente – Editorial Monte Ávila
Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente – Editorial Monte Ávila.

A finales del siglo, en 1892, se crea la revista literaria que iba a marcar el modernismo literario venezolano: El Cojo Ilustrado, que durará un poco más de veinte años. En esta revista el número de traducciones casi iguala el número de escritos originales, lo que demuestra una vez más el alto grado de apertura hacia la literatura extranjera y el interés por modernizar las producciones venezolanas. En esta revista figuran numerosos traductores venezolanos, algunos muy conocidos otros mucho menos, que con su actuar han contribuido al auge de la literatura nacional en el siglo XX. Auge que se consagra en 1968 con la creación, mediante fondos del Estado, de la casa editorial Monte Ávila (véase Lafarga & Pegenaute 2013: 280-281), cuya primera publicación es una traducción.  Una vez más son numerosísimos los traductores publicados en esta casa desde los idiomas más diversos, con el francés en primer lugar. Igualmente, variados son los temas cubiertos por las traducciones con una preferencia por la narrativa y la teoría y crítica literarias seguidos por la filosofía y la sociología. El impacto de Monte Ávila ha sido incuestionable en la intelectualidad venezolana hasta día de hoy por la diversidad de las obras publicadas, pero igualmente por su gran calidad. La editorial llegó a crear un Taller de Traducción, coordinado por Julieta Fombona, con miras a revisar las traducciones en curso y aquellas ya publicadas para su eventual reedición. Desde 1998, con la llegada del gobierno de Hugo Chávez y del régimen de Socialismo del siglo XXI, ha cambiado radicalmente la política editorial en el sentido de desatender nuevas traducciones y promover publicaciones locales o extranjeras ya traducidas para satisfacer a las grandes mayorías. Sin embargo, sigue vigente el interés por la traducción a través de obras bilingües (lenguas indígenas-español) y “ediciones cruzadas” es decir “un proyecto bilateral que consiste en la publicación de obras de escritores venezolanos traducidas a lengua extranjera, y de escritores de lengua extranjera traducidos al español” (LITERATURA Y CIUDADANIA | Venezuela).

En el siglo XX aparecen los grandes traductores entre poetas. Precursor de la vanguardia poética venezolana, Juan Antonio Ramos Sucre, publicó su primera traducción del historiador italiano Girolamo Benzoni en El Cojo Ilustrado a instancia de su protector Lisandro Alvarado en 1911. Luego en 1916 publicó la traducción de un conjunto de poemas del alemán Ludwig Uhland. Por su manejo de varios idiomas trabajó como traductor e intérprete en la Cancillería de 1915 a 1929. Recién fallecido, otro prolífico traductor fue Alfredo Silva Estrada, Premio Nacional de Literatura en 1997 y Gran Premio Internacional de Poesía de la Universidad de Lieja en 2001. Al igual que Ramos Sucre, Silva Estrada nunca se afilió a ningún grupo o movimiento.  Sus primeras traducciones fueron de poemas de su amigo, el poeta danés Uffe Harder , de Ugo Foscolo y Giacomo Leopardi. Tradujo a numerosos poetas como Paul Valéry, Ives Bonnefoy, Fernand Verhesen, Andrée Chedid y Francis Ponge. Sus trabajos de traducción más importantes fueron publicados por Monte Ávila. Sin traicionarse a sí mismo, Silva Estrada buscaba el sentido universal del poema por traducir y se permitía verter en versos de extensiones muy libres los alejandrinos de Valery. Por último, Rafael Cadenas, Premio Nacional de Literatura, Mención Poesía (1985) y Premio de Literatura en Lenguas Romances (2009), tradujo extensamente a la par de producir poesía y ensayos propios. En 2005, todas sus traducciones aparecieron en el volumen El taller de al lado, entre ellas poemas de Walt Whitman, Constantino Cavafy, Víctor Segalen, Robert Graves, Robert Creeley, D. H. Lawrence, varios poetas polacos y algunos relatos zen. Al igual que Silva Estrada, Cadenas justifica sus elecciones de carácter muy personal por la atención al lector actual y confirma la propensión de muchos traductores venezolanos y latinoamericanos a apropiarse los textos extranjeros con miras a recrear obras personales. La mayoría de los traductores aquí mencionados son objeto de una entrada en el Diccionario histórico de la traducción en Hispanoamérica (2013).

Voyage aux îles de Trinidad, de Tabago, de la Marguerite et dans diverses parties de Vénézuéla y su traducción española. [Fuente].
Voyage aux îles de Trinidad, de Tabago, de la Marguerite et dans diverses parties de Vénézuéla y su traducción española. [Fuente]

No se pueden pasar por alto la traducción de relatos de viaje. Como se describe en “La mirada del Otro” (Bastin en prensa), América Latina fue un destino privilegiado de los viajeros europeos y americanos en los siglos xviii y xix. Más de 120 viajeros pasaron por Venezuela y otros tantos, a veces los mismos, por Colombia. Entre ellos encontramos principalmente naturalistas, diplomáticos, ingenieros, comerciantes y artistas, casi todos (porque hubo también turistas) agentes de un saber especializado. Muchos de ellos dejaron relatos escritos de sus peregrinaciones. Algunos de estos textos redactados en francés, inglés y alemán principalmente fueron traducidos al español, a veces mucho tiempo después de la edición original. El más conocido es tal vez los relatos de Alexander von Humboldt (Alexandre de Humboldt 1799-1804. Voyages aux régions équinoxiales du Nouveau Continent. 30 volúmenes) y sus versiones venezolanas: Alejandro de Humboldt (1799-1804/1941-1942): Viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente. Traducción: Lisandro Alvarado, Eduardo Röhly José Nucete-Sardi. Nueve tomos. Editado por el Ministerio de Educación de Venezuela que cuentan con 9 de los 30 volúmenes, dedicados a Venezuela.

Esta edición incluye una nota del editor, un extenso estudio preliminar de Eduardo Röhl (treinta páginas) y ocho reproducciones de grabados. La nota editorial explica que los siete primeros tomos fueron traducidos por Lisandro Alvarado y los otros dos por Eduardo Röhly José Nucete-Sardi. Este peritexto ofrece, pues, la genealogía bastante exhaustiva de las ediciones en diferentes lenguas de la obra maestra de Alexander von Humboldt. Hubo dos reediciones, una en 1956 y la otra en 1985. La de 1985, de la editorial Monte Ávila, se presenta en un estuche de cinco tomos.

Otro ejemplo es el relato de Jean Joseph (René Madeleine) Dauxion Lavaysse (1774-1829), publicado en Paris en 1813; tres años más tarde se publica la versión alemana, en 1816, cuatro años más tarde, la traducción inglesa, en 1820, con una segunda edición en 1821, pero la versión integral en español no se publica hasta 1967, en Caracas, o sea, 150 años más tarde. Algunas traducciones parciales habían sido hechas antes por Enrique Planchart, Joaquín Gabaldón Márquez y Luis Villalba Villalba. Estas traducciones parciales, a menudo citadas por los historiadores venezolanos, se referían a los capítulos dedicados a las costumbres de los habitantes de la Capitanía General de Venezuela. La traducción al español es interesante porque viene acompañada por un peritexto importante: una advertencia al lector, una cita liminar y un estudio preliminar de ochenta páginas, así como siete anexos, unas diez ilustraciones y numerosas notas de pie de página.

Revista Núcleo - UCV Revista Estudios. Universidad Simón Bolívar
Revista Núcleo - UCV. [Fuente] Revista Estudios. Universidad Simón Bolívar.

En el ámbito más académico, debe mencionarse la labor de académicos pertenecientes a las distintas Academias de Venezuela y a varios profesores de la Universidad Central de Venezuela (UCV) quienes han traducido ocasional o repetidamente con miras a enriquecer el patrimonio intelectual del país. Las ediciones de la UCV en particular ofrecen un número apreciable de traducciones. Y en el área de la traductología, tres obras merecen una mención especial. En primer lugar, la versión española (1970) de A Linguistic Theory of Translation (1965) de Catford por el lingüista Francisco Rivera. Luego unos ensayos acerca de la traducción literaria reunidos bajo el título de La traducción: ¿Utopía o Reto? del escritor y jurista René De Sola (De Sola 1978).  Finalmente, la adaptación española del manual de Jean Delisle por el profesor Georges L. Bastin (Delisle y Bastin 2006). A falta de datos disponibles se puede afirmar que, en la actualidad, son pocas las obras que allí se traducen y se publican. La causa principal reside en que las editoriales privadas, públicas y universitarias, como Monte Ávila Editores o la Biblioteca Ayacucho, sufren la crisis económica que atraviesa el país desde hace más de una década. Otra causa es el éxodo masivo de escritores, traductores y profesores universitarios. Lo mismo sucede con el sector audiovisual, otrora floreciente, que prefiere importar antes que traducir in situ. El doblaje hecho en Venezuela se inició a finales de los 50 y principios de los 60. La subtitulación se inició más tarde en los años 80 con el advenimiento de la popularización de los videos (véase Fuentes-Luque 2020).

En la década de los 70 surgen en América hispana las primeras escuelas de traducción dentro de facultades universitarias: el Departamento de Traducción de la Pontificia Universidad Católica de Chile (1971) y luego la Escuela de Idiomas Modernos de la Universidad Central de Venezuela (1974). La UCV ofrece un programa de licenciatura tras cinco años de estudio. Caso único en Hispanoamérica, este programa contempla tanto la traducción como la interpretación de conferencia en tres idiomas, español más dos idiomas extranjeros entre los cuales el inglés, el francés, el alemán, el italiano y el portugués (hasta hace poco figuraba también el ruso). Publica desde 1985 la revista Núcleo y desde hace unos 10 años celebra la semana del traductor en septiembre con invitados internacionales.

Los egresados de esta universidad son los que conforman el grueso de los profesionales venezolanos de la traducción. Venezuela contempla la categoría de intérprete público regida por la Ley de Intérpretes Públicos para intervenir en actos judiciales. Sin embargo, la falta de reconocimiento oficial de la profesión es el origen de una lucha gremial bastante intensa por parte de los traductores e intérpretes venezolanos. De allí el surgimiento, en 1980 de la Asociación gremial Colegio Nacional de

Licenciados en Traducción e Interpretación (CONALTI, miembro de la FIT) seguida por otras. En 2004, la revista Estudios de la Universidad Simón Bolívar, publica los números 24 y 25 dedicados a “América Latina, espacio de traducciones” coordinados por la investigadora argentina Andrea Pagni.

Es igualmente relevante mencionar el blog Ritos de Ilación con más de 300 entregas, donde se exponen aspectos de la traducción y de la lengua castellana, especialmente venezolana.

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 potencial para la investigación Potencial para la investigación

Los historiadores de la traducción estudian una gran variedad de objetos y temas: textos (de todo género: literario, científico, periodístico, filosófico, entre otros), personajes (traductores e intérpretes), instituciones (y agentes de traducción en general: editoriales, gobiernos, entidades privadas entre otros), regiones, comunidades (sociales, religiosas, etc.) y acontecimientos. También estudian lo que no se ha traducido. Los objetivos también son varios: documentar la disciplina (quién, cuándo, para quién, por qué, dónde, etc.); caracterizar a un traductor: su retrato, su proyecto, su impacto; las distintas maneras de traducir (directa, indirecta, estrategias, técnicas, etc.) y su evolución en el tiempo. En el caso de Venezuela, mucho se puede investigar todavía, sobre todo porque la situación geopolítica de Venezuela le permitió convertirse en la puerta de entrada de muchas ideas y muchos textos provenientes de Europa y de Norteamérica. La época de la conquista ha visto a varios y varias intérpretes. Algunos son conocidos y han sido objeto de mención como algunos referidos arriba, pero muchos siguen por descubrir. Igualmente queda un gran número de textos religiosos por estudiar. El período de la administración colonial, sobre todo en los siglos XVIII y XIX, por los españoles ha conocido traductores e intérpretes “administrativos” como Andrés Bello y Juan Vicente Salias. Otros quedan por descubrir.

La estadía de Francisco de Miranda en Europa, pero también la de Andrés Bello, de Bolívar y otros, suscitaron relaciones interlingüísticas, textos y traducciones que quedan por descubrir. El diario de Miranda, la Colombeia, contiene decenas de textos interesantes para la historia de la traducción. El mismo Bolívar, de quien conocemos la biblioteca y los textos que más leía, sin duda alguna ha traducido. Hace falta descubrir cuáles textos o extractos de textos, ya que sus discursos y escritos no lo mencionan. Otros traductores famosos por investigar son Simón Rodríguez, Pérez Bonalde, José María Vargas y José Antonio Páez. En la misma medida en que venezolanos recurrieron el mundo, son numerosos los viajeros extranjeros que visitaron Venezuela y dejaron textos relativos a sus viajes, textos que han sido traducidos y han tenido alguna repercusión en el país. Un campo aún sin investigar es la traducción a varias lenguas de textos venezolanos literarios y científicos. En las más de 1600 páginas de 5 siglos de imprenta en Venezuela, Blas Bruni Celli (1998) hace numerosas referencias a este tipo de traducción.

Por último, aunque no menos importante, la prensa independentista, que es ciertamente un campo rico para el estudio de la traducción. Varios son los periódicos que podrían revelar una historia de la traducción muy rica: El Semanario de Caracas (de noviembre de 1810 a julio de 1811), El Patriota de Venezuela (de enero de 1811 a enero de 1812), El Mercurio Venezolano (de enero de 1811 a mayo de 1811), El Publicista de Venezuela (de julio de 1811 a noviembre de 1811), y El Correo del Orinoco (de junio de 1818 a marzo de 1822).

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