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contenido
Introducción | Quién traduce | ¿Qué se traduce? | ¿Para quién se traduce la Biblia? | ¿A través de qué canal se divulga la traducción de la Biblia? | ¿Dónde se traduce la Biblia? | ¿Cuándo se traduce la Biblia? |¿De qué modo se traduce la Biblia? |¿Con qué finalidad se traduce la Biblia? | Potencial para la investigación
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La Biblia es el libro más traducido en la historia. Según el informe anual 2021 de la Alianza Global Wycliffe (2022), 5.9 mil millones de personas tienen acceso a una Biblia completa en 724 idiomas. 797 millones de personas pueden leer al menos el Nuevo Testamento en 1.617 lenguas. En septiembre de 2022, algunas partes de la Biblia estaban traducidos en 3.589 idiomas, entre ellos 245 lenguas de signos.
Las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU) son una organización global e interconfesional de un gran número de Sociedades Bíblicas nacionales, que se dedican a la divulgación de la Biblia. En su Informe Anual de 2021 consta que durante ese año y a pesar de la pandemia, 68 Sociedades Bíblicas participaron en la capacitación intensiva de traductores bíblicos, y 395 traductores y personal de las Sociedades Bíblicas asistieron a talleres de formación para la traducción de la Biblia, donde se trataban temas de lingüística, teoría y tecnología de la traducción (2022). Los equipos de traducción trabajan con traductores nativos y consultores de las Sociedades Bíblicas a base de las lenguas bíblicas y cooperando estrechamente con las iglesias locales.
Las traducciones bíblicas son habitualmente iniciadas por iglesias, editoriales y otras instituciones y pueden ser realizadas por autores individuales, pequeños equipos o grandes comités. Cuando no se menciona los nombres de los traductores, hablamos de traducciones anónimas, que dan la impresión de mayor objetividad. El ejemplo más famoso de este tipo de traducción es la llamada Septuaginta (del latín septuaginta, “setenta”) o LXX. La leyenda nos cuenta que alrededor del año 250 a.C., en Alejandría, 72 sabios judíos tradujeron por separado la biblia hebraica en 72 días, milagrosamente produciendo todos ellos textos idénticos en griego.
Traducciones anónimas o hechas por comités
En español, la primera traducción bíblica anónima es la llamada Biblia alfonsina, patrocinada por Alfonso X el Sabio y producida en Toledo alrededor de 1260. No sabemos nada sobre los traductores. Se trata de una traducción de la Biblia completa, cuyo texto base es la Vulgata. De algunas traducciones más antiguas del Nuevo Testamento, llamadas prealfonsinas, nos quedan hoy solo ciertos fragmentos.
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Traducciones en equipo en español
Una traducción castellana hecha en equipo es la de Nácar y Colunga (1944), impresa con la autorización eclesiástica católica. Eloíno Nácar Fuster (1870-1960) fue lectoral de la Catedral de Salamanca, catedrático, consultor de la Comisión Pontificia Bíblica nombrado por el Papa Pío XII y miembro honorario de la Academia Teológica Pontificia Romana. Fray Alberto Colunga Cuero O.P. (1879-1962) fue un sacerdote domínico y también consultor de la Comisión Pontificia Bíblica y catedrático de Sagrada Escritura en la Universidad Pontificia de Salamanca.
Traducciones individuales
Ciertas traducciones son realizadas por teólogos o filólogos individuales que representan una determinada escuela teológica o ideología. La traducción individual más famosa en todo el mundo es la de Sophronius Eusebius Hieronymus, en español: Jerónimo, santo y Padre de la Iglesia (347-420). A partir de 385 tradujo gran parte del Antiguo Testamento de la Septuaginta (griega) al latín, y para el Nuevo Testamento revisó una traducción latina existente, la Vetus latina o Itala, recurriendo al texto original griego. Su traducción, llamada Vulgata, se convirtió en el texto de referencia de la Biblia para la Iglesia Católica Romana hasta el siglo XX. En una carta a su amigo Pamaquio, Jerónimo comentó su método traslativo diciendo que, a diferencia de los textos profanos, que solía traducir sentido por sentido (sensum de sensu), en el caso de las Sagradas Escrituras respetaba el texto original palabra por palabra (verbum e verbo), conservando incluso el orden de las palabras (ordo verborum) porque este podía tener importancia para el significado religioso (Jerónimo 395). Estrictamente hablando, su traducción sería entonces una versión interlineal, pero la Vulgata es, en realidad, una traducción literal que respeta las normas de la lengua meta (Nord 2012a).
San Jerónimo es el santo patrón de los traductores. En 1954, la Federación Internacional de Traductores (FIT) proclamó el presunto día de su muerte, el 30 de septiembre, como Día Internacional de la Traducción, lo que fue confirmado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 2017.
En lengua española, la traducción de Casiodoro de Reina, la llamada Biblia del Oso, es la primera traducción directa del hebreo y arameo en el caso del Antiguo, y del griego en el caso del Nuevo Testamento. Se publicó en Basilea en 1569. Casiodoro de Reina (1520-1594) fue monje jerónimo en el monasterio de San Isidro del Campo de Santiponce (Sevilla). Tuvo contactos con el luteranismo y se hizo partidario de la Reforma. Perseguido por la Inquisición, huyó a Ginebra. La Biblia del Oso fue revisada más tarde durante 20 años y publicada en 1602 como Biblia del Cántaro por Cipriano de Valera (1531 ó 1532-¿?), también monje jerónimo exclaustrado de Santiponce, monasterio que en aquellos tiempos debe haber sido un núcleo de teólogos reformistas (Kinder 1985: 166).
En cuanto al “¿Qué?” nos interesan dos aspectos: (a) cuáles son las fuentes o los textos base de una traducción bíblica, y (b) cuál es el “canon” para la selección de los textos que se incluyen en una edición traducida.
Las fuentes
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San Jerónimo en su estudio (Ghirlandaio 1480) |
Las traducciones que afirman haber trabajado “desde los originales” suelen referirse al texto masorético, para el Antiguo Testamento, y al textus receptus, más tarde a la edición Nestle Aland o al Greek New Testament, para el Nuevo Testamento.
El texto masorético es el texto oficial en hebreo y arameo del canon judío y su forma precisa con la vocalización y la acentuación conocidas como mas’sora. El ejemplar más antiguo que conocemos es el llamado Codex Leningradensis, que se remonta a principios del siglo XI, publicado con un aparato crítico por la Sociedad Bíblica Alemana bajo el título Biblia Hebraica Stuttgartensis. Una nueva edición, llamada Biblia Hebraica Quinta, está en preparación desde 2004, con aparato crítico y comentarios en inglés y prefacio en alemán, inglés y español.
El término textus receptus (“texto recibido”) se refiere a todas las ediciones del Nuevo Testamento griego desde 1316, el año de su primera publicación editada por Erasmo de Róterdam. Este texto servía de base para muchas traducciones protestantes del Nuevo Testamento, como por ejemplo la de Lutero (1534) y la de Tyndale (1536), así como para la King James Version (1611), la Reina Valera (1569) y muchas otras traducciones tempranas del Nuevo Testamento producidas en Europa central.
En 1898, el teólogo protestante alemán Eberhard Nestle, crítico textual y orientalista, público la primera edición de su Novum Testamentum Graece, en cuyo aparato crítico resumió los resultados de los estudios sobre el Nuevo Testamento del siglo XIX. Esta edición se hizo muy popular y pronto sustituyó el textus receptus como texto base de las traducciones más recientes. Su hijo, Erwin Nestle, continuó el trabajo del padre, con Kurt Aland como coeditor a partir de 1952. Desde la edición de 1963, la obra se llamó Nestle-Aland y se convirtió en la edición normativa del Nuevo Testamento (ahora en la edición 28, de 2012), junto con el Greek New Testament publicado por las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU).
El Greek New Testament es un proyecto de edición iniciado por la Sociedad Bíblica Norteamericana (American Bible Society, ABS), que vio su primera publicación en 1966 (ahora en la 5ª edición, revisada y actualizada, de 2014). Su aparato crítico está pensado sobre todo para las necesidades de traductores bíblicos en todo el mundo, no de los investigadores, ayudándolos a comprender las razones de la preferencia de ciertas variantes textuales.
El canon
En el ámbito religioso, el término “canon” se refiere a una colección de textos considerados sagrados por una comunidad y empleados como estándar de su doctrina, con respecto tanto al orden en que se presentan como a la forma textual oficial (Kaut 2019: 336). Los textos que no se incluyen en el canon se llaman extra canónicos o apócrifos.
El canon de la Biblia se compone de dos partes: el Antiguo Testamento (AT) y el Nuevo Testamento (NT). El canon del AT incluye los 39 libros aceptados por el Judaísmo Rabínico y, desde el siglo I d.C., por los Masoretes en las lenguas hebrea y aramea. El canon del NT consiste en 27 libros en griego koiné (la lengua común griega utilizada en la antigüedad). Hay algunas diferencias entre los cánones de las iglesias protestante, católica y ortodoxa, sobre todo en cuanto a la inclusión de textos apócrifos.
En cuanto a las traducciones, puede haber, además de Biblias completas, ediciones parciales de solo el Nuevo o el Antiguo Testamento o de ciertos libros bíblicos, por ejemplo, los salmos. Para los siglos XX y XXI, la Wikipedia (2023, 03/01/2023) recoge 46 Biblias completas y 18 ediciones parciales del Nuevo Testamento en lengua castellana.
Los títulos de las perícopas
En casi todas las ediciones modernas de la Biblia, los distintos libros están estructurados en capítulos divididos, a su vez, en pasajes destinados a ser leídos en la liturgia del culto, las llamadas perícopas, con sus respectivos títulos o encabezamientos. Estos no existían en los textos base, sino que fueron añadidos por traductores y editores a principios de la Edad Media; los números de los versículos aparecieron en el siglo XVI. Después de la invención de la imprenta, los títulos de las perícopas tenían la función de indicar el contenido y guiar la lectura para un público lego más amplio. Según el análisis de más de 1.200 títulos de perícopas de varias ediciones de la Biblia, también se utilizan para sugerir ciertas interpretaciones e incluso, a veces, para manipular a los lectores (Nord 2012b).
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¿Para quién se traduce la Biblia?
Por regla general, los prólogos y las informaciones paratextuales sobre las traducciones de la Biblia no suelen decir mucho concreto sobre el público destinatario y la idea difusa es que las traducciones se hacen “para todos”. La Biblia de las Américas (LBLA 2023), por ejemplo, “se ha producido con el propósito de ofrecer al mundo de habla hispana la riqueza y el poder de la Palabra de Dios” y que sea “entendible para el público general”; La Palabra de Dios para Todos (PDT, 2023) es “ideal para las personas que no tienen un trasfondo religioso, para los niños y jóvenes, para nuevos lectores y también para aquellos que están aprendiendo español como segunda lengua”. Es difícil creer que un mismo texto sirva para destinatarios tan diversos. De manera excepcional, también hay traducciones que se dirigen a grupos claramente definidos: Biblias para niños, que suelen ofrecer narraciones basadas en pasajes bíblicos, versiones interlineales para estudiosos que (ya) no dominan las lenguas originales, Biblias para jóvenes o “nativos digitales”, etc.
¿A través de qué canal se divulga la traducción de la Biblia?
Las traducciones de la Biblia casi siempre se publicaban en forma de libros o folletos (en el caso de textos bíblicos aislados). Una Biblia que contiene más de una versión lingüística se llama “políglota”. La primera impresión poliglota de la Biblia completa es la Políglota Complutense (1502-1507 en Alcalá de Henares), que presenta el texto del Antiguo Testamento en hebreo, latín y griego. En el Pentateuco, se añade el texto arameo y su traducción al latín, así que hay cinco versiones en una página, con las raíces de las palabras hebreas y arameas en el margen. Hoy en día, muchas traducciones están disponibles en línea, si los derechos de autor lo permiten (por ejemplo, en portales como BibleGateway, Biblehub, o Academic-Bible). Este medio tiene la ventaja de que se pueden leer y comparar traducciones en varias lenguas.
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Biblia Políglota |
Cada vez más traducciones se conciben ya en forma digital desde un principio, integrando a representantes del público destinatario como primeros lectores. La Sociedad Bíblica española, por ejemplo, ofrece La Biblia en YouVersion, 18/01/2023). La Sociedad Bíblica Alemana, a su vez, publica la BasisBibel, cuyo texto incluye enlaces que llevan a informaciones sobre objetos y fenómenos del mundo bíblico o sobre cuestiones lingüísticas. Otro proyecto digital es la Biblia Abierta, también en alemán (Offene Bibel), que invita a personas interesadas a cooperar en la preparación de tres versiones distintas de la Biblia: una para fines de estudio, otra para la lectura individual, y una tercera en lenguaje sencillo. El proyecto está disponible en Instagram, Facebook, y Twitter.
En cultos religiosos multilingües (por ejemplo, en Sudáfrica) o eventos televisados (por ejemplo, las exequias de un papa difunto), puede haber interpretación simultánea o de signos de pasajes bíblicos, aunque en estas ocasiones los textos suelen tomarse de traducciones existentes, por lo que raramente la interpretación será espontánea.
Otra forma de transmisión oral de textos bíblicos, a veces acompañada de imágenes o vídeos, es la llamada Narración Bíblica Cronológica o Chronological Bible Storying (CBS, en inglés), es decir, la narración de las historias bíblicas por orden cronológico para una comprensión más fácil, destinada a llevar el mensaje cristiano a grupos o comunidades sin tradición literaria.
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El lugar donde se hace una traducción bíblica depende tanto del tipo de traducción como de la lengua a la que se traduce. Los autores individuales suelen traducir en sus despachos, como ya nos muestra la imagen de San Jerónimo “en su gabinete” de Alberto Durero, mientras que los comités discuten sus traducciones en grupo. En el caso de una lengua regional o minoritaria, las traducciones suelen hacerse en el lugar y mediante una cooperación entre traductores nativos y consultores expertos en los idiomas base y los fundamentos teológicos. En las distintas fases del trabajo, se hacen pruebas de lectura con miembros del público destinatario, cuya retroalimentación influirá sobre el proceso traslativo.
Ya en el Nuevo Testamento se mencionan varios casos de traducción de expresiones transcritas del hebreo o arameo al griego, sobre todo cuando se trata de enunciados considerados como de autoridad de Jesús. Además, el llamado mandato apostólico universal o Gran Comisión en Mateo 28:19-20 y otros pasajes del Nuevo Testamento (ver abajo, en el apartado “¿Para qué finalidad se traduce la Biblia?”) hacen la traducción en cierto sentido obligatoria. Después de citar un ejemplo de traducción en el Nuevo Testamento ofreceremos una breve historia de la traducción bíblica.
Traducción en el Nuevo Testamento
Un ejemplo de una traducción de una expresión hebrea hacia el griego se encuentra en el Evangelio de San Marcos (5,41), donde se narra la resurrección de una niña muerta debido a las palabras de Jesús. En la Reina-Valera Actualizada (RVA, 2015) leemos:
Tomó la mano de la niña y le dijo:
—Talita, cumi (que traducido es: Niña, a ti te digo, levántate).
En su “Carta a Pamaquio sobre el mejor modo de traducir”, San Jerónimo (395: 86) se refiere a este pasaje escribiendo: “Leemos en marcos [sic] (5,41) que dice el Señor: talitha cumi, y a renglón seguido se añade: Lo que se traduce: «Niña, a ti te lo digo: Levántate.» Tachen al evangelista de mentira por haber añadido «A ti te lo digo» cuando en el hebreo solo hay «Niña, levántate.» Pero no, el evangelista añadió «A ti te lo digo» para dar más énfasis a la frase y expresar la llamada e imperio del Señor.” (trad. Daniel Ruiz Bueno)
Es interesante notar que una traducción siriaca del Nuevo Testamento más antigua que la Vetus latina, no incluye traducción alguna del hebreo, porque el traductor obviamente asumió que su público entendería las palabras directamente
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Traducciones primitivas
La primera traducción escrita completa del Antiguo Testamento al griego fue la Septuaginta (LXX, ver arriba en el apartado “¿Quién traduce?”), producida aproximadamente en 250 a.C. en Alejandría. Alrededor de 200 d.C. se fijó, probablemente en Roma, el canon del Nuevo Testamento, y las traducciones latinas existentes se reunieron en la Vetus Latina o Itala. Entre 240 y 245, Orígenes compuso la llamada Hexapla, que consistía en seis versiones del Antiguo Testamento: el original hebreo, una transcripción de este texto en letras griegas y cuatro traducciones en lengua griega. Desde 390 hasta 406, San Jerónimo revisó, a instancias del papa Damaso, la Vetus Latina y tradujo el Antiguo Testamento del hebreo y arameo al latín, produciendo así la llamada Vulgata, que el concilio de Trento adoptó como texto oficial de la Iglesia Católica en 1546. (Salevsky 2002: 281-82). A finales de la Edad Media ya había traducciones bíblicas completas o parciales a las lenguas vulgares romances o germánicas.Los restos más antiguos de una traducción completa de la Biblia al español son los de la llamada Biblia Prealfonsina, conservados en la biblioteca de El Escorial. En 1280, Alfonso X el Sabio encargó una traducción de toda la Vulgata al castellano, la Biblia Alfonsina, que consiste en una especie de paráfrasis resumida de la Biblia y forma parte de la Gran e general Estoria.
Joanes Leizarraga tradujo el Nuevo Testamento al euskera en 1571. Algunos misioneros católicos españoles del siglo XVI tradujeron la Biblia a las lenguas americanas, como Bernardino de Sahagún, que lo hizo parcialmente en la lengua nahuatl; pero tal forma de evangelización fue prohibida por la Inquisición en 1576
Traducciones modernas
En 1965, el papa Pablo VI encargó a la Comisión Pontificia para la Versión Estándar Revisada de la Biblia la elaboración de una nueva traducción desde los idiomas originales al latín. El resultado fue la Nova Vulgata, promulgada por el papa Juan Pablo II en 1979.
Hoy en día, se puede elegir de una multitud de traducciones para diversos públicos destinatarios y finalidades, y constantemente se producen nuevas, no solo a lenguas adicionales sino también dentro de las grandes áreas lingüísticas, incluyendo Biblias en lenguas regionales y dialectos. Para los siglos XX y XXI, Wikipedia recoge 59 ediciones en español (incluyendo revisiones), entre ellas 14 parciales del Nuevo Testamento. De las Biblias completas, 19 se han publicado en España, 12 en Estados Unidos y 15 en Latinoamérica (por ejemplo, en Chile, Argentina, Paraguay, Santo Domingo, Colombia, México).
¿De qué modo se traduce la Biblia?
A diferencia del Corán, que solo tiene validez como palabra de Alá en árabe, la concepción judeocristiana de la palabra de Dios exige que los textos bíblicos vuelvan a presentarse como nuevos en distintos momentos y lugares y diversas culturas (Joosten 2009). Hay tres formas de hacerlo: La primera consiste en considerar la traducción como sustituto del original, de manera que la versión griega de la Biblia hebrea producida en Alejandría para los judíos que vivían en Egipto y no sabían hebreo se convirtió en Escritura Sagrada, que contribuyó a que la comunidad formara una identidad propia. Además, al leerse esta traducción bastante literal en voz alta en la sinagoga, se reforzó el vínculo con el hebreo bíblico. Rajak (2009: 11) considera la traducción como una herramienta que facilita la sobrevivencia de una comunidad y su cultura. Para esta autora, la Biblia griega se convirtió en “un punto de referencia cultural, una fuente de unidad y un guardián de la tradición”.
La segunda concepción llevó a la costumbre de entender la traducción no como sustituto, sino como complemento del texto base. Los tárgumim judíos, por ejemplo, nunca se leían como textos aislados, sino que se recitaban en las escuelas y sinagogas juntos con el texto hebreo. Por lo tanto, las traducciones podían ser relativamente libres porque el original se conservaba sin cambios al lado de la traducción. El tercer modelo es la traducción “docta”, con anotaciones, que adquirió mayor importancia a partir de la Reforma protestante. Estas traducciones se leen como textos independientes que, sin embargo, se refieren constantemente a los originales. Estos tres modelos se siguen aplicando hasta hoy en día (Joosten 2009: 620).
Equivalencia formal y dinámica (Nida)
Salvo en casos excepcionales, los traductores bíblicos se basaron en el principio de la literalidad hasta bien entrado el siglo XX, para dejarles la interpretación del texto base a los receptores del texto meta (Vermeer 1992). La orientación hacia el público destinatario fue introducida con la distinción entre la equivalencia formal y la equivalencia dinámica propuesta por Eugene A. Nida (1914-2011). Una traducción que pretende conseguir una equivalencia formal busca la equivalencia de los elementos formales entre el léxico y muchas veces también la sintaxis de los textos base y meta, mientras que la equivalencia dinámica
busca la total naturalidad de expresión e intenta relacionar al receptor con modos de comportamiento pertinentes en el contexto de su propia cultura; no insiste en que deben entenderse los modelos culturales del contexto de la lengua de partida para entender el mensaje. (Nida 1964: 163)
Para lograr una equivalencia dinámica, el texto traducido se redacta según las convenciones de la cultura meta, considerando la socialización específicamente cultural y el bagaje de conocimientos previos del público destinatario.
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Para Nida, que traducía para fines misioneros, la equivalencia dinámica era la forma ideal de la traducción bíblica. Más tarde, la llamó también “equivalencia funcional” (Nida y Taber 1969). Muchas traducciones modernas de la Biblia, particularmente las iniciadas y guiadas por las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU), se han hecho según este principio traslativo, que implica incluso adaptaciones culturales radicales, como por ejemplo la traducción de cordero de Dios por “foca de Dios” para los inuit.
La Good News Bible inglesa, publicada por las Sociedades Bíblicas Unidas, se caracteriza así: "El estilo traslativo de la Good News Bible se basa en la equivalencia dinámica. Esto es, el significado del hebreo y griego se expresa en una traducción “idea por idea” y no “palabra por palabra” (trad. C. N.).
Traducción funcional
El enfoque de Nida, que en un mundo globalizado ya no tiene tanto sentido como antes y ya no es practicado ni por los traductores de las Sociedades Bíblicas Unidas (SBU), fue adoptado y amplificado en los estudios de traducción por la teoría del escopo (Vermeer 1978) y el funcionalismo derivado de ella. Desde una perspectiva funcionalista, se supera el llamado “dilema histórico” de la alternativa entre la traducción literal y la traducción libre o entre equivalencia formal y dinámica, porque todas las formas de traducción, desde la traducción-documento interlineal pasando por la literal, la filológica o la exotizante hasta la traducción-instrumento equifuncional, heterofuncional e incluso homóloga, son legítimas si se pueden justificar a partir de la finalidad traslativa y el público destinatario del texto meta, siempre que no comprometan la obligación de los traductores de ser leales para con los que cooperan con ellos en la actividad traslativa (Nord 2002, sobre funcionalismo y lealtad en la traducción bíblica).
Hay que mencionar aquí algunas traducciones con estrategias traslativas muy específicas. Ya a finales del siglo XIX, la feminista norteamericana Elizabeth Cady Stanton, junto con un comité de 20 teólogas, publicó la Woman’s Bible (1895 y 1898) (en español La Biblia de la mujer, 1998), revisando los textos bíblicos desde una perspectiva feminista (Navarro-Puerto 1999). En Francia, las teólogas Lauriane Savoy, Pierrette Daviau y Elisabeth Parmentier adoptaron una estrategia parecida con Une bible des femmes publicada en 2018. En Alemania, un comité compuesto de más de 70 teólogas dio incluso un paso más hacia una traducción lo más antidiscriminatoria posible, presentando una Biblia “en lenguaje justo” (Bibel in gerechter Sprache, 2006). Su traducción busca acabar con toda clase de prejuicio o discriminación, hablando, por ejemplo, de “algunos fariseos y fariseas” en vez de “los fariseos” o incluso de “apóstolas”. A pesar de ser patrocinado por una iglesia regional alemana, este proyecto despertó mucha polémica.
¿Con qué finalidad se traduce la Biblia?
Además de servir de sustituto de un texto original desaparecido o que ya no se entiende, la traducción de textos bíblicos tiene las siguientes finalidades principales: la misión, estudio e investigación, homilía y docencia, así como la estabilización y el cuidado de idiomas amenazados por extinción, que, entre otras cosas, es un tema de la lingüística misionera.
Misión
La judeocristiana es una religión misionera. La primera finalidad de la traducción bíblica ya se menciona en el llamado Mandato apostólico universal o Gran Comisión del Nuevo Testamento, cuando Jesús les dice a los apóstoles: “Por tanto, vayan y hagan discípulos de todas las naciones […] enseñándoles que guarden todas las cosas que les he mandado.” (Mateo 28,19-20; véase también Lucas 24,47-49; Marcos 16,14-18; Juan 20,21; Actas 1,4-8; según la RVA 2015). También en el Antiguo Testamento hay un versículo que se interpreta como mandato de traducción. Dios dice a Abraham:
Bendeciré a los que te bendigan, y a los que te maldigan maldeciré. Y en ti serán benditas todas las familias de la tierra. (Gén 12,3, según la Reina-Valera Actualizada 2015).
Este mandato solo puede ser cumplido mediante la traducción o la interpretación-instrumento, en este caso, de forma equifuncional. La equivalencia dinámica de Nida estaba inspirada por estos pasajes. Hoy día, la misión, que muchas veces se asocia con colonización y violencia, se ve muy crítica, aunque las actividades traslativas de organizaciones como las SBU, la Alianza Global Wycliffe o SIL (antes: Summer-Institut of Linguistics) todavía persiguen finalidades misioneras.
En el contexto misionero, la traducción suele ser la primera al idioma del lugar, así que es un nuevo género en el ámbito institucional de una iglesia emergente, a veces incluso de una comunidad predominantemente oral (De Vries 2001: 306, acerca de la primera traducción de la Biblia para Nueva Guinea).
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Screenshot: Paratext tutorial |
Estudio e investigación
Para los estudios y la investigación teológica se utilizan particularmente las traducciones literales o incluso interlineales, sobre todo cuando están acompañadas de anotaciones que informan sobre variantes textuales y pasajes parecidos. Para la traducción de la Biblia hay un programa llamando Paratext, que permite ver varios textos bíblicos en una pantalla, incluso en idiomas que no usan el alfabeto latino, como griego, árabe o hebreo. Además, Paratext incluye diccionarios, concordancias e informaciones enciclopédicas. Este software se actualiza con mucha frecuencia.
Homilía y docencia
En muchos casos, los pastores y sacerdotes, así como los maestros de colegio y de niveles superiores (ya) no están versados en los idiomas antiguos, aunque debían haber estudiado griego, hebreo y latín durante su formación en universidades o seminarios. Por lo tanto, necesitan traducciones, tanto para leer e interpretar los textos como para citarlos en sus sermones o clases. Para la primera finalidad les sirven las traducciones literales o incluso interlineales; para la segunda, serán más adecuadas las traducciones orientadas hacia el público destinatario y que se pueden leer bien en voz alta. Para la catequesis, se pueden usar biblias para niños o traducciones en lenguaje sencillo. Esto muestra, una vez más, que la traducción bíblica es un ejemplo por excelencia de la utilidad de un enfoque funcional en la traducción.
Estabilización y cuidado de idiomas minoritarios
La lingüística misionera es una subdisciplina relativamente joven de la lingüística aplicada (Zwartjes, Zimmermann y Schrader-Kniffki 2014), que analiza las actividades lingüísticas y traslativas de los misioneros cristianos en tiempos coloniales. Desde el siglo XVI, las órdenes católicas (franciscanos, domínicos, jesuitas y otros) han trabajado en todos los continentes para divulgar la religión cristiana. Puesto que tenían que comunicarse con los pueblos indígenas, aprendieron y estudiaron los idiomas produciendo, al mismo tiempo, los primeros documentos escritos, gramáticas y diccionarios, y tradujeron catequismos, breviarios, sermones y textos bíblicos. Este no es el lugar para comentar la problemática de la colonización junto con la misión cristiana, pero gracias al trabajo lingüístico de los misioneros, muchas lenguas indígenas amenazadas de extinción debido al prestigio mayor de los idiomas de los colonizadores adquirieron más fuerza cuando la gente vio que un libro tan importante como la Biblia, o al menos partes de él, estaba imprimido en su propia lengua nativa.
Potencial para la investigación
La llamada interdisciplinariedad de la traductología no debería limitarse a que esta nueva disciplina se sirva de las investigaciones de otras áreas científicas, como por ejemplo la teología, sino que debería tener, a su vez, un impacto sobre ellas. La traducción de la Biblia es una labor que todavía realizan principalmente teólogos que muchas veces ignoran la existencia de la traductología como disciplina (Nord 2012c: 252). Por lo tanto, hay potencial para la investigación con respecto a todas las preguntas que hemos empleado para la estructuración de esta entrada, que han de analizarse con métodos empíricos y descriptivos:
- ¿Quién traduce la Biblia y cuál es el trasfondo y la formación profesional de las personas que traducen los textos bíblicos?
- ¿Qué se traduce y quién decide lo que debe traducirse (o no)?
- ¿Cuándo y dónde se traduce la Biblia y cuál es el papel que desempeñan las organizaciones internacionales como Wycliffe, SIL, SBU y otras?
- ¿Cuál es el impacto del medio (libro impreso, medios digitales, oralidad) sobre la traducción y el formato de los textos bíblicos traducidos?
- ¿Cómo se traduce y como se manifiestan las estrategias metodológicas en los textos traducidos?
- ¿Cuáles son hoy las finalidades de una nueva traducción de la Biblia y cómo se manifiestan en los textos?
Dada la accesibilidad digital de tantas traducciones de la Biblia o de sus partes, estas preguntas ofrecen una riqueza casi inagotable de temas para la investigación traductológica, que esta entrada no podía más que abordar someramente.








