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Introducción | Guinea Ecuatorial y la traducción | Potencial para la investigación
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| Bandera de Guinea Ecuatorial. Fuente: Wikipedia. |
Los navegantes portugueses comenzaron a visitar el golfo de Guinea desde el siglo XV. Por lo que respecta a la futura Guinea Ecuatorial, en 1471 descubrieron la isla de Annobón y, en 1472, Fernão do Poo la isla que llevaría el nombre del expedicionario principal de aquella empresa, Fernando Poo. Pero España y la lengua española no estuvieron presentes en la zona hasta la firma del Tratado de San Ildefondo (1777) y el Tratado de El Pardo (1778), mediante los cuales Portugal le cedía a España la soberanía sobre las islas de Fernando Poo y Annobón y los territorios continentales situados enfrente de las mismas, a cambio de otros territorios en Sudamérica: la futuras provincias brasileñas de Santa Catarina y Rio Grande do Sul, al norte de Uruguay. En el mismo 1778 una expedición militar al mando de D. Felipe de los Santos Toro y Freire, Conde de Argelejo (1721-1778), procedente de Montevideo, toma posesión oficial del territorio, lo que le costó la vida.
Debido a las grandes dificultades de la empresa, España no logró ejercer cierto control efectivo sobre estas islas y otras menores hasta bien entrado el siglo XIX. En concreto, hasta el año 1843, con la expedición del comandante Juan José Lerena y Barry (1796-1866) quien al mando del bergantín Nervión proclamó de nuevo la soberanía española sobre Fernando Poo, expulsando a los ingleses de la misma, y anexionó a la Corona de España otras islas de la región, al tiempo que se organizaban los primeros asentamientos en el continente. En 1858 el capitán Carlos de Chacón y Michelena (1816-1863) tomó posesión como el primer gobernador español en el golfo de Guinea.
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| Mapa de Guinea Ecuatorial |
Las expediciones exploratorias desempeñaron un papel decisivo desde aquellos años. Destacan las muy heroicas del vitoriano Manuel de Iradier y Bulfy (1854-1911) de 1875-1877 y 1884-1885, por todos los territorios que el Tratado de San Ildefonso concedía a España y financiado por su propia asociación africanista, La Exploradora, fundada en 1873.
Otra fecha clave fue el año de 1883, el de la llegada de los misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de María o claretianos, quienes se responsabilizarían, desde entonces, de la educación y la cultura de la colonia.
Poco después, los poderes coloniales europeos se reunieron en Berlín (1884-1885) para acordar el llamado «reparto de África». Aunque a España le correspondieron alrededor de unos 100 000 km2 en el continente, la ausencia de verdadero interés por nuevas aventuras coloniales, la crisis nacional de 1898 y la voracidad de Francia dio lugar a las fronteras definitivas de la Guinea española sobre tan solo 28.052 km2: las islas de Fernando Poo (Bioko, hoy en día), Annobón, Corisco, Elobey Grande y Elobey Chico, y el territorio continental de Río Muni.
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| Manuel Iradier, en una estatua de Vitoria. Fuente: Wikipedia. |
La cesión se selló en el Tratado de París de 1900, pero España solo ocupó sus posesiones continentales de manera definitiva en 1904, con la creación de los Territorios Españoles del Golfo de Guinea o Guinea Española. En 1959 se crearon dos provincias, Fernando Poo y Río Muni, a las cuales se les concedió la autonomía en 1964, y, finalmente, el 12 de octubre de 1968, la independencia. Había nacido Guinea Ecuatorial (para mayor información histórica, véase: De Castro y De la Calle 1992; De Castro y Ndongo-Bidyogo 1998; Bolekia Boleká 2003; De Castro 2017; De Yturriaga 2018; Ndongo-Bidyogo 2019).
Desde entonces el español sigue siendo lengua oficial y la principal lengua de comunicación entre las diferentes comunidades del país. La Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española (AEGLE) –con sede en Malabo, la antigua Santa Isabel, la capital nacional– se fundó el 8 de octubre de 2013 y desde el 6 de marzo de 2016 pertenece a la Asociación de Academias de la Lengua Española. Además, se hablan dos lenguas bantúes principales, el fang o pamue, en el continente, y el bubi, en la isla de Bioko. En la franja costera de Río Muni existe un número de lenguas minoritarias, también bantúes: benga, kombe/ndowe, baseke, balengue y bujeba (lenguas playeras). También hay que incluir dos lenguas criollas, una del inglés, el pichi o pichinglis, principal lengua de comunicación de toda el África Occidental (pidgin English), y otra del portugués, el annobonés, propio de la isla de Annobón. En total, diez lenguas operativas, siete bantúes y tres implantadas (Quilis y Casado 1995).
Guinea Ecuatorial y la traducción
Los misioneros claretianos se encargaron de la cultura y la educación desde su llegada a la colonia en 1883. Desde el inicio y de acuerdo con los modelos de evangelización aplicados por España en otras partes del mundo, como América o Filipinas, pusieron en práctica todo un programa de traducción de textos bíblicos, litúrgicos y catequésicos desde el español a las lenguas locales (Zarandona 2002). Tomás L. Pujadas, autor de dos monumentales volúmenes de historia eclesiástica de la Iglesia de Guinea Ecuatorial –el primero dedicado a Fernando Poo (1968) y el segundo a Río Muni (1983)– resalta la gigantesca obra de «descubrimiento» de las lenguas nativas que tuvieron que ir aprendiendo los misioneros palabra por palabra, frase por frase, modismo por modismo, aparte de su fonética, su sintaxis, su ortografía, y cómo este trabajo tan laborioso fue necesario para entender al nativo, comunicarse con él y enseñarle en su lengua las «cosas de Dios» (Pujadas 1983: 515). Además nos ofrece un catálogo de catecismos, libros de espiritualidad, evangelios, devocionarios, cánticos religiosos, etc., traducidos a las lenguas nativas del lugar (516-518). El interés para reconocer todo esto en aquel 1983 del segundo tomo de la obra de Pujadas era muy grande, pues se conmemoraba el primer centenario de la llegada de los claretianos a Guinea.
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| La Guinea Española, revista fundacional de la literatura guineana traducida al español. Fuente todocolección. |
Un ejemplo destacado de esta bibliografía sería el librito titulado Sango Eyamu, de 1958, también publicado con ocasión de la llegada de los claretianos a estas tierras, pero setenta y cinco años antes. El traductor fue el padre Miguel de los Santos Saborit y la lengua de llegada, el benga, una recopilación de los Evangelios de todos los domingos y fiestas de guardar. Como se puede suponer, estos volúmenes buscaban más oyentes que lectores, ya que se leían en voz alta durante la misa o en la catequesis. Era muy poco probable toparse con hablantes bengas alfabetizados en su propia lengua.
Los claretianos también fundaron una revista misional, La Guinea Española, cuyo primer número se publicó en 1903 en el Seminario de Banapá (Fernando Poo), que se convertiría en la cuna y centro de irradiación de las primeras manifestaciones culturales en la Guinea colonial. Desde el principio se incluyeron secciones tales como «Página literaria» o «De nuestra biblioteca africanista», abiertas a colaboradores procedentes de la colonia. En el n.º 1165, del 10 de enero de 1944, se organizaba un certamen literario para «plumas coloniales», aunque todavía no se presentó ningún guineano autóctono. Por ello, poco después, en 1947, se incluyó una nueva sección, «Plumas coloniales», dedicada específicamente a los nativos, para que estos recogieran los cuentos, historias, narraciones, leyendas, refranes y cantos tradicionales, los pusieran por escrito y ayudaran a conservarlos. La respuesta fue masiva por parte de los alumnos de las misiones católicas, que se dedicaron a recoger, transcribir y, sobre todo, traducir al español los relatos y poemas tradicionales contados por sus mayores (Ndongo-Bidyogo 1984: 17-18). Como consecuencia de todo esto, muy pronto los guineanos comenzaron a escribir y publicar en español desde tiempos coloniales, a abandonar las transcripciones y traducciones para adentrarse en textos cada vez más personales, lo que puso los cimientos de una rica literatura poscolonial en el español de Guinea Ecuatorial, el único país del África subsahariana que posee una.
Esta labor de recopilación, transcripción y traducción fue continuada en el tiempo por el Centro Cultural Hispano-Guineano, con sedes en Malabo y Bata, principal localidad de Río Muni, patrocinado por los programas de cooperación cultural española. Se trata de cuatro volúmenes publicados entre 1990 y 1992, bajo el liderazgo del antropólogo Jacint Creus, que recopilaban cuentos tradicionales de los ndowes (Creus 1990), fangs (Creus y Brunat 1991), annoboneses (Creus y Brunat 1992) y bubis (Creus, Brunat y Carulla 1992) de Guinea Ecuatorial. El primero de estos ya marca la pauta de lo que sería el resto de los volúmenes: se recoge más de un centenar de cuentos populares ndowes agrupados en varios ciclos. Recogidos a finales de los años ochenta con la colaboración de informadores nativos, fueron traducidos desde la lengua oral original, grabados, transcritos y publicados para su mejor conservación. Además, en un «Apéndice» (Creus 1990: 225-277), veinticinco cuentos, de entre todos los relatos versionados en español con anterioridad en el volumen, se publicaron también en lengua ndowe. El interés puede considerare máximo desde la perspectiva de la traducción. Los otros tres volúmenes también recogen cada uno otros veinticinco cuentos en lenguas fang, annobonesa y bubi. El esfuerzo mayor fue el de los cuentos escritos en la lengua propia de Annobón, ya que según reconocen los compiladores no existía una verdadera normalización de dicha lengua apenas escrita hasta entonces (Creus y Brunat 1992: 159).
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| Antología de la literatura guineana (1984), libro fundacional de Ndongo-Bidyogo. |
Unos años antes, sin embargo, se había producido un hecho cultural fundamental para la creación y consolidación de una literatura nacional guineana. Como una sorpresa que dejó boquiabiertos a muchos, Donato Ndongo-Bidyogo publicó su Antología de la literatura guineana en 1984. En las mismas cubiertas se afirma que el libro es la primera muestra de la literatura escrita de Guinea Ecuatorial, un país africano de expresión española cuyas manifestaciones culturales no habrían sido apenas difundidas hasta entonces ni en el exterior ni entre los propios guineanos. Se incluyeron dos secciones, una para la poesía, con diecisiete nombres, y otra para la narrativa, con trece. Varios autores fueron incluidos en las dos secciones, se aportaron reseñas de cada autor o autora, muchos de los textos eran inéditos, y hubo ejemplos de tiempos coloniales y poscoloniales. Fue todo un hito fundacional o puesta de largo de la literatura de esta nación africana. Además, el autor completa su labor con una introducción, «El marco» (Ndongo-Bidyogo 1984: 11-46), que puede interpretarse como el manifiesto inaugural de dicha literatura, a la que se define como incipiente, negroafricana e hispánica (11). Asimismo, se resalta el decisivo rol jugado por la rica tradición oral en lenguas nativas de los pueblos guineanos en esta literatura en español, aunque con numerosos localismos peculiares o guineanismos del español local (21-22, 31-35).
En 2000 se publicó una nueva compilación: Literatura de Guinea Ecuatorial (Antología), bajo la responsabilidad de Donato Ndongo-Bidyogo y M’Baré N’gom y mucho más amplia y ambiciosa. Además de agrupar los textos por géneros, se los dispone de manera cronológica dentro de varias etapas históricas. Se sigue incluyendo útiles noticias biobibliográficas de los autores (447-463), así como una amplia bibliografía, entre otros paratextos. Años más tarde, según se fue consolidando cada vez más una literatura nacional ecuatoguineana, se publicó una tercera antología: Nueva Antología de la literatura de Guinea Ecuatorial (2012), a cargo de M’baré N’gom y Gloria Nistal Rosique, todavía más completa y compleja. Para entonces este fenómeno literario se encontraba muy consolidado (para mayor información sobre la literatura de Guinea Ecuatorial, véase: Carrasco González 2000; Zarandona 2001: 371-384; N’gom 2003; Trujillo 2012: 855-907).
Dicho fenómeno, por añadidura, ha comenzado a atraer a una audiencia internacional gracias a la traducción. Sin afán de exhaustividad al no recoger poemas, cuentos, ensayos u otros textos breves traducidos para revistas o antologías en infinidad de lenguas, no puede dejar de citarse, por ejemplo, la novela Ekomo (1985) de María Nsue Angüé (1945-2017) que ha sido traducida al francés como Ekomo. Au coeur de la fôret guinéenne (1995). Las tinieblas de tu memoria negra (1987) de Donato Ndongo-Bidyogo (1950- ) se ha traducido al francés, Les Ténèbres de ta mémoire (2004), y al inglés, Shadows of your Black Memory (2007). El metro (2007), del mismo autor, conoce versión en italiano, Il metrò (2010). Löbëla (1999), de Justo Bolekia Boleká, ha sido traducida al inglés, con el mismo título, Löbëla (2015). Joaquín Mbonío Bacheng (1956- ) ha visto traducida una de sus novelas, Matinga, sangre en la selva (2013), al francés, Malabo Littoral (2015). Asimismo, Arde el monte de noche (2009), de Juan Tomás Ávila Laurel (1966- ) se ha traducido, por este orden, al inglés, By Night the Mountain Burns (2014), al finlandés, Yössä vuori roihuaa (2017), y al francés, Dans la nuit la montagne brûle (2019). Otra de sus novelas, aunque no publicada todavía en español, El juramento del Gurugú, se ha vertido ya al inglés, The Gurugu Pledge. A Novel (2017), y al francés, Sur le mont Gourougou (2017). Finalmente, el éxito feminista de Trifonia Melibea Obono (1982-), La bastarda (2016), ya conoce traducciones al inglés, La Bastarda. A Novel (2018), y al francés, La bâtarde (2020).
También conviene resaltar que algunos escritores ecuatoguineanos han publicado volúmenes bilingües. Löbëla (1999), de Justo Bolekia Boleká, es una colección de poemas escritos en español, pero con numeras palabras y frases (versos) en lengua bubi. Solo en algunas ocasiones se ofrece traducción de estas. Años después, Bolekia publicó una antología propia: Poesía en lengua bubi. Antología y estudios (2007), un compendio bilingüe de poemas y poetas en lengua bubi y en español, desde los orales que se guardan en la memoria colectiva a las creaciones de poetas contemporáneos, incluido el mismo autor. De la mayor parte de las composiciones tenemos versión en bubi y en castellano, gracias a la traducción. Finalmente, este mismo autor publicó A Bépátto (Los del barrio) en 2017. En el prólogo, el mismo Bolekia, confiesa que con este libro reivindica su bubinidad, al ofrecer poemas completos en bubi cuyas traducciones al castellano aparecen inmediatamente después (9-10). Es decir, se pueden observar ejemplos claros de autotraducción. Por ello, «A Bépátto» (17-21) y «Ö mö’anda mué Ésáasi Eweera» (43-50) son seguidos por sus traducciones, «Los del barrio» (23-27) para el primero y un poema sin título para el segundo (51-58); o «Löbëla» (29-31) y «Cuando no estás» (33-36), por ejemplo, combinan estrofas en español y en bubi.
Potencial para la investigación
La traducción es esencial para el estudio de las letras de Guinea Ecuatorial. La labor traductora de los misioneros desde el español a las lenguas locales del país no ha sido suficientemente estudiada. Las traducciones o versiones en español de la literatura oral de los pueblos de Guinea durante el periodo colonial o a lo largo de la era poscolonial tampoco han recibido toda la atención que merecen. Es decir, en términos de Paul Bandia (2008: 163-184), el estudio de la primera fase de la traducción desde la oralidad a la escritura, propia de los mundos coloniales y poscoloniales africanos, todavía tiene mucho que ofrecer en este contexto hispanoafricano. Por su parte, Homi Bhabha denominaba a esta lengua híbrida, resultado de la combinación de la oralidad autóctona y de la escritura foránea, el tercer espacio (2004: 301-307). Remedios Fernández (2019), basándose en este concepto, propone el propio de cuarto espacio (la segunda fase de Bandia) para analizar lo que sucede cuando un texto poscolonial ya traducido, en mayor o menor medida, desde la oralidad se vierte a una segunda lengua con diferente tradición colonial o sin tradición alguna de este tipo. Las traducciones de autores guineanos a lenguas como el inglés, francés o italiano, presentan una sólida oportunidad de investigación, desde estas premisas, apenas explorada. Como también la presenta la práctica de la autotraducción por parte de escritores guineanos competentes en español y en alguna de las lenguas locales de la nación.




