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contenido
Introducción | Edad Media | 1500-1700 | La Ilustración | Siglo XIX | Siglo XX | Potencial para la investigación
No tendría mucho sentido comenzar una historia de la traducción en Portugal antes de la existencia reconocida (paralela al portugués vernáculo oral) de una "lengua" escrita, lo que ocurre a finales del siglo XII. A este respecto, vale la pena recordar que la recuperación del territorio ocupado por los musulmanes (la "Reconquista") y la recolonización cristiana posterior convirtieron a la Lisboa de mediados del siglo XII en una zona de comunicación multilingüe, donde el árabe, hebreo, mozárabe, inglés, idiomas hablados en Francia y, por supuesto, el latín se escuchaban en la calle. Varias de estas lenguas actuarían de idioma original para traducciones de textos muy diversos y de naturaleza pragmática, tales como resúmenes doctrinales o síntesis historiográficas, que se alimentaban de un léxico propio, de carácter interlingüístico e intercultural.
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| Pedro de Portugal, 1º duque de Coimbra, uno de los primeros traductores portugueses [Source] |
El rey Dionisio I (1279-1325), que ordenó el uso exclusivo del portugués en lugar del latín en todos los decretos reales, se considera una figura determinante en la consolidación del portugués como lengua oficial del reino de Portugal. Sin embargo, el primer uso del término "portugués" para denominar a la lengua se atribuye al ilustre traductor Pedro de Portugal (1393-1449) en la introducción a su traducción (1430) del libro De Officiis, de Cicerón, que dedicó a su hermano, Eduardo I de Portugal (cf. Neves 2021: 148ff). Este fue pues un origen posible de la historia de la traducción en Portugal, muy anterior al implícitamente propuesto por Rodrigues (1992) en su bibliografía A Tradução em Portugal, cuyo primer volumen se retrotrae a 1495, con la traducción del Vita Christi de Ludolfo de Sajonia.
También debería hacerse notar la gran "fluidez de las fronteras entre los diferentes tipos de texto" en la Edad Media. La copia de manuscritos dio lugar a una "variada panoplia de intextos [...] desde las glosas maginales [...] hasta las paráfrasis intralingüísticas, pasando por el comentario detallado [...] o los preceptos didácticos y éticos" (Bernardo 2001-2: 21). Por ello, hay tanto traducciones directas, como la recién mencionada de Cicerón, que Sabio y Fernández (1998: 29) consideran "la primera [traducción] integral de un autor latino clásico en Portugal y la única que se ha conservado hasta nuestros días", como también otras, de fuentes diversas pero atribuidas igualmente a autores portugueses. Un ejemplo claro viene constituido por el Leal conselheiro, de Eduardo I de Portugal, que compiló, tradujo y adaptó varios textos latinos a los que añadió otros de cosecha propia (Hörster, Verdelho & Verdelho 2006: 677).
Más allá de la corte, cabe destacar la actividad en los monasterios, donde se llevaba una vida retirada que giraba en torno a los textos litúrgicos en latín -lengua tanto del rito como de los textos de estudio-. La práctica de la traducción, hablada y/o escrita, "si bien no resultaba visible como tal ni se encuentra documentada" (Nascimento 2021: 624), resultaba esencial para los monjes menos letrados, los que por ejemplo asistían a la escuela de Alcobaça. Fray Fortunato de São Boaventura (1777-1844), es el máximo responsable de la organización y comentario de las obras depositadas en la biblioteca de Alcobaça y fue quien dedicó también un capítulo a recoger las traducciones de los monjes cistercienses, que alcanzaron una producción de unos 75 volúmenes, entre los que hay textos y copias perdidos. Nascimento (2021:632-639) ha catalogado y comentado estas traducciones. La llegada del abad Dom Estêvão de Aguiar a Alcobaça también condujo al encargo de más traducciones a la lengua vernácula en esta comunidad cisterciense. Aguiar fue responsable de la reubicación del manuscrito que contenía la Vita Christi de Ludolfo de Sajonia (atribuible, según Nascimento (2021: 646) a Eduardo I cuando todavía era príncipe) desde la corte real, donde había ejercido sus funciones religiosas, al monasterio (cf. también Nascimento 2001: 125-142). Según Nascimento, la historia de la traducción comienza en el periodo medieval con este texto, que ha sobrevivido como manuscrito simple y como edición impresa. Uno de los primeros textos que se tradujeron en Alcobaça fue la Regla de San Benito, un texto normativo que precisaba de ser comprendido por los miembros más legos de una comunidad a la que Dom Estêvão de Aguiar se le había pedido reformar y renovar.
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| Vita Christi, de Ludolfo de Sajonia, impreso por Valentim Fernandes de Morávia. Considerado el incunable más hermoso en lengua portuguesa. [Fuente] |
Valentim Fernandes de Morávia surge como figura fundamental de esta época: impresor, mediador lingüístico y traductor que representa "el dinamismo cultural y el flujo incesante de hombres e ideas que define al Portugal de finales del siglo XVI" (Sabio & Fernández 1998: 30). La impresión del Vita Christi en 1495 y la traducción e impresión de El libro de las maravillas de Marco Polo (1502) aportan pruebas sobradas de esta actividad entre 1490 y 1518. Duarte de Resende y Damião de Góis son también prominentes traductores de Cicerón, destacables en su defensa de la capacidad del portugués para traducir del latín, el idioma académico de la época, en línea con el espíritu renacentista.
En el terreno religioso y moral, abundan las traducciones del latín, lo que no resulta en absoluto sorprendente. La Imitación de Cristo, atribuida a Tomás de Kempis, es quizá la obra traducida que más destaca, entre otras razones por su amplia difusión en el país. Si bien su primera traducción se remonta a la segunda mitad del siglo XV, conoció varias ediciones a cargo de diferentes traductores durante el siglo XVII y se produjeron decenas más entre los siglos XVIII y XX. La literatura mística española traducida (San Francisco Javier, San Ignacio de Loyola, Santa Teresa de Ávila, entre otros) también gozó de un gran protagonismo, que se explica tanto por el compromiso portugués con la ortodoxia doctrinal como por la necesidad de evangelización de los territorios de ultramar. También de origen español es la riqueza de los textos hagiográficos, de los que la versión de João Franco Barreto de Flos sanctorum, historia das vidas, e obras insignes dos santos (1674) es un ejemplo relevante.
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| Sebastião José de Carvalho e Melo, 1o marqués de Pomba y 1º conde de Oeiras, la figura más carismática aunque también controvertida de la Ilustración en Portugal [Fuente] |
El "Siglo de las Luces" (Sabio 2009) o Clasicismo (Silva 2015) o también llamado la Ilustración fue testigo de un notable aumento de las traducciones, hasta el punto de que resulta imposible caracterizar el siglo XVIII sin dar cuenta de la importancia de esta actividad. Por ejemplo, en la primera mitad del siglo XVIII se publicaron 440 traducciones frente a las 260 de todo el siglo XVII (Rodrigues 1992). La influencia de la traducción en el mundo literario fue tal que generó un importante movimiento de denuncia de la corrupción del portugués en el que intervinieron muchas de las mayores figuras intelectuales portuguesas de la época, parte de las cuales eran también traductores. En comparación con el periodo anterior, que había estado bajo control hispano en varios niveles, se produjo un claro cambio en la lengua original predominante, que pasó a ser el francés -una influencia abrumadora que persistiría sin rival hasta mediados del siglo XX-. El francés rápidamente se convirtió también en idioma intermedio para acceder a la producción extranjera. Incluso cuando, especialmente en la segunda mitad del siglo, las literaturas inglesa y alemana entraron en escena como novedad, una parte sustancial de sus obras se abrieron paso a través de la lengua francesa (sin que eso impidiera ocasionales traducciones directas), lo que continuaría siendo la norma hasta bien entrado el siglo XX. Por otro lado, se produjo un interés renovado en los clásicos, con traducciones que ahora mayoritariamente procedían de los originales y que iban acompañadas de un buen número de comentarios y explicaciones, dada la conciencia de que el conocimiento de las lenguas clásicas se había reducido de manera significativa. Con todo y en lo que respecta a los clásicos, se produjo también un cambio notable en el sentido de que los protagonistas eran ahora Horacio y Quintiliano en lugar de Aristóteles.
En cuanto a los agentes responsables del nuevo ethos racionalista y de la renovación de la actividad intelectual en diversos ámbitos, cabe destacar a los "estrangeirados" (literalmente, "extranjerizados", refiriéndose a aquellos intelectuales que conocieron la revolución científica y la filosofía racionalista estando en el extranjero, pero que acabaron regresando a Portugal), como Rafael Bluteau (1638-1734), defensor del conocimiento experimental y autor del monumental Vocabulário Português e Latino (1712-1728, 10 vols.), que colaboró con el marqués de Pombal (1699-1782) en sus reformas educativas, así como Luís António Verney (1713-1792) y su Verdadeiro Método de Estudar (1746), y Ribeiro Sanches (1699-1782), cuyas Cartas sobre a Educação da Mocidade ayudaron al marqués de Pombal a fundar el Colégio dos Nobres. De este modo, los objetivos reformistas de la época propiciaron un importante impulso a las traducciones de obras científicas y didácticas (Sabio 2009: 220-223).
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| 1761-1762, copia digital, Hemeroteca Digital. revista fundada por Francisco Bernardo de Lima [Fuente] |
El teatro fue otro ámbito en el que la traducción mantuvo su hegemonía, en clara continuidad con épocas anteriores, con la diferencia de que el interés y el gusto del público se decantó por el teatro clásico francés (Molière, Racine, Voltaire), mientras que el italiano siguió siendo dominante para la ópera y la opereta (Metastasio y Goldoni), llenando así el vacío del repertorio nacional. La publicación de los respectivos libretos en traducciones o ediciones bilingües era habitual (Sabio 2009: 212-216). En este ámbito, la traducción se confundía en gran medida con la adaptación, y se "moldeaba al gusto portugués", expresión que perduraría hasta finales del siglo XIX con António Feliciano de Castilho (1800-1875). En cuanto a las instituciones, la potente noción de la República literaria llevó a la fundación de la Arcadia Lusitana, una academia guiada por los modelos griegos y latinos y por los autores del Renacimiento que los siguieron. El cuidado y el rigor que mostraron un buen número de traducciones en esta época se debieron al trabajo de muchos de los miembros de esta academia. Los medios de difusión de las traducciones también se diversificaron. Las librerías y las imprentas no sólo aumentaron sus ingresos con la intensificación de la publicación de traducciones, sino que también encontraron una forma muy eficaz de ganar terreno y adquirir nuevos lectores a través de gacetas y periódicos, como la Gazeta Literaria.
Algunos autores, como Sabio (2009), han otorgado especial importancia a la censura (otros no, como Hörster, Verdelho & Verdelho). Estos autores atribuyen la reducida influencia de la Ilustración en Portugal a las antiguas instituciones de censura, como el Ordinário ("gobierno eclesiástico de la diócesis en la que se publicaba la obra", Martins 2005: 20) y el Santo Oficio, así como al conservadurismo de la sociedad portuguesa (Sabio 2009: 207-209 y 217-219). Otros autores, como el brasileño DeNipoti, han investigado específicamente la censura de las traducciones médicas (2017a) o generalistas (2017b). Estos dos estudios ilustran cómo la prohibición de algunas traducciones se razonó tanto en función del contenido del original como de las numerosas deficiencias del portugués, debido al constante préstamo de términos extranjeros. En cualquier caso, la traducción de contenidos científicos, además de buscar el objetivo de divulgar la ciencia, no puede haber dejado de contribuir a cimentar el uso de la lengua vernácula, algo en lo que los propios agentes (censores) creían, dada su defensa de las "buenas traducciones" (DeNipoti 2017a: 14). Es ampliamente aceptado que los informes de los censores son una valiosa fuente de información sobre el estado de la ciencia, el mundo literario y el teatro en el Portugal del siglo XVIII, a la vez que transmiten, en su crítica, las nociones dominantes sobre la traducción.
El siglo XIX fue testigo de un vertiginoso aumento de las obras traducidas y, de hecho, de la producción de libros en general, en parte como resultado de la apertura del régimen liberal al extranjero (1807-1890). Sin embargo, las obras marcadamente románticas tardaron en encontrar el favor del público. A mediados de siglo, los catálogos de las editoriales y las librerías seguían repletos de libros de corte religioso e histórico, casi como si los gustos no hubieran evolucionado desde el siglo XVIII (Anselmo 1997: 157). Sin embargo, la llegada de nuevos lectores al mercado era evidente, y la producción nacional no satisfacía sus necesidades. Ya en 1837, el novelista e historiador Alexandre Herculano (1810-1877) afirmaba que "los libros portugueses son tediosos" (1837, citado en Pais 1997: 125), una carencia que se dejaría sentir hasta el siglo XX, y que explica la amplia presencia de traducciones en el mercado del libro. Francia seguía aportando la lengua de origen y la cultura dominante. Las obras francesas fueron muy leídas en su idioma original, como atestigua, por ejemplo, Herculano en el texto mencionado. Pero es sobre todo el "diluvio de traducciones" (Rebelo da Silva, 1841), los "millares de traducciones intragables" (Garrett 1827) lo que lleva a seguir denunciando el daño que esta práctica causaba a la lengua portuguesa, como habían afirmado en el siglo XVIII Bocage, Filinto Elísio o José Agostinho de Macedo. En efecto, a lo largo del siglo XIX, grandes figuras del mundo literario portugués, como Garrett (1799-1854), Herculano, Castilho y, hacia el final del siglo, Fialho de Almeida (1857-1911), lamentaron y despreciaron cada vez más la forma en que Portugal era un "país traducido del francés", "un facsímil chapucero y burdo de Francia". Hay que destacar el ingenio lingüístico de Castilho al hacerse eco del portugués de estas traducciones, que él llamaba "desportugués", o de las novelas francesas traducidas, que eran perpetuamente "degeneradas y requetedegeneradas, reprensibles y requetereprensibles" (1865, citado en Pais 2013: 45).
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| António Feliciano de Castilho [Fuente] | Cubierta de la 1ª edición de la traducción portuguesa que hizo Castilho del Fausto de Goete |
Tras un intento inicial e infructuoso de traducir un extracto por parte de Almeida Garrett (1846), el joven diplomático portugués Agostinho d’Ornellas (1836-1901) asistió a una representación de la obra en Berlín que le impulsó a traducirla y publicarla íntegra (la Parte I en 1867 y las II en 1873). Esta traducción pasó virtualmente desapercibida a pesar de que el interés portugués en la cuestión permaneció inalterado (por ejemplo, el Fausto de Gounod se estrenó en el Teatro Nacional de São Carlos en diciembre de 1865, con 87 representaciones para comienzos de 1872). Sin embargo, es la traducción de Castilho (1872, reeditada en 1888, 1919 y 1938) la que se halla en el corazón de la cuestión. Castilho no tenía conocimiento alguno del alemán, por lo que recurrió a una traducción de su hermano, José Feliciano de Castilho (1810-1879), que a su vez contó con la asistencia del alemán Laemmert y su traducción interlineal. Castilho también se apoyó en la traducción de Ornellas y en cuatro versiones francesas en prosa (1872, cit. en Pais 1997: 148-154). La reacción fue rauda y en seguida se formaron dos bandos: a favor de Castilho se posicionó la élite intelectual romántica: Camilo Castelo Branco (1825-1890), el escritor, político e historiador Pinheiro Chagas (1842-1895) y el escritor germanófilo José Gomes Monteiro (1807-1879). A la cabeza de la oposición se encontraba Joaquim de Vasconcelos (1849-1936), un crítico de arte con formación alemana, a quien se considera el fundador de la historia del arte en Portugal. A él se unió un grupo de intelectuales con sólidos conocimientos de la lengua alemana (de los que Adolfo Coelho (1847-1919) y Teófilo Braga (1843-1924) eran los más conocidos). Ambos bandos se enzarzaron en una agria disputa que incluyó la publicación de libros para criticar o defender la traducción de Castilho. El grupo de oposición, en la estela de los objetivos trazados en la Cuestión de Coímbra, defendía la regeneración del panorama literario portugués a través de un cambio de modelos -especialmente, resistiéndose a la influencia francesa en el arte y la ciencia nacionales-, así como la aplicación de métodos más rigurosos al estudio y traducción de textos, inspirados en este enfoque por la Escuela Alemana de Filología (Seruya 1998: 163-179).
Aunque la Cuestión del Fausto había llamado la atención sobre la necesidad de rigor filológico, es decir, de respeto al original, lo cierto es que se siguieron aceptando "modulaciones significativas" en los textos que había que traducir, y las adaptaciones se aceptaron sin problema como traducciones (Silva 2014: 23ss). En otras palabras, hubo cierta falta de conciencia respecto a las exigencias de la traducción. A ello no ayudaba el escaso prestigio social del traductor, descrito acertadamente del siguiente modo por el militar y escritor Latino Coelho (1825-1891): "Los traductores son los soldados rasos de la literatura. Así como casi cualquier hombre puede ser soldado, casi cualquier hombre está capacitado para ser traductor" (Coelho 1851, 1919, citado en Bastos Silva 2014: 76).
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| Informe en contra de la traducción de un libro cuyo original condenaba la censura |
En el ámbito de los estudios de traducción en Portugal, se ha prestado especial atención al período que comienza en la década de 1930. Entre otras, cabe destacar iniciativas como las siguientes: la serie de coloquios Estudos de Tradução em Portugal, de la Universidade Católica Portuguesa (13 coloquios entre 1999 y 2018, con la participación de colegas de todas las universidades portuguesas y con los respectivos resultados publicados), y la bibliografía Intercultural Literature in Portugal 1930-2000: a Critical Bibliography, un proyecto aún en curso realizado por dos centros de investigación, el CECC -Centro de Investigación en Comunicación y Cultura, de la Universidade Católica Portuguesa-, y el CEAUL -Centro de Estudos Anglísticos da Universidade de Lisboa-.
Estas iniciativas ilustran algunos de los principales ámbitos en los que el siglo XX ha contribuido a la historia de la traducción en Portugal: el lento desplazamiento de la lengua y la cultura de origen dominantes hacia el inglés tras el final de la Segunda Guerra Mundial, simultáneamente con la llegada a partir de los años 50 de un número abrumador de traducciones procedentes de España para satisfacer las necesidades de entretenimiento de la creciente burguesía urbana (romances, westerns, novelas policíacas y de ciencia ficción). Esto condujo posteriormente a la aparición de los géneros juveniles nacionales, policíacos y de ciencia ficción, en un ámbito que hasta entonces había estado dominado por las traducciones. En consonancia con lo que venía ocurriendo desde la Primera República Portuguesa (1910-1926), se produjo también un aumento de las traducciones en el ámbito de las ciencias sociales, junto con la creación de instituciones de enseñanza superior en este campo (a partir de los años 60).
Potencial para la investigación
Ante nosotros se alza la tarea prodigiosa de escribir una hasta ahora inexistente historia de la traducción en Portugal, algo que no sucede en otros países y culturas, como en España. Un libro titulado Tradução e tradutores em Portugal: Um contributo para a sua história (Traducción y traductores en Portugal. Una contribución a su historia) se halla actualmente en preparación con la colaboración de investigadores procedentes de diversas universidades portuguesas y coordinado por Seruya. Su publicación está prevista para principios de 2023.
En cuanto a los periodos, los menos estudiados son los anteriores al siglo XVIII. Para rellenar esta laguna será preciso alcanzar mucha mayor diversidad en las competencias de los investigadores.
La principal carencia aún por ser abordada es un diccionario de traductores, un proyecto que será difícil y laborioso dada la escasez de fuentes.
A corto plazo, será preciso continuar y completar el proyecto bibliográfico Intercultural Literature in Portugal 1930-2000: a Critical Bibliography.






