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contenidos
Introducción | ¿Es universal la lengua de signos? | Historia de la interpretación de lengua signada | Convenciones internacionales que dan forma a la interpretación de lengua signada | Normativas internacionales | Perspectivas actuales en la formación de intérpretes | Asociaciones de intérpretes | Intérpretes y tecnología | Intérpretes sordos: un papel fundamental en la interpretación de lengua signada | Traductores sordos: custodios de la representación cultural | Interpretación de signos internacional: tendiendo puentes en la comunicación global | Potencial para la investigación
Para aquellos ajenos a este campo, el término intérprete de lengua de signos es una expresión de uso común. Sin embargo, en los últimos veinte años se ha producido un cambio en la investigación y la práctica de la interpretación que promueve el uso del término lengua signada, ya que es el equivalente gramatical de lengua oral, e igualmente se prefiere el uso de la expresión lengua de signos cuando se quiera aludir a una lengua específica, como la lengua de signos americana o la lengua de signos colombiana (Janzen 2005). La interpretación signada profesional surgió hace relativamente poco tiempo en la historia de la interpretación. Los primeros programas de formación profesional se establecieron en la década de 1960 (Ball 2013) en los Estados Unidos y, desde entonces, países de todo el mundo han implementado esta formación superior, incluyendo programas de máster y doctorado. Aunque la interpretación signada suele enmarcarse en el ámbito de la discapacidad, en realidad se trata de un derecho humano lingüístico y como tal se identifica en diversas convenciones internacionales como la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CNUDPD) y en legislaciones específicas sobre derechos humanos de muchos países. Hoy en día no es extraño ver a intérpretes de lengua signada trabajando en diversos actos multilingües, junto a sus colegas intérpretes de lengua oral.
Al igual que sucede con la interpretación en lengua oral, los intérpretes de lengua signada se enfrentan a una fuerte exigencia cognitiva, ya que no solo interpretan entre dos lenguas, sino entre dos modalidades lingüísticas: una lengua oral y una lengua signada, por ejemplo, español oral y lengua de signos peruana, o inglés y lengua de signos neozelandesa. Los intérpretes de lengua signada trabajan en una gran variedad de entornos, desde interpretación comunitaria o en los servicios públicos, conferencias, contextos médicos y de salud mental, entornos jurídicos y judiciales, procedimientos gubernamentales como debates parlamentarios, y medios de comunicación, por nombrar solo algunos. También emplean ambas modalidades de interpretación, simultánea y consecutiva, en función de la naturaleza del encargo.
Otra consecuencia de la fatiga cognitiva que comparten con los intérpretes de lengua oral es que, en muchos encargos, trabajan en equipos de interpretación, para garantizar que el trabajo sea de la máxima calidad y precisión. Los intérpretes de lengua signada pueden sufrir lesiones físicas debido a las exigencias musculoesqueléticas que supone mover las manos, los brazos y el torso para crear los signos. De ahí que las condiciones de trabajo deban permitir un descanso suficiente entre turnos de interpretación, y el trabajo en equipo contribuye a un entorno de trabajo eficaz que también puede prevenir lesiones.
Los intérpretes de lengua signada trabajan con el contenido que están oyendo y viendo, para elaborar un producto de interpretación significativo, que capte el contenido, el contexto, el propósito, el estilo y el tono de los interlocutores. Los intérpretes se preparan para los encargos y reciben formación en estrategias y técnicas para gestionar la complejidad, el ritmo y las exigencias de interacción del entorno y de las partes implicadas en la interacción.
A veces se hace referencia a los intérpretes de lengua signada como traductores, si bien la interpretación y la traducción son dos prácticas distintas. La traducción suele referirse a la producción de un texto escrito en una lengua meta a partir de un texto escrito en una lengua origen, por lo que la traducción permite al traductor preparar, editar y revisar el texto; es decir, el producto no se produce inmediatamente como en el caso de la interpretación. La traducción a lengua signada es también un área en creciente demanda, ya que los consumidores buscan traducciones a lengua signada de documentos gubernamentales, páginas web y contenidos estandarizados como himnos nacionales, instrucciones para actuar como jurado, exposiciones en museos u obras literarias como la poesía. El producto final es una traducción digital permanente, similar a la traducción final escrita.
¿Es universal la lengua de signos?
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| Manual de Wilkenson & Morford (2024) |
La interpretación de lengua signada requiere fluidez en una o más lenguas orales y signadas. Hay más de 200 lenguas de signos distintas y documentadas reconocidas en todo el mundo. Se trata de lenguas naturales utilizadas por las comunidades de personas sordas y sordociegas, y se construyen utilizando parámetros fonológicos visuales (como la forma de la mano, la localización del signo, la orientación de la palma y el movimiento) que funcionan como los componentes básicos del significado (Stokoe, Casterline & Cronberg 1965). Poseen su propia gramática, sintaxis y léxico, y no son meras versiones signadas de las lenguas orales (Stokoe, Casterline & Cronberg 1965; Sutton-Spence & Woll 1999). Por ejemplo, mientras que muchas lenguas orales siguen un orden sujeto-objeto-verbo, algunas lenguas signadas funcionan como lenguas que priorizan el tema y posponen el comentario. Además, al igual que las lenguas orales, las lenguas signadas presentan variaciones regionales en su léxico, a menudo influenciadas por factores geográficos, culturales o generacionales, y siguen evolucionando a medida que las comunidades incorporan nuevos conocimientos. Cabe destacar que la interpretación para personas sordociegas plantea retos únicos, ya que requiere un profundo conocimiento tanto de los métodos de comunicación táctil como de los ajustes visuales. Estos intérpretes deben adaptar sus habilidades y su entorno para satisfacer las diferentes necesidades de las personas con distintos grados de pérdida de visión (Petronio 2010).
En la década de 1960 comenzó la investigación histórica con estudios que documentaban las características únicas de las lenguas de signos, como la lengua de signos americana, la lengua de signos británica y la LIBRAS (la lengua de signos utilizada en Brasil). No obstante, existen numerosas pruebas que indican que las lenguas de signos se utilizaban mucho antes de que surgiera la investigación moderna; por ejemplo, los registros históricos documentan que la dinastía Tang en China contaba con una “lengua de manos” (Yang 2008).
En algunos países coexisten múltiples lenguas signadas, lo que refleja la rica diversidad lingüística dentro de una nación. Por ejemplo, Suiza reconoce cuatro lenguas signadas correspondientes a sus diferentes regiones lingüísticas: alemán, italiano, francés y las formas suizas de lengua de signos. En Canadá se utilizan tres lenguas signadas: la lengua de signos inuit, la Langue des Signes Québécois (LSQ) para los signantes francófonos y la American Sign Language (ASL) para los signantes anglófonos. A nivel mundial, las lenguas signadas indígenas están recibiendo cada vez una mayor atención por parte de los lingüistas y las comunidades locales gracias a los esfuerzos de revitalización lingüística y a los proyectos de documentación exhaustiva (Johnston 2003). Antes del dominio del inglés, la Plains Indian Sign Language (PISL) servía de lengua franca entre los diversos grupos de nativos americanos de las llanuras, lo que facilitaba una comunicación vital para las personas sordas y con dificultades auditivas. Asimismo, se están llevando a cabo esfuerzos de revitalización en las comunidades tribales, con un interés creciente en toda América del Norte (Davies 2016). Del mismo modo, las iniciativas de documentación lingüística en regiones como el Amazonas y Australia ponen de relieve la importancia de registrar las construcciones gramaticales junto con los datos etnográficos, históricos y arqueológicos para ampliar nuestra comprensión del patrimonio cultural (Epps & Michael 2017).
Por último, cabe prestar atención al concepto de sistema de signos internacional (SSI). Se trata de una forma de comunicación que ha surgido entre las personas sordas que no comparten un lenguaje de signos común. A pesar del mito generalizado de que existe una lengua de signos universal, las lenguas de signos nacionales han evolucionado de forma independiente, a menudo con un contacto mínimo entre ellas. Los registros históricos de la Europa del siglo XIX muestran que las personas sordas ya utilizaban la comunicación gestual internacional. Hoy en día, si bien este sistema de signos internacional varía significativamente en función del contexto, se ha estandarizado en cierta medida en entornos formales, como las reuniones internacionales de la Federación Mundial de Personas Sordas (WFD, por sus siglas en inglés), las Sordolimpiadas, las conferencias de las Naciones Unidas y las sesiones del Comité de las Naciones Unidas sobre la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad. El sistema de signos internacional incorpora muchas características gramaticales comunes a las lenguas signadas, como el uso del espacio, la direccionalidad, la personificación y los movimientos expresivos y mímicos de las manos, lo que respalda la opinión de que representa un enfoque translingüístico de la comunicación más que una lengua totalmente independiente.
Historia de la interpretación de lengua signada
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| Mutus: mensajero “sin lengua” (dilsiz) en el Imperio otomano. [Fuente] |
Tal y como señala Bauman (2008), la interpretación de lengua signada existía en la Antigüedad, como atestiguan las primeras menciones escritas de la lengua de signos en el Crátilo de Platón, del siglo V AEC. En este diálogo, Sócrates se refiere a las “personas mudas” como aquellas que carecen de voz y se comunican mediante signos. Aunque no hay pruebas directas de la existencia de intérpretes de lengua de signos durante este periodo, es plausible que hubiera personas que actuaran como intermediarias entre personas sordas y oyentes (Russell & Nicholson 2022). Los primeros testimonios, como el uso de intérpretes sordos en el Imperio Otomano entre los siglos XIV y XIX, ilustran el papel que han desempeñado desde tiempos inmemoriales las lenguas signadas para promover el la accesibilidad y la comprensión (Stone & West 2012).
Desde el siglo XIX y hasta la actualidad, ha existido un modelo de mediación lingüística, en el que las personas sordas criadas en familias sordas y educadas en escuelas tradicionales para sordos compartían sus habilidades lingüísticas con otros miembros de la comunidad sorda, mediando en la comprensión de cartas, facturas o documentos legales que se llevaban a un miembro de confianza de la comunidad para que se los explicara (Adam, Carty & Stone 2011). Aunque la mediación lingüística sigue existiendo de manera informal en la comunidad, la profesión de intérprete de lengua signada ha evolucionado, lo que pone de manifiesto la creciente necesidad de una comunicación equitativa entre personas sordas y oyentes. Los intérpretes pueden ser sordos y no sordos y, a efectos de esta entrada, el término intérpretes se refiere a todos ellos, independientemente de su estado auditivo (Russell & Shaw 2016).
Este avance de la mediación lingüística informal a la interpretación profesional de lengua signada durante la década de 1960 pone de relieve no solo la evolución del papel de los intérpretes, sino también, y de manera más general, los cambios sociales y jurídicos que han contribuido a la creciente demanda de estos servicios (Ball 2013). Antes de la década de 1960, había pocos centros que formaran a intérpretes de lengua signada. Sin embargo, conforme fue creciendo el interés por la investigación sobre la lengua signada, que contribuyó a identificar las lenguas signadas como lenguas distintas, surgió, a su vez, el deseo de que los intérpretes de lengua signada recibieran una formación reglada en signos y una capacitación que los preparara para interpretar en contextos profesionales, como en la educación superior, los servicios públicos y los entornos jurídicos, además de las conferencias. Ball (2013) indica que, en 1948, en el Central Bible Institute de Missouri, Estados Unidos, nació el primer programa de formación en toda Norteamérica a manos de Lottie Reikehof. A medida que las universidades y organizaciones comenzaron a ofertar “la lengua de los sordos” como asignatura con créditos, se empezó a reconocer la necesidad de formar intérpretes, ya que cada vez más personas sordas se incorporaban al mercado laboral. En parte, se le debe a Estados Unidos la creación de programas de formación de intérpretes, que se desarrollaban a la par que leyes de integración profesional. Esta legislación amparaba el derecho de las personas sordas a acceder a una educación y formación no discriminatorias.
En 1963 se celebró la primera reunión nacional de formadores de intérpretes en la Ball State University, donde se propuso establecer los parámetros de los programas de interpretación y se concedió financiación federal al National Technical Institute for the Deaf de Rochester, en Nueva York, para crear un segundo programa de interpretación. A partir de este momento, se puso en marcha la formación de intérpretes en todo Estados Unidos y muchos países siguieron su estela.
Varios investigadores coinciden en que el año 2004 fue un año crucial tanto para los intérpretes de lengua oral como para los de lengua signada, pues se produjo un cambio notable en la diversidad de los estudios publicados sobre traducción e interpretación en todo el mundo. Para aquel entonces, los académicos y los intérpretes profesionales ya publicaban trabajos que participaban de disciplinas de todo tipo, como los estudios cognitivos, la lingüística, las ciencias sociales, la psicología, la teoría social y la antropología (Nicodemus & Swabey 2011; Pöchhacker 2004; 2022).
La demanda mundial actual de intérpretes de lengua signada está en aumento, en parte debido a las directrices sobre derechos humanos y derechos lingüísticos, como la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CNUDPD) y las leyes nacionales que apoyan el acceso a la información a través de servicios de interpretación. Nueva Zelanda es uno de los pocos países cuya constitución reconoce la lengua signada nacional, lo que ha dado lugar a un incremento de los esfuerzos de revitalización lingüística, a la prestación de servicios en lengua de signos neozelandesa (NZSL, por sus siglas en inglés) y a la impartición de formación oficial para intérpretes a nivel universitario. No obstante, existe, asimismo, una gran escasez de intérpretes formados y cualificados, de modo que, en países como China, cuya población sorda ronda los 20 millones de ciudadanos, solo hay 600 intérpretes. Esta escasez pone de relieve la vital importancia de promover una formación de calidad para intérpretes en todo el mundo, a fin de disponer de intérpretes suficientes para satisfacer la demanda.
International conventions shaping signed language interpreting
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Logo de las conferencias de la Convención de la ONU sobre los derechos de las personas con discapacidad |
La profesión de intérprete de lengua signada también se ha visto influida por acontecimientos internacionales, como la creación de la CNUDPD. Esta convención se elaboró con el fin de promover los derechos de las personas con discapacidad y ha sido ratificada por 182 de los 193 Estados miembros de la ONU. La CNUDPD es el resultado de la presión y el liderazgo de la Federación Mundial de Personas Sordas, y especifica las situaciones en las que se requiere un intérprete profesional. Esto último supuso un cambio significativo en la agenda de la ONU sobre las personas sordas y los intérpretes, y ha tenido un impacto positivo a nivel mundial. De Meulder & Murray (2017) entienden la CNUDPD como un instrumento de derechos humanos diseñado para garantizar que la ciudadanía sorda tenga acceso a la información pública, política y de cualquier índole al mismo tiempo que la ciudadanía no sorda. La CNUDPD cuenta con varios artículos que se refieren específicamente a las lenguas de signos, herramienta que las comunidades sordas han utilizado con eficacia para presionar a favor de la formación de intérpretes profesionales, el reconocimiento de las lenguas signadas nacionales y el acceso a una educación bilingüe que incluya a profesionales de la educación que dominen la lengua de signos. Si bien existen otras convenciones de importancia para la ciudadanía sorda, como la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño o las convenciones de las Naciones Unidas relacionadas con la ayuda humanitaria en casos de desastres naturales, la CNUDPD subraya la importancia de la presencia de intérpretes profesionales en todos los contextos que implican comunicación.
Sin embargo, hay países signatarios de la CNUDPD que no han tomado medidas para reconocer su(s) lengua(s) signadas nacional(es) y, por lo tanto, no han implementado las medidas necesarias para lograr la inclusión prevista inicialmente. Menos de cincuenta países han reconocido oficialmente su lengua signada nacional, y hay otros países que, si bien la han reconocido en teoría, en la práctica no han tomado medidas tangibles para implementar los principios asociados a la educación bilingüe, el acceso a la información pública y la formación de intérpretes. Cada país puede elaborar lo que se conoce como informe paralelo, que se comparte con la CNUDPD durante el período de revisión quinquenal exigido a todos los países signatarios. Este informe lo suelen elaborar organizaciones que agrupan a personas con diferentes discapacidades, y en él se critica la falta de progresos del gobierno y se hacen recomendaciones para un mejor cumplimiento de la CNUDPD durante el quinquenio siguiente. No obstante, es un hecho que los objetivos de las organizaciones de personas sordas a menudo no ocupan un lugar privilegiado en estos informes sobre discapacidades múltiples. Por ello, se necesita un seguimiento constante, presión política y esfuerzos diplomáticos por parte de las organizaciones de personas sordas y sus aliados. La situación es más crítica en aquellos países en los que hay una falta de conciencia sobre los derechos humanos y lingüísticos de las personas o donde faltan recursos para apoyar el trabajo de las asociaciones de personas con discapacidad y sordas. En estos casos, la pasión del voluntariado ejerce presión a los gobiernos para abogar por una verdadera implementación de medidas, pero, sin un equipo de intérpretes cualificado es muy difícil conseguir una audiencia con funcionarios gubernamentales y mucho menos educar a políticos y funcionarios sobre las lenguas de signos y los derechos de los usuarios.
| Principios y objetivos de la WASLI (Asoc. Mundial de Intérpretes de Lengua de Signos) [Fuente] |
Normativas internacionales
Al igual que las convenciones internacionales han desempeñado un papel importante en la configuración de la interpretación de lengua signada, también lo ha hecho la Organización Internacional de Normalización (ISO). La ISO crea normativas de requisitos significativas en muchos sectores, y cuenta con un Comité Técnico (TC37) que se encarga de la normativa relacionada con la interpretación, la traducción y los equipos utilizados para prestar servicios de interpretación. Si bien históricamente estas normas se han centrado en los intérpretes de lenguas orales, desde 2018 los intérpretes de lengua signada han formado una parte integral de las normativas. Es decir, a partir de ese momento, las normas se aplican por igual a la interpretación de lenguas orales y signadas, lo que pone de manifiesto las competencias y requisitos comunes entre los profesionales de la interpretación y la traducción. Tanto la Asociación Mundial de Intérpretes de Lenguaje de Signos (WASLI, por sus siglas en inglés) como la Asociación Internacional de Intérpretes de Conferencias (AIIC) cuentan con expertos que han participado en el desarrollo y han aportado la experiencia de los intérpretes de lenguas signadas y orales a muchas de las normas publicadas. Entre las normas que han respaldado la profesión de intérprete de lengua signada destacan la interpretación en los servicios públicos, los requisitos generales para la interpretación, la interpretación en el ámbito sanitario, la interpretación de conferencias, la interpretación judicial y jurídica y el equipo necesario para la interpretación simultánea.
En 2024, la ISO inició el desarrollo de una nueva norma que identifica específicamente los requisitos y recomendaciones para el entorno de trabajo de los intérpretes de lengua signada. La norma tiene por objeto articular los requisitos únicos necesarios para la interpretación simultánea realizada por intérpretes de lengua signada. Será la primera norma que se ocupe específicamente de los intérpretes de lengua signada y, una vez publicada, su alcance será mundial.
Asimismo, la ISO publicó una norma técnica sobre la formación de intérpretes (ISO:TS 6253:2024), en la que se describen las habilidades y la formación necesarias para la interpretación en los servicios públicos y en la que se estipula el contenido básico que se considera común a todos los países. La norma se aplica a la formación de intérpretes de lengua oral y de lengua signada, y puede ser útil para los países que están en vías de desarrollar una formación reglada para los intérpretes de lengua signada. Esta norma no se aplica a las universidades que ya cuentan con programas existentes. El desarrollo de la norma puso de relieve que muchos países carecen de formación para intérpretes de lengua oral para los servicios públicos, mientras que los programas de lengua signada se han centrado históricamente en la formación para la interpretación en los servicios públicos. Esta norma es un trabajo en curso, con planes de mejora y revisión que la conviertan en una norma integral que identifique los componentes básicos fundamentales del plan de estudios para los intérpretes, así como las cualificaciones que deben tener quienes imparten estos programas.
Perspectivas actuales en la formación de intérpretes
Si bien el origen de la formación de intérpretes se remonta a los Estados Unidos, resulta útil examinar el contexto actual de la formación de intérpretes desde una perspectiva global. Napier (2009) y Napier, Webb & Adam (2025) editaron dos volúmenes que recogen ejemplos de la formación de intérpretes públicos en unos 31 países. Scott Gibson (2009) sugiere que en el primer volumen se percibe una constante por la que los países que se esfuerzan por hacer más y mejor, e insta a los intérpretes y docentes a evitar programas de formación idénticos o a permitir que los países con más experiencia impongan sus conocimientos a aquellos que están empezando a impartir formación. Russell (2019) explica que esta filosofía procede de una publicación de la Asociación Mundial de Intérpretes de Lenguaje de Signos, las WASLI Educational Guidelines (2011/2017). Dichas directrices destacan la importancia de trabajar con los líderes nacionales de las comunidades de personas sordas e intérpretes en el desarrollo de los programas de formación y de garantizar que la lengua de signos del país se utilice sin interferencias de una lengua signada dominante, como la lengua de signos americana o la lengua de signos británica.
| Los inicios de un programa de formación en Kosovo (en LSK). [Fuente] |
Los países con una larga tradición en materia de legislación sobre derechos humanos y en universidades que ofrecen titulaciones en lingüística, traducción o interpretación de lenguas orales suelen ser pioneros en la introducción de programas en los que el alumnado tiene la posibilidad de aprender la lengua signada nacional y, si tienen las competencias lingüísticas necesarias, acceder a un programa de formación de intérpretes. Estos programas se han impartido durante años en centros de enseñanza superior en forma de diplomaturas y, en los últimos veinte años, se ha impulsado la conversión de los programas de formación de intérpretes en programas de grado, si bien en algunos países la formación de intérpretes sigue impartiéndose fuera de los programas universitarios. En los años 80 y 90 surgió un nuevo reto: el enfoque pedagógico y el plan de estudios de muchos programas de interpretación se centraban en la interpretación de conferencias, dejando de lado la interpretación en los servicios públicos. Sin embargo, conforme fueron creciendo la investigación y los estudios sobre la interpretación de lengua signada, también crecía la atención que se prestaba a los enfoques curriculares destinados a formar intérpretes que poseyeran las habilidades lingüísticas, interpretativas, interculturales y éticas necesarias para el ejercicio profesional eficaz a nivel generalista y de interpretación en los servicios públicos.
Por el contrario, los países con menos recursos, tanto económicos como políticos, cuentan con otras vías para formar intérpretes. Russell (2019) pone como ejemplo el trabajo de Hoti & Emerson (2009) sobre el inicio de la formación en Kosovo, donde la asociación local de personas sordas y un socio internacional identificaron a los posibles estudiantes, que fueron seleccionados por su capacidad para utilizar la lengua de signos de Kosovo (KSL) y por contar con la confianza de la comunidad sorda. A continuación, estos estudiantes asistieron a clases de profesores invitados de otros países, quienes trabajaron con la comunidad local de personas sordas para impartir el programa a través de módulos de corta duración. Este modelo de formación requería que, con anterioridad al inicio del programa, el país documentara la lengua signada nacional y garantizara la formación en derechos humanos de las personas sordas antes de pasar a la formación de intérpretes. Kosovo ha pasado de ser un país sin acceso a la formación de intérpretes a contar con formación impartida por la comunidad de personas sordas, al reconocimiento gubernamental de la KSL y al desarrollo de servicios de interpretación. En la actualidad, el país ofrece un completo programa de formación de intérpretes que imparte en colaboración con una universidad local.
En los últimos años ha cambiado la manera en la que se imparte la formación. Mientras que algunos países han mantenido el modo tradicional de docencia presencial, otros han implementado programas híbridos o mixtos en los que algunas clases requieren la asistencia presencial y otras se imparten de forma virtual. Este cambio ha sido posible gracias al considerable avance de la tecnología, que favorece el aprendizaje en línea. De esta manera, la formación se imparte a nivel local, nacional, regional e internacional, y se reducen las barreras económicas que se derivan del desplazamiento para asistir a programas de interpretación. Además, el aprendizaje en línea cuenta con otra ventaja: los países pueden acceder a profesorado de otras zonas geográficas para aportar conocimientos y experiencia específicos que sus docentes locales no poseen. No obstante, el aprendizaje virtual tiene sus inconvenientes, en particular para el aprendizaje de la lengua signada, pues a veces resulta difícil ver los parámetros de los signos en una pantalla plana y bidimensional. Asimismo, es complicado garantizar que las clases de técnica de interpretación, diseñadas para simular situaciones reales, se estructuren de manera que proporcionen experiencias significativas y feedback. Además, para los países con pocos recursos existen barreras adicionales: el ancho de banda, la conexión a Internet y los costes extra. Por otra parte, algunas comunidades de personas sordas han manifestado su preocupación por la calidad de los egresados, pues afirman que las habilidades lingüísticas y de interpretación no son tan sólidas como cuando la formación se ofertaba de manera presencial.
Por último, a medida que la profesión de intérprete de lengua signada va evolucionando, la naturaleza de esta práctica cambia también, y en algunos países cada vez hay más oportunidades no solo de adquirir una formación general, sino también de especializarse en un área concreta. Por ejemplo, en algunos países tanto los intérpretes de lengua oral como los de lengua signada pueden acceder a formación avanzada en interpretación sanitaria, interpretación de conferencias y/o interpretación jurídica y obtener una acreditación que refleje esas competencias. También hay intérpretes de lengua signada que trabajan para profesionales específicos con sordera, ya sean académicos, ingenieros, médicos, etc.
| Maya de Wit, la primera intérprete de lengua signada en ser admitida en la AIIC (2014) en una presentación de su investigación doctoral sobre la interpretación en lengua de signos internacional. [Fuente] |
La formación de intérpretes de lengua signada y la oferta de desarrollo profesional continuo suelen ser fruto del trabajo de asociaciones profesionales de intérpretes. En 1967 se fundó en Estados Unidos la primera asociación de intérpretes de la que se tiene constancia. Surgió a raíz de la necesidad de establecer las cualificaciones de los intérpretes y mantener un registro de estos profesionales. El Registro de Intérpretes para Personas Sordas (RID, por sus siglas en inglés) sigue existiendo en la actualidad y representa los intereses de unos 16 000 intérpretes. La labor de este registro allanó el camino y muchos países siguieron su estela. En función del recorrido de las asociaciones, existen dos grupos de países: aquellos que fundaron asociaciones a principios de la década de 1970, como Canadá, Reino Unido, Japón y Australia; y aquellos que formaron asociaciones a partir la creación de la Asociación Mundial de Intérpretes de Lenguaje de Signos (WASLI) en 2005. Parte de la agenda de la WASLI ha consistido en apoyar el desarrollo de asociaciones de intérpretes para abogar por mayores oportunidades de formación en el seno de esta profesión, así como el desarrollo de directrices éticas para la profesión en el marco del contexto cultural de cada país.
En la actualidad, la WASLI cuenta con unos 70 países como miembros nacionales y 3 asociaciones regionales, lo que eleva el número de intérpretes de lengua signada representados a aproximadamente 30 000. Además, esta asociación se ha propuesto apoyar la necesidad de que los intérpretes sordos tengan oportunidades de formación y empleo, así como crear redes de apoyo dentro de las asociaciones de intérpretes. Si bien hay 182 países que han ratificado la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, que aborda la necesidad de contar con intérpretes profesionales y capacitados, todavía hay países que tienen dificultades para crear asociaciones de intérpretes o mantenerlas. Latinoamérica ha logrado crear doce asociaciones de intérpretes desde 2007, mientras que el continente africano se ha enfrentado a dificultades a la hora crear organismos profesionales que brinden apoyo a los intérpretes. Algunas de estas dificultades las generan las barreras financieras o el acceso a tecnología que permita un contacto más regular entre los intérpretes, especialmente en las zonas rurales o remotas. No obstante, también hay barreras de carácter sistémico, como las políticas gubernamentales. Por ejemplo, en China, los ciudadanos sordos deben formar parte de organizaciones de personas con discapacidad y no se les permite formar sus propios organismos independientes, lo cual tiene consecuencias para los intérpretes que desean crear una asociación independiente.
Recientemente, la AIIC también ha ampliado sus categorías de miembros para incluir a intérpretes de lengua signada y, de esta manera, ha creado una red de intérpretes especializados en la interpretación de conferencias. En 2014, Maya de Wit fue la primera intérprete de lengua signada admitida en la AIIC. Desde entonces, varios intérpretes de lengua signada de Europa, América Latina y Australia se han unido a la AIIC.
Las asociaciones de intérpretes a nivel local, nacional e internacional aportan un gran valor a la profesión, ya que trabajan por que se mejoren las normas, se garanticen condiciones de trabajo más seguras, se creen códigos éticos y directrices de conducta profesional y se fomente el desarrollo profesional continuo.
La llegada de Internet y los avances tecnológicos han revolucionado los métodos de comunicación de nuestra sociedad. Napier, Skinner & Braun (2018) señalan que hoy en día los países occidentales en particular hacen uso de la tecnología para comunicarse de diferentes formas: por llamadas y videollamadas punto a punto, conferencias telefónicas y vídeos en directo. Las telecomunicaciones digitales han transformado la manera en que las personas realizan gestiones personales y profesionales en un solo idioma, pero también entre dos idiomas (Napier, Skinner & Braun 2018). La revolución de las telecomunicaciones ha hecho posible que la tecnología transforme casi por completo el campo de la interpretación de lengua signada. Nuevas herramientas y plataformas, como la interpretación a distancia o remota por vídeo (VRI, por sus siglas en inglés) y los servicios de retransmisión de vídeo (VRS, por sus siglas en inglés), han ampliado el alcance y la eficiencia de los intérpretes, ya que sus entornos de trabajo son locales, nacionales o internacionales. Estas innovaciones digitales han mejorado la comunicación y la accesibilidad de manera significativa. Desde la pandemia, ha aumentado la demanda de interpretación remota, y muchos intérpretes de lengua signada trabajan desde casa. Las plataformas virtuales se han vuelto esenciales, y los intérpretes y las organizaciones tuvieron que adaptarse rápidamente, a pesar de que muchos intérpretes tenían poca o ninguna experiencia previa en la interpretación remota (Russell & Nicholson 2022). En cambio, la tecnología ha resultado útil para los servicios de retransmisión de vídeo, a través de los cuales las personas sordas pueden realizar llamadas telefónicas mediante Internet y tecnologías basadas en teléfonos móviles. Quienes llaman a través de estos servicios se conectan con un intérprete de lengua signada que ofrece interpretación en tiempo real para las llamadas telefónicas. Si bien ambos dependen de la banda ancha para conectar a las personas sordas y oyentes con los intérpretes, los VRS y los VRI difieren en sus retos operativos.
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Imagen de una llamada: el esfuerzo adicional que realizan las personas sordas para tener acceso a través del vídeo [Source] |
Un gran desafío a nivel mundial es que los servicios están regulados de diferentes maneras. En Estados Unidos, los VRS están regulados por la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), mientras que en Canadá están supervisado por la Comisión Canadiense de Radio, Televisión y Telecomunicaciones (CRTC). Además, los requisitos de registro, las regulaciones y las tarifas de los VRS difieren en cada país. Aquellos países que comenzaron a usar los VRS solo para los lugares de trabajo están ampliando los servicios para que los beneficios lleguen a la vida cotidiana. Otros países comenzaron a utilizar los VRS para un horario limitado, pero, dadas sus ventajas, lo ampliaron a las 24 horas del día. Por desgracia, este servicio no se ofrece en todos los países del mundo. En 2025, se proporcionaban servicios VRS en un pequeño número de países, entre los que se encontraban Canadá, China, Colombia, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Finlandia, Francia, Alemania, Suecia, Suiza y el Reino Unido. En Europa, toda la interpretación de audio y video se clasifica como interpretación remota por vídeo o VRI, sin distinguir entre VRS y servicios VRI (Napier, Skinner & Braun 2018).
No obstante, las plataformas tecnológicas impiden a los intérpretes en los servicios públicos aprovechar la cercanía que suelen tener con su comunidad sorda local. Tal y como señalan Russell & Nicholson (2022), los intérpretes en los servicios públicos suelen trabajar in situ, lo que les permite interactuar con la comunidad sorda local y familiarizarse con el discurso, el léxico y las claves contextuales regionales. De la misma manera, al familiarizarse con usuarios sordos específicos, pueden alternar entre los modos de interpretación consecutiva y simultánea sin problemas. Por el contrario, los intérpretes en entornos VRS/VRI trabajan con personas sordas y no sordas de todo el país o continente, y a menudo se acumula la presión de brindar una interpretación simultánea rápida con usos desconocidos de la lengua regional. Además, hay ciertos contextos que requieren de la interpretación presencial, como los entornos médicos y de salud mental, pero que en los que ahora hay intérpretes remotos. El uso en los servicios de interpretación remota por vídeo en contextos sanitarios ha levantado ampollas en la comunidad sorda, pues su implementación ha llevado a algunos de sus miembros a presentar denuncias basadas en la falta de respeto de los derechos humanos (Russell & Nicholson 2022). La situación se repite en contextos jurídicos, en los que ha aumentado el uso de interpretación simultánea para testigos dada la disponibilidad de la tecnología (Braun 2015; Valero-Garcés 2015; Russell & Takeda 2015 citados en Russell & Nicholson 2022).
Los avances en inteligencia artificial (IA) podrían optimizar aún más los servicios de interpretación. No obstante, plantean cuestiones como la precisión, la ética y la conexión humana fundamental que brindan los intérpretes humanos. Los “avatares de lengua de signos” en entornos virtuales conllevaría representaciones digitales que adoptan la forma de personajes animados que interpretan en una lengua signada. Estos avatares están diseñados específicamente para comunicarse mediante lenguas signadas. En 2018 comenzaron las críticas a estos avatares, tal y como observan Zante, de Winde & Berthier (2024). Tanto la Federación Mundial de Sordos (WFD) como la Asociación Mundial de Intérpretes de Lengua de Signos (WASLI) expresaron su preocupación, argumentando que las traducciones automáticas carecen de la calidad de los intérpretes humanos, especialmente a la hora de transmitir matices sociolingüísticos y socioculturales. Además, en emergencias, cuando la precisión es fundamental, los avatares no constituyen la opción óptima debido a su alto riesgo de error y a su incapacidad de facilitar la comunicación bidireccional, lo que impide a las personas sordas buscar aclaraciones o dialogar (Zante, de Winde & Berthier 2024).
Por último, Leeson, Morriesy, Stein et al. (2024) señalan que, si bien la traducción automática es un área de interés emergente para los intérpretes de lengua signada, pues no dejan de producirse avances en las áreas de reconocimiento de signos a texto y de texto a signos, muchos de estos avances se han producido sin consultar a la comunidad sorda, lo que ha dado como resultado productos que no son aptos para las lenguas signadas naturales. Sin embargo, a medida que más ingenieros sordos trabajen en esta área de especialización, se tendrán más en cuenta las experiencias de los usuarios finales sordos.
Intérpretes sordos: un papel fundamental en la interpretación de lengua signada
A la hora de prestar servicios de interpretación, cada vez más países incluyen a los intérpretes sordos (DI, por sus siglas en inglés) como parte fundamental del servicio. Los intérpretes sordos son intérpretes profesionales de lengua de signos con hipoacusia. A diferencia del resto de intérpretes de lengua de signos, las experiencias vividas les proporcionan un profundo conocimiento cultural de la comunidad sorda. Su labor va mucho más allá de la traducción lingüística, pues su figura suele estar asociada a la mediación cultural, de manera que garantizan que la comunicación es precisa y se adhiere al contexto cultural. El papel fundamental que desempeñan se percibe cada vez más como esencial a la hora de fomentar interacciones equitativas entre personas sordas y no sordas en diversos contextos, como el jurídico, la atención médica, los servicios sociales y los eventos internacionales (Adam, Carty & Stone 2010; McDermid 2010). Por desgracia, ciertos prejuicios persisten: hay quienes creen que los intérpretes sordos asisten solo a personas con habilidades limitadas en lengua signada o en contextos especializados como la comunicación de personas sordociegas. No obstante, los intérpretes sordos brindan grandes beneficios en diversos contextos, como en entornos educativos, donde pueden trabajar junto a los intérpretes oyentes para presentar el contenido con mayor claridad, de manera que los estudiantes sordos puedan comprender material complejo sin un esfuerzo cognitivo excesivo. En contextos sanitarios y jurídicos, su capacidad para captar expresiones sutiles y ajustar la comunicación en tiempo real ayuda a prevenir malentendidos y errores (Sheneman 2020). Asimismo, cabe destacar que los intérpretes sordos aportan un conocimiento extralingüístico único (Deaf Extra-Linguistic Knowledge o D-E-L-K) que refleja la experiencia vivida a la hora de sortear barreras sistémicas. Es esta experiencia la que les permite traducir de manera eficaz, no solo trasladando palabras, sino transmitiendo el significado y los matices culturales del mensaje. Su habilidad a la hora de utilizar clasificadores, descripción y gramática espacial les permite transmitir el mensaje de forma que mejore la comprensión de la persona sorda, así como la claridad y precisión de la comunicación (Sheneman 2020).
| Conocmiento extralingüístico y conocimiento extralingüístico de las personas sordas [Fuente] |
Las competencias lingüísticas de los intérpretes sordos pueden abarcar múltiples lenguas signadas, comunicación gestual y estrategias adaptativas en función de los estilos y necesidades de comunicación. En calidad de mediadores culturales, los intérpretes sordos median entre las comunidades sordas y oyentes para garantizar una comprensión precisa, sobre todo en situaciones especialmente sensibles, como los contextos jurídicos y sanitarios (Adam, Carty & Stone 2010; McDermid 2010). Además, trabajan con un intérprete no sordo en relé, de manera que el intérprete sordo ajusta la interpretación de su compañero al idioma de destino del usuario. Su función a menudo trasciende el modelo de interpretación convencional (son más que un simple conducto), pues aprovechan su experiencia cultural y lingüística para gestionar interacciones complejas. Uno de los desafíos más importantes para los intérpretes sordos profesionales es la obligación ética de mantener la imparcialidad y no ofrecer consejos a pesar de pertenecer a la comunidad sorda.
Para muchos intérpretes sordos, su lengua signada nacional es su L1 o lengua A. Las estrategias lingüísticas y de interpretación de un intérprete sordo a menudo superan a las de los intérpretes no sordos que trabajan en su lengua B (Russell & Nicholson 2023). Además, Stone (2009) explica que los intérpretes sordos tienden a producir interpretaciones de mayor calidad al adoptar una perspectiva participante, utilizando técnicas como la acción y diálogo construidos, en contraste con la perspectiva más distante de observador que suelen utilizar otros. Además, algunos estudios sugieren que los intérpretes sordos a menudo muestran mayor cohesión, un uso más efectivo de la mirada, la afirmación, la negación y la prosodia, y un mejor aprovechamiento del entorno cognitivo compartido (Stone 2009), si bien el rendimiento individual varía entre los intérpretes sordos y no sordos. Sin embargo, Russell, Nicholson & Howard (2024) documentan en su estudio que los intérpretes sordos no son universalmente aceptados por los usuarios y las comunidades sordas. Hay intérpretes sordos muy eficaces y hay intérpretes no sordos igualmente eficaces, por lo que cada tarea requiere evaluar las necesidades particulares de lo que la tarea requiere, así como qué proveedor de servicios es el más adecuado o el preferido.
En muchos países, el gran reto es el acceso limitado de los intérpretes sordos a oportunidades de formación. Además, no reciben el mismo reconocimiento profesional que los intérpretes oyentes. La ausencia de vías estandarizadas de formación y acreditación a menudo limita su desarrollo profesional (Adam, Aro, Druetta et al. 2014; McDermid 2010). A pesar de estos obstáculos, sus contribuciones tienen un alto valir, ya que reducen la ansiedad comunicativa y validan la identidad cultural de las personas sordas, a la vez que brindan servicios de interpretación precisos y eficaces.
Un estudio sobre intérpretes de lengua de signos sordos reveló que aproximadamente un tercio experimentó estrés traumático secundario (ETS). Los intérpretes de lengua de signos sordos registraron niveles similares de ETS y satisfacción por compasión, pero menos agotamiento que los intérpretes no sordos. El estudio pone de relieve la necesidad de formación y apoyo específicos para ETS que hagan hincapié en estrategias para sobrellevar el estrés como el debriefing, el autocuidado y la toma de decisiones éticas para preservar la salud mental y la eficacia en a la hora de ejercer su papel, que resulta fundamental (Chovaz, Russell, Nicholson et al. 2023).
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| Aeropuerto de Toronto, traducción en sistema de signos internacional de un anuncio pregrabado [Fuente: Debra Russell] |
Traductores sordos: custodios de la representación cultural
Además de los intérpretes sordos, también hay traductores sordos que hablan con fluidez una lengua signada y una lengua escrita. Estos traductores desempeñan un papel fundamental a la hora de preservar y transmitir la riqueza cultural y lingüística de la comunidad sorda. A menudo su labor conlleva la traducción de textos escritos a lengua signada y viceversa, y velan por que los matices y el contexto cultural se representen con precisión. Su trabajo suele plasmarse en formato digital; por ejemplo, la traducción de sitios web gubernamentales a la(s) lengua(s) signadas nacional(es). Esta tarea es vital para la transmisión cultural y el empoderamiento, en particular para reducir las brechas de comunicación entre personas sordas y oyentes (Adam Carty & Stone 2011).
Investigaciones recientes, como el estudio de Chan (2020) sobre traductores sordos en Hong Kong, revelan cómo los traductores se adaptan a la ausencia de un léxico estandarizado en la lengua de signos de Hong Kong (HKSL, por sus siglas en inglés). Aprovechando su flexibilidad lingüística y su conocimiento cultural, los traductores sordos desarrollan estrategias innovadoras para transmitir el significado de forma eficaz. Su trabajo pone de manifiesto la necesidad de involucrar a las personas sordas en todas las etapas de la investigación y la práctica de la traducción para garantizar la competencia y la precisión cultural (Chan 2020). Estudios posteriores de Stone & West (2012) y Forestal & Cole (2018) destacan las complejidades de la traducción en este campo, y abogan por estrategias que mantengan la integridad de las lenguas de origen. Estos esfuerzos subrayan el reconocimiento cada vez mayor de los traductores sordos como personas que contribuyen de forma indispensable a la representación lingüística y cultural.
Interpretación de signos internacional: tendiendo puentes en la comunicación global
Uno de los aspectos únicos de la comunidad sorda y de las lenguas signadas es su capacidad para encontrar estrategias lingüísticas para comunicarse entre lenguas signadas. Si bien la bibliografía científica está dividida sobre si este fenómeno constituye una lengua propiamente dicha o si se describe más acertadamente como sistema de signos internacional (SSI), no cabe duda de que las comunidades sordas han interactuado durante siglos en todo el mundo y han tenido formas de comunicarse utilizando diferentes lenguas signadas. Por ejemplo, en 1900 la Exposición Universal de París constituyó un evento que puso de relieve las conexiones globales entre las personas sordas. El sistema de signos internacional constituye un modo de comunicación unificador para la comunidad sorda global que integra elementos de diversas lenguas de signos con una gramática icónica y simplificada para adaptarse a diversos contextos lingüísticos. En la década de 1970 los intérpretes de SSI surgieron por primera vez en eventos internacionales para sordos, como los Juegos Sordolímpicos, ahora conocidos como Sordolimpiadas, y los congresos de la Federación Mundial de Sordos. Estos intérpretes desempeñaron un papel fundamental para facilitar la comunicación en eventos internacionales, pero la naturaleza no estandarizada del sistema internacional de signos conlleva desafíos únicos (Whynot 2016). La bibliografía científica explora las características lingüísticas del SSI y sus aplicaciones prácticas, además de destacar la importancia del conocimiento cultural y lingüístico compartido. Entre los retos a los que se enfrentan los intérpretes del sistema de signos internacional cabe destacar las limitadas oportunidades de formación, la falta de estandarización y la necesidad de una preparación exhaustiva (Rosenstock & Napier 2016). En este sentido, De Wit, Crasborn & Napier (2023) ofrecen recomendaciones, como el desarrollo de programas de formación especializados y la mejora de las medidas de garantía de calidad.
El sistema de acreditación establecido por la Federación Mundial de Sordos y la WASLI en 2015 representa un avance en la profesionalización de la interpretación de SSI. Sin embargo, existen limitaciones, como la escasa representación regional o la falta de recursos financieros, educativos y de cualquier otra índole para apoyar a los profesionales que desean convertirse en intérpretes de sistema de signos internacional (Turner, Grbić, Stone et al. 2021). Abordar estas deficiencias a través de la investigación, la formación y el apoyo institucional será fundamental para garantizar una comunicación eficaz dentro de la comunidad sorda global. Para abordar estas deficiencias, el Rochester Institute for the Deaf (RIT) ofrece un programa internacional en línea para intérpretes sordos y no sordos que se centra en la adquisición de estrategias para la interpretación con el sistema internacional de signos. El programa tiene por objetivo preparar a sus estudiantes para la acreditación de la Federación Mundial de Sordos (WFD) y la Asociación Mundial de Intérpretes de Lengua de Signos (WASLI). El programa Certificate in International Sign Interpreting (CISI), de ocho meses de duración, se centra en el desarrollo de competencias esenciales, incluida la interpretación entre el signo internacional y el inglés u otra lengua signada nacional. Se espera que este programa ayude a satisfacer la creciente demanda de intérpretes en instituciones internacionales. Cabe destacar que el sistema de signos internacional se utiliza únicamente cuando no existe una lengua de signos común y siempre se prioriza la comunicación a través de una lengua signada nacional.
Potencial para la investigación
Los métodos académicos y de investigación aplicados a la investigación en el campo de la interpretación de lengua signada están evolucionando y, al igual que en la interpretación de lengua oral, se utilizan diversas metodologías para abordar las cuestiones más relevantes, como técnicas de entrevista a partir de la investigación basada en las artes, estudios longitudinales, métodos autoetnográficos, estudios de intervención y estudios históricos. Los investigadores que recopilan datos a partir del análisis de transcripciones de lengua signada hacen frente a más dificultades que aquellos que crean una transcripción a partir de una lengua oral. La tecnología ha permitido a los investigadores de lengua signada reclutar participantes de diferentes husos horarios y de amplias áreas geográficas, por lo que han podido ampliar el grupo de participantes. Asimismo, la tecnología permite a los equipos de investigadores conectarse sin costes de reunión y colaborar como comunidades de investigación. La brecha entre la investigación en interpretación de lengua oral y de lengua signada es cada vez más pequeña, pues los investigadores colaboran y aprenden unos de otros en cuanto a métodos y problemas urgentes en nuestro campo.
Otra vía de investigación por explorar es la manera en que las tecnologías pueden utilizarse para apoyar la interpretación, así como las limitaciones de la tecnología para mejorar los servicios de interpretación. La aplicación de la inteligencia artificial a las lenguas signadas está captando la atención de investigadores sordos y no sordos, y si bien la calidad de los signos generados está mejorando, se deberá abordar en qué contextos son apropiados en pro de la equidad comunicativa los avatares que signan. Por ejemplo, en algunos países ha funcionado bien el uso de avatares en información breve pregrabada en estaciones de tren para avisar de un cambio de horario. Lo que todavía se desconoce es si los avances en avatares y en el reconocimiento de signos a habla podrán reemplazar alguna vez a los intérpretes humanos de lengua signada y, de ser así, ¿en qué contextos?
En cuanto a la investigación sobre la formación de los intérpretes, cabe destacar que cada vez más programas se imparten en plataformas semipresenciales o totalmente en línea. No obstante, aún quedan preguntas sin respuesta relativas a qué contenido y experiencia educativa se pueden ofrecer de manera eficaz en programas semipresenciales y cómo adaptar el currículo. A medida que los programas atraen a estudiantes de diferentes zonas geopolíticas, surgen oportunidades para examinar la mejor manera de apoyar el acceso a la educación cuando no existe una lengua signada común entre los estudiantes: ¿se convierten entonces las lenguas signadas dominantes, como la lengua de signos británica o la lengua de signos americana, en la lengua franca? Si bien tradicionalmente las publicaciones académicas son de modalidad escrita, algunos países están explorando la publicación digital en lenguas signadas. Esta es un área compleja, dado que los procesos de revisión por pares con doble ciego no son posibles para un texto en lengua signada, ya que el autor es visible para los revisores.
Por último, a medida que cada área de práctica especializada continúa creciendo y los profesionales sordos asumen roles en diversas profesiones, el papel del intérprete también está sujeto a cambios, al igual que su nivel de formación. El trabajo como intérprete de un político electo, en comparación con el del intérprete de un médico o el de un ingeniero de IA, es muy diferente, y la práctica en cada uno de estos contextos constituye un área por examinar.




