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contenidos
Introducción | El periodo preotomano (siglos XIII y XIV) | El periodo otomano (del siglo XV a principios del XX) | El periodo republicano (1923-…) | Potencial para la investigación

Introduction  Introducción 

Situada entre Asia y Europa, Turquía ha sido la cuna de distintas civilizaciones a lo largo de la historia y ha acogido a comunidades multilingües y multiétnicas durante largos periodos. En consecuencia, existe una arraigada tradición traductora al turco en la que abundan las prácticas, conceptos e instituciones.

El turco es una lengua túrcica de la familia altaica, introducida en el siglo XI en Anatolia (Asia Menor) por el Imperio Selyúcida y otras tribus turcomanas de Asia central. Fue el idioma de los principados que se formaron en varias zonas de Anatolia en el siglo XIV y se convirtió en una lengua escrita literaria que permitió la traducción de la narrativa clásica persa y los textos religiosos del árabe en beneficio de los príncipes gobernantes. Sus estrechos contactos culturales con el oriente islámico dieron lugar a lo que se ha considerado el primer proceso significativo de aculturación en la tradición traductora turca (Paker 2009).

Map of Turkey
[Fuente]

El principado de Anatolia occidental, fundado por la dinastía osmanlí, adquirió gradualmente la hegemonía sobre otros principados hasta que a mediados del siglo XV se hizo con el poder del estado que, tras la conquista de Constantinopla por Mehmet II en 1453, se convertiría en imperio en el siglo XVI. El idioma oficial del imperio, conocido como turco otomano u otomano alto, conservó su posición dominante hasta bien entrado el siglo XX, en paralelo a la hibridación del turco mediante la apropiación de elementos lingüísticos persas y árabes. Esta tendencia continuó con pequeñas variaciones hasta mediados del siglo XIX, cuando los otomanos se abrieron a occidente y abrazaron la Ilustración y la literatura europeas, dando inicio al movimiento de traducción de fuentes francesas. Este periodo (conocido como Tanzimat) se considera el segundo más importante de aculturación en la tradición de la traducción turca, esta vez con el occidente cristiano. Durante este periodo, el turco otomano fue objeto de críticas por sus figuras retóricas de altos vuelos y aparecieron formas relativamente simples de turco en las traducciones de periódicos y revistas populares (Paker 2009).

El turco moderno apareció mucho después, como resultado de grandes avances revolucionarios culturales y lingüísticos alcanzados en los primeros años de la República Turca, fundada en 1923 como un estado nacional independiente y secular. Los pioneros de la “Reforma Lingüística” abogaron por el turco sencillo, idealmente arraigado en el antiguo túrcico, y renunciaron al híbrido otomano con vistas a utilizar el nuevo idioma también como medio de traducción de los clásicos occidentales (Berk 2004). Así, a lo largo de su historia en turco, la traducción se ha entrelazado con los cambios culturales y ha asumido un papel fundamental en la evolución de la lengua, la literatura y otros sistemas culturales, así como en la formación y configuración de las dinámicas sociopolíticas.

En su libro de texto Translation and history, mientras explica los motivos para estudiar la historia de la traducción, Hermans (2022: viii) afirma que:

The past has the potential to irritate the present. The fact that translation was done differently and thought about differently in the past makes us query things we might otherwise take for granted. It makes us realize that our present practices and concepts are contingent, tied to our world, and open to  challenge and change.

La relación que Hermans destaca entre el pasado y el presente o, más en concreto, la sugestiva influencia de los conocimientos del pasado en nuestra comprensión y entendimiento actuales, pone de relieve la interacción entre la historia y la teoría en el contexto de la traducción. La historia de la traducción nos hace cuestionar nuestros conocimientos y conceptualizaciones actuales sobre la traducción, y nos obliga a cambiar, revisar y enriquecer nuestras perspectivas al poner en entredicho la pertinencia y la validez de nuestros planteamientos. Con sus prácticas diversas, que traspasan las concepciones modernas, y su destacado papel en la evolución literaria y cultural, la traducción en la historia de la lengua turca ofrece un terreno fructífero, múltiples razones y una miríada de oportunidades para el aprendizaje y la investigación.

Este artículo ofrece un resumen histórico de la traducción en turco, que podemos dividir en tres grandes periodos: 1) el preotomano (siglos XIII y XIV), 2) el otomano (la edad clásica, desde la conquista de Estambul en 1453 hasta 1600, los siglos XVII y XVIII, el Tanzimat y el periodo subsiguiente hasta el final del Imperio en 1922), y 3) el periodo republicano (desde su fundación en 1923 hasta la actualidad). Aunque en Turquía los estudios de traducción son una disciplina consolidada, este artículo también examina algunas áreas potenciales de investigación.

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[heading title] El periodo preotomano (siglos XIII-XIV)

A principios del siglo XI, diversas oleadas de tribus turcas avanzaron hacia Anatolia desde el oriente. Tras la derrota bizantina en Malazgirt en 1071, muchas se establecieron en Anatolia. Durante el mismo periodo, una rama de la Gran Dinastía Selyúcida avanzó también hacia Anatolia y fundó el Estado Selyúcida de Anatolia (1075-1318, también conocido como el Sultanato Selyúcida de Rum), capturando tierras del Imperio Bizantino (Artan 2004: 142-144). En aquella época, Anatolia era multiétnica y multilingüe, con población griega bizantina y póntica, armenia, kurda, árabe y judía. Por esa razón, hacía falta traducir e interpretar entre las comunidades y los estados. En el estado selyúcida, un alto funcionario judicial se encargaba de las actividades de traducción e interpretación (Paker 2009: 550). Los selyúcidas de Anatolia sufrieron una derrota a manos de los mongoles a mediados del siglo XIII y comenzaron a perder su poder. A esto siguió la formación de principados turcos (los beylicatos). Cabe mencionar en este punto que la civilización de los selyúcidas de Anatolia fue una síntesis de las culturas persa, turcomana y anatolia local, y vio nacer a grandes poetas, escritores y filósofos, como el poeta persa sufí Mevlâna, su hijo Sultán Velet, que escribía tanto en turco como en persa, y Yunus Emre, que utilizaba un turco puro (Artan 2004: 142-144).

El turco se erigió en lengua vernácula de Anatolia en paralelo a la propagación del Islam, como un medio de transmisión de la fe, y sobre todo el sufismo mediante traducciones del persa, a finales del siglo XIII y principios del XIV. En los siglos XIV y XV, Anatolia fue un centro de actividad cultural y producción literaria, y un mercado de obras literarias en turco, árabe y persa gracias a diversos principados que se habían propuesto perpetuar su reputación dando su apoyo a eruditos y poetas, y a la creciente propagación del Islam más allá de las poblaciones de las grandes ciudades, como Konya, que habían aprendido el persa. De esta forma surgió un mercado para las obras literarias en turco (Peacock & Yıldız 2016). El mecenazgo de los gobernantes de los principados turcomanos fue decisivo en la creación de este entorno dinámico, ya que, con el objetivo de recrear la cultura cortesana perso-islámica, fomentaron la producción intelectual y literaria. El árabe se empleaba en contextos litúrgicos, escolásticos y científicos, mientras que el persa tenía prestigio literario y era el preferido de los intelectuales y las élites políticas urbanas. La traducción fue una herramienta indispensable para transmitir conocimientos que hasta entonces solo se habían expresado en lenguas literarias de prestigio, desconocidas por el público laico. La producción literaria e intelectual floreció en la Anatolia islámica del medievo tardío y propició la creación de obras en una amplia gama de géneros, como los tratados filosóficos, los romances populares y la poesía vernácula, así como las primeras obras de la literatura turca anatolia. En este periodo emergió el turco anatolio como lengua literaria, junto con el árabe y el persa (Kuru 2012).

Dos principados (los germiyánidas y los aydinidas) dominaban Anatolia occidental y aspiraban a convertirse en legítimos gobernantes independientes musulmanes, siguiendo el discurso ético y religioso perso-islámico. Movidos por esa intención, ejercieron de primeros mecenas del desarrollo incipiente de la cultura turca literaria. En sus cortes patrocinaron las primeras adaptaciones turcas de los clásicos persas literarios y adab, junto con obras de contenido religioso, médico y místico. Paralelamente a la noción clásica de paideía, la literatura adab incluyó literatura didáctica de sabiduría e instrucciones de príncipes, así como obras filológicas, médicas, astrológicas y adivinatorias. La traducción de la paideía perso-islámica a una lengua vernácula turca propició la aparición de una cultura de élite islámica (Peacock & Yıldız 2016).

Los poetas más destacados de la época fueron Şeyhoğlu, Şeyhî, Ahmed-i Dâî, Ahmedî y Gülşehri bajo el mecenazgo de los beys germiyánidas; y Kul Mesud con el respaldo de los aydinidas. Sus masnavis didácticas son los primeros ejemplos de literatura de diván (cortesana) en turco y pretendían difundir los valores de la tradición adab entre los gobernantes y la nobleza. Los poetas de la corte acompañaban a los gobernantes en los festejos tradicionales y eso les permitía compartir su poesía, creada a partir de la traducción, aunque con sus propias adiciones, omisiones, ampliaciones y cambios (İnalcık 2008). De esa manera, las obras de la tradición adab se tradujeron al turco y se creó un repertorio en esta lengua, además de desarrollarla (Paker 2009).

Estos poetas adoptaron un enfoque apropiacionista en sus prácticas de reescritura/traducción, con una amplia gama de estrategias de transferencia y métodos de producción textual. Una de las obras principales fue la traducción de Gülşehri de la prominente obra persa de Feridüddin-i Attar Mantiku’t-Tayr (El lenguaje de los pájaros, basada en el árabe Risalat al-Tayr, La epístola de los pájaros, de Al-Ghazali), con adiciones del traductor y otras fuentes. Ahmed-i Dâî tradujo al turco el comentario de Ebu’l Leys-i Semerkandi sobre el versículo número 256 de la segunda sura del Corán (Ayet-ul kursi), con anotaciones de un glosario, hagiografías y cuentos de moralidad, cien hadices (dichos santos) del profeta Mahoma y Tibb-i nebevi (consejos médicos del profeta). Dâî consideraba sus reescrituras como traducciones y comentaba tanto sus fuentes como los clientes que le habían encargado las obras o a quién estaban dedicadas, así como los motivos de la traducción. Otra traducción de Dâî es su diccionario rimado arábigo-persa en 650 pareados, una versión abreviada del ‘ukudu’l-cevahir (Cadenas de joyas) de Reşidüddin-i Vatvat, que aparece con equivalentes turcos interlineales en algunos manuscritos. Este diccionario fue concebido como material didáctico para el príncipe Murat, un joven alumno de Dâî, en forma de léxico y guía de las formas turcas del medidor de aruz. La traducción en verso más importante de Dâî es Çengname (El libro de la lira çeng, un relato alegórico del arpa oriental), compuesta por la traducción de los meanevi persas de Sadi (ahora perdidos) y estrofas propias de Dâî. La traducción de Dâî del Camasb-name (El libro de Jamasb) de Nasir-i tusi, otro poeta persa, es un ejemplo de espejo de príncipes o literatura instructiva para gobernantes (Paker 2009).  

La traducción en prosa de Kalila wa-Dimna, de Kul Mesud (traducción del persa a partir de una compilación original en sánscrito), Marzbān-nāma de Şeyhoğllu (El libro del gobernador Marzuban, una colección de fábulas de animales persas con historias de reyes y filósofos), y Qabus-nama, de Mercimek Ahmed (El libro de Kabus, un célebre espejo para príncipes del rey persa Keykavus), son ejemplos famosos de los siglos XIV y XV. Estos poetas contribuyeron ampliamente a la mejora de la lengua turca, aún en sus primeras fases de desarrollo. Los textos sobre religión constituyeron una parte importante del corpus de traducción en el siglo XIV, con la excepción del Corán, que se consideraba sacrosanto. El Corán se vertió al turco anatolio después, en ese mismo siglo, pero únicamente en forma de traducción interlineal, palabra por palabra (Paker 2009).

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[heading title] El periodo otomano (del siglo XV a principios del XX)

Timeline Ottoman Empire
Cronología del Imperio Otomano [Fuente]

La edad clásica (1453-1600)

Entre finales del XIII y principios del XIV, los gobernantes turcomanos fundaron una serie de principados (beylicatos) en tierras que habían sido territorio selyúcida y en distritos de Anatolia conquistados a los bizantinos. Uno de los principados de mayor éxito fue el Beylicato Otomano, regido por Osmán (m. 1324), cuyo territorio incluía Eskişehir, Sakarya y Söğüt, al noroeste de Anatolia. Las hazañas militares de Osmán contribuyeron a extender sus territorios y persuadieron a los soldados y gobernantes de otros beylicatos turcomanos para que se unieran a él. El Estado Otomano fue fundado en 1299, según sostienen la mayoría de los historiadores, y se expandió tanto en el territorio bizantino como en los territorios turcomanos vecinos. Los sucesores de Osmán, Orhan I y su hijo Murad I después, prosiguieron con la expansión en los Balcanes a finales de la década de 1300 y conquistaron rápidamente Bulgaria, Grecia y Serbia. Aunque los otomanos sufrieron algunas derrotas y levantamientos en su incursión en Anatolia durante el reinado de Bayezid I (primera década del siglo XV), recuperaron su poder durante los reinados de Mehmed I (1413-1421) y Murad II (1421-1444, 1446-1451). La conquista de Constantinopla (Estambul) en 1453 por Mehmet II (El conquistador, Fatih Sultan Mehmet) marcó un hito en la transformación del Estado Otomano en Imperio. En este periodo, también llamado la edad clásica, la expansión continuó, especialmente con los reinados de Selim I (1512-1520) y Solimán I (El magnífico, Sultán Kanuni Süleyman). El Estado Otomano se convirtió en un Imperio, obteniendo territorios en el sureste de Europa, Oriente Medio, el norte de África y la península arábiga. Tras un periodo de estancamiento a finales del XVI y principios del XVII, en los siglos XVII y XVIII los otomanos comenzaron a perder poder y tierras. El deterioro del estado desencadenó innovaciones como la creación de la imprenta y la fundación de la primera escuela de ingeniería militar. Las mejoras continuaron con interrupciones y contratiempos hasta el Tanzimat (la reorganización) en 1839, en el que se llevaron a cabo reformas sociales, jurídicas y económicas. El Imperio Otomano, con una población multiétnica y multilingüe, gobernó Anatolia durante seiscientos años hasta las postrimerías de la Primera Guerra Mundial en 1922 y la fundación de la República Turca en 1923 (Artan 2004: 144-152).

El sultán Mehmed II, que conocía el griego, el latín, el serbio y las lenguas imperiales (el turco, el árabe y el persa), creó tras la conquista de Constantinopla (Estambul) el puesto oficial de dragomán (traductor e intérprete) dado el multilingüismo y la multiculturalidad del Imperio Otomanolo (Paker 2009: 550). Con la subyugación de nuevos territorios, hacían falta constantemente intérpretes que permitieran la comunicación en varias lenguas, especialmente en Europa. En general, los dragomanes imperiales eran elegidos entre los súbditos no musulmanes del imperio, en su mayoría griegos, armenios y judíos que habían crecido en entornos multilingües (Diriker 2015: 90). También había dragomanes estatales (eyalet) que interpretaban la correspondencia entre el gobierno y los súbditos no turcos, y dragomanes provinciales asignados a cónsules extranjeros en ciudades portuarias como Tesalónica, Alepo o İzmir. Las embajadas extranjeras en Estambul contrataban a sus propios intérpretes para la comunicación con el Estado Otomano y con fines comerciales. Los intérpretes de las embajadas pertenecían también a las comunidades no musulmanas y las familias europeas de comerciantes que vivían en Estambul. Generaciones enteras de familias ejercieron de dragomanes imperiales en la Sublime Puerta (la sede del gobierno otomano) o de intérpretes en embajadas y trataron de perpetuar su profesión, ya que disfrutaban de derechos y privilegios que no se concedían a otros súbditos no musulmanes del imperio (Diriker 2015: 90-91)º.

Embajador + interprete
El sultán recibe al embajador francés en 1724, con el intérprete de cara a la audiencia. [Fuente]

Las embajadas de Francia y Austria formaban a sus propios intérpretes, conocidos como diloğlanları en turco. En el siglo XVIII, las instituciones educativas otomanas empezaron a contratar intérpretes para los docentes francófonos. En el siglo XIX, durante los levantamientos en muchas partes del imperio y el posterior establecimiento de estados independientes, se sospechaba que los intérpretes habían participado en las rebeliones y eso precipitó el fin de una larga tradición de familias no musulmanas de intérpretes. En 1822 se fundó la Cámara de Traducción de la Sublime Puerta (Bâb-ı âli Tercüme Odası) para formar y contratar a traductores e intérpretes del estado. Se establecieron cámaras similares en otras instituciones gubernamentales (Diriker 2015: 90-91).

La edad clásica del Imperio Otomano es el periodo de ciento cincuenta años que empieza con la conquista de Estambul (Constantinopla) en 1453 y acaba en 1600. En él se establecieron las instituciones del estado y las normas de las artes y la literatura (Kuru 2012: 550). Antes de la edad clásica, la razón de traducir al turco era la necesidad de llegar a un público de habla turca y la percepción del turco como inadecuado por parte de los autores en comparación con el persa y el árabe de los originales. A medida que los beylicatos otomanos se transformaban en un imperio con la expansión de sus fronteras, los sultanes otomanos, los gobernadores locales y los funcionarios de palacio continuaron promoviendo la producción literaria, dada su gran importancia para la cultura de la élite, y ofrecían mecenazgo a los poetas otomanos. Desde mediados del siglo XV, los poetas de “Rum” (Anatolia y Rumelia) crearon deliberadamente una forma elevada de literatura con la intención de desafiar y alterar las tradiciones literarias islámicas, además de diferenciarse de la literatura mística de las logias derviches (tasavvuf edebiyatı) y la literatura popular (halk and aşık edebiyatları). En el siglo XVI, en Anatolia y Rumelia, nació una tradición literaria específica, relacionada también con el desarrollo de un lenguaje literario elevado. En paralelo a la reforma de las instituciones educativas durante los reinados de Murad II (r. 1421-44 y 1446-51) y, sobre todo, de su hijo Mehmed II el Conquistador (Fatih r. 1444-46 y 1451-81), se desarrolló de forma intencionada una variante literaria del turco escrito, con un nuevo interés en el conocimiento clásico del Islam y la retórica. Mediante la introducción de nuevas categorías morfológicas y sintácticas en turco a través de las traducciones de fuentes literarias e históricas árabes y persas, se compuso un nuevo lenguaje escrito que llegaría a desafiar la superioridad establecida del árabe y el persa (Kuru 2012). Este idioma híbrido del alto otomano era señal de prestigio e identidad para la clase burocrática y los hombres eruditos de las madrasas (escuelas de educación superior, medreses en turco). Adquirió tal importancia y prevalencia que las obras escritas o traducidas al turco sencillo (Turkî-i basit) se reescribieron o tradujeron al idioma híbrido embellecido (Turkî-i fasîh) (Fazlıoğlu 2003: 162).

Es menester describir varios conceptos significativos que nos permitan esclarecer las principales características de la historia de la traducción otomana. En primer lugar, la esfera cultural otomana se define como “intercultura otomana”, refiriéndose al campo de práctica trilingüe y tricultural que representa la intersección del persa, el árabe y el turco para los traductores poéticos otomanos (Paker 2002). Se trata de un sistema literario y cultural donde los poetas otomanos traducían y adaptaban las fuentes persas y árabes, y creaban sus obras con el objetivo de desarrollar las formas literarias (Paker 2002, 2011). Esta conceptualización de la cultura se basa en la descripción del campo del conocimiento como “Perso-Ottoman epistemic domain” (Andrews 2002), donde los poetas otomanos aprendieron y escudriñaron la poesía clásica en persa, además de crear sus obras rivales en poesía lírica paralela y narrativa romántica en verso (Hollbrook 2002). En el siglo XVI apareció la “intercultura otomana” como un (poli)sistema de repertorios literarios de distintos géneros poéticos (Paker 2002, 2009) como gazel, kaside y masnavi (Kuru 2012), mediante “repetitive and appropriative tradition of rewrites” (Paker, Tahir Gürçağlar y Milton 2015).

Los poetas empleaban diversas prácticas de traducción, desde las representaciones literales/sustitutivas hasta la poesía paralela, creativa y competitiva, mediante estrategias de adición, omisión, intervención y compilación de distintas fuentes, todo lo cual quebrantaría las normas comunes de traducción de hoy en día. Terceme es un término cuya definición es fundamental en este contexto: se refiere a la noción otomana de traducción, que engloba las actividades de traducción enumeradas antes (Paker 2002, 2014). El origen de terceme es árabe y su variante ortográfica (tercüme) se utiliza aún en turco para referirse a la traducción. No obstante, en este punto cabe señalar que el concepto otomano de traducción, en cuanto a abanico de actividades de reescritura, discrepa de la comprensión moderna de la traducción en turco que denota el término çeviri actual, equivalente al inglés “translation proper” (Paker 2002, 2014). Otro término fundamental relacionado con la traducción en este sentido es telif, que se define como “creative mediation involving some degree of translation” (Paker 2015: 31, 2014), una práctica común de escritura de los poetas y autores otomanos. El significado de telif también ha cambiado en el turco moderno y ahora se usa para hablar de la producción literaria indígena u originaria. La diversidad de las prácticas de escritura relacionadas con la traducción también se refleja en sus descriptores en otomano: nakl (transferencia), harfiyyen terceme (traducción literal), tevsien terceme (ampliación), serbest, mealen terceme (traducción libre, sentido por sentido), izah (explicación), hulasa (resumen), tasvir (descripción), tahvil (conversión), haşiye (anotación), şerh (comentario), taklid (imitación), tanzir (emulación) (Demircioğlu 2008: 156).

Reshaping

Las madrasas fueron las instituciones más importantes para la enseñanza y la difusión de la cultura científica. Las primeras madrasas las fundaron los selyúcidas en Anatolia entre los siglos XII y XIV, y la tradición de las madrasas continuó en el Imperio Otomano. Estas escuelas impartían educación en teología islámica y jurisprudencia musulmana, además de árabe, lógica, aritmética, astronomía y física. La cultura científica islámica siguió siendo la fuente dominante de conocimiento en las madrasas otomanas hasta el siglo XIX, cuando la ciencia y el conocimiento de Europa occidental empezaron a enseñarse en estas instituciones. Tanto el conocimiento científico islámico como la ciencia europea occidental se transfirieron a la cultura otomana mediante traducciones (Günergun 2007). La lengua vehicular de las madrasas era el árabe, la lengua científica del mundo islámico. Sin embargo, los textos árabes y persas se tradujeron al turco desde el siglo XIV en adelante (Günergun 2007: 193). La razón de estas traducciones era que el gran público no dominaba los idiomas establecidos de la ciencia y la literatura, es decir, el árabe y el persa. La clase dominante, mecenas de la producción cultural, animaba a los estudiosos a producir obras en turco y encargaba directamente traducciones al turco de las grandes obras en otros idiomas (Fazlıoğlu 2003).

Entre las primeras traducciones científicas del árabe al turco encontramos Kitâbu’l-câmî’ müfredâti’ledviye (Materia medica) de Ibn al-Baitar(m. 1248), una obra sobre farmacología traducida como Tercümetü’l-müfredât. El médico otomano del siglo XV Muhammed b. Mahmûd-i Sirvânî tradujo del árabe al turco su propio libro de medicina, Ilyâsiyye, por encargo de Ilyas, el bey selyúcida. Mahmûd-i Sirvânî tradujo también Cevâhirnâme (Libro de las piedras preciosas) del médico islámico y mineralogista Ahmad ibn Yusuf al-Tifashi (m. 1253) por encargo de Umur Bey (m. 1461), un jefe militar turco. Un ejemplo de traducciones sucesivas se encuadra en la práctica quirúrgica: Cerrâhiyet’ül-Hâniyye (Cirugía para los kanes), traducido del árabe al turco por Şerafeddin Sabuncuoğlu, de al-Tasrîf (La colección), un conocido libro de cirugía de Abulcasis (936-1013), parte del cual se cree que fue tomado del Epítome (Sinopsis de la medicina en siete libros) de Pablo de Egina, un médico griego bizantino del siglo VII (Günergun 2007: 193-5). Entre los siglos XIV y XVI se tradujeron del árabe al turco algunos textos de astronomía, en especial sobre el registro del tiempo, para los alumnos de las madrasas. Sî fasl der marifet-i takvim (Los treinta capítulos de la creación del calendario) fue la traducción al turco del tratado persa de Nasîr al-Dîn al Tûsî, el destacado astrónomo del observatorio de Maraghe. Se vertió al turco en dos ocasiones, en los siglos XIV y XV. El er-Risaletü’l-fethiyye fi’l-hey’e (Tratado astronómico glorificador del triunfo) de Ali Kuşçu (m. 1474) se tradujo del árabe al turco a mediados del siglo XVI por el almirante otomano Seydî Ali Reis (m. 1563) (Günergun 2007: 195). En el campo de la veterinaria, se tradujeron los Baytarnames (tratados de las enfermedades de los caballos) del árabe al turco. Las obras de los baitars (veterinarios) de las cortes abasí y mameluca se trasladaron al turco en los siglos XVI y XVII. Solo después de la segunda mitad del siglo XIX, cuando la escuela militar de Estambul empezó a impartir clases de veterinaria, se empezaron a traducir las fuentes europeas en este campo (Günergun 2007: 196).

En el siglo XV, la figura más efectiva en el impulso de la traducción fue el sultán Mehmed II, (r. 1451-81), con su “cultural catholicity” y su interés por las letras griegas (Gutas 1998: 174). Mehmed II solicitó traducciones al árabe de obras griegas como la Geografía de Ptolomeo, traducida por Amiroutzes, y los Oráculos caldeos de Jorge Gemisto (Pletón), así como la puesta en marcha de obras filosóficas árabes basadas en la tradición iniciada por el movimiento de traducción greco-árabe (Gutas 1998). Otras traducciones importantes fueron las Vidas paralelas de Plutarco, traducidas del griego, la vida y obra de Uzún Hasán, rey de Persia, del original italiano de Giovanni Maria Angiolello, y una exposición detallada del credo cristiano por el patriarca ortodoxo griego Genadio (Paker 2009: 554).

En los siglos XVI y XVII, pese al predominio de los textos islámicos medievales en árabe y persa, las fuentes europeas se abrieron paso en la cultura otomana. La expansión del imperio en el siglo XVI trajo consigo el uso extensivo de la cartografía marina del Mediterráneo occidental y la familiaridad con las prácticas médicas europeas del Renacimiento, gracias a los médicos judíos. Pîrî Reis (1470-1554), un comandante de la flota otomana, compiló un mapa del mundo basado en casi veinte mapas alejandrinos, árabes, portugueses, indochinos y chinos, así como un mapa de Colón. A consecuencia del contacto y la transmisión de conocimientos de los médicos judíos, italianos y españoles expulsados de la península ibérica, los autores turcos pudieron recopilar obras sobre anatomía (Günergun 2007: 196-9). Además, debido a sus campañas militares en Europa Central en el siglo XVII, los otomanos tuvieron la oportunidad de conocer las grandes obras científicas occidentales. Es destacable que las traducciones en este siglo fueran al turco y no al árabe, que era el idioma de las madrasas. Los traductores de las obras científicas europeas de este siglo eran funcionarios musulmanes o convertidos al Islam y familiarizados con las lenguas europeas. Además, hicieron traducciones colaborativas algunos burócratas turcos y eruditos que conocían el turco, el árabe y el persa, pero no las lenguas europeas y, por lo tanto, necesitaron la ayuda de intérpretes para traducir. Las traducciones al turco de los atlas de Mercator y Ortelius son ejemplos de traducciones colaborativas de ese siglo (Günergun 2007: 200-201).

Siglos XVII y XVIII

Kâtib Celebi (1609-1657), , también conocido como Haji Khalifa en español, fue el más importante agente traductor en lo que respecta a las obras europeas sobre cartografía y geografía de los siglos XVI y XVII. Su Cihannümâ, una compilación turca basada tanto en atlas islámicos como europeos, además de otras obras de carácter geográfico, ejerció una notable influencia sobre el modo de comprender y concebir la geografía en el Imperio Otomano. Kâtib Celebi también corrigió, eligió denominaciones y añadió elementos a la traducción del Atlas Minor de Gerhard Mercator (1512-1594), que tradujo en 1564 del latín al turco Sheik Mehmed Ihlasî, un francés convertido al islam. El atlas más importante de la Europa del siglo XVII era el Atlas Mayor, de Joan Blaeu, con 3.000 páginas y 600 mapas, obra que también se tradujo del latín al turco a lo largo de un periodo de 10 años por parte de un grupo de traductores y cartógrafos bajo la supervisión de Ebubekir b. Behram üd-Dimashqi (m. 1691), un erudito islámico responsable de una madrasa. La versión abreviada en nueve volúmenes se tituló Tercüme-i Atlas major e incorporaba nueva información geográfica basada en fuentes islámicas sobre Asia Menor y Oriente Próximo. Las tablas astronómicas de Nathalis Durret (1590-1650), un cosmógrafo ligado a la corte francesa, se tradujeron por vez primera al árabe en 1663 y a continuación al turco. A mediados del siglo XVIII se tradujeron también al turco las tablas astronómicas de Cassini y de Alexis Clairaut (Günergun 2007: 202-206).

Katib Celebi
Kâtib Celebi (1609-1657) [Fuente]

En el siglo XVII, los médicos otomanos, especialmente los que trabajaban para la corte, tradujeron obras sobre patologías y su tratamiento al árabe y al turco. Fueron compilando su obra a partir de fuentes europeas, que integraron en su propia experiencia médica y concepciones terapéuticas, basadas a su vez en saberes tradicionales. Entre los ejemplos más destacados, cabe mencionar el Tibb al-cedîd al-kimyâî (La nueva medicina química), una compilación de obras de Paracelso traducida por Salih bin Nasrullah bin Sellum, médico particular del sultán Mehmed IV (r. 1648-87); o Gayet ül-beyan fi tedbir beden il-insan (La más alta perfección en el tratamiento del cuerpo humano, 1655); mientras que el gran médico Hayâtizâde Mustafa Feyzi’s (m.1692, conocido como Moses ben Raphaël Abranavel antes de su conversión del judaísmo al islam) redactó sus Hamse-i Hayâti (Cinco libros de Hayâti), que hacen referencia a obras de médicos franceses, alemanes y españoles. Otra obra especialmente notable que reunía conocimiento islámico y medicina europea del siglo XVI es el Risâle-i tesrih-i ebdân (Tratado de anatomía del cuerpo humano, 1632), compuesta por Shemseddin Itaqi y basada en fuentes persas e hispanas junto con las obras médicas del siglo XVI que usaban los médicos judíos del Imperio Otomano (Günergun 2007: 207-209).

La introducción de la imprenta en 1727 por parte de Ibrahim Muteferrika, un converso de origen húngaro, constituyó un punto de inflexión también en lo que concierne a las traducciones. En Estambul ya se había introducido una imprenta hebrea (1493-94), armenia (1567) y griega (1627) antes de que se permitiera una turca para publicar libros sobre temas laicos, ya que hasta entonces solo existía para el Corán, comentarios al mismo, tradiciones sagradas, teología y ley sagrada (Paker 2009: 555). La imprenta de Muteferrika comenzó su tarea con la publicación del Vankulu Lugati (El diccionario de Vankuli, reimpreso en 1755-56), una traducción del árabe realizada en el siglo XVI, la Grammaire Turque, una obra francesa sobre la gramática del turco, los tratados del propio Muteferrika y su versión ampliada del Cihannüma de Kâtib Celebi. La segunda imprenta se instaló en la Escuela de Ingeniería Militar en 1796 y publicó la obra Burhan-i Kaati (Demostración convincente), compuesta por Asim Efendi (Mütercim Asim) con un formato bilingüe turco-persa (Paker 2009: 555).

Durante el reinado de Ahmed III en el siglo XVIII, se disfrutó de una atmósfera liberal acompañada de un interés notable en Europa occidental, plasmado especialmente en las obras no literarias. En 1717, el gran visir Ibrahim Pasha nombró un comité para traducir de lenguas europeas y asiáticas. Esad Efendi (Yanyawi), que era miembro de este comité, tradujo la Física de Aristóteles con anotaciones sobre el telescopio y el microscopio, aparatos mencionados por vez primera en Oriente (Paker 2009: 555). Si bien los eruditos otomanos ya contaban con la obra producida por el movimiento de traducción greco-árabe, su interés en el pensamiento griego -y especialmente en la obra de Aristóteles- llevó a varios a aprender griego y retraducir obras ya traducidas. Esad Efendi fue uno de ellos y también escribió comentarios para el Órganon aristotélico (Gutas 1998: 175). La preocupación de los gobernantes otomanos por la modernización militar llevó a la fundación de varias escuelas, entre las que destacan la Escuela de Ingeniería Militar en 1734 y la Escuela Médica Militar en 1827. Las nuevas instituciones también promovieron el aprendizaje de lenguas europeas y la traducción de obras científicas. Una de las primeras traducciones versaba sobre trigonometría, considerada la primera obra sobre matemática moderna, y estaba basada parcialmente en fuentes europeas. Las Memorie della Guerra del conde Raimondo Montecucculi (el general de los Austrias que rechazó la incursión turca de 1661-1664) se tradujo de manera anónima. Entre las obras especialmente importantes traducidas por vez primera cabe mencionar la Geographia Generalis de Bernhardus Varenius, los Aphorismi de Herman Boerhaave (el tratado anatómico de Harvey sobre la circulación de la sangre) y la traducción de dos textos científicos latinos sobre las teorías de Galileo y de Descartes, el magnetismo y la brújula, por parte de Ibrahim Müteferrika (Paker 2009: 555; cf. Özmen 2016 para un panorama de las actividades traductoras en las instituciones militares).

Aunque el renacimiento científico fomentado por Mehmed II sufrió un parón tras su reinado y los otomanos no volvieron a interesarse por los logros científicos extranjeros hasta el siglo XVIII (Paker 2009: 555), la traducción de obras científicas europeas experimentó un crecimiento gradual durante el siglo XVIII hasta bien entrado el siglo XIX, cuando el latín y el italiano se vieron sustituidos por el francés como lengua origen (Günergun 2007; para un amplio panorama de la historia de la ciencia y la tecnología en el mundo otomano cf. İhsanoğlu 2022).

El Tanzimat y el periodo subsiguiente (1839-1922)

El segundo periodo de aculturación comenzó con el Tanzimat (reorganización), una serie de reformas gubernamentales, legales y educativas que aplicó el Imperio Otomano entre 1839 y 1876, durante los reinados de los sultanes Abdülmecid I y Abdülaziz. Las reformas estaban modeladas a partir de ideas y desarrollos científicos europeos y pensadas para provocar cambios de gran magnitud tanto en el sistema de gobierno como en los sistemas culturales del imperio en general. La fundación de cámaras dedicadas a la traducción trajo consigo la intensificación de las traducciones literarias y científicas a partir de fuentes europeas durante el siglo XIX (Paker 2009; para un análisis detallado de las instituciones de traducción durante el periodo otomano, cf. Kayaoğlu 1998; para información detallada sobre la traducción y la occidentalización de Turquía entre 1840 y 1980, cf. Berk 2004).

La Cámara de Traducción gubernamental (Bâb-ı âli Tercüme Odası) comenzó en 1833 a enseñar lenguas europeas, con especial incidencia en el francés. Los alumnos eran musulmanes y la tipología textual preferente eran los documentos oficiales. La Academia de las Ciencias (Encümen-i Daniş) se fundó en 1851 por una orden gubernamental y la Sociedad Científica Otomana (Cemiyet-i Ilmiye-yi Osmaniye) fue fundada a su vez por Münif Pasha, un reputado miembro de la Cámara de Traducción y un agente cultural de primera línea. Estas instituciones, con docentes, científicos, historiadores y orientalistas europeos tanto musulmanes como no musulmanes intentaban coordinar su labor de traducción para introducir la ciencia europea en la cultura otomana, además de apoyar la labor de científicos y eruditos, y de crear materiales didácticos para la educación superior. El Catéchisme d’Économie Politique (1852), de J. B. Say fue la primera traducción al turco que publicó la Academia de las Ciencias, en este caso a cargo de Sahak Abro, que tradujo y seleccionó las obras. Los miembros de la academia tradujeron o redactaron diversas narraciones históricas, entre las que cabe destacar la historia de la Antigua Grecia (Ahmed Ağrıbozi), la traducción de una historia de Europa (Todoraki Efendi) o el libro de Aleko Efendi sobre las últimas campañas de Napoleón, si bien estas obras no se llegaron a publicar y quedaron como manuscritos (Paker 2009: 556; 2017: 19).

La Academia de las Ciencias se clausuró en 1862 y tres años después se fundó un Comité de Traducción con fines similares, de nuevo bajo la supervisión de Münif Pasha, que publicó las traducciones de una obra inglesa sobre historia y otra francesa sobre geografía. Una de las actividades principales de la Sociedad Científica Otomana fue la publicación de Mecmua-i Fünun (Revista de las Ciencias), que también incluía traducciones sobre filosofía, historia y geografía, considerada la primera revista académica turca y que tuvo una publicación irregular entre 1862 y 1882. Esta revista ejerció un gran impacto tanto sobre la historia de la ciencia y la cultura de la sociedad otomana como sobre el lenguaje científico y filosófico turco (Paker 2009: 556; 2017: 21).

La primera historia de la filosofía griega en turco fue Abrégé de la Vie des Plus Illustres Philosophes de l’Antiquité, traducida por Cricor Chumarian y publicada en Esmirna en 1854, que se presentó en una versión bilingüe franco-turca sin relación alguna con ninguna institución oficial (Paker 2009: 556). En esta misma línea, vale la pena mencionar que a partir del Tanzimat, pensadores otomanos como Münif Pasha, Ali Süavi, Beşir Fuat, Baha Tevfik y Abdullah Cevdet se revelaron como agentes traductores de primer orden y publicaron obras sobre filosofía entre las que destacan las historias de la filosofía occidental, así como tratados de filósofos de la Ilustración y obras sobre el positivismo (Akdoğan Özdemir 2018).

Uno de los hitos de la historia de la traducción en el periodo del Tanzimat fue la traducción que realizó Münif Pasha sobre los diálogos filosóficos de Voltaire, Fénelon y Fontenelle, que tituló Muhaverat-i Hikemiye (Diálogos filosóficos, 1859). Considerada una de las primeras traducciones del ámbito de la filosofía, esta obra introdujo por vez primera en turco las ideas principales de la Ilustración europea (Paker 2009, 2017). También se tradujeron algunos clásicos europeos en una muestra del interés de los literatos otomanos por las formas literarias modernas, que ejercieron su influencia sobre las ideas y maneras de abordar la literatura en Turquía. Por ejemplo, Les aventures de Télémaque de Fénelon fue traducida como Terceme-i Telemak por el gran visir Yusuf Kamil Pasha, que había pasado un periodo destinado a Egipto, donde esta obra se había traducido al árabe con gran éxito. Se trataba de una novela político-filosófica y, al mismo tiempo, un ejemplo de “espejo de príncipes”, género que ya era popular en la tradición otomana gracias a traducciones del árabe y del persa. Telemak se difundió en forma de manuscrito hasta su impresión en 1862. Otra traducción relevante que influyó sobre la literatura turca moderna fue Tercume-i Manzume (1859), una antología poética de La Fontaine, Lamartine, Gilbert y Racine, traducida por Ibrahim Şinasi en aruz, el formato poético tradicional turco, que a su vez era una adaptación del árabe y del persa (Paker 2009: 556, 2017: 21).

Tercume-i-Mazuje
Portada de Mecmua-i Fünun [Fuente] Página de créditos de Tercüme-i Manzume, de Şinasi [Fuente]

Las primeras traducciones literarias introdujeron nuevos géneros literarios en el sistema cultural otomano, especialmente la poesía occidental, el diálogo filosófico y la novela. La influencia de estos nuevos géneros fue crucial por el modo en que abrieron las puertas a producciones locales. La primera comedia doméstica turca la escribió Ibrahim Şinasi en 1860 y apareció por entregas en el periódico Tercüman-i Ahval (El intérprete de las condiciones). Ibrahim Şinasi, que se había educado en Francia y trabajaba para la Academia de las Ciencias (Encümen-i Daniş), era un empresario que formó parte del sistema literario del periodo con sus obras originales y traducciones (Paker 2009: 556). Şinasi fue también el responsable del lanzamiento en 1862 de uno de los primeros periódicos privados turcos, Tasvir-i Efkar (Ilustración de ideas), del que fue director. Tasvir-i Efkar se convirtió en el periódico más eficiente y popular del periodo debido a sus traducciones literarias y sobre asuntos sociales, económicos y políticos, que aparecieron por entregas de la mano de Ibrahim Şinasi. Lo que dio mayor relevancia a la escritura y publicaciones de Şinasi fue su política de simplificar la prosa turca. Por medio del periodismo promovió el uso del turco simple, lo que ejerció una influencia a largo plazo sobre la lengua y literatura turcas de periodos posteriores. Las traducciones que aparecían en periódicos y revistas, tanto literarias como ensayísticas, desempeñaron un papel relevante en la aplicación y promoción de esta política, que recibió el apoyo generalizado de autores y periodistas como modo más eficaz de comunicarse con sus lectores. Entre las obras ofrecidas por entregas cabe destacar Les Misérables (Victor Hugo, 1862), Atala (Chateaubriand, 1869), Paul et Virginie (de Saint-Pierre, 1870), Micromégas (Voltaire, 1871) y Le Comte de Monte Cristo (Dumas padre,1871) (Paker 2009, 2017).

Westernisation in Turkey

Entre estos periódicos destaca Ceride-i Havadis (Diario de noticias), el primer periódico de información no oficial publicado en turco, a cargo de William Churchill. Este diario incorporaba además abundancia de material literario y no literario traducido a partir de fuentes occidentales. Los empresarios y agentes culturales que traducían fuentes europeas al turco formaron todos parte de este tipo de iniciativas oficiales y privadas en algún momento de sus vidas durante el Tanzimat. Algunos ejemplos son Münif Pasha, que aprendió francés en la Cámara de Traducción; Amet Vefik Pasha, traductor de Molière, miembro de la Academia y profesor de historia en la Sociedad Científica Otomana; Namık Kemal, famoso literato y primer traductor de Montesquieu al turco, que se formó en la Cámara de Traducción. A ellos podemos añadir la figura, especialmente importante, del agente más prolífico del periodo, Ahmed Midhat, un escritor y traductor muy productivo que también fundó el diario Tercüman-i Hakikat (Intérprete de la verdad), que proporcionó una plataforma a todo tipo de producciones literarias y controversias públicas (Paker 2009; 2017).

Las traducciones en el periodo del Tanzimat desempeñaron un papel importante tanto en la introducción de géneros literarios modernos del tipo del teatro o la novela como en la generación de una atmósfera crítica para el debate sobre la traducción. Al mismo tiempo que los literatos otomanos se familiarizaban con las ideas de la Ilustración, su modo de concebir y abordar la traducción también empezó a cambiar a partir de la noción del “original como opuesto a la traducción”. Figuras literarias de primera línea que también eran traductores importantes, como Ahmet Vefik Pasha, Şemsettin Sami y Ahmet Midhat, favorecían la fidelidad hacia sus textos originales (Paker, Tahir Gürçağlar & Milton 2015: 5-6). Aunque el reinado de Abdülhamid II (1876-1909) fue el pistoletazo de salida para una estricta censura y restringió hasta cierto punto las actividades de autores y traductores, también fue causa del ascenso de la literatura popular a través de géneros como la novela policiaca y la ciencia ficción. Tras la Revolución de los Jóvenes Turcos de 1908, se produjo un rejuvenecimiento de las traducciones de literatura inglesa, alemana y rusa sin descuidar los clásicos de la filosofía, historia y ciencias sociales (Paker 2009).

También debería observarse que las traducciones del periodo otomano no se limitan al turco. Las traducciones a y entre los diversos idiomas del Imperio Otomano también han atraído la atención investigadora de especialistas en historia y en literatura comparada, lo que ha dado lugar a proyectos interdisciplinares (ver ejemplos en https://www.transottomanica.de/; así como en Booth & Savina 2023; Booth 2019). La investigación en literatura comparada enfocada hacia los distintos idiomas revela la historia y diversidad idiomática y literaria del Imperio Otomano (cf. Uslu 2015). Además, dado que en este periodo el turco se escribía con diferentes sistemas, como los alfabetos armenio o griego, la investigación sobre traducciones con otros sistemas de escritura arroja una luz diferente sobre la historia de la traducción (Berk Albachten 2019). Por ejemplo, la investigación reciente en este campo ha revelado que la traducción que hizo Vartan Pasha de Le Diable Boîteux (Alain-René Lesage, 1707) en turco con alfabeto armenio ya se publicó en 1853 bajo el título de Topal Şeytan Hikâyesi (Strauss 2010: 164; Berk Albachten 2019: 172). Otra traducción turca también con alfabeto armenio fue la que se hizo en 1858 a partir de Les Mystères de Paris (Eugène Sue) con el título de Parisin Sırları (Cankara 2011: 8; Berk Albachten 2019: 172). Hay más ejemplos de literatura con diferentes sistemas de escritura, como el karamanlidika, que es el turco escrito con alfabeto griego. La versión karamanlidika de Robinson Crusoe, por ejemplo, apareció una década antes de su traducción otomana en alfabeto árabe, que se publicó en 1864 (Berk Albachten 2019: 173).

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[heading title] El periodo republicano (1923-…)

La traducción desempeñó un papel trascendental en el proceso de modernización iniciado en los primeros años de la República de Turquía, que fundó Mustafa Kemal Atatürk en 1923 (Berk 2004; Tahir Gürçağlar 2008). Turquía se constituyó como estado laico a través de una serie de reformas en diversos ámbitos culturales, todas ellas dirigidas a crear una sociedad progresista al estilo europeo. En 1924, el Ministerio de Educación nombró una Comisión de Obras Originales y Traducidas para publicar el material necesario en el ámbito didáctico. La renovación más vanguardista fue la instigada en la lengua, un sistema central en la cultura, que constituía también una parte crucial de la identidad nacional que querían construir los fundadores de la joven república. La lengua otomana, que hasta entonces se escribía con el alfabeto árabe, era una característica distintiva de la identidad multilingüe y multicultural del imperio y de su administración islámica, hasta entonces bajo la guía de un sultán-califa. Con objeto de fundar un estado nacional laico y monolingüe, en 1928 se llevó a cabo una reforma lingüística radical que consistió en la sustitución del alfabeto árabe por el latino y la reconversión del idioma (1932) para pasar del discurso otomano híbrido -compuesto de turco, árabe y persa- a un turco puro en el que se eliminaron los componentes extranjeros y se compilaron palabras de origen turco para reemplazarlos (Berk 2004). Como resultado, la reforma lingüística implicó la realización tanto de traducciones interlingüísticas para proporcionar material de lectura y educativo de fuentes europeas que sirvieran de apoyo a la agenda ideológica de la nueva república, como traducciones intralingüísticas que reescribieran las obras en turco otomano para adaptarlas a la nueva forma de la lengua turca. Así, la traducción tanto institucional como privada se convirtió en una herramienta fundamental del proceso de modernización y occidentalización de la recién fundada república turca (Berk Albachten 2015).

Hasan Âli Yücel, importante agente traductor y ministro de educación, fundó un Comité de Traducción en 1939 y una Oficina de Traducción en 1940 que coordinaron un programa masivo de traducciones ajustado al ideario de la revolución cultural auspiciada por el gobierno, siempre en línea con la reforma lingüística.

Cuando la Oficina de Traducción se fundó en 1940 estaba compuesta por siete miembros: Nurullah Ataç (presidente), Saffet Pala (secretario general), Sabahattin Eyuboğlu, Sabahattin Ali, Bedrettin Tuncel, Enver Ziya Karal y Nusret Hızır. Además de ser autores o eruditos de reconocido prestigio, todos eran también traductores que contribuyeron a las actividades de la Oficina. Sin embargo, también hubo un proceso de delegación por el que parte de las obras las tradujeron otras personas, siempre que hubieran demostrado antes su capacidad. La Oficina de Traducción organizó una serie de colecciones publicadas por el Ministerio de Educación, entre las cuales “Dünya Edebiyatından Tercümeler” (Traducciones de la literatura universal) era la más popular. La colección de “Okul Klâsikleri” (Clásicos escolares) y las publicaciones del Conservatorio del Estado (el instituto de música y artes escénicas) fueron también grandes proyectos de la Oficina en años posteriores (Tahir Gürçağlar 2008: 70-71). Tras estrenarse con la traducción de obras de teatro, la Oficina produjo unas diez traducciones anuales en sus primeros dos años y luego los números se fueron incrementando progresivamente, con 27 traducciones en 1942, 68 en 1943, 97 en 1944, 110 en 1945 y 143 en 1946 (Ötüken 1967: VI; Tahir Gürçağlar 2008: 71). Los clásicos occidentales constituyeron la fuente principal de las traducciones que preparó la Oficina en este periodo y el objetivo consistió en generar un renacimiento cultural a través de la creación de un “humanismo turco”. Se dio prioridad a las obras filosóficas y literarias de la Antigua Grecia y solo un 5 % de las obras se tradujeron de fuentes orientales (principalmente árabes y persas) entre 1940-1946. Las traducciones del griego y del latín se percibieron también como especialmente necesarias en los nuevos departamentos de humanidades de las universidades de Ankara y Estambul (Tahir Gürçağlar 2009).

Politics and Poetics 1923

La Oficina de Traducción fue una parte importante de la “planificación cultural” del gobierno turco junto con otras instituciones como los Institutos de Aldea o las Casas del Pueblo, diseñados para apoyar el proceso de “construcción nacional”, además de incrementar el nivel educativo y la alfabetización mediante la creación de un marco filosófico y literario para las reformas. La Oficina de Traducción “bridged the political and the literary fields by serving as a channel through which the concept of humanism, as the ideological basis for a Turkish renaissance, would be transferred to the field of literature and evoke a response in the readership, as well as in writers.” (Tahir Gürçağlar 2008: 72). Sin embargo, a partir de 1946 la cantidad de libros publicados comenzó a descender en paralelo al cambio de la política general de la Oficina como resultado de una serie de crisis sociales, económicas y políticas, así como de la transición hacia un sistema multipartidista. En 1966, año de su cierre, la Oficina había realizado 1.247 traducciones (Tahir Gürçağlar 2008: 71-72).

Entre las primeras traducciones de este organismo, se cuentan siete obras de Sófocles, una renacentista en latín de Erasmo de Róterdam (Encomium Moriae, con el título de

Deliliğe Övgü, traducida por Nusret Hızır), cuatro obras francesas entre las que destacaban Molière con Le Misanthrope (Adamcıl, traducida por Ali Süha Delilbaşı) y L’école des Femmes (Kadınlar Mektebi, traducida por Bedrettin Tuncel y Sabahattin Eyuboğlu), Stendhal con Le Rouge et Le Noir (Kırmızı ve Siyah, traducida por Nurullah Ataç), Balzac con Le Lys Dans La Vallé (traducida por Nahid Sırrı Örik) y una obra alemana, el volumen primero del Faust de Goethe (traducido por Recai Bilgin) (Ötüken 1967; Tahir Gürçağlar 2008: 164-165).

Los clásicos griegos constituían una parte importante del repertorio de la Oficina, hasta el punto de que cinco de las diez traducciones que hicieron de Eurípides estaban ya concluidas para 1943, mientras que las otras se sucedieron rápidamente. Del mismo modo, 26 de las 31 obras de Platón traducidas se publicaron entre 1942-1944 (Paker 1986: 418). La mayor parte de las traducciones de 94 clásicos griegos estaban ya concluidas para finales de los 40. Lo mismo sucedía con 27 de los 31 títulos latinos traducidos, todos ellos publicados durante la primera década de existencia de la Oficina. Vale la pena mencionar también que las obras en griego y latín se tradujeron mayoritariamente de modo indirecto, a partir del francés (Paker 1986: 418), pese a la política de traducción de la Oficina, que defendía la traducción directa a partir de la lengua original (Tahir Gürçağlar 2008: 165).

Entre 1940-1946, las traducciones de clásicos franceses sumaron 308 obras, lo que convirtió al francés en el idioma original mayoritario para la Oficina de Traducción. Tras el francés, el segundo idioma más popular fue el alemán, con 113 traducciones, seguido del griego, con 94 traducciones, el ruso con 88 y los clásicos ingleses con 80. Las traducciones de clásicos orientales islámicos del árabe y del persa, entre los que destaca el Masnavi de Rumi, ocupaban el sexto lugar, con 66 obras. Los autores originales más buscados por la Oficina fueron Platón (30 obras), Molière (27), Balzac (22), Shakespeare (22), Dostoyevski (14), Goethe (10), Tolstói (9) y Chéjov (8) (Tahir Gürçağlar 2008: 166; cf. Ötüken 1967 para una lista completa de las publicaciones de la Oficina).  

Otras literaturas también actuaron como fuente para las traducciones de la Oficina, entre las que se cuentan la china (4 obras); la danesa (1); la india (2); la noruega y sueca en una colección denominada “Clásicos escandinavos” de 19 obras con firmas como Henrik Ibsen, August Strindberg, Selma Lagerlöf y Knut Hamsun; la española (2); italiana (20 clásicos); latinoamericana (1); húngara (18); y polaca (2) (Ötüken 1967: 249; Tahir Gürçağlar 2008: 166).

Aunque la literatura constituyó el principal foco del repertorio de la Oficina, la filosofía concentró una parte sustancial de sus traducciones gracias a la inclusión de los clásicos griegos. La obra de filósofos occidentales como Descartes, Voltaire y Rousseau también se tradujo y publicó asiduamente (Ötüken 1967: 65-150; Tahir Gürçağlar 2008: 166).

En cuanto a los traductores, los agentes principales de la Oficina fueron Nurullah Ataç, Sabahattin Eyuboğlu, Lûtfi Ay, Orhan Burian y Yaşar Nabi Nayır. Todos ellos también participaron en la producción literaria y crítica del periodo. De nuevo, entre los traductores de la Oficina cabía encontrar a nombres de primera línea en el sistema literario, tales como Hasan Âli Ediz, Vedat Günyol, Suut Kemal Yetkin, Reşat Nuri Güntekin, Cahit Sıtkı Tarancı y Yakup Kadri Karaosmanoğlu (Tahir Gürçağlar 2008: 166-167).

La Oficina también contaba con un órgano de comunicación, la revista Tercüme (Traducción), publicada entre 1940-1966, aunque con una periodicidad muy irregular a partir de 1950. Tercüme estaba compuesta de traducciones, reseñas, crítica, bibliografías y noticias en torno a la propia Oficina de Traducción. También proporcionó una plataforma gratuita para que traductores y autores debatiesen sobre su concepción de la traducción (Tahir Gürçağlar 2008: 71).

Tercume

La revista Tercüme (1941), publicada por la Oficina de Traducción

El estado también apoyó la edición comercial en las décadas de 1930 y 1940. Vakit y Remzi fueron las principales empresas que publicaron amplias colecciones de traducciones que incluían clásicos occidentales junto con la literatura canónica. Debido a las actividades de traducción apoyadas por el estado, la literatura popular también floreció a través de traducciones publicadas por empresas privadas entre 1940-1960, lo que condujo a una diversificación de géneros y temas, así como a aumentar el dinamismo del sistema literario (Tahir Gürçağlar 2008). Tras los cambios constitucionales, el clima intelectual cambió en Turquía en la década de los 60 y las editoriales comerciales dieron prioridad a la traducción de la literatura marxista/socialista. Estas traducciones funcionaron como herramienta del activismo político en un entorno social bajo la influencia del auge de los movimientos de izquierda en todo el mundo. Sin embargo, los movimientos estudiantiles provocaron una gran violencia, que se convirtió en una de las justificaciones subyacentes para el memorando militar de 1971, que limitó algunos de los derechos y libertades conseguidos con la Constitución de 1961 (Tahir Gürçağlar 2002).

Tras la fundación de la república, uno de los momentos más críticos de la historia de la interpretación fue la necesidad de la modalidad consecutiva en las clases de los profesores alemanes que emigraron a Turquía durante el régimen nazi en los años 30. La interpretación desempeñó un papel relevante en los procedimientos didácticos durante las reformas universitarias de la primera etapa republicana (Diriker 2015: 93). El primer y trascendental paso hacia la formación profesional en interpretación simultánea se dio en los años 50, cuando Turquía se incorporó a la economía global y la necesidad de formar en administración de empresas en la Universidad de Estambul mediante una beca de la Fundación Ford exigió este tipo de interpretación. La primera formación se ofreció a través de una delegación de la Universidad de Harvard que acudió a Estambul en 1959, a lo que siguieron otros cursos y la creación de varios departamentos de estudios de traducción, así como programas de grado en interpretación.

Hoy en día, la interpretación de conferencias es un campo profesional consolidado e institucionalizado que posee una de las asociaciones profesionales más antiguas y mejor estructuradas, la Asociación Turca de Intérpretes de Conferencia (TKTD). En lo que respecta a la interpretación comunitaria en Turquía, todavía hace falta avanzar en términos de formación e institucionalización (Diriker 2015: 93-99).

Tension in Turkey Conference interpreting

La sociedad turca experimentó cambios significativos en sus estilos de vida, convenciones culturales y tendencias con las políticas económicas liberales que se aplicaron por las presiones del golpe militar de 1980. Tras la caída de Turquía bajo la influencia del capitalismo a través de su transición a una economía libre de mercado, diversos factores sociales y económicos comenzaron a ejercer su influencia sobre el mundo editorial turco. Además de la proliferación de todo tipo de tipos textuales, especialmente la literatura y ciencia populares, una de las novedades más importantes fue la introducción de un nuevo género a través de las traducciones, concretamente la autoayuda o superación personal, que súbitamente se constituyó en un campo sumamente popular en Turquía (Akdoğan Özdemir 2020).

Si bien no existe una investigación detallada ni estadísticas sobre los porcentajes de publicación, la traducción supone una parte significativa de los libros que se publican en turco. Según las cifras que proporciona el Ministerio de Cultura y Turismo basadas en los ISBN, el total de libros publicados en Turquía en 2022 fue de 83.653, de los cuales el 11,4 % eran traducciones, con un total de 9.611 títulos. Los porcentajes de traducción varían según el género. Así, los libros traducidos de “ficción adulta” suponen un 17,7 %, mientras que en la categoría de “infantil y juvenil” se alcanza el 21 % y en la categoría de “cultura” se llega a un 18,5 % (cifras basadas en el informe “Türkiye Yayıncılar Birliği 2022 Yılı Kitap Pazarı Raporu” y en los datos ofrecidos por el Ministerio). En la confección de noticias, programas televisivos, cine, medios digitales y plataformas de entretenimiento, la traducción posee igualmente una presencia constante.

Black Hikmet Akin

Hoy en día, el gobierno ya no es un agente que encargue ni publique traducciones, pero sí subvenciona la traducción de literatura turca a diferentes idiomas. El proyecto TEDA (Türk Kültür Sanat ve Edebiyatının Dışa Açılması, Programa turco de ayudas para la traducción y publicación) tiene como objetivo el apoyo a la publicación de literatura turca en el extranjero mediante la ayuda financiera a traductores y editores internacionales. Según los datos proporcionados por el Ministerio Turco de Cultura sobre la distribución lingüística entre 2005 y 2017, la mayor cantidad de traducciones subvencionadas a través de este proyecto fue al búlgaro (288 obras), seguido del alemán (272), albanés (238), árabe (210), persa (136), inglés (116), bosnio (112), macedonio (110), azerí (108) y francés (69) (YATEDAM Yayıncılık Raporu 2017, 13). Las obras literarias turcas se leen en los países de habla inglesa y se han traducido a diversos idiomas. No solo se conoce a Orhan Pamuk, el premio Nobel de literatura de 2006, sino que un buen número de novelistas y poetas de origen turco, como Nazım Hikmet, Yaşar Kemal, Gülten Akın, Latife Tekin, Lale Müldür se han publicado tanto en inglés como en varios otros idiomas mediante la traducción (para bibliografías de la literatura turca en inglés, cf. Paker & Yılmaz 2004; Horzum & Ağın 2021; Akbatur 2024).

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Research potential Potencial de investigación

Los estudios de traducción constituyen una disciplina consolidada en Turquía, con más de 50 grados universitarios en diversas lenguas, como el inglés, francés, alemán, chino, persa, japonés y ruso, además de múltiples programas de máster que se ofrecen en diversas universidades públicas y privadas de toda Turquía. En la Universidad Boğaziçi de Estambul y la Bilkent de Ankara se ofrecen sendos programas de máster de interpretación de conferencias avalados por la Unión Europea. La Universidad de Boğaziçi creó el primer programa de doctorado en estudios de traducción en 1994, al que siguió la Universidad de Hacettepe, la de Estambul y la Universidad Técnica de Yıldız entre otras.

Los estudios de traducción con orientación historiográfica son el campo más desarrollado en el área (para un resumen detallado de la investigación en estudios de traducción en Turquía, cf. Paker, Tahir Gürçağlar & Milton 2015).

Entre las áreas de investigación histórica potenciales cabe destacar la relación entre el multilingüismo y la traducción en el contexto otomano; las traducciones a otros sistemas de escritura o las traducciones literarias y científicas en el Imperio Otomano; la historia de la traducción en los campos que se han desarrollado a través de la traducción en turco, pero que no se han explorado desde la perspectiva de los estudios de traducción, tales como la filosofía, la psicología o la sociología; y también la historia reciente de la traducción en Turquía, especialmente a partir de los años 80. También se precisan estudios históricos en torno a quiénes tradujeron en los diferentes periodos. El uso de la tecnología en todos los campos de la traducción y la interpretación es otra área de investigación en crecimiento. Igualmente, se necesitan estudios basados en corpus que cubran las diferentes modalidades de traducción en Turquía, así como investigación interdisciplinar que emplee los métodos de las humanidades digitales. La multimodalidad, la traducción audiovisual y las diferentes maneras de traducir en las plataformas digitales también constituyen campos nuevos con carencias investigadoras. Necesitamos más investigación en interpretación comunitaria debido al número creciente de personas de origen sirio que solicitan refugio, por no mencionar las necesidades lingüísticas de otros grupos nativos minoritarios. Los terremotos de febrero de 2023 han demostrado la necesidad de la interpretación en las emergencias, una tarea de investigación y formación ya iniciada por el proyecto ARÇ (Intérpretes de Auxilio en Desastres) en 1999.

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