| ENG Revision CAT Revisió EUS Berrikuspena FRA Révision GLG Revisión POR Revisão |
contenidos
Introducción | Terminología de la revisión | Necesidad de revisión | Motivos para realizar cambios | Dificultad de la revisión | Relaciones revisor-traductors | Competencias del revisor | Automatización de la revisión | Diversidad de políticas y prácticas de revisión | Autorrevisión | Ética de la revisión: conflictos de lealtad | Procedimientos de revisión | Didáctica de la revisión | Bibliografía sobre la revisión e investigación | Potencial de investigación
La revisión de traducciones, es decir, la lectura de estas con el fin de modificar las formulaciones problemáticas para lograr que se ajusten a un concepto de calidad concreto es una actividad práctica muy antigua que, en la actualidad, además de ser objeto de estudio académico, es una asignatura que se imparte en los centros de formación de traductores. Desde mediados del siglo XX, la revisión es una práctica habitual en las empresas y agencias de traducción, en la industria editorial y en los departamentos de traducción de instituciones corporativas y gubernamentales. Normalmente, los traductores profesionales con más experiencia son designados como «revisores» y, en otros casos, los traductores revisan el trabajo de sus colegas (inter pares o mediante revisión recíproca).
La revisión, además de ser una actividad lingüística es una actividad económica. El tiempo que se invierte en la revisión implica un coste y, por consiguiente, puede ser limitado por los empleadores, los clientes e incluso los propios traductores para incrementar sus ingresos. Por este motivo, los revisores deben encontrar la manera de reducir el tiempo que dedican a la revisión.
En español, al igual que en inglés, no existe una terminología normalizada para referirse a la actividad revisora. Véase la sección «Otros nombres».
Aunque las normas internacionales del sector de la traducción ISO 17100:2015 e ISO 20539:2023 incluyen listas de términos, en 2025, los relacionados con la revisión no han logrado contar con un uso generalizado en el mundo hispanohablante (ni en el anglohablante).
La revisión se relaciona con la búsqueda de la calidad. Sin embargo, debe distinguirse de la evaluación de la calidad, término que se utiliza para aludir a un procedimiento de valoración diagnóstica que se aplica tras la entrega de la traducción al cliente. Su finalidad es determinar en qué medida o grado se han cumplido las normas profesionales, así como las del PST y las especificaciones y expectativas del cliente. No consiste en realizar correcciones. El resultado de la evaluación se puede cuantificar, por ejemplo, para calificar y clasificar el rendimiento de los empleados o seleccionar contratistas.
La revisión también debe distinguirse del aseguramiento de la calidad, término que se emplea para referirse al conjunto de procedimientos que implementan todos los miembros de una organización traductora (antes, durante y después del proceso de producción de la traducción) para garantizar que se cumplen los objetivos de calidad relevantes para los clientes. Los objetivos en cuestión pueden estar relacionados con la calidad del servicio (cumplimiento de los plazos, interacción satisfactoria de los clientes con el servicio de traducción), la calidad del producto físico (maquetación, formato electrónico) y la calidad del texto (estilo adaptado a los usuarios y al uso previstos, terminología apropiada, corrección lingüística).
Por último, puesto que la revisión la realizan personas, debe diferenciarse de la evaluación de la calidad de la traducción, que se determina mediante diversos métodos automatizados, así como del uso de herramientas que contribuyen al aseguramiento de la calidad, como los programas informáticos que detectan problemas y errores ortotipográficos, y el uso incoherente de términos.
La revisión es necesaria porque es muy fácil que incluso los traductores con experiencia cometan errores. Los traductores responsables, una vez finalizada la redacción de la traducción, comprueban siempre su trabajo (autorrevisión). No obstante, a menudo, se necesita un segundo par de ojos (revisión de un tercero) debido a la importancia del texto o a la falta de experiencia del traductor (en el campo temático del texto o en la profesión).
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| Sello que una empresa de traducción puede incluir en su sitio web si está certificada con la norma internacional de servicios de traducción ISO 17100:2015. |
La norma ISO 17100:2015 exige que cualquier traducción realizada por un proveedor de servicios lingüísticos (PSL) sea revisada (por un tercero) para certificarla conforme a la norma, aunque existen motivos para considerar que este requisito no siempre se cumple. Entre otras razones, cabe señalar que la revisión (por otro traductor) aumenta los costes de producción y que la revisión sistemática de cualquier traducción puede desmotivar a quienes cuentan con experiencia y traducen bien.
Los revisores desempeñan la función de «controladores» al garantizar que las traducciones cumplen tanto las normas lingüísticas y textuales de la sociedad como los objetivos del cliente. También ejercen como «terapeutas» del lenguaje al asegurar que se facilita el procesamiento mental (legibilidad lingüística) y una adaptación idónea de la traducción a sus futuros usuarios.
La revisión es un medio más para la consecución de la calidad. Sin embargo, quizás sea más importante disponer de traductores bien formados, seleccionar al traductor más apropiado para un trabajo concreto y asegurarse de que tiene acceso a todas las herramientas que necesita. Estas medidas sirven para prevenir errores, no para corregirlos cuando ya se han cometido.
La redacción puede requerir cambios por motivos muy diversos (Mossop 2020, capítulo 11; Dam-Jensen y Vesterager 2024). Por ejemplo, porque no refleja de manera apropiada la interpretación que el revisor hace del texto de origen; por estar indebidamente influenciada por la lengua de origen; por no ser idiomática, contener errores gramaticales o faltas de ortografía; por utilizar la terminología de manera incoherente; por no ser adecuada para el género textual en cuestión, los lectores a quienes se dirige (expertos en la materia o no expertos), el uso que se hará de la traducción (una lectura rápida a mero título informativo o para tomar una decisión como, por ejemplo, al pasar ante una señal de tráfico) o por no cumplir los deseos expresos de quien paga la traducción. En la mayoría de los géneros, los cambios son necesarios cuando la traducción no cumple las normas lingüísticas y retóricas de los hablantes nativos de la lengua meta y cuando no es apropiada para la cultura «no lingüística» de los lectores (en el sentido antropológico de su «estilo de vida» o costumbres).
Los cambios pueden ser de dos tipos: correcciones y mejoras necesarias. Las correcciones son cambios requeridos por una norma de ortografía, puntuación o gramática, una instrucción de un manual, libro u hoja de estilo o bien por un principio retórico o relacionado con el género textual, ampliamente aceptado en la lengua meta. También se consideran correcciones la rectificación de errores terminológicos evidentes, de formulaciones claramente erróneas o de traducciones que no son idiomáticas (porque reflejan interferencias graves de la lengua de origen), así como las de errores factuales y matemáticos (salvo razón en contra, como podría serlo una instrucción en ese sentido por parte del cliente). Las mejoras necesarias son los cambios que requieren aquellos textos, cuyo nivel de calidad de redacción debe ser superior al alcanzado por el traductor, al ir más allá del estricto cumplimiento de las normas. El siguiente ejemplo en español, elaborado a partir del ejemplo en inglés (Mossop 2020: 165), muestra una revisión que incluye una corrección (falta una palabra en inglés y una coma en español) y una mejora necesaria para incrementar la calidad de la redacción (colocar la palabra «pruned» y «podarlos» en el foco de atención, y sustituir el verbo «eliminar» por «talar», al ser más concreto en español) porque el texto se pondrá a disposición del público. El mensaje es que los tilos situados en la propiedad de la empresa no se van a talar, solo se podarán.
| The firm does not intend to remove the lime trees but to keep them healthy they will need to be it is necessary to carry out pruned.ing of the trees to keep them healthy. |
| La empresa no tiene la intención de eliminar talar los tilos, pero para mantener los árboles sanos es necesario llevar a cabo la podarlos de los árboles para mantenerlos sanos. (1) |
En general, se considera que revisar una traducción es una tarea difícil, incluso cuando se tiene una dilatada experiencia. Con frecuencia, los revisores no detectan formulaciones que deberían modificarse o realizan cambios innecesarios. A veces, sus intervenciones incluso empeoran la traducción (Riondel 2024a; Künzli 2007b). Los motivos por los que los revisores consideran difícil revisar pueden ser, entre otros: que el programa del título de traducción que cursaron no incluyese una asignatura sobre revisión; que nunca hayan asistido a un taller de revisión o que no hayan sido supervisados, tras ser asignados como revisores. En consecuencia, al no haber asimilado lo que se debe hacer y lo que no se debe hacer al revisar, se limitan a aplicar su propio concepto, normalmente indefinido, de lo que debe hacer un revisor. Por consiguiente, dos revisores que trabajan en una misma empresa pueden revisar de manera muy dispar, al centrarse en diferentes aspectos de la traducción, lo cual incomoda a los traductores cuyo trabajo no es revisado siempre por la misma persona.
Otra dificultad añadida es que, a diferencia de la traducción, la revisión consiste fundamentalmente en un ejercicio de lectura y si los revisores consideran que el texto no es interesante, como no necesitan detenerse para corregir o insertar un comentario, al cabo de un rato, es posible que acusen una pérdida de la concentración. La revisión también se complica cuando el cliente no facilita especificaciones sobre el propósito y el destinatario de la traducción.
La consecución de un determinado nivel de calidad puede verse obstaculizada por exigencias o necesidades empresariales como, por ejemplo, que los clientes o los gestores del proyecto no concedan un plazo de tiempo suficiente para realizar un trabajo satisfactorio; este factor también dificulta la revisión.
La revisión es también una actividad social, ya que suele implicar interacción entre el revisor y el traductor del borrador, aunque en ciertos casos puede que no exista (por ejemplo, si el traductor es un contratista porque casi nunca puede ver la traducción revisada). Las relaciones entre el revisor y el traductor suelen ser conflictivas, en particular, cuando el primero no puede justificar la necesidad de un cambio o tiene que indicarle al traductor que la traducción no es muy buena (Valdez & Vandepitte 2021). Por consiguiente, el mero hecho de que la traducción se someta a revisión puede resultar desagradable tanto para el traductor como para el revisor.
La decisión sobre la redacción final puede depender del revisor, quien ejerce así su «autoridad», o del traductor original, en cuyo caso el revisor desempeña la función de asesor.
Además, existe una división de tareas entre el traductor y el revisor. Una práctica habitual, por ejemplo, es que la responsabilidad de investigar sobre el tema y la terminología de los textos se atribuya a los traductores; desde esta perspectiva, los revisores solo comprueban la investigación que realizan los traductores sin experiencia o los nuevos contratistas.
Existen diversos tipos de habilidades y conocimientos específicos para la revisión (Robert, Remael y Ureel 2017). Probablemente, sobre decir que no todo aquel que revisa tiene las competencias que, en teoría, se consideran necesarias para hacerlo bien.
La principal habilidad que necesitan los revisores es la capacidad de detectar formulaciones problemáticas, lo cual no es fácil (Ipsen y Dam 2016). Además, deben tener experiencia como traductores en un lugar de trabajo concreto, es decir, que tenga su propio concepto de lo que considera una calidad aceptable. Si el revisor carece de experiencia, puede que no sea capaz de identificar las traducciones que son aceptables o de saber cuándo se requiere un cambio.
Además, los revisores necesitan tener habilidades sociales para poder justificar ante los traductores los cambios que realizan y reducirlos a los estrictamente necesarios (para evitar que el traductor se resienta y la consiguiente animadversión ). También deben ser capaces de aceptar que existen otras formas de enfocar la traducción, en particular, teniendo en consideración que algunas personas traducen de manera más libre y otras de manera más literal (en otras palabras: la capacidad de evitar juzgar la traducción de un tercero por su similitud con la forma en la que el revisor habría traducido el texto de origen). Los revisores deben ser capaces de trabajar partiendo de la base de que no compiten con los traductores, sino que les ayudan.
Con frecuencia, se dice que los revisores necesitan tener conocimientos sobre el tema de los textos que revisan. Sin embargo, esta afirmación es en la práctica poco realista, por no decir utópica. Cuando no está disponible un revisor con los conocimientos temáticos requeridos, puede ser necesario confiar en los que tenga el traductor, hayan sido adquiridos mediante la documentación, su experiencia previa en traducción o su formación.
Los revisores que desempeñan una función formativa necesitan ser capaces de diagnosticar los principales puntos fuertes y débiles del traductor para facilitarle un asesoramiento práctico sobre cómo mejorar (Mossop 2020: 203-205).
Dado que la revisión es también una actividad económica, porque conlleva costes, los revisores tienen que saber tomar decisiones con rapidez, corregir realizando pequeños cambios en lugar de grandes y, sobre todo, evitar volver a traducir frases enteras (salvo que sea absolutamente necesario). Cuando la traducción requiere volver a traducir muchas frases completas, el texto se considera «irrevisable» porque la revisión no es rentable.
Desde hace tiempo, las herramientas automáticas son capaces de identificar y corregir errores mecánicos de escritura, aunque no siempre lo hacen con precisión (como el corrector ortográfico). También pueden garantizar la conformidad con una lista concreta de términos (por ejemplo, las que se utilizan para evaluar la calidad en entornos de traducción asistida por ordenador). Sin embargo, aún no existe un consenso sobre la posibilidad de que las herramientas de IA generativa, ni siquiera debidamente programadas, puedan realizar el trabajo de los revisores (detectar traducciones imprecisas, formulaciones excesivamente influenciadas por la lengua de origen o culturalmente inapropiadas, etc.). ¿Pueden hacerlo, como mínimo, igual de bien que los revisores humanos o quizás algo peor, pero mucho más rápido? Es posible que las instrucciones (prompts) puedan utilizarse durante la fase de redacción de la traducción con la finalidad de reducir el número de correcciones en la fase de revisión. Mediante instrucciones, también se puede pedir que una herramienta de IA generativa aplique el sistema de evaluación de calidad MQM o la tipología de errores de la norma ISO 5060 al resultado de la revisión, aunque la utilidad de las respuestas sea una incógnita. Las herramientas de IA generativa también pueden proporcionar respuestas rápidas cuando el revisor tiene que realizar una investigación terminológica, fraseológica o conceptual, aunque, como sucede con todas las propuestas de la IA, dichas respuestas deben ser comprobadas.
Las herramientas automáticas son especialmente útiles en revisión, sobre todo, para la fase de detección de errores, así como para hacer sugerencias durante la fase de corrección. Por otra parte, las herramientas de redacción asistida por IA pueden sugerir paráfrasis para pulir la sintaxis y reducir la literalidad, una vez que el revisor ha identificado una formulación problemática.
El conflicto entre los traductores-revisores y los gestores de la industria de la traducción sobre la función y relevancia de la tecnología para garantizar la calidad no es una novedad. De hecho, el criterio humano es imprescindible para decidir si una frase, por ejemplo, está excesivamente influenciada por la redacción de la lengua de origen, considerando la finalidad del género textual y el propósito del cliente; si la traducción está suficientemente adaptada a la cultura de los lectores a los que se dirige (por ejemplo, un texto sobre salud pública); o si un error es crítico, grave o tan leve, que podría ignorarse.
Diversidad de políticas y prácticas de revisión
Los proveedores de servicios de traducción (PST) tienden a aplicar diferentes políticas en materia de revisión; estas difieren, en particular, con respecto a los textos que requieren ser revisados y a la necesidad o no de que el revisor realice una comparación completa entre el texto de origen y la traducción para comprobar su exactitud. Las políticas tienden a cambiar a lo largo del tiempo, pero, como el trabajo de los revisores no se supervisa, no siempre siguen las establecidas por los gestores (Rasmussen y Schjoldager 2011).
En suma, cada revisor tiene su propio concepto de lo que considera una calidad aceptable para un trabajo concreto y cada PST dispone de un concepto de calidad, enunciado de manera formal (explícito) o informal (implícito). A este respecto, cabe mencionar algunas opiniones generalizadas, como que la calidad de una traducción es aceptable si es adecuada para su propósito (Martin 2007), si preserva la lengua meta por su alta calidad de redacción, si satisface al cliente (como muestra el hecho de que continúe siéndolo) o bien alguna combinación de las anteriores.
Según la versión oficial en español de la norma internacional ISO 17100:2015, los traductores deben comprobar la totalidad del borrador de su traducción «en busca de posibles problemas semánticos, gramaticales y ortográficos, así como omisiones y otros errores, además de asegurar la conformidad con cualesquiera especificaciones relevantes del proyecto de traducción» ( cf. sección 5.3.2, en UNE-EN ISO 17100:2015). Al traducir, la atención suele centrarse en el nivel oracional, por lo que la autorrevisión ofrece la posibilidad de verificar ciertos aspectos de la traducción a nivel textual como, por ejemplo, si existe coherencia y cohesión entre oraciones y párrafos.
Uno de los problemas de la autorrevisión es que, en general, hay que iniciarla en cuanto se termina el borrador, por lo que el traductor no dispone de tiempo para dejar que repose la traducción antes de revisarla. Un riesgo añadido es que, al tratarse de su propia redacción, el traductor puede tener cierto apego a lo que podría ser una formulación problemática que, después, un segundo par de ojos detectaría de inmediato.
Como los traductores también cambian la redacción mientras traducen, esta manera de proceder también suele considerarse una forma de autorrevisión (Carl, Dragsted y Jakobsen 2011, Apdo. 5; Mossop 2020: 190-195).
Ética de la revisión: conflictos de lealtad
La revisión suscita problemas éticos (Künzli 2007a). El texto final que produce un revisor puede ser leído por diversas personas: el traductor, el autor del texto de origen, un corrector, un experto en el tema, el editor de la publicación, el cliente, el empleador, el gestor del proyecto y, evidentemente, por los destinatarios de la traducción. En función de sus expectativas y necesidades, las reacciones de estos lectores frente a la traducción revisada pueden ser muy diferentes. Una de las funciones del revisor es prever potenciales conflictos para intentar conciliar los intereses y, si no es posible, decidir cuáles se deben favorecer. Esta situación puede implicar dejar a un lado el sentimiento natural de mostrar una mayor lealtad hacia las personas con las que se mantiene un contacto habitual y, en concreto, presencial.
Como la manera de realizar la revisión depende de cada individuo, los revisores tienen diferentes formas de revisar, incluso dentro de una misma organización (Robert 2008).
Los revisores pueden comprobar la traducción completa o solo algunas partes de esta. Pueden verificar todos los aspectos de la traducción (precisión, integridad, errores factuales, de lógica o matemáticos, legibilidad, adaptación al destinatario y al género textual, idiomaticidad, gramática, ortografía, terminología, tipografía y maquetación, entre otros) o solo algunos (Mossop 2020, capítulo 12).
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| Mossop (2020) |
Los revisores pueden comparar la traducción con el texto de origen o no hacerlo. Pueden realizar una sola lectura para cotejar la traducción con el texto de origen y comprobar al mismo tiempo la calidad de la redacción en la lengua de destino o pueden hacerlo mediante dos lecturas separadas, en el orden que decidan (empezar por la comparativa o por la de verificación de la calidad de la redacción). Cuando hacen la comparación, los revisores pueden comenzar leyendo una frase del texto de origen o bien una frase de la traducción (Riondel 2022).
Algunos revisores trabajan solo en pantalla y otros con copias impresas o con una combinación de ambos métodos (Robert 2008). La tecnología también se utiliza para que la herramienta del programa lea el texto de origen en voz alta mientras los revisores lo comparan con la traducción.
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El número de programas de traducción en los que se imparten asignaturas de revisión (de terceros), incluso de carácter obligatorio, es cada vez mayor. A los anteriores se suman las diversas asociaciones de traductores y empresas que también organizan talleres de revisión y de autorrevisión (Mossop 2022).
La revisión entre los estudiantes de traducción (revisión recíproca) puede ser muy enriquecedora, pues permite que el estudiante que hace la función de revisor valore otras formas de traducir que quizá no había considerado. Por otra parte, la enseñanza y el aprendizaje de los tipos de error fomenta que los estudiantes sean conscientes del sentido y la finalidad de la lectura que hacen cuando se autorrevisan.
La bibliografía sobre la didáctica de la revisión es abundante (cf. Konttinen, Salmi & Koponen 2021; Riondel 2024b).
Bibliografía sobre la revisión e investigación
La bibliografía sobre la revisión incluye manuales con fines formativos, publicaciones de revisores profesionales (Hamilton 2015), así como estudios teóricos y empíricos sobre la revisión realizados en el marco de la disciplina académica de los estudios de traducción.
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| Primera guía sobre la revisión publicada en inglés (1980) [Fuente]. | Manual de revisión de la DGT de la Comisión Europea, publicado en 2010 |
El primer manual de revisión publicado en inglés (sin considerar los de carácter interno) data de 1980. La primera tesis doctoral sobre la revisión fue escrita en francés, por una canadiense, en 1995.
En el siglo XX, Canadá fue el principal productor de todo tipo de publicaciones sobre la revisión, debido a que las escuelas de traducción, fundadas tras la entrada en vigor de la Official Languages Act en 1969, impartían asignaturas de revisión obligatorias para quienes pretendían graduarse en traducción.
Casi toda la investigación académica sobre la revisión de traducciones (de terceros) se ha realizado en el siglo XXI con diversos métodos, entre otros: encuestas, estudios basados en entrevistas y estudios observacionales de naturaleza cognitiva o sociológica (Koponen, Mossop, Robert et al. 2021: 1-17). No obstante, aunque los resultados de las investigaciones son relevantes en lo que respecta a la revisión, hasta ahora, prácticamente ninguno ha contribuido a facilitar el trabajo cotidiano de los revisores (Mossop 2024).
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Los estudios basados en encuestas tienen el potencial de revelar cómo se aplican realmente las políticas de revisión, así como el uso que hacen los revisores de diversas tecnologías.
Los estudios observacionales en el lugar de trabajo pueden mostrar cómo se organiza la revisión en la práctica real y cómo se relacionan entre sí los intervinientes relevantes.
Los estudios cognitivos, así como los estudios sobre la psicología de la lectura, en los que se utilizan programas de registro de tecleo y de seguimiento ocular podrían revelar el motivo por el que los revisores no identifican, en ciertas ocasiones, formulaciones que requieren un cambio.
Los estudios de protocolos de pensamiento en voz alta tienen el potencial de recabar información sobre el proceso mental de los revisores mientras revisan una traducción, así como de los motivos por los que deciden realizar una intervención concreta.



