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contenido
Introducción | Traducibilidad: la relación entre lenguaje, pensamiento y realidad | Traducibilidad relativa, no absoluta | Casos problemáticos de traducibilidad | Potencial de investigación
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| Saudade y su ámbito (¿imposible?) de traducción / traducibilidad. |
A menudo escuchamos que palabras como saudade (nostalgia) en portugués, gemütlich (agradable) en alemán o komorebi (luz solar que atraviesa las ramas y las hojas de los árboles) en japonés son muy difíciles de traducir. Algunas personas afirman que simplemente no se pueden traducir con precisión a otras lenguas. El meollo del asunto es que la traducibilidad de las “palabras” está estrechamente ligada a la definición de traducción que tengamos en mente. Las palabras aisladas como las que acabamos de mencionar sólo son intraducibles si se considera que la traducción es un proceso descontextualizado de búsqueda de correspondencias entre unidades léxicas aisladas. En este caso, no se obtendrán resultados adecuados (útiles o funcionales) porque el léxico de las diferentes lenguas muy rara vez, si acaso, coincide por completo respecto de los rasgos semánticos que conforman su significado (cf. Anisomorfismos). Esto implica que cada lengua organiza o estructura las palabras de una forma determinada. Por lo tanto, las relaciones semánticas sistémicas de sinonimia, polisemia y campos semánticos, por mencionar algunos fenómenos semánticos, no coinciden entre las lenguas. Por ejemplo, en francés e inglés los animales comestibles tienen nombres distintos cuando están vivos (p.ej. mouton, couchon, vache) y cuando se come la carne (p. ej. agneau, porc, boeuf), mientras que en español no siempre se hace esta distinción (p. ej. cordero, cerdo, res).
Así las cosas, la traducibilidad es un tema interesante tanto para el lego como para el lingüista y el traductólogo en la medida en que para auscultar la naturaleza de este fenómeno es menester relacionarlo con el concepto mismo que se tiene acerca de la traducción. En la traductología, una primera aproximación a la traducibilidad la describe como la capacidad de expresar el contenido de un texto en LO mediante otro texto en LM. Incluso si uno entiende la traducibilidad como correspondencia formal, debe recordarse que la traducción es un proceso comunicativo, inmerso en un proceso sociocultural meta. Así, pues, no es simplemente un producto (texto traducido), sino también un proceso (comunicativo).
En lo que resta en esta entrada, discutiremos la relación existente entre lenguaje pensamiento y realidad. Presentaremos dos perspectivas opuestas, una relativista y otra universalista, que postulan la imposibilidad o posibilidad de la traducción, respectivamente. Después revisaremos una concepción moderna de traducción que concibe la traducibilidad como una noción relativa y no absoluta. Finalmente, discutiremos algunos casos de traducibilidad metalingüística que presenta obstáculos de traducción aparentemente insuperables, así como instancias relacionadas con el texto, donde los traductores logran resolver las dificultades que enfrentan.
Traducibilidad: la relación entre lenguaje, pensamiento y realidad
El interés por los vínculos entre lenguaje, pensamiento y realidad se remonta a los filósofos de la Antigüedad. En su diálogo Crátilo, Platón consideraba que las palabras tenían una conexión inherente, natural con las cosas que designan. Por su parte, Aristóteles, en De Interpretatione (Περὶ Ἑρμηνείας), se opone a la conjetura de Platón y sugiere que existe una conexión convencional, no natural, entre las palabras y las cosas, una hipótesis que revivirá en el principio de la arbitrariedad del signo lingüístico, postulado por Saussure (Coseriu 1977). En términos generales, la posición de Platón implica que existe una relación intrínseca entre el lenguaje (las palabras) y la realidad (las cosas), donde las sílabas y las letras de cada lengua imitarían la naturaleza esencial (oὐσία) de cada cosa. Como las lenguas difieren entre sí en su estructura silábica y alfabética, entonces, respecto del uso del lenguaje, donde la traducción se lleva a cabo, no sería posible establecer una base interlingüística común. Además, aunque Platón parece encontrar un punto intermedio entre el naturalismo y el convencionalismo al final del Crátilo, (Kretzmann 1971:138), compartimos la interpretación expresada en la Stanford Encyclopedia of Philosophy en el sentido de que Platón se inclina más por una corrección natural de los nombres por imitación o por etimología, en cuyo caso sostenemos que la traducibilidad se vería comprometida. Cada lengua designaría, es decir, imitaría, la realidad a su modo. Una idea similar aparecerá en el siglo XIX (W. von Humboldt), con una posición que ahora denominamos relativista. Por otra parte, si se acepta la relación convencional aristotélica entre el lenguaje (las palabras) y la realidad (las cosas) que, como Calero (1990: 453) sostiene, vincula claramente un nombre con su significado por convención (κατὰ συνθήκην), se aceptaría la viabilidad de la traducibilidad. Cada lengua organizaría su contenido semántico de tal modo que sería adecuado para designar cualquier realidad, tal como lo discuten más recientemente, sobre todo Jakobson (1959) y Nida (1964). Este sería el enfoque universalista que también se remonta a los siglos XVII y XVIII con Descartes y Leibniz.
El enfoque relativista de la traducibilidad
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| Wilhelm von Humboldt. [Source] | George Steiner. [Source]. |
Por lo general, se reconoce el comienzo este enfoque en algunas observaciones de W. von Humboldt (1796), que son muy cercanas a la visión de la traducción en el Romanticismo:
Me parece que toda traducción es simplemente un intento por resolver una tarea imposible. El traductor está condenado a caer en una trampa: o bien adhiere al original a expensas del gusto y la lengua de su nación o bien debe conservar las peculiaridades de su nación con mucha precisión en detrimento del original. [mi traducción] (Koller 1992:159-160).
Von Humboldt habla de la imposibilidad de la traducción cuando establece una relación estrecha entre lenguaje, gusto literario y nación con dos posibles opciones opuestas entre sí: centrar la atención en la nación del original o la del receptor, lo que llevaría la traducción a un callejón sin salida. Steiner (1975: 85) también menciona la afirmación de Humboldt de que “el lenguaje es el órgano formativo del pensamiento”. En este caso, se observa el fundamento acerca del enfoque relativista de la traducibilidad y su consecuente imposibilidad debido a la peculiar relación entre lenguaje y pensamiento. Von Humboldt expresa esta tesis de forma inequívoca algunos años después: “La diferencia entre las lenguas no es una distinción de sonidos y signos, sino una diferencia de visiones de mundo” [mi traducción] (Humboldt 1822: 255). Más aún, “El lenguaje es como si se tratara de una manifestación externa del espíritu de los pueblos; su lenguaje es su espíritu y su espíritu su lenguaje; solo se pueden concebir como completamente idénticos” [mi traducción] (Humboldt 1836:42, citado por Salevsky 2002:170). Así, uno pensaría exclusivamente dentro de los parámetros de su propia lengua. Posteriormente, Edward Sapir y Benjamin Lee Whorf retomarían y ampliarían esta idea.
A comienzos del siglo XX, el mentor de Whorf, Edward Sapir (1929), citado por Steiner (1975: 91), resumía algunos de los postulados más importantes de la relación relativista, intrínseca, casi natural que existe entre la realidad social y el lenguaje:
El hecho es que el ‘mundo real’ se construye en gran medida de manera inconsciente a partir de los hábitos lingüísticos del grupo. Dos lenguas nunca son suficientemente similares como para considerar que representan la misma realidad social. Los mundos en los que viven las diferentes sociedades son mundos distintos, no se trata simplemente del mismo mundo con diferentes etiquetas adheridas.
A diferencia de la tesis de Humboldt, la concepción de Sapir no se centra en la ‘realidad’ en general, sino específicamente en la ‘realidad social’, que aquí es equivalente al ‘mundo real’. Sin embargo, igual que en el caso de Humboldt, Sapir también parece concebir un vínculo indisoluble entre el lenguaje y la realidad (social). En 1940, Whorf escribió el artículo “Science and Linguistics”, reimpreso en 1956, donde postula el llamado principio de relatividad, que da el nombre a este enfoque como se conoce a menudo hoy en día:
Entonces estamos ante un nuevo principio de relatividad, que sostiene que todos los observadores no son guiados por la misma evidencia física a la misma imagen del universo, a menos que su experiencia lingüística sea similar o pueda ajustarse de alguna manera (Whorf 1940 [s.p.]).
Esta perspectiva relativista de la relación entre lenguaje, pensamiento y realidad llegó a conocerse como la hipótesis Sapir-Whorf. Hoy en día, a menudo se sostiene que esta hipótesis tiene una versión fuerte y otra débil, aunque los autores arriba mencionados no presentan dicha propuesta. Según la versión fuerte, la comunicación interlingüística e intercultural, incluso la traducción y la enseñanza de lenguas extranjeras, sería imposible, pues uno no podría percibir la realidad fuera de los parámetros establecidos por la lengua propia. Al parecer, uno quedaría atrapado en su propia lengua. Por ello, la traducibilidad sería imposible. Esto es lo que se podría deducir de las ideas de Humboldt, Sapir y Whorf. En cambio, la versión débil de esta hipótesis, que ellos tampoco presentan de manera explícita, ciertamente reconocería que, por lo general, uno internaliza la realidad en términos de su lengua nativa (Slobin 1996). Sin embargo, esto no excluye la posibilidad de ampliar la propia percepción del mundo cuando se traduce o se aprende una lengua extranjera. Desde esta perspectiva, se acepta que todas las lenguas son flexibles y dinámicas, y que las culturas cambian continuamente (Koller 1992: 173). Esto significa que ni las lenguas ni las culturas son sistemas herméticos. J. de Waard & E. Nida (1986: 43) sostienen un punto de vista similar: “[…] todos los pueblos comparten muchas más similitudes culturales de lo que a menudo se piensa”. Así, esta posición favorecería claramente la traducibilidad. No obstante, hay que reiterar que esta versión débil de la hipótesis tampoco corresponde a lo que Humboldt, Sapir y Whorf realmente dijeron acerca de este asunto complejo de los vínculos entre lenguaje, pensamiento y realidad.
El enfoque universalista de la traducibilidad
Según Koller (1992: 69), entre los primeros autores que postularon la posibilidad de un lenguaje filosófico universal aparecen Descartes and Leibniz. Ellos consideraban que la unidad del lenguaje debía corresponder a la unidad de la ciencia y el conocimiento. Esta misma idea de la lingua universalis también subyace a la concepción inicial de N. Chomsky acerca de una lógica formal del lenguaje, que recuerda la gramática general de Port Royal, que, en su estructura profunda, sería común a todas las lenguas. Por lo tanto, las lenguas solo se diferenciarían en su “estructura superficial” (Koller 1992: 70). Si esto fuera cierto, la traducibilidad sería posible. El problema con este enfoque racionalista es que es una idealización de la naturaleza de las lenguas. Estas serían ahistóricas y no harían parte de complejos contextos socioculturales. Otro asunto fundamental es que la traducibilidad dependería de una transferencia mecánica o automática de las denominadas estructuras superficiales formales, especialmente palabras y oraciones, pero no necesariamente de sus significados que, al ser comunes a todas las lenguas, no necesitarían ser traducidos. Este tipo de traducibilidad correspondería más o menos a las primeras etapas de la traducción automática cuando aún no se podían integrar los componentes semánticos y pragmáticos en el procesamiento informático de la traducción.
Leibniz ilustra un caso muy interesante en esta perspectiva universalista porque, como lo señala Steiner (1975: 78), menciona en primera instancia “la sugerencia de que el lenguaje no es un vehículo del pensamiento, sino el medio que lo determina. El pensamiento es lenguaje internalizado y nosotros pensamos y sentimos en cuanto nuestra lengua nos impulsa y nos permite hacerlo”. Esto se puede identificar claramente, ante litteram, con el enfoque relativista. Sin embargo, Leibniz “estaba profundamente interesado en las posibilidades de un sistema semántico universal, inmediatamente legible para todas las personas” (Steiner 1975: 78). Así, en Leibniz se compaginan dos perspectivas que por lo general se tienden a considerar irreconciliables. También podemos señalar que la concepción de Leibniz encarna la naturaleza dinámica de la traducibilidad, en gran parte posible, pero con algunos casos problemáticos.
En pocas palabras, el enfoque semántico universalista asegura la traducibilidad en la medida en que se puede concebir una base semántica cognitiva que es común a todas las lenguas y que representa estructuras compartidas del pensamiento humano. Searle (1969: 20) manifiesta una idea similar en el principio de expresividad:
Podemos explicar este principio diciendo que para todo significado X y cualquier hablante H, siempre que H signifique X (intente transmitir, desee comunicar mediante un enunciado, etc.), entonces es posible que haya una expresión E tal que E sea una expresión exacta o una formulación de X.
El principio de expresividad que propone Searle hace que la traducibilidad avance un paso adelante hacia la viabilidad teórica porque vincula el significado a la dimensión pragmática del uso del lenguaje en el marco de la teoría de los actos de habla. Los significados no hacen parte de sistemas aislados, sino que constituyen actos comunicativos donde los hablantes intentan transmitir un mensaje. En principio, esto es válido no solo para la comunicación monolingüe, sino también para la bilingüe, que abarca el caso de la traducción.
Es aquí donde debe estudiarse la traducibilidad: dentro de los límites de la comunicación real, teniendo en cuenta el significado que los hablantes tratan de transmitir en sus enunciados o textos. Las lenguas son suficientemente capaces de permitir que los hablantes expresen todos sus pensamientos. Tal como lo manifiesta Hervey (1998: 12), desde un punto de vista pragmático moderno:
Las funciones ilocutivas que se manifiestan en una lengua/cultura son categorías culturales/lingüísticas autónomas (relativismo), pero son imaginables por miembros de otras culturas (universalismo ajustado) y, en cierta medida son traducibles interculturalmente, aunque, por supuesto, no sin que se presente alguna pérdida en la traducción.
Por otra parte, varios autores han señalado que la traducibilidad es de facto posible. Por ejemplo, Fedorov (1953: 106) anota: “La realidad, la concreción del principio de traducibilidad es demostrada por la práctica misma” [mi traducción]. Steiner (1975: 98) también apunta en la misma dirección:
Más aún, si la hipótesis Humboldt-Sapir-Whorf fuera cierta, si las lenguas fueran mónadas con mapeos fundamentalmente discordantes, ¿entonces cómo podríamos comunicarnos interlingüísticamente? ¿Cómo podríamos adquirir una segunda lengua o pasar a otro mundo-lengua por medio de la traducción? Sin embargo, estas transferencias se presentan en realidad de manera continua.
Más recientemente, Salevsky también comparte este punto de vista: “La concepción filosófica de que las lenguas nos separan y, por ende, todos los seres humanos no pueden saber lo mismo se opone a la evidencia de la actividad traductora cotidiana” [mi traducción] (Salevsky 2002: 166). La aproximación universalista que apoya la traducibilidad se basa en el principio teórico, filosófico y cognitivo, de que todos los seres humanos están dotados de una capacidad mental similar que pueden activar no solo mediante su lengua nativa, sino también a través de cualquier otra lengua que aprendan. Más aún, la evidencia empírica universal de la actividad traductora entre las diversas lenguas del mundo también parece confirmar la traducibilidad. A este respecto, baste mencionar que la Biblia ha sido traducida a más de 3.000 lenguas.
Traducibilidad relativa, no absoluta
Una definición moderna de la traducción debe considerar sus dimensiones comunicativa, textual y contextual en una propuesta integradora (Bolaños 2008). Varios autores han reconocido el carácter comunicativo de la traducción (p.ej. Jäger 1975: 36; Wilss 1977: 72; Shveitser 1988: 102; Kussmaul 1992: 36). Desde esta perspectiva, la traducción se define como una actividad teleológica o deliberada, donde un emisor en LO tiene la intención de transmitir un mensaje a un receptor en LM mediante los oficios de un traductor. Por lo general, hay un participante externo en este proceso, el denominado iniciador o cliente que encarga la traducción y en algunas oportunidades puede exigir algunas modificaciones leves o sustanciales en el propósito del producto final o la función de la traducción para la audiencia meta. Sin embargo, la presuposición común, el caso de la traducción por defecto, es que se mantenga una función comunicativa constante entre el texto en LO y el texto traducido en LM (Albrecht 1998: 259).
El proceso comunicativo de la traducción se concreta en el texto. Varios autores también consideran que el texto es un componente fundamental de la traducción (Fedorov 1953: 108; Coseriu 1977: 215; Koller 1992: 177; Neubert & Shreve 1992: 5; Nord 1997: 39, Kommisarov 1999: 110). En el nivel textual, la equivalencia surge como el concepto esencial que vincula los textos en LO y LM. El traductor produce el texto en LM de acuerdo con la orientación, es decir, la intención comunicativa presupuesta del emisor en LO. La intención puede ser suministrar instrucciones para ensamblar una máquina, convencer al público para que vote por un partido político, informar acerca de los resultados de una investigación científica, transmitir información personal o imaginada en un relato de ficción, etc. Cuando el traductor mantiene la orientación pragmática del texto origen en LO en el texto traducido en LM, podemos decir que la Posición de Equivalencia por Defecto (PED) le ha servido de guía (Bolaños 2016). Es posible que los traductores realicen diferentes retraducciones del mismo original a través de tiempo. Esto es viable porque existe un Rango de Equivalencia (RE), es decir, una serie de alternativas válidas de traducción para el mismo original. La PED a menudo guía estas alternativas posibles. A veces, el traductor puede ignorar la PED si priman las instrucciones del iniciador (II) o sus propias convicciones; así, p. ej., se puede adaptar una novela para niños, resumir un informe científico o comentar una noticia para un público más amplio, etc.
El acto comunicativo de traducción es parte de un contexto sociocultural. Dependiendo de la tipología textual disponible en el contexto de la lengua origen, el texto puede activar aspectos específicos de este contexto. Por ejemplo, si se trata de un texto científico o técnico, este rara vez reflejaría particularidades del contexto de LO. Sin embargo, si se tuviera que traducir un texto en prosa dirigido a un público local, es muy probable que este refleje aspectos socioculturales específicos de dicha comunidad. Esto significa que el punto de partida para traducir los matices culturales sería el texto en LO. Koller (2002:47) sostiene un punto de vista similar: “Yo encaro el ‘problema cultural’ no desde la perspectiva de una teoría cultural; lo que se entiende como ‘cultural’ o un ‘problema cultural de traducción’ solo puede explorarse y sistematizarse a partir del texto o de (un corpus de) textos [mi traducción]. Más aún, en el nivel contextual, se pueden identificar las denominadas normas. Para Hermans (2000: 11):
Las normas implican que existe, en un rango de opciones disponibles, un curso específico de acción que generalmente se acepta como ‘adecuado’, ‘correcto’ o ‘apropiado’. Entonces se supone que dicho curso de acción debería ser adoptado por todas las personas que se encuentran en ese tipo de situación. Cada vez que se observa una norma, esto confirma y refuerza su validez [mi traducción].
Por ello, se espera que los traductores tomen en cuenta las normas de traducción en LM. Estas normas pueden hacer que ellos ignoren la PED, que produzcan un texto no equivalente, es decir, con un propósito comunicativo diferente al del original, o sea, un texto que cumpla las normas socioculturales de LM. En este caso, la traducción sería adecuada de conformidad con la audiencia meta. Las normas lingüísticas de traducción en LM hacen parte de las normas socioculturales meta. Son dinámicas y cambian a través del tiempo. Esto ayuda a explicar, por ejemplo, las diversas estrategias de traducción que se evidencian en la historia de la traducción literaria. En palabras de Levý (1969: 25):
El traductor es un autor de su época y de su nación. Se puede investigar su poética como un ejemplo en las diferencias en el desarrollo literario de dos pueblos, de las diferencias de la poética durante dos períodos. Y, finalmente, se puede desvelar, detrás de la obra, el método del traductor como la expresión de una determinada norma de traducción, de cierta actitud frente a la traducción [mi traducción].
Dentro de este marco conceptual, la traducibilidad es, igual que la traducción, un concepto dinámico, históricamente determinado, que debe pensarse en términos relativos y no absolutos. Varios autores también apuntan en esta dirección (Mounin 1963: 278; Catford 1965: 93; Jäger 1975: 122; Shveitser 1988: 110; Koller 1992: 165, 178; Barnstone 1993:49; Salevsky 2002: 182). La traducibilidad está determinada entonces jerárquica y fundamentalmente por las normas de traducción vigentes en la comunidad sociocultural meta en un período específico. Las normas establecen qué es una traducción aceptable o adecuada. La equivalencia potencial entre los textos en LO y LM dependerá de lo que prescriban las normas de traducción en LM. Las normas de traducción también neutralizan el propósito comunicativo del autor del original. Así, la secuencia de los determinantes de la traducibilidad serían en primer lugar las normas de traducción (factores socioculturales) y después la equivalencia potencial entre los textos en LO y LM en los niveles pragmático (intención del autor), semántico (significado del texto) y estilístico (forma del texto). La viabilidad de la traducibilidad depende de las normas de traducción vigentes en una comunidad sociocultural determinada en un período específico. Por ejemplo, Mounin (1955: 59) refiere un caso en el que se evita a toda costa la traducción palabra por palabra:
[…] el terror de la traducción palabra por palabra, la hipertraducción: cuando la expresión francesa calca el giro extranjero exactamente, el traductor insatisfecho acude, entre varias expresiones francesas, a aquella cuya forma en francés se aleje lo más posible del giro a traducir [mi traducción].
En este caso, se puede asegurar la traducibilidad en la medida en que el traductor adhiere a la norma predominante en su época, a mediados de 1950, es decir, “evitar utilizar las estructuras gramaticales en LM que figuren en el texto original”. En la discusión acerca del Romanticismo y la época Victoriana, Hale (2000:67) afirma, en el mismo sentido, que “[…] ciertos ejemplares de las primeras novelas góticas consistían en adaptaciones demasiado libres de las obras francesas (p. ej., The Recess de Sophia Lee, 1783–5, que sin duda se basa en Cleveland de Prévost). De nuevo, en este caso, distanciarse de la forma del original parecía ser la norma para lograr una traducción aceptable o adecuada. Sin embargo, también se puede encontrar la tendencia opuesta. Como lo señala Robinson (2000: 15): “En la antigua Roma, la traducción era literalidad estricta y servil; cualquier libertad que el traductor quisiera tomarse respecto del texto origen estaba por definición fuera de los límites de la traducción”.
La traducibilidad no es una característica intrínseca de los textos. Tampoco reside en la equivalencia potencial entre los textos en LO y LM. Más bien, depende de las normas socioculturales de traducción en LM. A medida que estas normas cambian a través del tiempo, así también se modifican los criterios de traducibilidad. En este sentido, debido a la determinación histórica, se puede decir que la traducibilidad es un concepto relativo y no absoluto. Por ejemplo, al referirse a la actividad traductora durante el Renacimiento, Boutcher (2002: 46) señala lo siguiente:
Es posible que el problema consista en que si leemos estas obras como ‘traducciones’ en el sentido moderno, muy seguramente nos defraudarán, pues las buenas traducciones modernas casi siempre serán más fieles, más fluidas, más sensibles a la estructura literaria.
El criterio fundamental para juzgar la traducibilidad es la adecuación del texto traducido para la audiencia meta de conformidad con las normas socioculturales de traducción vigentes en LM.
Casos problemáticos de traducibilidad
Proponemos clasificar los problemas de traducibilidad en dos grupos principales. El primer caso se refiere a las instancias metalingüísticas, tales como juego de palabras, retruécanos, palíndromos, notas humorísticas, etc. El segundo grupo corresponde a las dificultades socioculturales textuales, relacionadas con las diferencias de la realidad en LO y LM.
Traducibilidad metalingüística
Catford (1965: 93-97) ilustra la intraducibilidad metalingüística con un pasaje de la obra Infancia de Máximo Gorki:
Ty otkuda prišla?
Thou whence came-on-foot?
Where have you come from?
S verxu, iz Nižnego, da ne prišla,
From above, from Lower and not came-on-foot.
From upriver/upstairs, from Nižnij/Lower, and I didn’t come on foot.
Po vode-to ne xod’at.
On water- (!) not-they-go-on-foot.
You don’t walk on water!
La intraducibilidad de este texto, según Catford (1965: 97):
[...] reside en los elementos en LO prišla, s verxu, Nižnego. […] Nižnego ilustra la ambigüedad que surge de la exposición compartida –nižnij (genitivo singular nižnego) como exponente de (a) un adjetivo que significa ‘inferior’ y (b) la abreviatura común del nombre de lugar Nižnij Novgorod (‘Baja Nueva ciudad’).
Para Catford (1965: 98), este es un caso de intraducibilidad lingüística “porque la imposibilidad de encontrar un equivalente en LM se debe por completo a diferencias entre la lengua origen y la lengua meta”. Resulta interesante que Catford no se percate de que en realidad no se trata de un caso de intraducibilidad lingüística general. Más bien, es una instancia de intraducibilidad metalingüística, es decir, la dificultad de la traducción surge de la reflexión lingüística que realiza uno de los hablantes en el pasaje, se trata de la afirmación que hace la niña en el sentido de que ella viene ‘río arriba desde la ciudad’ y por ello no debería preguntársele de dónde viene utilizando la forma del verbo ruso prišla, que implica venir a pie. Es simplemente un malentendido, donde un hablante usa una forma lingüística inadvertidamente con un significado en mente y el interlocutor corrige esta interpretación. ¿Cómo traducir este fragmento? Catford (1965:98) propone lo siguiente:
Where have you walked in from?
I’ve just come down from Lower.
And I didn’t walk. You don’t walk on water.
Catford argumenta que Lower “no transmitiría nada al lector en inglés sin una nota al pie que explique que ‘Lower’ es una traducción abreviada de Nižnij Novgorod” (Catford 1965: 98). Sin embargo, creemos que no es necesario traducir el nombre de lugar. Basta con decir: “I’ve come down from Nižnij”. El interlocutor puede inferir de inmediato que el otro hablante se refiere a ‘río arriba desde la ciudad’. Se puede confirmar esta conjetura cuando el interlocutor agrega: “Y no viene caminando. Uno no camina sobre el agua”. En síntesis, este caso ilustra que se podrían resolver ciertas dificultades de traducción si se pasa del nivel del sistema lingüístico abstracto al nivel del texto, inmerso en un acto comunicativo pragmático. Como lo señalamos arriba, el tejido semántico estructural de las lenguas rara vez coincide por completo. Resulta infructuoso forzar coincidencias.
Salevsky (2002:174) también menciona otro caso interesante respecto de los números en ruso y alemán. Por ejemplo, en ruso el número cardinal 2 se declina en caso nominativo según el género del sustantivo que modifica, mientras que en alemán permanece igual:
zwei Stück Zucker – два куска сахара [two cubes of sugar]
zwei Tassen Kaffee – две чашки кофе [two cups of coffee]
Este ejemplo ilustra muy bien la asimetría morfológica entre las lenguas. En ruso, два modifica un sustantivo masculino (singular кусок, ‘pieza’ / plural куска, ‘piezas’), y две modifica un sustantivo femenino (singular чашка, ‘taza’ / plural чашки, ‘tazas’). En alemán se utiliza la misma forma del número zwei sin importar el género del sustantivo modificado; en este ejemplo, Zucker y Kaffee son ambos sustantivos masculinos. Así mismo, en inglés two en two cubes of sugar y two cups of coffee conserva la misma forma y los sustantivos no tienen marcación de género. A pesar de las diferencias entre estas lenguas, se pueden establecer enunciados equivalentes en LM.
Schreiber (1993: 47) menciona un ejemplo de un juego de palabras, que presenta inicialmente Forster (1958:3): Is life worth living? It depends upon the liver. Aquí liver es una palabra ambigua o polisémica. Se refiere al órgano glandular o a la persona que vive de una forma determinada. Comunicativamente, es un enunciado válido. El receptor puede activar los dos significados del mensaje, pero no de manera simultánea. En eso consiste el juego de palabras. Uno realiza un esfuerzo cognitivo por interpretar el enunciado con dos posibles significados. ¿Se puede traducir? La versión francesa es: La vie vaut-elle la peine? Question de foie. La palabra foie también tiene el significado del ‘órgano glandular’ y es homófono con foi (‘fe’). En este caso, también se pudo establecer la traducibilidad. Esta vez, los significados de las palabras son diferentes, pero se obtiene un efecto comunicativo similar.
Coseriu (1977: 232) trae a colación un caso limítrofe de traducibilidad de un texto publicitario de una bebida en italiano: Chi bevi Neri, Neri beve ['Quien toma Neri, Neri toma'], que también puede interpretarse como Chi bevi Neri, ne ribeve ['Quien toma Neri, vuelve a tomar Neri ']. Coseriu señala que se puede mantener la misma designación pero no el significado del juego de palabras original. Este también es un caso de traducción metalingüística. El aspecto central consiste en tratar de transmitir el mismo mensaje del original. El problema surge de un aspecto gramatical del italiano que utiliza la partícula pronominal ne, que reemplaza a la bebida Neri, y el prefijo ri- que indica la repetición de una acción, ribevere (‘volver a tomar’). No hay una solución sencilla porque la forma y el significado se funden por completo en el enunciado en italiano. En otras palabras, el significado proviene directamente de la estructura morfológica intrínseca del original. En este caso, para traducir este aviso publicitario será necesario realizar cierta adaptación o localización para que encaje en el contexto meta.
Traducibilidad vinculada al texto
Este tipo de traducibilidad se presenta en la traducción de tipos de texto específicos. Por ejemplo, Salevsky (2002: 183-184) presenta un texto filosófico de Heidegger (1927: 5), donde “el traductor enfrenta retos respecto de los límites objetivos de la creatividad total y la intuición” [mi traducción]:
Das Fragen hat als Fragen nach […] sein Gefragtes. Alles Fragen nach […] ist in irgendeiner Weise Anfragen bei […] Zum Fragen gehört ausser dem Gefragten ein Befragtes. In der Untersuchenden, d.h. spezifisch theoretischen Frage soll das Gefragte bestimmt und zu Begriff gebracht werden.
Esta es la traducción al inglés:
Any inquiry, as an inquiry about something, has that which is asked about [sein Gefragtes]. But all inquiry about something is somehow a questioning of something [Anfragen bei]. So in addition to what is asked about, an inquiry has that which is interrogated [ein Befragtes]. In investigative questions – that is in questions which are specifically theoretical – what is asked about is determined and conceptualized.
Aquí el problema de traducibilidad surge de la nominalización del verbo alemán fragen, que presenta gran flexibilidad en términos de prefijación. El significado básico del verbo fragen (‘preguntar’) puede modificarse mediante diversos prefijos, por ejemplo ge-, an-, be- que especifican aún más el significado. El inglés, una lengua más bien analítica, no dispone de la misma estructura sintética que el alemán para reproducir un significado similar. Es necesario acudir a paráfrasis. Las nominalizaciones en alemán Gefragtes, Befragtes, Anfragen funcionan como una terminología muy especializada que no tiene un equivalente directo en inglés, ni en español tampoco. El lector alemán ha internalizado el uso de estos prefijos y puede inferir sus significados. El lector en inglés también tiene que realizar una reflexión metalingüística acerca de los matices semánticos que se expresan en la traducción. Esto hace que algunos textos filosóficos sean muy difíciles de comprender. La concisión y precisión del original en alemán se descondensan en el texto traducido. Sin embargo, la traducción al ruso, otra lengua sintética, mantiene el mismo nivel de condensación que el original. Por supuesto, los textos filosóficos son traducibles. La cuestión es si se logra encontrar los recursos equivalentes en la lengua meta para expresar la conceptualización en lengua origen. Salevsky tienen toda razón cuando alude a "creatividad y la intuición" que el traductor debe poner en práctica.
Nida (1945: 196) analiza varios problemas lingüísticos y etnológicos, especialmente en la traducción de la Biblia y muestra cómo resolverlos. Él contempla cinco áreas: (1) ecología, (2) cultura material, (3) cultura social, (4) cultura religiosa y (5) cultura lingüística. Este último aspecto se refiere a lo que describimos arriba como la traducibilidad metalingüística. En relación con la ecología, Nida (1945: 197) menciona, p. ej., la dificultad de traducir desierto porque para un indio maya todos los lugares tienen vegetación. Nida propone traducirlo como un lugar abandonado. Los problemas relacionados con la cultura material son más difíciles de resolver. ¿Cómo traducir, por ejemplo, el relato de los Hechos de los Apóstoles 9.24, en el cual las puertas de la ciudad están cerradas a lenguas aborígenes, cuyas aldeas no tienen puertas? Nida (1945: 198) señala que en algunas comunidades aborígenes, cuando están persiguiendo a infractores o hay una obra pública, los guardias cierran las calles y nadie puede salir. Esta imagen podría ser útil en la traducción. Respecto de la cultura social, Nida (1945:199) anota que en la lengua maya “[...] no hay un término para ‘hermano’ o ‘hermana’ como tal. Pero sí se debe decir si la persona es un hermano menor o mayor o una hermana menor o mayor. Por ello, el vínculo etario se hace explícito en la traducción, incluso si el original no lo menciona. Por otra parte, la noción de ‘sacralidad’ o ‘santidad’ es un problema frecuente en la traducción de la cultura religiosa. Son palabras tabú. Por ejemplo, al traducir al maya ‘espíritu santo’, como ‘espíritu’ se relaciona de inmediato con ‘espíritu malvado’, el traductor debe buscar un adjetivo, p.ej., ‘puro’ o ‘limpio’ que construya gradualmente el concepto de ‘santo’ (Nida 1945: 202). Nida formula parámetros prácticos para resolver estos problemas con matices culturales, con lo cual se asegura la traducibilidad de la Biblia para audiencias meta muy distantes y distintas.
La traducibilidad de textos literarios es muy controversial. Varios autores señalan la imposibilidad de traducir poesía. Por ejemplo, Wandruszka (1967: 7), citado por Koller (1992: 160), manifiesta:
La poesía es intraducible. Su sonido es intraducible, su ritmo, su melodía, pero no solo eso. La poesía es intraducible porque nos exige examinar el lenguaje no solo mediante el lenguaje de manera pormenorizada, sino el lenguaje mismo. La poesía es la otra gran posibilidad del lenguaje, la posibilidad de transformar el instrumento en una obra de arte [mi traducción].
El punto de vista de Wandruszka se justifica en la medida en que en los textos literarios, sobre todo en la poesía, la estructura formal es tan significativa como el contenido de la obra. Sin embargo, Levý (1969: 104) demuestra, a propósito del poema Das ästhetische Wiesel de Christian Morgenstern, que la traducibilidad se mantiene incluso en casos donde los rasgos formales (ritmo, rima) neutralizan los aspectos semánticos del original:
Ein Wiesel
saß auf einem Kiesel
inmitten einem Bachgeriesel
Veamos la traducción de Max Knight:
A weasel
penched on an easel
within a patch of teasel
Levý (1969: 104) señala que “Más importante que mantener la precisión puntual de cada palabra es conservar el juego de palabras” [mi traducción]. Esto significa que incluso si la forma del texto literario aparece en primer plano, todavía es posible encontrar una versión adecuada en el contexto sociocultural meta.
A pesar del hecho de que hay múltiples instancias, en las que la traducibilidad enfrenta varios retos y parece inviable, quisiéramos suscribir la siguiente afirmación de Jakobson (1959: 115) de que:
Toda experiencia cognitiva y su clasificación puede ser abarcada por cualquier lengua existente. Siempre que haya una deficiencia, la terminología puede ajustarse y ampliarse mediante préstamos o calcos, neologismos o cambios semánticos o, en última instancia, a través de circunloquios [mi traducción].
Las normas socioculturales de traducción en LM desempeñan un papel esencial para determinar la adecuación y la aceptación del texto traducido. En el caso del texto literario, estas normas incluyen el canon literario en el polisistema cultural, donde el papel de la traducción será central (innovador) o periférico (conservador) (Even-Zohar 1990: 193–194). Más aún, las normas de traducción también responden a las instancias sociopolíticas de poder en LM que pueden instigar una posición poscolonial en el contenido del texto en LM:
Por supuesto, el proceso evolutivo o “natural” de la traducción existe como represión y proyección del proceso textual de la traducción de una forma que yo relaciono con la dinámica de reducción, homogenización y desplazamiento que caracteriza la política exterior de Estados Unidos [mi traducción] (Cheyfitz 1997: 18).
Desde esta perspectiva, la traducción es un acto de poder político que intenta perpetuar la dominación de los pueblos colonizados. También se debe considerar estas instancias de poder, no solo como los iniciadores que encargan la traducción con un objetivo en mente (teoría skopos), sino como agentes importantes en la trasformación y posible manipulación de los valores socioculturales meta mediante los textos traducidos.
Potencial para la investigación
La traducibilidad representa un fenómeno interlingüístico e intercultural. Hemos mostrado algunos de los aspectos más relevantes que generan problemas según la perspectiva que se asuma. Cuando la traducción se define exclusivamente en términos lingüísticos y se presta atención a la correspondencia de las estructuras sintácticas y semánticas de los diversos sistemas lingüísticos, mediante los denominados cambios en la correspondencia lingüística (translation shifts), la traducibilidad se presentaba muy difícilmente o incluso resultaba inviable. En cambio, a nivel textual, cuando se presenta la equivalencia pragmática entre los textos en LO y LM, la traducibilidad se puede validar. Si se consideran las normas socioculturales de traducción, podemos avanzar un poco más en la dirección correcta, donde la adecuación parece ser el factor determinante de la traducibilidad. Por otra parte, se abre un campo muy promisorio para el estudio sistemático de la traducibilidad si se trabaja en una tipología textual que incluya textos técnicos, científicos, literarios y publicitarios. Por ejemplo, sería muy útil determinar si la hipótesis sobre la equivalencia terminológica unívoca entre textos técnicos y, en cierta medida, científicos, es válida. Así mismo, se podría investigar sobre los límites de la traducibilidad de los textos literarios. ¿Son textos pragmáticamente equivalentes?, es decir, ¿mantienen una intención y un efecto similar en LO y LM? ¿Son los textos meta adaptaciones de los textos origen? ¿Se han modificado los personajes, la trama y el mensaje o se han manipulado para cumplir con las expectativas de las instancias sociopolíticas que ostentan el poder? En relación con los textos publicitarios, sería interesante establecer cómo se pueden localizar o adaptar estos textos para diversas audiencias meta, asegurando su traducibilidad. En todos los casos, podría investigarse si las traducciones son ‘transferencias’ o ‘recreaciones’ del texto origen. ¿Cuáles definiciones de traducción utilizamos, de manera implícita o implícita, en nuestra actividad cotidiana? ¿Cómo se relacionan ellas con la traducibilidad? ¿Cuáles criterios parecen predominar en los diferentes tipos de textos: cambios en la correspondencia lingüística, equivalencia o adecuación?


