| ENG retranslation CAT retraducció EUS biritzulpena FRA retraduction GLG retradución ITA ritraduzione POR retradução |
contenido
Introducción | Panorama histórico de la retraducción | Algunas razones para retraducir | Plazos y ritmos de la retraducción | La hipótesis de la retraducción | Subjetividad y visibilidad de los retraductores | La retraducción, por géneros | Potencial de investigación
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| Figura 1. Portadas de retraducciones que las describen como "nueva traducción". |
Retraducir es la actividad (y el resultado) de traducir de nuevo un original a una misma lengua meta. Si se considera traducir una forma de hacer accesible un texto a una cultura meta, la retraducción puede parecer una actividad redundante, un esfuerzo en cierto modo inútil, puesto que la cultura de destino ya “posee” el texto. Sin embargo, es una actividad constante en la historia de la literatura y el pensamiento.
La definición actual de retraducción en los estudios de traducción excluye otras dos posibles acepciones del término en el lenguaje común, como son ‘traducir una traducción a otra lengua’ (traducción indirecta, o traducción por lengua interpuesta), y ‘traducir una traducción de nuevo a su lengua de origen’ (retrotraducción). El término retraducción está hoy en día consolidado en los estudios de traducción y deriva de traducción a través del prefijo re-, que introduce un patrón de repetición tanto en la actividad como en el resultado de dicha actividad. Por ello, no es de extrañar que el mundo editorial nunca utilice dicho término y prefiera mayoritariamente el de nueva traducción, como se puede comprobar en las portadas de los libros retraducidos en la figura 1.
Retraducir evidencia el carácter efímero de toda traducción, al tiempo que abre un espacio infinito de recreación en la lengua meta, dado que ninguna interpretación de un texto es definitiva. Esta entrada resume investigaciones de los estudios de traducción sobre este tema, para después abordar algunas cuestiones sobre esta actividad, empezando por las razones para repetir cuando quedan tantos textos por traducir.
Panorama histórico de la retraducción
La retraducción es necesariamente más joven que la propia traducción, pero es prácticamente imposible determinar cuándo comenzó. Cabe imaginar que las primeras retraducciones fueron pragmáticas, posiblemente con el fin de corregir una traducción imprecisa, en las primeras etapas de la escritura. Hoy es una actividad arraigada en nuestros sistemas literarios, hasta el punto de que Collombat (2004) imaginó el siglo XXI como el de la retraducción, aunque hasta la fecha no se han realizado estudios cuantitativos que validen tal hipótesis.
La retraducción ha suscitado mucho interés en los estudios de traducción, especialmente desde 2010. Sin embargo, las consideraciones sobre la retraducción se remontan a la era precientífica de los estudios de traducción. Por ejemplo, Agustín advirtió a Jerónimo que no retradujera la Biblia al latín, y le recomendó destacar todos los cambios que había hecho en relación con la Septuaginta, la versión canónica de la Biblia en griego en ese entonces que era, en sí misma, una traducción, al menos para el Antiguo Testamento (Ballard 2013). En un tono bastante opuesto, más de mil años después, Charles Fontaine, retraductor de Ovidio, defendió la retraducción, destacando los placeres y la riqueza de interpretación de múltiples versiones de un texto clásico (Fontaine 1552: 9). De todos modos, hay que esperar a la consolidación de los estudios de traducción como nueva disciplina para ver las primeras aproximaciones sistemáticas a la retraducción.
A menudo se señala un artículo de Berman en un número especial de la revista Palimpsestes (1990) como una de las primeras contribuciones relevantes al estudio de la retraducción, que ha tenido un gran impacto en estudios posteriores, aunque otros estudiosos pueden haberlo abordado antes (sobre todo, Frank y su visión de las retraducciones como la cola de un cometa, en 1986). Las razones de tal retraso quizás haya que buscarlas en el escaso interés por los enfoques históricos de la traducción en los inicios de los estudios de traducción. La entrada retraducción está sorprendentemente ausente en la mayoría, si no en todas las primeras obras enciclopédicas sobre traducción, que empezaron a aparecer en la década de 1990. Antoine Berman propuso considerar la retraducción la única forma de que un texto alcance cierto “logro” y alcance el estatus de “gran traducción”, ya que “todas las grandes traducciones son retraducciones” (Berman 1990: s.p.). Inspirándose en Goethe, Berman propuso una visión cíclica de la traducción, en la que las sucesivas traducciones son pasos hacia una interpretación más acabada del texto original. Berman no planteó la hipótesis de la retraducción claramente en estos términos (así es como la describió Chesterman 2000), pero se convertiría en un hito para futuras investigaciones y, como tal, se analizará en uno de los siguientes apartados.
Bensimon & Coupaye publicaron en 2004 un segundo número de Palimpsestes con el título ¿por qué retraducimos? y Zaro & Ruiz publicaron en 2007 el primer volumen sobre retraducir en la traducción audiovisual. Es, realmente, la década de 2010 la que marcó un auge en el interés por el tema, con un gran número de volúmenes y números de revistas que empezaron a investigar las retraducciones desde distintos ángulos. Varios congresos internacionales celebrados en Francia desde mediados de la década de 2000 dieron paso a volúmenes colectivos sobre retraducción literaria, con varios estudios de casos e hipótesis puestas a prueba (Kahn & Seth 2010; Lombez 2011; Monti & Schnyder 2011; Béghain 2013; Courtois 2014). A partir de mediados de la década de 2010, empezaron a aparecer más publicaciones en inglés, con un volumen (Dean-Cox 2014), un número especial de Target (2015) y una serie de conferencias (Retranslation in context), que a su vez generaron algunos volúmenes colectivos y números de revistas (Cadera & Walsh 2017; Berk & Tahir-Gürçağlar 2018; Poucke & Gallego 2019; Cadera & Walsh 2022). Comenzaron a surgir diferentes enfoques que tienen en cuenta la voz y la subjetividad de los retraductores, la ideología, la recepción, los paratextos, etc. Un número reciente de una revista (Peeters & Poucke 2023) intenta ofrecer una panorámica y nuevas perspectivas tras treinta años de estudios desde el artículo de Berman.
Se han propuesto algunas taxonomías para la retraducción. Destaca la distinción de Pym (1998: 83) entre retraducciones activas (que coexisten en el mismo mercado de la traducción en un momento dado) y pasivas (distantes en el tiempo, como respuesta a un cambio de situación). Entre las pasivas Gambier (2011) distingue dos subcategorías: las retraducciones deliberadas (retraducciones “en contra”, motivadas por traducciones falaces) y reinterpretaciones (sin reconocimiento de traducciones anteriores).
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| Figura 2. Las traducciones intralingüísticas (como la de Montaigne al francés moderno) son bastante escasas; en su lugar, se prefieren ediciones críticas. |
Algunas razones para retraducir
Naturalmente, ésta es la primera pregunta que viene a la mente, porque retraducir es poco menos que inútil, si vemos la traducción como una forma de hacer accesible un texto en una lengua meta. Cuando ya existe una traducción a una lengua determinada, ¿para qué hacerla de nuevo? ¿Por qué molestarse en hacer de nuevo lo que ya está disponible en la cultura meta? Más aún si tenemos en cuenta que gran parte de la producción escrita mundial, en la mayoría de las lenguas, queda por traducir. Sin embargo, la retraducción es un fenómeno constante a lo largo de la historia de la traducción, como observó Ballard (2013: 209) en su análisis histórico.
Aunque hay muchas razones posibles para retraducir, una de las más comunes es la insatisfacción con las traducciones existentes. Una traducción puede ser insatisfactoria por varias razones, empezando por la censura o las omisiones. La historia de la traducción ofrece un sinnúmero de ejemplos de traducciones afectadas por la censura ideológica, moral o política impuesta por la cultura meta. En otros casos, las omisiones o los cambios pueden venir determinados porque se ha fijado un nuevo original, gracias a la investigación filológica (véanse, por ejemplo, las recientes retraducciones de Kafka basadas en el original revisado, más allá de la edición de Max Brod). O también, porque las traducciones anteriores eran en realidad traducciones indirectas o interpuestas, realizadas a través de otra traducción, como ocurría en Europa hasta hace poco con las lenguas “más raras”, principalmente por razones económicas y por la escasa disponibilidad de traductores para determinados pares de lenguas. Por ejemplo, la traducción de Las mil y una noches de Vicente Blasco Ibáñez tuvo como original la traducción francesa de J. C. Mardrus.
Otro motivo frecuente de la retraducción es la corrección de errores en traducciones anteriores, debidos a una comprensión limitada del texto de origen. Este tipo de malentendidos eran mucho más frecuentes en la traducción hasta la década de 1950 (y más allá, en algunos países), cuando los traductores tenían un acceso limitado o nulo a recursos lexicográficos adecuados y a la cultura de origen. Desde la versión de Blasco Ibáñez, ha habido al menos tres importantes retraducciones al español desde el árabe original. La última, de 2018, de Salvador Peña Martín. Sin embargo, el motivo más importante de insatisfacción con una traducción existente parece ser el hecho de que las traducciones envejecen. Desde luego, el fenómeno afecta también a los originales, pero no por igual. Estos últimos no parecen verse afectados del mismo modo, como muestra la resistencia a traducir clásicos a versiones contemporáneas de la misma lengua. Las traducciones intralingüísticas ceden su puesto con frecuencia a las ediciones críticas (véase la figura 2).
Lectores y editores parecen preferir un Dante o un Shakespeare anotado a uno retraducido, y muy pocos lectores extranjeros leerían a esos poetas en traducciones de la época en que fueron escritos. Esto sin duda guarda relación con el estatus respectivo de las traducciones y los originales: como texto secundario, la traducción es una fuente menos autorizada, susceptible de rehacerla una y otra vez. El envejecimiento de la lengua en la traducción bien puede estar vinculado a un efecto secundario de su estatus. Como han destacado, entre otros, Baker (1993) a través del análisis de corpus, comparadas con los originales, las traducciones tienden a una menor diversidad léxica y rasgos estilísticos más conservadores. Por tanto, el lenguaje de las traducciones podría no tener la riqueza que parece dar a los originales parte de su aura y longevidad.
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| Figura 3. Hasta 1950, se adaptaban de los nombres propios. Edición italiana de Oliver Twist |
Otro factor en la impresión de envejecimiento de las traducciones pueden ser los cambios, a veces profundos, de las normas de traducción. Una traducción según normas del pasado puede parecer pronto anticuada, o incluso perturbadora, como ocurre con la domesticación-adaptación de los nombres propios en las novelas, una práctica común en las traducciones literarias de varios países europeos hasta los años 50 (véase la figura 3). Puede haber otras razones para retraducir un texto, que no implican necesariamente insatisfacción con las traducciones existentes: Gambier (2011) calificaría tales retraducciones de reinterpretaciones. Uno de los motivos podría ser el deseo de dar al texto una nueva perspectiva, como en las retraducciones de la Biblia de Henri Meschonnic, en las que intentaba poner el ritmo por delante, aunque el descontento con las traducciones anteriores que descuidaban este aspecto sí estaba presente. Otro motivo plausible es un escopo diferente, que puede determinar las retraducciones: adaptaciones de obras canónicas, como en las dedicadas a lectores jóvenes, o reescrituras militantes de los clásicos.
Las retraducciones pueden deberse a un renovado interés por un autor, determinado por una adaptación cinematográfica, un premio literario o una reevaluación crítica. En otros casos, puede tratarse simplemente de la decisión y conveniencia del editor de retraducir porque es más fácil, más barato o más rentable (o las tres cosas juntas) hacerlo que reeditar una traducción. Adquirir los derechos de una traducción puede ser difícil o caro, El fin de los derechos de autor sobre el texto original permite el libre acceso al original y puede animar a los editores a publicar traducciones alternativas, que serían suyas. Además, una nueva traducción –como se suele presentar la retraducción entre los editores– parece más atractiva que una traducción antigua reeditada y, por tanto, puede resultar más rentable. Como muestran estos casos, las razones para retraducir pueden ser varias y muy distintas: si bien podemos más o menos predecir que las culturas con poderosas industrias editoriales tienden a retraducir obras clásicas, a menudo resulta difícil prever cuándo pueden aparecer nuevas traducciones.
Plazos y ritmos de la retraducción
Se ha intentado varias veces trazar un patrón de retraducción y determinar el lapso de tiempo entre una primera traducción y las retraducciones. Hay diversidad de opiniones en torno a si los clásicos de la literatura universal se deberían retraducir cada siglo, cada generación o cada veinte años. No hay ningún estudio bibliométrico sobre un corpus lo suficientemente amplio y los casos estudiados no muestran ninguna pauta regular en las series de traducción, ni siquiera para los clásicos, mucho menos para otras obras. Resulta prácticamente imposible establecer una frecuencia general de retraducción, sencillamente por los múltiples factores que la determinan, más allá de la antigüedad de la primera traducción o de la anterior. En la mayoría de los casos, las series de retraducciones presentan aceleraciones, saltos y vacíos, relacionados con la situación socioeconómica y con factores culturales que determinan si se hacen nuevas traducciones, ya se trate de una reevaluación crítica de la obra, de un aumento del interés por sus autores (galardonados o recién fallecidos), de cambios en las normas de traducción o de una nueva adaptación cinematográfica (o teatral). Cuando hay una traducción histórica o canónica (obre de un traductor o un escritor de renombre el proceso de retraducción se suele retrasar, ya que el prestigio cultural de una traducción así le confiere parte del aura sagrada de la que gozan los clásicos literarios originales y, por tanto, puede desalentar nuevas traducciones.
La única predicción que se puede hacer razonablemente es que cuando las obras de autores canónicos pasan al dominio público –es decir, en Europa, 70 años después de su muerte– aparecen algunas retraducciones . Varios estudios de caso (por ejemplo, Béghain 2013 sobre Francis Scott Fitzgerald) han documentado la aparición repentina de retraducciones de obras canónicas cuando expiran los derechos de autor. Como observa Venuti (2008: 27), los editores se apresuran a transformar el capital cultural que esos textos [clásicos] han adquirido en capital económico. A menudo, los editores están deseosos de añadir nuevos clásicos a su catálogo en cuanto les es posible hacerlo sin coste alguno (aparte del coste de la nueva traducción), y preparan esos proyectos con años de antelación, para tener listas las retraducciones para entonces. De ahí el pico de retraducciones en esta etapa, casi siempre en el primer mes del año en que finalizan los derechos de autor.
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| Figura 4. Palimpsestes 4 (1990) y el nacimiento de la hipótesis de la retraducción |
La hipótesis de la retraducción
El término hipótesis de la retraducción, acuñado por Chesterman (2000), da cuerpo a una hipótesis de Berman (1990). Según Berman, las primeras traducciones tienden a ser traducciones-introducción que adaptan la obra a la lengua y la cultura de origen. Las sucesivas retraducciones estarían cada vez más orientadas a la fuente, inclinadas a mostrar la extranjeridad del texto. Esta hipótesis, simplista en el mejor de los casos (cf. Gambier 2011), ha suscitado un prolongado debate y ha sido puesta a prueba por varios estudiosos, que a veces encontraron este patrón exacto en sus series de traducción, aunque muchos no lo hicieron. La mayoría de las confirmaciones se encontraron en las series de traducción que abarcan todo el siglo XX, cuando la profesionalización de la tarea, junto con la mejora de los recursos lexicográficos y un cambio en las normas de traducción hacia la precisión en la mayoría de los países europeos crearon el contexto perfecto para una tendencia así. Sin embargo, una visión tan optimista y teleológica de las retraducciones como una aproximación progresiva a la perfección no sólo es poco realista, sino que no tiene en cuenta los múltiples motivos de las retraducciones. Un contraejemplo obvio es el conocido periodo de las belles infidèles o traducciones libertinas (1600-1700 en Francia e Inglaterra), varias retraducciones de clásicos latinos o griegos mucho más orientadas al público objetivo que las traducciones anteriores.
La cuestión de cómo se hacen las retraducciones y cómo difieren entre sí nos lleva a reflexionar sobre la su tarea los retraductores y sobre si tienen en cuenta las traducciones anteriores. ¿Los retraductores leen traducciones anteriores? En caso afirmativo, ¿en qué momento de la retraducción? Los retraductores más seguros de sí mismos afirman que no leen nunca traducciones anteriores, otros la reservan para puntos concretos del texto, otros la dejan para el final, una vez que su propia traducción está casi terminada. La razón de ser de estos modus operandi, ya sean reales o pretendidos. es la ansiedad por su influencia, es decir, el miedo a verse influido por traducciones anteriores, o el deseo de diferenciarse de ellas. Aunque cualquier postura es legítima, independientemente de sus motivos (falta de tiempo, interés, etc.), los errores de interpretación o los claros malentendidos del original son más difíciles de excusar en las retraducciones, cuando se disponía ya de una traducción que mostraba el camino. El temor al plagio se cierne a menudo sobre la retraducción: en algunos casos, cuando se cotejan traducciones anteriores y se descubren opciones de traducción similares, los retraductores, cohibidos, pueden verse tentados de revisar su elección para evitar acusaciones de plagio de sus predecesores.
Subjetividad y visibilidad de los retraductores
¿Quién puede retraducir? Esto es, ¿quién es capaz de hacerlo o está legitimado para ello? Uno estaría tentado a decir que las retraducciones son sobre todo obra de traductores experimentados. Como afirma Meschonnic (2007: 70), retraducir implica disponer de una teoría o visión global de la traducción más patente o profunda que al traducir, por lo que se podría suponer que sólo los traductores experimentados o los estudiosos de los autores estarían en situación de hacerlo. Esto puede ser cierto, en el mejor de los casos, para las retraducciones motivadas por la insatisfacción con las traducciones existentes, o las retraducciones deliberadas. Como los clásicos de la literatura universal son el terreno privilegiado para la retraducción, es normal que los profesores universitarios especializados en un autor determinado (con o sin formación en traducción) sean también candidatos perfectos para ello. De hecho, así ocurre con bastante frecuencia con las series de libros más prestigiosas (como Pléiade en Francia).
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| Figure 5. “Nueva traducción – reléalo por primera vez”. |
Sin embargo, un vistazo a las retraducciones en el mercado editorial ofrece ejemplos de la más diversa gama de traductores, incluidos principiantes y aficionados. Las condiciones socioeconómicas que subyacen al proyecto de retraducción pueden influir en estas elecciones. Además, parece que a veces las retraducciones son mal pagadas por algunos editores (cf. Lefebvre 1998), posiblemente porque se considera que la tarea es más fácil por la existencia de una traducción en esa lengua. n caso particular es el de los escritores como retraductores. Este fenómeno es bastante evidente en la poesía y, en menor medida, en la ficción y enlaza con las obras canónicas como terreno de experimentación de los escritores-traductores. Tener a mano una traducción anterior puede animar a los escritores a embarcarse en un proyecto para el que sus limitados conocimientos de la lengua original serían normalmente un obstáculo o un impedimento. Un fenómeno limitado pero interesante son los escritores que recurren a traductores ocultos o “negros literarios” (infeliz expresión donde las haya) para conseguir lo que presentaban como traducciones propias, pero que en realidad eran versiones revisadas de obras de traductores profesionales (como Lucia Morpurgo Rodocanachi, una traductora fantasma italiana oculta tras la obra de varios escritores-(re)traductores en la Italia de los años treinta). Otro fenómeno interesante es el de escritores que se autotraducen: algunos ejemplos conocidos son Vladimir Nabokov (que se autoretradujo tras su primera autotraducción, y también revisó traducciones alógrafas de su obra para publicarlas como “en colaboración con el autor”; y Milan Kundera, quien publicó versiones revisadas de las primeras traducciones francesas de sus obras checas (con la siguiente indicación: “Novela traducida del checo por François Kérel. Nueva edición revisada por el autor”.
Los retraductores suelen ser más conscientes de sí mismos y elocuentes que los traductores, y comparten opiniones sobre los motivos de su tarea, que constituyen un interesante campo de estudio, ya que pueden ofrecer perspectivas sobre el proceso de retraducción (Cadera & Welsh 2022). Esta mayor visibilidad atrae la atención crítica sobre las retraducciones, que se revisan prestando especial atención al aspecto, a diferencia de la mayoría de las traducciones “normales” Cuando las revistas literarias o las páginas culturales de los periódicos publican reseñas de nuevas traducciones, pueden ir más allá de una presentación temática de la obra para explayarse sobre la actividad de (re)traducción, o incluso ofrecen entrevistas con retraductores y breves análisis comparativos de varias traducciones (Monti 2013: 116). La traducción puede llegar a ser por una vez el eje de algunas reseñas, como muestran algunos títulos a primera vista (véanse las imágenes)
Retraducir es una actividad típicamente autoconsciente, el lugar perfecto para la aparición y el análisis de la subjetividad de los traductores (Skibińska 1994; Alvstad & Rosa 2015). Las retraducciones son rara vez invisibles, y su visibilidad añadida –a diferencia de la mayoría de las traducciones “normales”– se deriva de su propio estatus: contra el sentido común, hacer algo de nuevo acaba llamando la atención sobre la traducción, normalmente ignorada. Esta visibilidad se manifiesta a veces en los paratextos de los volúmenes retraducidos: prefacio, epílogo del/sobre el traductor, alusiones a la nueva traducción en la cubierta de los libros o en las solapas.
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| Figure 6. Las retraducciones se dan más en algunos géneros |
Los textos literarios, filosóficos y religiosos han sido la cancha habitual de la retraducción, probablemente por su compleja carga de significado, que puede suscitar y justificar la necesidad de múltiples lecturas de un texto. Poner esa densidad semántica en primer plano hace la retraducción no sólo aceptable, sino incluso deseable. Ni que decir tiene que, en el caso de los textos sagrados, la retraducción es una cuestión extremadamente delicada, pues ¿cómo puede someterse la(s) palabra(s) de Dios a cambios de interpretación? La relatividad implícita en cualquier tarea de retraducción es exactamente lo que menos tolera una declaración divina. Como afirmó Ballard (2013), con Jerónimo y su retraducción de la Biblia al latín, el Occidente descubrió el “escándalo de la retraducción”. No obstante, la mayoría de las religiones que aceptan traducciones de la palabra divina en su liturgia también aceptan retraducciones, la mayoría de las veces para acercarse a su pueblo y hablarle en su propia lengua contemporánea.
La traducción audiovisual también es un espacio relativamente nuevo de retraducción (Zaro & Ruiz 2007) y, dentro de los productos audiovisuales, las películas son, con diferencia, las obras más retraducidas. Cabe señalar que los diferentes tipos de traducción audiovisual multiplican las posibilidades de retraducción interlingüe: por ejemplo, subtitular una película doblada o audiodescribir una película subtitulada podrían considerarse formas de retraducción (cf. Dore 2018). Donde menos se observa este fenómeno es en la traducción pragmática y en la traducción jurídica e institucional, donde la necesidad de coherencia interna y estabilidad prima sobre el espacio de interpretación que genera retraducciones. Entre los motivos mencionados para las retraducciones, sólo algunos pueden justificar un proceso de retraducción completo de textos pragmáticos, que suelen tener una vida útil más corta. Casi siempre, una versión revisada parece cumplir el objetivo.
En los últimos 10-15 años, la retraducción ha sido un campo de investigación muy rico en estudios. El gran número de volúmenes y números de revistas publicados es un claro indicador de este auge e interés. Aunque se ha comprobado un buen número de hipótesis con varios estudios de caso, el tema dista mucho de estar agotado. Los estudios cuantitativos a gran escala tienen mucho potencial, pues podrían permitirnos determinar el impacto de las retraducciones en el sistema de traducción, tanto desde una perspectiva sincrónica como diacrónica. Esto nos permitiría comprobar si realmente vivimos en la era de la retraducción, como afirmaba Collombat (2004).
Algunas formas particulares de retraducción deben investigarse con más detalle, como la retraducción colaborativa (Fillière & Monti, de próxima publicación), y las retraducciones no literarias (traducción intersemiótica, traducción científica). La retraducción se podría investigar más a fondo en los estudios de recepción (cf. Cadera & Walsh 2022), ya que parece conllevar una recepción diferente a la de las traducciones "normales". Por último, pero no menos importante, la retraducción se debe investigar en relación con las herramientas TAO y la IA: hay algunos estudios experimentales (Rothwell, Way & Youdale 2023), pero aún queda mucho por hacer, sobre todo teniendo en cuenta que la interacción persona-máquina tendrá cada vez más presencia en la retraducción literaria, y que las herramientas TAO ya ofrecen funciones interesantes para acceder a traducciones anteriores junto con el original.





